SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.28 número1Identificación de amerindios por medio del análisis de adn. su aplicación en los litigios por posesión de tierras, y otros temas legales y éticos índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

Compartir


Interciencia

versión impresa ISSN 0378-1844

INCI v.28 n.1 Caracas ene. 2003

 

SUSTENTABILIDAD SIN BIOÉTICA NO SE SUSTENTA

 

Geraldo Mendes dos Santos

Instituto Nacional de Pesquisas da Amazônia (INPA)

Sustentabilidad es una palabra clave en todo asunto sobre el uso y preservación del medio ambiente. Su postulado básico es la implementación de un tipo de desarrollo en el que las tasas de exploración no traspasen la capacidad de soporte y regeneración de los recursos. Esto es, los bienes naturales deben ser usados con responsabilidad y parsimonia, asegurando que las futuras generaciones también puedan hacer uso de ellos.

La sustentabilidad encierra una premisa interesante, que es la compatibilización del crecimiento económico con la preservación ambiental y distribución equitativa de la renta, mientras que su gran dilema es transformarse en realidad concreta, tanto a nivel personal como colectivo.

Aunque sustentabilidad presuponga la idea de algo altruista y duradero, continúa predominando el viejo esquema utilitario, bajo la égida de demandas reales o imaginarias y donde la naturaleza es vista simplemente como un baúl de recursos a ser explotados, mucho más en función del presente que del futuro.

Restringido anteriormente a estudios y planes de gestión ambiental, el término sustentabilidad ha sido apropiado por el discurso político, sirviendo comúnmente de retórica y modismo. No es raro que el término sea invocado, de manera equivocada e ilegítima, como justificación de prácticas devastadoras, en beneficio de pocos y perjuicio de muchos.

El desperdicio de los recursos naturales es un hecho común en todo el mundo y tiene causas complejas, pero seguramente deriva de paradigmas socioeconómicos falsos, centrados en la concepción de que el hombre es superior a los demás seres, que el componente de CyT será capaz de superar cualquier tipo de dificultad, que la producción y el consumo no pueden estar limitados a que el mercado sea la principal meta, si no la única, del desarrollo humano.

Defiendo la idea que los presupuestos de la sustentabilidad son inviables y arriesgados, cuando se sigue al pie los dictámenes de la economía, enfocados en el inmediatismo, el consumismo y el lucro fácil. De igual modo, considero incongruente cualquier forma de sustentabilidad que no esté fundamentada en una estructuración social razonable y en la cual los ciudadanos tengan acceso a condiciones mínimas de vida, suficientes para asegurarles alimentación, residencia, educación y la exacta noción de ciudadanía y dignidad. La preservación de los intereses económicos sin respeto a las condiciones ambientales es una burla. La preservación ambiental sin justicia es una farsa.

Para la conquista de la sustentabilidad es indispensable la adopción de enseñanzas básicas de la Bioética, una disciplina fundamentada en las obras de Potter (1971), Naess (1973), Lovelock (1987), Schwarz y Schwarz (1990), Capra (1996), Oliveira (1997) y Boff (1999), entre otros.

A pesar de estar estructurada bajo moldes académicos, la esencia de la Bioética se vincula a la conciencia del individuo. Su andamiaje teórico y el llamado a una vivencia ética y amorosa de todos los seres de la tierra se apoyan en dos principios básicos:

- Toda especie es única y trae en su bagaje genético e histórico soluciones singulares para adaptarse al ambiente y dar curso a la vida. Por eso, tiene derecho a existir, independiente de su abundancia o importancia para el hombre. Atribuir valor a las especies biológicas en base apenas en parámetros económicos es una actitud mezquina y arbitraria.

- La vida se desenvuelve como tramas, de manera sistémica, incluyendo intercambio de materia y energía entre sus diversos elementos. En ese sentido todas las especies y todos los recursos naturales son valiosos e interdependientes.

La Bioética, más que una ciencia, es una conducta cívica y un estado mental, basados en la concientización sobre la importancia del equilibrio entre los intereses ecológicos y económicos, y en la relación fraterna de los hombres con sus semejantes y todos los seres de la tierra.

Para hacer efectiva una sustentabilidad socio-ambiental auténtica y eficaz, sobre todo en los países capitalistas occidentales, se hace necesaria la creación de una nueva cultura civilizatoria, en la que el hombre ya no sea considerado como dueño y centro del universo, sino tan solo una de las más bellas expresiones del poder creativo y del carácter sacro de la vida universal.

Sin una actitud consciente del ciudadano y la existencia de una sociedad más justa y solidaria, la idea de sustentabilidad no pasa de ser una quimera, un discurso vacío o justificación espúrea para la manutención del actual proceso desarrollista, espoliador de la naturaleza, concentrador de la riqueza y globalizador de la miseria.

SUSTAINABILITY WITHOUT BIOETHICS DOES NOT SUSTAIN ITSELF

Geraldo Mendes dos Santos

Instituto Nacional de Pesquisas da Amazônia (INPA)

Sustainability is a key word in all matters regarding the use and preservation of the environment. Its basic postulate is the implementation of a kind of development where exploitation rates do not trespass the capacity for support and regeneration of the resources. That is, natural goods should be used with responsibility and parsimony, assuring that future generations can also make use of them.

Sustainability includes an interesting premise, which is making compatible the economic growth with environmental preservation and equitable distribution of the income, while its great dilemma is to transform itself into a concrete reality, both at the personal and collective levels.

While sustainability presupposes the idea of something altruist and enduring, the old utilitarian scheme continues to prevail, under the aegis of imaginary or real demands where nature is simply seen as a bulk of resources to be exploited, much more as a function of the present than of the future.

Formerly restricted to environmental management studies and plans, the term sustainability has been appropriated by the political discourse, commonly serving as a rhetoric and an idiom. It is not surprising that the term be invocated, in an incorrect and illegitimate manner, as justification for devastating practices, in the benefit of a few and prejudice of many.

The waste of natural resources is a common occurrence in the whole world and has complex causes, but it surely results from false socio-economical paradigms, centered in the concept that man is superior to other beings, that the S&T component will be able to overcome any kind of difficulty, that production and consumption cannot be limited to the market being the main, if not the only, goal of human development.

I defend the idea that the premises of sustainability are risky and not viable, when economic judgment, focused on immediate results, consumerism and easy profits is strictly followed. Also, I consider as incongruent any form of sustainability that is not based on a reasonable social structure where citizens have access to minimal living conditions, sufficient to warrant food, housing, schooling and the precise notion of citizenship and dignity. The preservation of economic interest without respect for environmental conditions is a mockery. Environmental preservation without justice is a farce.

For the achievement of sustainability it is indispensable to adopt the basic teachings of Bioethics, a discipline based on the works of Potter (1971), Naess (1973), Lovelock (1987), Schwarz and Schwarz (1990), Capra (1996), Oliveira (1997) and Boff (1999), among others.

Despite being structured under academic patterns, the essence of Bioethics is linked to the conscience of the individual. Its theoretical framework and the call for an ethical and amorous life experience for all beings on earth is sustained upon two basic principles:

- Every species is unique and its genetic load and history carry singular solutions for its adaptation to the environment and to pursue its life. Thus, it has the right to exist, independent of its abundance or importance to man. To assign value to biological species merely on the base of economic parameters is a selfish and arbitrary attitude.

- Life unfolds in a systemic manner, including matter and energy exchanges among its diverse elements. In this sense, all species and all natural resources are valuable and interdependent.

Bioethics, more than a science, is a civic attitude and a mental state, based on the conscience about the importance of the equilibrium between ecological and economical interests, and on the fraternal relationship between man and its fellow men and all beings on earth.

For a socio-environmental sustainability to be authentic and efficacious, mainly in western capitalist countries, it becomes necessary to create a new civilizing culture, where man is not considered anymore as lord and center of the universe, but only as one of the most beautiful expressions of the creative power and sacred character of universal life.

Without a conscious attitude of the citizen and the existence of a society with more justice and solidarity, the idea of sustainability will be no more than a chimera, an empty discourse or a spurious justification for the maintenance of the current development process, spoiler of nature, concentrator of wealth and globalizer of misery.

SUSTENTABILIDADE SEM BIOÉTICA NÃO SE SUSTENTA

Geraldo Mendes dos Santos

Instituto Nacional de Pesquisas da Amazônia (INPA)

Sustentabilidade é palavra-chave em todo assunto sobre uso e preservação do meio ambiente. Seu postulado básico é a implementação de um tipo de desenvolvimento em que as taxas de exploração não ultrapassem a capacidade de suporte e regeneração dos recursos. Isto é, os bens naturais devem ser usados com responsabilidade e parcimônia, assegurando que as futuras gerações também possam fazer uso deles.

A sustentabilidade encerra uma premissa interessante, que é a compatibilização do crescimento econômico com preservação ambiental e distribuição eqüitativa de renda, entretanto seu grande dilema é transformar-se em realidade concreta, tanto em nível pessoal como coletivo.

Embora sustentabilidade pressuponha a idéia de algo altruísta e duradouro, continua predominando o velho esquema utilitarista, sob a égide de demandas reais ou imaginárias e onde a natureza é vista simplesmente como baú de recursos a serem explorados, muito mais em função do presente que do futuro.

Antes restrito aos estudos e planos de gestão ambiental, o termo sustentabilidade tem sido cooptado pelo discurso político, servindo comumente de retórica e modismo. Não raro, seu nome tem sido invocado de maneira equivocada e ilegítima, como álibi para práticas devastadoras, em benefício de poucos e prejuízo de muitos.

O desbaratamento dos recursos naturais é fato comum em todo o mundo e tem causas complexas, mas seguramente decorre de paradigmas sócio-econômicos falsos, centrados na concepção de que o homem é superior aos outros seres, que o componente C&T será capaz de superar qualquer tipo de impasse, que a produção e consumo não podem ser limitados e que o mercado é o principal, senão único, balizador do desenvolvimento humano.

Defendo a idéia de que os pressupostos da sustentabilidade são inviáveis e arriscados, quando se segue à risca os ditames da economia, focados no imediatismo, no consumismo e no lucro fácil. De igual modo, advogo como incongruente qualquer forma de sustentabilidade que não seja alicerçada numa razoável estruturação social e na qual os cidadãos tenham acesso às condições mínimas de vida, suficientes para lhes assegurar alimentação, moradia, educação e a exata noção de cidadania e dignidade. Preservação dos interesses econômicos sem respeito às condições ambientais é uma burla. Preservação ambiental sem justiça social é uma farsa.

Para a conquista da sustentabilidade é indispensável a adoção dos ensinamentos básicos da Bioética, uma disciplina fundamentada nas obras de Potter (1971), Naess (1973), Lovelock (1987), Schwarz e Schwarz (1990), Capra (1996), Oliveira (1997) e Boff (1999), dentre outros.

Apesar de estar estruturada nos moldes acadêmicos, a essência da Bioética se vincula à consciência do indivíduo. Seu arcabouço teórico e o chamamento para uma vivência ética e amorosa com todos os seres da terra se apoiam em dois princípios básicos:

- Toda espécie é única e traz em sua bagagem genética e histórica soluções singulares para adaptar-se ao ambiente e dar curso à vida. Por isso, ela tem o direito de existir, independente de sua abundância ou importância para o homem. Atribuir valor às espécies biológicas com base apenas em parâmetros econômicos é uma atitude mesquinha e arbitrária.

- A vida se desenvolve como teias, de maneira sistêmica, envolvendo troca de matéria e energia entre seus diversos elementos. Nesse sentido, todas as espécies e todos os recursos naturais são valiosos e interdependentes.

A Bioética, mais que uma ciência, é uma conduta cívica e um estado mental, baseados na conscientização sobre a importância do equilíbrio entre os interesses ecológicos e econômicos e na relação fraterna dos homens com seus semelhantes e todos os seres da terra.

Para a efetivação de uma sustentabilidade sócio-ambiental autêntica e eficaz, sobretudo nos países capitalistas ocidentais, faz-se necessária a criação de uma nova cultura civilizatória, em que o homem não seja mais considerado como dono e centro do universo, mas tão somente uma das mais belas expressões do poder criativo e da sacralidade da vida universal.

Sem uma atitude consciente do cidadão e a existência de uma sociedade mais justa e solidária, a idéia de sustentabilidade não passa de quimera, discurso vazio ou justificativa espúria para a manutenção do atual processo desenvolvimentista, espoliador da natureza, concentrador da riqueza e globalizador da miséria.