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Argos
versión impresa ISSN 0254-1637
Argos vol.32 no.62 Caracas jun. 2015
En agosto de 2015 se celebró en Santiago de Chile el Primer Encuentro de Editores de Latinoamericana-Asociación de Revistas de Humanidades y Ciencias Sociales, en el contexto de la extensión chilena del Congreso 2015 de la Latin American Studies Association (LASA) y bajo los auspicios de la Facultad de Letras de la Pontificia Universidad Católica de Chile. El propósito central fue comenzar a crear un espacio de mutua colaboración para comprender el estado actual de las publicaciones académicas en Latinoamérica, es decir, sus relaciones tanto con los campos de investigación que las alimentan, como con los procesos de calificación, producción y difusión del conocimiento.
Las publicaciones académicas latinoamericanas, especialmente en las ciencias sociales y humanidades, tienen un desafío mayor: el de su inserción internacional, un proceso que es doble, porque supone por una parte ser el vehículo para la difusión de la investigación hecha en Latinoamérica en el mundo y por otra, ser el espacio mayor para la difusión y discusión de la investigación latinoamericanista que se efectúa en otros continentes.
Todo ello en un contexto internacional a su vez cambiante y problemático, en el que los sistemas de educación superior (y de producción de conocimiento) se enfrentan a la difícil ecuación de ampliar su cobertura y asegurar su financiamiento dentro de la doble demanda de mayor equidad y mayor calidad. Lo que podríamos llamar el modelo de universidad latinoamericana, de financiamiento público y acceso masivo, que sirvió como una gigantesca (y no siempre eficiente) máquina de modernización durante la segunda mitad del siglo XX, y que se presentaba como la materialización de una república de las letras en la que se profesionalizaba y a la vez se producía conocimiento en estrecho maridaje con los proyectos de desarrollo social de los Estados, ha entrado en una crisis epocal, por asi decirlo.
Ese modo de producción académico muestra signos de crisis desde casi todos los ángulos, en un siglo XXI signado por la masificación de la educación superior; la insuficiencia de las fuentes públicas y privadas del financiamiento; la necesidad de estandarizar, o medir más bien, la productividad y la calidad como criterios para la carrera académica; la pérdida de la hegemonía de las universidades como locus de producción de conocimiento frente a nuevos espacios sociales y comunicacionales; la transformación radical de las publicaciones científicas, su difusión y su impacto conducida por la digitalización. Todo esto señala sin duda un cambio cultural mayor, una nueva configuración de las relaciones entre la academia y la sociedad que la alberga.
América Latina está en este principio de siglo reconfigurando sus imágenes de sí misma, intentando profundizar las democracias de sus naciones mientras recupera su inserción económica en las nuevas dinámicas mundiales, y enfrentando procesos demográficos novedosos con el envejecimiento de su población, la incorporación femenina al mundo productivo y de liderazgo, y las nuevas culturas tecnológicas. Todo ello supone una diversidad de experiencias que, como en una especie de precámbrico institucional, dará seguramente origen a nuevas formas de organización, de creación, difusión y profesionalización del conocimiento, y a relaciones nuevas, que ya vislumbramos, con la sociedad a la que sirven. Ese es tal vez el desafío más importante para América Latina en los próximos años: atreverse a pensar de nuevo sus sistemas de producción de conocimiento.
En ese contexto aparecen además los desafíos del mundo digital y la implícita demanda de difusión ilimitada del saber. Ilimitada en cuanto al tiempo (el saber es la vez instantáneo y perenne, evanescente pero eternamente recuperable) e ilimitada en cuanto a los costos de acceso, puesto que se espera que el conocimiento circule masivamente, abiertamente. Aun es pronto para evaluar los impactos civilizatorios de esta demanda que se intensifica cada vez más, pero sus efectos en el ámbito de las publicaciones académicas son ya irreversibles.
En efecto, la digitalización de los procesos de publicación ha generado ya una serie de nuevas prácticas que aún no están estandarizadas, cuyos costos y beneficios aún no están correctamente ponderados, especialmente en lo que se refiere a los costos de la migración hacia la publicación enteramente digital, que supone formas de financiamiento nuevas, asi como toda una cultura distinta en cuanto a la relación entre autores y lectores, y de éstos con las instituciones que producen o difunden los contenidos digitales.
La conversación en este primer encuentro de Latinoamericana-Asociación de Revistas de Humanidades y Ciencias Sociales siguió estos y otros derroteros, encontrando que casi todas las publicaciones académicas atraviesan por los mismos problemas, entre los que se priorizan los asociados al financiamiento y profesionalización de la producción de las publicaciones. El modelo básico en nuestras latitudes es muy distinto al anglosajón, en el cual las universidades e institutos de investigación cuentan con una red de casas editoriales especializadas, algunas asociadas a ciertas universidades y otras independientes, pero que tienen todas un marco de reglas común, basado en las suscripciones de usuarios y en mecanismos de mercado. Más recientemente, y precisamente como alternativa para abrir el acceso a sus contenidos, este sistema está transformándose, trasladando el peso del financiamiento hacia el autor o hacia la institución a la que éste está adscrito, lo que ha traído nuevas discusiones acerca de su sostenibilidad.
Entre nosotros, predomina un sistema de subsidio directo o indirecto por parte de las universidades o por parte de entidades de fomento como los Consejos Nacionales de Investigación Científica que existen en casi todos nuestros países. Normalmente las publicaciones no están asociadas a editoriales académicas (que por otra parte han ido desapareciendo) y por lo regular los fondos disponibles se limitan a cubrir costos de producción, restringiendo las posibilidades de profesionalizar las tareas editoriales y de favorecer la introducción de nuevas tecnologias, así como de remunerar adecuadamente la tarea de árbitros y supervisores académicos.
Se va así delineando una agenda común que incluye el diseño de un modelo de financiamiento sustentable, con un modelo de gestión que procure la profesionalización de los editores y la interacción con editoriales académicas, y que ayude a la valorización económica de la actividad editorial sin perjudicar su misión de favorecer el acceso abierto a los contenidos, dentro del contexto institucional muy particular de nuestros países, en los que el sector público suele tener un papel crucial para el financiamiento de la actividad científica, lo que multiplica la responsabilidad social de nuestra actividad.
Un punto clave para ello es, evidentemente, alcanzar los estándares internacionales de calidad editorial y académica. El papel de las publicaciones académicas arbitradas es de doble dirección, por así decirlo: son por una parte el espacio de exhibición de la investigación y la creación científica y humanística, pero también sirven de modelo y de lugar de enseñanza, en la medida en que son parte del canon y estipulan los parámetros de la conversación académica. Los procedimientos para alcanzar esos estándares deben generalizarse y perfeccionarse, desde la adecuación formal al estilo de escritura y citas académicas hasta los criterios para el arbitraje, pasando por el control sustantivo en lo metodológico y argumental.
En este número 62 de Argos, correspondiente al volumen 32, presentamos una contribución de Omar Sabaj (Universidad de La Serena), Carlos González Vergara (Pontificia Universidad Católica de Chile), Germán Varas Espinoza (Universidad de La Serena)y Alvaro Pina-Stranger (Université de Rennes), que fue discutida en el encuentro y que consiste justamente en un aporte novedoso para sistematizar la evaluación por pares, un proceso crucial para la validación del saber cientifico.
Esperamos seguir recibiendo artículos que, como este, propongan reflexiones novedosas sobre el universo de las publicaciones académicas, y a través de ese espacio institucional que es Latinoamericana-Asociación de Revistas de Humanidades y Ciencias Sociales, propiciar nuevas prácticas, nuevas interacciones y mejores publicaciones.
En este número presentamos también La complejidad como marco de estudio para las Ciencias de la Comunicación, de María-José Arrojo-Baliña, de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, Universidade da Coruña. Se trata de un análisis de los fenómenos de la comunicación en la perspectiva de las ciencias de lo artificial y de la teoria de la complejidad, un enfoque que la autora actualiza de acuerdo con las nuevas prácticas tecnológicas.
María Cecilia Fernández Darraz, de la Universidad Católica de Temuco, analiza las representaciones sociales y las valoraciones de la figura femenina en la enseñanza de la historia chilena en Derechos políticos de las mujeres en Chile. La construcción androcéntrica del discurso en manuales escolares de Historia.
Claudia Montero, del Instituto de Historia y Ciencias Sociales de la Universidad de Valparaíso, aborda también la historia moderna chilena, pero desde la perspectiva de la construcción del discurso periodístico de mujeres y para mujeres, en su artículo Prensa de mujeres en el circuito comercial: segundo periodo de la historia de la prensa de mujeres en Chile 1900 y 1920.
Con ¡Langostas no, terremoto sí!... y se aprueba la moción: la participación de los Estados Unidos frente a los terremotos del 26 de marzo de 1812 en Venezuela, Andrea Noria e Inmaculada Simón Ruiz, del Instituto de Estudios Sociales y Humanísticos de la Universidad Autónoma de Chile, ofrecen un análisis acerca de cómo la ayuda estadounidense ante la calamidad venezolana se inserta en la geopolítica panamericana en la época de las independencias.
Luis M. Romero-Rodríguez , Walter Gadea e Ignacio Aguaded, de la Universidad de Huelva, ofrecen, con De la demonización a la polarización: un análisis desde el discurso digital del gobierno y la oposición venezolana, un revelador y pionero análisis de la dinámica de la red social Twitter en el escenario político venezolano durante 2015, mostrando cómo el escenario digital reproduce las fuerzas polarizantes y contribuyendo significativamente al debate sobre el impacto de las redes sociales en la política.
También sobre el tema de los discursos públicos, Ferran Sáez Mateu y Elena Yeste Piquer, de la Universitat Ramon Llull, evalúan en su artículo Disfunciones en el tratamiento mediático de la memoria colectiva la construcción que los medios masivos de difusión ofrecen de la historia política y en particular, la idea de memoria histórica que suele encontrarse en ellos.
Sabrina Salomón, de la Universidad Nacional de Mar del Plata, propone una lectura múltiple de la obra de Sandra María Esteves en Desmistificar la lengua: La construcción de sujeto y comunidad en la poesía de Sandra Esteves que busca la intersección de las determinaciones de la diáspora puertorriqueña, el arte performativo y el uso radical del español en su arte poética.
También explorando los bordes de la experiencia estética, Facundo Saxe, de la Universidad Nacional de La Plata, reconstruye en Disidencia sexual e historieta. El caso de Ralf König el espacio literario de las novelas gráficas del artista alemán, como una obra que registra y exhibe la eclosión de la experiencia homosexual desde los años 80 y su tránsito hacia la ambivalente metabolización social en el nuevo siglo.
Néstor L. Villegas revisa en El desarrollo humano como eje central en el diseño de un modelo de medición multidimensional de la pobreza para Venezuela: una visión desde el Enfoque de Capacidad las dificultades que sigue habiendo para el establecimiento de criterios de cuantificación de la pobreza y para conceptualizarla. Su propuesta remite a la obra de Amartya Sen como un marco conceptual que permite allanar esas dificultades.
Colette Capriles
Directora












