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</front><body><![CDATA[   <font FACE="Verdana" COLOR="#231f20">     <p ALIGN="center"><b>Antígona resistente</b></p> </font><font FACE="Verdana" SIZE="2" COLOR="#231f20">     <p ALIGN="center"><b>Gioconda Espina</b></p>     <p ALIGN="center"> <img border="0" src="/img/fbpe/rvem/v14n33/art14fig1.gif" width="292" height="346"></p>     
<p align="justify">Acerca de <i>El grito de Antígona </i>(2001) de Judith Butler</p> </font>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Desde 1990, cuando se dio a  conocer en el mundo académico por su Gender Trouble, diez años después traducido  por el PIEM de la UNAM como El género en disputa, Judith Butler no ha dejado de  ratificar su propuesta teórica aplicada a diversos problemas de la teoría y del  activismo, feminista y no feminista. Así, en 2001 hizo una interpretación de la  Antígona de Sófocles, figura trágica ya analizada por Hegel y, a partir de la  propuesta de Hegel, por los psicoanalistas J. Lacan, L. Irigaray y S. Zizek (los  dos últimos también filósofos). En resumen, la historia de Antígona, hija de  Edipo y Yocasta y hermana de Etéocles y Polínices, es la de una mujer que  contraviene la orden del rey de Tebas, Creonte, su tío, de no enterrar a  Polínices, por deslealtad al Estado por él y Etéocles representado. Un hermano  ha dado muerte al otro y Antígona se niega a dejar abandonado los restos del  hermano amado: “ella es culpable de un crimen contra el Estado, de un  individualismo criminal” (2001: 58). La ley de Antígona, dice Butler, su  inconsciente, se opone a la ley pública. Siguiendo la hipótesis de Lacan y a  Zizek, psicoanalistas, así como a las filósofas Amelia Valcárcel y Victoria  Camps (2008), que plantean la distin- D ANTÍGONA RESISTE Gioconda Espina Acerca  de El grito de Antígona (2001) de Judith Butler ción entre ética y moral,  podríamos decir que Antígona representa la ética frente a la moral heredada.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">Butler responde aquella  pregunta que se hizo George Steiner: ¿qué habría pasado si el psicoanálisis  hubiera partido de Antígona y no de Edipo? Antígona es postedipal, dice Butler,  y la maldición que la pierde no la ha proferido Creonte cuando ella desacata su  orden, sino su padre, en una obra de Sófocles escrita después, Edipo en Colono,  desarrollada antes de que los hermanos vuelvan a Tebas. En esa familia los  términos del parentesco son “irreversiblemente equívocos”; el padre de Antígona,  Edipo, que también había sido maldecido por el abuelo Layo, es también su  hermano; Yocasta es su madre y abuela; sus hermanos y su hermana Ismena son al  mismo tiempo sus sobrinos y ella es sobrina de ellos tres. En Colono, antes de  partir Polínices a enfrentar al hermano en Tebas, Edipo maldice a los hermanos  fratricidas y condena a Antígona “a no tener más hombre que el que está muerto”,  que pudo haber sido él pero el lugar fue ocupado por el hijo; a ese amor  prohibido, incestuoso, queda condenada la muchacha y por él se sacrifica,  suicidándose en su tumba. Si el psicoanálisis hubiera partido de Antígona y no  de Edipo hubiera podido “poner en tela de juicio la asunción de que el tabú del  incesto legitima y normaliza un parentesco basado en la reproducción biológica y  la heterosexualización de la familia” (Ibíd.: 92). Hubiera podido afirmar que no  es del hecho de que una <b>no</b> pueda escoger pareja entre los parientes más  cercanos que se derive una forma particular de parentesco, la heterosexual.</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">El tabú del incesto “ha sido  movilizado para establecer ciertas formas de parentesco como las únicas  inteligibles y soportables” (Ibíd: 96) y a ello ha contribuido el psicoanálisis  desde el principio. En suma, el horror al incesto, del cual el mismo C. Levi  Strauss reconoció que no tenía ningún efecto que no fuera el cultural que tuvo  al comienzo de lo que llamamos civilización, es decir, pasar de la endogamia a  una organización social exogámica (por la vía de intercambio de las mujeres por  los jefes de grupos), “no está tan lejos del mismo horror y repugnancia que se  siente hacia el sexo gay y cualquiera de las modalidades en las que el mandato  edipal no consigue producir una familia normativa! (Ibíd: 97). Sin llegar a  considerarla una heroína queer (Butler fundó los estudios queer a partir de  1990), la autora interpreta a Antígona como una figura “que emblematiza una  cierta fatalidad heterosexual que queda por leer”, un destino trágico “por  transgredir las líneas de parentesco que otorgan inteligibilidad a la cultura” (Ibíd:  99).</font></p>     <p align="justify"><font size="2" face="Verdana">En este texto de Butler se  evidencia un distanciamiento de la autora del psicoanálisis, especialmente el  lacaniano, al cual se había acercado durante el trabajo que la dio conocer en  1990 y al que siguió usando como instrumento de análisis después. Concluye su  trabajo sobre Antígona definiendo como muy difícil el lazo entre los estudios  queer y el lacanismo: “la política sexual radical se vuelve en contra del  psicoanálisis, o más bien, contra su normatividad implícita, y quienes son  neoformalistas se vuelven en contra de los estudios queer por considerarlos una  ´trágica empresa utópica´” (Ibíd: 102. La hipótesis de una ley primordial, ley  del padre de la que Juliet Mtchell habló el 74, “obliga a una conclusión  exogámica y heterosexual para el drama edipal” e indica el “estatus teológico  que ha asumido” (Ibíd: 103). Cuando se dice que las familias que no encajan en  la heteronormatividad son unas “caricaturas”, unas “copias baratas”, se está  negando que “la idealidad de la norma es desarticulada a través de la  complejidad de la puesta en escena” (Ibíd: 106), donde vemos aparecer relaciones  que no pueden ser ni honradas ni reconocidas públicamente, como la de Antígona  por Polínices. La melancolía de Antígona consiste en el rechazo al luto aceptado  públicamente, “La insistencia en el luto público es la que la aleja del género  femenino, hacia lo híbrido (…) ese exceso masculino que hace que los guardias,  Creonte y el coro se pregunten: “¿Quién es el hombre aquí?” (Ibíd: 108), porque  lo que pasa es que Antígona ha tomado el lugar de los hombres de su casa. Lo  melancólico en ella, lo que reclama, lo que lamenta es algo “impronunciable” (Ibíd:  106).</font></p>     <p align="justify"><b><font size="2" face="Verdana">REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS</font></b></p>     ]]></body>
<body><![CDATA[<!-- ref --><p align="justify"><font face="Verdana" size="2">1. Butler, Judith (2001). El  grito de Antígona. Ed. El Roure, Barcelona (Col. Apertura)</font>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;[&#160;<a href="javascript:void(0);" onclick="javascript: window.open('/scielo.php?script=sci_nlinks&ref=2817931&pid=S1316-3701200900020001400001&lng=','','width=640,height=500,resizable=yes,scrollbars=1,menubar=yes,');">Links</a>&#160;]<!-- end-ref --> ]]></body>
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