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Interciencia

versión impresa ISSN 0378-1844

INCI v.33 n.4 Caracas abr. 2008

 

Las Investigaciones en ciencias sociales en Venezuela.

En esta primera década del siglo XXI lo social se ha constituido en centro del discurso de muchos, si no de todos los líderes de los países de la América. Hay quienes ven en esto un retorno de la izquierda a la arena política y un preámbulo al logro socialista. Otros analistas advierten en ello un nuevo movimiento de ese péndulo que pareciera gobernar a nuestras sociedades.

En Venezuela, el Presidente Chávez ha convertido a lo social, o lo popular, dependiendo desde donde se mire, en el gran tema de la prédica gubernamental. Discurrir sobre la exclusión de los más necesitados o enumerar las inmensas carencias de los menos favorecidos, le ha ganado el afecto de un importante sector de la población venezolana. Sin embargo, el discurso empieza a mostrar fisuras, tanto en la confiabilidad que pueda mostrar ante la falta de hechos concretos, como ante la inexistencia de un marco conceptual explicito que permita concebir, desarrollar y consolidar políticas y acciones que lleven a alcanzar los objetivos añorados. Una faceta de ese desfase entre el discurso político y la acción gubernamental se revela en una administración que lleva a la nación a abrazar a lo social como paradigma de su transformación y desarrollo, mientras que en un tema crucial para el éxito de ese mismo discurso, como son las investigaciones en ciencias sociales, éstas no cuentan con apoyo financiero.

Un reciente Cabildo Abierto de Interciencia (Vol. 31: 628-631) trató el caso de la Misión Ciencia. Ésta, a pesar de su carácter para-oficial, ha sido promovida como el arquetipo de las respuestas de un liderazgo comprometido a resolver problemas de su sociedad por la vía de la actividad creadora de los científicos y tecnólogos. En la práctica, dos años después de ser lanzada, la Misión Ciencia contabiliza como éxito un número importante de becas de cuarto y quinto nivel de educación, mientras que los frutos en investigación experimental y desarrollo tecnológico están por verse. En cuanto a las investigaciones en ciencias sociales, paradójicamente, la Misión no contempla entre sus objetivos financiar proyectos en ese dominio del saber.

Si bien el canal institucional para el financiamiento de la ciencia, tecnología e innovación en Venezuela, el FONACIT, solía financiar investigaciones en humanidades y ciencias sociales, desde hace un par de años no abre fuentes de financiamiento para ese tipo de proyectos. Es así que en los últimos nueve años, el FONACIT ha invertido unos 50 millones de USD en investigaciones en ciencias sociales. Cuando esa cantidad es relacionada con la sumatoria de los presupuestos asignados a toda la actividad de ciencia y tecnología en Venezuela, que se estima del orden de 1.500 millones de USD para el mismo período, se obtiene que el actual gobierno ha dedicado a las investigaciones en ciencias sociales un pírrico 3% del total que dedica a ciencia y tecnología.

En términos de recursos humanos, desde el año 1999 al presente, el FONACIT ha aprobado 38 proyectos de investigación a través de su gran Programa de Subvenciones a Proyectos de Investigación Libre. Hoy, solo cuatro de esos están en ejecución. En esos mismos nueve años, el Programa de Proyectos de Apoyos a Grupos de Investigación financió cinco proyectos, de los cuales solo dos están vigentes hoy en día. Ahora, Venezuela cuenta con 5.222 investigadores certificados en su Programa de Promoción del Investigador y de ellos, 1.712 profesionales están acreditados dentro del área de las Ciencias Sociales. Siendo esto así, es evidente que ni la cuantía de los fondos destinados ni el número de científicos sociales con proyectos financiados por el Estado, guardan relación con el tamaño del compromiso que se debe derivar de un discurso centrado en lo social como paradigma.

Para quienes en Venezuela tratan de encauzar su actividad creadora hacia los dominios de las ciencias sociales, la falta de fuentes de financiamiento de su actividad investigativa es un asunto grave. Sin facilidades para ejercer su profesión con propiedad, los investigadores no podrán abordar el estudio de los grandes problemas que aquejan al país. Este asunto debería ser objeto de reflexión por parte de las autoridades venezolanas.

Jaime Requena,

Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, Caracas, Venezuela