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Revista de Ciencias Sociales

versión impresa ISSN 1315-9518

Revista de Ciencias Sociales v.15 n.2 Marcaibo jun. 2009

 

La fuente oral en la reconstrucción de la memoria histórica: su aporte al documental “Memorias del Zulia Petrolero”*

Bermúdez Briñez, Nilda** Rodríguez Arrieta, Marisol***

* Proyecto financiado por el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la Universidad del Zulia, inscrito en las líneas: “Social antropológica” del Laboratorio de Historia de la Arquitectura y el Urbanismo Regional de la Facultad de Arquitectura y Diseño y “Formación del Estado Nacional en Venezuela” del  Centro de Estudios Históricos de la Facultad de Humanidades y Educación.

** Profesora titular de la Escuela de Diseño Grafico de la Facultad de Arquitectura y Diseño (FAyD) de la Universidad del Zulia. Cursante del Doctorado en Ciencias Humanas. Adscrita al Laboratorio de Historia de la FAyD y al Centro de Estudios Históricos de la Facultad de Humanidades y Educación. Zulia, Venezuela. E-mail: icdnbb2@cantv.net

*** Doctora en Ciencias Humanas. Magíster en Historia. Profesora Asociada de la cátedra de Historia Universal de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad del Zulia. Investigadora acreditada al Programa de investigación (PPI). Adscrita al Centro de Estudios Históricos de la Facultad de Humanidades y Educación. Zulia, Venezuela. E-mail. marisorr24@gmail.com

Resumen

La historia debe incorporar el recuerdo en los procesos de rememorización del pasado como una fuente valiosa para la transmisión y preservación de la memoria colectiva y utilizar los testimonios orales en la elaboración de discursos históricos distintos a los escritos. Esto es lo que pretende el documental videográfico “Memorias del Zulia petrolero” propuesta que estudia el impacto del petróleo en este espacio geohistórico durante las primeras décadas del siglo veinte, integrando fuentes iconográficas de todo tipo, incluidas la voz y la imagen de actores sociales vinculados a ese proceso. Mediante la técnica de la entrevista grabada en video se rescata el testimonio oral como fuente para la producción de conocimiento histórico y se busca acercar la historia a los hombres y mujeres comunes, darle rostro a la palabra que ha estado silenciada o ausente en muchas investigaciones históricas. En este artículo se presenta una reflexión acerca del uso de la oralidad en los estudios históricos, el aporte del registro audiovisual en la construcción de la fuente testimonial y los aspectos metodológicos de la experiencia de trabajo llevada a cabo en Cabimas, Lagunillas, Mene Grande y Maracaibo para el documental histórico “Memorias del Zulia petrolero”.

Palabras clave: Memoria, historia oral, registro audiovisual, s.XX, Zulia petrolero.

The Oral Source in the Reconstruction of Historical Memory: its Contribution to the Documentary “Memoirs of Oil-Producing Zulia”

Abstract

History must include memoirs in processes of re-memorizing the past as valuable sources for transmitting and preserving collective memory and using oral testimonies to elaborate historical discourses different from the written ones. This is the purpose of the video documentary: “Memoirs of Oil-Producing Zulia.” This proposal studies the impact of oil on this geo-historical space during the first decades of the XXth century, integrating iconographic sources of all kinds, including the voices and images of social actors linked to that process. Using the video recording of interviews, oral testimony was recovered as a source for producing historical knowledge; it seeks to approach history through ordinary men and women and give a face to the word that has been silenced or absent in many historical investigations. This article presents a reflection about oral usage in historical studies and explains some methodological aspects about the work experience carried out in Cabimas, Lagunillas, Mene Grande and Maracaibo for the historical documentary “Memoirs of Oil-Producing Zulia”.

Keywords: Memoir, oral history, audiovisual register, XXth century, oil-producing Zulia.

Recibido: 07-11-14 Aceptado: 08-10-23

Introducción

La fuente oral es de gran valor en la reconstrucción de procesos históricos e imaginarios colectivos. Resulta primordial darles la voz a aquellos actores sociales en quienes reposa la memoria de sus experiencias directas o la heredada de sus antecesores inmediatos y enriquecidos con su propia cotidianidad. De lo contrario, se corre el riesgo de que ésta desaparezca sin que haya sido recogida y difundida. Apuntando hacia esa búsqueda se ha incorporado esta fuente en el documental videográfico titulado “Memorias del Zulia petrolero”, ha sido incorporada en el documental videográfico titulado “Memorias del Zulia petrolero”, cuyo propósito es difundir en un sustrato audiovisual el impacto del petróleo en este espacio geohistórico durante las primeras décadas del siglo veinte, integrando fuentes de todo tipo, incluidas la voz y la imagen de actores sociales vinculados a ese período. La recolección del testimonio mediante el uso del video como instrumento de investigación proviene del proyecto “Hacia la construcción de la memoria colectiva: registro audiovisual del testimonio oral del Zulia petrolero (s.XX)” (1). Con la incorporación del testimonio oral se ha pretendido rescatar el valor que éste tiene como fuente indispensable para aproximarse al objeto de estudio y en la creación de conocimiento histórico en una forma discursiva diferente a la escrita; adicionalmente, el registro testimonial se convierte en un material didáctico portador de conocimiento y estimulador del proceso de aprehensión de la historia del siglo XX venezolano. En este artículo se presenta una reflexión acerca del uso de la oralidad en los estudios históricos, el aporte del registro audiovisual en la construcción de la fuente testimonial y los aspectos metodológicos de la experiencia de trabajo llevada a cabo en Cabimas, Lagunillas, Mene Grande y Maracaibo para el documental histórico “Memorias del Zulia petrolero”.

1. Los diversos caminos de la memoria histórica

La memoria colectiva se construye con diversas fuentes, sin embargo, hasta ahora se ha privilegiado al documento escrito como el más aceptado entre la comunidad de historiadores para los estudios históricos. Tradicionalmente se ha manejado la idea de que lo que no está escrito carece de valor como documento; si revisamos las fuentes que utilizan la mayoría de los historiadores en sus investigaciones, aun en aquellas que estudian procesos contemporáneos, nos damos cuenta que éstas evidencian una jerarquización en la cual se privilegian unas en detrimento de otras, encabezando el conjunto los archivos oficiales, manuscritos e impresos, seguidos de los textos jurídicos y legislativos, luego periódicos y publicaciones, en la cola aparecen las biografías, las crónicas y los relatos de viajes.

Poco figuran el testimonio oral, los documentos iconográficos y menos aun los procedentes de los medios audiovisuales, en consecuencia, estas fuentes han sido relegadas, postergadas y hasta olvidadas por el historiador. A esta situación se le pueden encontrar diversas causas, demos primero un breve vistazo a lo que ha ocurrido con la imagen, sea ésta fija o en movimiento.

Los historiadores poco se fían de las fuentes visuales y audiovisuales, desconfían y hasta ignoran su importancia y ello ha atentado contra la posibilidad de considerar a la imagen como fuente para el conocimiento histórico, la desconfianza de la representación de la realidad en sustrato no escrito, sobre todo en el caso del cine o el video, tiene varias razones, una de ellas radica en el hecho de que son medios manipulados durante todo el proceso de construcción técnica y narrativa. Al respecto Marc Ferró coloca como ejemplo los noticiarios y afirma:

¿Quién se va a fiar siquiera de los Noticiarios si todo el mundo sabe que esas imágenes, esa supuesta representación de la realidad, responden a una elección, a una transformación, puesto que se juntan mediante un montaje no controlable, un truco, un trucaje? El historiador no puede apoyarse en documentos de ese calibre (…) a nadie se le ocurriría pensar que la selección de sus documentos, su recopilación y el desarrollo de sus tesis constituyan un montaje similar… (Ferró, 1980: 24).

Desde la perspectiva del historiador tradicional esta característica se convierte en argumento para el cuestionamiento del medio como fuente. En este sentido es importante recordar que toda forma de representación o recreación histórica de este tipo está sujeta a mediaciones, que se derivan de quien la realiza como de las condicionantes narrativas, estéticas y técnicas del medio que emplea. Como bien lo ha expresado Ferró, tal cuestionamiento es improcedente al ser aplicable de la misma forma a la historia escrita.

Con la oralidad la desconfianza procede, fundamentalmente, del temor, a veces exagerado, de los historiadores de confiar en la memoria que en algunas ocasiones se presenta escurridiza y fragmentaria, sobre todo en los informantes de más edad, y en la cual es difícil percibir la delgada línea que separa la verdad personal y el imaginario colectivo, los hechos reales del significado que éstos adquieren para los entrevistados (la subjetividad del hablante), lo que podría afectar su credibilidad como fuente. Realmente este argumento no tiene sustentación válida porque lo mismo podría aplicarse a cualquier documento, cuyo contenido está mediado por la memoria, intención, motivación o interés de quien lo originó.

Ejemplo de ello lo encontramos en muchos documentos oficiales, particularmente los judiciales, que han sido escritos a partir de la declaración oral de testigos y luego convertidos en su transcripción a la jerga legal, con lo cual termina el testimonio original, ya tamizado por los condicionantes mencionados anteriormente, en una versión que ha sido manipulada por el abogado, juez o escribiente; sin embargo, estos documentos no pierden valor y siguen siendo empleados por los historiadores, siempre sometidos al proceso de crítica (validación) que se deriva de la aplicación del método histórico.

En las últimas décadas la historia como campo disciplinar de las ciencias sociales y humanas ha empezado a tomar en cuenta este tipo de fuentes, incorporando la oralidad como una experiencia científica para el estudio sociohistórico, cultural, político, de la cotidianidad, entre otros aspectos susceptibles de ser investigados por el historiador empleando el relato oral. Según Jorge Aceves (1999) este acercamiento a la historia oral devino de la necesidad de replantear críticamente la práctica del historiador positivista

Para ello, debió tomar en consideración a los sujetos sociales antes “invisibles" para la historiografía convencional y dominante, desplegar nuevas miradas críticas sobre las fuentes de la historia oficial, y afrontar el desafío de construir sistemáticamente “nuevas fuentes” con base en la palabra, para la “versión propia” de los nuevos actores sociales. Innovar en cuestión de conceptos, métodos y fuentes, fue el reto formulado por la historia oral. La nueva práctica y estilo de investigación se generó entonces a partir de la experiencia desarrollada en el ámbito de la “historia social”, considerada así como una derivación particular de esa propuesta totalizadora, holista del quehacer historiográfico (Aceves, 1999:1).

Esto fue posible gracias al acercamiento con otras disciplinas en cuyo ejercicio científico era de uso común la oralidad, como fuente y método de investigación; en la antropología, la sociología, la psicología, la lingüística y otras áreas sociales y humanísticas, encontró la historia conceptos, métodos, instrumentos, técnicas, adecuados para sus propósitos (Aceves, 1999).

A partir de las fuentes orales se obtiene información para trabajar la historia oral, y dentro de ésta la historia de vida y la temática, métodos que permiten al historiador reconstruir la memoria histórica en diversas escalas y tiempos.

La “historia oral” como tal tiene interés en considerar el ámbito subjetivo de la experiencia humana concreta y del acontecer sociohistórico, como lo expresan los sujetos sociales considerados; y porque va a intentar destacar y centrar su análisis en la visión -y versión- de experiencia de los actores sociales con que se relaciona, la utilización de las “historias de vida” se ha perfilado como uno de los recursos más idóneos para lograr esos fines… En la historia oral se tratará siempre de recopilar un conjunto de relatos personales que den cuenta de la vida y de la experiencia de los narradores -o informantes- entrevistados. Cada unidad, fragmento o cuadro narrativo forma parte de un relato de vida que los conjunta y articula (Aceves, 1999: 6).

El mismo Aceves (1999: 7) diferencia la historia de vida y la historia oral temática al afirmar que la primera es una investigación de nivel más limitado compuesta por un número menor de narradores y dirigida a indagar intensa y profundamente en la vida de los actores seleccionados; los estudios temáticos son mucho más amplios y trabajan con una muestra cualitativa más extensa, diversa y significativa del proceso o tema que se aborda. En ambos se parte del testimonio personal pero orientado a obtener relatos referidos a una experiencia de vida o acontecimientos y procesos, respectivamente.

2. Importancia de la oralidad en la historia

En el estudio de los procesos históricos más cercanos del siglo XX y del presente la fuente oral conjuntamente con la audiovisual se asoman como opciones que están adquiriendo cada vez más fuerza para complementar o contraponer las explicaciones oficiales contenidas en documentos escritos. La oralidad permite al historiador actuar, al menos, en tres dimensiones en el examen de la contemporaneidad histórica que son difíciles de alcanzar con otro tipo de fuentes, particularmente con las escritas: el tratamiento de los hechos históricos a escala particular o local; la dimensión subjetiva en tanto repercusión de los fenómenos sociales en la intimidad de las personas o grupos; y la reconstrucción de la cotidianidad, costumbres, valores, aspiraciones.

El testimonio oral cumple la función de fuente para la historia y es una forma de recuperar la memoria tanto individual como colectiva. El investigador al trabajar con el testimonio oral, al igual que haría con otras fuentes, debe proveerse de herramientas metodológicas que le permitan proceder con mayor certeza interpretativa. En tal sentido, afirma Daniel González Cortés.

No obstante, de todas las objeciones que se le han hecho, la información oral tiene una ventaja que difícilmente se puede encontrar en los libros y documentos. Ayuda a conocer el punto de vista en los acontecimientos; permite reconstruir su vida cotidiana, conocer sus costumbres, sus valores, sus aspiraciones y decepciones, así como sus alternativas frente a los problemas que se han presentado. Se trata, pues de rescatar su versión de su realidad (González C., 1988: 17).

De allí la importancia que tiene el testimonio oral en la investigación histórica, por cuanto en él reposa la herencia de una memoria que aunque no pertenezca a la experiencia directa del informante, ha sido transmitida por sus antecesores inmediatos y enriquecida por su propia cotidianidad. Como ha dicho Heriberto Moreno García (1994) “Del enlace entre vida y narración nace la característica esencial de la historia oral: la de construir el punto de intersección o de mediación consciente entre la historia y lo vivido en lo cotidiano” (Moreno, 1994: 84).

Cuando los historiadores emplean esta fuente, lo hacen como apoyo de las fuentes escritas y la recolección del testimonio se realiza con instrumentos que recogen la voz (grabadores de audio) para ser luego sometida al proceso de transcripción a la escritura que termina siendo el soporte efectivamente utilizado para el trabajo, con lo cual se somete a la fuente a otras limitaciones al excluir elementos de (re) significación de la información, al perderse los tonos de la voz, las cadencias del habla popular, los dialectos, el nivel de emisión vocal (volumen) propio de cada individuo, la velocidad del habla y otros rasgos que aportan significados al testimonio y revelan la procedencia social del entrevistado, entre otros factores. Alejandro Portelli (1988) sostiene que para hacer leíble la transcripción de una entrevista grabada:

…generalmente es necesario intercalar signos de puntuación, los que son siempre añadidura más o menos arbitraria del transcriptor. La puntuación indica pausas distribuidas de acuerdo a reglas gramaticales: cada marca tiene un significado, duración de tiempo y lugar convencional. Estos casi nunca coinciden con los ritmos y pausas del sujeto que habla dentro de reglas lógicas y gramaticales a las cuales no necesariamente sigue. La duración y posición exacta de la pausa tienen una función importante para el entendimiento del significado del discurso (Portelli, 1988:36).

La transcripción termina reduciendo el contenido emocional del habla a la objetiva frialdad del texto o documento escrito. Todo ello conlleva e un mayor esfuerzo en el análisis e interpretación para evitar que se pierdan las funciones narrativas del testimonio oral, entre ellas la función emocional, la participación del narrador en el relato, el modo en que el relato afecta al narrador, el historiador se ve obligado a aportar detalles a la narración, indicar las pausas, describir el entorno, las cosas que pasan mientras se desarrolla para lograr hacer “historia-escrita-que-habla” como bien lo ha dicho Heriberto Moreno García de El colegio de Michoacán (1994: 84), quien afirma que uno de los dones de la oralidad es la presencia de los interlocutores y la relación que se da entre ellos:

Entre el narrador y sus escuchadores la relación es directa, imprevisible, abierta a los problemas; en otras palabras, es una relación verdaderamente humana, es decir, dramática, sin resultados preestablecidos ni asegurados. Es una relación directa, la palabra hablada es la retroalimentadora y reorientadora del discurso, en virtud de las reacciones personales que van y vienen entre el narrador y sus interlocutores. El diálogo se desarrolla, entonces, como un concierto polifónico en que no se excluye a ninguno de los circunstantes. Cualquiera de ellos que interviene, introduce un motivo nuevo, una nueva modulación, en la melodía general. Aun quien ejecuta un silencio, entra en el concierto del discurso colectivo, pues su silencio hace posible la palabra de los otros (Moreno, 1994: 84-85).

Esto no pretende negar la importancia del uso de la fuente oral en la investigación histórica cuando se acude a la transcripción escrita, sólo se ha querido señalar algunas condicionantes que se derivan de este recurso.

3. El registro audiovisual del testimonio oral

Frente a las limitaciones que presenta la transcripción se plantea como alternativa pertinente por tratarse en nuestro caso de una propuesta que conjuga el método histórico y el audiovisual para producir un discurso de carácter histórico, la recolección del testimonio oral utilizando la cámara de video o de cine por cuanto permiten captar la imagen y el sonido de la entrevista sin que se pierdan esos importantes elementos ya señalados que dan una visión o perspectiva mucho más integral del entrevistado al añadir, más allá del contenido de la información aportada, su actitud al comunicarla, los silencios o pausas interiores, los gestos que evidencian emociones o reacciones, incluso, el entorno en el cual se desarrolla la conversación y que identifica al personaje en su cotidianidad. El registro audiovisual se incorpora como un aporte al estudio histórico que enriquece la recolección testimonial, creando una nueva fuente en este importante campo de las ciencias sociales y humanas.

Esto no significa que su empleo no implique algunos riesgos que deben ser tomadas en cuenta por el investigador. Entre ellos, la pérdida de espontaneidad, la inhibición, el protagonismo que puede provocar la presencia del equipo de registro (cámara, micrófonos, luces) y de personal técnico cuando se tata de una investigación cuyo producto está destinado a la difusión con fines didácticos o a auditorios masivos. Tratando de minimizar esos efectos se debe conformar un equipo de trabajo mínimo, compuesto por tres personas o menos y emplear una cámara de video digital de alta definición compacta, micrófonos a distancia e iluminación artificial indirecta y completa sólo cuando es absolutamente necesario debido a las condiciones del lugar donde se realiza la entrevista.

Otra condición del testimonio oral en general y, por tanto, endosable al audiovisual es el de la subjetividad. Portelli destaca la subjetividad del hablante como una de las características que impone la fuente oral al historiador y que ninguna otra posee en igual medida, sobre todo porque la historia oral aporta información más que de los sucesos mismos de su significado para el informante “Ellas nos dicen no sólo lo que la gente hizo, sino lo que quisieron hacer, lo que creyeron que estaban haciendo, y lo que ahora piensan que hicieron” (Portelli, 1988: 38).

Un ejemplo de ello lo constituye en nuestra investigación el testimonio del señor Manuel Naranjo, grabado en Mene Grande, quien relató las condiciones de vida de los trabajadores petroleros que se habían establecido en esa población para finales de la década de 1920 como si hubiese sido vivida directamente por él, sin embargo, al preguntarle acerca del tipo de trabajo que realizaba en la compañía petrolera, su respuesta reveló que fue enganchado como obrero tiempo después de su llegada desde Trujillo a los improvisados campamentos en busca de su madre y hermano mayor; allí pudo palpar la situación que vivían los hombres y mujeres que habían emigrado desde diferentes regiones del país a esta zona. El proceso colectivo es asumido por el señor Naranjo como propio en el relato debido a su cercanía con los hechos narrados, lo cual lo lleva a sentir las vivencias de los otros como suyas. Su credibilidad respecto a lo sucedido quedó demostrada con otros relatos y documentos consultados.

4. Metodología para la recolección testimonial

En cuanto a la metodología empleada para la selección de los entrevistados y recolección de datos se acudió al método cualitativo combinado con las técnicas de la entrevista audiovisual. Para la selección de los informantes, más que la cantidad (de hecho existen muy pocos que puedan dar testimonio del período abordado que corresponde a la fase inicial de la explotación comercial del petróleo a gran escala, a partir de 1922 hasta finales de la década de 1930), interesaba lo que la gente podía contar sobre sí misma y acerca de lo que había sucedido a su alrededor; el énfasis se colocó en el tipo de información que cada uno de ellos aportaba desde su propia perspectiva, empleando lo que en la investigación social se conoce como método cualitativo. Se localizaron a aquellos actores sociales que fueran representativos de un grupo, que hubiesen vivido o conservado la memoria familiar o colectiva relacionada con el proceso petrolero y que pudieran explicar como ese proceso había marcado la vida cotidiana y el modo de vida de todo el conjunto social al cual pertenecen. Se incluyeron hombres y mujeres procedentes de diversas esferas del quehacer cotidiano: labores del hogar, obreros petroleros, luchadores políticos o sindicales, pescadores, compositores populares, cronistas, cuyas edades rondan los 70 y 90 años o más.

A ellos se llegó luego de una tarea de investigación bibliográfica, hemerográfica y de campo que permitió elaborar un listado que condujo a su ubicación y a la constatación de las condiciones de esas personas para el aporte de datos pertinentes. Posteriormente se procedió a la preparación y registro audiovisual de la entrevista, lo cual ameritó de una metodología que tomó en cuenta los condicionamientos específicos del medio, las características de los entrevistados, las técnicas y ventajas de la entrevista grabada en video, los riesgos o limitaciones que se derivan de su empleo.

5. Técnicas de la entrevista audiovisual

Más allá de los aspectos que tienen que ver con los condicionamientos técnicos y personales de los entrevistados, lo fundamental es lograr un ambiente de confianza entre el entrevistado y el entrevistador, tratando de vencer la resistencia inicial del primero que siente invadida su privacidad. Si se ha investigado el tema y elaborado los lineamientos básicos de la entrevista resultará mucho más fácil el acercamiento al entrevistado, procurando estar en sintonía con su nivel social e intelectual, así se sentirá más cómodo y con disposición para expresarse con libertad (Cordido, 2006: 102).

Preparar la entrevista no significa que ésta deba ser conducida por el investigador de forma cerrada o demasiado estructurada, por cuanto se caería en una disminución de la espontaneidad, lo cual se haría visible al ser captado por la cámara. Aquí entra en juego el rol del investigador/entrevistador quien actúa como mediador entre el narrador que testimonia y el público que posteriormente recibirá la memoria en forma audiovisual. La entrevista en su carácter de fuente documental para la historia debe ser profunda y superar la superficialidad que caracteriza a la entrevista informativa en los medios comerciales, particularmente en la televisión. Debe convertirse en un “trabajo de interiorización, casi confesional, participativo, profundo”, como afirma Ivork Cordido al referirse al film encuesta (Cordido, 2006: 104).

La finalidad de la entrevista en el método histórico es el rescate o recuperación de información con valor histórico, que si bien implica una preparación previa dirigida a orientar al entrevistado hacia los aspectos que interesa investigar, esto en ningún caso debe poner en riesgo la pérdida de libertad de expresión, de recuerdos o asociación de ideas; en nuestro caso se ha partido de un esquema básico de preguntas relacionadas con el impacto de la actividad petrolera en la vida cotidiana y modo de vida de los zulianos, que se ajusta a cada informante de acuerdo a sus vivencias o participación en los hechos, procedencia, nivel de claridad en la exposición, y se ha dado completa libertad para extenderse en el relato de los acontecimientos y de sus vidas, mostrando un profundo respeto por sus opiniones y formas particulares de manifestar sus impresiones, recuerdos y emociones.

Este instrumento no se emplea como encuesta formal, ni se usa delante del entrevistado, para que la entrevista fluya de manera espontánea. Luis González y González afirman que la entrevista ideal es aquella que se da con completa espontaneidad, sin ningún tipo de encuesta formal, técnica que aplicó en su investigación de San Luis de Gracia (publicado bajo el título “Pueblo en vilo, la fuerza de la costumbre”).

En esta investigación el estilo de la entrevista siempre ha sido conversacional, con una aproximación inicial que evidencia interés por la vida familiar o personal del entrevistado que permita romper el hielo, con una presentación clara de los objetivos de la misma y el empleo de un lenguaje común que facilite la fluidez de la conversación. Trabajar con la verdad, manifestando solidaridad con el entrevistado ha contribuido a crear la empatía e identidad necesaria que transmita la seriedad y conducta ética que debe regir este tipo de investigación. Ponce y Báez proponen desde el campo de la antropología que esta relación investigador/informante debe ser íntima y real y producirse una especie de desprendimiento y despersonalización que conduzca a un profundo entendimiento del otro; agregan “el investigador debe dejar de vivir su vida y vivir la de su informante, sólo así podrá pensar como él, enjuiciar como él y sentir como él. Este puente macizo de afectos y dependencias nos permite llegar a la conciencia colectiva, al nosotros” (Ponce y Báez, 1988: 24). La investigación histórica puede llegar a la interpretación profunda de la información que aporta el entrevistado sin que sea necesario establecer una conexión psicológica y humana de este tipo, más apropiada para otros estudios, aunque siempre se tratará de un encuentro bastante íntimo, único e irrepetible.

En esta investigación se ha combinado la entrevista temática y la biográfica, herramientas metodológica empleadas por la historia oral. La primera se caracteriza por ser de amplio espectro, requiere de una muestra cualitativa más extensa, diversa y significativa; la historia de vida reduce el número de entrevistados, es intensiva y específica. Ambas sustentan sus resultados en la información procedente del testimonio personal y no de la tradición oral (Aceves, 1999: 3).

El registro del testimonio oral estuvo orientado en el uso de la entrevista temática y en algunos casos ésta derivó en entrevista biográfica, con aportes significativos para aclarar aspectos importantes del proceso estudiado, como se explicará más adelante.

El material oral recogido fue procesado, esto quiere decir, revisado y analizado para luego proceder a la selección de la información relevante para el desarrollo del documental que incluirá no sólo el testimonio oral, pues se hará uso de otras fuentes documentales, visuales y audiovisuales (fotografías, documentos escritos, películas de archivo, vestigios materiales) para elaborar una propuesta estética y narrativa de carácter histórico desde el género documental. El testimonio completo conforma un acervo documental muy valioso que contiene, además de información directamente vinculada con el tema, las historias de vida de las personas entrevistadas que por su extensión resulta imposible incluir en su totalidad en un documental condicionado por un tiempo de duración predeterminado (una hora) pero que, sin embargo, se constituye en una fuente de posteriores proyectos de divulgación en los cuales se privilegie dar la voz a aquellos que pocas veces la han tenido para que puedan contar su pequeña historia. El material está disponible en el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico (CONDES) en varios discos formato DVD.

6. Algunos resultados y aportes  al documental

Al pretender el rescate y valoración del testimonio oral audiovisual como fuente para la producción de conocimiento histórico y acercar la historia a los hombres y mujeres comunes, se ha querido darle rostro a la palabra que ha estado silenciada o ausente en muchas investigaciones históricas.

Para lograrlo se realizaron más de veinte entrevistas en Maracaibo, Mene Grande, Lagunillas y Cabimas, en las cuales se abordaron temas relacionados con la transformación que sufrieron esas poblaciones con la explotación comercial del petróleo, la lucha política antigomecista y la lucha reivindicativa, el impacto de la contaminación por petróleo en el Lago de Maracaibo, la inmigración interna, el impacto en la actividad económica agroexportadora, en las costumbres y cotidianidad.

La información obtenida presenta una paradoja al ser por momentos rica en detalles al mismo tiempo que evidencia los vacíos, a veces, ausencias o dificultades, como quiera llamársele, con que se encuentra el investigador cuando trabaja con el testimonio de hombres y mujeres que se enfrentan con sus propias lagunas, con las traiciones de la memoria, con limitaciones físicas, pero que han permitido darle a la historia un nuevo aliento, un aporte singular y significativo, una oportunidad de salirse de los documentos acumulados en los archivos oficiales para encontrarse con el relato humano directo e intransferible, capaz de construir historia y transmitir emociones. Esta experiencia dio como resultado la localización de varios actores sociales que transmitieron su experiencia de vida en ese camino hacia la búsqueda de la memoria del Zulia petrolero, destacando las entrevistas realizadas a María Teresa Contreras (92 años), Rafael Naranjo (84), Mercedes Urribarrí (98), Pantaleón García (90), Ada Rodríguez (84), Manuel Naranjo (88), Ana Sánchez (94), no sólo por la importancia del contenido de lo narrado para la construcción de esa memoria, también por la lucidez y fluidez en la comunicación de sus historias.

María Teresa Contreras, tachirense venida al Zulia en el año 1935 representa a ese sector de la sociedad venezolana con un nivel de educación formal, que alcanzó el grado de normalista, rebelde, revolucionaria para su tiempo; incursiona en la política y se incorpora a la lucha por las libertades públicas en el período de gobierno de Eleazar López Contreras, lo cual implicó cárcel y exilio. Fundadora del Bloque Nacional Democrático y de Acción Democrática en el Zulia, partido al que pertenece actualmente. Su vida estuvo fuertemente marcada por el quehacer político que ella convierte en el hilo conductor de su relato personal. Actualmente tiene 92 años.

Pantaleón García, margariteño que llegó al Zulia en el año 1925 a la edad de 8 años, junto con sus padres y hermanos buscando mejorar las condiciones de pobreza en la que vivían atraídos como muchos otros por la nueva riqueza minera. Se inició en el trabajo como ayudante de su padre en la goleta que realizaba viajes entre Margarita y Maracaibo. Se incorporó a la industria petrolera en el año 1935, ese mismo año se inscribió en el partido comunista permaneciendo hasta ahora como miembro de ese partido político; es uno de los líderes de la Huelga petrolera del año 36. Sus vivencias aportan información de la lucha reivindicativa y de la historia petrolera. Edad: 90 años.

Rafael Naranjo, natural de El Dividive, aldea del Distrito Betijoque, estado Trujillo, vino al Zulia a muy tierna edad porque su mamá, una mujer abandonada, tuvo que emigrar en busca de trabajo en los campos petroleros de Mene Grande para sostenerlo a él, a su hermana y a su otro hijo que se había quedado allá. Su contacto con la realidad de aquel pueblo petrolero y su acuciosidad lo han convertido en un cronista de la zona. Aporta información relacionada con su experiencia personal y con las condiciones generales de vida de los campos petroleros, el trabajo de los obreros y otros elementos de la historia de Mene Grande. Edad: 84 años.

Manuel Naranjo, llegó a pie a Mene Grande en el año 1928 desde El Dividive, aldea del Distrito Betijoque, estado Trujillo, buscando a su madre y hermano quienes habían llegado antes, allí se ayudó vendiendo agua hasta que se reporta a la industria en el año 32. Su relato aporta elementos relacionados con las condiciones de vida y trabajo de esos años de la actividad petrolera. Edad: 88 años.

Mercedes Urribarrí, nacida en La Rita, actualmente Municipio Santa Rita de la costa oriental del Lago, creció sin padre, en el seno una familia pobre en la cual todos trabajaban, dominada por la presencia de la madre y la abuela, su experiencia de vida estuvo marcada por el desempeño cotidiano para la sobrevivencia. Su relato aporta elementos para la reconstrucción de las condiciones de vida de la gente pobre y la cotidianidad de las poblaciones ribereñas antes de la explotación petrolera a mayor escala. Edad: 98 años.

Ada Rodríguez, maracaibera nacida en El Saladillo, perteneció a una familia pobre sostenida por el trabajo de la madre, creció en un orfanato y en un asilo rodeada de una rigurosa educación religiosa aunque no pasó de las primeras letras en la educación formal. Sus recuerdos personales se entremezclan con la vida de la ciudad, con la cotidianidad de un sector que poco o nada disfrutó de los beneficios que producía la ciudad puerto y la nueva base económica. Su relato aporta rasgos del mundo cotidiano de aquella ciudad de los años treinta en adelante. Edad: 84 años.

Ana Araujo, maracaibera nacida en 1916, procede de una familia pobre sostenida por el trabajo de la madre; a los ocho años se traslada con su padrino, su hermana y el esposo de ésta a La Rosa Vieja, atraídos por la actividad petrolera a raíz del reventón del Barroso 2. Su permanencia en esa población petrolera convierte su testimonio en la única experiencia directa localizada acerca de las condiciones de vida de aquel sitio. Aporta información relacionada con la cotidianidad familiar y lucha por la sobrevivencia de un grupo familiar sumido en la pobreza. Edad: 94 años.

Los testimonios que se incorporaron al documental (Pantaleón García, Rafael y Manuel Naranjo, Ana Araujo, Mercedes Urribarrí, entre otros que no aparecen señalados en este artículo) enriquecieron la información acerca de las rutas terrestres y marítimas que siguieron desde los lugares de origen hasta las zonas petroleras las personas que emigraron de los andes, Lara, Falcón y oriente del país; así mismo, las penurias que debían sufrir durante los trayectos.

Otros elementos importantes que aportaron los testimoniantes tienen que ver con las condiciones de vida familiar que condujeron a muchos de ellos a tomar la decisión de venirse al Zulia buscando mejorar su situación económica. Igualmente, las condiciones de trabajo, enfermedades, rutinas diarias, la conformación de los campamentos, alimentación, prostitución, abusos de autoridad, despojo de propiedades; datos que complementan o confirman lo encontrado en fuentes escritas y que, algunas veces, resultaron inéditos, novedosos, por no estar registrados en ningún otro soporte documental.

7. A manera de conclusiones

No se ha pretendido crear la falsa idea de la sustitución de unas fuentes por otras en el estudio de realidades históricas, se trata, por el contrario, de incorporar otras formas de contar la historia y otros medios para su reconstrucción y explicación. Se pretende el rescate y valoración del testimonio oral audiovisual como fuente para la producción de conocimiento histórico y acercar la historia a los hombres y mujeres comunes, darle rostro a la palabra que ha estado silenciada o ausente en muchas investigaciones históricas.

Debe destacarse el interés de este proyecto en el rescate y preservación de la historia personal de la gente común, en cuanto a la construcción de la fuente oral y su divulgación al incorporarla en la reconstrucción audiovisual de la historia regional y local, enriqueciendo con este aporte la historiografía nacional.

Bibliografía citada

1. Aceves, Jorge E. (1999). “Un enfoque metodológico de las historias de vida”. Revista Proposiciones Vol. 29, Santiago de Chile: Ediciones SUR, marzo 1999. Obtenido desde: http://www.sitiosur.cl (consultado en: 24-09-2007).         [ Links ]

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