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versión impresa ISSN 1012-7089
Terra vol.30 no.47 Caracas jun. 2014
Delito e inseguridad delictiva. Su construcción y consolidación como campo emergente de la geografía. Estudio de caso en una ciudad intermedia, Argentina. Año 2011*
Crime and criminal insecurity. Construction and consolidation like emergent field of the geography. Study of case in an intermediate argentine city. 2011
Pyszczek Oscar Luis
Oscar Luis Pyszczek. Licenciado (2012) y Profesor en Geografía (2008). Becario del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de la República Argentina (CONICET). Sede laboral: Instituto de Investigaciones Geo-históricas-CONICET-UNNE. Actualmente realiza el Doctorado en Geografía en la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) en la provincia de Mendoza. Maestrando en Antropología Social en la Universidad Nacional de Misiones (UNaM). Actual Profesor del Departamento de Geografía, dependiente de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), Resistencia-Chaco, Argentina.
Correo electrónico: luis_unne2@hotmail.com
RESUMEN
El presente artículo tiene por objetivo indagar dos temáticas consideradas emergentes dentro de la disciplina geográfica: el delito y la percepción de inseguridad delictiva en el marco de las inseguridades globales emergentes. Si bien el tratamiento cartográfico de sendos fenómenos ha sido largamente abordado, el genuino interés geográfico surge recién a partir de la segunda mitad del siglo XX, con trabajos que procuran el abordaje integral de las variables. En este marco, la investigación enfoca sus esfuerzos primeramente en caracterizar y diferenciar ambos fenómenos que a simple vista resultan similares, pero poseen naturalezas, manifestaciones y consecuencias diferentes. En segundo lugar, el interés reposa en la aplicación de dichos conceptos a un caso concreto: el de la ciudad de Resistencia capital de la provincia del Chaco en el nordeste de la República Argentina. Se trata de una ciudad considerada intermedia en cuanto a población y servicios urbanos, que denota una notable segmentación espacial en cuanto a los fenómenos en cuestión. La metodología empleada de tipo cuali-cuantitativa ha consistido en recorridos sistemáticos de la ciudad para constatar la morfología urbana en todos sus sectores, implementación de encuestas de percepción de inseguridad y entrevistas semiestructuradas a funcionarios responsables de la seguridad pública. Los resultados obtenidos reflejan la construcción de la espacialidad del delito e inseguridad delictiva en el ámbito metropolitano de Resistencia, desde la perspectiva oficial del organismo encargado de la seguridad pública de la ciudad y desde la visión ciudadana.
Palabras clave: Delito, inseguridad delictiva, percepción de inseguridad, ciudad de Resistencia, espacios peligrosos.
ABSTRACT
The present article seeks investigate two different thematic considered as emergent inside the geographic discipline: the crime and the perception of criminal insecurity in the frame of the emergent global insecurities. Although the cartographic treatment of both phenomena has been extensively tackled, the geographic interest arises recently from the second half of the 20th century, with geographic works that procure the integral boarding of the variables. In this frame, the investigation focuses firstly in characterizing and differentiating both phenomena that to simple sight result similar but with different natures, demonstrations and consequences. Second, the interest reposes in the study of a concrete case: the one of the city of main Resistance of the province of the Chaco in the northeast of the Argentinian Republic. It is about a city considered intermediate regarding population and urban services that denotes a remarkable spatial segmentation concerning the phenomena in question. The employed methodology of cuali-quantitative type has consisted in systematic routes of the city to investigate the urban morphology in all its sectors, implementation of surveys of perception of insecurity and semiestructured interviews to responsible civil servants of the public security. The obtained results show the construction of the spatiality of crime and criminal insecurity in the metropolitan area of Resistence, from the official perspective of the body responsible for the public safety of the city and from public view.
Key words: Crime, criminal insecurity, perception of insecurity, city of Resistance, dangerous spaces.
* Recibido 26.08.2013. Aceptado 07.03.2014
ACERCA DE LAS INCERTIDUMBRES GLOBALES CONTEMPORÁNEAS (IGC). BREVE MARCO TEÓRICO SOBRE EL PUNTO DE PARTIDA DE LAS INSEGURIDADES SOCIALES
El siglo XXI estaba llamado a ser -según las palabras del sociólogo polaco Zygmunt Bauman,- el siglo donde el hombre finalmente conquistaría todos sus miedos y se despojaría del horror de las inseguridades y penurias de siglos pasados (Bauman, 2006).
Contrariamente a lo imaginado, el miedo difuso y el miedo concreto al parecer se han incrementado mediante sucesos, tales como el terrorismo internacional, la inestabilidad de los mercados, las amenazas de guerras civiles o guerras preventivas que sacuden a diversos Estados del mundo y cimenta lo que los especialistas denominan globalización de las inseguridades. La circulación globalizada de los temores e incertidumbres contemporáneos, esgrime simultáneamente sus manifestaciones y consecuencias a escenarios regionales y locales, significa la transversalidad espacial/ escalar de su esencia (la denominada glocalización de los miedos e incertidumbres), derramándose desde el plano global, hacia todos los rincones del orbe.
Es así como el contexto tumultuoso del mundo actual, presenta sus manifestaciones a escalas mayores (local-vivencial), donde las inseguridades y temores cotidianos parecen multiplicarse y tomar una forma corpórea, manifestándose en diversas problemáticas: desocupación, pobreza e indigencia, delito, fragilidad de las instituciones democráticas, entre las más comunes. La explicación acerca de la proliferación de las inseguridades en tanto incremento de las incertidumbres humanas, ha tenido tantas interpretaciones como puntos de vistas de los sociólogos, filósofos e intérpretes contemporáneos. Entre las más concretas y académicamente aceptadas se halla la explicación triangular de las inseguridades del nuevo siglo (figura 1).
Las aristas del triángulo indican tres núcleos que han sufrido profundas transformaciones, fundamentalmente durante la segunda mitad del siglo XX: 1- la esfera económica y de mercado, 2- esfera política-redistributiva y 3- esfera relacional-comunitaria. En cuanto a la esfera económica y de mercado, la transición hacia un modelo de economía globalizada e informacional generó y continúa originando impactos importantes en el mercado de trabajo, en la ocupación y en las relaciones laborales. Para algunos sectores sociales, el cambio económico ha impulsado un abanico de nuevas oportunidades impensables en períodos anteriores. Para otros, en cambio, ha significado la exposición a crecientes riesgos de exclusión vinculados a la esfera laboral: trabajos pagados con muy bajos salarios, insuficientes para acceder a bienes básicos como una vivienda digna; empleos de carácter temporal y precario. (Fleury et al., 2008). En resumen, la precariedad laboral o, lo que es peor, en términos de Bauman (2000), la superfluidad económica, se propaga cada vez más hacia diversos sectores sociales.
Dentro del orden político-redistributivo se advierte una notoria falta de credibilidad de la sociedad hacia la dirigencia política y a las políticas sociales. Los líderes comunitarios han degradado de estrategas y estadistas a principios del siglo XX, a -en términos eufemísticos- demagogos, interesados y egoístas administradores. Todo ello conminó al descrédito social y desafiliación política de gran parte de los ciudadanos, principalmente latinoamericanos. A su vez, la capacidad redistributiva de algunas políticas centrales del Estado de bienestar, como las políticas educativas, se ha mostrado muy limitada. La capacidad de reacción frente a necesidades sociales emergentes es claramente insuficiente. (Fleury et al., 2008).
Finalmente las pautas tradicionales de confianza y de reciprocidad interpersonal, constitutivas de lo que Putnam (2003) denominaría el capital social que tiende puentes (bridging), están siendo sustituidas por nuevos valores que exaltan la competencia individual. La individualización nos obliga a buscar soluciones biográficas a problemas sistémicos (Beck, 1998; Beck y Beck-Gernsheim, 2001), perdiéndose así oportunidades para la cooperación y la solidaridad interpersonal, debilitando la malla de seguridad (Moreno, 2000), que brinda la comunidad. (Fleury et al., 2008). Este punto resulta crucial para comprender el crecimiento y proliferación tanto de los modos delictuales como también de la inseguridad delictiva, donde muchos teóricos concuerdan que el primero responde en su mayor parte a las aspiraciones impuestas por el consumismo actual impulsivo, y el segundo, surge como resultado de la ruptura de lazos y acuerdos sociales, que se traduce en la desconfianza y temor al prójimo, al otro desconocido.
EL DELITO Y LA INSEGURIDAD DELICTIVA COMO FENÓMENOS SOCIALES Y TEMÁTICAS EMERGENTES DE LA GEOGRAFÍA
Insertas en el marco de las inseguridades sociales del mundo contemporáneo, (expuestas en el apartado anterior), sobresalen dos problemáticas acuciantes: el delito y la inseguridad delictiva. Si bien, estos fenómenos sociales, encontrarían sus causas en las tres aristas de la teoría triangular de las inseguridades globales, la crisis de los lazos comunitarios, la masificación del alcance de los medios de información (que analizan los temas con diferentes intereses) y la densificación poblacional de las ciudades actuales que generan el desconocimiento del vecino, co-residente, conminan las certezas sociales que eran comunes en otros tiempos, lleva a un clima de incertidumbre o inseguridad.
Impulsados por las crónicas mediáticas, el delito y la inseguridad delictiva han sido y continúan siendo utilizados como sinónimos, provocando una asociación casi simbiótica. Sin embargo, ambos conforman fenómenos sociales sustancialmente distintos, dado que sus orígenes, manifestaciones y consecuencias requieren tratamientos analíticos y líneas de acción diferentes para alcanzar paliativos o soluciones.
Desde la óptica Durkheniana, el delito constituye un tipo de anomia social. Cuando se analiza el funcionamiento de las sociedades complejas (o modernas) donde las condiciones de vida actuales no facilitan a los individuos los medios de subsistencia, arribamos al fenómeno delictivo, considerado conducta desviada y anómica. La anomia es, en este caso, una disociación entre los objetivos culturales y el no acceso de ciertos sectores a los medios necesarios. La relación entre los medios y los fines se debilitan.
Si bien las apreciaciones de Durkheim, son constatables en la realidad, dejan de lado los delitos de cuello blanco restringiendo el fenómeno social sólo a las clases menos favorecidas. Sea como fuere y al margen de quien lo perpetre, el delito es siempre circunscripto a la acción delictiva; presenta diversas escalas según las regulaciones de los Estados y es siempre objetivo, es decir factible de ser tratado estadísticamente.
El análisis de la inseguridad delictiva, por su parte, sitúa al investigador frente una problemática social, políticamente más compleja. Si el delito era la acción consumada de una conducta que reviste el desfasaje entre fines y medios sociales, la inseguridad delictiva se alimenta del resabio del delito; en tanto hechos consumados. Por ende la inseguridad delictiva se enlaza estrechamente a las experiencias que los agentes sociales poseen en relación al delito, por tanto revestido de un tratamiento subjetivo y tamizado por variables biográficas como edad, sexo, características socio-económicas, entre otras.
Es así que, por tratarse de dos fenómenos diferentes, con componentes espaciales visibles y cuyos elementos constituyentes se encuentran densamente interrelacionados, es que la geografía deviene en campo disciplinar privilegiado para el tratamiento científico de sendas problemáticas.
Si bien durante el siglo XIX, el delito en países europeos ha sido abordado por la geografía, los marcos interpretativos fueron limitados y subsumidos al análisis espacial mediante cartografía monotemática de los diversos tipos delictivos. Durante la segunda mitad del siglo XX, con el surgimiento de nuevos enfoques geográficos, y con la creciente preocupación política y social que despiertan sendas problemáticas, cobran un grandilocuente impulso los trabajos de investigación afines, los cuales motorizados por el análisis espacial cartográfico, la interrelación de múltiples variables con expresión espacial, y finalmente el arribo a la síntesis geográfica, posibilitaron el nacimiento de un campo emergente, que si bien tiene varias denominaciones1, quedan aglutinadas dentro de la geografía del Crimen y de la inseguridad delictiva. Nuevamente descripción, explicación y generación de conocimientos cimientan el quehacer geográfico como principal potencial disciplinar.
Actualmente, los Sistemas de Información Geográfica (SIG) han brindado un nuevo impulso a los estudios delictivos, fundamentados en la casi ilimitada capacidad de los modernos paquetes computacionales en términos cartográficos, que van desde la posibilidad del manejo simultáneo de los indicadores hasta la obtención, mediante procesos matemáticos, de la correlación entre las variables.
Si bien se advierte la tendencia general a la implementación de los Sistemas de Información Geográfica por parte de diversos organismos gubernamentales y no gubernamentales, esto no significa el despojo del quehacer geográfico; sino más bien, supone la proyección de los alcances disciplinares y laborales para el geógrafo, como profesional idóneo para desarrollar dichas tareas. A fin de plasmar las ideas expuestas en este breve recuento teórico, en las páginas siguientes se explicarán los resultados obtenidos en una investigación referida a la espacialidad del delito y de la percepción de inseguridad delictiva en la ciudad de Resistencia, capital de la Provincia del Chaco, en el norte de la República Argentina, desde la mirada de distintos agentes sociales.
DELITO E INSEGURIDAD DELICTIVA EN LA CIUDAD DE RESISTENCIA: OBJETIVOS Y METODOLOGÍA
La investigación llevada a cabo acerca del crimen e inseguridad, ha seguido la consecución de dos objetivos principales. En primer lugar, indagar la situación del delito (específicamente robos, hurtos, tentativas de robos y tentativas de hurtos) por parte de los organismos responsables como también la percepción de inseguridad delictiva a escala barrial en el ámbito metropolitano por parte de los ciudadanos. En segundo lugar, contrastar los resultados obtenidos para abordar a la síntesis geográfica que evidencie el estado actual de la problemática.
Los objetivos planteados han determinado el diseño metodológico basado en el predominio de técnicas cuali-cuantitativas de investigación involucrando entrevistas semiestructuradas a funcionarios responsables de la seguridad pública y a vecinos; recorridos sistemáticos por la ciudad a fin de sondear la morfología urbana en todos sus sectores; y finalmente la implementación de encuestas sociales de percepción de inseguridad a los ciudadanos.
En cuanto a las estadísticas del delito en Resistencia y en la Provincia del Chaco, en general, existe una situación muy singular: desde el año 1995 no se publican datos delictivos oficiales, puesto que según lo manifestado extraoficialmente por funcionarios responsables de la secretaría de estadísticas y del área de seguridad, esos datos constituyen información políticamente sensible, por lo tanto, sólo es manejada puertas adentro del Ministerio de Gobierno y Justicia de la provincia.
Esta coyuntura ha limitado el análisis estadístico detallado a nivel provincial, y ha promovido la realización de entrevistas semiestructuradas a fin de acceder a información a escala urbana. Las mismas fueron realizadas al personal jerárquico de la Secretaría de Seguridad Metropolitana encargada de administrar la seguridad pública en todo el ámbito de Resistencia, permitiendo de este modo estructurar y delimitar la espacialidad delictiva oficial de la ciudad según el principal organismo responsable del área. En lo referido a la inseguridad delictiva, se implementaron encuestas sociales de percepción de inseguridad, mediante el método de muestreo. Los resultados recabados de las mismas han permitido esgrimir el plano de percepción urbana de inseguridad con los barrios percibidos como más peligrosos por parte de la ciudadanía y obtener información contextual del fenómeno, entre otros. Los aspectos técnicos de la determinación del tamaño muestral y la composición de los elementos integrantes de la muestra, serán detallados en el apartado correspondiente a la percepción de inseguridad.
ESPACIO DE ESTUDIO: LA CIUDAD DE RESISTENCIA
La ciudad de Resistencia, ubicada en el norte de la República Argentina, es capital de la provincia de Chaco; con una población de 290.723 habitantes (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos INDEC 2001) se ha convertido en una ciudad intermedia argentina. Se trata de una ciudad cuyo sitio geográfico se halla en el lecho de inundación extraordinario del río Paraná, con tendencias de crecimiento urbano hacia el sector oeste y el norte (Muscar y Franchini, 1992).
A su vez, es la ciudad del nordeste argentino que por su crecimiento poblacional y económico, presenta serias aspiraciones de convertirse en Núcleo Estructurante del Nordeste Argentino según lo establecido por la Planificación Estratégica Territorial de 2011, y presenta un aglomerado urbano conformado por la ciudad de Resistencia y tres localidades (figura 2), que si bien ostentan historia propia giran en torno a ella. Estas ciudades son: Barranqueras, Fontana y Puerto Vilelas. Cada ciudad cuenta con su municipio, siendo Resistencia, Barranqueras y Fontana de primera categoría, y Puerto Vilelas de segunda categoría (distinción realizada en base a la cantidad de población de sendos municipios).
Tradicionalmente el río Negro que atraviesa completamente la ciudad en sentido noroeste-sudeste, ha sido el límite natural norte de la ciudad, hoy en día excedido completamente por el crecimiento urbano. En los tiempos en que el río Negro era una vía navegable, constituía un importante medio de comunicación con el resto de la provincia, y en la actualidad existen numerosas lagunas que evidencian paleocauces de este curso fluvial. En el extremo sur se encuentra el riacho Arazá, otrora considerado límite austral de la ciudad actualmente superado por la mancha urbana.
El plano de la ciudad es un damero tradicional orientado a medio rumbo, donde el centro geográfico del municipio de Resistencia está representado por la plaza principal, que es el eje desde el cual nacen las calles y donde se concentran las actividades comerciales, bancarias, financieras y administrativas. En las últimas décadas del siglo XX y durante todo el transcurso del siglo XXI, la ciudad ha sufrido transformaciones urbanas en cuanto a su perfil local, provincial y regional. Entrado el siglo XXI, el espacio urbano de Resistencia vio expandir los sectores periféricos de la ciudad impulsado fundamentalmente por el incremento de la urbanización espontánea, localizadas en sitios inundables no aconsejables para la radicación de viviendas según los organismos de catastro provincial y municipal.
Simultáneo al proceso de expansión periférica espontánea, pueden identificarse otros modos de crecimiento tales como la intensificación de las construcciones urbanas con la respectiva reducción de los espacios intersticiales entre viviendas como patios y espacios baldíos y la densificación del casco céntrico de la ciudad con la construcción de edificios, permitiendo el rápido surgimiento de construcciones, entre ellos, cuarenta y cinco torres de más de 15 pisos terminadas en los últimos 5 años, a lo que se suman otras 15 que actualmente están en ejecución. La caracterización en cuanto a morfología urbana, resulta crucial para luego procurar el análisis y correlación con los fenómenos en estudio. El crecimiento poblacional de Resistencia devenida en metrópoli regional (considerando a la región del Nordeste Argentino), supuso el surgimiento de nuevas problemáticas sociales antes no frecuentes, entre ellos el incremento del delito y la inseguridad delictiva.
EL DELITO EN LA CIUDAD DE RESISTENCIA SEGÚN LA MIRADA OFICIAL
Según fuentes periodísticas, la Provincia del Chaco está lejos del índice de criminalidad que ostenta la provincia de Buenos Aires con 38 delitos por cada mil habitantes en 2008 (Sistema Nacional de Información Criminal 2008. SNIC), no obstante representa una problemática más que preocupante para los chaqueños. Como ya se aludiese precedentemente, la información delictiva en el Chaco y en la ciudad de Resistencia es reservada sólo para uso de los estamentos gubernamentales y de los organismos responsables afines. Esta particular situación ha determinado que se arbitraran técnicas específicas, destinadas a recabar dicha información, siendo las entrevistas a funcionarios de la Dirección General de Seguridad Metropolitana de Resistencia y las búsquedas sistemáticas de datos oficiales de delitos publicados en los archivos de los periódicos locales, los medios escogidos para acceder a los datos relevados por las comisarías que conforman la red de seguridad pública.
Es así como se ha logrado acceder al registro de la Secretaría de Seguridad sobre delitos denunciados en el área metropolitana para el período 2007-2013, cuyos datos han sido corroborados posteriormente con información periodística. En el documento se observa, por ejemplo que entre el 2007 y 2009 se cometieron 17.000 delitos por año en la ciudad, lo que representa 47 delitos por día, de los cuales 34 son robos y hurtos contra la propiedad. El documento no detalla el grado de violencia ejercido al momento de perpetrarse los actos delictivos, lo que resultaría de relevancia a fin de inferir el impacto social de los hechos.
Si se compara el mes de enero del 2009 con el de 2010, se apreciará que en el primero fueron denunciados 626 casos, mientras en 2010 esta cifra trepó a 854 hechos, lo que evidencia una tendencia en franco ascenso.
Otro aspecto interesante, representa el ámbito donde han sido perpetrados los hechos delictivos: por ejemplo en marzo de 2013 se cometieron 424 robos, de los cuales 216 tuvieron como escenario la vía pública y 97 los domicilios particulares. Del total denunciado, en 121 casos los delincuentes actuaron portando armas de fuego y en 51 casos realizaron el ilícito con armas blancas. El ranking de los delitos está liderado por los arrebatadores en la vía pública y salideras bancarias con 216 casos denunciados, seguido por la usurpación de domicilios particulares con 97 casos denunciados.
De los datos obtenidos es posible inferir que el predominio del espacio público como escenario delictivo, justificaría en parte la percepción de inseguridad diseminada en todos los sectores de la ciudad por parte de la ciudadanía; aspecto que se corroborará posteriormente en los resultados de las encuestas sociales implementadas. A su vez, la mayor ocurrencia de delitos comunes tales como los robos, hurtos y sus respectivas tentativas, incrementan y consolidan la percepción de inseguridad en la ciudad.
Consultados acerca de la espacialidad delictiva, los funcionarios han podido precisar tipos de delitos más frecuente en determinadas zonas de la ciudad representados en la figura 3: es así como los arrebatadores prosperan en la zona del microcentro, mientras que los usurpadores actúan en los barrios del Gran Resistencia. Tal distribución delictiva surge a partir de las denuncias recibidas por las comisarías del área metropolitana.

En la figura 4 se representa la distribución de las comisarías del área metropolitana de Resistencia junto con los destacamentos policiales2 y la división jurisdiccional de las comisarías, se observa que las seccionales Primera y Undécima presentan jurisdicciones más acotadas que el resto de las comisarías, cuyas áreas de incumbencias son realmente amplias. Este aspecto genera - según declaraciones oficiales- un retraso en la movilización de los patrulleros hacia las áreas linderas de la jurisdicción.
En cuanto al ranking de denuncias por jurisdicciones policiales, se encuentran:
La comisaría Primera, que cubre desde la plaza 25 de Mayo hacia el Hospital Perrando (centro de la ciudad) donde en marzo de 2010 se registraron 105 denuncias.
La comisaría Segunda, que comprende desde la plaza 25 de Mayo hacia la avenida Falcón y Mac Lean, entre la vía del ferrocarril y la avenida Laprida (Zona residencial), con 76 delitos denunciados en el mismo período.
La comisaría Cuarta que cubre la avenida Moreno hacia el Cementerio y los barrios de la zona de la Terminal de Ómnibus, con 73 casos (zonas periféricas de la ciudad).
De los datos proporcionados es posible advertir que la comisaría Primera, cuya área de incumbencia es la más céntrica de todas (incluye las peatonales de la ciudad), ostenta la mayor cantidad de delitos denunciados, mientras que en las jurisdicciones más periféricas el volumen de denuncias decrece notoriamente. Estos datos reflejan una voluntad ciudadana de radicación de denuncias, que es directamente proporcional al carácter céntrico de la jurisdicción. Por el contrario aquellas jurisdicciones policiales tales como la Quinta u Octava (figura 4), cuyos barrios asiduamente son noticia por la ocurrencia de hechos delictivos violentos, no reflejan cantidades considerables de delitos denunciados.
Según las declaraciones de funcionarios de la Dirección de Operaciones Metropolitana, del total de los delitos que ocurren en la ciudad tal vez un 30% no denuncia porque cree que no van a recuperar sus bienes o porque el delito ocurre tan a menudo que la policía no le da importancia, (comisario mayor Lucio Elio Cabral, 2011). Este aspecto justifica- según el entrevistado- la afirmación de que a diferencias de otras ciudades del país, la gente en Resistencia, todavía confía en la policía. Por otra parte, el 80% de las denuncias que recibe el servicio de línea telefónica 101 son falsas, lo que implica dejar de atender los casos donde verdaderamente se está cometiendo un ilícito, sostiene Cabral (entrevista 2011). Otro tema relevante es que la Policía Metropolitana cuenta con 1.300 efectivos para atender una población de casi 600.000 habitantes (Gran Resistencia), lo que representa 2,1 policías cada 1.000 habitantes. Este índice es el menor del país, ya que Buenos Aires cuenta con un índice de 3,8 y Santa Cruz con 12,1 por 1.000. (SNIC 2008)
La Asociación Internacional de Jefes de Policía, una entidad con sede en Estados Unidos que representa a 80 países, aconseja que la proporción no deba superar los tres policías por cada mil habitantes. En promedio Argentina tiene un índice de 6,89 vigilantes por cada 1000 habitantes, mientras que en los Estados Unidos la cifra es de 3,20; en España, de 3,04, y en Australia alcanza a 2,28 por cada millar de ciudadanos.
La policía de Chaco, no es ajena a los males ocasionados por las limitaciones presupuestarias. Los fines de semana, la dotación metropolitana debe destinar 700 efectivos para custodiar los partidos del fútbol local, más de la mitad del total del personal disponible. A pesar de ser obligación de los clubes, ninguna entidad deportiva abona por el servicio prestado por la policía: Sin embargo, no podemos dejar de cubrir los eventos deportivos, sostuvo el comisario Cabral (2011).
La falta de recursos también se refleja en el cese de las partidas para la reposición de los uniformes de los efectivos policiales. Cada agente tiene que pagar de su propio salario la camisa, el pantalón y el calzado que utiliza mientras está en servicio, señaló Cabral (2011).
A su vez, como medida adicional, el ministerio de Justicia provincial, ya dispone de siete cámaras de seguridad para instalarse en lugares estratégicos del microcentro, especialmente en las zonas bancarias. Falta reunir los fondos para instalar el centro de operaciones de donde se operarán estas cámaras explicó Cabral-, como así también, ( ) los recursos económicos para el salario de los efectivos destinados a este servicio y el mantenimiento del sistema (2011). Sin embargo, a pesar de haber presentado el proyecto a los bancos de la ciudad, todavía no obtuvieron respuestas, bajo el argumento que el apoyo financiero depende de las casas matrices en Buenos Aires.
LA INSEGURIDAD DELICTIVA EN RESISTENCIA, DESDE LA PERCEPCIÓN CIUDADANA
Dada la notable imposibilidad de describir el fenómeno criminal circunscribiéndose sólo a la estadística delictiva, es que cobra vigor la denominada Percepción de Inseguridad delictiva.
La construcción de la visión de inseguridad ciudadana, supone en sí, una doble faceta: en primer lugar un acuerdo tácito, desde la singular convergencia de las características y factores que atraviesan el tejido social3, de lo que se considera seguro e inseguro. En segundo lugar, otorgar carácter espacial o lugar de residencia a lo peligroso, riesgoso o inseguro.
La percepción de inseguridad como construcción intersubjetiva, no significa que responda a las consideraciones de un determinado grupo o sector social predominante; más bien, dicha visión contiene y condensa en sí a todos los segmentos integrantes de la sociedad urbana y tiene la capacidad de influir en el comportamiento espacial de los residentes de la ciudad.
Al tener en cuenta lo mencionado, se ha procedido a la implementación de encuestas por muestreo, también denominadas encuestas sociales (Aldrige y Levine, 2003), similares a las utilizadas internacionalmente, bajo la denominación de encuestas de victimización. Esta técnica ha satisfecho las exigencias investigativas, en cuanto al alcance y a la profundidad, permitiendo exponer los resultados cartográficamente. A continuación se expondrán algunos de los resultados obtenidos más relevantes. En el cuadro Nº 2 se sintetizan las principales características en tanto composición y alcance de las encuestas.
La estructura de la encuesta ha seguido la secuencia de los tres objetivos principales trazados: en primer lugar identificar las áreas que despiertan mayor sensación de inseguridad a escala barrial (selección y jerarquización de barrios), luego procurar detectar las posibles causas y factores de tal situación, y por último, sondear la relación de los encuestados con la inseguridad mediante sus propias experiencias.
DISTRIBUCIÓN DE LOS BARRIOS INSEGUROS
En relación a la identificación de los espacios inseguros de la ciudad, las preguntas realizadas estuvieron representadas por la variable Nivel de estigmatización de barrios, en donde se solicita a los encuestados seleccionar de la lista oficial de barrios de la ciudad de Resistencia4 aquellos que consideran delictivamente más inseguros. Previendo casos en los cuales los encuestados desconozcan los nombres de los barrios de Resistencia, o bien puedan delimitar un sector o sectores que consideren inseguros, fue incorporado en el diseño de la encuesta, un plano de la ciudad con los topónimos barriales, como así también diferentes puntos de referencia, como cárceles, hospitales, centros educativos, plazas, terminal de ómnibus, avenidas principales entre otras; de modo tal que en la posterior sistematización de los datos, puedan incorporarse esos sectores a las unidades barriales correspondientes.
De la misma manera y ante la posibilidad de que barrios de surgimiento reciente no estén contemplados en la lista, se ofreció la posibilidad de asentar por escrito el barrio en cuestión, junto con su localización en la ciudad. En las encuestas pilotos o de control realizadas previamente a la consumación oficial, la mayoría de los entrevistados seleccionaron la totalidad de los barrios de la ciudad como inseguros. Este aspecto anticiparía de alguna manera los resultados confirmados posteriormente en la implementación oficial del instrumento, donde sustancialmente no existen, -según los encuestados- lugares seguros en la ciudad pero sí distintos niveles o grados de inseguridad. Para subsanar este aspecto y acotar el universo de los barrios considerados más peligrosos, es que posterior a su identificación, se solicitó a los encuestados ordenar jerárquicamente, cinco de los barrios seleccionados previamente, que sobresalgan del resto en cuanto a inseguridad delictiva, aspecto de sustancial importancia en la investigación.
En la figura 5 está representada la distribución de los barrios considerados inseguros por los ciudadanos; donde se evidencia una notable concentración de los mismos hacia el sector este-sudeste de la ciudad, donde predominan elevados niveles de frecuencia estadística absoluta, es decir cantidad de veces en que se repite una determinada unidad barrial. Hacia el oeste los valores de frecuencia son en general, mucho menores, aunque aparecen algunos barrios aislados con una frecuencia estadística considerable. No existen en la ciudad, según los ciudadanos, barrios seguros; sino más bien, es posible detectar una relación jerárquica de la gravedad de la cuestión entre los barrios. En el cuadro 3 se expone el orden establecido por los ciudadanos de la ciudad en cuanto a los niveles de inseguridad delictiva, los cuales coinciden parcialmente con los resultados obtenidos en la selección general de la grilla de barrios de las encuestas.
Los casos emblemáticos (con frecuencias estadísticas superiores a cincuenta) son básicamente dos: el barrio Güiraldes (en el cuadrante sudeste) y Villa Prosperidad (en el cuadrante nordeste de la ciudad). Ambos barrios presentan muy distintos procesos de génesis y de configuración geo-histórica:
El barrio Güiraldes es un barrio planificado que surgió en la década de 1970. Las unidades habitacionales consisten en torres de tres niveles cada una, con patios y sectores verdes compartidos, escaleras exteriores y pasillos que comunican las torres. Presenta hoy en día una infraestructura deteriorada por el paso del tiempo y por densidades de población sumamente elevadas.
Villa Prosperidad constituye una entidad barrial cuya génesis fue espontánea, lo que se evidencia en el trazado de sus calles y en la misma expansión de las viviendas. Surge en la década de 1960 y 1970, y se considera una de las villas tradicionales de la ciudad. Sin duda, la presencia de grandes extensiones de espacios lacustres, propios del sitio de la ciudad, ha condicionado las posibilidades de expansión del barrio y ha acarreado numerosos problemas, entre ellos inundaciones en épocas de lluvias intensas y presencia de basurales en las áreas más bajas de la villa.
Es notable cómo unidades de tan diferente origen y con situaciones habitacionales distintas padecen el mismo estigma y catalogación espacial. En este sentido los estudios de victimización mencionan diversos factores en la configuración de espacios de este tipo: [ ] condiciones personales (edad sexo, lugar de residencia, etc.), condiciones sociales (entorno, trabajo, etc.), redes de socialización y hábitos de vida, mayor o menor vulnerabilidad a los medios de comunicación de masas, entre otros (Naredo, 1998).
FACTORES DE PERCEPCIÓN DE INSEGURIDAD
Las razones que justifican la selección de los barrios por los ciudadanos, responden en gran medida a dos principales: La victimización indirecta y la influencia de los medios de comunicación, tal como se observa en la figura Nº 6. La victimización indirecta es definida comúnmente como aquella que es consecuencia de la ocurrencia de hechos delictivos y recae sobre personas que tienen una relación estrecha con la víctima o bien se encuentran en su entorno.
Por su parte, los medios de comunicación ejercen una influencia notable en la conformación de espacios inseguros, donde las recurrentes alusiones a barrios, esquinas, plazas, etc., van erigiendo y emplazando los sitios emblemáticos de inseguridad. En la figura Nº 6 se observa que aparece en los últimos puestos, el hecho de haber sido víctima de algún tipo delictivo en los sectores identificados como inseguros, con un 14 %. Este aspecto refiere a un gran porcentaje de ciudadanos con una relación despersonalizada con el delito, es decir, que son sumamente afectados sin ser víctimas directas.
GÉNERO, EDAD Y NIVEL SOCIOECONÓMICO
Las variables relacionadas con la edad, género y nivel socioeconómico, han permitido advertir matices en la inseguridad experimentada por los diferentes segmentos sociales:
Más del 50 % de los jóvenes varones entre 15 y 25 años han identificado barrios inseguros, pero no obstante, han manifestado no sentir temor de transitarlos o bien concurrirlos en horarios nocturnos o con poco flujo de transeúntes.
El 70 % de las mujeres entre 20 y 50 años han identificado a todos los barrios como inseguros, aludiendo que sólo transitarían o concurrirían a los mismos, acompañadas o en horarios diurnos.
La totalidad de mujeres entre 60 y 75 años han manifestado que no existen lugares seguros; por lo que reducen sus salidas y prefieren permanecer en sus domicilios. Es común que los adultos mayores padezcan altos niveles de inseguridad, aunque tengan probabilísticamente, muchas menos chances de encontrarse en peligro.
Los residentes de áreas céntricas o residenciales son más proclives a radicar las denuncias sobre hechos delictivos, mientras que un 90 % de las personas residentes en áreas periféricas y más desfavorecidas, son reacias a acudir a las comisarías.
El nivel de Confianza en la institución policial decrece desde el centro de la ciudad a la periferia.
En la figura 7 se representa la ponderación que los ciudadanos de la ciudad de Resistencia, realizan del sistema de seguridad pública y el desempeño de la institución policial. En ella se observa que la calificación de Regular predomina en las opiniones con un 53 %, seguida de Muy mala con el 23 %.
Sin duda la calificación de los ciudadanos contrasta con las afirmaciones de los funcionarios de la Secretaría de Seguridad Metropolitana, en cuanto a la ponderación de la Seguridad Pública en general, lo que reafirma una dispar construcción del fenómeno por parte de los agentes sociales intervinientes.
CONCLUSIONES
El delito y la inseguridad delictiva como fenómenos urbanos, suponen inherentemente una construcción y reconstrucción por parte de cada uno de los agentes sociales que integran el colectivo urbano. Es así que instituciones gubernamentales afines, ciudadanos y medios de comunicación,- entre los principales-, conjugan sus miradas, precisando el estado de la cuestión, y no siempre coincidiendo en sus perspectivas.
Atendiendo a los agentes sociales contemplados en la investigación (Secretaría de Seguridad Metropolitana y los ciudadanos) se advierten dicotomías propias de sus intereses y objetivos. Desde el enfoque institucional oficial, existe una reconstrucción del delito en base a los datos estadísticos recabados por las seccionales policiales y morigerados por el discurso e interés político del gobierno en ejercicio, a tal punto que, los anuncios en la materia siguen el pulso de las tasas delictivas, sucediéndose períodos de abstinencia de difusión de datos, con otros donde se proclaman abiertamente disminuciones cuantitativas de los delitos acompañados comúnmente de anuncios de mejora para el sector policial. Desde la óptica institucional, el estado y evolución del delito es objetivo y obedece al ritmo de las tasas y datos cuantitativos.
La visión ciudadana, presenta un funcionamiento autónomo al discurso oficial; de allí que la percepción de inseguridad tienda a mantenerse elevada independientemente a que las estadísticas oficiales registren descensos delictivos. La construcción ciudadana de la inseguridad delictiva esta signada por la difusión en los medios de comunicación de los hechos delictuales, conjuntamente, con la incidencia de la victimización indirecta precedentemente definida. Específicamente la ciudad de Resistencia, presenta la particularidad (no tan ajena a otras ciudades intermedias argentinas) de poseer un elevado índice de arrebatos y atracos en la vía pública; hecho que, adentrada ya la segunda década del siglo XXI, se ha convertido en moneda corriente para los ciudadanos, diseminando aún más la sensación de desprotección y desamparo.
Al margen de las desavenencias de los agentes sociales en cuestión, es posible identificar determinados aspectos de la espacialidad urbana que caracterizan la situación actual del fenómeno delictivo y de la inseguridad:
Existen barrios con correspondencia tanto en cantidad de delitos, como en percepción delictiva. Generalmente están incluidos en esta categoría, lugares donde la habitualidad de hechos establece directamente su percepción como espacio de inseguridad, corroborados por la institución policial como áreas conflictivas. (Ejemplos: barrio Güiraldes, Villa Prosperidad, Juan Bautista Alberdi, entre otros)
Existen otras zonas donde según los registros oficiales, el delito es elevado, pero sin embargo, no son percibidos como espacios inseguros por parte de la ciudadanía. La contradicción está dada por el mayor porcentaje de denuncias en las comisarías por parte de los ciudadanos y la mayor presencia policial en la zona. Se trata fundamentalmente del microcentro de la ciudad (Sector de la peatonal de la ciudad).
Existen zonas donde no existe una clara relación directa o inversamente proporcional entre delito e inseguridad delictiva. Se trata de barrios donde las experiencias de los ciudadanos y la cultura y/o predisposición de denunciar los hechos resultan determinante. Generalmente son sectores del macrocentro (zona que rodea al microcentro) y del área residencial de la ciudad de Resistencia.
Entre los factores que los ciudadanos de Resistencia consideran como fundamentales para combatir la inseguridad urbana, figura la presencia de efectivos policiales desplegados en la vía pública. La administración de los recursos materiales y humanos es realizada por la Secretaría de Seguridad Metropolitana, en base a la cantidad de denuncias recibidas por jurisdicción y a la población residente en la misma. Estos aspectos determinan que la mayor presencia policial esté localizada en el área céntrica en detrimento de las áreas del macrocentro y periféricas, particularmente con menor voluntad de radicación de las denuncias por parte de los ciudadanos.
Uno de los aspectos más sobresalientes que ha dejado entrever la investigación, radica en la conformación de espacios estigmatizados por la inseguridad delictiva, es decir, sitios y áreas urbanas donde la peligrosidad y el riesgo delictivo parecieran endémicos. Tal es el caso de los barrios emblemáticos del Nordeste y Sudeste de Resistencia: Villa Prosperidad y Barrio Güiraldes respectivamente.
La importancia y urgencia de la identificación de los barrios estigmatizados esta dada por el hecho de que los estigmas son, por lo general, proyectados hacia sus residentes, generando consecuencias en el desarrollo de la vida cotidiana de los mismos. De allí la necesidad de generar líneas de acción paliativas a esta situación que conlleven a procesos de deconstrucción de estigmas espaciales vinculados a la inseguridad, tarea que seguramente tendrá que ser sostenida en el tiempo y convocará a todos los actores sociales del medio urbano.
Notas
1 Geografía de la violencia urbana, Geografía de delito, Geografía del delito rural y urbano, Geografía de la inseguridad, entre otras.
2 Son puestos específicos con guardia policial permanente.
3 Naredo (2006) menciona el género, la edad, nivel social, como así también la concepción / gravedad que atribuyan los individuos a la problemática y el contexto físico en el que transcurren sus vidas cotidianas
4 La lista de barrios utilizada en la encuesta, es la que oficialmente reconocía el Municipio de Resistencia al año 2010.
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