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Acta Odontológica Venezolana

versión impresa ISSN 0001-6365

Acta odontol. venez v.39 n.1 Caracas ene. 2001

 

EL CEFEROMÁNTICO.

Jesús Saturno Canelón

Entre 1975 y 1978, en la Facultad de Odontología de la UCV circularon tres cartas relacionadas con las elecciones decanales de esos años y firmadas por Universalio Gómez M., quien decía ser ceferomántico (del árabe cefer: cero, cifra, y del griego manteia: adivinación), y como tal, se dedicaba a interpretar los resultados numéricos de dichos comicios. Según él, los números no solo decían quién había ganado, sino por qué había ganado, y su oficio era descifrar esto último. Además de esas tres misivas postcomiciales hubo otra, más personal y menos difundida, tierna pero cargada de alusiones eróticas, donde U.G.M. le declaró su amor a una de nuestras docentes.

Hace varias semanas, revisando papeles viejos, releí sus cartas (como yo, hay varios docentes que las conservan) y me propuse iniciar un estudio de este personaje y del contexto histórico que nutrió su efímera pero estimulante presencia. Por supuesto, esa tarea requerirá tiempo y más espacio que una "sonrisa de Clío". Por ahora, pues, solo hablaré un poco de esta figura (desconocida para la mayoría de los actuales habitantes de nuestra Facultad) a través de su "escritura electoral", que es la que mejor la retrata en el esotérico y jocoso oficio que proclamaba ejercer.

Son tres las cartas dedicadas a dicho tema; dos, dirigidas al profesor Manlio Sardi (en 1975 y 1978) y una a su colega Miguel Bracho (1978), ambos, candidatos perdedores en las elecciones decanales de esas fechas. Sus análisis numéricos, redactados con el tajante lenguaje de un fanático convencido de su sabiduría –a veces admonitorio, a veces consejero – se caracterizaron por un elemental esoterismo de sumas y restas que casi siempre remataba con una fulminante frase en latín macarrónico (o en alemán, ruso o francés, también esperpénticos): "Estoy seguro de que su pensamiento materialista le hará asomar una sonrisilla burlona al comenzar la lectura de esta carta. Sé que ese pensamiento le impide comprender muchas verdades que solo alcanzamos quienes creemos en los poderes ultraterrenos y sabemos descifrar los mensajes que de ellos nos llegan (...) Pienso que a las mentes descreídas como la suya conviene enfrentarlas con el aplastante poder de las verdades eternas: "VERITAS VERASUS COXONIBUM" (La verdad es como un verazo en la entrepierna) Flavio Epónimus. Pentacom IV).

Veamos ahora una muestra (resumida) de su manejo de las cifras comiciales. En las elecciones decanales de 1975, el candidato ganador, Fausto Malavé, obtuvo 69 votos contra 56 de Manlio Sardi, a quien Universalio le escribe lo siguiente: "¿Cuál es el simbolismo de ese 56? Hay tres significados –a cuál más lamentable- en dicha cifra: 1)5 y 6, juego de azar; 2) "56": denominación que, en algunas regiones de nuestro país se da a cierto tipo de cocuy; y 3) la suma de ambos dígitos 5 + 6 = 11. Once, dos palitos, dos tronquitos... ¿Se da cuenta? ¿Cree Ud. Que con jueguitos, caña y dos tronquitos se puede ganar?"

"Por el contrario, ¡Cuán diferente el análisis de las cifras de su contrincante ! Le tocó en suerte nada menos que el 69, el mejor apareado de los números impares! Como miembros honorables de la Clase Odontológica Venezolana nos negamos a señalar ciertos aspectos un tanto escabrosos de dicha cifra... Pero aún de sus implicaciones menos límpidas se extraen dos referencias que explican el triunfo: la de la hombría y la de la íntima conjugación de fuerzas ... Plena de referencias obscenas –que indignados también rechazamos- está igualmente el número 13 que marcó la suma de sufragios con que le aventajó el doctor Malavé. Ella... desde sus fálicas connotaciones nos dice que con cada voto, el triunfo crece y crece".

Desde la aparición en la Facultad de la primera carta de quien se presentaba como "Presidente del American Numbers Meditational Board. – Sección Venezuela, comenzaron a circular opiniones acerca de la posible identidad del personaje. En la misiva del 22 de diciembre de 1975 a su amada docente, Universalio habla de ese ruleteo de nombres: "Unos se la atribuyeron al Dr. Armando Betancourt, relacionándola posiblemente con su asombrosa capacidad de inventiva criptográfica (es decir, capacidad para inventar vainas raras)... Hubo algunos que se la endilgaron al Dr. Rafael González Martínez, asociando la presencia de frases latinas a su estrecha amistad con el Cardenal Quintero. Otros – tu, entre ellos – le entregaron la autoría al Dr. Saturno, quien –quizá por el hecho de que nunca se le ha visto con una bata puesta – ha ganado unos aires de intelectual que vanidosamente alimenta..."Por otra parte, "hubo también reacciones específicas del sector femenino de la Facultad, que variaron desde el rechazo pudibundo a las connotaciones eróticas del mensaje": desde ciertas cifras – 69, 13, 5 – hasta su cálida ACOGIDA (nunca el prefijo "a" ha sido más hipócrita) lindante casi con el furor uterino".

Como esas, algunas otras expresiones nos presentan al numerólogo casi como un obsesionado sexual. Tal impresión se repite ante otros dos ejemplos. El primero está en la carta que le escribe al profesor Miguel Bracho desde Meersburg (Alemania) en marzo de 1978, donde se recuperaba de un profundo "surmenage". Desde aquel pueblo y sus rutinas diarias recuerda a su esposa Nibelunga Lepp: "...la tristeza, el insomnio y la inapetencia me consumieron. El pecoso cuerpo de mi alemancita (tiene 17.105 pecas desde la frente hasta el ombligo; a partir de allí siempre me equivoco), repito, su pecoso cuerpo se quedó sin mi trece ceferomántico". El otro ejemplo está en la insinuación que le hace a su amada profesora de la Facultad : ¡Oh dulce heredera de Guillermina, de Juliana y de Beatriz! ¡Oh pequeña flor (o para decirlo en holandés: florín) ¿No descubres todavía quien soy si te digo que nuestros pies están a la misma altura, nuestras cabezas también, e igual nuestras partes intermedias? Salve edulcorabis intermedium partis) "Oh! Las dulces partes intermedias! Lucas, LXIX).

En la Facultad de aquellos años, pacata y estreñida de requerimientos, pónticos, tartrectomos y alginatos, cada carta de Universalio Gómez fue una refrescante ducha de picardía: "Col suspensorio io mi facho lo scapulario" ("Yo me las echo al hombro"). Vittorio Emmanuele III (Carta a Benito Mussolini)

 

REFERENCIAS: Cuatro cartas de Universalio Gómez M.