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Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales

versión impresa ISSN 20030507

Revista Venezolana de Economía y Ciencias Sociales v.13 n.2 Caracas ago. 2007

 

Al debate feminismo revolucionario y socialismo. En el marco de la construcción del socialismo del siglo XXI (Venezuela)

Jessie Blanco

Resumen

Desde una mirada feminista, el artículo abre una nueva ventana al debate sobre las agendas de luchas de las mujeres en un contexto histórico muy particular, el proceso de revolución bolivariana en Venezuela. La necesidad de diferenciar el socialismo del siglo XXI en construcción de viejos socialismos reales, útil para no cometer los mismos errores, reabre los debates entre el marxismo y el feminismo revolucionario. El feminismo venezolano, hijo de la izquierda y actualmente atravesado por la polarización política, quedó atrapado en la figura y el liderazgo innegable del presidente Chávez. El socialismo feminista no se puede encarnar sin sujetas que orienten y protagonicen esta posibilidad histórica. En este punto, las mujeres feministas o luchadoras venezolanas pro socialismo nos vemos gobernadas por la contradicción entre librar la batalla contra toda forma de opresión y discriminación por razones de género y por razones de clase social, contra el patriarcado y contra el capitalismo.

Palabras clave: feminismo revolucionario, socialismo, Venezuela.

Debating Revolutionary Feminism and Socialism in the Construction of Twenty First-Century Socialism in Venezuela

Abstract

The author opens a debate about the agenda for feminist struggle in the particular context of the Bolivarian revolution. Feminism in Venezuela is rooted in the Left but is currently faced with a dilemma provoked by the particular, polarized nature of the current Venezuelan political situation and the undeniable leadership exercised by President Chávez. The dilemma is not new but it has become more acute: priority for the struggle against all forms of patriarchy and and gender discrimination; or for the struggle rooted in class interests and against capitalism.

Key Words: Revolutionary Feminism, Socialism, Venezuela.

En Venezuela asistimos a un debate abierto sobre el socialismo, esta vez desde una mirada feminista –una nueva mirada sobre viejos problemas– que nos permite abrir una nueva ventana a los debates sobre las agendas de luchas de las mujeres en un contexto histórico muy particular, el proceso de revolución bolivariana, que se ha convertido en un referente de lucha mundial. La necesidad de diferenciar el socialismo del siglo XXI en construcción de viejos socialismos reales puede ser útil en el intento de no cometer los mismos errores, pero en el terreno del feminismo reabre los debates entre el marxismo y el feminismo revolucionario. En nuestro caso no tememos porque el feminismo socialista se parezca al socialismo de la revolución rusa, específicamente de 1917, previa al estalinismo porque los avances de las mujeres eran bastante notorios y significativos, lo cual no significa que se haya logrado su liberación total.

El debate y la interlocución entre el feminismo y el marxismo, que a los ojos de nuestro país puede parecer novedoso y hasta vanguardista, lleva más de 30 años de controversia. Entendamos que en lo que compete a las luchas feministas –y más en los países nuestramericanos– pareciese que siempre entramos tarde en la escena de la historia hegemónica. Lo que hace que una se vea en la tarea de adentrarse en estas discusiones y visibilizar los múltiples conocimientos que de éstos se derivan para aprender y tratar de llevar algunos puntos críticos del debate a nuestra realidad venezolana actual. En este sentido, queremos destacar algunos puntos del debate entre feminismos y marxismos para, luego, revisar como éstos podrían servir de aporte para el análisis y las transformaciones de nuestra realidad social, histórica y política en el marco de la construcción del socialismo del siglo XXI.

En primer lugar, es importante aclarar que, así como no existe un solo marxismo, afortunadamente, tampoco existe un pensamiento feminista único y dentro de cada una de estas corrientes de pensamiento a su vez existen debates complejos y prolijos que van consolidando escuelas de pensamiento que inspiran y permiten actualizar formas de militancias diversas y alternativas frente a las relaciones de poder y opresión. En nuestro caso, nos compete aclarar que las corrientes feministas que se han permitido dialogar con el marxismo han sido las corrientes que dentro del feminismo se han dado en llamar radicales; entre ellas ubicamos el feminismo socialista o materialista (o en todo caso anticapitalista como lo llamaría Celia Amorós), el de la diferencia y el feminismo neomarxista o posfeminista. No ocurre igual con el feminismo ilustrado o reivindicativo –de la igualdad- o el feminismo liberal o, como lo han llamado algunas marxistas, "pequeño-burgués".

Digamos que el diálogo entre feminismo y marxismo se da en la "segunda ola del feminismo", en la década de los 70, ya que en la "primera ola", como bien señala Andrea D’Atri (2004), su interlocutor fue "el movimiento revolucionario de la burguesía" dentro de la corriente ilustrada que buscaba la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres y su carácter de ciudadanas. En el debate se abordaron cuestiones que iban desde las relaciones de opresión y explotación de las mujeres –específicamente de las proletarias– en el sistema capitalista, pasando por la relación entre género y clases, si se considera el género una clase social o, por el contrario, como lo posiciona D’Atri, como un elemento interclasista; hasta la crítica al posicionamiento de valores patriarcales a lo interno de las propias organizaciones de izquierda y a los resultados del socialismo real en relación con las conquistas de las mujeres.

Los aportes de este debate podemos organizarlo, por razones metodológicas, a través de tres vías: 1. Una referida a la discusión de aquellos conceptos clave y nudos críticos como: genero y clase, capitalismo y patriarcado, el sujeto de la revolución, entre otros. 2. Otra, en cuanto a los aportes que dejaron como legado histórico las socialistas –que sin necesariamente identificarse como feministas se convirtieron en referentes históricos para el feminismo anticapitalista. 3. Y una tercera vía, con la descripción y visibilización de los avances históricos de la revolución rusa en relación con la agenda de lucha de las mujeres, pese a su posterior retroceso con el régimen stalinista y la imposición del sistema capitalista.

I. Puntos del debate entre marxismo y feminismo

Clase y género

El concepto de género es un concepto más joven que el concepto de clases, y, aunque existen aún debates sobre lo que se entiende por género, es importante señalar, por lo menos, alguna definición que permita comprender su posterior relación con el de clase social. Entendemos por género "los aspectos psicológicos, sociales y culturales que se adjudican a las personas, básicamente de acuerdo con su sexo. Alude a los procesos de socialización de la masculinidad y la feminidad y a la construcción histórico social de las identidades femeninas y masculinas, que se lleva acabo en hombre y mujeres" (Salas y Campos, 2002, 49).

El llamado sistema sexo/género fue introducido por la antropóloga norteamericana Rubin, quien lo definió "como un conjunto de medidas por las cuales una sociedad transforma la sexualidad biológica en un producto de la actividad humana y satisface dichos deseos sexuales ya transformados" (Rubin, 1975, 159). Aunque Rubin propuso cierta difuminación de las categorías sexo y genero con el ánimo de estudiar los efectos de la cultura en la biología, en un articulo posterior (Rubin, 1984) modificó su posición y argumentó a favor de una separación metodológica y analítica del género y el sexo para poder reflexionar sobre su existencia social por separado. Si bien es cierto que existe una corriente feminista que parte de la idea de que si la sexualidad es una construcción cultural para qué separarla del género (que responde a la necesidad de romper con el maniqueísmo entre sexo-biológico y género-cultural), no podemos negar la funcionalidad política que este término tuvo en las luchas feministas para visibilizar la argumentación biologicista que justificaba la opresión de las mujeres al naturalizar su lugar en la socialización diferencial y discriminatoria entre hombres y mujeres. Es por ello que en el debate entre las feministas marxistas existe una corriente que considera a las mujeres como una clase social en sí misma, y otra, como la de Andrea D’Atri, que señala que el genero es una "interclase" bajo el entendido de que el término de clase social y el de género no son términos que se contraponen porque no son categorías que pertenecen al mismo nivel explicativo. En sus propias palabras "las mujeres constituyen un grupo interclasista y la clase es una categoría que remite a un agrupamiento intergenérico" (D’Atri, 2004: 6).

Es decir, que, aunque pueda señalarse que el conjunto de las mujeres padece discriminaciones legales, educacionales, culturales, políticas y económicas, lo cierto es que existen, a su vez, evidentes diferencias de clases entre ellas que moldearan, no sólo las vivencias subjetivas y objetivas de la opresión sino sus posibilidades objetivas de enfrentamiento, resistencia y superación de estas condiciones socio-culturales de discriminación. De ahí que se desprendan corrientes de feminismo obrero, socialista y marxista y, por otro, feminismo burgués, y aunque ambos están compuestos por mujeres que luchan contra el sistema patriarcal, su posición de clases determina su posición ideológica.

Capitalismo y patriarcado

Una de las principales críticas que se les han hecho a las feministas marxistas es cómo la conquista de una sociedad socialista no basta para el logro de la liberación de las mujer, la denuncia de cómo los partidos de izquierda pudieron encarnar relaciones opresivas hacia las mujeres igual o peor que los partidos de derecha, el lugar al cual quedaban confinadas las mujeres dentro del partido y, en el fondo, la subestimación de sus propias ideas.

Z. Eisenstei (1984) señala que tanto las feministas radicales como las socialistas coinciden en que el patriarcado es anterior o precede al sistema capitalista, mientras que los marxistas creen que el patriarcado nació con el capitalismo. Esta diferenciación entre feministas marxistas y el marxismo permite salirle al paso al cuestionamiento más común que suele hacérsele a las feministas marxistas, al señalarles que no basta la conquista de una sociedad socialista para que se dé el proceso de liberación de la mujer. Esto es, que no basta para las feministas socialistas luchar contra el capitalismo, si no se establece la lucha cultural antipatriarcal.

Por otro lado, feministas socialistas como Andrea D’Atri tratan de desmitificar la idea de que los marxistas creían que sólo existe opresión patriarcal en el sistema capitalista, destacando cómo Marx y Engels planteaban la opresión de las mujeres en todas las sociedades con Estado –y no sólo con el capitalismo– vinculando el patriarcado a la existencia de las clases sociales. De ahí que la mayoría de las feministas marxistas –a excepción de Andrea– tomen el género como una clase social y empleen las categorías de análisis marxistas asociados a los procesos de producción y lo extrapolen a los procesos de la reproducción para visibilizar la opresión y explotación femeninas. En este sentido, Celia Amorós destaca en su texto "La lógica de la dominación patriarcal" cómo las categorías de análisis marxistas no son suficientes para explicar el proceso de reproducción social y el lugar de la mujer en ésta: "El marxismo es fundamentalmente una teoría de la producción y, cuando ha tenido que habérselas con la reproducción, pueden percibirse claramente ciertas vacilaciones en la mente de sus fundadores. En la medida en que no se elabora de modo riguroso una teoría de la reproducción el destino ideológico de ésta queda marcado por la lógica del razonamiento por analogía y la reproducción es pensada por analogía con la producción" (Amorós, 1991, 293).

II. Los rostros de las socialistas y sus aportes

Generalmente cuando se abre el debate sobre el socialismo, la primera y más común lectura que aparece es volver sobre las fuentes, que van desde el socialismo utópico, por el científico hasta aterrizar en el real; pero casi siempre desde consideraciones de sus líderes y rara vez desde las socialistas emblemáticas, las cuales muchas no sólo dieron su vida por la revolución sino que dejaron un legado escrito sobre sus criticas en el proceso de construcción y consolidación del socialismo del siglo pasado. (Que al parecer no dista mucho del que estamos por construir, lo cual no nos hace tan singular en este sentido.) Nos referimos a los aportes críticos de Flora Tristán, Rosa Luxemburgo, Alexandra Kollontai y Clara Zetkin, entre otras.

Flora Tristán (1803-1844) Las proletarias del proletariado: Unión Obrera

El feminismo de Flora Tristán es de raíz ilustrada, presupone por tanto unas reivindicaciones y un proyecto político que sólo puede articularse a partir de la idea de que todos los seres humanos nacen libres, iguales y con los mismos derechos, pero toma cuerpo en el período inmediatamente posterior a la Revolución Francesa, a una derrota amarga y seguramente inesperada del feminismo. Tras ella, las mujeres no podían subir a la tribuna pero sí al cadalso. Manteniendo la continuidad con el pensamiento de autoras anteriores, Olympe de Gouges, Mary Wollstonecraft, entre otras), Tristán imprime a su feminismo un giro de clase que en el futuro daría lugar al feminismo marxista.

Al tiempo, se emparentaba con las corrientes críticas a las que se ha denominado "socialismo utópico", pero teorizando ya la necesidad de una unión obrera, de un partido obrero, parece claro que muchos de sus planteamientos (feministas y socialistas) carecen todavía de respuesta y que el matrimonio entre el feminismo y el marxismo puede haber tenido una convivencia poco afortunada, pero las ideas de Tristán siguen siendo necesarias para entender y transformar el mundo en el que vivimos y pensamos.

Han sido sus tesis feministas las que han garantizado a Flora Tristán un puesto en la historia del pensamiento. "Todas las desgracias del mundo provienen del olvido y el desprecio que hasta hoy se ha hecho de los derechos naturales e imprescriptibles del ser mujer" escribió en 1843 en su obra más conocida Unión Obrera. Esta mujer autodidacta, nacida en París en 1803, tuvo una vida intensa y azarosa hasta morir en Burdeos en 1844. Criada en la abundancia en los primeros años de su vida, pasó a la pobreza más extrema, sufrió malos tratos tanto físicos como psíquicos por parte de su marido, se reveló ante el sistema patriarcal de la Francia de entonces e intentó y consiguió ser una mujer libre e independiente, en una época en la que los pilares del código napoleónico prescribían la eterna minoría de edad de la mujer casada. Su lucha incesante por conseugir una sociedad más justa e igualitaria ha quedado intensamente plasmada en su obra. Así, entre otras, en Peregrinaciones de una Paria (1883) denuncia las distintas manfiestaciones de exclusión social de la sociedad de Arequipa; en Paseos en Londres (1840) realiza una de las primeras y más duras descripciones de los desheredados británicos (los "proletarios" en el lenguaje de Tristán). Escribió entonces "la esclavitud no es a mis ojos el más grande de los infortunios humanos desde que conozco el proletariado inglés". Su compromiso con los movimientos obreros y feministas propiciaron la aparición de Unión Obrera

Rosa Luxemburgo (1870-1919) (Pétalos de la Rosa Roja)

Socialismo y democracia

Fue una de las principales dirigentes de la socialdemocracia alemana y fundadora del Partido Comunista Alemán. Su militancia la llevó a intervenir en 1905 en la revolución polaca y a oponerse a la Primera Guerra Mundial. Consideraba que las masas proletarias no debían participar en contiendas organizadas por los gobiernos oligárquicos y capitalistas, puesto que la verdadera lucha era la que estaba planteada entre el capitalismo y el proletariado. Creía en una opción socialista internacional, esto es, alejada de particularismos y nacionalismos, en la que las masas obreras, solidariamente, tomaran el poder al capital. Realizó significativos aportes al desarrollo del marxismo, en relación entre nacionalismo y socialismo. Criticó a Lenin, en especial, en lo referente a las concepciones de éste sobre la democracia en el partido y la dictadura del proletariado, postulando un menor dirigismo y una mayor integración de las bases en la dinámica partidista, y, entre otros aportes, criticó a Marx con base en sus predicciones acerca de las crisis cíclicas del capitalismo y el nacimiento del imperialismo.

De esta socialista crítica nos interesa destacar su concepción de socialismo entendido como una ampliación de la democracia y no como su limitación, extendiendo la intervención en la vida pública a la población que nunca había sido partícipe de su destino. Por el contrario, esta apertura hacia la participación masiva de la población en la toma de decisiones fue un elemento que se le cuestionó bajo el argumento de que le atribuyó a la movilización de las masas un rol más grande en el proceso revolucionario del que era posible y bajo el supuesto de que las masas no pueden construir la organización de una dirección proletaria consciente para la toma del poder, argumento que justifica la creación de un partido único-unido y centralizado.

Para Luxemburgo, el socialismo no puede establecerse como un decreto. Nadie por más lúcido que sea posee todas las soluciones ni los métodos infalibles. Para ella la solución de los problemas sólo puede proceder de la fecunda corrección de los errores cometidos, lo cual sólo es posible sobre la base de la libertad crítica y de la más amplia iniciativa popular. En sus palabras:

El sistema social socialista sólo deberá ser, y sólo puede ser, un producto histórico, surgido de sus propias experiencias, en el curso de su corrección como resultado del desarrollo de la historia viva, la que … tiene el saludable hábito de producir siempre junto con la necesidad social real de los medios para satisfacerla, junto con el objetivo simultáneamente la solución. Sin embargo, si esto es así, resulta evidente que no se puede decretar el socialismo por su propia naturaleza … lo negativo, la destrucción puede decretarse; lo constructivo, lo positivo, no … La vida pública de los países con libertad limitada están tan gobernada por la pobreza, es tan miserable, tan rígida, tan estéril, precisamente porque al excluirse la democracia, se cierran las fuentes vivas de toda riqueza y progreso espiritual. Toda la masa del pueblo debe participar. De otra manera, el socialismo será decretado desde unos cuantos escritorios oficiales por una docena de intelectuales (Luxemburgo, 1975, 210-211).

Para Rosa Luxemburgo, las libertades públicas eran fundamentales para hablar de una sociedad socialista; rechazaba consistentemente el jacobinismo político y valoraba altamente la autodeterminación e iniciativa de las masas; esa capacidad constructiva de la sociedad sólo puede desarrollarse con libertad política, cuyo fundamento es el derecho a la crítica y al disenso

… la libertad solo para los que apoyan al gobierno, sólo para los miembros del partido (por numeroso que este sea) no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para el que piensa de manera diferente. No a causa de ningún concepto fanático de la "justicia", sino porque todo lo que es instructivo totalizador y purificante en la libertad política depende de esta característica esencial, y su efectividad desaparece tan pronto como la "libertad" se convierte en un privilegio especial … (Luxemburgo, 1975, 209-210).

Para Luxemburgo, la crítica hacia la dictadura trasciende la dicotomía o el maniqueísmo entre dictadura y democracia, que según ella era lo que justificaba la posición tomada por Lenin y Tostky a favor de la dictadura, a considerarse la dictadura como oposición a la democracia formal burguesa. Ella contemplaba la dictadura del proletariado aclarando su definición como una dictadura de clases, en la cual la participación de la masa popular era imprescindible a diferencia de la dictadura de un partido o una camarilla. Por otra parte, diferencia muy bien la democracia burguesa y apuesta a la necesidad de la creación de una democracia socialista. Para ella, entre democracia socialista y dictadura del proletariado no existe diferencia. En sus palabras:

La democracia socialista comienza simultáneamente con la destrucción del dominio de clase y la construcción del socialismo. Comienza en el momento mismo de la toma del poder por el partido socialista. Es lo mismo que la dictadura del proletariado … pero esta dictadura consiste en la manera de aplicar la democracia, no en su eliminación, en el ataque enérgico y resuelto a los derechos bien atrincherados y las relaciones económicas de la sociedad burguesa, sin lo cual no puede llevarse a cabo una transformación socialista (Luxemburgo, 1975, 208).

Alexandra Kollontaieva (1872- 1952)

Nacida en marzo de 1872 en San Petersburgo, ya en 1905 participó en la conformación de los primeros Soviets (asamblea de trabajadores y trabajadoras), organizándoles y elaborando artículos. Fue activista en la sublevación contra las autoridades del Antiguo Régimen, oponiéndose a la Primera Guerra Mundial. Su actividad en pro del socialismo la llevó a coordinar actividades con Klara Zetkin, Rosa Luxemburgo, Iness Armand, Nadezhda Krupskaia, Angélica Balabanov, Sophia Smidovich, Karl Liebknecht, Shliapnikov, Molotov, L.Trotski y V.I. Lenín, para luego integrar el comité ejecutivo del soviet de Petrogrado, y posteriormente, en Moscú, el Comité Central del Partido Comunista ruso.

Cuando se logra en octubre de 1917 la Revolución Rusa, fue elegida Comisaría del Pueblo para la Asistencia Pública. Posteriormente impulsa una campaña nacional de movilización política de las mujeres rusas, desembocando en la organización de la 1ª Conferencia de Mujeres, y organiza para 1918 el 1º Congreso de Mujeres Trabajadoras de toda Rusia. Este decide crear en Ukrania diversas Comisiones para la Agitación y la Propaganda entre mujeres trabajadoras, lo que permitió la conformación del Departamento de Mujeres del Partido (o Zhenotdel), desde donde elaboraron, a partir de 1921, un periódico mensual propio llamado La Mujer Comunista (Kommunistka), con un tiraje de 30.000 ejemplares. Kollontaieva también participó como vicepresidenta en el Buró Internacional de Mujeres Socialistas, y en el 3º Congreso de la Internacional Comunista.

Ella fue de las primeras en comprender la necesidad de crear organizaciones autónomas de mujeres, y en considerar que "lo personal es también político". Para 1933 recibió la Orden de Lenin por su trabajo organizativo con mujeres, siendo la primera mujer que participó en un gobierno de alcance nacional, y desde 1943, la primera en ser diplomática (en la Liga de Naciones, así como en Noruega, Suecia y México). Fue nominada por Finlandia para el Premio Nobel de la Paz en 1946. Y junto con la alemana K. Zetkin propuso el "Día Internacional de la Mujer Socialista", que fue aprobado por el Comité del Partido -más tarde por la Unesco-, celebrándose desde ese entonces el 8 de marzo de cada año.

Esta vida de activismo y agitación políticas, simultáneamente, estuvo acompañada por una extensa producción teórica y literaria, de las cuales recordamos tan sólo algunos de sus textos: "Finlandia y el Socialismo", El estado de la clase trabajadora en Finlandia (1903), Las mujeres trabajadoras luchan por sus derechos, Relaciones sexuales en la lucha de clases: amor y nueva moralidad (1919), El marxismo y la nueva moral sexual, La Nueva Mujer y la Moral Sexual, Sobre la liberación de la mujer (Seminario de Leningrado de 1921), Tesis sobre la moralidad comunista en la esfera de las relaciones conyugales, Interpretaciones Soviéticas de la problemática de la mujer, El Día Internacional de la Mujer Socialista (1913), Un sueño hecho realidad, Amor Rojo, Un gran amor (1923), El Amor de las Abejas Trabajadoras (1923), Hermanas, Escritos seleccionados, Oposición de las Trabajadoras, Los amores de 3 generaciones (1923), El Amor Libre (1932), Memorias de mi vida y trabajo (en español, 1974), Autobiografía de una mujer comunista sexualmente emancipada (esp.1976), etc.

Partiendo de la reflexión que hizo en el VII Congreso de Partido Comunista ruso (1919), de que debe ayudarse a las mujeres a las tareas del hogar porque éstas "ocupan todo su tiempo, agotan más energías y le impiden entregarse a la participación directa y activa en la lucha por el comunismo", con el apoyo del movimiento de mujeres rusas y como funcionaria, promulgó iniciativas igualitaristas para mujeres y hombres que hoy son derechos de las mujeres completamente reivindicables, entre los cuales recordamos:

Derecho pleno de las mujeres al voto

Matrimonio voluntario y total libertad de divorcio

Eliminación de la distinción entre hija e hijos "legítimos" e "ilegítimos"

Libre y gratuita interrupción voluntaria del embarazo

Igualación de los derechos laborales de las mujeres a los de los hombres –especialmente un mismo salario– y un salario universal de maternidad

Abolición del derecho de herencia: las propiedades de la burguesía pasan al Estado revolucionario para ser socialmente invertidas en instituciones públicas que liberasen a las mujeres de las tareas domesticas, instituciones tales como las casas de maternidad, guarderías, parvularios (Preescolares), escuelas, comedores y lavanderías populares, Centros de Reparación de ropa, etc.

Incorporación de las mujeres en planes de alfabetización / educación y en proyectos sociales

Tratando de responder a la cuestión de ¿cuál es el tipo de revolución que necesitan las mujeres?, estimuló la socialización del trabajo doméstico y una nueva concepción de la maternidad, donde las mujeres sean descargadas de los trabajos domésticos y de la tarea social de la reproducción de la especie. Para ella, quien articuló de forma racional y sistemática "feminismo" y "marxismo", cualquier estrategia dirigida a la efectiva emancipación de las mujeres ha de partir del análisis de la situación de la mujer en la sociedad capitalista, por lo que abordó ámbitos tales como "el trabajo", "la familia" y el mundo personal de las "relaciones entre los sexos" (al preguntarse: ¿cuál ha de ser el ideal amoroso que responda a los intereses de la clase revolucionaria que lucha por dominar las relaciones sociales?… La solidaridad, el compañerismo, el amor a la colectividad,… la camaradería). Esto la llevó a discutir dialécticamente –para impugnarlas– acerca las relaciones humanas, las teorías y literaturas, la moral y psicología predominantes en (y para) el capitalismo patriarcal: la "lucha por la existencia" y sus hábitos / mentalidad individualista y poco solidaria entre personas, que les vuelve aisladas, apegadas y enfrentadas con la comunidad.

Sin embargo, tuvo numerosos enfrentamientos con sus camaradas varones, quienes, desde una hostil indiferencia, negaban la necesidad de una lucha específica, alegando que los cambios relativos a los problemas intersexuales y a la emancipación de la mujer eran una "simple cuestión de superestructura" y que los mismos encontrarían solución "cuando la base económica de la sociedad se haya transformado". Y es que para ella no tiene sentido hablar de "un aplazamiento" de la liberación de la mujer: en todo caso, habría que hablar de un aplazamiento de la revolución ("¡Como si la ideología de una clase cualquiera se forme únicamente cuando ya se ha producido el desbarajuste en las relaciones socioeconómicas que asegura el poder de esa clase!"). Vivió personalmente la inmensa dificultad que tiene la "mujer nueva" de realizarse sentimentalmente en un mundo en que el varón todavía no ha cambiado, y concluyó:" "¿Qué ganaría la mujer nueva con su recién estrenado derecho a amar, mientras no exista un "varón nuevo" capaz de comprenderla?"

Por lo tanto, postuló que no bastaba con la abolición de la propiedad privada ni conque la mujer se incorporase a la producción ni que el proletariado como clase revolucionaria conquistase el poder político, pues no podía hablarse realmente de revolución socialista si no había una revolución de la vida cotidiana y de las costumbres, que generase una nueva concepción del mundo y una nueva relación entre los sexos. Como todo está sujeto a cambio y no hay costumbres ni moral (personales o familiares) ni organizaciones políticas que permanezcan fijas e inviolables, Alexandra Kollontaieva planteó que el proletariado necesita una ideología y psicología propias, nuevos valores y hábitos de vida socialistas, pues una revolución humana verdadera no podía ser pospuesta a ningún triunfo político.

III. Socialismo real y avance de las conquistas de las mujeres

Si hurgamos un poco en la historia del paradigmático modelo histórico del socialismo, el de la Revolución Rusa de 1917, pudiésemos aprender mucho de él, si le hacemos una lectura que trascienda las pretensiones de homogeneizar e idealizar la realidad. Podríamos entonces ver cuáles son los peligros que amenazan no sólo los procesos revolucionarios sino nuestro protagonismo y lugar dentro de ellos como mujeres ciudadanas y sujetas de derechos.

En su texto Pan y rosas, Andrea D’Atri (2004) describe los logros que tuvieron las mujeres al inicio de la Revolución Rusa (1917) antes de que ésta fuese secuestrada por la burocracia stalinista, posterior a la muerte de Lenin. Estos logros incluían el derecho al voto, al divorcio, al aborto, la eliminación de la potestad marital, la igualdad jurídica entre el matrimonio legal y el concubinato. Y, sobre todo, mas allá de las leyes (y de las luchas por la igualdad), la posibilidad de haber sentado las bases para un verdadero acceso de la mujer a los dominios culturales y económicos, incluyendo las tareas domésticas (que suelen ser generalmente el techo de cristal de toda revolución que no penetre en los hogares y el llamado mundo privado). Las tareas domésticas llevadas a cabo por las mujeres de manera individual y aislada en sus hogares, debían ser sustituidas, según los revolucionarios(as) por un sistema de servicios sociales garantizados por el Estado socialista: guarderías, jardines de infancia, lavanderías, comedores colectivos, hospitales, pero también cines y teatros. Esto es, en palabras de Trosky (1938 citado por D ’Atri (2004, 89), "la absorción completa de las funciones económicas de la familia por la sociedad socialista".

A partir de 1926, bajo el régimen despótico de Stalin, se instituye de nuevo el matrimonio civil como única unión legal, luego se abolirá el derecho al aborto y se considera a la homosexualidad y la prostitución como delitos y, por el contrario, se glorifica la figura de la maternidad, bajo el título de "madre heroica" para aquéllas mujeres que tuvieran mas de diez hijos. Es decir, se da un claro retroceso de los avances para entonces de la lucha de las mujeres socialistas –que ,por cierto, no difiere mucho de la actual agenda de lucha de las mujeres, más de medio siglo después.

Estas conquistas de las mujeres al inicio de la Revolución Rusa, que luego se ven amenazadas por el stalinismo, y no sólo por la burocracia sino por la concepción que se tenía del papel de la mujer y de la familia para mantener el control y el orden social, fueron uno de los obstáculos para el avance de las feministas comunistas.

Este breve pasaje nos coloca a nosotras frente a la inquietud de cuáles podrían ser los obstáculos que tendríamos las mujeres bien sea para la participación dentro del socialismo por venir y sobre la agenda y el aporte que tenemos que generar.

IV. Capítulo Venezuela: socialismo y feminismo del siglo XXI

Para las feministas de izquierda anticapitalistas, la contradicción fundante en la relación de apoyo o no del presidente, o del proceso y la propuesta de revolución que éste encarna y lidera, se da entre la necesidad de diferenciarnos, en primer lugar, de prácticas patriarcales y de la lógica de la dominación que ésta implica y que toma fuerza en ejercicios del poder centrados, sobre todo, en una sola persona, y más si ésta es una figura masculina, que representa el mundo andrócentrico y heteronormativo con el cual tantas luchamos. No se trata de pensar simplificadamente que el sexo es garantía de una conciencia feminista y que bástese una mujer en el poder para que defienda nuestras luchas, porque ya sobrados ejemplos de todo lo contrario conocemos. Pero sí de estar claras en el hecho de que quien preside un proceso, en este caso el de la revolución bolivariana de Venezuela, no es precisamente un feminista y que aun siéndolo no le bastaría a él solo con su poder y voluntad de cambio para transformar un sistema cultural y simbólico que domina hasta nuestros propios inconscientes. Esto nos lleva al tema de la autonomía y de la necesidad de impulsar agendas propias de la sociedad que queremos desde nuestras necesidades y nuestras luchas individuales y colectivas.

En Venezuela, a pesar de que no existe un movimiento orgánico de mujeres, sí ha existido y existe una lucha de las mujeres, que para algunos no es considerada corriente histórica, no sé si por ignorancia o por negación. Las mujeres luchadoras venezolanas conquistaron en su mayoría triunfos dentro del feminismo de la igualdad, cabalgando las olas del feminismo internacional, de una manera muy criolla y que cobra sus frutos en el proceso constituyente de 1999, lo cual permitió visibilizarnos en la constitución, a pesar de la risa y el fastidio que a algunos(as) les da aplicar el uso del lenguaje no sexista o el avance que significa el artículo 88 que considera el trabajo doméstico como actividad económica que crea valor agregado y produce riqueza y bienestar social, vindicando el derecho de las amas de casa a la seguridad social, entre otros.

Sin embargo, en el transcurso de la historia de Venezuela, las mujeres de distintas agrupaciones políticas se unían bajo las luchas concretas y coyunturales de un enemigo común, como lo fue en el caso de la lucha contra las dictaduras de Gómez y Pérez Jiménez y, en el caso de los gobiernos democráticos, por luchas mas relacionadas con sus propias agendas (derecho al voto, al divorcio, a la despenalización del aborto, etc.). Es decir, el feminismo venezolano es hijo de la izquierda, pero como no existe una sola izquierda y éstas se mueven en el desarrollo histórico, unas radicalizándose más, otras conservando viejos dogmas u otras tal vez derechizándose, las feministas también tomaban estos derroteros. La cartografía política actual de las feministas venezolanas está transversalizada por la polarización política que se evidenció o visibilizó con el actual gobierno, pero curiosamente no por divisiones a lo interno en cuanto a la propia agenda de lucha de las mujeres sino en cuanto al líder. En este sentido, las agendas feministas también quedaron atrapadas en la figura y el liderazgo innegable del presidente Chávez, como también le pudo haber pasado a otras corrientes de lucha del movimiento popular. Ejemplos del atrapamiento de las luchas de las mujeres por la figura y los mandatos del líder lo fue el de la primera marcha de mujeres, sólo de mujeres, en nuestro país, desde hace aproximadamente cincuenta años y que se realizó el 8 de marzo del 2006 (celebración del día internacional de la mujer) hacia la embajada de EEUU contra el imperialismo y la guerra, promovida por el presidente en solidaridad con Cindy Sheehan y motorizada por Inamujer como el órgano ejecutor de las políticas hacia las mujeres. Esta marcha, a pesar de ser un logro histórico por el hecho de haber reunido a tantas mujeres en una misma movilización, paradójicamente, se hace por un mandato y una convocatoria presidencial y por una agenda que, si bien podemos compartir, no estaba consensuada como nuestra prioridad. Se evidencia entonces cómo la capacidad de movilización de las mujeres responde a otros intereses que no necesariamente son los de sus propias lucha ni mucho menos los de sus propias agendas.

Venezuela: lucha feminista y el partido

Maria León –presidenta de Inamujer– en una entrevista que le realizaron que se titula "El socialismo del siglo XXI es el comunismo" plantea el tema de la necesidad de unificar el movimiento de mujeres, entendiendo por movimiento de mujeres sólo a aquellas agrupaciones de mujeres provenientes de los partidos políticos, estos son: el Movimiento Manuelita Sáenz del PPT, el Clara Zetkin del Partido Comunista y la Fuerza Bolivariana de Mujeres del MVR; responsabilizando y otorgándole la tarea de la unidad al Presidente de la República a través de la unión, en primer lugar, de los partidos y luego del "movimiento de mujeres" aliados a sus partidos.

Este es un punto significativo para la discusión que debemos librar las mujeres en torno al debate: socialismo y feminismo. Interrogantes como: ¿cuál ha sido la participación tradicional de las mujeres en los partidos a través de la historia?, ¿dicha participación ha significado un avance en la conquista de sus derechos?, ¿cuál ha sido el costo de esta forma de ejercicio político?, ¿cuáles mujeres pueden participar en los partidos y qué lugar ocupan?, ¿cómo queda la división de clase y la diferencias de género en dicha participación?, ¿cuál es el balance histórico que hacemos las mujeres en nuestra joven participación política en relación con la discusión entre la autonomía y la delegación del poder?, ¿dónde queda nuestra autonomía?.

Existen feministas que son de la idea de que es necesario ocupar esos espacios en los partidos y en la estructura de los distintos poderes públicos para direccionar nuestra política, mientras otras llamadas radicales apuntalan hacia la necesidad de un ejercicio político y una militancia autónoma y movimental mas allá de la lógica partidaria.

En mi caso particular, considero que para la lucha de los movimientos populares, y no sólo de las mujeres, la autonomía es un motor estratégico y fundamental para el proceso de empoderamiento de las mujeres y el avance, bajo el entendido de que no es el camino más fácil ni el más rápido. Esto, sin dejar de considerar los aportes de las feministas de la igualdad, que bastante frutos han cosechado en nuestro país en materia de derechos de las humanas.

Delegación del poder vs. empoderamiento de las mujeres

El socialismo feminista no se puede encarnar sin sujetas que orienten y protagonicen esta posibilidad histórica. En este punto, las mujeres feministas o luchadoras venezolanas pro socialismo nos vemos gobernadas por la contradicción entre librar la batalla contra toda forma de opresión y discriminación por razones de género y por razones de clase social, contra el patriarcado y contra el capitalismo. En esta última, nos podemos ver acompañadas por los camaradas de lucha, pero en la lucha antipatriarcal aún nos encontramos muy solitarias; por eso tenemos una gran tarea histórica de engendrar y parir un socialismo no sólo anticapitalista-antiimperialista sino, sobre todo, antipatriarcal. Ya muchas feministas comunistas comprendieron en el desarrollo del llamado socialismo real que vencer o transformar el sistema capitalista por el socialista no era suficiente para cambiar las relaciones de dominación entre los sexos y la discriminación hacia la mujer,si no se cuestionaba y se derrumbaba en todos los niveles el modelo cultural de dominación androcéntrico que le servia a su vez de plataforma al capitalismo; de no revisar este legado histórico corremos el riesgo de seguir reproduciéndolo y así como ocurrió con el socialismo decimonónico podría volver a ocurrir en el siglo XXI.

Por otra parte, si damos por entendido que el movimiento de mujeres yace únicamente al interno de los partidos políticos y se busca cada vez más su unidad en un solo aparato, esto es, que las mujeres sigan haciendo la política de ellos, al servicio de ellos, y postergando reiteradamente su propia lucha, entonces no es muy difícil prever el resultado, ni hace falta ser pitonisas –que lo somos– para darnos cuentas de que vamos directo al fracaso, al menos de nuestro socialismo.

Considero que el camino nuestro pasa por la idea de la formación, del debate, del proceso de producción de conocimiento que transforme nuestra realidad. No creo que mientras deleguemos nuestro poder –ya sea al partido, al líder, al marido– y no demos un paso para la búsqueda y la conquista de nuestra autonomía y no podamos reencontrarnos en nuestra inmanencia como sujetas de la polis tan iguales como ellos, tan fraternas como ellos, pero sobre todo tan diferente como nosotras. Esto pasa por reinventar una forma de hacer política, errar y descubrir nuevos caminos preñados de una pedagogía política y de una militancia creativa.

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Nota

1. Por androcéntrico nos referimos al sistema cultural dominante que se centra exclusivamente en el hombre como referente universal de lo humano. Y por heteronormativo al sistema ideológico y cultural basado en la heterosexualidad como norma obligatoria en el sistema sexo/género que, por ende, excluye las distintas identidades de género (LGBTT: lesbianas, gays, bisexuales, transexuales y transgéneros, entre otros).

2. Decimos vindicando porque no se puede revindicar lo que aún no se ha vindicado , como bien no los recuerda la querida feminista Mary Woltonscraf, que es la primera en acuñar el término .

3. Cindy Sheehan es la madre de un soldado norteamericano muerto en Irak, que se ha dedicado al activismo contra la guerra y específicamente contra las acciones bélicas del presidente de EEUU, George W. Bush,