INTRODUCCIÓN
Preparar a un individuo para enfrentar el mundo hoy día no es una tarea fácil, tanto para el docente, el padre o representante legal, ya que se está inmerso en una impresionante carrera por encajar en la sociedad de la información, atender las necesidades educativas de cada estudiante, aplicar los mejores modelos pedagógicos y desarrollar las mejores estrategias didácticas y tecnológicas, para desarrollar aún más las habilidades para la vida de nuestros niños, niñas y adolescentes.
En este sentido, Araus (2017) señala que la habilidad para la vida es un concepto propuesto por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el año 1993, en el que se proponen tres grandes habilidades a saber: emocionales, sociales y cognitivas, las cuales son necesarias para enfrentarse exitosamente a las exigencias y desafíos de la vida diaria (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia [UNICEF], 2017).
Aunque hasta hace poco, se consideraba que la lectura, escritura y el dominio del pensamiento abstracto a través de las matemáticas constituía las habilidades necesarias para garantizar el éxito no solo a nivel académico, sino también en la vida en general, pero esta visión ha ido poco a poco evolucionando hasta constituirse en un gran debate mundial en el que se intenta responder ¿Cuáles son las habilidades necesarias que debe desarrollar un estudiante? En este tenor, según González (2022) en los últimos 20 años se ha revisado el desarrollo de competencias del siglo XXI, enfatizando que las habilidades necesarias a formar y fortalecer en los estudiantes están enmarcadas en:
Habilidades de aprendizaje e innovación: donde están implicadas la creatividad e innovación, pensamiento crítico y resolución de problemas, comunicación y colaboración.
Habilidades de información, medios de comunicación y tecnología: conocimientos de información, medios de comunicación e informática
Habilidades para la vida y la carrera: flexibilidad y adaptabilidad, iniciativa y autonomía, sociabilidad y competencia intercultural, productividad, liderazgo y responsabilidad.
En relación con esto, la propia autora expresa que estas habilidades tienen una función fundamental, sin embargo, declara que: la creatividad, la capacidad crítica, la colaboración y la comunicación, son las cuatro capacidades o competencias esenciales para el éxito individual. Pues, estas habilidades asociadas a la cognición, y que se conocen como las “4Cs”, son las que posibilitan la resolución de problemas complejos.
Ahora bien, en el marco de estas consideraciones hechas cabe cuestionar ¿Cuál es el papel del docente en la adquisición de las habilidades necesarias en el presente siglo XXI por parte de los estudiantes? A razón de ello el articulo tiene el propósito de describir el rol del educador en el desarrollo de habilidades para la vida en los estudiantes.
MÉTODO
Este apartado hace referencia a la metodología asumida para describir los aspectos y propiedades relativos al rol del educador en el desarrollo de habilidades para la vida del estudiante. En relación con este tema, la producción del artículo deviene de una investigación de tipo documental descriptiva con diseño bibliográfico.
Siguiendo lo planteado por Árias (2012), la investigación descriptiva se define por detallar las características fundamentales de los fenómenos o hechos que constituyen el objeto de estudio. Contextualizando lo planteado, entonces, la investigación buscó poner de manifiesto la estructura que caracteriza al rol del educador en el desarrollo de habilidades para la vida del estudiante como objeto de estudio.
En cuanto a que la investigación es documental, implica que el articulo deviene de la aplicación de un procedimiento científico y sistemático de indagación, recolección, organización, análisis e interpretación de información o datos en torno a rol del educador en el desarrollo de habilidades para la vida del estudiante. En este sentido, se utilizó como fuente primaria de insumos, más no la única y/o exclusiva, el documento escrito en sus diferentes formas: documentos impresos, electrónicos y audiovisuales (Alfonso, 1995, citado por Rizo, 2015).
Cabe destacar que, en el marco de este artículo de tipo documental, la recogida de los datos empleados respondió, exclusivamente, a utilizar el documento escrito en su modalidad de electrónico como fuente de insumos. Lo que quiere decir que se utilizaron datos secundarios provenientes de otras investigaciones, respondiendo entonces a un diseño de base bibliográfica (Arias, 2012; Sabino, 1992). En este tenor, también es importante acentuar que dichos documentos se eligieron considerando los criterios de que fueran producciones académicas e investigativas, mostradas en formatos de tipo libros, artículos de revistas, informes, conferencias, publicaciones académicas, páginas web, diarios y boletines, en idioma español y/o traducciones.
Para culminar, la estrategia bibliográfica que se empleó para la producción de dicho documento viene dada por lo planteado por Rizo (2015; p.24), la cual se esboza de la siguiente manera:
Seleccionar, plantear y delimitar el tema; mediante la elaboración de un plan, esquema y agenda de trabajo.
Recolección de la información con la lectura de documentos, acopio de información y elaboración de fichas, como sistematización y referentes.
Clasificación, análisis e interpretación de la información, de acuerdo con el esquema de trabajo.
Redacción de informe y presentación del trabajo de investigación
RESULTADOS
Habilidades necesarias para el siglo XXI
Resulta innegable señalar que este siglo XXI, y más aún tras la pandemia mundial por el Covid-19, ha traído consigo toda una transformación en cuanto a las relaciones humanas y el ámbito educativo. Para Arias, Hincapié y Paredes (2020) “los niños, niñas y jóvenes necesitan desarrollar habilidades cognitivas y socioemocionales para tener éxito personal y profesional en el siglo XXI y alcanzar su máximo potencial” (p.5). Por cuanto el docente está obligado a desarrollar no solo nuevos hábitos y rutinas, sino también a formar a estudiantes cada vez más resiliente, reflexivos y adaptables.
Haciendo una revisión sobre el concepto de habilidades para la vida, en el marco de formar niños y jóvenes para el contexto actual del siglo XXI, se tiene que diversos autores instituyen una diversidad de habilidades y competencias en este sentido, y justificadas en la idea de que el mundo constantemente cambia por el auge de la tecnología, por tanto, se requiere el desarrollo de competencias, cognitivas y no cognitivas, que influyan directamente en el éxito de niños, jóvenes y adultos.
Al respecto, se puede mencionar que Figueroa (2017), como Decana de la Facultad Ciencias de la Educación de la Universidad Externado de Colombia para el momento, refiere a cuatro categorías de habilidades que deben ser desarrolladas como parte de la formación. En tal sentido plantea:
Habilidades para aprender e innovar. Como: creatividad, innovación, pensamiento crítico, solución de problemas, comunicación, colaboración, razonamiento cuantitativo, pensamiento lógico, metacognición
Habilidades para la vida personal y la vida profesional. Como: flexibilidad y adaptabilidad, iniciativa, autodirección y autonomía, habilidades sociales, consciencia de sí mismo, autorregulación, consciencia de los demás, habilidades para relacionarse, toma de decisiones.
Habilidades de información, tecnología y medios. Como: competencia informática, competencia mediática, competencias tecnológicas de la información
Habilidades relativas al pensamiento, valores y actitudes éticas. Como: valores, ética, pensamiento moral y responsabilidad social.
En el marco de estas habilidades descritas, es importante referir a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, 2023), cuando señala que, según el análisis curricular ERCE-2019, expuesto por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación (LLECE) de la Unesco, en todos los países de América latina y el Caribe, existen grandes dificultades de aprendizaje, puesto que una proporción significativa de los estudiantes no han desarrollado los saberes y las habilidades mínimas esperados para su etapa formativa. Es por ello que, en este contexto especifico, las habilidades necesarias a desarrollar y fortalecer en los educandos están vinculadas a:
La reflexión y evaluación sobre los textos, una destreza indispensable en estos tiempos para el desarrollo del pensamiento crítico y la ciudadanía como habilidad.
La resolución de problemas desde contextos como la Matemática y las Ciencias, ya que representa ser una herramienta muy poderosa para deliberar, intercambiar ideas, poner en juego saberes de distintas asignaturas, trabajar colectivamente y tomar decisiones.
En este sentido, no se puede acentuar que alguna de estas es más importante que las otras, solo basta considerar que, en este momento, el rol del docente toma aún más importancia, ya que deben brindar a sus estudiantes más que una formación académica y, en cambio, participar activamente en el desarrollo de estas habilidades. Por ello, el éxito de las iniciativas para desarrollar cualquiera de estas en los estudiantes dependerá, en gran medida, de la capacidad y apoyo que reciben los docentes para implementarlas de manera adecuada.
Rol del educador en el desarrollo de habilidades para la vida
Según González (2022) las habilidades del siglo XXI son destrezas de comportamiento que los niños y adolescentes necesitan dominar para enfrentar y superar con éxito el mundo del mañana. Por lo que el docente debe asumir una enseñanza flexible que fomente el desarrollo de estas habilidades, que son variadas y útiles para el bienestar del niño y adolescente, como estudiante y ciudadano. En tal sentido, el docente debe:
Centrarse en el estudiante y sus intereses, ya que esto posibilita su mayor participación y concentración para el logro de las actividades de aprendizaje
Promover la autoestima, ya que es fundamental para su desarrollo psicoemocional y social.
Fomentar lo lúdico (juego), como estrategia para el fortalecimiento del proceso de aprendizaje de manera creativa y placentera.
Fomentar la cooperación, por cuanto es una estrategia que coadyuva a la solución de problemas y a la creatividad individual y colectiva.
Mantenerse conectado, considerando el auge de las tecnologías y su uso por parte de niños y adolescentes, es menester conectar lo que sucede en línea (virtualidad) con lo que sucede en la vida real, otorgándole a los niños la oportunidad de explorar y probar sus habilidades digitales en sitios de entretenimiento educativo que les permitirán aprender a su propio ritmo.
Desarrollar habilidades para la vida desde el contexto del aprendizaje significativo, tal como expresan Gómez, Muriel y Londoño (2019), implica que el docente debe trascender a la idea de que el estudiante debe hacer lo que él dice o hace, por lo contrario, debe generar procesos que inviten al estudiante a observar, investigar, a aprender, a construir su propio aprendizaje. De allí que, le corresponde entender a los estudiantes como agentes dinámicos, y diseñar y proponer espacios donde los problemas, necesidades e intereses sean el eje central del proceso de formación, invitándonos con ello a hacer el uso racional y efectivo de las tecnologías de la comunicación e información (TIC) y sobre todo a implementar nuevas estrategias y metodologías, por medio de las cuales los estudiantes, puedan tener un acceso más sencillo a la construcción y apropiación del conocimiento y sean actores activos de su proceso de enseñanza-aprendizaje.
Es decir, actualmente, el accionar docente deben tender hacia la innovación, productos de la creatividad de los involucrados en el proceso educativo, siempre en la búsqueda de nuevas formas de enseñar y, al mismo tiempo, de aprender. Porque efectivamente, el acto educativo es un proceso dinámico y, por demás, participativo de interacción social en el cual el docente guía al estudiante para la adquisición de la cultura, la construcción de conocimiento y el desarrollo de habilidades necesarias para contribuir de forma responsable en el desarrollo social y transformación de su realidad.
Arias, Hincapié y Paredes (2020), establecen que el factor escolar más importante para el aprendizaje estudiantil es la calidad de los docentes, en virtud de que son modelos a seguir por los estudiantes. Por tanto, es esencial promover espacios para el desarrollo de una relación docente-estudiante de calidad, además, de lograran construir ambientes de aprendizaje adecuados para el desarrollo integral de los estudiantes. Cabe agregar que, en este contexto, el éxito de toda iniciativa para desarrollar diversas habilidades en los estudiantes estriba en la capacidad y el sustento que se les brinda a los docentes para implementarlas de manera adecuada.
Para Villaseñor (2017), las habilidades socioemocionales o no cognitivas, son tan esenciales como las cognitiva, pues al entretejerse determinan la manera en que las personas hacen las cosas. Estas habilidades se muestran con la determinación, el auto control, el auto manejo, la comunicación efectiva, el comportamiento pro-social, entre otras; además, representan el conjunto de conductas, actitudes y rasgos de personalidad que ayudan a los individuos a entender y manejar las emociones, establecer y alcanzar metas positivas, sentir y mostrar empatía por los demás, establecer y mantener relaciones positivas y tomar decisiones responsables. De igual manera, tal como lo expresa la misma autora, todo docente socioemocionalmente competente “suele manejar mejor sus emociones, gestionar el salón de clase de forma más efectiva, establecer códigos de conducta, desarrollar interacciones más comprensivas y alentadoras con sus estudiantes y, por ende, estimular el desarrollo socioemocional de sus estudiantes”.
Por tanto, el docente y su rol constituyen un punto de referencia para los estudiantes influyendo en su desarrollo socioemocional a través de la manera en que modelan las habilidades, fomentan la interacción maestro-estudiante, dirigen y organizan el salón de clase, entre otras prácticas, ya sea de forma intencional o no.
Algunas propuestas a implementar en el salón de clases para el desarrollo de habilidades para la vida.
Para Briceño (2017), el rol del docente es fundamental para el desarrollo no solo de habilidades, sino también, para el crecimiento personal, el aprendizaje significativo y la motivación por aprender. Últimamente, el docente se enfrenta a altos niveles de incertidumbre y desmotivación en los estudiantes, por lo que este se convierte, muchas veces, en contenedor de emociones y apoyo incondicional para vencer los sentimientos negativos. Es por ello que el ambiente de aprendizaje debe ser transformado en un ámbito acorde a los objetivos que se esperan lograr; no obstante, para ello el docente debe ser capaz de:
Crear un ambiente de seguridad donde los estudiantes se sientan acogidos para superar miedos y vergüenzas.
Promover un clima de aceptación y mutuo respeto entre los sujetos educativos.
Reconocer y asentir las diversas opiniones de los estudiantes.
Respetar el posible sentir de intimidación de los estudiantes en momentos de error.
Asumir las expresiones confidenciales de los estudiantes como símbolo de confianza. Pues, una sana relación docente-estudiantes es fundamental en el proceso de enseñanza aprendizaje y en el desarrollo de la autoestima.
CONCLUSIONES
Para concluir, es preciso resaltar que el docente tiene un rol fundamental en el desarrollo de las habilidades para la vida por parte de los estudiantes; pues estas se constituyen en las destrezas emocionales, sociales y cognitivas, que los niños y adolescentes necesitan desarrollar y afianzar para enfrentar y superar con éxito las exigencias y desafíos de la vida cotidiana.
En este contexto, el docente debe convertirse en un gran estratega y desplegar, desde su rol como tal, acciones que fomenten el desarrollo de estas habilidades, asumiendo a los estudiantes como agentes dinámicos, y diseñando espacios donde los problemas, necesidades e intereses de dicho estudiante, sea el eje central del proceso de formación.
Claro está, es importante concebir que el desarrollo de estas habilidades por parte de los estudiantes estará determinado por la calidad que muestren ellos mismos como docentes respecto a este tipo de habilidades, en virtud de que son modelos a seguir por los estudiantes.














