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Print version ISSN 0378-1844
INCI vol.32 no.11 Caracas Nov. 2007
EL SISTEMA KIRÓN: HACIA UNA INTEGRACIÓN DE LOS VALORES ECONÓMICOS Y ECOLÓGICOS DEL OIKOS
Ernesto C. Curiel Carías
Ernesto C. Curiel Carías. Arquitecto y Candidato a Doctor, Universidad Central de Venezuela (UCV). Profesor, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, UCV, Venezuela. Dirección: Apdo. Postal 89748. El Hatillo, Caracas 1083, Venezuela. e-mail: ecarias@cantv.net
RESUMEN
Las crecientes exigencias habitacionales que impone la expansión demográfica en las regiones intertropicales, están provocando la devastación de biomas esenciales para la estabilidad de la biosfera. A ello ha contribuido, entre otros factores, la disociación entre la lógica organizativa propia de los sistemas vivos y la de los sistemas artificiales, incluidas las edificaciones y sus economías, lo que dificulta disponer de una plataforma de conceptos comunes que permita ofrecer respuestas coherentes a las heterogéneas demandas ecológicas, económicas y habitacionales. Apoyándose en una caracterización de los sistemas vivos y en un nuevo nivel jerárquico de organización (sistema Kirón) se infieren algunos de los atributos que debería mostrar la dimensión económica de las edificaciones en las áreas protegidas del trópico, a objeto de contribuir a cerrar la brecha entre los esquemas organizativos de los sistemas naturales y el de los artificiales.
KIRON SYSTEM: TOWARD INTEGRATION OF ECONOMIC AND ECOLOGIC VALUES OF OIKOS
SUMMARY
The increasing housing demand in inter-tropical zones is compromising the stability of their ecosystems and of the biosphere as a whole. The dissociation between the organizational schemes of natural and artificial (including buildings and their economies) systems has contributed to this problem. This hinders the application of common concepts to support coherent answers to the heterogeneous ecological, economic and housing requirements. Based on a characterization of living systems and in a new organizational hierarchic level (Kiron system), some of the attributes that the economic dimension of buildings located in tropical protected areas should have are inferred herein, to help close the gap separating organizational schemes of natural and artificial systems.
O SISTEMA KIRON: PARA UMA INTEGRAÇÃO DOS VALORES ECONÔMICOS E ECOLÓGICOS DO OIKOS
RESUMO
As crescentes exigências habitacionais que impõe a expansão demográfica nas regiões intertropicais, estão provocando a devastação de biomas essenciais para a estabilidade da biosfera. A isto tem contribuído, entre outros fatores, a dissociação entre a lógica organizativa própria dos sistemas vivos e a dos sistemas artificiais, incluídas as edificações e suas economias, o que dificulta dispor de uma plataforma de conceitos comuns que permita oferecer respostas coerentes às heterogêneas demandas ecológicas, econômicas e habitacionais. Apoiando-se em uma caracterização dos sistemas vivos e em um novo nível hierárquico de organização (sistema Kirón) se inferem alguns dos atributos que deveriam mostrar a dimensão econômica das edificações nas áreas protegidas do trópico, a objeto de contribuir a fechar a brecha entre os esquemas organizativos dos sistemas naturais e o dos artificiais.
PALABRAS CLAVE / Ecología / Economía / Edificación / Oikos / Sistema Kirón /
Recibido: 05/09/2006. Modificado: 22/09/2007. Aceptado: 24/09/2007.
Uno de los rasgos que mejor ha caracterizado el tránsito hacia el nuevo milenio lo constituyen las alteraciones introducidas en los sistemas naturales por la actividad económica, proceso que ha concluido por revertirse sobre sus propias causas. Según estimaciones del Banco Mundial, en los últimos años los costos económicos agregados por la degradación ambiental en países como México representan en promedio el 11% del PIB, vaticinando que, de continuar las condiciones observadas durante la última década del s.XX, en los próximos treinta años ese porcentaje podría aproximarse al 25% del PIB (Ojeda y Lichtinger, 2000).
A tal situación ha contribuido la disociación que existe entre la lógica que pauta la estructura y funcionamiento de los sistemas naturales y la de aquella otra que rige los sistemas artificiales, incluidos los económicos, lo que compromete la viabilidad del sistema global. Conforme a la Teoría de Sistemas, la actual dinámica económica y sus costos externos (externalidades negativas o deseconomías externas) estaría contraviniendo al menos dos principios básicos que rigen el funcionamiento de los sistemas en general y de los sistemas naturales en particular: el principio de interacción, al constituirse el lucro en un valor en sí mismo, y el de valor límite, al procurar un crecimiento ilimitado que no se compadece con la naturaleza limitada del sistema global.
No obstante, el hecho de pertenecer los subsistemas económicos y ecológicos a un sistema único y, como tal, ser forzosamente interdependientes, impone la necesidad de conciliar sus esquemas de funcionamiento en favor de la estabilidad de ese sistema global al que ambos pertenecen y del que dependen.
Dentro de este objetivo general, la presente discusión se limita a las zonas intertropicales en las que se concentra un significativo número de países con escaso desarrollo económico, reducido poder adquisitivo, mala distribución de la riqueza y bajos indicadores de capital humano. A ello se suma, entre otras carencias, una extensa demanda habitacional producto de su rápido crecimiento poblacional, siendo el escenario de todas estas calamidades los frágiles ecosistemas tropicales de vital importancia para el resto de la biosfera. Cabe precisar que una definición económica de la contaminación es algo que depende tanto del efecto físico de los residuos sobre el medio ambiente como de la reacción humana frente a ese efecto físico" (Reyes Gil et al., 2005).
Más específicamente, este trabajo se restringe a los aspectos económicos de las edificaciones requeridas en las áreas protegidas del trópico, situación donde las exigencias extremas tornan más explicito el problema. Las usuales limitaciones presupuestarias y las presiones de tiempo que impone la rentabilidad de la actividad constructiva, por una parte, y la complejidad de los procesos naturales, por otra, impiden con frecuencia apreciar el impacto de la actividad constructiva sobre tales procesos (cambios de escorrentía, del microclima, la vegetación, relieve, suelos, hábitat, etc.). Menos frecuente aún resultan las reflexiones en torno a los conceptos que subyacen en el mencionado divorcio entre los esquemas organizativos de los sistemas naturales y el de los artificiales.
De este modo, las nociones tradicionales relativas a la dimensión económica de las edificaciones resultan comúnmente insuficientes frente a las exigencias crecientes que imponen, por una parte, las restricciones relativas a la protección de los sistemas naturales en los que ellas se asientan; por otro, a los bio-requerimientos de sus usuarios, exigencias que se incrementan bien sea en términos per capita debido al mejoramiento de los estándares de vida en países desarrollados, o bien en números absolutos por el crecimiento poblacional de los países en desarrollo. Esta posible explicación del problema se ofrece en el contexto de otras consideraciones anteriores (Curiel Carías, 2000), donde se sugiere que a ello estaría contribuyendo la dificultad del profesional de la arquitectura para interpretar, y aplicar, el conocimiento que se desprende de la información contenida en ciencias que ofrecen un considerable nivel de profundización en muchas de las variables naturales que inciden, o debieran incidir, en el diseño de las edificaciones.
El objeto específico del presente trabajo se limita entonces a sugerir algunos conceptos que pudieran contribuir a salvar las disociaciones expuestas, ofreciendo para ello algunas reflexiones sobre los aspectos económicos de las edificaciones requeridas en las áreas protegidas del trópico. Este ejercicio se apoya en la información que actualmente ofrecen las ciencias naturales acerca de los sistemas vivos y, más específicamente, en un nuevo concepto derivado de ellos (sistema Kirón; SK) actualmente en desarrollo por el autor. Tal ejercicio se justifica por la posible aplicación de los resultados en áreas similares no protegidas por reglamentaciones especiales, donde las exigencias habitacionales, producto del crecimiento poblacional y la lucha contra la pobreza, están introduciendo una acelerada devastación de los biomas intertropicales.
Fundamentos
Describir las ventajas que ofrecería un nuevo nivel intermedio de organización (sistema Kirón; SK) sobre el problema descrito, requiere forzosamente exponer en qué consiste ese nivel o sistema y cuales son sus fundamentos. Para ello se resumen a continuación los ítems que sirvieron de base para discutir en trabajos previos las funciones de contención y organización de actividades de las edificaciones (Curiel Carías, 2005b, 2006), y su función de acondicionamiento ambiental (Curiel Carías, 2005a).
Debido a la heterogeneidad de roles con los que debe cumplir una edificación, el marco teórico seleccionado debía ser lo suficientemente amplio y flexible como para facilitar, posteriormente, la articulación de los diversos aspectos que integran el diseño de tales edificaciones; consideración que condujo a seleccionar como fundamento a la Teoría General de Sistemas (TGS).
El campo de estudio de la TGS son los isomorfismos generales comunes a los sistemas, siendo una teoría que conceptúa la realidad como una jerarquía de totalidades organizadas. Dentro de este conjunto universal de los sistemas, interesa aquí el subconjunto de sistemas de naturaleza dinámica y compleja con tendencia a adoptar ciertos estados particulares, sistemas que han sido estudiados por West Churchman (1968), Edward Goldsmith (1970), Ervin Laszlo (1972), William R. Ashby (1978) y Ludwing von Bertalanffy (1981), entre otros. Apoyándose y esquematizando lo tratado por ellos, los sistemas complejos estarían caracterizados por sus cambios permanentes, los cuales no responden exclusivamente al azar sino a determinado orden, siendo así que esos cambios ordenados representan la tendencia de los sistemas a procurar ciertos estados particulares, es decir, son busca-objetivos (no en el sentido teleológico). En los sistemas abiertos, tales estados son aquellos en los que se establece un equilibrio en los intercambios energéticos con su entorno dando lugar a estados estacionarios. Este objetivo, aquí denominado estado de equilibrio inesTable o estabilidad dinámica, es proporcional a su nivel de organización.
Los Sistemas Vivos (SV)
Asumiendo que los sistemas vivos (SV) son un caso particular de los sistemas complejos, se intenta a continuación una caracterización sistémica de los mismos que permita inferir algunos atributos de aquellos sistemas artificiales (SA) estrechamente vinculados a ellos.
Ontología de los SV. Las discusiones en torno a una definición de los SV, ha dado lugar a dos grandes tendencias: 1) La corriente que sostiene que no es posible una respuesta clara y satisfactoria a la pregunta ¿que es la vida? pues ella es producto de un fenómeno histórico, el resultado de una serie de contingencias y, como tal, algo que no se puede deducir de ningún principio general (Mosterín, 2000); y 2) la tendencia que sostiene que, en efecto, una caracterización operativa de los SV no es posible a partir de sus propiedades comunes, pero sí de sus formas particulares de organización, las cuales se asumen como propiedades emergentes de la complejidad (Maturana, 1995). Al seleccionar como fundamento de este trabajo a la TGS, se opta por el segundo enfoque, debido precisamente a que SV se interpretan como una emergencia de los sistemas complejos. Se trata de una visión que resulta coherente con la concepción de la realidad que postula la TGS, es decir, la realidad como una jerarquía de totalidades organizadas. La noción de vida asumida aquí es aquella que la entiende como la "continua materialización de un patrón autopoiesico de organización en una estructura disipativa" (Capra, 1998).
Objetivo de los SV. Los cambios ordenados en los SV constituyen procesos orientados al logro de un objetivo o estado particular, la homeostasis, definida como la "tendencia de los sistemas vivos a mantener constantes las condiciones de su medio ambiente interno" (Walter Cannon, citado por Villee, 1995), la cual constituye una referencia para evaluar el comportamiento del sistema y, como se indicó, es proporcional a su nivel de organización (Goldsmith, 1970).
Organización de los SV. Ciertos sistemas complejos y abiertos evolucionan hacia estados estacionarios constituyendo "islas de orden en un mar de desorden" (Prigogine, 1997). De este modo, contra la tendencia a la desorganización que implica la segunda ley de la termodinámica, una propiedad fundamental de los organismos en tanto sistemas abiertos y complejos consiste en la habilidad para mantener su organización, por lo que se llega a considerar que la vida es más una propiedad de la organización de la materia, que una propiedad de la materia así organizada (Langton, 1992). Existen de esta forma patrones de organización constantes que se encarnan gracias a diversos procesos en estructuras físicas dinámicas (Capra, 1998).
Procesos en los SV. Constituyen el vínculo entre el patrón de organización y las estructuras en las que éste continuamente se materializa (van Gigch, 1998). Estrechamente vinculados a los procesos está la noción de componentes funcionales (no materiales) del sistema, los cuales son totalmente dependientes del contexto y no tienen significado fuera de ese contexto (Mikulecky, 2000).
Acoplamiento estructural SV. Los seres vivos se acoplan estructuralmente a su contexto mediante interacciones recurrentes, "constituyendo el mismo organismo una representación de ello" (Konrad Lorenz citado por Acurero, 1987).
Cognición en los SV. Para la epistemología evolucionaria, un sistema estructuralmente acoplado es un sistema que aprende, y lo hace mediante la coordinación o acople mutuo de comportamientos con otros seres vivos. "Mediante procesos de adaptación los seres vivos aumentan más y más información sobre su ambiente, y de esta manera representan la estructura del ambiente en que viven..." (Acurero, 1987). En este sentido, el conocimiento es la reconstrucción adecuada dentro del sistema de sus estructuras externas. De allí que el fenómeno específico que subyace en el proceso de cognición, sea el acoplamiento estructural (Capra, 1998).
Simbiosis en los SV. Son los estrechos ajustes mutuos mencionados los que explicarían la co-evolución de las especies. La teoría de la simbiogénesis (Margulis, 2000) contrapone a la descripción de las divergencias de las especies entre sí durante la evolución, otro proceso paralelo en el que convergen, gracias a la simbiosis, organismos diferentes para constituir la emergencia de nuevas entidades híbridas.
Autopoiesis de los SV. Los mecanismos de la simbiosis estarían, en forma implícita, en los fundamentos de la escuela autopoiética propuesta por Humberto Maturana y Francisco Varela. La autopoiesis (lo que se genera a sí mismo) es un término utilizado para designar el patrón de organización circular de los SV, donde "la función de cada componente es participar de la producción o transformación de otros componentes" (Capra, 1998).
Complejidad de los SV. La autopoiesis que se observa al interior de los organismos, se observa también a escala de los ecosistemas y más claramente a nivel de la biosfera. Es así que una de las funciones de todos los componentes de una cadena trófica en los ecosistemas es la transformación y/o supervivencia de otros componentes de la misma red. Consecuencia de lo anterior resulta ser el alto grado de interdependencia entre los subsistemas del sistema, entre los sistemas y entre estos últimos y el suprasistema al que pertenecen. La variedad de sistemas, subsistemas y componentes, así como el número de relaciones entre ellos constituye un rasgo fundamental de los seres vivos, la complejidad. Ello es así porque "la complejidad lo hace más estable" (Goldsmith, 1970).
Jerarquía de niveles de los SV. Tal complejidad toma frecuentemente la forma de jerarquía (Goldsmith, 1970), una estructura multi-nivel de sistemas vivos que anidan en el interior de otros. En la Teoría de los Sistemas Vivos, la jerarquía de niveles consiste en las células, órganos, organismos, poblaciones, organizaciones, comunidades, sociedades y sistemas supranacionales (Jarós, 2000). No obstante, los sistemas naturales coordinan sus interfaces en las diversas jerarquías de la naturaleza (Laszlo, 1972). Es así que cualquier sistema tiene alguna función que cumplir dentro de uno mayor del que forma parte, quedando toda estructura o función orgánica demostrada (¿justificada?) directamente, no por su medio ambiente sino más bien por el subsiguiente sistema súper-ordenado (Acurero, 1987).
Límites, entradas y salidas de los SV. Los sistemas de cada nivel jerárquico tienen fronteras definidas e instancias de decisión que los capacitan para tener una existencia relativamente independiente (van Gigch, 1998). Por otra parte, la vinculación con otros sistemas y/o niveles se materializan en puntos muy específicos como lo son las entradas y salidas de materia, energía e información; puntos comúnmente asociados al concepto de transductores o elementos responsables de hacer compatibles las salidas de un sistema con las entradas en otro.
El Sistema Kirón (SK), Nuevo Nivel Jerárquico de Organización
Las diversas regiones del planeta integran una entidad única, la biosfera. Ello significa que todos sus componentes, tanto naturales como artificiales, son interdependientes, por lo que debieran estar jerárquicamente organizados para el logro de un importante objetivo común, como lo es el equilibrio dinámico del planeta en su conjunto. Ello se inscribe en el contexto de discusiones más amplias como las que surgen en torno a la hipótesis GAIA (Lovelock, 1995), en las que se debate si se puede o no considerar a la biosfera como un organismo vivo. En este sentido, la tesis de la autopoiesis sirve de soporte a trabajos en los que se establece que "los organismos son diferentes de las máquinas porque ellos son cerrados en cuanto a su causa eficiente" (Mikulecky, 2000). En otros términos, una máquina necesita de un constructor, puesto que ella no puede realizar su propia construcción, como sí lo hacen los sistemas vivos. Conforme a este criterio, la biosfera es un organismo. Los grandes flujos de los componentes inertes de la biosfera (energía, agua, aire, elementos químicos) están tan estrechamente vinculados a los sistemas vivos, que en realidad constituyen un solo tejido indisociable, con lo que se pudiera concluir que la biosfera viene a resultar un organismo único de naturaleza híbrida. Esta conclusión abre la posibilidad de considerar a la producción antrópica como un proceso más dentro de ese gran organismo híbrido.
El problema de cómo conciliar las exigencias económicas, habitacionales y ambientales, expuesto en la Introducción, se localiza entonces dentro de la problemática de este gran sistema complejo, organizado y jerárquico al que denominaremos sistema global (SG). Los cuatro niveles jerárquicos acordados en trabajos previos (Curiel Carías, 2005a, 2006) serían inicialmente el sistema global (SG), el ecosistema (SE), el cuerpo humano en tanto organismo o biosistema (SB) y la edificación o sistema artificial (SA). A esta jerarquía le son luego introducidas modificaciones que se explican adelante.
Objetivo y limites del SK. En la jerarquía descrita, el sub-objetivo del sistema artificial debe resultar coherente con los objetivos del ecosistema y del bio-sistema, los cuales están a su vez subordinados y/o son compatibles con el objetivo general del sistema global. En el árbol de jerarquías, y dentro del área de trabajo seleccionada (áreas protegidas), se asume como entidad fundamental al ecosistema, dentro del cual uno de los organismos presentes (el hombre, en su tarea de gestionar las áreas protegidas) tiene funciones específicas que cumplir en la consecución de su objetivo, la estabilidad dinámica. Para desempeñar estas funciones y preservar su propia homeóstasis, el hombre requiere de ciertas extensiones que lo capaciten para ello, las cuales están representadas en este esquema por el sistema artificial. Sin embargo, el doble objetivo impuesto al sistema artificial de contribuir simultáneamente y por si solo el equilibrio inesTable del ecosistema y el biosistema, resulta difícil de conciliar.
Organización del SK. Una manera de lograr el objetivo anterior, consistiría en involucrar directamente al biosistema (SB) y al ecosistema (SE) en la tarea de procurar no solo su propia estabilidad, sino la de un tercer sistema que, incluyendo al sistema artificial (SA), constituya un suprasistema que emerge en la confluencia de ellos y cuya función fuese contribuir a disolver la dicotomía entre la lógica organizativa de los sistemas naturales y la de los artificiales, propiciando con ello el equilibrio inesTable del ecosistema. Se trata de la fulguración o emergencia de un sistema híbrido, semiartificial, integrado por los subsistemas SE, SB y SA que, a los efectos de estos ejercicios hemos denominado sistema Kirón (SK). Con ello se disponen de mayores recursos y se facilita su organización al lograr que todos los flujos, ciclos y actividades importantes del problema queden contenidos dentro de los límites del sistema estudiado. Aquí es conveniente mencionar la existencia de una tendencia que sostiene que "no es posible aislar la organización que define los sistemas vivos de su materialidad, y por tanto no es posible construir representaciones organizacionales basadas en la lógica de la vida los sistemas vivos pertenecen a una clase de sistemas cuya organización requiere materialidades específicas..." (Ruiz-Mirazo et al., 2004). En el SK semiartificial propuesto, no se trata de reproducir rigurosamente una organización idéntica a la de los seres vivos, sino de concatenar los SV y el SA en un tercer sistema híbrido (tal como en la biosfera) del cual debe emerger una organización particular que haga compatible y propicie la interacción simbiótica entre el ecosistema y el biosistema.
Procesos y componentes funcionales en el SK. Se entiende que la organización en la que se concatenan los SV y el SA se daría a nivel de sus procesos de materia, energía e información o subsistemas funcionales. Los elementos que estarían integrando la organización del SK serían por lo tanto componentes funcionales.
Cognición en el SK. En la teoría de la información, la cantidad de entropía o incertidumbre constituye el inverso de la cantidad de información disponible para reducir y luego elegir entre diversas opciones. La explicación al problema ofrecida en la Introducción, correspondía precisamente a las dificultades para trasvasar la información científica que actualmente se dispone sobre sistemas vivos hacia el diseño de sistemas artificiales directamente relacionados a ellos. Puede decirse (Curiel Carías, 2003) que la incertidumbre o entropía contenida en la caótica diversidad de posibles respuestas de diseño de las edificaciones, es producto de la escasa información acerca de las particularidades del tejido natural en los que ellas se insertan. En el tema discutido, la extensa información que actualmente se dispone en torno a los SV es un hecho que ofrece la posibilidad de poner en marcha un proceso de autoorganización (principio básico de la evolución) en el SK, mediante el aprendizaje que se va generando en el mismo proceso de acople estructural entre los SV involucrados.
Simbiosis en el SK. En el sistema Kirón se persigue de ese modo el conocimiento exhaustivo del ecosistema y el biosistema para posibilitar un acople estructural de mutuo beneficio. Este sería solo un proceso más de los tantos estudiados por la simbiogénesis, donde sistemas vivos diferentes convergen a favor de la emergencia de nuevas y beneficiosas entidades híbridas.
Autopoiesis en el SK. Es el beneficio mutuo contenido en la noción de simbiosis lo que aproximaría al SK a las formas de organización autopoiética de los sistemas vivos, donde el producto de tales sistemas es el mismo sistema, en este caso el SK. A otra escala, sería un sistema isomorfo a la biosfera, es decir, un organismo constituido por una mezcla de sistemas vivos y no vivos en una misma red.
Discusión
En forma genérica, los vínculos entre cuestiones tan aparentemente ajenas como las ecológicas, económicas y edilicias han sido discutidas por McHale (1967), Wigley (1999) y Vázquez (2000), para quienes esos vocablos tienen incluso lazos etimológicos. En efecto, Vázquez (2000) comenta que la raíz griega Oikos (eco) está referida a un amplio campo semántico encabezado por "casa", precisando que para los griegos el referente "casa" era mucho más amplio que el manejado hoy día, es decir, la casa como objeto individual, aislada de su contexto. Antiguamente, la vida se apoyaba sobre estructuras comunales más amplias; la "casa" era la casa común y extendía su referencia al poblado, a la ciudad y al territorio. Así, la eco-nomía, en su sentido primigenio, vendría a significar el conjunto de reglas para el buen gobierno de la casa y eco-logía (etimológicamente) el "tratado de la casa". Agrega Vázquez que existe una segunda línea argumental para ligar la arquitectura a la economía y a la ecología apoyándose en el clásico tratado de Marcus Vitruvius Pollio, Los Diez Libros de Arquitectura. Allí se propone entender la arquitectura como compuesta por cuatro elementos: orden, disposición, proporción y distribución. La distribución, en griego oikonomía, consiste "en el debido y mejor uso posible de los materiales y de los terrenos, y en procurar el menor coste de la obra conseguido de un modo racional y ponderado" (citado por Vázquez, 2000).
Por su parte, McHale (1967) sugiere que al acuñar Ernst Haeckel el término ecología en 1873 y describir su origen etimológico (Oikos, casa o economía casera y logos, conocimiento) ya la ecología se constituía en un pensamiento acerca del espacio doméstico, por lo que para él, y por extensión, todo el ecosistema global ha devenido en un espacio único, una suerte de edificación, una casa común. Cuando McHale sugiere que el ecosistema global ha devenido en un espació único, conviene precisar que tan solo asoma la posibilidad de que así lo sea, pues otra posibilidad es que los procesos antrópicos culminen por destruir la coherencia que demanda la estructura y funcionamiento de cualquier ecosistema, el espacio común, la casa. Una metáfora que describe muy bien esa alternativa es cuando se asegura que dependiendo de la forma en que el mundo natural y artificial logren entretejerse, "determinará si el resultado es un tejido coherente o un enredo disfuncional" (Van der Ryn y Cowan, 1996).
Restringiendo la discusión al tema seleccionado, la existencia, conservación, rehabilitación y disfrute de las áreas protegidas, requiere desplegar un conjunto de actividades (vigilancia, monitoreo, administración, investigación, educación, recreación, etc.) que demandan importantes aportes económicos. Las fuentes de recursos financieros pueden ser gubernamentales, internacionales, mecanismos propios o una combinación de ellos, estando una porción sustancial de esos recursos destinados a la construcción, funcionamiento y mantenimiento de infraestructuras o, más específicamente, en nuestro caso, de las edificaciones requeridas para tales actividades.
Implicaciones del SK en la Dimensión Económica del SA
Objetivo del SA
Al desencuentro comentado entre la lógica organizativa de los SA y la de los SV ha contribuido sustancialmente la tendencia a subordinar los valores no económicos, incluidos los ambientales y los relativos a la salud humana, a los valores económicos. En el campo edilicio, tradicionalmente las edificaciones han tenido como objetivo el satisfacer un amplio espectro de exigencias humanas al menor costo económico posible. Al asumir la noción del sistema Kirón (SK), en el escenario seleccionado, este objetivo se amplía, pues resulta igualmente necesario minimizar el costo ecológico que asegure la estabilidad de todo el sistema (objetivo primordial del SK). Ese objetivo exige por lo tanto expandir la contabilidad fuera del campo exclusivamente monetario del SA; algo posible debido a que las áreas protegidas constituyen normalmente un ámbito donde privan las decisiones políticas sobre las económicas. La noción del SK constituiría así un nuevo vector que se suma a aquellos otros que procuran desplazar decisiones centradas esencialmente en valores económicos.
Límites del SA
Al reducirse la edificación a la condición de un subsistema del SK, se desdibujan sus límites con los SV, lo que facilitaría delegar en ciertos elementos del ecosistema y del biosistema funciones comúnmente asumidas por los componentes artificiales, lo que a su vez posibilita la liberación de recursos económicos. En otros términos, al diluir sus fronteras el SA se hace permeable, se abre y da cabida a la utilidad de las riquezas naturales del entorno inmediato, entendiendo por útil aquello que permite satisfacer una necesidad y por riqueza natural lo que resulta útil pero solo se dispone en cantidades limitadas (Vázquez, 2000). Esto último es una consideración crítica, pues la disponibilidad de un recurso natural supone un estudio y definición previa acerca de cual es la cantidad máxima de emisiones y/o consumo de recursos naturales permitidos, o sea, la dimensión del excedente de ese bien natural al que es posible acceder (dentro de una categoría de manejo) sin comprometer su estabilidad y conservación a perpetuidad; cuestión que pasa a constituir un nuevo límite fundamental en el diseño del SA.
Organización del SA
Al integrar bajo un solo esquema organizativo a los SV y los SA en un tercer sistema híbrido, SK, se facilita también la tarea de integrar dentro de una sola lógica los recursos económicos, ambientales y humanos; una organización híbrida de recursos monetarios y no monetarios, más compatible con las ofertas y exigencias del ecosistema y el biosistema y, por lo tanto, con mayores posibilidades de ser sustenTable en el tiempo.
En este sentido, las técnicas de valoración ambiental constituyen una importante herramienta. Un ejemplo son los permisos o certificados transferibles de emisión y/o explotación de recursos naturales. Esquemáticamente, son técnicas que suponen disponer previamente de un plan de manejo, incluidas sus diversas categorías, donde se estipulen, en el caso de explotación, "las cantidades a extraer, la frecuencia de las explotaciones y las normas específicas para cada tipo de aprovechamiento, " (Cases, 1999) o, en el caso de las emisiones, la determinación de los niveles máximos de emisión para cada contaminante. Como lo indica su nombre, estos certificados transferibles pueden ser negociados posteriormente. Tal estrategia resulta viable pero es incompleta, puesto que el SA, en su condición de subsistema destinado a favorecer las relaciones simbióticas entre el biosistema y el ecosistema, pudiera igualmente generar beneficios ambientales susceptibles de ser igualmente valorados, incluso, económicamente. Esos efectos positivos en la conservación o recuperación de ecosistemas y, por ende, en el bienestar humano, podrían ser considerada como economías externas o externalidades positivas (Azqueta, 2002).
En todo caso, al sumar a los costos usuales de energía y otros insumos materiales requeridos en la construcción y funcionamiento de las edificaciones, el costo de insumos locales generados por la "industria" biológica local, el razonamiento económico dejaría de ser un sistema cerrado girando únicamente en torno a la valoración de bienes de origen antrópico, para desplazar su centro hacia un espacio donde se tasan igualmente otros tipos de bienes; donde el SA da cabida tanto a las exigencias como a las ofertas de valiosos aportes no monetarios contenidos en el ecosistema y en el biosistema para el funcionamiento del SK. La economía retomaría aquí su sentido original, un conjunto de reglas para el buen gobierno de la casa (la casa común o SK).
Lo anterior constituye una perspectiva que aproxima a las formas organizativas de los SV, los cuales no responden a ninguna instrucción externa explícita, si no que evolucionan hacia una creciente diversidad y complejidad en forma progresiva, a partir de interacciones muy simples, con lo cual emerge una solución autoorganizada, "de abajo hacia arriba" (Brooks, 1991). Por el contrario, los SA usualmente son la materialización de instrucciones externas que especifican a futuro, en forma global, las interacciones de todos sus componentes; formas de organización impuestas "de arriba hacia abajo" donde se procura, a diferencia de los anteriores, la uniformidad y la simplicidad que faciliten su producción, manipulación y, por tanto, su rentabilidad.
Componentes funcionales del SA
Del punto anterior se desprende que la progresiva sustitución de la contabilidad monetaria por una contabilidad múltiple que refleje también el costo ambiental y de bienestar humano empleados en la construcción y funcionamiento del SA, es algo que vendría determinado por los ajustes mutuos, por el acople de las variables biosistémicas, ecosistémicas y económicas de cada situación particular. De allí que las características del SA a ser integradas en el patrón de organización de los componentes funcionales del SK, exija de un análisis de carácter global acerca del origen y destino, en el espacio y en el tiempo, tanto de los flujos de materia y energía, como de los flujos monetarios asociados.
Entre otras consideraciones, para poder conceptuar el SA dentro de esos componentes funcionales del SK es necesario: 1) revisar si la fuente de elementos disponibles para su constitución son de naturaleza inagotable, renovable o no renovable, teniendo presente que los primeros tienen carácter de renta y los últimos de stock o ahorro; 2) determinar si se producirán o no residuos que puedan ser reincorporados, o no, como insumos para el siguiente proceso natural o artificial; y 3) estimar las implicaciones económicas de estos flujos y sus conversiones.
Resulta obvio que cuando los desechos se reducen o eliminan, el ahorro en costo de materiales da como resultado un incremento en la productividad (Reyes Gil et al., 2005), a lo que se le sumarían otros ahorros provenientes de menores impuestos o mayores subsidios gracias a sus menores niveles de contaminación.
En la práctica, conciliar este conjunto heterogéneo de factores es difícil. Usualmente el impacto ambiental de una edificación, como el que puede producir la energía incorporada a su ciclo de vida, no se considera directamente relacionado con el ciclo de vida de los costos de construcción y funcionamiento y, como tal, son estudiados en forma separada.
No obstante, la posibilidad de responder a esta dificultad la comienzan a ofrecer métodos recientes para el análisis global tanto de los costos como del consumo de recursos y emisión de desechos durante todas las fases del ciclo de vida del edificio (Barnthouse et al., 1998), cuyos resultados se utilizan posteriormente para evaluar simultáneamente, frente a ambos criterios, las diversas opciones de diseño; análisis que abarca desde la extracción de los recursos naturales hasta su disposición final (extracción, transporte, procesamiento, colocación, utilización, mantenimiento, demolición). Pero el esfuerzo más reciente y prometedor en este sentido lo constituyen métodos como el desarrollado por Wang et al. (2005) para asistir al diseñador en el logro de edificaciones sostenibles y rentables. En este método tanto el ciclo de vida de los costos, medidos en unidades de cuenta monetaria, como el ciclo de vida del impacto ambiental, medidos en términos de unidades trabajo (MJ) que puede ser extraído de un sistema (exergia), se seleccionan como las dos funciones objetivo a ser minimizadas utilizando modelos de optimización.
Debido a que se trata de un problema de optimización multiobjetivo con conflicto de criterios (problema que además muestra variables pertenecientes a diferentes niveles jerárquicos y cuya solución se esconde tras la combinatoria de un alto número de posibles opciones de diseño) el método de optimización sugerido por Wang consiste en un algoritmo genético que satisface tales exigencias, un método inspirado en los principios biológicos de recombinación genética y selección natural. El producto final de este procedimiento consiste en la identificación de las opciones de diseño más satisfactorias para unas condiciones dadas (Wang et al., 2005).
Obviamente, como en toda herramienta, su pertinencia va a depender de los objetivos que se persiguen en determinado contexto, así como de los criterios seleccionados para alimentar la data del modelo.
Por otra parte, los costos económicos de la energía, los materiales y la mano de obra incentivan usualmente el uso racionalizado de los mismos en el diseño de las edificaciones, motivación que frecuentemente no existe en cuanto a satisfacer los bio-requerimientos de los usuarios o los requerimientos del ecosistema. Por tanto es importante insistir que en el SK, el valor (y el impuesto subsiguiente) asignado al uso de los recursos naturales a ser incorporados en los componentes funcionales y el costo de sus emisiones, deben estar definidos por los objetivos o exigencias ambientales y humanas, nó por razones fiscales. A esto pudiera sumársele los subsidios o los programas que estimulan monetariamente el diseño de edificaciones sustentables, de los que son ejemplos los programas conocidos como LEED o BREEAM por sus siglas en inglés. Análogo a un sistema endocrino, una combinación de tales mecanismos para promover o pechar las diversas técnicas constructivas, tendría la función de estimular o inhibir los flujos de materia y energía en el SA e, indirectamente, en los mismos componentes funcionales del SK.
Cognición del SA
De lo discutido se deduce que el impuesto tampoco debe estar orientado a pechar, por ejemplo, las utilidades de los concesionarios que erigen un SA para prestar algún servicio en las áreas protegidas, sino al tipo y cantidad de recursos y/o emisiones (previamente autorizados) que estén asociados a su construcción y funcionamiento. Esto permitiría, por una parte, incentivar directamente el ahorro de recursos naturales y, por otra, fomentar y hacer uso de la investigación y desarrollo de tecnologías con las que sea posible diseñar un SA que mejore las condiciones de habitabilidad y reduzca los efectos ambientales no deseados. Estas tecnologías tampoco debieran estar previamente normadas o reglamentadas, pues dificultan la búsqueda de innovaciones que, en cada caso, permitan alcanzar los objetivos de manera más eficiente. De allí que el énfasis debe estar puesto en el conocimiento detallado de cada situación particular; es decir, en un consistente flujo de información, como insumo principal del SA, que posibilite el control y los diseños del SK elaborados de abajo hacia arriba.
Todo ello puede constituir un importante estímulo para incorporar y valorar la extensa información que sobre la materia ofrecen la biología y la ecología, puesto que el acople estructural entre los SV y los SA solo es posible a partir de un exhaustivo conocimiento previo de sus procesos; cuestión que va a favorecer la reducción de la entropía o incertidumbre que normalmente acompaña a las múltiples y azarosas respuestas de diseño.
La eventual valoración económica del conocimiento de los fenómenos biológicos y ecológicos como insumo para el diseño del SA y el SK, lleva a un área donde se solapan la ciencia y el diseño, el descubrimiento y la invención; es decir, a territorios de la biotecnología y, por ende, en el polémico terreno de la propiedad intelectual. Deseable o no, la presión de hoy día se orienta a generar, proteger y vender conocimientos, con lo cual progresivamente se comienza a transitar de la economía de los bienes básicos, o materiales, a la economía del conocimiento. A "una nueva economía, estructurada principalmente sobre el capital intelectual y no, como hasta ahora, sobre los activos tangibles" (Ávalos, 1997).
Simbiosis y autopoiesis en el SA
La introducción de un nuevo nivel jerárquico de organización (SK), lejos de entorpecer la posibilidad de obtener recursos económicos para las áreas protegidas, procura por el contrario recuperar y preservar valores ecológicos, biológicos y escénicos, cuyos atractivos son precisamente los que pueden generar esos mismos recursos. Todo ello conforme a la concepción autopoiética de organización circular del SK, en el que la edificación (SA) retoma y favorece la acepción original del término Oikos, es decir, la casa común, incluido su territorio, donde interesa tanto su propia estabilidad como la del sistema en el que ella se aloja; un tipo de organización del que pueden derivarse recursos económicos que favorecería no solo a los propósitos de las áreas protegidas sino, indirectamente, a la misma economía local.
Conclusiones
El hecho general de pertenecer los sistemas vivos y los sistemas artificiales a un sistema único, así como el hecho particular de existir situaciones donde los primeros anidan en los segundos, como es el caso de edificaciones ubicadas en ecosistemas protegidos, debe impedir a los SA el desarrollo de formas organizativas al margen de aquellas otras propias de los SV. De ello se desprende, conceptualmente, la necesidad de un nuevo nivel jerárquico de organización, de naturaleza híbrida (SK), constituido por los subsistemas SE, SB y SA que podría otorgar en tales situaciones la necesaria unidad de organización a los SV y los SA.
Al interior del SK, el objetivo tradicional de las edificaciones de satisfacer las exigencias humanas al menor costo económico se amplía, pues resulta igualmente necesario minimizar el costo biológico (del ecosistema y el biosistema). Al expandir la contabilidad fuera del campo exclusivamente monetario y adicionalmente dar cabida a la utilidad de las riquezas naturales del entorno se desdibujan económicamente las fronteras entre los SV y los SA. La nueva organización híbrida de recursos monetarios y no monetarios, facilitaría igualmente integrar dentro de una sola lógica las variables económicas, ecológicas y habitacionales.
El ahorro en costos de materiales y energía del SA que supone el uso de recursos no monetarios, y la eliminación o la sana reincorporación de emisiones y desechos a los ciclos naturales, lo que implica menores impuestos y/o mayores subsidios, redundaría en un incremento de la productividad.
Por otra parte, debido a que lo anterior demanda en cada situación un conocimiento pormenorizado de los sistemas vivos y demás factores naturales locales, el predominio de los flujos de materia y energía usualmente requeridos en la construcción y funcionamiento del SA, es sustituido ahora por el predominio de los flujos de información. Ello se traduce en una menor entropía o incertidumbre en el diseño del SA, y en un estímulo para incorporar y revalorizar, incluso económicamente, la extensa información que sobre la materia ofrecen la biología y la ecología como insumo esencial; reorientación que aproximaría estas intervenciones a la nueva economía del conocimiento. La preservación y/o recuperación de los valores ecológicos, biológicos y escénicos que se desprenden de tales criterios, constituirían a su vez el mejor atractivo para nuevas inversiones en la consolidación de las áreas protegidas. Todo ello conforme a la concepción autopoiética de organización circular.
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