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Revista Venezolana de Estudios de la Mujer
versión impresa ISSN 1316-3701
Revista Venezolana de Estudios de la Mujer v.15 n.34 Caracas jun. 2010
Apuntes para la construcción de una historia de las mujeres
Marianela Tovar Núñez
Licenciada en historia y letras editora invitada revista venezolana de estudios de la mujer, Venezuela tmarianela@yahoo.com
La historia de todos los tiempos, y la de hoy especialmente, nos enseña que las mujeres serán olvidadas si ellas se olvidan de pensar sobre sí mismas.
Invisibilidad es el término que mejor define la situación de las mujeres en la historia y el que mejor expresa la preocupación central de las historiadoras feministas desde inicios de la década del setenta del siglo XX. Las mujeres han estado silenciadas e invisibilizadas por la historiografía que se ha producido hasta ahora. Invisibilización que no sólo afecta a las mujeres, sino que ha distorsionado el conocimiento del pasado.
Este silenciamiento e invisibilización de las mujeres contrasta de manera singular con lo que Michelle Perrot denomina el aluvión de discursos e imágenes masculinas sobre las mujeres. De hecho, los discursos filosóficos sobre qué son las mujeres, cómo deben comportarse y lo que deben hacer han sido tan abundantes que llegan a colindar con lo obsesivo1.
Las historiadoras feministas han entendido, al igual que muchos otros historiadores, que la escritura del pasado no es objetiva y que la ginopia2 implica una toma de una posición política e ideológica. Por eso, escribir sobre el pasado de las mujeres involucra, también, una toma de posición política ésta sí, explícita en contra de la historiografía androcéntrica dominante, que se ocupa primordialmente de los procesos históricos desarrollados en la esfera pública, entendida como propia de los hombres y que utiliza categorías supuestamente neutras como hombre, humanidad y universal, desconociendo su atadura a una actuación exclusivamente masculina.
La historia de las mujeres proviene, a diferencia de otras corrientes historiográficas, de un movimiento político, específicamente, del movimiento feminista de la segunda ola y del movimiento de mujeres que se desarrolló en Francia e Inglaterra a principios de la década del setenta del siglo XX.
Como parte integral de la labor política desarrollada por los movimientos feministas liberales, marxistas/socialistas y radicales, surgió a finales la década del sesenta y principios del setenta del siglo XX, una gran variedad de textos feministas en periódicos, revistas y libros que tenían la finalidad de darle una base teórica a la lucha política. Estos textos serán la raíz de la futura investigación feminista dentro de las diferentes disciplinas de conocimiento, incluyendo aquellas que parecían ajenas a sus preocupaciones, como la teoría de la ciencia.
Parte de esta producción intelectual se llegó a institucionalizar posteriormente en los llamados Estudios de las Mujeres (Women´s Studies)3 y con el surgimiento de un conjunto de publicaciones periódicas especializadas, como las conocidas Fem inistStudiesy Signs: Journal of Wom en in Culture and Society. El objetivo principal de estos estudios era y es entender a las mujeres como sujetos de estudio y reflexionar sobre las implicaciones teóricas y metodológicas de su inserción dentro del campo de las ciencias sociales.
La discusión, por parte de las historiadoras feministas, acerca de los problemas teóricos y metodológicos, así como los cuestionamientos a los paradigmas epistemológicos dominantes formaron parte, desde un inicio, de sus investigaciones. Es así como las estudiosas feministas de mediados de los años setenta tales como Ann Gordon, Mari Jo Buhle y Nancy Shrom Dye proponían que los estudios de mujeres necesariamente llevarían a una reconsideración general de las categorías y premisas dominantes en la producción académica tradicional:
Estamos aprendiendo que el escribir a las mujeres en la historia implica necesariamente la redefinición y ampliación de nociones tradicionales de significado histórico, de modo que abarquen tanto la experiencia personal y subjetiva como las actividades públicas y políticas. No es demasiado sugerir que, por muy titubeantes que sean los comienzos reales, una metodología como ésta implica no sólo una nueva historia de las mujeres, sino también una nueva historia.4
Una de las propuestas de estas historiadoras, fue la de incorporar el tema del status de las mujeres en la investigación histórica. La historiadora Joan Kelly afirmaba que esto significaría hacer una nueva aproximación a los períodos de grandes cambios sociales, que no significaron lo mismo para los hombres y para las mujeres; de hecho, muchas veces representaron un retroceso para las mujeres.5
Ya en 1975, la historiadora Natalie Zemon Davis exponía que el status de las mujeres sólo podía ser analizado y comprendido en los términos de su relación con los hombres dentro de una sociedad específica:
Me parece que deberíamos interesarnos tanto en la historia de las mujeres como en la historia de los hombres, que no deberíamos trabajar solamente sobre el sexo oprimido, del mismo modo que un historiador que trabaja desde una perspectiva de clase no puede centrarse por entero en los campesinos. Nuestro propósito es comprender el significado de los sexos, de los grupos de género, en el pasado histórico.6
Se trata, tal como decía Kelly un año después, de alcanzar el objetivo de: "restituir a las mujeres en la historia y devolver nuestra historia a las mujeres."
7 La forma en que esta nueva historia podría incluir a las mujeres dependía, según afirmaban las historiadoras Kelly y Joan Scott, de la incorporación y el desarrollo de género como categoría de análisis8. Categoría que destaca el punto central que determina la situación de subordinación de las mujeres, desnaturaliza las relaciones entre los sexos y está en oposición al determinismo biológico, pues comprende las ideas, roles, identidades y clasificaciones sociales fijadas a los hombres y mujeres como construcciones culturales asignadas a cuerpos sexuados.Por esta razón, uno de los aportes más importantes de las historiadoras feministas estadounidenses a la investigación feminista fue el haber introducido el género como una categoría del pensamiento social que no sólo ensancha y enriquece el campo de la investigación histórica, sino que es imprescindible para la construcción de una historia de las mujeres: "Cualquier esfuerzo por entender a las mujeres en términos de categorías sociales que oculten este hecho fundamental tiene que fracasar para dar lugar a conceptos más apropiados"9.
Por otra parte, esta categoría ayuda a en-tender por qué aunque las mujeres han pertenecido a todas las clases sociales y grupos étnicos, han tenido históricamente una posición subordinada en la sociedad. El género las ha colocado en una posición de sujeción y resistencia dentro de un sistema patriarcal. "Aunque las diferencias de época histórica, clase y nacionalidad tienen importancia para las mujeres, las semejanzas decretadas por el sexo las superan".10
Las primeras historiadoras de las mujeres nos han legado un conjunto de aportes y preocupaciones que aún siguen estando vi-gentes en su mayor parte: el género como categoría de análisis, el problema de la localización de las mujeres en las fuentes, la discusión sobre la autonomía de la historia de las mujeres, la construcción de un análisis integral que capte la experiencia histórica particular de las mujeres y las propuestas de una nueva periodización de la historia, entre tantas otras. Muchas de las respuestas a estos problemas y propuestas se han encontrado en los propios trabajos de investigación, que han arrojado una nueva luz sobre algunas etapas de nuestro pasado y que a la vez, siguen lanzado nuevas interrogantes e inquietudes.
Es indudable que las investigadoras feministas y, específicamente, las historiadoras de las mujeres, han logrado desmontar el carácter androcéntrico de muchos de los modelos teóricos que fundamentan el campo de la investigación histórica y sus críticas a la pretendida objetividad de las ciencias sociales han permitido comprender mejor sus limitaciones y sus sesgos. Sin embargo, desde un principio, las académicas que han venido trabajando dentro de estas nuevas áreas de conocimiento, al mismo tiempo que auguraban el surgimiento de una nueva historia, han expresado su preocupación por la posibilidad de que este tipo de estudio sea colocado en nichos en donde la universidad desecha todos los asuntos "propios" de las mal llamadas minorías sociales y étnicas, para que no contaminen el resto de la estructura académica, reproduciéndose, de esta manera, la situación de subordinación que viven dichos sectores dentro de la sociedad.
Las historiadoras que hemos asumido la construcción de una historia de las mujeres en Venezuela, tenemos grandes retos que enfrentar: el uso de un lenguaje no sexista, el planteamiento de problemas teóricos y metodológicos inéditos, nuevos métodos de análisis, la validez de las categorías existentes, la nueva manera de abordar asuntos tan consolidados (y supuestamente masculinos) como la guerra y la "alta" política y registrar la manera como afectan a las mujeres las permanencias y los cambios históricos. Además, tenemos que confrontar el problema de la legitimidad de nuestro objeto de estudio, constantemente cuestionado por otros académicos que se siguen rigiendo por los paradigmas tradicionales. Asimismo, se hace necesario desafiar el desprecio abierto o solapado de los gurúes y las instituciones académicas, que consideran que este tipo de investigación es propia de una historia menor (equivalente al espacio privado) o en el peor de los casos, producto de una moda.
Venezuela: Heroínas y mujeres excepcionales
Mucho se ha hablado en estos días acerca de incorporar a las mujeres como objeto de estudio en las actuales investigaciones históricas. La construcción de una nueva historiografía que incluya a las mujeres parece estar a la orden del día. Sin embargo, el panorama no es tan propicio como se supone, no sólo no se ha producido un debate sobre los problemas, preguntas y propuestas relacionadas con la construcción de una historia de las mujeres, sino que, además, en general en nuestro país se desconoce cómo y por qué surgió la historia de las mujeres.
La escuela de historia de la Universidad Central de Venezuela, la más importante e influyente del país, no ha abierto todavía ninguna materia relacionada con la historia de las mujeres. Tampoco se ha realizado ninguna jornada de investigación histórica dentro de las universidades que tenga como tema central la historia de las mujeres. Parece ser que la historia de las mujeres sigue siendo un asunto de segundo orden para las historiadoras e historiadores venezolanos.
Se habla de incorporar las mujeres a la historia, pero no se habla de construir una historia de las mujeres. Probablemente nuestras antiparras académicas no nos han permitido ver que éste no es un simple error que se puede enmendar fácilmente sumando mujeres a la historia. No sólo debemos preguntarnos por qué somos presentadas como destinatarias de los actos realizados por los hombres, también tendríamos que preguntarnos, al igual que lo hace Joan W. Scott, por qué y cómo las mujeres fuimos invisibilizadas.
11 Estas preguntas han estado estrechamente vinculadas al trabajo de las investigadoras y teóricas feministas y, mientras nosotras, historiadoras venezolanas, estemos de espaldas a los movimientos feministas y, sobre todo, a sus teorías, no vamos a ser interpeladas por éstas u otras cuestiones. Definitivamente, siguen prevaleciendo una cantidad de prejuicios sobre el feminismo y las feministas, a quienes se las sigue vinculando a una especie de revanchismo y una militancia desenfrenada contra todos los hombres del planeta.La construcción de una historia que incluya a las mujeres en nuestro país ha sido un fenómeno relativamente reciente. Los primeros textos que tuvieron la intención explícita de incorporar las mujeres a la historia fueron los elaborados por Carmen Clemente Travieso, periodista vinculada desde muy temprano a la lucha por los derechos políticos y sociales de mujeres y fundadora de la Asociación Cultural Femenina en 1935.
Los libros de Carmen Clemente Travieso eran biografías que tenían la intención de visibilizar a las heroínas de la independencia y a mujeres excepcionales. Estas obras estaban consustanciadas con su trabajo de militancia política y aunque eran producto de una investigación exhaustiva y utilizó fuentes primarias impresas, no estaba entre sus objetivos construir un discurso histórico
12. Sin embargo, es interesante señalar que la tradición biográfica abierta por Clemente Travieso ha seguido, sin muchos cuestionamientos, hasta nuestros días.Desde la década del sesenta del siglo XX, han aparecido varios textos que pretenden destacar el papel que jugaron las mujeres en el proceso de independencia. Lamentablemente, se han limitado a registrar las acciones de individualidades y no han intentado comprender y explicar cómo se vieron afectadas o qué significó la guerra para las mujeres.13
En la década de los ochenta empieza a aparecer un nuevo tipo de discurso histórico que ya no estaba orientado a la reseña biográfica de mujeres que habían pasado a la historia por estar vinculadas a algún hombre importante o por su destacada labor en el campo de la política y la cultura. Se pretendía estudiar a las mujeres como colectivo, con un discurso en el que se manejaba el método y las técnicas propias de la disciplina histórica.
14Importantes aportes ha hecho la llamada Historia de la Familia
15, línea de investigación dentro de la disciplina histórica que se viene desarrollando desde inicios de la década de los noventa. Sin embargo, no es historia de las mujeres. Coincidimos con la investigadora mexicana Ana Lidia García en que la historia de la familia, de la vida cotidiana y las mentalidades, circunscriben a las mujeres al espacio doméstico, dejando de lado el estudio de las mujeres como sujetos históricos. No se preocupa por las diferencias entre los sexos, la reflexión sobre el lugar y la función que ocuparon en la sociedad y, además, no se pregunta por el significado de las permanencias y cambios históricos para las mujeres.16 Justamente algunos de los elementos fundamentales que caracterizan a la historia de las mujeres.La historiografía venezolana sigue estando marcada por la visión androcéntrica de la historia. Todavía es una tarea pendiente en nuestro país el debate y cuestionamiento sobre el androcentrismo, la incorporación de la categoría género, la periodización, el uso del lenguaje y muchos otros problemas de orden teórico y metodológico discutidos desde la década de los setenta por conocidas historiadoras cuyas obras han contribuido a producir una historia de las mujeres.
No se ha hecho todavía una obra de la historia de las mujeres en Venezuela en donde se estudien y cuestionen los períodos históricos establecidos, donde se trabajen temas tales como las mujeres y la religión, donde se estudie el trabajo de las mujeres, la vida cotidiana de las mujeres, los mecanismos de persecución a las mujeres que se salían de la norma, las enfermedades de las mujeres, las mujeres y el acceso al saber o cómo los procesos de cambio político y social han afectado a las mujeres, entre muchos asuntos ineludibles.
En este año bicentenario se siguen haciendo semblanzas de mujeres excepcionales porque no cumplen el mandato social y sigue quedando pendiente una investigación histórica sobre las mujeres en el proceso de independencia.
17 Tarea que es todo un reto, ya que se puede caer una visión aditiva que pretenda cambiar la historiografía dominante con la simple enumeración de mujeres.En este sentido, este número de la Revista Venezolana de Estudios de la Mujer pretende ser un reflejo de las investigaciones actuales y, a la vez, contribuir a sembrar la inquietud sobre la necesidad de construir una historia de las mujeres que supere la simple producción de biografías (tendencia aún presente en este número). Un elemento innovador ha sido la incorporación de artículos vinculados a disciplinas tan disímiles como la arqueología y a los estudios literarios. Se reconoce, así, el carácter necesariamente transdisciplinario y multifocal de este tipo de estudios.
Es la primera vez que una publicación periódica académica tiene como tema central la historia de las mujeres y esperamos que otras publicaciones académicas sigan el mismo camino. No es casual que haya sido la Revista Venezolana de Estudios de la Mujer la que tuviera esta iniciativa, pues desde que empezó a publicarse, su intención ha sido tocar diversos asuntos que preocupan a las académicas y académicos vinculados de alguna manera u otra al feminismo o a su vertiente más light y más aceptada, los estudios de género.
Están dadas las condiciones como para que en un futuro no muy lejano, no sólo se produzcan de manera sistemática obras que sirvan de base para la construcción de una historia de las mujeres. Existen suficientes historiadoras como para iniciar líneas de investigación, jornadas, congresos, coloquios, mesas redondas y hasta una publicación periódica dedicada exclusivamente a la historia de las mujeres. Pero, para empezar a transitar este camino, primero debemos preguntarnos: ¿por qué muchas de nosotras seguimos concentrando todos nuestros esfuerzos investigativos vigorizando a la historia androcéntrica? ¿Por qué no nos rebelamos?
Notas
1 Michelle Perrot, Mi historia de las mujeres.
Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2008. p. 27.2 Término que designa una forma del androcentrismoque implica la incapacidad de ver a las mujeres.
3 Ver de Marilyn J. Boxer, «Para y sobre mujeres: la teoría y práctica de los estudios de mujeres en Estados Unidos», en Marysa Navarro y Catharine R. Stimpson (Comp.)
¿Qué son los estudios de mujeres?Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1998. p. 84.4 Citado por Joan Scott, «El género una categoría útilpara el análisis histórico», en Marysa Navarro yCatherine Stimpson,
Sexualidad, género y roles sexualesBuenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 1999. p. 39-40. [originalmente en «Gender: A Useful Categoryof Historical Análisis», en American Historical Review, 91: 5, 1986, pp. 1053-1075.]5 Sobre este problema de la periodización androcéntricay un cuestionamiento de la historiografía liberal queve en el llamado renacimiento una etapa de progreso,ver el texto de Joan Kelly Gadol, «Did Women Havea Renaissance?», en R. Bridenthal y C Koonz (Comp.),
Becoming Visible. Boston, Houghton Mifflin Co., 1976.6 Citado por Joan Kelly, en Ob. Cit.
p. 27. Parte desu discurso en la Segunda Conferenciade Berkshiresobre la Historia de las Mujeres en octubre de 1975.7 Joan Nelly «La relación social entre los sexos: implicaciones metodológicas de la historia de las mujeres»,en Marysa Navarro y Catherine R. Stimpson,
Sexualidad, género y roles sexuales, p. 15. [Se publicó originalmenteen «The Social Relation of Sexes: MethodologicalImplications for Womens History», en Elizabeth Abel(Comp.), The Signs reader: women, gender and scholarship. Chicago, Chicago University Press, 1983.]8 Joan Kelly, Bonnnie Anderson y Judith P. Zinsserusan la categoría sexo, en cambio, Joan Scott utilizagénero.
9
Ibídem, p. 22-23.10 Bonnie S. Anderson y Judith P. Zinsser.
Historia de las mujeres. Una historia propia. Barcelona, Crítica, 2009. p.13.11 Joan Wallach Scott, «The Problem of Invisibility», en Retrieving Womens History. Changing Perceptions of the role of Women in Politics and Society. Oxford (Inglaterra), Berg Publishers-UNESCO, 1988. p.13.
12 Entre estas obras podemos mencionar Luisa Cáceres de Arismendi (1943), Mujeres venezolanas y otros reportajes (1951), Teresa Carreño (1953) y Mujeres de la Independencia (1964) y Mujeres únicas. 20 semblanzas femeninas (1971).
13 Un ejemplo son los libros y folletos: Homenaje a las heroínas venezolanas (s/f y s/d), anónimo; La mujer venezolana en la Independencia (1960), deÁngel Mancera Galletti; Memoria y vigencia de Josefa Camejo (1993), compilada por Luis Dovale Pradoy Raúl López Lilo; Heroínas y mártires venezolanas(1994), de Carmen Perdomo Escalona y Encuentro con las Heroínas de la Patria (2008) publicado porINAMUJER.
14 Podemos mencionar algunas obras como la de ErmilaTroconis de Veracoechea. Indias, esclavas, mantuanas y primeras damas y las tesis de grado, Evolución de la educación femenina entre 1850-1900 (1983),de Arturo Marcano y Ehivory Olivo H.; Condición femenina y feminismo en la Venezuela de los años sesenta (1984), de Paz E. Luzzi. El trabajo titulado Intimidades al descubierto. Epistolario femenino del siglo XIX (1995) de Inés quintero y La mujer en la historia de Venezuela. T.I. coordinado por ErmilaTroconis de Veracoechea (parte de la obra enciclopédica La Mujer en la Historia de América) y; La Educación de las Mujeres en Venezuela (1840-1912) de Emma D. Martínez.
15 Las historiadoras e historiadores venezolanos queen algún momento se han interesado en la historiade la familia, han participado en dos libros, Historia, género y familia en Iberoamérica (siglos XVI al XX) y La familia en Iberoamérica 1550-1980. En estos libros aparecen textos de Dora Dávila, Inés Quintero,Antonio De Abreu Xavier y de Luis Felipe Pellicer.
16 Ana Lidia García, Problemas metodológicos de la historia de las mujeres: la historiografía dedicada al siglo XIX mexicano. México, Universidad Nacional Autónoma de México, Coordinación de Humanidades, Programa Universitario de Estudios de Género, 1994. p.8.
17 Excepción digna de mención es la investigación queen estos momentos está realizando la historiadora Mirla Alcibíades y las investigaciones que está adelantando el Centro Nacional de Historia.












