Servicios Personalizados
Revista
Articulo
Indicadores
-
Citado por SciELO -
Accesos
Links relacionados
-
Similares en
SciELO
Compartir
Argos
versión impresa ISSN 0254-1637
Argos v.26 n.51 Caracas dic. 2009
Cultura de la playa: Sociabilización, ocio y territorio en los balnearios de la costa atlántica bonaerense, Argentina
Facundo Marín Hernández
Universidad Nacional de Mar del Plata. fmhernandez12@yahoo.com.ar
Resumen: A fines del siglo XIX comienza a desarrollarse en el litoral marítimo bonaerense la actividad turística. Esto surge a partir de la moda de los baños de mar practicados por las altas clases sociales. En la Argentina el turismo llamado de "sol y playa" generó cambios en el orden socioterritorial, se fundaron nuevas localidades, surgió un movimiento poblacional temporario y formas específicas de sociabilización a partir del ocio, que construyeron lo que denominamos cultura de playa.
Los cambios económicos y sociales que atravesó el país desde fines del siglo XIX hasta principios del actual, han marcado diferentes expresiones de la cultura de playa. La comprensión de la relación entre pobladores locales y temporarios es fundamental para analizar las necesidades y tensiones a lo largo de la historia. Las problemáticas socioculturales que de allí surgen deben ser abordadas para entender la formación de una cultura específica, dada por su temporalidad, expresiones, sociabilidad y un ocio que muta de pasivo a activo.
Palabras clave: playa, balnearios, ocio, cultura, litoral marítimo bonaerense.
Beach cultura: Socialization, leisure and territory in the sea-side of the atlantic coast of Buenos Aires, Argentina
Summary:The ends of 19th century begin the development of tourist activity in the maritime coast bonaerense. That born from of the fashion of bath's sea practices it for the high class social. In the Argentine the tourism called of "sun and beach" generate changes in the order social-territory, it born new towns, crop up a temporary poblational movement active and forms specifics of sociability from the leisure, than construct the called "culture of beach".
The economic and social changes than trough the country from the end of 19th century to beginning of actual century, it mark different expression of the "culture of beach". The understanding of the relation between local and temporary settlers is very important for analyzed the necessity and tensions in his history. The social-culture problematic the there born, should it board to understand the formation, of one specific culture, determinate for her temporality, expressions, sociability and a leisure than change from passive to active.
Keys works: beach, sea, side, leisure, culture, bonaerense maritime coast.
Culture de plage: Sociabilización, loisirs et territoire dans le bord de la mer de la cote atlantique de Buenos Airen, Argentine
Résumé: Les fins du 19ème siècle commencent le développement de l'activité de touristes dans le bonaerense maritime de côte. Ce né de la mode de la mer du bain la pratique pour le social de première qualité. Dans l'Argentin le tourisme a appelé du "soleil et la plage" produisent des changements du social-territoire d'ordre, il de nouvelles villes soutenues, surviennent un active provisoire de mouvement de poblational et forment des détails de sociabilité des loisirs, que construisent la "culture appelée avec de la plage".
Les changements sociaux économiques et que la cuvette le pays de la fin du 19ème siècle au début du siècle réel, il expression différente de marque de la "culture de la plage". L'arrangement de la relation entre les colons locaux et provisoires est très important pour a analysé la nécessité et les tensions dans son histoire. La social-culture problématique là soutenu, si il embarque pour comprendre la formation, d'une culture spécifique, déterminée pour son temporalité, expressions, sociabilité et des loisirs que le changement de passif à l'active.
Travaux de clefs: côte maritime de plage, mer, côté, loisir, culture, bonaerense.
Recibido: 13/09/08; aceptado: 12/02/09
Introducción
La creación de espacios turísticos como núcleos urbanos, tal como lo conocemos ahora, tiene su origen en el siglo XIX; cuando en Europa crecía la cantidad de familias que pertenecían a la clase alta, no exclusivamente vinculada a la realeza sino al crecimiento de la burguesía nacional. Estos, mediante inversiones en conjunto con los estados nacionales, construyeron villas veraniegas en espacios que presentaban condiciones paisajísticas que resultaban atractivas para los turistas. La moda de los baños de mar se desarrolló en Europa a mediados del siglo XIX. La relación entre turista y paisaje deja de ser contemplativa, se vuelve activa con el medio natural debido a que éste ofrece condiciones para el esparcimiento.
En los países latinoamericanos a medida que se resolvían las fracturas regionales y las guerras civiles poscoloniales, se fue afianzando un sector de poder político y económico compuesto por la oligarquía terrateniente y el poder estatal. Los vínculos con Europa de los gobiernos de carácter conservador que se sucedieron a fines del siglo XIX, eran muy estrechos a nivel económico. Esto debido a la comercialización de productos primarios y a la importación de manufacturas de las incipientes economías industriales europeas.
Las relaciones a nivel sociocultural entre Latinoamérica y Europa, se sostienen a pesar de la emancipación. Las corrientes migratorias del viejo continente hacia América conforman una sociedad europeizada en los sectores de poder, que pronto vieron la conveniencia de la independización de la metrópoli y la incorporación al libre comercio. Los pueblos originarios, los mestizos, los afroamericanos fueron utilizados como esclavos o mano de obra forzosa en plantaciones, minas y servicios, lejos de cualquier círculo de poder. La cultura dominante era la europea occidental que representaba, en definitiva, la civilización con base en los dos ideales positivistas: el orden y la razón.
Latinoamérica emulaba en todos los aspectos a la cultura europea, las formas de estructurar el poder, la urbanización, la arquitectura, la vestimenta, la lengua, los ideales. El ocio que representa un aspecto cultural vinculado al descanso y esparcimiento, también fue tomado de la cultura europea. En la Argentina, es en 1874 cuando se crea la primera villa balnearia turística, Mar del Plata, para la oligarquía terrateniente y el poder político nacional. Es el mar, a partir de sus condiciones naturales y la posibilidad de realizar baños en el mismo, el que se convierte en un medio atractivo para la fundación de localidades a partir de la actividad turística. De hecho, la mayoría de las urbanizaciones creadas específicamente para el turismo en el mundo están sobre el litoral marítimo.
En la ciudad de Mar del Plata se desarrolló el turismo de las elites porteñas y las familias terratenientes, en una primera etapa. Lo anterior fomentó una forma específica de sociabilización marcada por el ocio, que construyó un nuevo territorio con su propia identidad: la cultura de playa. Esto se expandió territorialmente, debido al éxito de Mar del Plata, en toda la costa atlántica bonaerense. También se modificó, a partir de los cambios políticos y sociales que se suscitaron en el país, pasando de una cultura de playa exclusiva a una popular. Este período comienza en la década de 1940, para luego retomar la idea original del turismo y desarrollar una cultura neoexclusivista en la década de 1990. Para comprender cómo se modificaron la sociabilización y la cultura de playa en las diferentes localidades turístico-balnearias desde su formación, es imprescindible relacionar la sociabilidad y el territorio. A su vez analizar las formas de ocio que se practicaron y se practican en este singular territorio, terminaría de configurar qué entendemos por cultura de playa en el litoral marítimo bonaerense. La sociabilización es promover la comunicación para el desarrollo del ser humano, también se la asocia a la sociabilidad, ya que se pueden encontrar definiciones simples de ésta que hacen referencia a la calidad de sociable.
Para los fines de este trabajo pensamos el término sociabilización ligado íntimamente a la sociabilidad, entendiendo por esta los procesos que conducen al agrupamiento o fragmentación de las comunidades que habitan en un mismo territorio. La "calidad de sociable" estaría dada por la pertenencia a un grupo social, y no se puede evaluar, ya que sería un enfoque etnocentrista, clasista y positivista. Por ende, la "calidad de sociable" tiene que ser reemplazada por la sociabilidad.
El presente artículo es el resultado de una investigación que se encuadra dentro de la tradición de la historia urbana, que estudia la ciudad como un medio para vislumbrar cómo nacen y se trasmutan las sociedades. Esta corriente indaga sobre la composición de los sectores sociales urbanos, las formas de vida, los conflictos, los actores, los emergentes políticos, la diferenciación socioterritorial, etc. El método de trabajo es de carácter documental, utilizando y analizando medios gráficos y textos de la época estudiada.
I. Sociabilidad
La sociabilidad es definida por Maurice Agulhon como "un sistema de relaciones que confrontan a los individuos entre ellos o que los reagrupa en grupo más o menos naturales, más o menos forzosos, más o menos estables, más o menos numerosos" (Agulhon, 1992, pp. 26-27). A partir de esta definición podemos considerar la sociabilidad como un marco de observación y clasificación de lo intersocial cotidiano. Esta noción contribuyó a revalorizar la historia de la vida cotidiana, haciendo posible que ciertos hechos de carácter impreciso -por ser menos naturales y concretos como las costumbres, el esparcimiento, la diversión, etc.- se volvieran más perceptibles e identificables (Mantobani, 2004a).
Existen dos formas de estudiar la sociabilidad, una directa basada en el proceso o fenómeno en sí mismo, y otea de forma indirecta basada en el entendimiento o explicación de otros fenómenos o hechos. Para los fines de este trabajo incorporaremos el estudio en forma indirecta, ya que nos permite analizar cómo se va constituyendo -en los diferentes contextos temporales y espaciales- la llamada cultura de playa, y qué problemáticas socioterritoriales se derivan de ésta. El carácter indirecto nos sirve para analizar la construcción del territorio en la costa atlántica bonaerense, y los soportes de la vida social considerados como elementos de la cultura material, como rastros o indicios de las prácticas de sociabilidad presentes en la costumbre del veraneo frente al mar (Mantobani, 2004a).
Al establecer una relación entre sociabilidad y territorio podemos determinar conceptos claves que nos acercan a la comprensión de la cultura de playa. Según Mantobani, estos serían: 1) El recorte territorial, que remite a una expresión espacial a mayor escala 2) El recorte espacial que remite al espacio rural, rururbano, periurbano y urbano 3) Los escenarios, que son recintos o espacios físicos, generalmente construidos, de menor escala, como espacios públicos o privados. En contraste con los escenarios están 4) Los ámbitos, que son espacios sociales donde se desarrolla la sociabilidad, también puede ser de carácter público o privado, populares o burgueses, modernos o tradicionales, etc. 5) Las prácticas son las acciones o comportamientos, las conductas o las costumbres que crean, reproducen o modifican las relaciones o lazos sociales que constituyen la sociabilidad. Finalmente, 6) los actores son los sujetos que realizan sus conductas o comportamientos, es decir las prácticas, que son portadores de representaciones e identidades, que pertenecen a distintos ámbitos, habitan y construyen el territorio, crean territorialidades y actúan en diferentes escenarios.
Para estudiar la sociabilidad en el litoral marítimo bonaerense es necesario integrar la sociabilidad al territorio, como plantea Soares Barcillos, la cosa-objeto que remite a los escenarios (lugares) y otros soportes materiales de la vida social que hacen posible la sociabilidad. En esta línea se trata de estudiar indirectamente la sociabilidad mediante sus propios escenarios materiales como la playa, el balneario, el hotel, la rambla, la plaza. Por el otro lado, la sociabilidad como proceso, el territorio se presenta como construcción social y su relación con la sociabilidad se plantea a través del papel que juegan en él las prácticas que posibilitan la
recreación y el ocio, como la costumbre del verano (Mantobani, 2004a).
II. Territorio
En la tradición de la geografía política el territorio es visto como un espacio limitado dentro del cual se ejerce un control político, es una instancia territorial de poder. Otros autores cuestionan esta limitación del concepto y lo amplían, planteando lo significativo de una extensión apropiada. Esta apropiación crea las características de todo territorio: exclusividad, límites e identidad (Santos, 1996), el concepto alude a una realidad cultural mucho más compleja que se asemeja a una identidad o particularidad específica, sin aludir solamente a los límites (Capella, 2001).
La construcción identitaria del territorio está conformada por la relación biunívoca entre sociabilidad y medio, que puede también interpretarse como relaciones entre sociedad y territorio. Estos se establecen sobre un entramado político, económico y cultural. La apropiación del territorio por parte de un grupo social tiene que ver, por un lado, con el desarrollo de categorías contractuales que permitan organizarlo y administrarlo, y con la aparición de actividades económicas capaces de poner en valor los recursos naturales que este alberga. Pero, por otro lado, se necesita la emergencia de significaciones imaginarias y representaciones sociales que hacen del territorio un espacio vivido y lo convierten en un elemento constitutivo de una cultura. Este proceso de percepción, apropiación y dominación del territorio está en la base de su proceso de construcción (Mantobani, 2004a).
El litoral marítimo bonaerense es un territorio que se construye a partir de la valorización de un grupo de inversionistas inmobiliarios que vieron en las desérticas playas la posibilidad de fundar pueblos balnearios. Para esto era necesario apropiarse del mismo mediante la compra de tierras, que para los terratenientes eran improductivas debido a la condición de arenosidad en los suelos. Una vez adquiridas las tierras, se realiza el loteo con un fin, la fundación de balnearios para las elites nacionales. Para esto era necesario desarrollar la territorialidad, o la proyección de identidad sobre el territorio, y la sociabilidad en función de valores y soportes materiales que recreen un modelo exclusivista y conservador.
Para la comprensión del territorio de la costa atlántica bonaerense es necesario entender la relación entre Sociedad-Naturaleza. Esto se presenta como un esquema explicativo relevante para trazar e interpretar los rasgos y singularidades de los asentamientos turísticos balnearios, pues reconduce a la incorporación de un nuevo recurso natural a la economía urbana: las playas (Mantobani, 2004a). Estas son un recurso natural donde el valor productivo está en las singularidades del paisaje natural, es decir, los servicios ecológicos que brinda. La arena, los médanos, las barrancas, las olas, el mar son recursos naturales o ambientales que obtenemos sin haber participado en su producción. Todos estos elementos naturales se transforman en "recursos" en el momento en que existe una necesidad del hombre para utilizarlos (Reboratti, 2006). Esta definición tiene que ver con la temporalidad que presenta el concepto como una necesidad social, la playa antes de ser valorada como espacio natural atractivo para el turismo no tenía un valor socioeconómico. A partir de fines del siglo XIX se transforma en un recurso natural paisajístico para satisfacer las necesidades de ocio de las clases altas argentinas, fundándose tres balnearios. Mar del Plata, Miramar y Necochea, que iniciaron un proceso de urbanización sobre la costa atlántica que sigue avanzando en la actualidad.
III. Ocio
La construcción del territorio del litoral marítimo bonaerense se basa en dos cuestiones básicas: el recurso natural valorizado, la playa, y su utilización como espacio de ocio. El ocio es entendido como la cesación del trabajo, y como aspecto vinculado al turismo, es diversión y entretenimiento reposado. La lógica que gobierna esta "actividad" es opuesta a la del trabajo. Los pueblos balnearios se fundan para el "ocio" de unos pocos que necesitan del "trabajo" de muchos.
La lógica del ocio no puede eludir la presencia del territorio (Hierneaux, 1996). Por eso el veraneo, tanto en su aspecto de desplazamiento como en su aspecto de estadía, expresa una cierta relación con el territorio. En los casos de relación entre un territorio y la lógica del ocio, las prácticas de sociabilidad y sus escenarios constituyen su nexo crucial (Mantobani, 2004b).
La expresión espacial de la lógica del ocio es distinta a la lógica del trabajo y por ello también registra prácticas de sociabilidad diferenciadas. Su manifestación espacial se apoya en diferentes escenarios especializados que se modifican con el paso del tiempo y las distintas modas. Así como la rambla Pellegrini, sus balnearios y los dos principales hoteles de fines de siglo XIX y principios del XX en Mar del Plata, eran los ámbitos por excelencia de un ocio exclusivo, en la misma ciudad, la nueva rambla, la peatonal San Martín y la diversificación de la oferta hotelera son los escenarios de ocio que comienzan a predominar a partir de la década de 1940, y que tienen que ver con la cultura popular.
También podríamos plantear que a partir de la década de 1990, con el ingreso del país al "neoliberalismo salvaje", que culturalmente introdujo una intensificación del consumo superficial con los shoppings, los centros comerciales de clase, los nuevos hoteles cinco estrellas, que conforman los nuevos espacios de ocio para la clase social beneficiada con el modelo, contrastando, en la misma ciudad, con los espacios de ocio populares que subsisten como una oferta de "otra categoría".
Lo específico de estas urbanizaciones costeras, fundadas desde fines del siglo XIX hasta principios del siglo XX, es que el ocio -como actividad turística- es el que las impulsa y las crea. Para que esto fuese posible se necesita incorporar una lógica del trabajo, que en todos los períodos se basó en un "desarrollo informal". Tanto en los sectores de la construcción como en el de servicios turísticos predominó el trabajo informal, el subempleo, la temporalidad, la explotación y la dependencia del contexto económico del país. Para que se produjeran las condiciones materiales para el goce de los turistas, los distintos sectores empresariales-comerciales vinculados a la llamada "industria turística" se adueñaron de los medios de producción, y en connivencia con los poderes políticos locales, constituyeron una lógica del trabajo temporal basado en la informalidad y la explotación.
El ocio es una actividad cultural y una necesidad psicofísica para el ser humano. Las formas en que se manifiesta difieren de ser en ser, y está determinado por una amplia gama de factores sociales, culturales, físicos y económicos. Una clasificación o agrupación que se puede plantear en este trabajo, es que en el litoral marítimo bonaerense se han manifestado dos tipos de ocio, uno pasivo, basado en un ideal más contemplativo del paisaje, y otro activo, de mayor intervención y uso del medio natural. Ambos los podemos encuadrar dentro de un concepto más amplio que definiremos como "cultura de playa".
IV. Cultura de Playa
El ocio, sea en su forma activa o pasiva, forma parte de la cultura popular. El turismo, en última instancia una actividad económica que satisface las necesidades de ocio, ha crecido en forma espectacular desde la década de 1990 a partir de la incorporación de nuevas tecnologías de información y comunicación. Esta globalización tecnológica permitió mejorar las redes territoriales que unen distintas partes del globo, las diferentes culturas aisladas dejaron de tener tal característica y se expusieron al mundo como un atractivo turístico más. Lo mismo sucede con diversos ambientes naturales, frágiles, que fueron "conquistados" por la industria turística.
Estudiar la cultura en este contexto, es introducirnos en comprensión de su producción, su circulación y su consumo (García Canclini, 1999). El turismo a partir de la globalización se ha masificado y la transformado las relaciones sociedad-naturaleza de los territorios y culturas que se ponen en producción (explotación). Dentro de los enfoques que estudian la cultura en un contexto de dominio hegemónico del capitalismo desde el siglo XIX, incorporamos la noción de García Canclini que piensa la cultura "como un instrumento para comprender, reproducir y transformar el sistema social, para elaborar y construir la hegemonía de cada clase" (García Canclini, 1982, pp. 26).
En el litoral marítimo bonaerense la fundación de villas turísticas responden a las necesidades culturales de la clase alta porteña. Estas, al poblar temporariamente los balnearios, trajeron consigo sus símbolos, representaciones sociales, prácticas de sociabilidad, reproduciendo su cultura en un territorio que lo consideraban "desierto". Sin embargo, este territorio tenía su propia identidad: fue asiento de pueblos originarios, de misioneros, de trabajadores rurales, de trabajadores del saladero, que fueron transformados o ignorados o eliminados por la capacidad de "inversión" de la clase hegemónica.
García Canclini define cultura como la producción de fenómenos que contribuyen, mediante la representación o reelaboración simbólica de las estructuras materiales, a comprender, reproducir o transformar el sistema social, es decir todas las prácticas e instituciones dedicadas a la administración, renovación y reestructuración del sentido (García Canclini). Este fenómeno cultural está compuesto por factores económicos, sociales, ambientales que construyen un territorio "efímero", cargado de símbolos vinculados al consumo que se ofrece para satisfacer las necesidades de los turistas.
En la costa atlántica bonaerense el turismo tiene sus particularidades, es un fenómeno cultural basado en la lógica del ocio, donde el recurso natural playa se transforma en un espacio de esparcimiento, sociabilidad y comercialización, ampliándose hacia los centros urbanos. Es donde impacta e influye, con mayor intensidad, la idea de lo "efímero" ya que es una actividad social temporaria-estacional que genera un desplazamiento poblacional de todo el territorio nacional hacia las costas. En estas el turista construye la identidad cultural del territorio con la suya y con la de los demás, siendo esta heterogeneidad la característica principal. A este proceso lo denominamos "cultura de playa".
A partir de la llamada "cultura de playa", el espacio urbano natural que la contiene se adapta a las necesidades y a las formas culturales del turista. Ninguna localidad turística en el litoral marítimo se ha desarrollado con base en una idea propia de lo que debe ser, siempre surgen como diferentes ofertas para distintos consumidores, portadores de identidad. Las playas son verdaderos espacios de servicios que cambian en las distintas etapas históricas, desde los vestidores y sombrillas de fines del siglo XIX hasta los paradores de moda, equipados como un centro de diversión nocturna al aire libre.
La playa se adapta al usuario, la urbanización que se recrea para albergar al turista imita las comodidades que estos tienen en sus lugares permanentes. Los comercios de ropa de las principales firmas del sector, los mismos restaurantes, los mismos espectáculos teatrales, los servicios urbanos básicos, entre otros, están presentes tanto en la ciudad cotidiana del turista, como en la temporaria en la costa atlántica. En las diferentes etapas, este modelo social y urbano responde a las demandas de quienes viven de 15 a 30 días, y deja en un plano inferior al poblador permanente, localizado en los barrios alejados de los centros turísticos.
La lógica territorial de este modelo de fragmentación social, se inspira en la idea de que el espacio de ocio debe estar alejado de la realidad cotidiana. Como cualquier ciudad, las que se ubican en el litoral marítimo bonaerense tienen sus bolsones de pobreza, barrios carenciados, necesidades insatisfechas, explotación. Escenarios que forman parte de una realidad general existente tanto en la ciudad de origen, como en la de destino turístico. Solo que el turista, por obvias razones, elige que se repita en la ciudad turística lo vinculado al consumo y las comodidades, niega y rechaza la realidad de una sociedad local dependiente de una actividad económica con elevados índices de explotación. La cultura de playa oculta lo existente en el mismo espacio, construye dos realidades: la del disfrute, esparcimiento, diversión y consumo, frente a la de la necesidad.
V. La importancia de la construcción histórica de la cultura de playa: medio ambiente, clase social y modelo económico
Para analizar el proceso histórico que origina la cultura de playa, debemos tener en cuenta algunas características para realizar una posterior clasificación. El medio ambiente, entendido como la relación sociedad-naturaleza; la clase social, definida por el contexto sociopolítico, y el modelo económico, como una superestructura.
A diferencia de lo que comúnmente se piensa, el medio ambiente no solo hace referencia al entorno natural, sino que este estaría formado por tres medios: el natural, social, y el construido. El primero define las condiciones físicas para el desarrollo de actividades antrópicas, lo relacionamos muy a menudo con los recursos naturales. El soporte natural del ocio en la costa atlántica, es la playa, un recurso natural paisajístico. Pero existen diferencias en cuanto a su utilización en los distintos contextos históricos. En las primeras etapas de la formación de la cultura de playa, el ambiente natural comienza a ser intervenido con bajo impacto ambiental intensificándose gradualmente en la etapa de democratización (política del cemento) y asumiendo nuevas formas en la etapa neoexclusivista de la década de 1990 (política de la forestación).
El medio social está compuesto por la comunidad que habita y circula en torno al turismo de sol y playa, sus prácticas de sociabilidad y la estructura de poder en función de su influencia en las decisiones. El medio construido es el conjunto de soportes materiales y componentes artificiales del medio ambiente necesarios para producir, circular, residir y consumir. Es un producto social resultante del trabajo para introducir modificaciones creadas con la función o finalidad general de albergar y proteger actividades (Mantobani, 2002). Las urbanizaciones del litoral marítimo bonaerense fundadas para crear condiciones de habitabilidad para el turista y para que se desarrolle la cultura de playa, es el medio construido dentro del medio ambiente costero.
Las clases sociales en el territorio costero, es otro de los factores fundamentales para comprender la construcción histórica de la cultura de playa. Estas difieren, en cada etapa, en la posición hegemónica de cada una, imponiendo sus símbolos y representaciones, que configuran un sistema social (Bourdieu, 1980). Este para subsistir debe reproducirse y reformular sus condiciones de reproducción, tratando de adaptar a las demás clases sociales al orden social que han impuesto, mediante una política cultural-ideológica (García Canclini, 1982). De esta forma pauta la vida en el trabajo, la familia, las diversiones, de modo que todas sus conductas y relaciones tengan un sentido compatible con la organización social dominante (García Canclini, 1999).
Las localidades turístico-balnearias son un claro ejemplo donde diferentes clases sociales han dominado las relaciones culturales, en distintas épocas. Se han manifestado particulares formas de sociocentrismo compuesto por tres elementos, una valorización positiva, encontrándose el sujeto en un estado de admiración frente a las realizaciones del grupo con el cual se identifica, de una referencia a los grupos exteriores definida por la aplicación, por parte del observador, de conceptos, normas, criterios y medidas (Perrot y Preiswerk, 1979). De esta forma el sujeto ignora la posibilidad de que el otro sea diferente y proyecte su propia identidad sobre él. El tercer elemento es la forma de sociocentrismo de clase que se manifiesta en un espacio construido por la lógica de ocio, es la temporalidad estacional de esta manifestación social. Los turistas, y su pertenencia a una clase social, se harán presentes durante el verano, modificando las relaciones socioculturales preexistentes en la comunidad local e imponiendo sus formas y gustos a lo que deben adaptarse los otros, que son en definitiva los que tienen raíces en el territorio.
El tercer factor que colabora en el estudio de la construcción histórica es el sistema económico que predomina en el contexto. El turismo es una actividad cultural y económica que depende de la forma de desarrollo elegido en un país. Así nos encontramos con países que son destinos turísticos internacionales, pero que no tienen movilidad interna por diferentes factores como el empobrecimiento general de la población, el tamaño del territorio nacional por preferencia de realizar un turismo internacional, por el modelo socio político, etc. También existen países distintos, que también tienen movilidad turística nacional, y países con turismo nacional principalmente. Argentina ha variado, de ser un país de turismo nacional exclusivamente hacia un turismo mixto de movilidad nacional e internacional.
El modelo agroexportador de fines de siglo XIX y principios del siglo XX definió un modelo conservador, con clases sociales minoritarias con poder político-económico ligadas a la tenencia de la tierra. Estos son los principales consumidores del naciente turismo de sol y playa de aquellos años. Con el modelo sustitutivo de importaciones y la consiguiente industrialización del país, se formó una clase obrera industrial que se organizó en movimientos sociales populares y gremiales, y obtuvo -mediante las luchas reivindicativas- el derecho a vacacionar, entre otros. Estos, durante la década de 1940, formaron el turismo masivo en la costa atlántica.
El ingreso al modelo neoliberal en la década de 1990, a partir de la incorporación de las directrices dictadas en el Consenso de Washington, significó un nuevo tipo societal que fue ahondando una creciente brecha social entre, por un lado, un conjunto reducido de "ganadores" que logró acoplarse exitosamente al modelo neoliberal y, por otro, un conglomerado amplio de "perdedores", marcado por el descenso social y la descalificación (Svampa, 2005). De esta forma se incorporaron nuevos modelos urbanos inspirados en la privatización y autosegregación social de las clases altas. Para evitar la coexistencia en el mismo espacio del "otro" se desplazó la ciudad como un espacio público hacia una visión privada, custodiada y totalmente cerrada.
Este modelo impactó en la llamada cultura de playa, ya que las nuevas formas de explotación turística se basaron en un modelo exclusivista, como el decimonónico, con nuevos valores culturales inspirados en una sociedad banalizada por el consumo y el desinterés por el compromiso social. A diferencia de lo que ocurrió en la etapa fundacional de los balnearios de la costa atlántica, este modelo "neoexclusivista" coexiste con el "popular". En la actualidad la misma polarización socioterritorial que presenta nuestro país se manifiesta en la actividad turística en el litoral marítimo, con playas privadas sin acceso público -esto es inconstitucional-, en medios naturales y playas públicas, cada vez más reducidas y con más turistas en espacios sobreurbanizados.
VI. Clasificación y etapas de la cultura de playa
La cultura de la playa se clasifica en tres: el exclusivismo, el populismo y el neoexclusivismo.
1) Exclusivismo (1874-1945)
La primera etapa la denominaremos turística-balnearia exclusivista que se extiende desde fines del siglo XIX (con el "descubrimiento de la playa") hasta la década de 1940. El predominio ideológico estaba marcado por el positivismo: las elites argentinas, compuestas por la oligarquía terrateniente, la alta jerarquía militar y la naciente burguesía nacional, consideraban que el orden y progreso sólo podía conseguirse mediante una conducta científica en los asuntos políticos (Dabene, 1999). El poder económico se centraba en las actividades primarias y la capacidad agroexportadora del país. Los medios de producción estaban concentrados en unos pocos, lo que configuraba una sociedad polarizada.
Las clases de poder, en el contexto poscolonial, tendían a incorporar en sus costumbres las modas que provenían de la cuna del mundo occidental, Europa. El turismo de playa, como una actividad de ocio a la que sólo ellos podían acceder, marcó una tendencia sociocultural en esos años. En las costas europeas se fundaron villas turísticas destinadas exclusivamente al ocio de las clases pudientes, las construcciones arquitectónicas que se realizaron en el frente costero eran verdaderas obras de arte -muchas de ellas forman parte del patrimonio cultural nacional e inclusive mundial-. Estas manifestaban no solamente el poder adquisitivo de una clase social, sino también, su presencia en el territorio mediante la sociabilidad que desarrollaban en los paseos costeros, en las salas de sus palacios, en los jardines, en la playa. Se configuró un territorio basado en el hecho de mostrar la "categoría" y el confort con el que se vivía.
La elite argentina decide incorporar la moda europea de baños de mar para tener su centro turístico y no tener que realizar largos viajes al "Viejo Continente". Las localidades, que se fundaron en la costa para tal fin, estaban caracterizadas por una ocupación urbana extensiva (no concentrada) del litoral marítimo por edificaciones de estilo arquitectónico (normando, neoclásico, ecléctico) con amplios parques, reproduciendo el modelo europeo de villas balnearias. En esta etapa se realiza la fundación de los primeros balnearios de Argentina como un espacio de sociabilidad exclusivista, se urbanizan las playas a partir de la construcción de paseos (ramblas) y avenidas costeras, y del equipamiento de servicios para los turistas.
La fundación de Mar del Plata en 1874 significó el comienzo de la construcción del territorio de la costa en la provincia de Buenos Aires, como centro balneario exclusivo de la alta sociedad porteña (Mantobani, 2004a). Esto se logra mediante la promoción inmobiliaria privada y estatal, a través de bancos de la provincia, que lotearon tierras consideradas improductivas por los grandes estancieros de la zona. La llegada del ferrocarril impulsó la accesibilidad y la movilidad a partir del ramal Buenos Aires-Mar del Plata, estableciendo una relación simbiótica con la capital argentina, ya que Buenos Aires necesitaba un centro turístico cercano que las clases sociales altas demandaban, y Mar del Plata, para progresar, debía garantizar los servicios urbanos a lo turistas.
La incorporación de Mar del Plata al circuito hotelero internacional se da a través de la inauguración del Hotel Bristol el 8 de enero de 1888 (Mantobani, 2004b), de gran calidad arquitectónica y confort. Descrito como una gran "Babel canicular", este establecimiento materializó la lógica del ocio propia del veraneo frente al mar, en efecto, mientras que la alta sociedad intentó construir una ciudad como un "gran club", el Bristol pasaría a convertirse en el centro de las actividades sociales (Cacopardo, 1997). Todos los proyectos urbanos y los espacios de sociabilidad, en la emergente localidad, tuvieron como epicentro la costa. El turismo, como actividad económica fundadora dependiente del entorno natural y cultural, otorga nuevas significaciones imaginarias que iban a permitir la nueva articulación sociedad-naturaleza, traducida en turistas-playas, a partir de la cual emergía este primer ejemplo del nuevo modelo de urbanización.
En estos espacios de sociabilidad (Jockey Club, Hotel Bristol, la rambla) se manifestaban costumbres traídas de las clases altas europeas. Tanto en las grandes fiestas que ofrecía el Bristol Hotel como en el paseo en la Rambla Pellegrini, hombres y mujeres demostraban su pertenencia al alto status social a través de sus vestimentas, de sus modales, y los hombres -mayormente- mediante conversaciones sobre el contexto político-económico. Recordemos que por aquellos años recién se iniciaba la costumbre de introducirse al mar para refrescarse en el verano, y también como forma de emular los baños europeos. Una sociedad conservadora como la de aquel momento no podía hacer otra cosa que tener un reglamento de baño igualmente conservador. Estas formas hacían a la gente de bien. Todas ellas, costumbres que separaban el rol del hombre y el rol de la mujer, e impedían la sociabilización entre ambos sexos durante el baño de mar. Tal como lo expresa el reglamento, fiel a su época:
Artículo 1) Es prohibido bañarse desnudo. Art. 2) El traje de baño admitido por este reglamento es todo aquel que cubra el cuerpo desde el cuello hasta la rodilla. Art. 3) en las tres playas conocidas por del Puerto, de la Iglesia y de la Gruta no podrán bañarse los hombres mezclados con las señoras a no ser que tuviera familia y lo hicieran acompañado de ella. Art. 4) Es prohibido a los hombres solos aproximarse durante el baño a las señoras que estuvieran en él, debiendo mantenerse por lo menos a una distancia de 30 metros. Art. 5) Se prohíbe a las horas del baño el uso de anteojos de teatro u otro instrumento de larga vista, así como situarse en la orilla cuando se bañan señoras. Art. 6) Es prohibido bañar animales en las playas destinadas para el baño de familias. Art. 7) Es igualmente prohibido el uso de palabras o acciones deshonestas o contrarias al decoro.
Por su parte, Wilde (1917) aporta sus descripciones de algunos aspectos de la sociabilidad en el Bristol: "En el comedor de Bristol, a la hora del almuerzo, después del baño o a la noche, antes del concierto, el espectáculo es magnífico: el sol tiene a simple vista como 1800 metros cuadrados y está cubierto de mesas casi totalmente ocupadas por una sociedad distinguida y elegante, en la cual naturalmente, el gran atractivo es la belleza de las mujeres ( ). Después de la comida y del café tomado en la galería, sintiendo la brisa del mar y oyendo el rumor de las olas incansables, la concurrencia femenina acude al salón de conciertos, tan vasto como el comedor, y la masculina, al Casino, a jugar. Este arreglo es un verdadero contrasentido; así toda sociedad queda destruida. Las señoras y las niñas se aburren en el salón y los hombres se arruinan o se ponen tontos en las mesas de juego" (Wilde, 1917).
Por su calidad arquitectónica, donde abundaba el estilo normando, la similitud paisajística y la cultura de playa desarrollada, Mar del Plata fue denominada la "Biarritz argentina" por los medios de la época. Le siguió, con la misma cultura de playa, Necochea y Miramar. Como el espacio de sociabilidad estaba determinado por el espacio de ocio, se ignoraba o se omitía la otra población, que formaban parte de las villas turísticas, que habitaban lejos del mar y que se dedicaban principalmente a las actividades rurales. Lo anterior comienza a configurar dos ciudades en los asentamiento turísticos balnearios, la cara visible, la ciudad turística y la oculta, la ciudad cotidiana, que no pertenecía a la misma clase social, esta no podía reflejar el espíritu de ciudades que tenían "apodos" que hacían referencia al espíritu alegre que significaba vacacionar, "la feliz", "la ciudad de los niños".
La fragmentación del territorio dividido por una cultura de playa y una cultura de trabajo, trajo como consecuencia que los sucesivos gobiernos locales no tuvieran en cuenta la ciudad cotidiana, con el pretexto de que las ciudades turísticas sólo podían desarrollarse si se pensaba primero en el turista. A tal extremo llega este pensamiento que en una intervención en el Consejo Deliberante, de fines del siglo XIX, un apellido ilustre y "prócer" de la ciudad que lleva el nombre de la principal avenida: Luro, planteó la necesidad de mejorar la luminaria del paseo costanero. Este, debido a la escasez de fondos, propuso invertir el mismo para mejorar la ciudad que esperaba al turista. En otra intervención en la que se debatía la falta de cajones para enterrar a los fallecidos en la ciudad de los barrios pobres, por la misma escasez de fondos, Luro propuso que se los entierre en fosas comunes (Barili, 1962).
Estos cambios urbanos, ambientales, culturales y sociales experimentados por Mar del Plata en las últimas décadas del siglo XIX influyeron decididamente sobre el proceso de construcción del territorio de la costa. En estrecha relación con la aparición de distintos estilos de sociabilidad, fomentaron la aparición de nuevos pueblos balnearios vecinos a Mar del Plata que fueron consolidando una nueva identidad para el territorio de la costa. Las nuevas prácticas de sociabilidad relacionadas con el veraneo en Mar del Plata y los estilos resultantes pueden considerarse como un factor que permite comprender mejor la primera etapa de la difusión de la cultura de playa partir de la cual se dieron los primeros pasos de la urbanización de la costa de la provincia de Buenos Aires.
2) Populismo
La situación en los balnearios del litoral marítimo bonaerense se modifica gradualmente, dejando sus formas exclusivistas e incorporando nuevas clases sociales a las prácticas de veraneo. Pero el hito va estar dado por el ascenso al poder político de un gobierno de carácter popular con la llegada de Juan Domingo Perón a la presidencia. Pero el origen más profundo está en la crisis de 1929 y la implementación del modelo sustitutivo de importaciones. En este contexto, poco a poco, desde las actividades de exportación, todos los sectores de la economía fueron destruidos por la crisis económica a principios de los años treinta, haciendo crecer el paro de manera vertiginosa en todos los países. En el campo, la reducción de la actividad originó una disminución del número de proletarios agrícolas y un proceso de concentración de tierras. Asistimos pues a un movimiento de emigración masiva hacia otras zonas rurales o hacia las ciudades (Dabene, 1999). Estas últimas comenzaron a crecer vertiginosamente y a medida que crecía el sector industrial y el de servicios, se formaron gremios y movimientos sociales que buscaban la reivindicación de sus derechos como trabajadores.
Es en última intancia con el peronismo que los trabajadores logran incorporarse a los sectores de poder y tener una relativa participación en las decisiones. Esta doctrina se fijaba como objetivo principal la defensa del pueblo. Perón proclamaba la justicia social (de ahí el justicialismo) con el fin de consolidar el lazo social, la homogeneidad que él se jactaba en llamar "comunidad". La armonía social debía conseguirse con políticas redistributivas, pero también creando empleos en una industria nacional estimulada con medidas proteccionistas. Los derechos del trabajador se convertían en prioritarios, y entre ellos, el aumento de la cobertura social fue espectacular. El número de argentinos con cobertura social se triplicó por vez primera entre 1943 y 1946, y una segunda vez entre 1946 y 1952, alcanzando cinco millones, lo que representa cerca del 70% de la población activa. La sindicalización, como se apuntó más arriba, progresó rápidamente, pasando de 900.000 afiliados en 1946 a 2,5 millones en 1954 (Dabene, 1999). Pero los límites quedaban también claros. De esta forma, la "Declaración de derechos del trabajador" de 1947, incluida en la constitución de 1949, no contemplaba ni siquiera el derecho a la huelga.
Entre los derechos obtenidos y reconocidos estaba el descanso y las vacaciones, como lo refleja la "Declaración de los Derechos del Trabajador" del 24 de febrero de 1947, en su sexto punto:
El derecho de los trabajadores al bienestar, cuya expresión mínima se concentra en la posibilidad de disponer de vivienda, indumentaria y alimentación adecuadas y de satisfacer sin angustias sus necesidades y las de su familia en forma que le permita trabajar con satisfacción, descansar libre de preocupaciones y gozar mesuradamente de expansiones espirituales y materiales, impone la necesidad social de elevar el nivel de vida y trabajo con los recursos directos e indirectos que permita el desenvolvimiento económico.
Para desarrollar un modelo turístico que democratizara el acceso a la cultura de playa modificaron las ciudades costeras marítimas. A partir del peronismo las ciudades balnearias exclusivas (Mar del Plata, Miramar y Necochea principalmente) sufren un proceso de transformación con la idea de "democratizar" el turismo. Este proceso de "democratización" de la playa se plasmó con el llamado turismo masivo (como análogo a la idea de democrático), que se desarrolló debido a la mayor accesibilidad y poder adquisitivo de la clase obrera. Para que pudiesen soportar la masa turística, se destruyó la villa turística exclusivista (sus casonas) y se construyó una ciudad vertical, con edificaciones de altura en el frente costero. Muchas de las nuevas edificaciones tenían la función de ser hoteles gremiales y residencias de veraneo o de todo el año de la clase media que accedían al turismo de playa. La edificación en altura en el frente costero generó un fuerte impacto visual, que imponía la ciudad por sobre el paisaje natural.
También se cambió las formas de expresión de la cultura de playa, se fue asentando un modelo menos conservador y el reglamento de baños dejó de tener vigencia. Las nuevas actividades de ocio respondían a un criterio más popular en cuanto a las actividades de esparcimiento, el sociocentrismo de clase social plasmado en la etapa exclusivista desaparecía como modelo cultural dominante. Las clases obreras y medias, heterogéneas en su composición desarrollaron nuevas prácticas sociabilidad, ya no eran lujosos hoteles o ramblas de estilo normando; los hoteles gremiales, la peatonal San Martín, el centro comercial del puerto, las playas céntricas, la rambla de cemento, el paseo Jesús Galíndez, eran los nuevos espacios donde los turistas se relacionaban entre ellos.
La infraestructura urbana turística concentraba la ciudad efímera con la cotidiana, contrastando menos que en la etapa exclusivista. Sin embargo, el crecimiento urbano de la época no fue ajeno al crecimiento de las ciudades balnearias que comenzaron a diversificar su economía y se convirtieron en pujantes centros industriales, principalmente Mar del Plata y Necochea. Mientras los sectores dominantes de la población permanente y temporaria alcanzan las mejores localizaciones, condiciones de vivienda y servicios residenciales, los sectores dominados son relegados al hacinamiento en tugurios, "villas", urbanizaciones en lotes periféricos por autoconstrucción, con baja densidad, sin servicios, pobre accesibilidad y, en general, inferiores condiciones de vida (Yujnovsky, 1975) , lo que demuestra que la democratización no se sintió en los sectores más marginados de la economía local. Las ciudades turísticas balnearias crecen y se nota menos la pobreza, cada vez más alejada del mar.
Si bien es innegable que los balnearios se transformaron en más accesibles, no se puede afirmar que esto sea "democratizador", ya que los cuantiosos beneficios económicos que generó la destrucción del viejo modelo de ocupación, la reconstrucción y la fundación de nuevas ciudades, se concentraron en unos pocos empresarios, inversores, sectores inmobiliarios y una clase política siempre en connivencia con el creciente poder económico local. Ante este proceso los obreros de la construcción tenían salarios escasos en función de las siderales ganancias del empresariado, y su trabajo era en definitiva temporario ya que las sucesivas crisis económicas generaban sucesivos paros de la actividad. En esta etapa de populizar los balnearios surgen los trabajos de temporada, que realizan en una primera etapa los "trabajadores golondrinas", sobre todo del norte del país, y más adelante por las poblaciones residentes. Esto generó una dependencia del éxito de las temporadas, para poder conseguir un trabajo de tres meses que ayudara en todo el año a solventar diferentes gastos (para un joven pagarse sus estudios, por ejemplo).
En fin, no porque estemos frente a un modelo turístico más accesible y considerado masivo, donde se construye una nueva cultura de playa con nuevas formas y prácticas de sociabilidad, tenemos ciudades turísticas donde lo cotidiano también se democratiza. El efecto derrame, que implica que los sectores excluidos se benefician con las ganancias de sectores más integrados, no ha resuelto el problema histórico de barrios periféricos de Mar del Plata, Miramar, Necochea, que ven cómo los nuevos proyectos urbanos para la clase social alta tienen todos los servicios básicos -no importa la distancia del centro- y barrios centenarios no poseen tales servicios. A partir de la década de 1990 esta situación se intensificará.
3) Neoexclusivismo
En la década de 1990, la crisis del estado de bienestar se intensifica con la entrada al "universo" neoliberal y la llegada al "primer mundo". La Argentina aplica políticas regresivas en cuanto al desarrollo social siguiendo los lineamientos del Consenso de Washington (1985), ya desde fines de la década de 1970 con la última dictadura militar este modelo era gestado por el gobierno de facto y los centros de poder nacionales e internacionales. De esta forma se ingresa a la crisis socioeconómica y cultural más intensa de su historia debido al paro de la actividad industrial, la privatización de las empresas públicas, el consecuente desempleo que asoló a la sociedad, la banalidad mediática y la cultura de consumo.
La "brecha social", que se abre más y más, se ha producido en un contexto de acceso generalizado a los medios de información que equipara las expectativas en materia de consumo (Dabene, 1999).
Esto genera una importante frustración entre las capas sociales urbanas medias y bajas, sobre todo entre los jóvenes. El turismo se transforma nuevamente en una actividad de privilegio, la convertibilidad permitió a los beneficiados del modelo poder viajar a destinos internacionales a costos equiparables con los del turismo nacional, que en algunos casos era más costoso. Las economías locales turísticas entran en crisis, las localidades balnearias no diversificadas y dependientes exclusivamente de la actividad turística, entraron en crisis, y las localidades diversificadas, más pobladas, esta situación se potenció con la caída de las industrias.
El turismo que se desarrolló con mayor intensidad en la costa atlántica fue el que denominamos neoexclusivista. Este se caracteriza por un nuevo modelo societal, a nivel nacional, caracterizado por la fragmentación y polarización social, los pobres más pobres, clase obrera y media en extinción y ricos cada vez más ricos, un fuerte antagonismo entre ganadores y perdedores (Svampa, 2005) ¿Cómo afecta el nuevo contexto al turismo de sol y playa? Una respuesta podría ser el que "ganó" con el modelo (unos pocos) realizó sus vacaciones en el exterior desarticulando las economías locales de los sitios turísticos nacionales. Otros sectores de los "ganadores" prefirieron desarrollar una suerte de countries, barrios privados y balnearios exclusivos. Esta nueva forma de ocupación del territorio es la profundización del modelo capitalista como productor de espacio urbano a través del mercado, creando urbanizaciones empresariales alambradas, para que las clases altas estén separadas de la otredad.
La urbanización privada es un proceso de autosegregación que se inicia en esta etapa y los que la reproducen en sus vacaciones buscan el mismo estilo de vida, distante de la otredad. Surgen así nuevos destinos turísticos costeros que bajo el engañoso rótulo de ecoturismo, ocultan el verdadero significado de fundar balnearios con playas exclusivas, un entorno ameno y costos que pueden ser cubiertos por las clases altas (Cariló, Mar de las Pampas, Las Gaviotas). Se reintroduce el modelo exclusivista decimonónico pero con otros valores culturales, no existe tanta distancia entre lo que culturalmente se consume o se quiere consumir entre las clases sociales, si las hay en función de las condiciones materiales. Esto es un fenómeno que se extiende en todas las costas marítimas latinoamericanas, principalmente las tropicales atlánticas y caribeñas, donde los contrastes entre la sociedad local y el turista son más amplios -como en República Dominicana, Brasil, Jamaica, etc.
La sociabilidad, en esta cultura de playa, se basa en "ideales" consumistas transmitidos a nivel mediático que desarrolló una cultura massmediática. La creación de los paradores como nuevos emplazamientos balnearios se transforman en lugares de moda donde en la playa se puede disfrutar de la misma ambientación que en una discoteca, con música a todo volumen, sillones, camas, desfiles de moda, radios y televisión transmitiendo desde la playa. El ocio pasa de ser contemplativo (exclusivismo), a activo en el modelo popular, en el neoexclusivismo pasa hacer un ocio destructivo del medio natural, urbanizando un ambiente natural frágil.
A esto se le suma la construcción de shoppings que desplazan como paseo urbano al centro tradicional, impulsándose, como la tendencia mundial, una ciudad desterritorializada y con espacios definidos por Augé como "No Lugares" (Augé, 1998). Beatriz Sarlo explica claramente el significado de un shopping en la ciudad:
"El shopping tiene una relación indiferente con la ciudad que lo rodea: esa ciudad siempre es el espacio exterior, bajo la forma de autopista con villa miseria al lado, gran avenida, barrio suburbano o peatonal. A nadie, cuando está dentro del shopping, debe interesarle si la vidriera del negocio donde vio lo que buscaba es paralela o perpendicular a una calle exterior. La máquina perfecta del shopping, con su lógica aproximativa, es, en sí misma, un tablero para la deriva desterritorializada. Los puntos de referencia son universales: logotipos, siglas, letras, etiquetas no requieren que sus intérpretes estén afincados en ninguna cultura previa o distinta de la del mercado. Así, el shopping produce una cultura extraterritorial de la que nadie puede sentirse excluido; incluso los que menos consumen se manejan perfectamente en el shopping e inventan algunos usos no previstos que la máquina tolera en la medida en que no dilapiden las energías que el shopping administra" (Sarlo, 1995).
Las prácticas que construyen esta nueva sociabilidad son los deportes llamados extremos, como las aventuras en 4x4 y diferentes deportes náuticos, que solo acceden clases altas y son realizados colectivamente, en los lugares "de encierro" -como en los clubes de playa o en los paradores-, que permiten practicar el ostracismo social (Svampa, 2005). Tema que merece una mención aparte, y es para todo un trabajo, es la obsesión por el cuerpo del verano, auspiciado por los medios de comunicación, es una nueva forma de conseguir la aceptabilidad del otro. El corolario inevitable de este estilo de vida es una sociabilidad homogénea, intensa, de carácter mundano, que va adquiriendo rasgos comunitarios, a través de la contigüidad e interpenetración de los círculos sociales (Svampa, 2005).
Otra característica a resaltar de esta forma de vida es que, desde la postura sociocentrista de las clases altas, lo que "otros codician" debe ser custodiado, como afirma Mike Davis, "la seguridad es cada vez más un estilo de vida". Los enclaves fortificados que se expandieron durante los años de oro del menemismo, basados en la seguridad privada, fueron configurando también un estilo de vida per se, que trajo consigo nuevas marcas de estatus. Por ende, "la seguridad misma se convirtió, cada vez más, en la marca por excelencia de la diferenciación social" (Svampa, 2005: 45-46)
Esta cultura de playa aparte de ser segregacionista, es de fuerte impacto ambiental, las playas privadas desplazan a la visión de este ambiente natural como público. Superada la capacidad de carga turística, la resiliencia del litoral marítimo y la sobreocupación de las playas porque el espacio público está cada vez más reducido, lleva a que solo los turistas que desarrollan la cultura de playa neoexclusivista puedan disfrutar de una ambiente más natural alejado de las urbes, en villas turísticas, y con una privacidad garantizada por empresas de seguridad. Cuando necesitan desplazarse al centro de la ciudad ya tienen un lugar para consumir más acorde con su status: los shopping y los recientes centros comerciales urbanos de clase (Paseo Comercial de Cariló o Güemes en Mar del Plata).
El territorio del litoral marítimo bonaerense queda de esta forma configurado en dos, los espacios construidos por la cultura de playa "popular" y los "neoexclusiva" en franco crecimiento. Cada una tiene su forma específica de sociabilidad -aunque en muchos aspectos se parecen- formas distintas de desarrollar la lógica de ocio, la idea del ocio destructivo parece indicar que atenta contra la sustentabilidad del recurso paisajístico del cual depende las economías locales. Ambas culturas de playa se han transformado en destructivas del medio natural.
La ciudad oculta lejana del mar, en esta etapa, ya no tiene vinculación directa con el turismo. Esta actividad no le provee beneficios, sino todo lo contrario: en función de preparar la ciudad para los turistas siempre están relegados. En los espacio neoexclusivistas más puros, es decir, las localidades turístico balnearias que fueron fundadas e impulsadas con este modelo, no tiene esta dicotonomía, la ciudad oculta no existe.
A modo de reflexión
La importancia de comprender la construcción de la cultura de playa a partir de la sociabilidad y la lógica de ocio específica de un lugar turístico, como el litoral marítimo bonaerense, nos introduce a un mejor entendimiento de las problemáticas socioterritoriales existentes, a partir del análisis histórico cultural. Todos los modelos analizados, exclusivista, populista y neoexclusivista, presentan "culturas de playas" específicas que a su vez generan tensiones y conflictos con las comunidades locales, ignoradas por lo general en el proyecto de desarrollo turístico.
Varios sectores del litoral marítimo bonaerense aún no han incorporado una de estas culturas, son espacios que están en construcción. La educación ambiental, la conciencia ecológica, el respeto por la comunidad local, los medios como herramienta cultural formativa, una verdadera planificación del Estado en materia turismo sustentable, son entre muchos factores, los que pueden construir una verdadera cultura de playa basada en una sociabilidad más integradora, un ocio constructivo, para una democratización del territorio.
Rererencias
1. Agulhon, M. (1992). La sociabilidad como categoría histórica. Santiago de Chile: Fundación Góngora. [ Links ]
2. Augé, M. (1998). Los no lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad (1era. Edición). Barcelona: Gedisa. [ Links ]
3. Barili, R. (1962). Génesis de Mar del Plata. Mar del Plata, Argentina: Editorial Mar del Plata. [ Links ]
4. Bourdieu, P. (1980). La mort saisit le vif. Les relatinos entre l`historie réifié et l`histoire incorporé. Paris: Actes de la recherche en Sciences Sociales. [ Links ]
5. Capella, H. (2001). Territorio y cultura: la importancia de los vínculos culturales en el desarrollo endógeno de las comarcas de Terra Alta, Mataranya y Els Ports. Paris: Tesis doctoral. Universidad de la Sorbonne. [ Links ]
6. Dabene, O. (1999). América Latina en el Siglo XX. Madrid: Síntesis. [ Links ]
7. García Canclini, N. (1982). Las culturas populares en el capitalismo (2da. Edición). Buenos Aires: Nueva Imagen. [ Links ]
8. García Canclini, N. (1990). Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad (2da. Edición). México: Grijalbo. [ Links ]
9. García Canclini, N. (1999). Imaginarios Urbanos (2da. Edición). Buenos Aires: EUDEBA. [ Links ]
10. Hernández, F. M. (2008). El capitalismo turístico-balneario. Novedades educativas. Geografía: nuevas miradas, nuevos sentidos. Año 20, Nro. 212, 62-69. Buenos Aires: Novedades Educativas. [ Links ]
11. Hernández, F. M. (2007). Problemáticas ambientales y socioterritoriales asociadas a la explotación turística en la Costa Atlántica. Espacios "populares y "exclusivistas" en desmedro del ambiente costero y la integración social. III Congreso Interoceánico de Estudios Latinoamericanos. Políticas de la diversidad y políticas de la integración. 3 al 5 de octubre. Mendoza: Actas en CD-ROM. [ Links ]
12. Hiernaux, N. (1996). Elementos para un análisis sociogeográfico del turismo. Sao Paulo: HUACITEC. [ Links ]
13. Mantobani, J. M. (2004a). El papel de la sociabilidad en la construcción del territorio de la costa de la provincia de Buenos Aires, un enfoque geográfico. Mar del Plata, fines del siglo XIX (1era. Edición). Mar del Plata: Suárez. [ Links ]
14. Mantobani, J. M. (2004b). Más allá de la ciudad del actor y el sistema. Repensando el proceso de producción del espacio urbano a partir de los aportes de Norbert Elias (1era. Edición). Mar del Plata: Ediciones Suárez. [ Links ]
15. Mantobani, J. M. (2002). Entre el trigo y la espuma. Mar del Plata y el problema de la creación de los balnearios del Sudeste de la provincia de Buenos Aires a fines del Siglo XIX (1era. Edición). Mar del Plata: UNMdP. [ Links ]
16. Mazza, C. y Bruno, P. (2002). Construcción de paisajes. Transformaciones territoriales y planificación en la región marplatense, 1930-1965. Mar del Plata: UNMdP. [ Links ]
17. Ordoqui, J. (2008). De la ciudad a la playa: el traslado de prácticas urbanas y pautas culturales a las arenas. V Jornadas Homenaje a Guillermo Magrassi. Conocimiento científico y comunidad, de la Puna al Atlántico. Mar del Plata: Actas en CD-ROM. [ Links ]
18. Pastoriza, E. (Eds) (2002). Las puertas del mar. Consumo, ocio y política en Mar del Plata, Montevideo y Viña del Mar. Buenos Aires: Biblos. [ Links ]
19. Perrot, D. y Preiswerk, R. (1979). Antropología, etnocentrismo e historia. Buenos Aires: Nueva Imagen. [ Links ]
20. Quesada, J. (1921). Mar del Plata. Historia de su fundación, desarrollo y engrandeciendo. Buenos Aires: Talleres gráficos Rosso y Cía. [ Links ]
21. Reboratti, C. (2006). La Naturaleza y Nosotros. El problema ambiental (1era. Edición). Buenos Aires: Capital Intelectual. [ Links ]
22. Santos, M. (1996). Metamorfosis del espacio habitado (3era. Edición). Barcelona: Oikos-tau. [ Links ]
23. Sarlo, B. (1995). Escenas de la vida posmoderna. Intelectuales, arte y videocultura en la argentina (7ma. Edición). Buenos Aires: Ariel. [ Links ]
24. Soares Barcillos, J. (1995). Territorio do cotidiano: introducao a uma abordagem teórica centemporanea. En Mesquita, Z. y Rodrigues Randao, C. (Eds.), Territorios do cotidiano. Uma introducao a novos olhares e experiencias. Porto Alegre: UFRDS. Editora da Universidade. [ Links ]
25. Svampa, M. (2001). Los que ganaron. La vida en los countries y los barrios privados (3era. Edición). Buenos Aires: Biblos. [ Links ]
26. Svampa, M. (2005). La brecha urbana. Countries y barrios privados (1era. Edición). Buenos Aires: Capital Intelectual. [ Links ]
27. Yujnovsky, O. (1975). Notas sobre la Investigación de la Configuración Espacial Interna y las Políticas de Uso del Suelo Urbano en América Latina. Revista Interamericana de Planificación, Vol. IX, Nº 35. [ Links ]
28. Wilde, E. (1917). Obras completas. Buenos Aires: Peuser. [ Links ]












