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Educere
versión impresa ISSN 1316-4910
Educere v.12 n.41 Meridad jun. 2008
La reforma universitaria, el movimiento de Córdoba y sus repercusiones en Colombia
Eduardo Pastrana Rodríguez*
Universidad Santiago de Cali. Santiago de Cali, Cali. Colombia. azambranoleal@gmail.com
Resumen
El Movimiento de Córdoba aparece como un espacio político y cultural esperanzador. Desde esta perspectiva, nos proponemos esbozar algunos aspectos de este movimiento único en América Latina, el cual marcaría un límite entre la tradición y la modernidad. Sus efectos en las reformas contemporáneas de la universidad colombiana son tomados en cuenta dada su polémica adopción y sus efectos contrarios al pensamiento cordobés.
Palabras clave: reforma universitaria, organización, pensamiento, luchas y actores.
University reform, the Cordoba movement and its repercussions in Colombia
Abstract
The Cordoba Movement appears as a hopeful political and cultural space. From this perspective, we aim to outline some aspects of this unique movement in Latin America which would mark a limit between tradition and modernity. Its effects on contemporary Colombia Universitys reforms are taken into account given its controversial adoption and its effects, contrary to Cordobas way of thinking.
Key words: university reform, organization, thinking, fights and actors.
Recibido: 9 de mayo de 2008 / Aceptado: 10 de junio de 2008
En la décadas finales del sigo XIX, la dirigencia culta de América cuestionaba la universidad heredada de la Colonia, por confesional, anacrónica y aislada de la Ciencia y de la Educación Superior. En 1983, José Martí, en su ensayo Nuestra América, construyó la imagen de la universidad americana, libre de esquemas europeos, pero al mismo tiempo indagadora y universal. Se deben conocer las culturas de todas las naciones, porque conocer es una manera de ser libres, pero el tronco debe estar en nuestra América, enfatizó Martí.
Durante las primeras décadas del siglo XX, José Enrique Rodó autor de Ariel José Ingenieros, Rubén Darío, Leopoldo Lugones, Baldomero Sanín Cano, José Carlos Mariátegui y José Ugarte, pusieron especial interés en combatir la universidad que no se abría a las corrientes renovadoras del mundo. Los intelectuales gozaban de gran prestigio y eran escuchados con admiración por las juventudes ávidas de cambios y rupturas, lo que Mariátegui llamó un vigoroso estado de ánimo. En 1916 José Ortega y Gasset llegó a Argentina con su filosofía cautivante y su propuesta de convertir las generaciones jóvenes en las vanguardias de la historia. El entusiasmo fue arrollador.
Lo anterior ocurría en una Argentina que avanzaba hacia las relaciones sociales capitalistas, con una industrialización en auge y una economía rural pequeña propiedad agrícola, dinámica y generadora de mercados internos. Miles de inmigrantes europeos, en especial italianos, se incorporaban a un proletariado que fundaba sindicatos y daba a Buenos Aires, un ambiente urbe que se abría paso a la Modernidad.
En 1916, una conferencia sobre los incas, dictada por el joven poeta Carlos Capdeville, prendió los primeros detonantes en la ciudad de Córdoba. En 1918 comenzó el movimiento reformista. La democracia, el Humanismo que aprueba la vida y se opone a la violencia, la proclamación de lo argentino y americano, fueron ideales de principio. Vivimos un momento americano dice el primer manifiesto, que hizo radiografía de la universidad tradicional, que ya era inferior a las realidades de América y del mundo. Los directivos, profesores, los textos de enseñanza, el confesionalismo, fueron cuestionados.
El mundo crepitaba en los escombros de la Primera Guerra Mundial y la Universidad no se daba por enterada. De la Revolución Rusa nadie decía nada en los vetustos claustros y los estudiantes pedían que sus ventanas se abrieran a los vientos del mundo, como escribiera Aníbal Ponce. La Nueva Universidad era concebida como una Comunidad Académica, en donde el saber, el conocimiento y la investigación, fuesen los únicos poderes. El cogobierno fue pensado como la presencia de los estudiantes y los profesores en los organismos universitarios. Con el objetivo de garantizar equidad y pulcritud, la politiquería jamás tendría cabida y la elección del rector y decanos sería democrática. La reforma de los estatutos y una ley del presidente Hipólito Irigoyen en 1922, sellaría el triunfo del Movimiento. Pero la contrarreforma no se hizo esperar. El golpe de gracia lo propinó Juan Domingo Perón en 1946.
2. Estado de ánimo
Un pensador que ejerció poderosa influencia en las primeras décadas del siglo XX, de manera particular en las juventudes universitarias, fue el uruguayo José Enrique Rodó. Su ensayo Ariel, ha sido uno de los textos más leídos en América y se le considera ejemplo de literatura concebida para formar conciencia histórica en las generaciones que tienen el privilegio de ingresar a una institución de enseñanza superior. La tesis de Rodó posee gran fuerza porque hace la exaltación de la inteligencia del hombre latinoamericano, al tiempo que le señala el camino a seguir. Ante el peligro del poderío norteamericano, que avasalla con la fuerza del Calibán shakesperiano, América Latina debía prepararse, uniéndose, mediante los lazos de una sólida cultura. La superación de lo americano que mira de frente lo universal, tomando lo más altamente cualificado, era el mensaje concitante de Rodó. La cultura que unifica a los pueblos y los coloca por encima de la brutalidad mecanizada, se encargaría de proteger Latinoamérica.
En esta visión espiritual, Rodó coincide con José Martí, quien escribió: Trincheras de ideas, pueden más que trincheras de piedras. El ambiente intelectual, fomentado a lo largo y ancho de América, por pensadores como Rodó y Martí, explican la riqueza conceptual de los documentos producidos por el Movimiento de Córdoba, Argentina, en 1918. Sea oportuno reseñar que Ariel, es una obra conocida en nuestras universidades. Pero los estudiantes han leído, sin romperse ni mancharse. Sin que nada haya ocurrido en los territorios de la conciencia. Muchas veces hemos intercambiado comentarios con los compañeros profesores, sin que hayamos desenredado el ovillo. Tenemos la sospecha de que, con el famoso texto de Rodó ha ocurrido lo mismo que con otros textos, trabajados en otras áreas, por otros profesores.
No creemos que el fenómeno esté relacionado con deficiencias de los docentes o de los estudiantes. Es posible que en pequeños grupos o individuos aislados, encontremos lectores receptivos, que se conmueven y dan signos de quedar marcados a leer un libro como Ariel, u otro escrito de cualquier parte del mundo. El problema es que no aparece el estado de ánimo, de que habló Mariátegui, cuando se refirió a los estudiantes latinoamericanos, contemporáneos del Movimiento de Córdoba.
En estos momentos, en Colombia y el resto de América Latina, brilla por su ausencia la lectura excitante, transformadora, que tenga audiencias colectivas en una juventud que luce distraída, como si estuviera vacunada contra las contracciones de la historia.
Más que pasividad, nos define la indiferencia sumada a la insensibilidad, nos atrapa con la engañosa panacea del utilitarismo. Lo que no garantice ganancia, como el Humanismo que forma y libera de la estolidez, se rechaza con increíble porfía. Esta época es difícil por la forma como el hombre está perdiendo el fundamental derecho de repensar la vida y luchar por mejorarla. El talento y la pasión se atrofian cuando las personas y las instituciones no piensan en otra cosa que no sea la gestión rentable, enemiga por principio del humanismo.
3. Peticiones del movimiento de Córdoba
Con el objeto de garantizar claridad y orden en la enunciación y análisis de los reclamos de los estudiantes que comenzaron el Movimiento Universitario de Córdoba, con repercusiones en otros países, procedemos a diseñar una especie de Pliego General, conocido y convertido en causa común en toda América Latina. Nos detendremos en cada punto y lo analizaremos, a la luz de la universidad colombiana de nuestro tiempo.
3.1. Autonomía universitaria
Lo que hoy se contempla como tal en la Ley 30 de 1992, no fue un regalo del gobierno que expidió la norma. Por el contrario, las luchas libradas por los estudiantes, durante décadas, hicieron posible una relativa independencia de la universidad. Desde las altas esferas gubernamentales, esta autonomía hoy es cuestionada. Existe el temor de que esta autonomía, sea restringida en detrimento de la libertad que necesita la educación superior para cumplir sus compromisos con el saber y el conocimiento.
3.2. Docencia libre
De ser indispensable, los estudiantes pedían que hubiese dos o más profesores en la misma cátedra, para que los alumnos asistieran libremente a las clases del catedrático de sus preferencias. Docencia libre plantea, además, que las personas idóneas en las áreas de las ciencias, el arte y la filosofía, pudieran entrar a la universidad y ser escuchados por los estudiantes.
Esta petición choca hoy con las especializaciones, maestrías, doctorados, postdoctorados, que se les exigen a quienes desee enseñar en la universidad. Lejos de ser un capricho de los estudiantes del Movimiento de Córdoba, este reclamo tenía sentido, teniendo en cuenta la realidad latinoamericana. Porque, como están las cosas, García Márquez, William Ospina, Álvaro Mutis, no podrán enseñar en la universidad.
3.3. Asignación de profesores
Derecho a participar en la asignación de los profesores que se sometieren a los concursos de méritos: en la universidad del cogobierno, la conquista de este derecho es viable y pertinente. La objeción de acuerdo con la cual el estudiante no posee la formación intelectual necesaria, no sería correcta. El cogobierno es una escuela y los primero que el estudiante debe aprender es a evaluar a sus profesores. Por la ausencia de democracia en estos concursos, se pueden cometer las más sospechosas injusticias.
3.4. Revisión crítica de los contenidos programas académicos
Una verdadera Reforma Universitaria no puede ignorar este requisito académico. Los cambios medulares no se logran reformando los currículos, ni aplicando en la estructura académica, el sistema de créditos. Lo formal no transforma ni revoluciona la educación, como se ha creído en Colombia. Pueden reformarse los métodos de enseñanza, sin que nada nuevo ocurra bajo el Sol. El problema de la enseñanza, radica en las ideas que se entregan al alumno. Si las ideas son retardatarias, demos por caso, ninguna reforma distinta a la de los contenidos, resuelve el conflicto.
3.5. Extensión universitaria
Por esta misión de la universidad, los estudiantes interpretaron los vínculos de la una cultura superior sin privilegios, que se proyectase al encuentro de los sectores sociales marginados de la educación. Incluso, defendieron la propuesta de crear una institución de formación universitaria para los obreros, que funcionaria bajo la dirección de los estudiantes. Eran tiempos de hermosa generosidad, signados por el Humanismo Proletario, formulado por el lúcido Aníbal Ponce. De acuerdo con este pensador, existen dos Humanismos en la sociedad capitalista. Uno, burgués, que acapara todos los valores de la cultura, en beneficio exclusivo del sector social que disfruta los poderes del dinero y de la política y, otro, proletariado, implícito en las esperanzas del pueblo marginal. Allí están las brasas que limpian la historia. Deber de los intelectuales honestos, es llegar a los pretiles del pueblo y en ellos emprender el rumbo de los cambios.
3.6. Democracia universitaria
La democracia como es el derecho a expresar lo que pensamos, a divulgar las ideas y debatirlas, a ejercer la crítica, sin sufrir persecución por ello, es viejo sueño del hombre conquistarla y consagrarla en las leyes. El hombre se ha hecho sentir en las grandes rupturas de la historia. Fieles a esta verdad, los estudiantes pedían que la universidad fuese foro de ciudadanos libres, poseedores de razón e inteligencia. Pedían que las clases no fueran monólogos monótonos del profesor, que no admite preguntas, ni dudas, ni discusiones. Criticaban el dogmatismo que impide al alumno, el vuelo de la mente y hasta las aventuras de la imaginación. Estos principios pertenecen al legado de Sócrates, para quien el conocimiento brota, si lo asiste la libertad. Nos referimos al conocimiento que no nace clandestino, a escondidas de los inquisidores.
A pesar de la antigüedad de la democracia, la universidad, lugar de pensamiento y las búsquedas, le teme y reprime, unas veces de manera abierta, otras, mediante eufemismos administrativos. Los estudiantes sabían que sin los estímulos de la democracia, toda reforma universitaria era misión imposible. El debate de la reforma debe circular libremente. En periódicos, revistas, hojas volantes, conferencias, foros, coloquios. La democracia es una elevada relación entre grupos e individuos, que la fortalece en la praxis permanente. La tolerancia es uno de sus signos vitales.
3.7. Investigación científica
El auge del positivismo progresista, expuesto por pensadores latinoamericanos de la talla de José Enrique Rodó y José Vasconcelos, estuvo presente en el movimiento estudiantil. La ciencia y la investigación que la produce ocupan sitio especial en las peticiones. El peso de la Colonia, fortalecido por el señorío latifundario, mantenía estancadas las economías del continente. Relaciones mineras atrasadas, comercio mercantil incipiente, agricultura estrangulada por las haciendas precapitalistas, no propiciaban ambientes estimulantes de la Investigación Científica.
El conocimiento no se produce en abstracto, sino que requiere de un medio social que lo reclame y lo impulse. El desarrollo del conocimiento científico, camina al lado de la Revolución Industrial. En el contexto histórico de la modernidad, este paralelismo es evidente. Más que un vuelo radical en la Investigación Científica, los estudiantes del Movimiento de Córdoba, como planteara José Martí a fines del siglo XIX, pedían que los docentes no fueran repetidores del saber importado. Que al tomarlo de los libros, lo repensaran, de acuerdo con las realidades de los países de América. Si quieren imitar a Europa, imítenla en su originalidad, repetía a sus contemporáneos, Simón Rodríguez, el genial profesor del Libertador Simón Bolívar. El sentido pedagógico de esta máxima, guió a los estudiantes del Movimiento de Córdoba, cuando pidieron que sus docentes enseñaran a conocer e investigar la historia crítica de América Latina. Con la misma pasión con que científicos, filósofos y artistas europeos indagan los orígenes de las culturas del Viejo Continente, nosotros debemos trabajar por llegar al encuentro de las raíces y los troncos del Ser americano. Por otra parte, las universidades, deben por fin, poner los pies en la tierra de sus naciones. De la universidad es el compromiso de construir un dique epistemológico a las fugas y evasiones que impone el eurocentrismo, que continúa haciendo estragos entre nosotros. Mientras la universidad esté distante de su entorno nacional, no producirá la filosofía que la nutra, la defina y la identifique.
3.8. Participación
La esencia del cogobierno es profundamente académica. Al reclamarlo los estudiantes querían hacer parte de los consejos académicos, directivos y de facultades, con el objeto de hacer aportes directos de sus ideas y de la vigilancia que requiere lo nuevo. Sobretodo, tratándose de una reforma universitaria que, de realizarse, daría al traste con más de dos siglos de atraso. También pensaron, los estudiantes, en acciones que prepararan y capacitaran a los sectores que participarían en el cogobierno. Sabían que el desconocimiento de la cultura universitaria que se abrió paso, era el peor enemigo de las innovaciones. Conocer las causas, los propósitos, la filosofía, los objetivos, era fundamento definitorio. Hacer escuela en las discusiones de estatutos o leyes orgánicas, permitió una amplia formación en los estamentos y generaciones pioneras del cogobierno.
La copiosa literatura que examina Mariátegui en su ensayo sobre la Reforma Universitaria, es indicadora del alto grado de reflexión alcanzado por los estudiantes comprometidos con ella. El deber de los representantes elegidos en comicios democráticos era servir, cumpliendo el mandato de las bases. No escapaba a los estudiantes que los vicios de la politiquería podían manchar los procesos y producir daños impredecibles. En consecuencia, concibieron órganos de vigilancia y la obligación de los directivos universitarios de rendir cuenta periódica del manejo financiero, tan cuestionado entonces, como ocurre en nuestros días. Los líderes estudiantiles insistieron en mantener viva la mística, que evita la descomposición de los ideales y cuida que no se burocraticen los espíritus. En su condición de escuela viva, que aquilata las conciencias se formarían hombres distintos, aptos para las empresas que sacarían del anacronismo al continente. El cogobierno, como hemos dicho, articularía su visión histórica, con las causas progresistas de la Modernidad.
3.9. Descolonizar la educación
Los falsos aristocratismos, los prejuicios radicales, el desprecio a los pueblos de América y sus culturas populares, el eurocentrismo y la fascinación por el desarrollo tecnológico de Estados Unidos o Nordomanía como les llamaba José Enrique Rodó, eran males de sello colonial, que no podían oprimir por más tiempo a las universidades latinoamericanas. Los estudiantes visionaban la universidad, formando intelectuales potentes. Con el cuerpo y el alma metidos en la revoluciones de sus pueblos, pero atalayando el conocimiento, en auténticas búsquedas universales. Esta es una concepción proteica de la misión de la universidad, que enaltece a las juventudes del Movimiento Universitario de Córdoba de 1918.
3.10. Cátedra libre
Las libertades de la universidad, prodigadas por el cogobierno, estarían condensadas en la Cátedra libre. El pensamiento, la imaginación, la escritura, las lecturas, las críticas, no tendrían más limitaciones, que la responsabilidad de cada uno, como individuo y miembro de la comunidad universitaria. La Cátedra Libre era interpretada como el derecho del profesor a seleccionar las fuentes de su discurso pedagógico, sin la imposición de los libros sagrados, que el dogmatismo de todas las procedencias, convierte en únicos y obligatorios. Los libros sagrados, han hecho mucho daño a la humanidad y se les encuentra inseparables de los períodos de oscurantismo. Ese derecho guardián de la Cátedra Libre, permitía a los estudiantes, la búsqueda, sin cortapisas, de la Modernidad. La Cátedra Libre debía significar para la universidad, el encuentro nutriente con el conocimiento. Profesor y estudiantes, harían de la clase el foro abierto que hace posible el respeto al otro, la indagación del saber en acción conjunta. En esta forma, la libertad se convierte en el requisito de la creatividad, rompiendo los tradicionales esquemas de enseñar, transmitir, repetir, que aún no hemos superado. Alguien comentó, tomando la cita del evangelio: La verdad os hará libres, pero luego añadió: Hoy sería mejor decir: La libertad os permitirá decir la verdad.
3.11. Derecho a la universalización
Cuando los estudiantes de la Universidad de Córdoba, Argentina, pedían que sus profesores se actualizaran, se referían a uno de los requisitos primordiales de la universidad. La universidad no puede limitarse a la aldea, región o nación a que pertenece. Desde su origen, su misión es apropiarse de saberes universales a partir, eso sí, del entorno social que la justifica. De la manera como la universidad interpreta las carencias del hombre que la circunda, puede proyectarse con pie firma a las culturas universales y aprender de ellas. Estudiar con independencia el saber de otras naciones y continentes, para consolidar lo propio, es compromiso ineludible de la universidad. Lo contrario es permanecer repitiendo ecos de las búsquedas lejanas, sin conocer la casa que habitamos. La universidad debe pensar el mundo y éste debe comparecer ante ella, mostrando a la luz del Sol, sus miserias y grandezas. En la universidad no pueden existir lugares para el escamoteo ni para la inocencia. Los estudiantes de Córdoba, Argentina, se sentían incomunicados. Mientras los pueblos de Europa recogían los retazos de civilización dejados por la Primera Guerra Mundial, las clases seguían dictándose, como si nada hubiera sucedido. De ahí parte el tremendo impacto de la guerra, que había lanzado a la errancia a millones de desplazados, que en dramática diáspora llegaban a Argentina hacinando y proletarizando la vida urbana.
Para entonces el tango era la expresión sociológica que daba cuenta de las fracturas sociales. A la letra y música de un tango argentino, subyace siempre el desgarramiento de una sociedad en crisis. Los estudiantes exigían que sus docentes salieran de la abulia y crearan espacios para debatir y conocer los tiempos que vivían. Es curioso, pero los estudiantes de 1968, cincuenta años después, exigían lo mismo en la Universidad de Nanterre, Francia. Lo que significa que la juventud no soporta los malos rumbos que toma la historia y ocupa los lugares de vanguardia que debían ocupar las generaciones mayores que permanecen anquilosadas. También los estudiantes de Nanterre, comenzaron demandando actualización a los educadores, que no mencionaban en sus clases la guerra brutal contra Vietnam y Argelia. El pueblo argelino, luchaba por la liberación que le negaba el gobierno francés. La juventud quería que se analizaran estos hechos en los recintos universitarios.
Desde siempre gravita en la conciencia juvenil, la idea de que la universidad cumple sus propósitos si abre sus puertas a los tropeles del mundo y discute con ellos. El prerrequisito es que la juventud cuente con educadores que la orienten y la protejan de los estragos de la frivolidad. En 1918, la guerra había diezmado a Europa, era una tragedia confusa, en cuanto a sus motivaciones. La Civilización Occidental había entrado al siglo XX, proclamando la perennidad de sus valores. Se promocionó la imagen e una bella época en la cual lo único desacostumbrado era la avidez de novedades. Líderes y dirigidos, creyeron que la humanidad había llegado por fin a la plenitud de los anhelos realizados. La burguesía culta exponía con orgullo sus ideas políticas. Por eso, cuando sobrevino la hecatombe, la inteligencia europea quedó desconcertada. ¿Dónde habían quedado los nobles sentimientos y el amor a la vida?
No se trataba de juegos de niños. Detrás de los ejércitos que se destruían, actuaban los monopolios financieros de los países en pugna. Paúl Valery, el poeta simbolista, resumió el espanto de la manera siguiente:Tantos horrores no hubieran sido posibles sin tantas virtudes. Es decir, que las enormes crueldades, hacen su aparición en los mismos escenarios de las grandes virtudes publicitadas a veces con reiteración y vehemencia. Al cuestionar el aislamiento y la desactualización de sus profesores y directivos, los estudiantes del Movimiento de Córdoba, Argentina, originaron las concepciones que no pueden estar ausentes, en la visión humanista de la universidad. Vendrían enseguida la plataforma política y las peticiones concretas, que constituyen las raíces fundantes del cogobierno universitario.
4. Repercusiones en América
El Movimiento de Córdoba no se redujo al ámbito argentino. Hemos dicho que su repercusión fue rápida en los países del continente.
Las décadas del veinte y del treinta, registran la prolongación de sus resonancias. Chile, México, Perú, Cuba, Colombia fueron escenarios particularmente sacudidos. En cada uno de estos países, la lucha por la reforma de la universidad, tuvo matices específicos. Puede afirmarse, empero, que el rasgo común fue trascender la reforma académica, articulando las ideas y las acciones con proyectos políticos revolucionarios, generadores de lo que se llamó la segunda independencia de los pueblos americanos. En Argentina, las ideas socialistas adquirieron estructura orgánica, con fuerza inusitada. Lo mismo en Cuba y Chile. En México los procesos revolucionarios liderados al final por Lázaro Cárdenas, imprimieron un acento radical en los cambios de la academia universitaria. En la Universidad Nacional de México (UNAM), quedan destellos de los bríos iniciales. En el Perú, el debate llegó a los sindicatos y sectores populares, a las comunidades indígenas, fomentando la base social de Acción Popular Revolucionaria Americana (APRA), el partido comandado pro el carismático Víctor Raúl Haya de la Torre. Este partido fue en su momento, la propuesta de crear una organización, que unificara y pusiera en marcha las esperanzas liberadoras de Latinoamérica. Apristas fundadores, como Haya de la Torre y Luis Alberto Sánchez, escribieron libros de historia, sociología, filosofía, literatura, economía, de inevitable lectura para conocer los componentes lúcidos del pensamiento americano.
5. Repercusiones en Colombia
El ideario renovador de Córdoba, llegó a Colombia al comenzar la década de 1920. En Colombia las relaciones sociales y económicas, la cultura, pujaban por superar los retardos heredados del siglo XIX. En esa década se fundaron los sindicatos obreros, el Partido Socialista, con María Cano, Ignacio Torres Giraldo y Raúl Mahecha a la cabeza. Luis Vidales, Ricardo Rendón, Luis Tejada, Armando Solano, Jorge Eliécer Gaitán y Jorge Zalamea, revolucionaban la poesía, la caricatura, el periodismo, la mirada sicológica, el ensayo político, las idea educativas. Germán Arciniegas, el liberal radical, escribió obras como: El estudiante de la mesa redonda dirigida, como el Ariel de José Enrique Rodó, a nutrir de ideas progresistas a la juventud de América Latina.
Había una postura positiva en los intelectuales, para quienes había llegado la hora de saldar cuentas con el pasado. Luis Tejada, el creador de periodismo político que produce ideas sin menoscabar la belleza literaria, cuestionaba a la universidad con la profundidad que hoy no encontramos en la prensa colombiana. La obra Gotas de Tinta, de este cronista, debería divulgarse en la universidad, como una prueba al canto que estamos comprometidos con el cambio. Revelemos también a Baldomero Sanín Cano, el autodidacta por excelencia, que llegó a prodigar una cultura universal que desconcierta. Su trabajo intelectual y su escritura poblada de una generosa erudición, lo convirtieron en maestro de varias generaciones.
A la toma de partido, cuando desarrolla los más variados temas, el maestro Sanín Cano, pone en alto la publicística literaria y filosófica. Lector de libros que marcaban rumbos en la época, los interpretaba en textos críticos que los públicos de América leían con avidez. La tendencia a menospreciarnos, nos divorcia de los pensadores colombianos de ayer y hoy, como si la capacidad de humanizar la vida, fuese un don exclusivo de los escritores europeos y norteamericanos. Esta tendencia es un verdadero obstáculo epistemológico, que conduce a profesores de Ciencias Sociales a creer y repetir que, en América Latina, no existe un pensamiento digno de estudiarse y mucho menos una filosofía.
En los países donde llegaban las resonancias de Córdoba, se hizo inevitable la participación en el debate de los intelectuales no vinculados a la universidad. Entonces se pensaba que la universidad no podía faltar en los sucesos que emancipan a los pueblos. En este sentido, la universidad era menos marginal que en estos tiempos de globalización, tal vez porque su tarea actual, es graduar profesionales que, aun siendo idóneos, corren el riesgo de salir a engrosar los ejércitos de desempleados, en una sociedad hendida por la injusticia que violenta la democracia. Si los hombres fueran justos, entre ellos las guerras no serían posibles.
Notas
* Profesor emérito de la Universidad Santiago de Cali. Filósofo y profesor del Departamento de Humanidades de la Universidad Santiago de Cali.












