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Argos

versión impresa ISSN 0254-1637

Argos vol.29 no.56 Caracas jun. 2012

 

Posibilidades de la memoria: las entrevistas de Francisco Massiani

María del Carmen Porras

Universidad Simón Bolívar mporras@usb.ve

Resumen: Las entrevistas usualmente son consideradas material secundario para acercarse a la obra literaria de un autor. Desde la perspectiva de este artículo, y siguiendo los planteamientos de Leonor Arfuch, crítica cultural que ha estudiado en profundidad el fenómeno de la entrevista, consideramos que este género hace parte de la escritura literaria de un autor, sobre todo, cuando éste asume en el diálogo una actitud positiva y activa. Massiani, poco dado al género, toma, en el caso de las entrevistas que aquí se trabajan, el papel de constructor de una memoria, de su memoria personal y familiar. De esta manera, sus entrevistas se constituyen en una suerte de recuento autobiográfico del autor venezolano.

Palabras clave: Entrevista, memoria, narrativa venezolana, Francisco Massiani, literatura venezolana

Memory Possibilities: The Interviews to Francisco Massiani

Abstract: Interviews are usually considered secondary material to approach the literary work of an author. From the perspective of this article, and following the approaches of the cultural critic Leonor Arfuch, who has studied in depth the genre of the interview, we consider this genre as part of the literary writing of a given author, especially when it is assumed as positive and active in the dialogue. Massiani, little inclined to this genre, takes in the interviews analyzed here, the role of a builder of memory, both of his personal and family memories. That is why his interviews are a kind of autographical account of this Venezuelan author.

Keywords: interview, memory, Venezuelan narrative, Francisco Massiani, Venezuelan literature.

Possibilités de la mémoire: des entretiens avec Francisco Massiani

Résumé: Les entretiens sont considérés généralement comme matériel secondaire pour approcher l’oeuvre littéraire d’un auteur. En suivant les propos de Leonor Arfuch, critique culturelle qui a étudié en profondeur le phénomène de l’entretien, nous considérons que ce genre fait partie de l’écriture littéraire d’un auteur, surtout quand celui-ci évoque dans le dialogue une attitude positive et active. Massiani, peu penché sur ce genre, prend, dans le cas des entretiens travaillés ici, le rôle de constructeur d’une mémoire, de sa mémoire personnelle et familiale. Ainsi, ces entretiens constituent une sorte de récit autobiographique.

Mots-clés: entretien, mémoire, narrative vénézuélienne, Francisco Massiani, littérature vénézuélienne.

Junto con Renato Rodríguez, recientemente fallecido, quizás sea Francisco Massiani uno de esos escritores que no necesita moverse dentro de los círculos literarios venezolanos para ser reconocido como uno de los autores más representativos del país. Aislado de los avatares propios de la actual vida literaria (presentaciones, promociones, congresos, charlas), como con Rodríguez, es la autenticidad uno de los valores que más se destaca de Massiani: no entregarse a las obligaciones del mercado; entre ellas, a la entrevista, "ritual de consagración" de los autores, como lo ha definido la crítica cultural Arfuch (1995, p. 59) y una de las actividades que hoy en día se consideran inherentes al oficio intelectual, para dar a conocer una obra. Son escasas las entrevistas de Massiani y tiene que ver esa escasez con la forma en que el periodismo plantea la entrevista: ese diálogo asimétrico entre dos en el que uno exige las respuestas del otro y sólo el que exige las respuestas puede trabajar en la producción final del texto (Halperin, 1995, p. 125). Sin embargo, hemos encontrado dos entrevistas que creemos sirven para dar cuenta de que, aunque escaso, este género tiene un espacio en la producción de Massiani y cumplen con una función dentro de su obra. Estas entrevistas, como sucede con García Márquez y Plinio Apuleyo Mendoza en El olor a la guayaba (1982), están realizadas por personas cercanas a Massiani y es así como se logran llevar a cabo con éxito, porque hay esa cercanía.

Este trabajo se centrará entonces en esas dos entrevistas de Francisco Massiani. Cronológicamente hablando, la primera es la que Esdras Parra le hace al autor para la revista Imagen y que aparece en 1992. En 2005 Rafael Jiménez Moreno1, le hace otra entrevista, inédita, que está dividida en varias partes, que cubren la vida del autor, la creación de Piedra de mar y su encuentro con la literatura y las artes. En sus entrevistas, priva el tono desenfadado y coloquial de sus narraciones y sus respuestas están llenas de una espontaneidad que no parece estar dada por el que ha realizado la entrevista, es decir, no parece un efecto que el otro haya llevado a cabo, sino que resulta de la reproducción fiel del intercambio.

I. Sobre las entrevistas, la prensa y la literatura

La primera pregunta que le hace Esdras Parra a Massiani va directamente al punto de su resquemor con respecto a las entrevistas: "¿Por qué le temes tanto a las entrevistas" (p. 8)2. A lo que el autor responde: "Eso me asusta muchísimo, pero como yo te conozco a ti y somos amigos desde hace mil años, ¿verdad?, entonces yo te puedo contar todas las cosas con una gran tranquilidad y sin disparates.

Porque cada vez que una persona extraña me pregunta una cosa, yo digo disparates, y a propósito"· (Ibid. Destacado mío). La desconfianza con respecto a un otro desconocido hace que Massiani no sepa cómo enfrentarse a una entrevista y su estrategia fundamental sea el inventar; "¿Por eso muy pocos te han entrevistado?" repregunta Parra: "Sí, y eso es muy importante que lo digas, en serio, ¿verdad?, si vas a publicar esta lavativa […] Ese loco que me entrevistó, y no lo conozco. Me puse muy nervioso, no dormí el día anterior por la broma que tenía que verlo al día siguiente […] Estaba a punto de explotar y dije todos los disparates del mundo para confundirlo" (Ibid.). Con el muy característico tono coloquial de Massiani se da cuenta de la imposibilidad del autor de tolerar una entrevista que diríamos tradicional, es decir, una entrevista periodística sin más. El señalar que lo que hace es inventar cuando se enfrenta a otro desconocido desvaloriza por completo el trabajo realizado por ese otro, pues esa búsqueda de la verdad que intenta llevar a cabo el periodista se convierte en un gran fracaso: "Por ejemplo, fíjate tú, en El Nacional un tipo me preguntó si yo era comunista y yo dije que era cris

tiano. Yo no soy cristiano del todo […] Más bien sería pagano. Absolutamente pagano. Creo que Dios, pero no creo en los católicos" […]// Dije que Piedra de mar era una larga carta de amor. Eso es embuste" (Ibid.). La verdad, o al menos, algo que no es invento ni mentira del todo parece entonces surgir cuando existe la confianza en el otro, cuando se conocen sus intenciones y se está de acuerdo con ellas.

Esa desconfianza en la institución periodística lleva a un planteamiento muy interesante que Massiani le hace a Parra cuando ésta le insiste en por qué el autor no termina de publicar reunidos en un libro, textos de él que han ido apareciendo en revistas. Y permítasenos una comparación con un escritor que quizás está en las antípodas de Massiani, el argentino Ricardo Piglia. Para éste último, hay que tomar frente al mercado la estrategia del desaparecimiento temporal: "Estar en los medios y también hacerse invisible, pasar largos períodos sin publicar, largos períodos en los que me sustraigo de la escena pública y vuelvo al under para decir así, me alejo, viajo en subte…." (2001, p. 181). La idea, entonces, es no ubicarse, ante el mercado o ante la cultura de masas, en un lugar específico, sino, siguiendo sus propios planteamientos, habría que desplazarse por diversas estrategias para combatir al mercado en una época en la que éste se ha impuesto al debilitado campo cultural. Para Massiani, este no estar por temporadas, este no editar un libro es una acción cuyo valor no es exactamente igual al que le da Piglia, es decir, no hacerle el juego al mercado literario y quienes trabajan para él, sino parte de una cierta concepción sobre lo que significa la literatura:

Ellos [otros autores] me consideraban a mí muerto, ¿no? Y resulta que no, que estaba trabajando calladito, como tú. Porque la gente necesita que lo autoricen a cada rato en un periódico. Uno no. Uno lo que necesita es tener el corazón despierto. Eso es necio. La vanidad, la vanidad, como decía el viejo Unamuno. Siempre están reunidos en cosas de escritores, y viajan, y se reencuentran, y publican todo lo que encuentran por publicar. Eso no es así. Eso es cosa sagrada. Díos mío. Uno no puede publicar cualquier disparate […] Por Dios, ese disparate de aparecer en la prensa y publicar libros y libros. La literatura debe ser una adoración, que se lea con la misma devoción que lee un sacerdote el padrenuestro (p. 11, destacado mío).

Si el primer destacado parece afín con la postura de Piglia, los otros dos marcan la distancia entre la manera de ver la literatura del argentino y del venezolano. Massiani cuestiona, como Piglia, la conversión de la publicación de libros en un negocio que parece regirse con las mismas normas que cualquier otro en la sociedad. Y las palabras del escritor venezolano dan cuenta de la conciencia que tiene el autor con respecto al valor de los mecanismos de publicidad y propaganda, al utilizar la palabra "autorización" cuando se refiere a la aparición de un escritor y su obra en una página literaria de un diario, en un suplemento cultural. Ahora bien, vemos que Massiani se distancia de manera radical de Piglia en su concepción aurática de la literatura. Para Massiani, "mercadear" la literatura implica "bajarla" del pedestal que, como bella arte, debería de tener. Este enfoque, aunque desfasado de su momento y cuestionable hoy en día, no oculta la mirada perspicaz del venezolano con respecto a los problemas que han surgido por las relaciones cada vez más intensas entre institución letrada e institución periodística. No publicar, o publicar poco y negarse al ritual de la entrevista se perciben como formas quizás de protesta con respecto a la influencia cada vez mayor del mercado y sus obligaciones sobre el campo cultural. Si para García Márquez la entrevista debería ser un encuentro relativamente libre entre dos, en el que quizás sea necesario sentirse ajeno al tercero que es el receptor del diálogo, para que, entonces, el intercambio tenga una espontaneidad no fingida, o, en todo caso, menos fingida, que la que se construye en la entrevista tradicional (1995, p. 225), para Massiani esta textualidad no tiene sentido si se realiza como un deber a cumplir o una formalidad que llevar a cabo y sólo cobra su valor al ser realizada por una persona afín al entrevistador. Quizás uno de los aspectos más importantes que destacar de la actitud de Massiani frente a un entrevistador tradicional, es decir, un periodista que no conozca, es que rompe con uno de los principios básicos para poder llevar adelante un intercambio entre dos: el principio de cooperación de Grice, que señala que "’Haga que su contribución a la conversación sea, en cada momento, la requerida por el propósito o la dirección del intercambio comunicativo en el que está usted involucrado’" (Grice, citado por Escandell, 1993, p. 92). Dice Escandell que, en realidad, el principio de cooperación puede definirse como

…una condición de racionalidad que resulta básica para que el discurso sea inteligible y tenga sentido. De hecho, el principio de cooperación de Grice es, en el fondo, un cierto tipo de condición preparatoria que se espera que los participantes observen. Cuando los participantes no se ajustan a él, la conversación es inconexa y absurda (1993, p. 93).

Esto es lo que ocurre con las entrevistas tradicionales y Massiani. El autor rompe con algunas normas que se derivan de este principio de Grice cuando habla con un otro desconocido sobre su vida y obra: la de cualidad que dice "Intente que su contribución sea verdadera" (Ibid.). Ya vimos que cuando se entrevista con un periodista, lo primero que parece hacer el autor es mentir.

Por eso las entrevistas de Parra y Jiménez Moreno cobran tanta importancia, pues en ellas el entrevistador es una persona que tiene la confianza de Massiani y éste, en el intercambio, cumple con lo planteado por Grice en su teoría: intenta, al menos, decir lo que cree es verdad, más allá que sepamos que no existe una verdad absoluta. En el caso de las entrevistas con Jiménez Moreno, el eje de ellas es la memoria; en la de Parra, más diversa, se habla en general de la obra en marcha de Massiani y de algunas opiniones del autor sobre literatura en general.

II. La recuperación de una memoria

Es así como la primera de las entrevistas que le hace Jiménez Moreno busca corregir la cronología que de Massiani presentaba uno de los libros del autor en la editorial venezolana Monte Ávila. Junto con el otro, Massiani va dando datos sobre su vida que, al parecer, no se encontraban o estaban errados en la cronología y esta primera entrevista se va a convertir en un proceso de recuperación de la memoria del autor. Un largo proceso, eso sí, en donde se obtienen y desechan todo tipo de datos y da cuenta de la construcción de una memoria personal entre dos, Massiani y Jiménez Moreno. Así, Massiani recuerda y corrige en la cronología incluso el nombre de su madre –que no es Carmen de Massiani, sino Edith Antonneti. (s.f.). Debe explicar cómo la estadía de la familia en Chile durante los años 50 tiene que ver con razones políticas y no con otro motivo que señala la mencionada cronología; así, lee Jiménez Moreno lo que dice este material: "Entre 1950 y 1960, producto de los estudios intelectuales de su padre, junto con su hermano Felipe, parte de su infancia la vivió en Chile" (s.f.). A lo que Massiani afirma:

En realidad mi papá se fue antes, como un año antes. Nosotros nos fuimos a Chile como en el año 1951, y estuvimos hasta el año 1958, cuando cayó Pérez Jiménez. Se trató de un exilio. Sin ser adeco, sin ser copeyano, sin ser comunista, se fue al exilio. Él era independiente. Él participó en el gobierno de Medina Angarita. No estaba de acuerdo con el gobierno de Pérez Jiménez. Le hicieron la vida imposible y se tuvo que ir. // Y estando en Chile, entonces le cortaron la visa, y le impidieron regresar a Venezuela (s.f., destacado mío).

La memoria de Massiani reconstruye, entonces, la estadía en el país sureño no como un tiempo cualquiera, sino como uno de exilio, no exento, por lo tanto, de ciertas dificultades: "RMJ ¿Cómo sobrevivía tu familia en Chile? (s.f.). FM: Bueno, en Chile era muy difícil conseguir trabajo, vale. No es como acá, en Venezuela. De tal manera que siendo abogado y profesor de Literatura, lo que hacía [mi padre] era escribir para los diarios El Nacional y Panorama de Maracaibo y entonces con eso nos podíamos mantener". (s.f.), aunque, a renglón seguido, se matice el malestar de la situación familiar: "Bueno, y mi viejo alquiló la casa que teníamos en La Campiña y entonces teníamos el alquiler de la casa, y los artículos de prensa de mi padre. Vivíamos modestamente, pero bien, muy bien. Tanto, que el colegio donde nos metió era una gran colegio: el Kent School, uno de los mejores colegios de Chile" (s.f.). Las contradicciones comienzan a aparecer. Aunque en confianza con Jiménez Moreno, el autor parece decirse y desdecirse, violando los principios de Grice. La contradicción parece aun mayor cuando comparamos lo dicho por Massiani a Jiménez Moreno con lo dicho a Parra con respecto al mismo tema. Así, según le cuenta a Parra, la vida en este colegio no fue fácil: "Me llevaban a la dirección a cada rato y me caían a palos, cosa que tú no sabes." (910) y enseguida relata cómo al llegar con pantalones largos el primer día de clase, Massiani debe soportar el ser llamado extranjero por los demás niños, que llevan todo pantalones cortos: "Sufrí muchísimo, Más de lo que te imaginas. Totalmente divorciado de la realidad, primero en el colegio, después no tenía mi país, no sabía dónde estaba. No entendía nada de nada" (10). Qué versión creer, ¿la que se le da a Jiménez Moreno o a Parra? Quizás una opción es creer en ambas: si bien estar en uno de los mejores colegios de Santiago reflejaba una situación económica estable, vivir en este tipo de institución, siendo extranjero, suponía grandes malestares. Lo interesante, entonces, es ver cómo las entrevistas se complementan, a pesar de las contradicciones y llegamos a algo parecido a la verdad, al leerlas juntas.

Como para reforzar la idea del exilio, Massiani se sorprende cuando se entera por Jiménez Moreno de que en la cronología que le está leyendo se plantea que "’Massiani viaja a Europa con su familia. Durante un año reside en París, y posteriormente se traslada a Madrid y Nueva York". El autor responde: "No, eso no es verdad. ¿Qué es eso? Absolutamente falso […] Nosotros regresamos en 1958 directo de Chile. Yo tenía catorce años". (s.f., destacado mío). La inmediata vuelta a Venezuela se transforma en el dato que da cuenta de la verdad del exilio: la familia no estaba fuera del país por gusto y por eso no hubo viaje a Europa; por la existencia del deseo, quizás la necesidad, de estar de nuevo en el propio país.

La memoria se lleva entonces a los primeros años de escritura, ya el autor en el país: "RJM ¿Cuándo tuviste esa primera manifestación de tu vocación literaria? FM: Cuando tenía como catorce años, recién llegado de Chile. Comencé a escribir poesías y cuentos fantásticos, no sé por qué, simplemente tenía muchas ganas de hacerlo y lo hice" (s.f.). En la entrevista con Parra este dato es un tanto diferente. ¿Contradicciones otra vez? Así, ante la misma pregunta, Massiani plantea que fue en Chile donde comenzó su vocación literaria. Sin embargo, más adelante se desdice y plantea que en realidad fue en Caracas. Como vemos, Massiani rompe continuamente con las normas de la conversación, como si las entrevistas fueran una extensión de su obra ficcional. Y es así como se comienza a construir en las entrevistas la trayectoria literaria de Massiani, que daría inicio de manera informal y desenfadada, como su propia literatura. Massiani se interesa en presentarse como un "espíritu libre", desertor de dos carreras universitarias –Arquitectura y Filosofía–que abandona porque "Quería escribir y pintar, y no me daba tiempo" (s.f.), quien en las entrevistas no se esfuerza por llevar a cabo la construcción de un pensamiento o dejarnos la expresión de una reflexión, sino que, más bien, trata de trasmitir una vivencia: "RJM: ¿Por qué escogiste la filosofía? FM: Toda la vida me interesé por la filosofía como por la poesía, tiene que ver por cierto, la filosofía con la poesía. RJM: ¿Cómo racionalizas ese interés? FM: No lo sabría decir. Debe ser el pensamiento del hombre, a quién no le va a interesar?" (s.f., destacado mío). No hay la posibilidad de una respuesta argumentativa o analítica, sino se pone el énfasis en una relación –filosofía y poesía– que se da por sentado porque se ha experimentado de manera personal.

El autor proyecta, así, una simplicidad que será característica no sólo en las respuestas que le da a Jiménez Moreno, sino también a Parra. Por ejemplo:

EP: ¿Y en ese lapso entre Piedra de mar y este cuento….? FM: Ah bueno, eso es lo que te iba a contar. Fíjate tú, lo estuve pensando en el baño, en casa de Belén. Me fui al baño para pensar, porque es el único lugar donde uno puede pensar de una manera sagrada, ¿no? Porque el resto del espacio siempre está ocupado por ruidos y cosas extrañas (8)

y que hace de las entrevistas una especie de relato que el autor parece construir junto con el entrevistador: "RJM: ¿Aún conservas esos primeros materiales? FM: Chico, me encontré el otro día un cuaderno que tenía unos cuentos fantásticos y unos poemas elaborados no de adolescente, sino de mayor, cuando estaba estudiando Arquitectura. Pero me imagino que en algún lado deben de estar todas esas cosas, todo ese material" (s.f.).

En ocasiones, los recuerdos son vagos y las preguntas del entrevistador ayudan a rehacer la memoria; así, al hablar sobre cómo Piedra de mar, la novela más famosa del autor, tuvo su origen en una conversación de Massiani con Simón Alberto Consalvi, Jiménez Moreno le pregunta: "¿Quién inicia esa conversación?", a lo que el autor contesta:

No recuerdo con exactitud. Seguramente yo fui a mostrarle alguna cosa que yo había escrito para Imagen. Es probable que haya sido eso. O que me haya negado el trabajo que estaba haciendo, o alguna cosa escribí que no la consideraron buena, y yo fui a hablar entonces con Simón Alberto. Seguramente fue eso: a raíz de un trabajo que yo hice que no gustó o algo de eso… (s.f.).

En otros momentos, una pregunta se contesta con otros recuerdos:

RJM: En plena conversación con Simón Alberto, te aventuras a improvisar una sinopsis de lo que con el tiempo sería tu primera gran novela. ¿No recuerdas los detalles de esa sinopsis general? FM: No. Yo había escrito ya, antes de Piedra de mar, en Madrid, casi un año que estuve ahí, a los 19 años de edad […] Pasé un año allá y escribí en una semana una novela que se llama "Renata o la vida es siempre un comienzo". Después escribí otra novela que se llamaba "Fiesta de campo" y finalmente otra novela que se llamaba "El Veraneante" (s.f.).

recuerdos que vienen a ofrecer nueva información no conocida por el entrevistador: "RJM: ¿Pero aún conservas esos manuscritos?. FM: Bueno, un capítulo de "Fiesta de campo" se convirtió en un cuento que se llama "No era nada", que está incluido en la obra Las primeras hojas de la noche". (s.f.). Como vemos, el planteamiento hecho a Parra con respecto a la reticencia de Massiani a publicar se confirma en la entrevista con Jiménez Moreno, cuando el autor habla de varios de sus escritos que no han sido editados. Así, una parte de la entrevista de Parra se dedica a una obra titulada "Florencio y los pajaritos de Angelina, su mujer" que el autor estaría escribiendo en los noventa, pero que hasta ahora no ha sido publicada. La lista incluye también dos novelas tituladas "El amor nuestro" y la "La dona de la rosa roja" y un libro de relatos, "Sueños compartidos". En este aspecto, sobre sus publicaciones, sí encontramos cierta coherencia entre lo dicho en ambas entrevistas, incluso cuando hay un dato en que no parecen serlo y que tiene que ver con Piedra de mar.

III. De Piedra de mar y Massiani

La obra más emblemática de Massiani, Piedra de mar, ocupa otra de las entrevistas que le hace Jiménez Moreno al autor. Massiani ratifica lo señalado antes en torno al origen de esta obra, pero añade un rasgo: la novela tendría un antecedente que sería una de las antes mencionadas en la lista de obras no publicadas por el autor:

FM: En "El Veraneante" se encuentra la génesis, la semilla, no sé cómo decirlo, ¿el embrión? de Piedra de mar. El protagonista de "El Veraneante" es un escritor también, un muchacho escritor, igual que en el caso de Corcho […] Pero lo que sí es verdad es lo que yo conté que me pasó con Simón Alberto y te lo puedo repetir: mientras le fui contando la novela la fui viendo tal cual era y ese mismo día comencé a escribirla y tardé año y medio en terminarla. Eso es verdad (s.f.).

Una versión algo diferente le ofrece a Parra al respecto: "Es una novela que fue escrita simplemente por soledad, porque no tenía una novia. […] Eso es la pura verdad. A ti te puedo contar las cosas de verdad verdad [sic]" (p. 8). De nuevo las contradicciones. ¿Cuál será la versión que oculta la verdad? Como en el caso anterior, podríamos pensar que ambas respuestas son complementarias: Piedra de mar tendría su origen en un texto previo que el autor, víctima de la soledad, le relata a Simón Alberto Consalvi, quizás interpelado por éste.

Las preguntas de Jiménez Moreno sobre Piedra de mar le permiten a Massiani reconstruir la forma en que no sólo se concibió, sino se escribió la obra. Ejemplo paradigmático de una escritura, como ya dijimos, desenfada y minimalista, Massiani va a insistir en el trabajo que puso en ella, no sólo en término de la duración de la escritura, –un año y medio, como ya vimos–, sino también el esfuerzo:

FM: Yo para la época trabajaba en el Inciba, específicamente en la redacción de la revista Imagen. Yo le robaba horas a la revista para trabajar en Piedra de mar. Y cuando llegaba a casa, todo cansado, seguía trabajando en Piedra de mar. Llegaba de madrugada y trabajando y trabajando Piedra de mar. Iba a Imagen en la mañana y llegaba antes que mucha gente para ponerme a trabajar Piedra de mar antes que ponerme a trabajar en las cosas que yo tenía que trabajar en la revista. Me costó mucho trabajo esa novela, me costó año y medio de trabajo diario. Muchísimas horas (s.f.).

Tal insistencia pareciera responder a quienes, dada la sencillez de la escritura que caracteriza Piedra de mar, dan por sentado la facilidad con que pudo haber sido redactado el libro. En este sentido, ya en la primera parte de la entrevista Massiani había hablado con respecto a su trabajo como escritor "RJM: ¿Qué te costó más, haber escrito Piedra de mar o este grupo de cuentos? FM: Todo me costó trabajo. A mí todo me ha costado trabajo. […] "Un regalo para Julia" me costó.

¿Cuántas veces no escribí ese cuento? En primera persona, en tercera persona. Lo escribía y lo volvía a escribir. No me ha sido fácil en realidad. Nada me ha sido fácil" (s.f.). La idea del trabajo de la escritura se refuerza como para que no queden dudas de la labor literaria del autor: a pesar de la facilidad con que se lee Piedra de mar, ella resultaría ser producto de un gran esfuerzo por parte de Massiani.

Jiménez Moreno comenta, en este sentido, cómo la lectura dominante con respecto a la novela tiende a calificarla únicamente como una obra para jóvenes, donde se expresan los malestares e inquietudes de la edad adolescente. En este sentido, Piedra de mar sería, según plantea la crítica de acuerdo a las palabras de Jiménez Moreno: "una obra arquetípica de la adolescencia" (s.f.), con la consecuencia de que "Esta asociación inmediata pudiese verse afectada por otra relación mental […] que vincula a la adolescencia superficialidad e irreflexibilidad" (s.f.). Es decir, que la novela podría considerarse un divertimento para jóvenes, sin mayor profundidad que las múltiples aventuras que le pasan al personaje principal, Corcho, a lo largo de la obra, mientras intenta escribir una novela. Massiani va a rechazar de plano esta lectura, pero su rechazo tendrá como eje no tanto la trama de la narración, sino la figura de su principal protagonista: "No, en lo absoluto. Claro que es una novela de adolescencia porque todos los personajes son muy jóvenes todos, grupos de muchachos de 17 y 18 años. Pero Corcho [su protagonista] es un muchacho prematuro en muchas cosas: en sus ideas, en sus gustos literarios. Los muchachos no leen a Kierkegaard, a Camus, a Vallejo, a Salinger, a Miller, como Corcho" (s.f.). De esta manera, bajo la simplicidad de la escritura de Piedra de mar, el personaje de Corcho se nos descubre como uno complejo por sus lecturas y, por tanto, su manera de pensar y de ver el mundo. El eje de la novela, Corcho, sería un adolescente poco común, y, por tanto, la novela no podría despacharse sin más como lectura para jóvenes, sino que también apelaría y podría estar dirigida para adultos. Pero esta lectura, entonces, destaca la figura particular de Corcho de todas las demás de la novela: sería él, su pensamiento, su forma de pensar, sus acciones, la que le darían profundidad a la novela. Es él, finalmente, el que vive empeñado (literalmente) en escribir una novela, que resultará saliendo en la medida que él escriba sobre sus dudas y tribulaciones.

En este sentido, surgen preguntas en torno a la creación de este particular personaje de Massiani: "RJM: ¿Cómo tú trabajaste el personaje de Corcho?". Contesta Massiani: "Yo no trabajé el personaje de Corcho. Él surgió espontáneamente, de verdad verdad [sic]. Tenía mucho que ver conmigo, era muy autobiográfico. No hay duda de que Corcho era un poco yo. (s.f., destacado mío)". Ese joven complejo, pues, que vimos antes es el que hace que la novela no se quede en la mera preocupación adolescente, resulta un personaje autobiográfico. Digamos, entonces, que las lecturas de Corcho son las de Massiani y que las preocupaciones del primero quizás también correspondan al segundo:

RJM: ¿En cuáles rasgos de personalidad, a tu juicio, se hace más evidente esa similitud entre autor y personaje? FM: En sus ganas insufribles de escribir una novela […] En sus primeras lecturas; en sus pequeños temores; su apetito por vivir; su amor por el mar también; su amor por Carolina, una muchacha que sí existió; su soledad, porque es un muchacho bastante solo, sus paseos por la ciudad, porque yo recorrí todas esas calles que él cita en la novela. Eso mismo… (s.f.).

Inmediatamente Jiménez Moreno pregunta en qué se diferencian Corcho y Massiani y éste último contesta lo evidente: "La mayor parte de las cosas que suceden en Piedra de mar son inventadas. Vamos a hablar claro. Por ejemplo, eso de subirse por un balcón y asustar a la muchacha mientras dormía, y la cucaracha y todo es embuste. Eso es ficción, no hay duda. Es un episodio inventado" (s.f.). El límite de lo autobiográfico vendría dado por las acciones que lleva a cabo el protagonista en la novela, que poco tendrían que ver con su aspecto reflexivo, aspecto que, finalmente, sería el que lo identificaría con Massiani. Sin embargo, a lo largo de la entrevista, y a partir de esta fuerte identificación personal entre Corcho y Massiani, el entrevistador buscará en éste último la explicación de todas las ideas que el primero expone en la novela, como si realmente, y más allá del juego autobiográfico, hubiera una igualdad entre persona y personaje en Piedra de mar. Así, por ejemplo: "RJM: El intento de Corcho de hacerse escritor nos deja reflexiones interesantes […] Inclusive, hay un momento en que confesaba creer que no tenía nada que contar, nada que no hubiese sido contado hace millones de años, […] De hecho es la excusa ideal para no escribir. Me gustaría que reflexionaras sobre este pasaje…" (s.f.). Massiani entonces, va a dejar en claro la separación entre él y su personaje: "FM: Bueno, mira, el personaje dice eso, que le da la impresión que ya se ha dicho todo y que no vale seguir escribiendo por esa misma razón". (s.f., destacado mío). En este caso, Massiani no sólo se distancia del personaje, de sus palabras, sino que incluso matiza las del propio Corcho y así continúa: "FM: Pero eso fue tan solo un momento de fatiga, de cansancio de Corcho. Pero fíjate que él sigue escribiendo. Por encima de ese cansancio, de esa reflexión, está el trabajo. Fíjate que mientras está diciendo eso está escribiendo" (s.f.). Vale la pena recordar el destacado que hice antes en una cita en donde Massiani afirmaba que el personaje era "un poco", no todo él. Pero esta distancia es difícil de establecer, sobre todo una vez que un autor la ha autorizado: "RJM: Corcho se pregunta sobre aquello que debe tener preeminencia al momento de escribir. Y se responde que debe ser lo más importante de la vida. Sin embargo, palabras después confiesa no saber qué es lo más importante de la vida" (s.f.). Massiani vuelve a aclarar: "Bueno, en primer lugar esas son reflexiones de Corcho. Yo respeto mucho la opinión de Corcho." (s.f.), lo que termina por definir el deseo del autor de alejarse de su personaje para indicar que son dos entidades distintas, por más rasgos autobiográficos que pueda haber de él en Corcho. Así, el autor hace un énfasis aun mayor en un momento dado: Ahora te hablo yo, ya no como Corcho. ¿Qué es lo que uno debe escribir?" (s.f. destacado mío). De esta manera, aunque la lectura autobiográfica de Piedra de mar la propone el propio autor, él mismo también, en la entrevista, establece los límites que considera adecuados para que tal lectura no implique una identificación sin más entre él y su personaje.

IV. A modo de conclusión

Poco dado al género de las entrevistas, en estas dos que hemos analizado en este trabajo es posible percibir que en ellas encontramos a un Massiani que se entrega a esta textualidad sin poner trabas o límites. Así, es importante destacar que, como en el caso de García Márquez, para Massiani las entrevistas parecen tener sentido sólo en la medida en que hay una cierta confianza entre entrevistado y entrevistador, lo que permite el desarrollo de una conversación dialogada, que se olvida un tanto de las normas de la entrevista tradicional y deja cierta libertad a los interlocutores para llevar adelante un intercambio relajado y sin tensiones. Es en esta confianza que la principal función de la entrevista en la obra de Massiani parece ser la de construir una memoria. Es decir, el diálogo que se establece entre entrevistado y entrevistador en el caso de Massiani tiene como eje el recuento de su vida, y relacionada con ésta, la historia de su principal obra, Piedra de mar. La entrevista de Jiménez Moreno, quizás más que la de Parra, se constituye en el lugar donde el autor va armar sus recuerdos desde niño para recontar su vida y los avatares de su obra con la libertad que supone la confianza que tiene con su entrevistador. De tal manera que utiliza a éste para entregar a los lectores de la entrevista su memoria, construida a dos voces. En este sentido, Massiani, le da un lugar a la entrevista dentro de su obra, el de ser la depositaria de sus recuerdos.

Notas

1 Agradezco profundamente a Jiménez Moreno su confianza al poner en mis manos estas entrevistas.

2  Respetamos la tipografía utilizada en esta entrevista: negritas para las preguntas, redondas para las respuestas.

Referencias

1. Arfuch, L. (1995). La entrevista, una invención dialógica. Barcelona, Paidós.        [ Links ]

2. Escandell Vidall, M. V. (1993). Introducción a la pragmática. Barcelona, Anthropos.        [ Links ]

3. García Márquez, G. (1995). Una entrevista, no gracias. Notas de prensa. 1980-1984. Bogotá, Norma.        [ Links ]

4. Halperín, J. (1995). La entrevista periodística. Intimidades de la conversación pública. Buenos Aires, Paidós.        [ Links ]

5. Massiani, F. y E. Parra (1992). Francisco Massiani. Uno debe contar sólo las cosas que vive y sufre. Imagen 100-90, 8-11.        [ Links ]

6. Massiani, F. y R. Jiménez Moreno. (s.f.). Transcripciones de las entrevistas. Caracas, material inédito.        [ Links ]

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