Interciencia
versión impresa ISSN 0378-1844
INCI v.29 n.8 Caracas ago. 2004
MODELO ECONOMÉTRICO PARA DETERMINAR LOS FACTORES QUE AFECTAN EL MERCADO DE LA CARNE DE PORCINO EN MÉXICO
Roberto García Mata, Manuel Francisco del Villar Villalón, José Alberto García Salazar, José Saturnino Mora Flores y Roberto Carlos García Sánchez
Roberto García Mata. Doctor en Economía, Colegio de Postgraduados (México). Profesor Investigador, Instituto de Socioeconomía, Estadística e Informática (ISEI), Colegio de Postgraduados. Dirección: Km. 35.5, Carretera México-Texcoco. CP 56230. Montecillo, Estado de México. México. e-mail: rory@colpos.mx
Manuel Francisco del Villar Villalón. M.C. en Economía, Colegio de Postgraduados. Estudiante de Doctorado, ISEI, Colegio de Postgraduados, Montecillo, México.
José Alberto García Salazar. Doctor en Economía, Colegio de Postgraduados (México). Profesor Investigador, Instituto de Socioeconomía, Estadística e Informática (ISEI), Colegio de Postgraduados, México. e-mail: jsalazar@colpos.mx
José Saturnino Mora Flores. Doctor en Economía, Colegio de Postgraduados (México). Profesor Investigador, Instituto de Socioeconomía, Estadística e Informática (ISEI), Colegio de Postgraduados, México. e-mail: saturmf@colpos.mx
Roberto Carlos García Sánchez. M.C. en Economía, Colegio de Postgraduados. Estudiante de Doctorado, Colorado State University, EEUU. e-mail: rcgarcia@lamar.colostate.edu.
Resumen
Para determinar los factores que afectan el mercado de la carne de porcino en México, se utilizó un modelo de ecuaciones simultáneas compuesto por una ecuación de oferta, una de demanda, tres de transmisión de precios y una identidad de saldo de comercio exterior, calculándose elasticidades para los periodos de economía cerrada (1960-1985) y abierta (1986-2002). Los resultados indican que en el último periodo la producción de carne respondió de manera elástica a la tecnología, y de manera inelástica a los precios del producto y de los alimentos balanceados, pues las elasticidades que se obtuvieron fueron de 1,65; 0,58 y -0,29, respectivamente. En el mismo periodo la demanda respondió de manera inelástica a los factores que la determinan, obteniéndose elasticidades de -0,33 para el precio de la carne de porcino, 0,16 para el de la carne de bovino, 0,18 para el presupuesto para el consumo privado y 0,30 para el proceso de urbanización. El saldo de comercio exterior respondió de manera elástica a todos los factores mencionados como determinantes de la oferta y demanda. Finalmente, los resultados indican que las condiciones externas tienen un impacto reducido sobre las principales variables de mercado, ya que las elasticidades que relacionan el precio internacional con la oferta, la demanda y el saldo de comercio exterior fueron de apenas 0,07; -0,04 y -0,76, respectivamente.
Summary
In order to determine the factors that affect the pork market in Mexico, a model of simultaneous equations was used, made up of one equation for supply, one for demand, three for price transmissions and one for foreign trade balance identity. Elasticities were calculated for periods of closed (1960-1985) and open (1986-2002) economy. The results indicate that in the last period, pork production responded elastically to technology, and inelastically to product and balanced food prices, since the elasticities obtained were 1.65, 0.58, and -0.29, respectively. In the same period, demand responded inelastically to the factors that determine it, obtaining elasticities of -0.33 for pork price, 0.16 for beef, 0.18 for the private consumption budget, and 0.30 for the urbanization process. The foreign trade balance responded elastically to all the mentioned factors as determinants of supply and demand. Finally, the results indicate that external conditions have a reduced impact upon the main variables of the market, since the elasticities that relate international price to supply, demand, and foreign trade balance were only 0.07, -0.04, and -0.76, respectively.
Resumo
Para determinar os fatores que afetam o mercado da carne de suíno no México, utilizou-se um modelo de equações simultâneas composto por uma equação de oferta, uma de demanda, três de transmissão de preços e uma identidade de saldo de comercio exterior, calculando-se elasticidades para os períodos de economia fechada (1960-1985) e aberta (1986-2002). Os resultados indicam que no último período a produção de carne respondeu de maneira elástica à tecnologia, e de maneira inelástica aos preços do produto e dos alimentos balanceados, pois as elasticidades que se obtiveram foram de 1,65; 0,58 e -0,29, respectivamente. No mesmo período a demanda respondeu de maneira inelástica aos fatores que a determinam, obtendo-se elasticidades de -0,33 para o preço da carne de suíno, 0,16 para o da carne de bovino, 0,18 para o orçamento para o consumo particular e 0,30 para o processo de urbanização. O saldo de comércio exterior respondeu de maneira elástica a todos os fatores mencionados como determinantes da oferta e demanda. Finalmente, os resultados indicam que as condições externas tem um impacto reduzido sobre as principais variáveis de mercado, já que as elasticidades que relacionam o preço internacional com a oferta, a demanda e o saldo de comercio exterior foram de apenas 0,07; -0,04 e -0,76, respectivamente.
PALABRAS CLAVE / Elasticidad / Mercado de la Carne de Porcino / Modelo Econométrico /
Recibido: 18/03/2004. Modificado: 23/06/2004. Aceptado: 21/07/2004.
La producción de carne de cerdo es una de las industrias más importantes dentro del sector pecuario mexicano. Por el lado de la producción, se estima que la porcicultura nacional genera 106000 empleos directos y 280000 indirectos, ocupando, en promedio, de 9,8 a 21,8 jornales por tonelada vendida de carne (FIRA, 1997; CANACINTRA, 2001). Por el lado del consumo, excluyendo el sacrificio clandestino, anualmente se producen más de 650000ton y se demandan más de 790000ton de carne, siendo una de las principales fuentes de proteína animal. Además, es el segundo mercado demandante de alimentos balanceados, después de la avicultura (FIRA, 1997).
Durante las últimas décadas la economía mexicana ha registrado notables cambios estructurales en sus políticas macroeconómicas y sectoriales. En 1976, 1982 y 1994 ocurrieron las macro-depreciaciones del peso que afectaron a todos los sectores de la economía nacional (Mungaray y Ocegueda, 1995), y en particular al sector porcícola. Desde 1986 la economía mexicana ha registrado cambios estructurales en las políticas relacionadas con su sector externo, consistentes en la apertura a la competencia del exterior. En lo interno se han observado cambios como la privatización de empresas públicas, la desregulación económica, la supresión de los precios oficiales, la modificación a la base jurídica del ejido y la eliminación de los subsidios a los insumos y servicios para la producción agropecuaria (García, 2000).
En general, las políticas macroeconómicas y sectoriales recientes han tenido un fuerte efecto en el desarrollo del sector agropecuario, y en particular en el sector porcícola. El retiro de los apoyos del gobierno a los porcicultores y los efectos de la apertura comercial han provocado una depuración en la actividad al consolidar a las empresas más eficientes y al eliminar a las semitecnificadas.
De 1960 a 1981 la producción de carne de porcino en canal, proveniente del sacrificio de rastros municipales y Tipo Inspección Federal (TIF), se desarrolló a una tasa de crecimiento media anual (tcma) de 6,6%. Este crecimiento fue determinado por el progreso tecnológico que permitió obtener 23,4% más carne por kg de alimento en 1981, respecto a 1960. En esta misma dirección influyeron los precios relativos del porcino en pie/precio del alimento balanceado, que fueron favorables a la porcicultura. En ese periodo ambos bajaron 20,0 y 65,5%, respectivamente, lo cual, aunado al progreso tecnológico, generó expectativas de ganancia a largo plazo. De 1960 a 1972, funcionó el modelo de Desarrollo Estabilizador (inflación anual de 3,9%) y de bajo costo de capital, que permitía la planificación de inversiones a largo plazo.
De 1981 a 1984 la producción de carne en canal disminuyó 4,3%, lo que coincidió con el proceso inflacionario de 1982 (98,8%), 1983 (80,8%) y 1984 (59,2%) y una alta tasa de interés nominal en 1982 (45,3%), 1983 (56,6%) y 1984 (48,6%) (Dussell, 1995; Mungaray y Ocegueda, 1995; FIRA, 1996). Esto provocó relaciones de precios porcino/alimento desfavorables a la porcicultura y altos costos de capital, lo que ocasionó pérdidas a la actividad.
De 1986 a 1991 la producción disminuyó continuamente, lo cual coincidió con la hiperinflación que se registró en el país: 105,7% en 1986, 159,2% en 1987 y 51,7% en 1988 (Dussell, 1995), y con una alta tasa de interés nominal en 1986 (86,7%), 1987 (96,0%) y 1988 (69,2%) (Mungaray y Ocegueda, 1995; FIRA, 1996). Aunado a esto, el retiro al subsidio al sorgo en 1986 originó precios relativos porcino/alimento balanceado desfavorables a la porcicultura (González et al., 1992).
De 1992 a 2000 la producción proveniente de rastros municipales y TIF se desarrolló a una tcma de 4,2%. En este periodo, la inflación fue moderada, 22,8% en 1991; 15,6% en 1992; 9,8% en 1993 y 7,0% en 1994 (FIRA, 1996) y la tasa de interés nominal también fue baja, 19,3% en 1991; 15,6% en 1992; 14,9% en 1993 y 15,2% en 1994. Tal escenario macroeconómico estimuló la inversión de largo plazo. Los precios relativos favorables y las expectativas de ganancia explican el aumento de la producción hasta 1994. La sobrevaluación del peso de 1993 y 1994 abarató las importaciones de granos forrajeros y de pie de cría, lo que contribuyó al aumento de la producción (Mungaray y Ocegueda, 1995). En 1994, con una tasa de cambio sobrevaluada y una tasa de interés de 15,2% anual, se registró una relación de precios de porcino en pie/sorgo de 9,69, que originó una ganancia de 0,78$/kg de porcino en pie.
La depreciación del peso en diciembre 1994 tuvo efectos severos en la porcicultura en los siguientes años. En 1995, con la subvaluación de 26% del peso frente al dólar (Barrón et al., 2000), una inflación de 24% y una tasa de interés nominal de 48,6% anual (INEGI-BIE, 2001), los precios del sorgo aumentaron 75,6% y los del porcino tan sólo 38,3%, desequilibrio que hizo disminuir los precios relativos a 7,6 y originó pérdidas a los porcicultores de 0,44$/kg, de 0,25 y 0,2$/kg en las empresas pequeñas y medianas de Tehuacan, Puebla (García et al., 2000), de 1,05 y 0,004$/kg en las empresas pequeñas y medianas de la región Noroeste de Guanajuato (Sosa et al., 2000), y de 0,17$/kg en las pequeñas empresas en Michoacán (Barrón et al., 2000). El aumento en 9,9% en la producción que se registró en 1995 encuentra su explicación en las acciones de los porcicultores, quienes para defenderse de la crisis optaron por vender pie de cría y porcinos sin llegar al nivel óptimo de 100kg de peso.
La depreciación del peso de 13% en 1996 (García et al., 2002) y la caída de la producción de granos en EEUU provocaron que el precio internacional del sorgo llegase a US$ 218/ton. Lo anterior significó un incremento en el precio del sorgo en 2,35 veces respecto a 1995, mientras que el precio del porcino en pie sólo aumentó 1,59 veces, lo que devino en que la razón de precios porcino/sorgo continuara a la baja hasta 6,53. Esto derivó en pérdidas a las empresas semitecnificadas de enero a octubre de ese año (-1,91$/kg) y a las tecnificadas (-0,89$/kg) de febrero a junio; en promedio, se presentó una pérdida anual de 0,34$/kg (Barrón et al., 2000). El precio del sorgo se normalizó en 1997, año considerado como bueno para los porcicultores. El aumento de 6,6% en la producción que se registró en 1998 se debió a factores como la normalización de los precios del sorgo y al envío al mercado de pies de cría y porcinos por debajo de su peso óptimo.
Finalmente, el crecimiento de la producción que ocurrió en 1997, 1998, 1999 y 2000, encuentra su explicación en los precios relativos favorables del porcino/sorgo (9,43; 8,17; 10,10 y 12,9) y porcino/alimento (5,02; 5,35; 5,73 y 7,0). La sobrevaluación del peso en niveles que oscilaron entre 10,05 y 28,6%, así como las moderadas tasas de interés nominales permitieron que la porcicultura obtuviera ganancias por 2,31$/kg en 1997; 0,13$/kg en 1998 y una ligera pérdida de 0,06$/kg en 1999 (SAGARPA, 2001). Para 1997 Magaña (2001) calculó una ganancia en los sistemas tecnificados de Yucatán de 2,82$/kg.
Respecto a la demanda, de 1960 a 1981 el consumo nacional aparente y el consumo per cápita se desarrollaron a una tcma de 6,6 y 3,3%, respectivamente. Este comportamiento se explica por el crecimiento del presupuesto para consumo real per cápita (2,8%), el fuerte proceso de urbanización (3,3%) y el crecimiento más rápido del precio al consumidor de la carne de bovino (1,4%) en relación con el precio de la carne de porcino (0,6%).
De 1981 a 1984 el consumo nacional aparente y per cápita de carne disminuyeron a una tcma de 1,5 y 3,4%; esto coincidió con el fuerte proceso inflacionario del periodo, que hizo disminuir el presupuesto para consumo real per cápita a una tcma de 3,9%. También disminuyó el precio al consumidor de carne de porcino en canal en 0,8%, y el del bovino en 3,7%. Tal situación volvió atractiva para el consumidor a la carne de bovino en relación con la de porcino.
De 1986 a 1991 el consumo nacional aparente y el per cápita se redujeron a una tcma de 1,2 y 3,1%, respectivamente, lo cual coincidió con la hiperinflación de 1986, 1987 y 1988. Esto hizo caer el presupuesto real para consumo per cápita respecto al nivel del periodo 1981-1984.
De 1992 al 2000 el consumo nacional aparente y el per cápita aumentaron a una tcma de 5,13 y 3,2%, respectivamente. Este ascenso se vio estimulado positivamente por el aumento del presupuesto real per cápita que presentó una tcma de 0,78% y por el crecimiento del proceso de urbanización (3,8%).
Desde 1986, año en que se inició la apertura comercial, las importaciones de carne fresca, refrigerada y congelada aumentaron de 54537 a 80000ton como promedio de los años 1980-1987 a 1988-2000; éstas constituyeron 11,1 y 13,2% del consumo nacional aparente, que incluye solamente el sacrificio en rastros y excluye la matanza in situ, como promedio de los respectivos periodos (CNG, 2003). En abril de 1995 y 1996, por la subvaluación del peso frente al dólar de 26 y 13% (Barrón et al., 2000) hubo bajas importaciones (5 y 5,2% del consumo nacional) y fueron crecientes las compras foráneas en 1998, 1999 y 2000 (15,2; 16,5 y 21,5% del consumo nacional aparente) debido, en este caso, a la sobrevaluación del peso (Nieto, 2000).
Según el Consejo Mexicano de Porcicultura (CMP), del 1 oct 1997 al 31 mar 1998 se efectuaron importaciones de porcino en pie de EEUU en condiciones de discriminación de precios, por lo que amenazaban causar daño a la producción nacional. Estas ascendieron a 233549 cabezas, y fueron superiores en 45,4 y 26,6% a las registradas en 1994 y 1999, años en que también las importaciones fueron muy altas (CNG, 2003). Este problema obligó al CMP a solicitar en el mes de junio de 1998, ante la entonces Secretaría de Comercio y Fomento Industrial (SECOFI), el inicio de la investigación administrativa en materia de prácticas desleales de comercio internacional en su modalidad de discriminación de precios, y la aplicación del régimen de cuotas compensatorias sobre las importaciones de cerdo para abasto originarias de EEUU, independientemente del país de procedencia, cuya resolución final fue dada el 20 oct 1999, mediante la aplicación de un impuesto compensatorio de US$ 0,351 por kg, sobre las importaciones de porcino en pie para abasto provenientes de este país (SECOFI, 1999). Con esta resolución quedó demostrada la existencia de dumping.
González et al. (1992), Jiménez (1996) y Ortiz (1996) indican que las importaciones mexicanas de carne de porcino de EEUU han sido de tal magnitud que han afectado en algunos años a los precios internos al consumidor y al productor, lo cual ha aumentado el consumo y desestimulado la producción, originando mayores importaciones.
El presente estudio tiene como objetivo general determinar los principales factores económicos y tecnológicos que han conformado el comportamiento de la oferta y demanda internas de la carne de porcino en canal y analizar en qué medida los precios de importación han afectado los precios internos al productor, al consumidor y, por ende, a la oferta, demanda e importaciones.
Materiales y Métodos
Se formuló y estimó un modelo econométrico de ecuaciones simultáneas del mercado de la carne de porcino en México, en el que se involucran las principales variables económicas y tecnológicas que determinan la oferta, la demanda y diferentes niveles de precio. El modelo representa el funcionamiento del mercado interno de la carne y su evolución en las últimas décadas. Se utilizaron datos estadísticos nacionales que cubren la serie histórica 1960-2002. La estimación del modelo se efectuó por medio de mínimos cuadrados en dos etapas con el paquete estadístico SAS (Statistical Analysis System). La congruencia estadística del modelo se determinó por medio del coeficiente de determinación (R2), la significancia global de los coeficientes de cada ecuación se efectuó con la prueba de F, y la significancia individual de cada coeficiente, con la t de Student o la "razón de t".
En su forma matemática, el modelo propuesto para determinar los factores que afectan el mercado mexicano de la carne de porcino es
OCCt= b11 + b12 PPCCRt + b13 PPCCRt-2 + b14 PALRt-1 + b15 CAt-1 + b16 Dt + e1t (1)
PPCCRt= b21 + b22 PMCCRt + b23 Dt + e2t (2)
PMCCRt= b31 + b32 PICCRt + b33 Dt + e3t (3)
PCCCRt= b41 + b42 PMCCRt + b43 Dt + e4t (4)
DCCt= b51 + b52 PCCCRt + b53 PCCBRt + b54 PCRPt + b55 Ut + b56 DCCt-1 + b57 Dt + e5t (5)
SCEt= DCCt OCCt (6)
donde OCCt: oferta de carne de porcino en canal (ton); PPCCR: precio al productor de carne de porcino en canal ($/ton); PALRt-1: precio del alimento balanceado para porcino ($/ton); CAt-1: conversión alimenticia (kg de carne / kg de alimento); Dt: variable de clasificación (D=0, 1960-1985 y D=1, 1986-2000); PMCCRt: precio al mayoreo de carne de porcino en canal ($/ton); PICCRt: precio de importación de carne de porcino en canal ($/ton); DCCt: demanda de carne de porcino en canal (ton); PCCCRt: precio al consumidor de carne de porcino en canal ($/ton); PCCBRt: precio al consumidor de carne de bovino ($/ton); PCRPt: presupuesto para consumo per cápita ($/persona); Ut: proceso de urbanización (%); SCEt: saldo de comercio exterior (ton). Todas las variables monetarias fueron deflactadas con el índice de precios más apropiado.
La formulación del modelo está basada en la teoría económica y en evidencia empírica. En una encuesta realizada en 1995 se encontró que el porcicultor tomaba sus decisiones sobre la producción con base en los precios corrientes del producto, y que la compra de nuevos pies de cría, de equipo o de ampliación de las instalaciones la decidía no sólo con base en el precio actual, sino también con referencia a precios pasados (García, 2000). El porcicultor reaccionaba a los cambios del mercado en el mismo periodo y con cierto retraso. Por ello, se empleó la hipótesis de las expectativas adaptativas elaborada por Nerlove para el precio del producto (con algunas modificaciones), de los insumos y de la tecnología.
Los costos se consideraron a través del precio del alimento balanceado para porcinos, que en 1995 constituyeron alrededor de 62,0 y 64,3% de los costos totales, y 94,8 y 93,7% en el rubro de los insumos comerciables (alimentación, vacunas, medicinas, desinfectantes, combustibles, materiales diversos y servicios contratados), en las regiones de Tehuacán (Puebla) y Noroeste de Guanajuato, respectivamente (García et al., 2000; Sosa et al., 2000). Lastra y Galarza (1998) indicaron que en 1997 la alimentación ocupó 63,5% y 76,8% del costo variable de producción de las empresas tecnificadas y semitecnificadas, respectivamente. De la producción total de alimentos balanceados (14,86 y 20,01 millones de ton) que se produjeron en 1995 y 2000; 21,2 y 20,6% correspondió a alimentos balanceados para porcinos, esto es 3,16 y 4,12 millones de ton (CANACINTRA, 2001). Por el alto peso del alimento balanceado en los costos de producción, las empresas porcícolas se guiarán por su precio para decidir la cantidad a producir de carne de porcino en cada periodo. Se considera la hipótesis de expectativas adaptativas de Nerlove, usando la expectativa estática, simple o ingenua (Caldentey y Titos, 1979; Caldentey y Gómez, 1993).
El progreso tecnológico ha jugado un papel importante en la determinación de la oferta de carne de porcino en canal, al permitir disminuir los costos de producción y hacer más competitivo el producto. Para reflejar al progreso tecnológico se usó la conversión alimenticia (CAt), con un periodo de retraso (CAt-1), lo que revela que el productor no adopta las innovaciones disponibles en el año t, sino que tarda para incorporar la nueva tecnología.
El porcino finalizado es trasladado a los centros de sacrificio (rastros municipales y TIF) y de allí la carne en canal es distribuida a los detallistas, y adicionan utilidades de espacio, forma, tiempo y posesión cuyo valor agregado permite definir el precio de venta al mayoreo al consumidor de la carne de porcino en canal. En la distribución de la carne al mayoreo existen pocos oferentes que venden al mercado un producto homogéneo. En estas condiciones, el precio al productor (PPCCRt) está determinado por el precio al mayoreo (PMCCRTt) y por la variable D.
En el periodo de economía cerrada (1960-1985), las importaciones de carne de porcino en canal no fueron representativas. En cambio, en el periodo de economía abierta (1986-2000) las importaciones han sido significativas, sobre todo a partir de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. En este periodo las importaciones han representado más de 10% del consumo nacional aparente, y es ésta la razón de que el precio internacional (PICCRt) tenga influencia sobre el precio interno de venta al mayoreo de la carne de porcino (PMCCRt) y que de aquí se transmita a la oferta y a la demanda. Por la estructura de mercado predominante, se definió a PCCCRt en función de PMCCRt y de la variable Dt.
Con base en la teoría del consumidor, las variables determinantes de DCCt son PCCCRt y PCCBRt, PCRPt, Ut, DCCt-1 y Dt. El proceso de urbanización fue incluido porque en México el flujo de la población rural hacia los centros urbanos creció de 50,7% en 1960 a 74,9% en 2000 (INEGI, 1984, 1990 y 2000). La población que llega a las grandes ciudades adopta los gustos de los consumidores urbanos e incorpora a su consumo más carnes, disminuyendo el consumo de tortilla y frijol (García et al., 2002). La demanda retrasada fue incorporada como determinante de la demanda corriente, según el modelo de ajuste de las existencias o de ajuste parcial de Nerlove, para constituir un modelo autorregresivo.
La identidad del saldo de comercio exterior (SCEt) fue definida como la diferencia entre las importaciones (It) menos las exportaciones (Et) de carne de porcino en canal, o entre la cantidad demandada de dicha carne (DCCt) menos la cantidad ofrecida (OCCt) en el mismo periodo. Esta identidad es la condición de cierre del modelo. No se incluyen en la ecuación los saldos de inventarios, debido a lo perecedero del producto.
El consumo nacional aparente de carne de porcino en canal se definió por la producción interna de carne en canal proveniente del sacrifico en rastros (no se consideró la in situ), más la importación y menos la exportación de carne fresca, refrigerada y congelada.
Las fuentes de las series de tiempo usadas en la estimación del modelo econométrico se presentan en la Tabla I.
Resultados y discusión
En la Tabla II se presentan los resultados estadísticos obtenidos a partir de la estimación de la forma estructural del modelo. El R2 de las cinco ecuaciones de regresión que componen el modelo resultaron con alta bondad de ajuste. En las ecuaciones de demanda (DCCT), de oferta (OCC) y de la transmisión de precios hacia el consumidor de la carne de porcino (PCCCRT), el coeficiente de determinación fue mayor a 0,86. De acuerdo con la t asintótica, todos los parámetros resultaron significativos, con excepción de la dummy en la transmisión de precios de importación de carne de porcino sobre los internos de mayoreo del mismo producto. Es conveniente mencionar que se realizaron las pruebas pertinentes para detectar multicolinealidad entre las variables independientes usando el factor de inflación de la varianza (Martínez y Martínez, 2002). Los resultados obtenidos indican que en la ecuación de demanda, la variable proceso de urbanización (U) presenta problemas de multicolinealidad; sin embargo, ésta es de tal magnitud que no afecta el poder de predicción del modelo.
La evaluación económica de los resultados se lleva a cabo al considerar tanto los signos como la magnitud de los parámetros estimados. En el primer caso, los signos de las ecuaciones estimadas deben concordar con los fundamentos de la teoría económica, y en el segundo, la magnitud de los parámetros se complementa con el cálculo de los coeficientes de las respectivas elasticidades, cuyo orden de magnitud también debe estar acorde con lo indicado por la teoría económica. El análisis estadístico se realiza en la forma estructural del modelo, mientras que el análisis económico se efectúa en la forma reducida; esto se hace con el fin de capturar el efecto total de las variables predeterminadas sobre las variables endógenas del modelo. Las elasticidades de corto plazo presentadas en las Tablas III y IV fueron calculadas con las derivadas parciales de cada ecuación de las formas estructural y reducida y los valores promedio observados para distintos periodos.
La elasticidad respecto al precio al productor varía a lo largo de la curva de la oferta-precio estimada; ésta resultó inelástica en el punto medio de los 40 años de la muestra estudiada (0,55), más inelástica (0,53) en el periodo denominado de economía cerrada (1962-1985) y menos inelástica (0,58) en el de economía abierta (1986-2000). Magaña (1988) obtuvo un coeficiente de elasticidad de 0,4 para 1965-1982, valor cercano al obtenido para el periodo de economía cerrada.
La curva de demanda de corto plazo resultó inelástica para el promedio del periodo 1961-2002 (-0,58), en el periodo de economía cerrada (-0,81) y en el periodo de economía abierta (-0,33). González et al. (1992) estimaron para el periodo 1982-1990 una elasticidad precio-propia de corto plazo de -0,62, valor muy similar al obtenido en la presente investigación para 1980-1990. Por su parte, Huang (1985), con un modelo de máxima verosimilitud para EEUU, con una canasta de 40 artículos alimenticios y con 31 observaciones (1953-1983) estimó para la carne de porcino al nivel del consumidor una elasticidad precio-propia de -0,73; dato que es una buena guía sobre el orden de magnitud que se puede esperar para el mismo periodo sobre dicha elasticidad. Este autor encontró como principales sustitutos de la carne de porcino a las de bovino, pollo, pavo y pescado.
La magnitud de la elasticidad precio obtenida es congruente con los fundamentos de la teoría económica, que indican que un producto que tiene buenos sustitutos y está lejos de su nivel de saturación, debe tener alta elasticidad precio-propia de la demanda, y éste es el caso (Plate, 1969). En la presente investigación aparece la carne de bovino como un buen sustituto de la de porcino, aunque no se incluyeron a las carnes de ovicaprinos ni se pudo mostrar la sustitución de la carne de porcino por la de pollo, es de esperar que estas carnes actúen como sustitutos de las de porcino.
Las elasticidades de la forma reducida se presentan en la Tabla IV. La elasticidad de la oferta respecto al precio del porcino en pie que recibió el porcicultor con dos años de rezago (PPCCR2L), resultó más inelástica que la calculada para el precio corriente. Su magnitud se ha mantenido inelástica desde la década de los 60 (0,34). Para el periodo 1959-1977 Caldentey y Titos (1979) estimaron una elasticidad para el promedio de la serie de 0,65 respecto al precio del porcino en pie con seis trimestres de rezago, dato que resulta similar al estimado por esta investigación.
La respuesta de la cantidad ofrecida de carne de porcino en canal, respecto a los cambios ocurridos en los precios reales del alimento balanceado con un periodo de rezago (PALRL), varía a lo largo de la curva estimada, ya que disminuye el valor absoluto de su magnitud al pasar de menos inelástica, -0,78 en los 60, a más inelástica en las décadas posteriores, hasta llegar a -0,27 en el periodo 1990-2002. Para 1965-1985, Magaña (1988) encontró una elasticidad respecto al precio del sorgo de -0,49 para el promedio del periodo, coeficiente similar al estimado por esta investigación para el alimento balanceado (-0,61).
La respuesta de la cantidad ofrecida al cambio tecnológico ha sido variable a lo largo de la curva estimada, aunque resultó elástica como promedio del periodo 1962-2002 (1,53), menos elástica en la década de los 60 y de mayor elasticidad en las décadas posteriores (Tabla IV). La respuesta de la cantidad ofrecida a los cambios en los precios reales de importación (PICCRT) fue muy inelástica (0,05), y durante el lapso de economía cerrada (0,04) fue más inelástica que en el de economía abierta (0,07).
El modelo estimado identifica a la carne de bovino como un buen sustituto de la de porcino en el corto y largo plazos. La elasticidad cruzada varía a lo largo de la curva estimada, al oscilar en el corto plazo de menos inelástica en la década de los 60 (0,85) a más inelástica (0,14) en los últimos diez años, con una magnitud de 0,32 para el promedio de 1962-2002.
La carne de bovino se manifiesta como un mejor sustituto de la de porcino en el periodo de economía cerrada (1962-1985), cuando la elasticidad ascendió a 0,53, y disminuyó a 0,16 en el periodo de economía abierta (1986-2002). La mayor elasticidad en el primero se explica porque los dos bienes se encontraban muy unidos en la escala de preferencias del consumidor y la proporción del gasto en bovino era más importante que en porcino; además, existían como alternativas de consumo de proteína animal, la proveniente de las carnes de pollo o de ovicaprino y de huevo, que en ese periodo eran poco importantes. En el segundo periodo la elasticidad cruzada fue menor debido a que la proporción del gasto en ambos bienes era casi igual y además surgieron el pollo y el huevo como importantes alternativas de consumo (cuyo efecto sustitutivo no pudo ser demostrado en esta investigación), cuyo gasto es menor que el de porcino; por ello, cualquier cambio en el consumo de estos dos productos por variaciones de sus respectivos precios tiene poco efecto en el consumo de porcino.
Para el periodo 1953-1983, Huang (1985) estimó para EEUU una elasticidad cruzada de porcino de 0,19 respecto al precio de la carne de bovino, magnitud inferior a la encontrada en el presente estudio. Por su parte, González et al. (1992) no constataron al bovino como sustituto de la carne de porcino. Jiménez (1996) calculó para el periodo 1960-1983 un coeficiente de 0,55 y para el periodo de economía abierta (1984-1994) una elasticidad cruzada de 0,4. El primero de estos coeficientes, para el periodo de economía cerrada es menor al del presente estudio, mientras que el segundo es mayor, debido a que en este estudio se incluyó ocho años más, durante los que la elasticidad cruzada fue hacia la baja.
La elasticidad respecto al presupuesto para consumo tiende a disminuir su magnitud absoluta a medida que se transcurre del nivel más bajo de consumo por persona (bajo nivel de saturación del consumo) al más alto (mejor nivel de saturación del consumo). Así, la elasticidad gasto de corto plazo transitó de 0,42 en la década de los 60 a 0,17 en la de los 90 y registró un promedio de 0,22 para 1961-2002. En los periodos de economía cerrada y abierta, por las razones expuestas, fue de 0,29 y 0,17 respectivamente. Lo anterior clasifica a la carne de porcino como un bien normal necesario. A este respecto, Huang (1985) estimó para 1953-1983 una elasticidad gasto de 0,44 y González et al., (1992) estimaron un coeficiente respecto al Producto Interno Bruto (PIB) de 0,68 para 1960-1990, lo cual sugiere que la magnitud del coeficiente calculado en esta investigación para los años del mismo periodo está subestimado. Jiménez (1996) estimó para 1960-1983 una elasticidad respecto al PIB per cápita de 0,27; y de 0,20 para 1984-1994, los cuales resultaron muy similares a las estimadas en este estudio.
La gran migración de la población rural hacia los centros urbanos que tuvo lugar en México durante el periodo de estudio, resulta importante en los estudios del mercado de productos agropecuarios, debido a que con el paso del tiempo la población rural que se traslada a las áreas urbanas adquiere los hábitos de consumo de éstas últimas y de esta manera disminuye el consumo de productos básicos (tortilla, frijol, chile, arroz, etc.) y aumenta el de proteína animal, frutas y verduras. El aumento del proceso de urbanización ha provocado incremento de la cantidad demandada de porcino. La respuesta de la cantidad demandada ante los cambios del proceso de urbanización, fue en el corto plazo inelástica para el promedio de todo el periodo de estudio (0,30), al igual que para los de economía cerrada (0,29) y abierta (0,30).
El mercado de la carne de porcino en México estuvo protegido de la competencia exterior en el periodo de economía cerrada (1961-1985), durante el cual las importaciones no fueron significativas. En cambio, en el periodo de economía abierta (1986-2002) el mercado interno de la carne de porcino ha resentido con mayor fuerza el efecto de las importaciones vía su precio, mismas que en promedio rebasaron las 60000ton. En tales condiciones, la elasticidad de la demanda de carne de porcino respecto al precio de importación resultó muy inelástica (-0,04) tanto en el periodo de economía cerrada como en el de economía abierta.
Por el lado de la oferta de carne de porcino en canal, las variables que más influyen en el saldo de comercio exterior (SCE) son el progreso tecnológico, el precio del alimento balanceado para porcinos y el precio recibido por el porcicultor con dos años de rezago. Por el lado de la demanda, los cambios en la demanda rezagada un año, en el proceso de urbanización, en el precio del bovino como sustituto de la carne de porcino y en el presupuesto para consumo, en ese orden, tienen notable efecto sobre el SCE. Por su parte, los cambios en los precios de importación de carne de porcino inciden tanto en los precios al productor como en los que paga el consumidor y, por consiguiente, en las cantidades ofrecida y demandada, las que a su vez afectan de forma considerable el SCE. Al respecto, dado que en el periodo de economía cerrada las importaciones fueron insignificantes y el SCE neto refleja que las exportaciones fueron mayores que las importaciones, por lo que el análisis de los efectos de las variables exógenas sobre la variable SCE se centra en el periodo de economía abierta, cuando las importaciones fueron significativas.
En la Tabla IV se observa un efecto elástico del precio recibido por el porcicultor con dos años de retraso, el precio de los alimentos balanceados, la conversión alimenticia, el precio de la carne de bovino, el presupuesto para consumo y el proceso de urbanización; en cambio, una respuesta inelástica del SCE, respecto a cambios en el precio internacional de la carne de cerdo. Al parecer, factores internos que no dependen del comercio exterior tienen un efecto más fuerte sobre el mercado de la carne de cerdo, puesto que el precio internacional no tiene efectos importantes sobre las importaciones. Las elasticidades que relacionan el precio internacional con la oferta, la demanda y el SCE en el periodo de economía abierta fueron de apenas 0,07; -0,04 y -0,76 respectivamente.
Conclusiones
El modelo econométrico estimado indica que uno de los factores que más ha influido en el crecimiento de la producción porcícola ha sido el progreso tecnológico, por lo que se sugiere apoyar con mayores recursos a la porcicultura nacional para la compra de pie de cría de alta calidad genética para elevar la productividad, a fin de que los porcicultores puedan responder con la calidad de la carne y con el precio a las exigencias de los consumidores.
El alimento balanceado resultó ser el segundo factor responsable del crecimiento de la producción porcícola. Dado que el sorgo es su principal componente, es recomendable que se permita a los porcicultores adquirir dicho grano a los precios que determina el mercado internacional.
El precio de importación afecta directamente a los precios internos de la carne del porcino en pie y de la carne fresca, refrigerada o congelada, los que por el comercio desleal en algunos años han dañado a la industria nacional; por ello se sugiere establecer un estricto control de la calidad de las importaciones de porcino en pie para abasto y de la carne fresca, refrigerada o congelada, así como el establecimiento de un equipo de trabajo permanente a fin de analizar con oportunidad el efecto de las importaciones sobre la industria nacional y así evitar que ésta sea dañada. Finalmente, dado que la balanza comercial de porcino en México ha sido consistentemente desfavorable, se recomienda dar mayores apoyos a las empresas exportadoras para promocionar la carne de porcino en el mercado internacional y para la capacitación, a fin de producir la calidad y los cortes de carne que demanda cada mercado en el exterior.
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