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Acta Odontológica Venezolana

versión impresa ISSN 0001-6365

Acta odontol. venez v.37 n.3 Caracas dic. 1999

 

       LA MUJER Y  LOS INQUISIDORES, VIRTUOSOS Y  LETRADOS

                Jesús Saturno Canelón        

Desde hace varios meses he venido trabajando en un estudio comparativo entre dos antíguos textos españoles –uno odontológico y el otro médico- editados en 1557 y 1616, respectivamente. El primero es el Coloquio breve y compendioso sobre la materia de la dentadura y maravillosa obra de la boca (1), del bachiller Francisco Martínez (capellán y dentista al servicio del rey Felipe II) y el segundo, Medicina española contenida en proverbios vulgares de nuestra lengua(2), del doctor Juan Sorapán de Rieros (médico y “Familiar” del Santo Oficio de la Inquisición).

Al principio, mi intención fue aprovechar  los 47 proverbios médicos que Sorapán analiza con el apoyo bibliográfico de más de doscientos filósofos, santos, poetas, historiadores, obispos, etc., para compararlos con los dichos, refranes y otras expresiones populares afines, usadas en los diálogos que nutren al Coloquio del cura dentista. Pero la cosa no me ha resultado tan fácil;  hasta ahora no son muchas las concomitancias en ese campo, entre ambos textos. Pero, a cambio de esa carencia cuantitativa, he hallado una notable coincidencia no solo de los dos autores, sino de éstos con lo que escribimos en la anterior crónica y que podríamos reunir bajo el título de “la mujer en el tiempo  de las hogueras inquisitoriales”.

La Inquisición fue fundada en España por los Reyes Católicos en 1483 y fue abolida en 1820. “Al principio dirigida contra los judaizantes y moriscos, se extendió a toda posible heterodoxia e incluso a muy variados delitos contra la moral” (3). Durante los reinados de Carlos I (Carlos V, Emperador de Alemania) y Felipe II (1516 – 1598) sus hogueras fueron revitalizadas para la lucha contra el luteranismo y el islamismo, mientras desde el púlpito, como desde nuestros dos libros –y quien sabe desde cuántos más- se acusaba a la mujer como la personificación del pecado. Veamos cómo lo hicieron Francisco Martínez y Juan Sorapán de Rieros.

Aunque el autor del Coloquio es quien dedica menos espacio al asunto, resulta suficiente lo que anota en su “Prólogo al lector”, donde aprovecha para excusarse por la rudeza de su redacción e insiste ante aquel para que siga adelante en la lectura hasta descubrir el contenido del libro. A tal fin utiliza lo que, por su texto, parece un antiguo refrán: “So el sayal ay al, como so la flor la culebra” (Bajo el sayal –saya, falda- hay algo, como bajo la flor la culebra). Recordemos que en la simbología del pecado original, la culebra representa al demonio.

Sorapán -quien no era sacerdote pero si ministro o “Familiar” de la Inquisición- aprovecha la descripción de la parte final del proverbio “Dieta y mangueta, y siete ñudos en la bragueta” para, con la ayuda de citas de virtuosos y eruditos, condenar a la mujer:

·       “El deleite carnal pervierte el sentido y debilita el ánimo, y finalmente el hombre se convierte en bruto animal” (San Jerónimo)

·       “Ninguna cosa entiendo que hay (...) que derribe más el ánimo del hombre, que las blanduras y contactos femíneos” (San Agustín)

·       “No se debe acercar a la mujer, quien desée llegar a la vejez” (Hesíodo).

·       “Si el  hombre se ha de juntar con la mujer, quiere ofenderse a si mismo” (Clinia, de la secta pitagórica).

·       “Los hombres de letras tienen su mayor enemigo en el coito, porque les ofende el entendimiento” (Marsilio Fiscino, docto médico).

·       “Y por tanto te ruego, Príncipe y Emperador clementísimo, que no te inclines a la bajeza del coito, ni al apetito de las mujeres, porque el coito es propiedad de los puercos...” (Escrito de Aristóteles a su alumno Alejandro Magno, en el libro De Secretis)

·       Por su parte, Alejandro Magno salvó su voto al confesar que, de dos cosas que conocía (el sueño y el coito) había sacado en limpio que él no era Dios, como algunos pensaban.

Los siete “ñudos” del proverbio vulgarizado, que corrían a cargo del potencial pecador, estaban constituidos por seis consejos y un procedimiento medicamentoso: 1:Ayunar y huir del vino (“Extendiéndose el vientre con comida y bebida, se extienden también las partes conjuntas a él”, San Juan);.2: Huir de la conversación de hombres y mujeres que traten de tales actos; 3:Trabajar y entretenerse en alguna cosa que ocupe las fuerzas del ánimo y del cuerpo (“El amor es afecto del ánima ociosa” Teofrasto); 4: Huir de los espectáculos, juegos y comedias donde se tratan cosas lascivas y deshonestas; 5: Guardarnos de tener y mirar pinturas deshonestas y lascivas; 6: Guardarnos de la conversación y de la lección de libros deshonestos..., y si todas esas exhortaciones fracasaban, quedaba el séptimo “ñudo”: “Enseñaron los doctos en medicina que las hojas de sauce molidas y dadas a beber, reprimen la destemplanza y furia de la lujuria”.

BIBLIOGRAFÍA:

1. Martínez, Francisco: Coloquio breve y compendioso sobre la materia de la dentadura... Reedición facsímil.  Madrid, Vasallo de Mumbert, 1975.         [ Links ]

2. Sorapán de R., Juan: Medicina española contenida en proverbios vulgares de nuestra lengua.  Reedición.  Madrid, Cosano Imp., MCMLXXV.         [ Links ]

3. Valverde, José M.: Diccionario de Historia. Santafé de Bogotá, Planeta, 1995.        [ Links ]