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Revista de Ciencias Sociales

versión impresa ISSN 1315-9518

Revista de Ciencias Sociales v.11 n.1 Marcaibo abr. 2005

 

Venezuela en la ruta comercial azucarera: Su impacto en la sociedad sucrense*

Rodríguez Arrieta, Marisol**

** Licenciada en Educación (Mención Ciencias Sociales) Área Historia, Mg. en Historia Mención Historia de Venezuela, títulos obtenidos en la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad del Zulia. Profesora de la Cátedra Historia Universal, estudiante de la IV Corte del Doctorado en Ciencias Humanas en la División de Estudios para Graduados de la Universidad del Zulia. Co-investigadora Principal del Proyecto:”Colectivos Sociales, Formación de la Conciencia Ciudadana y Nuevos Espacios Públicos (1810-1935)”, del Centro de Estudios Históricos de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad del Zulia, financiado por el (CONDES). Investigadora adscrita al Centro de Estudios Históricos de LUZ. E-mail: marisolr@cantv.net 

Resumen

Las plantaciones de caña de azúcar se dieron en América Latina y en las islas antillanas como consecuencia de la demanda en los mercados europeos desde el XVI hasta el XIX. El escenario construido con financiamiento internacional y la participación activa de Holanda, Francia, Inglaterra, Estados Unidos, incluso Portugal y España, implicó la inversión de grandes capitales en las colonias para la instalación de los ingenios y la importación de la mano de obra. En el caso de Venezuela y en particular de la región sucrense, la producción y el comercio del azúcar y sus derivados marcó una singular diferencia con lo acontecido en otros países; por cuanto la metrópoli no invirtió capitales para la explotación a gran escala de este cultivo agrícola que tomó fuerza en este escenario, a partir del siglo XIX. En el distrito Sucre del estado Zulia el proceso económico generado por los cambios en la explotación tradicional de la caña de azúcar, en las primeras décadas del siglo XX, aceleró la industrialización del azúcar y sus derivados, cuya referencia más significativa fueron las nuevas compañías azucareras que le dieron un impulso a una clase dominante que diversificó la economía nacional y expandió el desarrollo del capitalismo en Venezuela.

Pallabras claves: caña de azúcar, comercio, distrito Sucre, compañías azucareras, industrialización.

Venezuela in the Commercial Sugar Route. Its Impact in the Sucrense Society

Abstract

Plantations of sugar cane were developed in Latin America and in the West Indian Islands as a consequence of the demand in European markets from the XVI to the XIX centuries. The scenario was constructed with international financing and the active participation of Holland, France, England, the United States, and even Portugal and Spain. It involved the investment of the large sums of capital in the colonies for the installation of mechanical apparatus and the importation of manpower. In the Venezuelan case and especially in the sugar regions, the production and the trade of sugar and its derivates had a singular difference in relation to what happened in other countries; since the metropolis did not invest capital for the exploitation on a large scale of this agricultural product which gained economic force in the economy from the XIX century on. In the Sucre district of Zulia State the economic process generated by the changes in the traditional explotation of sugar cane in the first decades of the XX century, accelerated the industrialization of sugar and its derivatives, in which the most significant references were the formation of new sugar companies that gave impulse to a dominant economic class that diversified the national economy and expanded the development of capitalism in Venezuela.

Key words: Sugar cane, commerce, Sucre District, sugar companies, industrialization.

Recibido: 04-04-30 · Aceptado: 04-11-10

Introducción

El proceso histórico de la explotación de la caña de azúcar desde la colonia, en la actual Venezuela, fue marcadamente diferente a la práctica de los españoles, ingleses, franceses, holandeses y daneses en las colonias antillanas y parte de América Latina. El azúcar representó el motor y la principal razón de la ocupación extranjera a las Sugar Islands y avivó el interés de las potencias en esas zonas por lo lucrativo y beneficioso que resultó el negocio azucarero. En torno de la explotación cañera en las islas azucareras, los gobiernos metropolitanos y, luego, los republicanos unieron esfuerzos con sectores privados para ejecutar planes industriales que propiciaran la instalación de ingenios y con ellos numerosas maquinarias, aplicaron o exoneraron impuestos de acuerdo con los intereses del momento, sacrificaron una fuerza de trabajo constituida por millones de negros africanos, legislaron y establecieron reglas, según las exigencias del mercado mundial capitalista, que desembocaron en el desgaste, erosión y empobrecimiento de los suelos y espacios azucareros sin posibilidades de recuperación.

Al Sur del Lago de Maracaibo se desarrolló una de las áreas productivas cañales más importantes del país. Esta primacía fue el resultado de las singularidades geográficas y ubicación estratégica que favorecieron la organización, el desarrollo en torno de la producción, industrialización y comercialización de la caña en extensas y ricas unidades de producción, la incorporación de fuerza de trabajo de origen africano y cuantiosas inversiones de capitales desde el período colonial; lo cual se incrementó durante la república. A fines del siglo XIX, la sociedad sucrense presentaría características que la distinguen de otros procesos regionales. Medir el alcance del proceso de industrialización azucarera requiere considerar, en la larga duración, aspectos del quehacer político, económico y social que son fundamentales para el análisis del proceso que se desencadena con la instalación de las compañías azucareras.

El proceso socioeconómico que se desarrolló en la segunda década del siglo XX produjo cambios sustanciales en la actividad comercial de la región sucrense. La instalación de la novedosa industria azucarera dinamizó la explotación tradicional de la caña de azúcar, amplió la infraestructura, creó nuevos escenarios de producción y le dio un impulso a las operaciones portuarias. Bobures, municipio capital en 1907 del distrito Sucre, ubicado al Sur del Lago de Maracaibo, se constituyó en el espacio receptor de la moderna tecnología y de la cuantiosa inversión de dinero que se realizó en el occidente venezolano, lo que hizo posible el fortalecimiento de esta jurisdicción como capital del distrito Sucre. La presencia y las relaciones de comerciantes criollos, estadounidenses y cubanos fueron, entre otros, los factores motorizadores del desarrollo productivo.

A comienzos del siglo XX, en la Venezuela agroexportadora se operaron cambios en relación con la tierra, en la integración de los capitales nacionales y surgieron nuevas maneras de procesar los rubros. Al mismo tiempo, se incorporaron numerosos inmigrantes, desde principios del siglo XX, en la búsqueda de minerales como petróleo y sus derivados que, en un período de mediana duración, transformó y desplazó los tradicionales productos de exportación y comercialización mediante la rápida obtención de capital con menos esfuerzo e inversión.

Las novedosas industrias y maquinarias tradicionales fueron impulsadas por un grupo de hombres de negocios que emplearon otros mecanismos para realizar alianzas favorables con las autoridades locales y nacionales; negociantes y capitalistas foráneos. Los resultados se evidenciaron con la participación de este empresariado emergente en el quehacer político y económico de la región zuliana, particularmente en el Sur del Lago de Maracaibo, y en el país. La llegada de caribeños y estadounidenses en procura de minerales en el territorio nacional, especialmente en el distrito Sucre por la fertilidad de sus tierras y sus yacimientos, facilitó la captación de capitales foráneos y criollos. La presencia de nativos y extranjeros motorizó la región y enriqueció la cotidianidad con anglosajones y caribeños, estos últimos les otorgaron poderes especiales a abogados maracaiberos para que los representaran en los negocios que hacían en el sur del lago con los capitales regionales.

El maridaje de intereses propició la reorganización de la estructura de poder político en Bobures y Gibraltar que aspiraban a proteger los intereses de los inversionistas comprometidos con la actividad productiva y comercial asociada a la caña de azúcar. A partir de 1909, los esfuerzos de familias prominentes de la región zuliana como los París, en Maracaibo y en Urdaneta, y los Carroz en Sucre y Maracaibo, darían origen a cuantiosas fortunas a raíz de su participación en estos negocios y a su vinculación con los gobiernos de turno, en los cuales ocuparon cargos de relevancia. Este colectivo empresarial estableció ventajosas relaciones con empresas foráneas; los productores y comerciantes criollos hicieron posible la instalación de la primera industria de mayor producción azucarera en el país: “Central Venezuela” y convirtieron al distrito Sucre en el circuito azucarero más importante del occidente venezolano.

1. La producción de caña e inversión de capitales en América Latina

Al aborda la importancia de la actividad de producción y comercialización de la caña de azúcar se hace necesario determinar los aspectos que la historiografía latinoamericana ha considerado para explicar su importancia en el proceso capitalista desde el siglo XVI, cuando se inició el procesamiento para obtener azúcar mascabada extraída de los espacios coloniales para luego ser refinada en cada una de las metrópolis. A partir de este negocio se produjo el fortalecimiento de las economías francesas, inglesas, danesas y españolas que expandieron sus dominios y convirtieron al azúcar mercancía preferencial ocupando el primer lugar desde el siglo XVII en el mercado internacional.

Aun cuando no hay precisión sobre su origen, el cultivo de la caña de azúcar se inserta en un proceso de larga duración. Hay quienes afirman que este rubro procede del continente asiático. Unos sostienen que viene de la India, otros señalan hacia China; lo que no se discute es que su introducción a las Antillas y a los países de América Latina fue responsabilidad de los europeos que, de acuerdo con las investigaciones de los historiadores José Ángel Rodríguez y Eduardo Galeano, el azúcar fue traída por Cristóbal Colón en el siglo XV, desde las islas Canarias a la isla La Española, conocida hoy como República Dominicana.

El cubano Fernando Ortiz asegura que la producción azucarera en las islas antillanas y en América Latina está vinculada al comercio capitalista. Explica que los suelos ocupados por los colonizadores se convirtieron en espacios para la explotación de la gramínea. En las islas azucareras se organizaron las unidades productoras de caña las cuales requerían capitales para las instalaciones, infraestructura y maquinarias que motorizarían los trapiches e ingenios. A ello se sumaría la necesidad de operarios en el manejo técnico de los equipos y la mano de obra destinada a limpiar, preparar el terreno, sembrar, cosechar, transportar, moler y purgar la caña hasta transformarla en producto final y colocarlo en el mercado. Para llevar a cabo semejante cometido habría que cumplir dos condiciones: contar con un cuantioso capital para invertir y disponer de un recurso humano estable y barato que garantizara la rentabilidad del negocio (Ortiz, 1983: 311).

Las plantaciones de caña de azúcar se dieron en América Latina y en las islas antillanas como consecuencia de la demanda en los mercados europeos entre los siglos XVI, XVII y XVIII. Galeano sostiene que las raíces iban siendo plantadas según la conveniencia de Holanda, Francia, Inglaterra y los Estados Unidos que impulsaron su desarrollo industrial a expensas de la explotación de las tierras de las colonias que estuvieron, incluso, bajo el dominio de España y Portugal. Países como Brasil que lideró la demanda mundial de azúcar hasta mediados del siglo XVII y las islas Barbados, Haití, Jamaica, Dominicana, Cuba y Puerto Rico, junto a Veracruz (México) y Perú, fueron sacudidos por la demanda del producto en el mercado europeo donde el azúcar se convirtió en un artículo altamente cotizado (1988: 91).

Este escenario construido con financiamiento internacional y la participación activa de sus demandantes, mediante la inversión de capitales en las colonias para instalar los ingenios o trapiches y la importación de mano de obra, configuró un cuadro de pobreza que creció al lado de los latifundios y privilegió el monocultivo para potenciar la fortuna de una minoría al servicio de los capitales trasnacionales. La inversión de capital en la compra de esclavos y del recurso técnico con experiencia en las islas Canarias y portuguesas resultó evidente.

El azúcar comenzó a ser un negocio en República Dominicana, Haití y en otras islas tras superarse el obstáculo de la carencia de capitales. Desde el punto de vista de la producción de azúcar, las Antillas inglesas, francesas, holandesas y danesas fueron consideradas como las islas azucareras.”Sólo las Antillas españolas y en especial Cuba, no obstante ser la mayor de todas estas islas y la de óptimas condiciones para el cultivo de la caña, vivieron hasta mediados del siglo XVIII al margen de la economía de plantación” (Moreno, 1978: 15).

Los paisajes azucareros coloniales respondían a las necesidades de los financistas extranjeros y se fueron integrando al mercado mundial, según la demanda a la cual estaban sujeto. Cada uno conoció un ciclo dinámico. Con el surgimiento de la competencia de otros productos sustitutivos, aunado al agotamiento de la tierra y a la aparición de otras áreas en mejores condiciones, sobrevino en muchos casos la decadencia.

El nordeste de Brasil constituyó una zona rica y luego de la deforestación y el arrase de sus suelos por la explotación de la caña, hoy es un territorio de una pobreza extrema, observa Galeano. De sus tierras brotó el negocio más lucrativo de la economía agrícola colonial en América Latina. En la actualidad, menos de la quinta parte de la zona húmeda de Pernambuco está dedicada al cultivo de la caña: los dueños de los grandes ingenios centrales, que son los mayores plantadores de caña, se dan este lujo del desperdicio, manteniendo improductivo sus vastos latifundios. (1988: 98).

Los suelos de Barbados (1) sustituyeron la producción azucarera brasileña (2), después de la caída de sus exportaciones durante la mitad del XVII. Desde éste siglo, el azúcar pasó a ser el primer producto básico mundial: es decir, la mercancía que ocupó el primer lugar en importancia sobre la base del valor total de las transacciones del comercio internacional (3).

En 1666, hubo en Barbados ochocientas plantaciones de azúcar y más de ochenta mil esclavos (4). La facilidad que ofrecían las islas para iniciar el cultivo de la caña alentó a los franceses, holandeses, daneses e ingleses (5) a incorporarlas para competir en calidad en el mercado mundial del azúcar. El negocio de los azúcares generó suficientes divisas a los inversionistas extranjeros quienes financiarían todos los implementos, aparatos, tecnología, técnicos y mano de obra que importaron desde África hacia las colonias antillanas, creando en su entorno depósitos de negros como sucedió en Jamaica que surtió de esclavos a las otras islas azucareras.

En todas las Sugar Islands se multiplicó la población negra. Contingentes de esclavos entraron en las Antillas por el tráfico negrero; el crecimiento poblacional obligó a importar, desde Cuba, ganado para abastecer las colonias. Bueyes y carnes saladas se enviaron, durante más de un siglo, desde los embarcaderos del río Cauto y el sur de Camaguey hasta Jamaica y Haití, donde movieron trapiches y carretas y alimentaron esclavos (Moreno, 1978: 18).

El ensanche azucarero incorporó sucesivamente a las islas de Sotavento, Trinidad, Tobago, Jamaica, la Guadalupe y Puerto Rico. El desarrollo mundial del capitalismo las obligó a ser prisioneras y dependientes del monocultivo de la caña. El agotamiento de los suelos, la falta de explotación de otros rubros, la crisis de alimentación que padecían algunas colonias, la calidad del producto, los precios fuera de competencia y la favorable coyuntura internacional del mercado libre, abrieron el camino a Jamaica, Haití y Cuba como las principales surtidoras del negocio azucarero.

Durante gran parte del siglo XVIII, Jamaica-la única Antilla mayor inglesa-, lideró el comercio del azúcar. El autor de Las Venas Abiertas de América Latina asevera que los suelos se agotaron por la explotación extensiva de los paisajes cañales, la población negra superaba a los colonos blancos, lo cual contribuyó a que Haití, colonia francesa llamada Saint Domingue, en la segunda mitad del siglo dieciocho, ofreciera el mejor azúcar en el mercado mundial.

En 1725, los ingleses confrontaron el problema de tener en explotación todas las tierras disponibles de sus Antillas menores. Ellos llegaron al límite productivo de las islas dentro de las posibilidades técnicas de la época.

Al norte y al oeste de Haití las comunidades negras esclavas llegaron en masa porque se necesitaban brazos para procesar el azúcar. Entre los años 1786 y 1787 arribaron a la isla sesenta y siete mil africanos para trabajar en los campos destinados al cultivo de la caña (6). En 1791”estalló la revolución que en un solo mes, septiembre, doscientas plantaciones de caña fueron presa de las llamas; los incendios y los combates se sucedieron sin tregua a medida que los esclavos insurrectos iban empujando a los ejércitos franceses hacia el océano. Los barcos zarpaban cargando cada vez más franceses y cada vez menos azúcar. La guerra derramó ríos de sangre y devastó las plantaciones” (7).

La crisis segregó a Haití del comercio azucarero y la empobreció sin posibilidad de recuperación. La rebelión provocó el alza de precios más altos de la historia del azúcar en el mercado europeo, coyuntura que aprovechó la oligarquía cubana para impulsar a la isla como la primera proveedora del emporio azucarero del siglo diecinueve.

Cuba estaba provista de las condiciones fundamentales para la explotación del cultivo de la caña en gran escala: poseía tierras fértiles; situación geográfica privilegiada; fácil acceso a los puertos de embarque; abundantes bosques que proporcionaban la materia prima para los trapiches; ganado para alimentar a la población esclava e instrumentos de trabajo. Luego de ocupar un renglón secundario de explotación, superado por la siembra de tabaco para el consumo interno y la exportación, el azúcar pasó a ser el producto de mayor demanda en la isla española. Cuba, también, dedicó parte de su esfuerzo a la cría de ganado, a la explotación forestal y a la fabricación de barcos y cañones.

El crecimiento azucarero en la isla fue lento en la primera década del siglo XVIII. Su desarrollo dependió del comercio de negros. De acuerdo con las reglas de los capitalistas extranjeros, para producir azúcar y vender a precios más baratos las colonias dependían de la mano de obra negra. La provisión de africanos se logró mediante el asiento firmado con los ingleses a partir de la Paz de Utrecht (1713-1714), unido al establecimiento de la Real Compañía del Comercio de La Habana, fundada el 8 de agosto de 1739, factores que coadyuvaron a acelerar la producción del azúcar habanera (8). Según Moreno Fraginals, la situación de Cuba se considera una excepción porque: Al contrario de las colonias inglesas, francesas u holandesas, donde el desarrollo azucarero provenía de una política estatal consciente, el azúcar cubano crecía desde el siglo XVII sobre la base de un esfuerzo autóctono de los propios colonos. Es la propia oligarquía criolla, desplazada del tabaco por el monopolio, la que encuentra en el azúcar un nuevo camino de reconquista económica. Esto va a dar a la producción cubana, desde su despegue, un sentido antitabacalero y antimetropolitano, y una gran independencia azucarera. Esta autonomía económica de la isla fue aún mayor porque Cuba tenía todas las condiciones objetivas para convertirse en una gran productora mientras España carecía de todas para impulsarla en ese empeño. Es el caso de una metrópoli que no pudo brindar capitales de inversión, ni negros, ni un mercado interno amplio, ni una gran marina mercante, ni una amplia red de comercialización internacional (Moreno, 1978: 25).

Las líneas claves de desarrollo cuantitativo a gran escala del comercio azucarero cubano, en el siglo XIX, obedecieron a varios factores internos y externos registrados a la largo del siglo dieciocho. Entre ellos, la penetración de comerciantes y productores cubanos mucho antes de la consolidación de la red de los grandes intereses comerciales del continente europeo; la falta de refinerías en España para procesar los azúcares mascabados y venderla al mercado interno y mercado libre europeo; desde 1755, el alza de los precios del azúcar en Europa; la toma de La Habana por los ingleses que liquidó el monopolio secular de Cádiz y Sevilla para asegurar el mercado azucarero inglés; una mayor utilización de los suelos para explotar la caña y la multiplicación de trapiches e ingenios. Cuba emergería como la primera colonia del Caribe productora de azúcar blanco.

La guerra de independencia estadounidense abrió el camino a través del cual Cuba comenzó a ser penetrada por la ofensiva capitalista mundial. En 1779, España le declaró la guerra a Inglaterra, antes lo hizo con Francia y Holanda, lo que significó para la isla –con la política de Carlos III de ayudar a los nacientes Estados Unidos- el inicio de un comercio casi sin restricciones, reconocido oficialmente, con las colonias norteamericanas. Este momento histórico consolidó a Estados Unidos como abastecedor confiable de las Sugar Islans en el suministro de equipos e implementos para los ingenios, carne salada, harinas y otros productos, junto a la fuerza de trabajo de los negros.

El resultado de la guerra provocó crisis en el resto de las colonias azucareras. Cortó el suministro de las importaciones que realizaban Inglaterra y Francia para alimentar a los esclavos. Inmediatamente cae la producción de Jamaica. Después de haber alcanzado en 1773 una producción de 60.000 t de azúcar mascabado, bajó a 26.000 t en 1777 y a 33.000 t en 1778. En el quinquenio de 1780-1784 mueren de hambre en la Isla más de 15.000 esclavos. Las colonias francesas de Guadalupe y Martinica sufren también los embates de la guerra. Cuba, por el contrario, se ve beneficiada (9).

La incorporación a los mercados capitalistas mundiales de la llamada Perla de las Antillas fortaleció la economía azucarera cubana y la isla dejó de ser colonia de España para depender de las potencias capitalistas europeas y de Estados Unidos. En Cuba se produjo una acelerada transformación de la industria azucarera y, desde el siglo XIX hasta la actualidad, el azúcar ha ocupado el primer lugar entre los productos de exportación de la isla caribeña.

En Venezuela la situación fue diferente, a pesar de ser un país igualmente agrícola, el azúcar para este siglo no era el producto básico de exportación. En este espacio no fueron los capitales extranjeros lo que lideraron el negocio azucarero, fue el capital criollo unido a los cubanos y norteamericanos los financistas de la explotación de la caña de azúcar en la segunda década del siglo XX.

2. La producción de caña e inversión de capitales en Venezuela

El proceso de la siembra de la caña para la producción de azúcar y sus derivados, en gran escala, se inició tardíamente en Venezuela. Mientras en otros países de América Latina (10) y las Antillas, desde el siglo dieciséis, inmensas porciones de tierra fueron invadidas por los cañales para servir al mercado europeo y estadounidense que demandaban el azúcar como un producto de primera necesidad al extremo que”... hasta en los ajuares de las reinas llegó a figurar como parte de la dote”(11). En el suelo venezolano su desarrollo fue paulatino, desde que se introdujo por Coro la primera semilla de caña con el conquistador Juan de Ampíes y las plantaciones se extendieran al interior de la Provincia de Venezuela por diversas expediciones, cuyo propósito sería la búsqueda de metales preciosos y espacios adecuados para el cultivo agrícola y la cría de animales (12).

En la estrategia de la Corona Española para impulsar las áreas azucareras, la Provincia de Venezuela no resultó favorecida. En su necesidad de diversificar la producción de materia prima en sus colonias para abastecer el mercado internacional, la metrópoli estimuló la elaboración de azúcares en Puerto Rico, Santo Domingo y Cuba, desde mediados del siglo XVII, para competir con las islas bajo el dominio inglés y francés. Exoneró de impuestos toda la tecnología que se requería para instalar los equipos de producción de azúcar y facilitó la introducción de esclavos. La presencia de los españoles en el territorio venezolano estuvo motivada esencialmente, desde su llegada en el siglo XV, por el afán de la riqueza minera y la consecución de tierras de vocación agrícola y para la cría de animales. A finales del siglo XVII, el tabaco, el cacao y los cueros fueron los principales rubros de exportación de la producción agropecuaria de la época que incidirían en el incremento del proceso fundacional y poblacional (13).

Durante los siglos XVI y XVII el desarrollo de la caña en la provincia de Venezuela resultó lento por varias razones. El florecimiento de los paisajes azucareros demandaba de una cuantiosa inversión de capitales que no consideraron los españoles entre sus planes, la falta de establecimientos equipados con implementos e instrumentos para producir y moler la caña fue evidente; la siembra y la posterior limpieza de la gramínea requería de mano de obra estable y barata que era escasa; los trapiches más modestos necesitaban de 20 trabajadores para desempeñar su papel en el proceso azucarero: cultivo de la semilla, recolección de la caña, transporte y elaboración de los productos finales (14).

Existen varios informes que aportan datos sobre la explotación del cultivo de la caña y la utilización de equipos rudimentarios procesadores de azúcar en diferentes regiones de la Provincia de Venezuela. Diego de Villanueva y Gibaja (1607) es un documento del cual se deduce que el cultivo de la caña se ha expandido. Es probable que desde El Tocuyo hayan partido las semillas tanto hacia el centro como hacia el occidente. Algunos datos señalan que lugares como Caracas, Valencia, Barquisimeto, Carora, Mérida y el puerto de Gibraltar ya desarrollaban sembradíos de caña, junto a Coro y el Tocuyo (Rodríguez, 1986: 26).

Probablemente estos cultivos de caña no disponían de grandes dimensiones de tierras y la producción atendió al mercado local y quizás a alguna exportación esporádica. Como lo afirma Eduardo Arcila Farias:”La producción de azúcar fue pequeña en todo tiempo, pero cubría el consumo del país y ocasionalmente se exportaban muy escasas cantidades al precio sumamente elevado de 30 reales la arroba. En el siglo XVI son rarísimas y casi sin importancia las extracciones de azúcar, no pasaban de cien arrobas al año; en los dos siguientes siglos la situación es similar, y no pocas veces fue necesario importarla” (1973: 114). Es evidente que la inversión de capital para instalar los costosos equipos de trapiches e ingenios no llegaron a suelos venezolanos, por lo que la infraestructura azucarera debió ser pobre, el personal para el manejo de la tecnología especializado en moler la caña no era experimentado. La poca ampliación de los espacios cañeros y la falta de una política del gobierno español que estimulara a financistas extranjeros y criollos a invertir en el desarrollo del reglón azucarero, restringió la demanda de este rubro al consumo local y regional.

No puede entenderse a Venezuela como una unidad funcional que, desde la llegada de los españoles, marcha como un espacio cohesionado que respondía a un programa de gobierno definido, coherente y vinculado a la realidad geográfica, económica y social. Desde inicios del período colonial como resultado de la dialéctica del proceso, se fueron organizando en la actual Venezuela regiones económicas con sus respectivos mercados internos, a medida que se consolidaba el proceso fundacional y se descubrían vías de comunicación expeditas. Cada localidad constituyó un circuito agroexportador diferenciada en función de las características geográficas, vías de comunicación, accesibilidad a las áreas productivas, resistencia indígena, modalidades de acuerdo al control político y administrativo que instrumentaba España. En consecuencia, cada circuito generó su propia economía de subsistencia y su producción obedeció a la demanda del comercio exterior que les garantizaba la estabilidad a las localidades.

A medida que avanzó el siglo XVIII la producción de caña de azúcar -en lo que se llamó a partir de 1777 Capitanía General de Venezuela-, se acentúa en el occidente del país y tuvo su mayor empuje en el veinte cuando un grupo de comerciantes con vínculos regionales, nacionales e internacionales, se percataron del jugoso negocio que representaba la industria azucarera como fuente generadora de divisas. Durante esta etapa la expansión del circuito agroexportador liderado por el puerto de Maracaibo se fortaleció por los cambios operados en la política económica de la monarquía española: interés en los productos agropecuarios en especial el cacao, la libertad del comercio y el contrabando. Desde el interior de la región marabina (15), dinamizó el circuito la demanda de géneros y efectos suntuarios para las minorías dirigentes en ascenso (Cardozo, 1991: 22). Sobre la base de la explotación del cacao, trigo, tabaco y caña de azúcar, principalmente, se definieron en estos años áreas productivas en la subregión andina.

Los cambios que se iban generando en el reglón azucarero durante el siglo dieciocho fueron el resultado del crecimiento comercial de los puertos que se hicieron cada vez más dinámicos, destacándose Puerto Cabello, La Guaira, le seguían Maracaibo, La Vela, entre otros, producto de los volúmenes de exportaciones de rubros agrícolas de mayor demanda (cacao, tabaco, algodón, añil, etc.) y los pecuarios: mulas y cueros (Arcila Farías, 1973: 153-158).

Dentro de la panorámica de la caña de azúcar en la primera mitad del siglo XVIII, los testimonios de los viajeros, aportaron valiosa información sobre el desarrollo de los paisajes cañeros en la actual Venezuela (16). Para el primero y segundo período del dieciocho los cultivos y el montaje de trapiches e ingenios estaban diseminados en Caracas, Guanare, Trujillo, Carora, el Tocuyo, Mérida, Barquisimeto, Turmero, La Victoria, Boconó y San Cristóbal. Destacándose entre las zonas cañeras: Cumaná, Cumanacoa, Carúpano y Río Caribe que disponían de tierras óptimas para extender el cultivo de la caña. A estas áreas se suman La Grita, Bailadores, Ejidos, Lagunillas, Barinas y pequeños pueblos como Mesa, Llano, Chiguará, entre otros. Según Agustín Morón en la Provincia de Venezuela a finales del dieciocho se totalizaban 348 trapiches que surtían de melao a numerosas personas que se mantenían de sacar aguardiente de caña que llaman de la tierra y es el que usa con más fe así en bebidas, como en medicina (17).

Al proceso productivo de la caña de azúcar en el territorio venezolano se incorporó inicialmente la fuerza de trabajo indígena que luego fue diezmada por los colonizadores y hubo de ser sustituida por la mano de obra negra. No hay datos precisos sobre el modo o las maneras en que se introdujeron las primeras herramientas de trabajo y los equipos para mover los trapiches y operar los ingenios instalados en los diferentes paisajes geohistóricos cañeros en Venezuela. Investigaciones posteriores en torno al período colonial deberán dar cuenta del asunto y arrojar luces sobre este proceso.

El azúcar extraído en el territorio venezolano era de calidad inferior al producido en otros lugares (18). Esta situación unida al aislamiento relativo de diversas regiones, la dificultad de la comunicaciones, el poco estímulo del gobierno metropolitano por impulsar la producción azucarera y la lentitud del comercio, obligaron al autoabastecimiento de algunos rubros, entre ellos el azúcar, que representó un renglón importante en la dieta alimentaría. Fue significativa la producción de papelón, azúcar, conservas y dulces para el consumo doméstico, lo cual se constituyeron en fuente de riqueza para productores y comerciantes locales. La cultura gastronómica del dulce venezolano tiene sus raíces en el período colonial y que ésta tal como lo refiere con asombro Fran´ois Depons a comienzos del siglo XIX, se expresó en cientos de preparados e infinidad de dulces y golosinas que han llegado hasta nuestros días (19).

A pesar de los avances en el reglón azucarero, la falta de capitales, la competencia antillana y la preferencia por la producción cacaotera y cafetalera, obstaculizaron la salida del azúcar al mercado internacional. Sin embargo, el vacío dejado en el mercado azucarero por el conflicto haitiano fue ocupado posteriormente por proveedores de las islas antillanas y Venezuela. En consecuencia, para el año de 1793, las exportaciones de azúcar ascendieron a 14.162 libras por un valor de 117,25 pesos, mientras que el papelón produjo un total de 1.673 pesos. En 1795, se exportaron por Puerto Cabello algunas u otras cantidades. El valor del azúcar ascendió a 1.302 pesos y el del papelón a 1.064 pesos (20).

Venezuela fue durante el siglo XIX (21), un país dependiente de la agricultura, especialmente del café y del cacao, artículos destinados mayormente a la exportación (22). Seguido de los cueros, palo de mora, azúcar, añil, algodón y cordobanes. La guerra de Independencia que inició las provincias de la Capitanía General de Venezuela trastocó el comercio con España y con el resto de las potencias extranjeras. Los espacios que participaron en la contienda bélica como Caracas, Margarita, Cumaná, Barinas, Barcelona, Trujillo y Mérida paralizaron sus actividades productivas y comerciales. Mientras que Coro, Guayana y Maracaibo, siguieron fiel a la metrópoli, ésta última hasta el año de 1821. Durante la guerra,”gran parte de los caminos se inutilizaron por completo: el comercio entre las áreas productivas y el Lago se vio interrumpido al tomar partido Mérida y Trujillo por la causa “caraqueña” y mantenerse Maracaibo y su jurisdicción en poder realista. Además, el paso de los ejércitos, voraces consumidores de pertrechos y recluta, provocó el voluntario aislamiento de muchos poblados” (Cardozo, 1991: 51). Mayores resultados negativos se produjeron en el resto de las regiones que integraban la Capitanía General de Venezuela: la destrucción de áreas productivas e infraestructura vial, disminución de la población, pérdida de cosechas, ganadería, mercados, debilitamiento de los puertos, anarquía política, traspaso y saqueos de haciendas, abandono de las obras de infraestructura de las unidades productivas, etc.

A partir de 1830, cuando Venezuela se separó de Colombia, recomenzó su vida republicana en medio de una extendida miseria pública y un aparato productivo arruinado por la guerra. Esta situación y las secuelas de males que ocasionaba, no había cesado ni cesó durante todo el siglo diecinueve. En aquel momento, no se trató de combatir a una metrópoli ultramarina, sino del ajuste y reajuste de una nueva correlación de fuerzas económicas, políticas y sociales en el interior de una Venezuela fragmentada por la geografía y la historia. En la práctica, lo que en teoría representaba una unidad, se atomizaba, se disgregaba en provincias independientes entre sí se fragmentaba en poderes regionales, se dividía en pasiones políticas” (Cartay, 1988: 109).

La recuperación del país se evidenció a medida que las regiones históricas fortalecieron las áreas productivas e incrementaron la exportación de café, cacao y renglones pecuarios, por la presencia de comerciantes extranjeros y casas comerciales operando desde las principales ciudades y puertos, el incremento de la inversión de capitales para mejorar los caminos y abrir nuevas rutas y la búsqueda de mercados donde colocar sus productos. Desde 1830 a 1860 la promulgación de leyes de los diferentes gobiernos centrales y regionales se orientó a favorecer el desarrollo de la actividad agrícola y la cría de animales. La legislación sobre enajenación y arrendamiento de tierras tuvo como propósito la obtención de información respecto a la existencia de áreas potencialmente aptas para ser explotadas. Recurso utilizado por las autoridades con la finalidad de incrementar las inversiones en la agricultura y la ganadería. Los cambios, también, alcanzaban la producción de azúcar. Entre los años de 1837 y 1841, el belga Jean Jules Linden explora y recorre los valles de Aragua describiendo que “a una legua de Caracas, admiramos las grandes maquinarias a vapor del bello trapiche de azúcar. Las Vegas perteneciente al Conde Tovar, más allá del lindo pueblo de Antemano” (23).

La Guerra Federal desatada en 1859 obstaculizó los adelantos que se estaban dando dentro en la estructura económica venezolana (24). Después de cinco años de combate el 23 de abril de 1863, luego de una serie de negociaciones se cerró el capítulo de este enfrentamiento, confiriéndole prestigio como político y diplomático a Antonio Guzmán Blanco. Quien tomó el gobierno por la vía de las armas e inició su larga estadía en el poder, comprendida en tres períodos: Septenio (1870-1877), Quinquenio (1879-1884) y el bienio o aclamación (1886-1888).

Guzmán Blanco adelantó su campaña de pacificación del país, calificada como la milagrosa cura a todos los males que aquejaban a Venezuela. Sabía Guzmán que la paz era el ingrediente fundamental de propaganda para llegar y mantenerse en el poder, a medida que controlara los continuos alzamientos centralizaría el poder en torno de Caracas, desarrollaría el mercado interno, lograría la integración administrativa, haría posible y ofrecería condiciones seguras para la inyección de capitales internos y externos (25). El proyecto modernizador del Estado promovido por Antonio Guzmán Blanco introdujo por primera vez una política nacional orientada a impulsar la producción de caña de azúcar y sus derivados en el país. En 1870, el gobierno venezolano puso su acento en los productores cañeros y se pronunció por favorecer a este sector de la economía nacional que competía en condiciones desventajosas con sus pares de otros países, advirtiendo las circunstancias históricas de lo que en el siglo XX se denominó industria azucarera.

Aunque se desconocen los efectos que produjeron las medidas establecidas por Guzmán para estimular las exportaciones de azúcares en el país, José Ángel Rodríguez señala la incorporación de algunos adelantos técnicos (26), la introducción al país de una nueva variedad de caña (27) y la extensión del cultivo de la caña en Caracas, Valles de Aragua y del Tuy.

El viajero inglés James Mudie Spence quien visitó Venezuela durante los años 1871 y 1872, cuenta que el cultivo en el distrito del lago de los valles de Aragua y Carabobo había “unas cuarenta plantaciones de caña de azúcar, al paso que una docena más habían sido totalmente arruinadas por las revoluciones. Estas cruenta plantaciones tenían 1.100 tablones (alrededor de unos 2000 acres ingleses) en cultivo. La mayor tenía 120, la menor 5, pero el término medio era 27 ½ tablones... De estas haciendas funcionaban a vapor, veintidós con fuerza hidráulica y quince con animales. La única que tenía una centrífuga era la llamada” La Quebrada” (28).

Para el año de 1887, en el estado Zulia emerge el distrito Sucre ubicado al Sur del Lago de Maracaibo como productor de azúcar. En la parroquia Bobures de ésta región la hacienda “El Banco” incorporaba tecnología moderna al proceso de producción de la caña. Poseía un “Trapiche inglés de 3 piezas de largo por 20 pulgadas de diámetro, con conductores de caña y de bagazo, con su maquinaria correspondiente. Defecadoras, clasificadoras, evaporadoras, tacho al vacío, bombas, centrífuga con mezclador y máquina; y todos los accesorios para la elaboración de azúcar, todo movidos por vapor, que surte dos calderas una de (104) ciento cuatro caballos de tubo de agua y de seguridad, y con horno para quemar bagazo verde; y otro de (130) ciento treinta caballos, estilo corriente...” (29). De acuerdo con el Anuario Estadístico del Estado Zulia de 1894, en la jurisdicción integrada por los distritos Maracaibo, Urdaneta, Perijá, Colón, Sucre, Bolívar, Miranda y Mara operaban 4 trapiches movidos por vapor con centrífuga, 31 trapiches movidos por vapor y 34 trapiches movidos por fuerza de sangre (30).

Sin embargo, la inversión de capitales que demandaba la producción cañera para equipar las unidades agrícolas y lograr la industrialización de este renglón no fue posible, entre otras razones, porque el cacao y el café continuaron siendo los pilares fundamentales de la economía del país hasta las primeras décadas del siglo XX (31).

Los estrategias instrumentadas por los gobiernos centrales para incentivar la producción desde 1860 hasta las primeras décadas del siglo veinte, estuvieron dirigidas a promulgar leyes de tierras baldías y ejidas con el propósito de estimular a los productores y comerciantes a desarrollar la producción agrícola y pecuaria lo que allanaría el camino para la apropiación de extensos lotes de terreno y su concentración en manos de una minoría. Además, el país inició una política de búsqueda y fortalecimiento del mercado local e internacional, diseñando nuevas estrategias con el objeto de fomentar e impulsar la economía.

Los cambios positivos que se gestaban en torno de la actividad agrícola durante la tercera etapa del siglo decimonónico en Venezuela, para exportar lo que algunos autores llaman el oro blanco, se unieron con las transformaciones que se originaron en los espacios productores de azúcar. Unos por el agotamiento de sus suelos y caída de los precios (Brasil, Barbados, Jamaica, Haití y Trinidad); otros- como el caso de Cuba- en el que concurrieron un conjunto de factores externos e internos - la Guerra de los Diez Años, la abolición de la esclavitud y la independencia, entre otros- coadyuvaron a la transformación de la industria azucarera venezolana y en particular la del occidente del país.

En las últimas décadas del siglo XIX, el capitalismo mundial entró en una nueva fase de su historia. Luego del arranque de la Revolución Industrial, el desarrollo de ese sistema se caracterizó por el predominio de la libre competencia entre las diversas empresas, pero con la libre concurrencia operaban, también, las leyes de la concentración y centralización del capital lo que iba determinando la transición del proceso capitalista de esa fase hacia la de los monopolios (Charadán López, 1982: 66).

Las diferencias del régimen de explotación colonial en las etapas premonopolistas y monopolistas del capitalismo las explicó Lenin, en una de sus obras: “Lo que caracteriza el viejo capitalismo, en el cual dominaba plenamente la libre concurrencia, era la exportación de mercancías. Lo que caracteriza al capitalismo moderno, en el que impera el monopolio, es la exportación de capitales” (32).

Las compañías azucareras que tuvieron su centro de operaciones en el distrito Sucre se encontraron inmersas en este proceso del sistema capitalista y fueron arrastradas por las condiciones objetivas predominantes a escala mundial. En el siglo XX, la producción de caña de azúcar “evoluciona con paso firme hacia la industrialización cuyo símbolo son los nuevos centrales azucareros que se implantan en el país desde las primeras décadas del siglo y que cambian sustancialmente el panorama cañero de siglos anteriores”. (Rodríguez, 1986: 23). Las exportaciones de azúcar repuntaron con la Primera Guerra Mundial como consecuencia de la escasez del producto en el escenario internacional y el alza de precios que lo ubicó en el renglón prioritario entre las mercaderías tradicionales que se enviaban al exterior.

En Venezuela el azúcar no se produjo bajo la hegemonía de España, Holanda, Francia, Portugal, Inglaterra o los Estados Unidos, como ocurrió en Cuba, Barbados, República Dominicana, Haití, Brasil, México, Perú, Puerto Rico y Jamaica. Allá, los colonizadores ocuparon las tierras, introdujeron la mano de obra negra en masa, invirtieron sus capitales, consolidaron alianzas y negocios con nativos, instalaron la industria e impusieron sus métodos, técnicas y conocimientos, para incorporarlos al mercado mundial como proveedores de azúcar. En el país, el coloniaje de las potencias extranjeras, como se demuestra en esta investigación circunscrita al distrito Sucre, se expresó en el maridaje de intereses de los grupos de poder económico asentados en las diferentes localidades de la región zuliana desde principio del siglo veinte, quienes atraídos por la demanda y la alta cotización del azúcar en el mercado internacional, coquetearon con el gobierno de turno y se aliaron con el capital nacional y foráneo para convertirse en seguros surtidores de la plaza estadounidense y de Europa, durante las primeras décadas del veinte.

Los inversores azucareros zulianos se encargaron de comprar e instalar la maquinaria e implementos para la formación de los centrales, sus capitales estuvieron primero disponibles para el negocio azucarero antes que el capital foráneo. Suscribieron contratos directamente con productores de caña y hacendados para obtener la materia prima y luego molerla en la compañía; utilizaron la fuerza de trabajo extranjera y criolla asalariada libre y se convirtieron en los responsables de colocar el producto final en el mercado local, regional nacional e internacional y de repartir las ganancias.

3. El impacto de la industrialización del azúcar en el distrito Sucre

En el sur del Lago de Maracaibo se desarrolló una de las áreas cañales más productiva de Venezuela. Esta primacía fue el resultado de las singularidades geográficas y ubicación estratégica que favorecieron la organización, el desarrollo, la industrialización y comercialización de la caña, de extensas y ricas unidades de producción, incorporación de fuerza de trabajo de origen africano y cuantiosas inversiones desde el período colonial; lo cual se incrementó en el período republicano. Para finales del siglo XIX, la región sucrense presenta características que la distinguen de otros procesos regionales.

El desarrollo del proceso económico y político del distrito Sucre se comprende tomando en cuenta su relación directa con el puerto de Maracaibo, los Andes y Colombia. El comercio originado desde la colonia y durante la República entre estas regiones hicieron de Gibraltar, La Ceiba, Moporo y Tomoporo de la jurisdicción de Sucre, puertos obligado para la circulación y distribución de mercancías hacia Maracaibo, ésta última centro nodal y el puerto más importante del circuito agroexportador de la región histórica marabina. El espacio que ocupa el actual municipio Sucre (otrora distrito Sucre), también se conoció como cantón Gibraltar. La privilegiada ubicación geopolítica de este espacio, sus tierras fecundas y ubicación de su puerto favorecieron el comercio con otras localidades y regiones del país y del exterior durante el siglo XIX.

En los suelos del cantón Gibraltar que, a partir del año 1891, se le conocería como distrito Sucre, el producto agrícola de mayor demanda lo constituyó el cacao, mientras que la caña de azúcar ocupó un lugar secundario entre las mercaderías de exportación al mercado europeo y del área oriental neogranadina, particularmente San Faustino y Valles de Cúcuta. Todos los rubros de explotación en este espacio localizado al sur del Lago de Maracaibo, estuvieron condicionados por el proceso de fundación y refundación que sufrió -desde el año 1600- por los continuos saqueos e incendios sucedidos por los ataques de los piratas en este importante puerto de paso obligado para los comerciantes de Maracaibo y los Andes (33).

El proceso de producción agrícola en Gibraltar resultó lento debido a la crisis que sufrió durante casi todo el siglo diecisiete, causada por los progresivos ataques de piratas y motilones. Sin embargo, el cantón se iba configurando como puerto lacustre para recibir y entregar las mercaderías a Maracaibo. Era el lugar donde se concentraba y salían “los productos llegados de las jurisdicciones de Mérida, La Grita, San Cristóbal y tierras neogranadinas, Maracaibo era el puerto principal para el embarque de mercaderías e intercambios con mercados lejanos” (34).

Durante este proceso la historiadora Ileana Parra registra sólo un envío en el renglón azucarero, desde el occidente venezolano hacia Cartagena, en el año 1616, pese a la cosecha de caña y a los ingenios y trapiches localizados en Trujillo, Mérida; Gibraltar, San Cristóbal, El Tocuyo, Barquisimeto, Pamplona y Salazar de las Palmas. Agrega la investigadora que las exportaciones de azúcar junto a otros productos con destino a Cartagena se efectuaban por la vía del río Zulia o por el puerto de Gibraltar. De lo que se deduce que las inversiones en tecnología y capital para activar el proceso productivo a gran escala del cultivo de la caña en la cuenca del sur del Lago de Maracaibo, no estuvieron presentes entre los planes de los españoles, a pesar de que este espacio se caracterizó por poseer tierras fértiles y aptas para su explotación.

Para mediados del siglo diecisiete Maracaibo se va desarrollando como el centro comercial de una región histórica que paulatinamente va siendo coordinada por ella. La concentración del tráfico mercantil a su alrededor fue perfilando un espacio unido, en lo geográfico por la presencia del lago y su extensa cuenca y, en lo socioeconómico, por las articulaciones humanas que se tejieron junto con el tránsito de mercancías; a pesar de la dualidad político administrativa que significó la pertenencia de Maracaibo al gobierno de la provincia de Venezuela y Audiencia de Santo Domingo, y de Mérida, San Cristóbal, Gibraltar, Barinas y Pedraza, a la Gobernación de Mérida y La Grita (creada en 1622) y Audiencia de Santa Fe de Bogotá.

En la Provincia de Maracaibo (1678), durante la segunda etapa del siglo XVIII, se aceleró la explotación agrícola del cacao, trigo, tabaco y caña de azúcar tras consolidarse Maracaibo como el puerto mayor del occidente venezolano. La expansión del circuito agroexportador originó significativos cambios que afectaron al todo social que habitaba la región marabina; se reactivó el proceso de ocupación del espacio, y surgieron nuevas fundaciones en los márgenes de los ríos Escalante y Zulia-Catatumbo, con el objeto de pacificar definitivamente a los motilones y facilitar el libre acceso y uso de las áreas de mayor dinamismo económico: los Valles de San Cristóbal y Cúcuta (Cardozo, 1991: 23).

Al mismo ritmo, los puertos menores complementaron y vivificaron una red comercial establecida con el puerto de Maracaibo. Los caminos se ampliaron en aras de lograr una vinculación más estrecha entre los poblados, las áreas de producción y centros de acopio para la comercialización de los productos. Las poblaciones del sur como Gibraltar se asomaban al Lago y miraban hacia Maracaibo; desde ésta se mira hacia el sur, porque allí estaban las posibilidades económicas y comerciales (35).

Los intercambios desde San Cristóbal, San Antonio del Táchira, La Grita y Bailadores abastecieron de caña de azúcar de excelente calidad, mieles, panelas, tabaco, plátanos, trigo, algodón, añil y legumbre a los mercados interregionales de Cúcuta y Pamplona. De estas remisiones agrícolas andinas, las mayores se destinaban al puerto de Maracaibo para el consumo local y para cubrir las demandas del mercado exterior en forma de comercio legal y de contrabando (36). Desde el Tocuyo, Trujillo, Barquisimeto, Barinas, Carora y Coro, a través del enlace terrestre y fluvio-lacustre, también remitieron producciones de cordobanes, azúcar blanca y morena, papelones, tabaco, lana, cueros, entre otros rubros que cruzaron a través del río Motatán hacia los puertecillos de La Ceiba; Moporo o Tomoporo (37).

Se presume que desde Gibraltar salieron, igualmente, productos agrícolas, entre ellos cacao y azúcares para el mercado interno y externo. La producción de azúcar desempeñó un papel importante en la elaboración de dulces y conservas para el consumo doméstico que a su vez constituiría una fuente de ingresos para cientos de familias (38).

En lo que respecta a las remisiones desde Maracaibo hacia el comercio de exportación, para finales del dieciocho, “el cacao ocupa el primer lugar en las ventas agrícolas, seguido del azúcar (blanca y morena) y en segundo lugar, en cuanto al total de lo exportado, corresponde a los cueros” (39).

Sellada la Independencia, en 1823 la región marabina inició una segunda etapa de expansión y una nueva forma de relacionamiento de los hombres en la esfera económica. Las operaciones de los comerciantes extranjeros se vieron favorecidas por el desarrollo, durante el segundo tercio del siglo XIX, del mercado mundial reactivado por la revolución industrial, y el cual combinaba la demanda de productos agropecuarios, café principalmente, con la captación de nuevos mercados para los textiles, maquinaria, etc. A cambio se incrementaron las importaciones de géneros suntuarios, abandonando las industrias fabriles y se inició el consumismo incontrolado en la Provincia de Maracaibo y el resto de las regiones que conformaban a Venezuela (40).

Ha mediado del siglo diecinueve la importancia creciente de la producción y comercialización del café desplazó a las tradicionales localidades de Gibraltar y Zulia como puertos intermedios entre la subregión andina y Maracaibo. En su lugar figuraban La Ceiba y el eje Los Cachos- La Horqueta, sobre el río Zulia, como salidas naturales de las áreas trujillana y tachirense (Cardozo, 1998: 20). El afianzamiento del café como principal producto regional y venezolano contribuyó a que los comerciantes maracaiberos y sus intermediarios se enriquecieran a costa de la explotación de los recursos y fuerza de trabajo de Los Andes y del oriente colombiano. En estos años el historiador Germán Cardozo advierte la presencia del primer indicio de inversión extranjera en la región marabina. Al frente de tal iniciativa figura Alexander Boyer, comerciante y hombre de negocios de origen francés, quien había arribado a Maracaibo hacia 1827.

Según Germán Cardozo Galué fueron los alemanes quienes desde 1840 hasta finales del siglo XIX, lideraron las operaciones comerciales y mercantiles en la región histórica marabina, teniendo como epicentro la ciudad de Maracaibo. Estos inmigrantes comenzaron a invertir en proyectos de gran envergadura como el Gran Ferrocarril del Táchira y en establecimientos comerciales que les permitieron dominar el circuito agroexportador del occidente venezolano. Los alemanes se asociaron con comerciantes maracaiberos para extender sus negocios y ejercer marcada influencia en las distintas esferas de la sociedad zuliana.”La rápida diversificación en cuanto a producto, mercancía y víveres en general, frecuentes cambios de las razones sociales correspondientes y expansión desde Maracaibo hacia las áreas andinas colombo-venezolanas del Sur del Lago de Maracaibo, fue un rasgo compartido por la mayoría de las firmas comerciales establecidas en la segunda mitad del XIX” (Cardozo, 1998: 165).

Este proceso tomó rasgos diferenciales en la segunda década del siglo XX, cuando un grupo de zulianos formado por maracaiberos, sucrenses y del distrito Urdaneta unieron sus capitales con los extranjeros y caraqueños para impulsar los emporios azucareros en el occidente venezolano. El azúcar se convierte en el primer renglón tradicional industrializado con tecnología moderna importada establecida en el distrito Sucre. Los cambios comenzaron a darse en la economía, ya no eran los empresarios extranjeros los que lideraban el comercio y seleccionaban sus socios, si no los criollos quienes dirigirían y administraban uno de los negocios más lucrativos del país, asociándose con capitales extranjeros por cuanto la modernización de la explotación cañera requirió siempre de una inversión a gran escala. El azúcar compitió con los tradicionales productos agropecuarios de exportación y generaba riqueza. Invertir en la producción del cultivo de la caña demandó verdaderos esfuerzos, recursos económicos y de la consolidación de la región marabina para competir con otros inversores en el mercado regional, nacional e internacional.

Los cambios en el mercado europeo por la Primera Guerra Mundial y sus efectos de la emancipación política cubana contribuyeron a despejar el camino de los capitalistas del occidente venezolano, en especial los del distrito Sucre, que aspiraban a crear las empresas azucareras más modernas de Venezuela, controlar la cadena productiva de la caña, monopolizar su distribución dentro de la región, abastecer el mercado interno y competir en el mercado internacional.

La región sucrense formada por escenarios de producción de caña de azúcar, reunió las condiciones necesarias para el asentamiento de empresas privadas que atendieran efectivamente la producción y comercialización del azúcar (41).

Para hacer más lucrativa la explotación a gran escala de la caña de azúcar y su transformación en azucares mascabado, dorada o blanca, los nuevos inversionistas debieron cambiar el modo de trabajar la tierra y procesar el bastón con tecnología moderna importada, que acelerara la cadena productiva de la caña de azúcar y mejorar la calidad del producto para el consumo interno y la exportación.

Los colectivos ligados al procesamiento de la caña de azúcar en Sucre instalaron compañías que expandieron el circuito azucarero y ampliaron su radio de acción con la exploración, explotación y negociación de petróleo, gas, madera, compra y venta de ganado, construcción de viviendas, muelles, vías férreas, instalación de líneas telefónicas, entre otras actividades.

Los complejos azucareros reorganizaron el uso del espacio sucrense en escenarios de producción que diversificaron la economía de la zona y expandieron el desarrollo del capitalismo en Venezuela. La Compañía Anónima “Unión Agrícola de Maracaibo” (1909); Compañía Anónima “Central Azucarero del Zulia” (1912) y “Venezuela Sugar Company” (1913) y Central Azucarero Gran Vía (1917) operaron con tecnología criolla e importada proveniente desde Cuba, Europa y Estados Unidos. Estas asociaciones estratégicas orientaron sus esfuerzos a la adquisición de tierras ejidas, casas, haciendas y plantaciones de cañas con peones, con el objeto de disponer de un espacio con condiciones para el funcionamiento de los ingenios que dieron origen al fortalecimiento de del distrito Sucre.

4. Consideraciones Finales

El proceso histórico de la explotación de la caña de azúcar en Venezuela, especialmente en el distrito Sucre del estado Zulia, fue diferente al de los países productores por excelencia. Las potencias europeas y norteamericana transformaron a Brasil, México y las islas caribeñas y antillanas en áreas dependientes de este monocultivo hasta erosionar sus suelos y convertirlos en espacios periféricos dentro de la órbita del sistema capitalista. Los capitales foráneos unidos con los criollos financiaron el negocio azucarero que enriqueció, durante más de tres siglos, a los países centro.

En el territorio venezolano, desde el siglo XVI, la caña de azúcar constituyó un rubro menor para atender la demanda local. Desde el gobierno de Guzmán Blanco, se previó en la legislación venezolana la exoneración y fomento de este renglón, por cuanto los tradicionales centros de producción de azúcar de caña y de remolacha no abastecían los mercados. A finales del siglo diecinueve, el consumo azucarero se incrementó y la demanda resultó difícil satisfacer por la caída del azúcar de remolacha, la crisis política y el desgaste de los suelos de algunas islas antillanas y caribeñas productoras, coyuntura aprovechada por un grupo de inversores zulianos para cambiar la manera tradicional de explotar, fabricar y comerciar la caña y sus derivados.

En el occidente de Venezuela, la región sucrense entra en el siglo veinte como espacio surtidor del mercado azucarero y panelero europeo y norteamericano, debido a los esfuerzos del colectivo social nativo, integrado por hombres y mujeres que, al principio, se vincularon con sus capitales y propiedades agrícolas y, posteriormente, se mezclaron con los extranjeros para diversificar la economía e industrializar la producción de azúcar con el establecimiento de los centrales.

Notas

* El presente trabajo forma parte de la Tesis “Génesis de un empresario nacional: industrialización de la caña de azúcar en el estado Zulia”, que realiza la autora para optar al Título de Doctora en Ciencias Humanas de la Universidad del Zulia bajo la Asesoría de la Dra. Arlene Urdaneta de Cardozo.

1. Fueron los holandeses desde 1641, quienes introdujeron en Barbados las raíces de caña en las plantaciones de la pequeña isla británica.

2. Igualmente que Barbados, Brasil fue otra de las zonas coloniales azucareras que salió por un tiempo del mercado internacional del azúcar.

3. Véase Moreno Fraginales. El Ingenio:”Cuando decimos producto básico, empleamos la frase con el mismo sentido que le dan las publicaciones estadísticas del comercio exterior editadas actualmente por la Organización de las Naciones Unidas. Mercado libre (free market), lo definimos por exclusión de los mercados preferenciales, tal como expresa el parágrafo 16 del artículo 2 del vigente Convenio Internacional Azucarero. Y mercado preferencial o protegido, con referencia a un país productor, es aquel donde éste encuentra un precio especial o una protección arancelaria”, p. 22.

4. Galeano. Las Venas Abiertas de América Latina, p. 102.

5. Las colonias francesas productoras de azúcar fueron Haití, Martinica, Guadalupe y Santo Lucía; las inglesas Jamaica, Barbados, St. Kitts, Antigua, Granada y Granadinas, Monserrat, Nevis, San Vicente, Tobago, Dominica y Trinidad; las holandesas Java, Guayana, Surinan, Esequibo, Berbice y Demarara, las danesas Santa Cruz y las Islas Vígenes; las portuguesas Brasil y las españolas Cuba. Moreno Fraginals Ibídem, p. 41.

6. Eduardo Galeano en Las Venas Abiertas de América Latina, p. 102.

7. Eduardo Galeano en su obra Las Venas Abiertas de América Latina, realiza un análisis del proceso revolucionario liderado por los esclavos y sus descendientes. Además afirma que la revolución haitiana coincidió con la revolución francesa, y Haití sufrió el bloqueo contra Francia de la coalición internacional, pp. 102-103.

8. Manuel Moreno Fraginals. El Ingenio, realiza un análisis de las ventajas y desventajas que representó la Real Compañía del Comercio de La Habana como institución monopolizadora de la exportación cubana de azúcares, madera, tabaco y cueros para los productores azucareros y para la economía de la isla, p. 18-19.

9. Moreno Fraginales, El Ingenio, p. 47.

10. En el llamado “Nuevo Mundo” la propagación de la caña fue acelerada. Santo Domingo 1493; Cuba 1515; México 1521; Chile 1522; Brasil 1526; Perú 1533; Argentina 1565 y en Venezuela se tiene información que después de la fundación de El Tocuyo para 1579 se hablaba de los cañales de azúcar. José R. Colmenares Peraza en la “Introducción” para la publicación de Venezuela y el Azúcar. Hombre, Trabajo, Técnica, p. 9.

11. Eduardo Galeano en las Venas Abiertas de América de América Latina, p. 91.

12. José Ángel Rodríguez. Los Paisajes Geohistóricos Cañeros en Venezuela, pp. 24-25.

13. Ileana Parra,”Proceso de Formación de la Provincia de Mérida, La Grita y Ciudad de Maracaibo. 1574-1676”. Tesis Doctoral, p. 158.

14. José Ángel Rodríguez. Los Paisajes Geohistóricos Cañeros en Venezuela, p. 31.

15. Véase Antonio Arellano Moreno, Relaciones Geográficas de Venezuela en José Ángel Rodríguez. Los Paisajes Geohistóricos cañeros en Venezuela, p. 26.

16. Véase a Germán Cardozo Galué, Maracaibo y su Región Histórica. El Circuito Agroexportador 1830-1860, sobre la propuesta metodológica que realiza sobre la Región marabina p. 43-44.

17. Siguiendo a José A. Rodríguez en Los Paisajes Geohistóricos Cañeros en Venezuela y a Horacio Jorge Becco en su artículo “Los Viajeros” publicado en Venezuela y el Azúcar. Hombre, Trabajo, Técnica, hacen mención a varios viajeros en diferentes años del siglo XVIII, que dan luces sobre el progreso de la caña de azúcar y sus derivados, instalación y manejos de trapiches e ingenios, instrumentos e implementos utilizados en el proceso, disponibilidad de mano de obra y su comercialización.

18. Véase el Diccionario de Historia de Venezuela, Tomo AC, p. 272.

19. Ibídem.

20. Boletín del Archivo Nacional, tomo VII, p. 72-270 en José A. Rodríguez en Los Paisajes Geohistóricos Cañeros en Venezuela, p. 33.

21. No puede hablarse en la Venezuela de mediados del siglo XIX, de unas clases o minorías dirigentes nacionales con un proyecto de integración nacional coherente y definido, por cuanto ello no corresponde con la realidad geográfica, económica y social del país. Rutilio Ortega González, El Zulia en el siglo XIX, p. 77.

22. Rafael Cartay. Historia Económica de Venezuela 1830-1900, p. 38.

23. Horacio Jorge Becco en su artículo “Los Viajeros” publicado en Venezuela y El Azúcar. Hombre, Trabajo, Técnica, p. 26.

24. La sociedad maracaibera se resistió desde 1859 a participar en la “Guerra Federal” que involucró a gran parte del territorio venezolano. Durante estos años la participación de la Provincia de Maracaibo se limitó a brindar apoyo financiero y militar -pertrecho, hombres, apoyo naval- a las provincias amenazadas por las tropas federalistas. Arlene Urdaneta Quintero, Autonomía y Federalismo en el Zulia, p. 107.

25. Véase a Yamarilis Quevedo Parra “Identidad y Autonomía: La Oposición Pública en el Zulia durante el Guzmancismo (1880-1890)”, pp. 15-19.

26. Entre ellos se señala: el trapiche de la hacienda La Vega, que aligeró el procesamiento de la caña. José Ángel Rodríguez. Los Paisajes Geohistóricos Cañeros en Venezuela, pp. 40-42.

27. En mayo de 1869 el Congreso autoriza al Ejecutivo la introducción de la caña Salangore. En un decreto posterior del 15 de julio de 1869, se dispone el desembarque de las semillas por los puertos de La Guaira, Puerto Cabello y Carúpano, para su ulterior distribución entre los agricultores de caña. Ibídem p. 40.

28. Véase a James Mudie Spence autor de la obra the land of Bolivar, Or, Ear, Peace and Adventure in The Republic of Venezuela. (Londres, 1878, 2 vols.) En Horacio Jorge Becc “Los Viajeros” artículo publicado en Venezuela y El Azúcar. Hombre, Trabajo, Técnica, p. 28.

29. Cuadro de Estadístico de la Hacienda “El Banco”, propiedad de los señores Antonio Méndez y °C, situada en el distrito Sucre. AHZ.; 1887, tomo 9, legajo 10.

30. Los equipos estaban distribuidos en los siguientes distritos: trapiches movidos por vapor con centrífuga 3 en Colón y 1 en Sucre; trapiches movidos por vapor 1 en Perijá, 9 en Colón y 21 en Sucre y trapiches movidos por fuerza de sangre 20 en Perijá, 3 en Colón, 9 en Sucre y 2 en Bolívar. Anuario Estadístico del Estado Zulia de enero a diciembre de 1894. Presentado al Ejecutivo del Estado por el director de estadística José I. Arocha, p. 91.

31. Véase a Lenin, Vladimir Ilich. El imperialismo, fase superior del capitalismo, en Charadán López, Fernando. La industria Azucarera en Cuba, p. 69.

32. Según Paúl Verna desde el año de 1600 a 1678, Gibraltar fue producto de constantes agresiones, disminución de la población y deterioro de su territorio, pp. 115-145.

33. Belín Vásquez,”El Puerto de Maracaibo: Elemento Estructurante del espacio social Marabino (siglo XVIII)”, p. 45.

34. Idem.

35. Ibídem: p. 62.

36. Ibídem: p. 64.

37. Diccionario de Historia de Venezuela, Tomo AD, p. 272.

38. Belín Vázquez de Ferrer en “El Puerto de Maracaibo: Elemento Estructurante del espacio social Marabino (siglo XVIII)”, p. 144.

39. Ibídem, p 20.

40. Ibídem, p. 21.

41. Véase a Marisol Rodríguez Arrieta: “Sucre, área estratégica para la industria azucarera (1900-1915)”, Revista “Agora–Trujillo”, pp. 134-140.

Bibliografía citada

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