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Gaceta Médica de Caracas

versión impresa ISSN 0367-4762

Gac Méd Caracas v.112 n.3 Caracas jul. 2004

 

SEGURIDAD ALIMENTARIA Y CALIDAD DE VIDA  EN VENEZUELA

 

77.       VERSIÓN GLOBAL SOBRE SEGURIDAD ALIMENTARIA. Héctor Hernández Carabaño.

Para el desarrollo del Sistema Agroalimentario Nacional, el objetivo ha de ser una verdadera política de Estado, que cuente con el respaldo y la concertación de todos los factores que concurren en el sistema. Sólo entonces será posible romper el fatal "círculo vicioso": "la gente está mal nutrida porque ha nacido o ha pasado a ser pobre y sigue siendo pobre porque está mal nutrida" (A. Horwitz).

Somos parte de una comunidad de naciones que dispone de alimentos que podrían satisfacer a una población equivalente al doble de la actual. La dura realidad es: "que el número de hambrientos en el mundo ha crecido en 18 millones, a 842 millones de personas en el período 1999-2001, respecto al de 1995-1997 y hay un retroceso en la lucha contra el hambre" (informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación-FAO). Se comprueba así que la causa del hambre no es, como se piensa, la escasez material de alimentos. Esto se comprueba también en las circunstancias que dificultan o conspiran en el mercado global contra la seguridad alimentaria, concebida como la mejor esperanza de dar satisfacción al derecho humano a la alimentación.

Según el Consejo Nacional de la Alimentación (1995), en Venezuela, por seguridad alimentaria se entiende una situación ideal conforme a la cual un país, una región o el mundo, está en condiciones de proporcionar a la población, oportunamente, de manera sostenida y cualesquiera sean las circunstancias previsibles, la producción y distribución de alimentos nutricionalmente adecuados, en cantidad, calidad, variedad y aceptación cultural. Toda persona, todo hogar, en especial los de menores recursos debe tener acceso seguro a los alimentos requeridos para llevar una vida sana y socialmente útil.

En 1999, la Asamblea Nacional Constituyente debatió esta problemática y acordó respaldar plenamente el derecho a la alimentación y la seguridad alimentaria, como el medio idóneo para alcanzarlo. En el artículo 305 de la Constitución de 1999, puede leerse: "El Estado promoverá la agricultura sustentable como base estratégica del desarrollo rural integral y en consecuencia garantizará la seguridad alimentaria de la población, entendida como la disponibilidad suficiente y estable de alimentos en el ámbito nacional y el acceso oportuno y permanente a estos por parte del público consumidor. La seguridad alimentaria se alcanzará desarrollando y privilegiando la producción agropecuaria interna, entendiéndose como tal la proveniente de las actividades, agrícola, pecuaria, pesquera y acuícola. La producción de alimentos es de interés nacional y fundamental al desarrollo económico y social de la Nación. A tales fines, el Estado dictará las medidas de orden financiero, comercial, transferencia tecnológica, tenencia de la tierra, infraestructura, capacitación de mano de obra y otras que fueran necesarias para alcanzar niveles estratégicos de autoabastecimiento. Además, promoverá las acciones en el marco de la economía nacional e internacional para compensar las desventajas propias de la actividad agrícola…"

Quedó así respaldado al más alto nivel el derecho a la alimentación y la seguridad alimentaria como expresión de la materialización de ese derecho. Es obvio que no hay otra vía para lograrlo que luchar por definir esa política del Estado donde quede plasmado el desarrollo agroalimentario y la seguridad alimentaria.

Consideramos como un acontecimiento prometedor que el Congreso Centenario 2004, de la Academia Nacional de Medicina, haya incluido en su programa esta problemática.

78.       LA INSEGURIDAD ALIMENTARIA EN VE-NEZUELA. J. J. Montilla.

Puede afirmarse que hoy en día la producción de alimentos es más que suficiente para satisfacer las necesidades de toda la población del planeta, pero su distribución es muy desigual. Así por ejemplo, los países desarrollados, donde habita sólo el 20 % de la población del mundo, producen 848 754 millones de toneladas de cereales, equivalente al 44 % de la producción mundial. Este patrón se repite para casi todos los rubros o grupos de rubros de la agricultura. De esta manera, salvo en los casos debidos a las injusticias sociales prevalentes, el hambre y la malnutrición han sido erradicadas en los países desarrollados, en los cuales la suficiencia alimentaria y el exceso de alimentos alcanzado ha sido, y esto hay que enfatizarlo, en base a una producción propia, que a su vez le permite un brutal dispendio alimentario.

También en gran parte de Asia, con esfuerzos más modestos, estos flagelos han sido superados. Por el contrario, las regiones que siguen siendo severamente afectadas son África, en primer lugar, y en menor magnitud, la América Latina, región en la cual persisten el hambre, la malnutrición y la inseguridad alimentaria en varios países, resultando insólito el caso de Venezuela, país que ha contado y cuenta con ingentes recursos financieros y naturales fundamentales para el desarrollo de la agricultura.

En este país, en los años transcurridos entre 1960 y comienzos de los años ochenta, se había aumentado el consumo per capita, de aproximadamente 2 000 kcal y 50 g de proteína, que prevalecían en la década de los años 40 y 50, a 2 179 kcal y 68,9 g de proteína para 1979-1981 (FAO 1994; Montilla 1999). Esta evolución, aparentemente positiva, ocurrió fundamentalmente, debido a la importación de alimentos, porque la producción de la mayor parte de los rubros de la agricultura venezolana, ha sido errática y decreciente, con la única excepción de las hortalizas, entre los productos vegetales, y de las carnes de aves y cerdos, criados principalmente con alimentos provenientes de importación (FAO, 2002).

Así las cosas, no es de extrañar que entre 1970 y 1997, la FAO (2000), reporta que solamente tres regiones y países en el mundo, han reducido el consumo calórico: África subsahariana, Venezuela y Cuba, en los cuales se ha pasado de 2 271, 2 352 y 2 640 kcal/persona/día en 1970, a 2 237, 2 321 y 2 480 kcal/persona/día, respectivamente al finalizar el siglo XX.

Es necesario enfatizar que el fracaso agrícola en Venezuela, resulta incomprensible al constatar que se cuenta con extraordinarios recursos naturales, incluyendo aproximadamente con 58 millones de hectáreas aptas para la agricultura vegetal, forrajera y forestal, más de 50 000 metros cúbicos de agua dulce reciclable/persona/año y con las segundas reservas más altas de roca fosfórica en el continente. Se cuenta además, con una inmensa riqueza petrolera y gasífera, que generan enormes recursos financieros, que deberían utilizarse para construir las infraestructuras que soporten el desarrollo agrícola y la transformación del medio rural.

Pero no ha ocurrido así, al contrario se continúa privilegiando la importación masiva de todo género de automotores, bienes suntuarios y bebidas alcohólicas. La clase dominante ha abandonado la agricultura y el medio rural, creando agudos problemas que han resultado en una acelerada migración campesina, contándose hoy día con sólo el 8,8 % de la población económicamente activa ocupada en agricultura; el área cosechada por habitante de 2 600 m2 en 1950, se reduce escasamente a 740 m2 en la actualidad; el uso del riego, los fertilizantes, las semillas certificadas y los biocidas es marginal y también lo es la atención que se presta a la investigación y extensión agrícolas.

79.       REFLEXIONES SOBRE LA INSEGURIDAD ALIMENTARIA. Maricela Granado Guerra.

Sinopsis: "Regalar pone a prueba la dignidad de quien recibe".

A pesar de los compromisos contraídos por grupos de países a nivel mundial (Hot Springs, Virginia, EE.UU, 1943; la creación de la FAO, el 16 de octubre de 1945, en Québec; 5 años después de la Cumbre Mundial de Alimentación, celebrada en Roma y de los acuerdos sobre agricultura de la Ronda de Uruguay en 1994), la situación del hambre en el mundo sigue con la misma tendencia negativa.

Entre tanto, se está en proceso de negociación de acuerdos, mundial (OMC) y hemisférico (ALCA), cuya orientación es netamente económica y su planteamiento parece más un contrato mercantil, donde los países de menores recursos abren sus puertas a un mercado voraz, cuya capacidad productiva nunca podrá competir con las grandes corporaciones transnacionales, las cuales poseen grandes intereses en la industria biotecnológica. Asimismo, estas corporaciones han venido desplegando toda una campaña para imponer los alimentos transgénicos en el mundo, donde tienen una gran inversión que defender. Con la aceptación global de estos productos podrán controlar toda la cadena alimentaria.

Para este momento, según datos de la FAO, aproximadamente más de 800 millones de personas de los países en desarrollo, carecen de suficientes alimentos, en ellos el hambre es una condición crónica que debilita y malogra la vida de los afectados, menoscabando las economías y el desarrollo de esos países. Actualmente 83 países están definidos como países de bajos ingresos y con déficit alimentario, de los cuales 42 están en África, 24 en Asia y 7 en América Latina.

Pero sorprendentemente, la inseguridad alimentaria no sólo se manifiesta en países en desarrollo. De acuerdo a un informe del departamento de agricultura de EE.UU. en los estados de Washington, Oregon, California, Arizona, Nuevo México, Texas, Louisiana y Florida, se encuentran por encima del promedio nacional, en cuanto a inseguridad alimentaria se refiere. Este problema afectaría cerca de un 10 % de familias a nivel nacional.

De lo anteriormente mencionado, podemos inferir un problema estructural, que tendría que ver con el enfoque de los modelos de producción agrícola y su comercialización.

Debemos entender que la seguridad alimentaria no debe tomarse como la estandarización global mera-mente cuantitativa (requerimientos de alimentos), el movimiento geopolítico mundial está orientado a la homogeneización de la cultura y los criterios productivos en base al mercado mundial.

La seguridad alimentaria está íntimamente ligada a la soberanía alimentaria. Es el derecho de cada nación para mantener y desarrollar su propia capacidad para la producción de sus alimentos básicos, respetando la diversidad productiva y su cultura.

Es el hombre en su desarrollo humano, el último eslabón en el pensamiento económico predominante actual, pero debemos comenzar a pensar en el hombre espiritual y su entorno (ecología), como el principio de cualquier regla de funcionamiento.

80.       LA SEGURIDAD ALIMENTARIA Y LAS CONDICIONES DE VIDA. Maritza Landaeta de Jiménez.

Según el Dr. Hernán Méndez Castellano, el concepto de seguridad alimentaria no debe limitarse a considerar lo relacionado con la producción y disponibilidad de alimentos, sino que debe garantizar el consumo adecuado de los alimentos de que se dispone, por la totalidad de la población venezolana. Es decir, "existe seguridad alimentaria, cuando todas las personas tienen acceso físico y económico a suficientes alimentos inocuos y nutritivos, para satisfacer sus necesidades alimentarias y sus preferencias en cuanto a alimentos, a fin de llevar una vida sana y activa" (Cumbre Mundial de Alimentación, 1996).

En Fundacredesa, el estudio de las condiciones de vida del venezolano, nos ha permitido palpar la realidad social y analizar como influyen los distintos factores en la familia y en el crecimiento y desarrollo de los niños y adolescentes. En la actualidad, según la clasificación de Graffar-Méndez Castellano, el 39,2 % de nuestras familias están en una situación económica, social y cultural denominada pobreza crítica y 40,7 % padecen de pobreza relativa, con amplia fragilidad de su poder adquisitivo. La educación de la mujer y su participación en el trabajo, representan factores preponderantes para que las familias con menores recursos alcancen su seguridad alimentaria. Se ha encontrado que 26 % de las mujeres en el estrato IV y 31 % en el estrato V, son jefas de hogar, con un nivel de educación muy bajo: 93 % de las madres más pobres apenas completaron la primaria, 4 % tienen secundaria completa y 6 % son analfabetas. En este grupo se concentra la mayor proporción de niños con enfermedades y desnutrición, madres con limitaciones importantes para poder superar la pobreza, debido a su baja capacitación.

Como consecuencia de la crisis prolongada que sufre el país, se ha incrementado el porcentaje de niños de 7 años con desnutrición crónica y estatura disminuida hasta un 25 %, en 2001, en familias de estratos bajos con menor consumo calórico. La pérdida de peso que refleja la desnutrición aguda en los menores de 2 años, se incrementó a 26 %, de los cuales el 17 % presentan una alta vulnerabilidad biológica y social.

En el estudio de movilidad social de 2001, en los estratos Graffar IV y V, los lactantes presentan 51 % de deficiencia de hierro y 54 % de anemia, los preescolares 35 % de deficiencia de hierro y 39 % de anemia. En los niños de 7 años, la deficiencia férrica fue de 24 % y la anemia de 20 %, mientras que en las embarazadas la primera alcanzó a 59 % y la segunda a 38 %. A esto se suma la deficiencia de ácido fólico, que afecta al 35 % de los preescolares y al 27 % de niños de 7 años. En las embarazadas de los mismos estratos, el déficit fue de 36 %.

El programa de enriquecimiento de las harinas con hierro y vitaminas, que se aplica desde 1992, en los escolares y adolescentes, ha contribuido a reducir la deficiencia de hierro a 16 %, pero los resultados son menos exitosos para reducir la anemia.

Es indudable que en las familias pobres, las madres en momentos de crisis, toman decisiones acertadas al darle prioridad al consumo de alimentos fuente de energía, tales como cereales y grasas. Sin embargo, las dificultades en el acceso de los alimentos, no limitan la posibilidad de la familia de llenar los requerimientos calóricos mínimos. En este sentido, el precio de esta deficiencia es muy alto, pues importantes grupos de población ven frustradas su posibilidad de desarrollo. Por tanto, la seguridad alimentaria debe centrarse en el bienestar humano.

En palabras del Dr. Méndez Castellano "las carencias alimentarias constituyen la más perversa y grave violencia que la sociedad impone a una buena parte de las madres, de los niños y de los ancianos".

81.       LA SEGURIDAD ALIMENTARIA EN LOS HOGARES DE NIÑOS QUE ASISTEN A LA CONSULTA DE NUTRICIÓN, CRECIMIENTO Y DESARROLLO DEL HOSPITAL "J. M. DE LOS RÍOS", 2003. Ingrid Soto de Sanabria, Olga Figueroa, Ana López, Liliana Vera, Carmen Salvi, Camila Mudarra, Larry Navas, Liliana Nuñez.

Por iniciativa del Dr. Hernán Méndez Castellano, nos propusimos medir la seguridad alimentaria en los hogares de los pacientes que asisten a una consulta especializada del Hospital "J. M. de los Ríos", utilizando una escala cualitativa validada por primera vez en el país en 1997. Esta prueba trata de obtener información de la percepción del entrevistado de la situación alimentaria en el hogar. En la mayoría de los casos, los datos los suministra el ama de casa. La percepción está relacionada fundamentalmente con la suficiencia de ingresos para ofrecer una alimentación considerada adecuada y las experiencias de hambre de adultos y niños. Esta escala es de utilidad, tanto en la identificación, como en el seguimiento de hogares que sufren de inseguridad alimentaria.

La muestra fue de 613 familias, a las que pertenecían el 92 % de los niños que asistían a la consulta, entre el 25 de agosto y el 31 de octubre de 2003. Según su procedencia, el 45,2 % eran del Distrito Capital, 37,4 % del Estado Miranda, 3,4 % del Estado Vargas y 14 % de otros estados del país. De acuerdo al grupo de edad, 28 % eran lactantes, 28 % preescolares, 32 % escolares y el resto adolescentes. Según su nivel socio-económico (Graffar – Méndez Castellano), el 15 % estratos II y III, 48 % estrato IV y 37 % al estrato V. En resumen el 85 % provenían de familias en situación de pobreza.

De acuerdo al diagnóstico nutricional, el 25 % resultó normal, malnutrición por déficit 63 % y por exceso el resto. Según la evaluación del crecimiento, normal el 36 %, talla normal o baja 63 % y talla alta o normal alta el resto.

De acuerdo a la escala de seguridad en el hogar, 32 % de las amas de casa consideró seguros sus hogares, el 68 % restante los percibieron con algún grado de inseguridad alimentaria: 56 % con inseguridad leve, 8 % moderada y el resto grave.

Por estrato social, hubo mayor percepción de inseguridad alimentaria en los más pobres que en los altos (II) y medios (III), con diferencias estadísticamente significativas.

Según la intensidad de la inseguridad, los estratos II y III sólo percibieron inseguridad leve y el 96 % de la inseguridad grave se percibió en los hogares con pobreza crítica (V). Estos resultados mostraron la estrecha relación que existe entre inseguridad alimentaria y el nivel socioeconómico del grupo familiar. Llama la atención que en el estrato medio, casi en la mitad de los hogares se percibe algún grado de inseguridad.

Con relación al ingreso, en los hogares por debajo del salario mínimo, sólo en el 8,5 % se perciben como seguros, mientras que en los que disponen de un poco más de dos salarios mínimos, el 49,4 % se perciben como seguros. A menor ingreso, las amas de casa perciben sus hogares con más inseguridad alimentaria.

Mención especial merecen los desnutridos graves encontrados en el estudio: 3 por semana, con un total de 27 durante las 9 semanas. En el 85 % de los hogares de estos desnutridos, las amas de casa los perciben con inseguridad alimentaria. De estos pacientes, el 55,5 % son de causas primarias, 37 % de causas mixtas y sólo el 7,5 % fueron secundarios a otras patologías.

Conclusiones y recomendaciones: aun cuando los resultados de esta investigación provienen de una muestra seleccionada, debe reflexionarse sobre el alto porcentaje de hogares que las amas de casa perciben con inseguridad alimentaria, asociada al nivel social y al ingreso. Se recomienda una política de seguridad alimentaria que favorezca a los más vulnerables.

82.       PATRÓN DE CONSUMO ALIMENTARIO. Marlene Fossi, Werner Jaffé.

En Venezuela, la relación entre el salario mínimo, el costo de la canasta alimentaria normativa y el costo de la dieta promedio para una familia de 5 miembros, que cumple con los requerimientos de calorías y proteínas (Fundacredesa), muestra una situación precaria, sostenida a través de los años, para la mayoría de las familias, las cuales no están en capacidad de adquirir sus alimentos en las cantidades y con la selección apropiada para obtener una alimentación balanceada. Desde la década de los años 90, la capacidad de salario mínimo para cubrir la canasta alimentaria y la dieta promedio, ha estado en valores tan bajos como 25 % y 21 %, respectivamente (1996). Apenas muestra un incremento durante algunos años (1999, 2000, 2003), para luego volver a deteriorarse en enero de 2004. Mientras el salario mínimo era de Bs. 247 104, el costo de la canasta alimentaria era de Bs. 299 199 y la dieta promedio alcanzaba Bs. 435 969, por lo cual las relaciones antes mencionadas descienden al 38 % y el 57 %.

Según los estudios de percepción de la población sobre la seguridad alimentaria en el hogar, como era de esperarse las peores percepciones resultaron más acentuadas en los estratos IV y V. En cuanto al consumo aparente de calorías, los porcentajes de adecuación del consumo entre los estratos III y V en el año 2003, fueron menores a los reportados en 1990, por el deterioro del consumo en las familias del estrato III.

Puede decirse que los alimentos que conforman el patrón de consumo de los venezolanos no han cambiado significativamente, como lo demuestran las encuestas de Fundacredesa en los últimos 25 años. Aunque las proporciones ingeridas de alimentos de distinto origen, varían entre estratos sociales, existe un grupo básico que conforma la dieta diaria en nuestro país.

Estos alimentos de la dieta son, fundamentalmente, los siguientes: grupo de cereales (harina de maíz precocida, arroz y pasta), aceites y grasas (aceite vegetal, margarina y mayonesa), leche (en polvo), productos lácteos (queso) y huevos, carnes y pescados (pollo y res), tubérculos (papas) y plátanos, frutas (cambur, guayaba, lechosa, naranja), leguminosas (caraotas negras) y hortalizas (tomate, cebolla, zanahoria, auyama y pimentón).

Los cereales, las grasas visibles y alimentos varios representan la mayor participación en la ingesta calórica de las familias del estrato V, en comparación con las del estrato III, que consumen una mayor proporción de alimentos de origen animal.

Estos son los alimentos que constituyen el núcleo fundamental para nuestra seguridad alimentaria y deben tomarse en consideración, tanto por el sector público como el privado, en la definición de políticas y las líneas de acción a tomar para garantizarla.

La orientación de la política debe priorizar en primer lugar mantener el patrón de consumo alimentario de nuestra población, con especial énfasis en mejorar la accesibilidad de esos alimentos a los grupos más vulnerables, lo cual debe acompañarse con una adecuada educación nutricional.

83.       LA SANIDAD Y LA NUTRICIÓN EN VENEZUELA A MEDIADOS DEL SIGLO XX. EFEMÉRIDES Y RECUERDOS. J. M. Bengoa.

"Lo más importante y lo más fuerte es el recuerdo. La vida es una fábrica de recuerdos".

Graciela Serrano (El País – Madrid 18-02-04).

1. La Sanidad.

A mediados de los años 30, a raíz de la muerte del Dictador Gómez, Venezuela hervía en un fervor democrático, pletórico de iniciativas y de esperanzas. Se palpaba en el ambiente un ansia de renovación en todos los ámbitos de la vida.

Era Venezuela un país con tres millones de habitantes. El número de municipios era semejante al que existe hoy. La población se fue concentrando en los medianos y grandes municipios. A mediados del siglo pasado tres cuartas partes de los habitantes vivían en miles de caseríos dispersos. No obstante, en cada estado, existían además de la capital, dos o tres municipios de 5 000 a 10 000 habitantes, con una gran actividad cultural. Contaban con liceo, ateneo, biblioteca o salones de lectura, donde se daban conferencias y se formaban tertulias para discutir aspectos de la historia patria. A raíz de la muerte de Gómez muchos de los nuevos dirigentes sociales y políticos del país salieron de esos municipios de población intermedia. De allí surgió, a mi juicio, la nueva Venezuela del siglo XX.

A la muerte de Gómez, el mapa sanitario era grave. El paludismo, la gastroenteritis y la tuberculosis eran las principales causas de muerte. Pero la mortalidad de procesos crónicos, por lo general parasitarios, era muy alta. Un alto porcentaje de la población estaba, pues, enferma de algún proceso crónico.

En esa época se pone en marcha un ambicioso plan de salud en dos direcciones. Por un lado una política vertical de lucha específica contra las endemias dominantes: paludismo, anquilostomiasis, gastroenteritis, amebiasis, tuberculosis, lepra, etc., bajo la dirección de destacados sanitaristas del país, que ya venían actuando en esa dirección.

Una segunda línea de la política de salud se centró en la creación de Unidades Sanitarias en las poblaciones mayores y medianas, para llevar a cabo una acción horizontal de prevención y vigilancia sanitaria. El grupo de profesionales en la red de las Unidades Sanitarias era excelente, pero no andaban a la zaga los "verticalistas" también formados, muchos de ellos, en el exterior. Hubo épocas de buen entendimiento entre ambas tendencias, pero también roces y batallas verbales. En ambos grupos había profesionales de "5 estrellas". Varios exiliados de la Guerra Civil española, fueron colaboradores valiosos.

De hecho las Unidades Sanitarias eran de una ortodoxia preventiva pura, y entre sus actividades se destacaban: el control del niño sano, la atención prenatal; la prevención de enfermedades venéreas; epidemiología; inmunizaciones, laboratorio, etc., todo ello con un acento estrictamente preventivo y no curativo.

Los éxitos logrados en esa época fueron espectaculares. Merece mención especial la erradicación práctica del paludismo, en 1945 gracias al DDT, pero sobre todo gracias a la excelente organización del servicio de lucha antimalárica y que alguien, con acierto, definió como la "Segunda Independencia". La mortalidad por paludismo disminuyó de 32 por 1 000 habitantes en 1940 a 0,3 en 1970.

La mejoría en la oferta de servicios de salud y la aparición de nuevos medicamentos (sulfas, antibióticos, etc.) lograron resultados espectaculares. Lo que en Inglaterra tardaron 100 años, en Venezuela se logró en 25 años.

La mortalidad infantil disminuyó de 150 por mil nacidos vivos a 50 en menos de 25 años; la mortalidad de niños 1-4 años disminuyó en un período de tiempo de 20 por mil a menos de 5. La tuberculosis disminuyó asimismo espectacularmente. En esa misma época se inicia o ponen en marcha los servicios del Instituto de los Seguros Sociales. Esto y la existencia de numerosas entidades que ofrecían servicios curativos de salud (Beneficencias Municipales, Sanidad Militar, etc.), movilizan un gran movimiento a fin de crear un Sistema Coordinado de Salud, según algunos grupos, o un Sistema Único de Salud, según otros.

La controversia duró años, y es posible que todavía continúe aun cuando el problema real se encuentre en la cuantía de los recursos destinados al sector en su conjunto, que en Venezuela siempre han sido insuficientes.

2. La nutrición.

También en el campo de la nutrición se verifican cambios importantes a mediados del siglo XX, Venezuela no tuvo históricamente graves brotes de enfermedades carenciales por deficiencias vitamínicas. Casos aislados de beri – beri se describieron, no obstante, en la zona de Guayana.

Tres procesos dominaban la patología nutricional a mediados del siglo XX: Las anemias por deficiencia de hierro, el bocio endémico, principalmente en la zona andina y la desnutrición calórico – proteínica, más bien de formas moderadas, pero con casos graves en los niños preescolares. La talla baja moderada dominaba el cuadro de la población general. En 1941 se crea la Sección de Nutrición, y en 1945 con motivo de la Revolución de Octubre, se crean el Instituto Nacional Pro-Alimentación Popular (INPAP) y el Patronato Nacional de Comedores Escolares. La Sección de Nutrición del M.S.A.S. pasa a ser la División Técnica de ambas instituciones recién creadas.

Esta División Técnica, además de los tres médicos que estaban en la Sección de Nutrición del Ministerio, incorporó nuevos profesionales y técnicos a fin de conformar un equipo científico sólido, compuesto por más de 20 profesionales.

El presupuesto del INPAP era de 20 millones de bolívares (unos 6 millones de dólares), de los cuales una buena parte se destinaba a la División Técnica.

En 1949, surge la idea de lanzarse a una nueva etapa, llena de riesgos. En el INPAP se elabora un ambicioso plan de cinco puntos:

•          Transformar el INPAP en un Instituto Nacional de Nutrición (INN).

•          Construir un edificio propio.

•          Crear una Escuela de Nutricionistas y Dietistas.

•          Fundar una revista que llevará el título de Archivos Venezolanos de Nutrición, y

•          Crear una serie de Cuadernos Azules para publicar trabajos monográficos.

El edificio de la esquina de El Carmen se construyó en 1951/52 y se inauguró en 1953. El terreno de 2000 m2, cedido por el M.S.A.S había sido garaje. La construcción tuvo un costo total de 1 800 000 bolívares (600.000 $).

La distribución de los servicios en el nuevo edificio era muy distinta a los que ofrece hoy el INN. El número de empleados, en 1953, no superaba los 50 ó 60. Los espacios eran amplios y la luz entraba por grandes ventanales. El ambiente limpio y silencioso invitaba al trabajo.

Para 1953, cuando se celebra en la sede del Instituto, la Tercera Conferencia Latinoamericana de Nutrición, patrocinada por la FAO y la OMS, el asombro de los participantes extranjeros es patente y en esa época nadie discute que el INN de Venezuela es uno de los mejores de América Latina.

Fueron años de actividad febril, en los cuales se juntaron el entusiasmo de un grupo de venezolanos y los recursos económicos necesarios para poner en práctica el sueño de una nueva Venezuela.