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Letras

versión impresa ISSN 0459-1283versión On-line ISSN 2791-1179

Letras v.51 n.78 Caracas ene. 2009

 

Nocturno de Chile

Roberto Bolaño (2000) Barcelona: Anagrama Narrativas Hispánicas. 150 pgs.        [ Links ]

José Rafael Simón

El poeta y novelista chileno Roberto Bolaño, nacido en 1953 y muerto tempranamente a los 50 años en el 2003, debido a complicaciones hepáticas, es conocido en buena parte del mundo por su novela Los detectives salvajes, con la cual ganó de forma unánime el Premio Herralde de Novela (1998) y el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos (1999), entre otros galardones.

No obstante, obviando este texto de una calidad inigualable, incluso comparado por algunos críticos como el catalán Enrique Vila-Matas o Jorge Edwards a Rayuela, del argentino Julio Cortázar, Bolaño cuenta con una obra sólida en la que destacan otros títulos. Allí están, por sólo citar algunos de ellos, los relatos de Llamadas telefónicas (Premio Municipal de Santiago de Chile) y las novelas Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, Estrella distante y Amuleto. Destacan también 2666, obra por demás ambiciosa que el escritor se encontraba revisando al momento de la muerte y Nocturno de Chile, el libro del cual aquí se ofrecerán algunas pinceladas.

¿Y de qué va la historia que se nos cuenta en Nocturno de Chile? Pues la historia va de un sacerdote chileno miembro del Opus Dei, organización fundada por el prelado español José María Escrivá de Balaguer, que además le mete a la creación y a la crítica literaria, quien en una noche de delirio y de fiebre cree que va a morir y entonces ante la posibilidad del fin empieza a repasar y a recrear nuevamente episodios de su vida. Así, Sebastián Urrutia

Lacroix, que así se llama este cura, de origen vasco y francés como muchos otros chilenos, se pasea por diferentes capítulos de su existencia, algunos de los cuales son disparatados, inverosímiles y hasta de corte humorístico; los encuentros y desencuentros con un personaje llamado Farewell, quien es considerado el más grande crítico literario chileno, dictaminador y juez de aquello que sirve

o no en el ámbito de la creación literaria; el viaje a Europa para estudiar el método a través del cual las iglesias del viejo continente han logrado evitar el daño que las cagadas de inescrupulosas y poco consideradas palomas hacen a sus estructuras artístico arquitectónicas, periplo realizado por encargo de unos misteriosos encomenderos llamados Oido (Odio) y Odeim (Miedo) y de la misma iglesia chilena, en el que se comprobó que los halcones son animales muy útiles en ese asunto de matar palomas; las clases de marxismo y comunismo a los integrantes de la Junta Militar que derrocó en el año 1973 a Salvador Allende, sesiones solicitadas por los militares de esta junta, entre quienes se encontraba por supuesto Augusto Pinochet, recientemente fallecido, para conocer cómo pensaban los enemigos de Chile y hasta dónde serían capaces de llegar, por cierto que en estas clases se habla de un personaje reaparecido y en cierta forma habitué en una mitad de la Venezuela de hoy: la escritora e ideóloga Martha Harnecker.

Otro episodio evocado por Urrutia Lacroix en su particular noche de fiebre y sábanas sudadas, son las tertulias literarias en la casa de María Canales, ubicada en las afueras de Santiago, en los tiempos del Chile del toque de queda después de los sucesos del año 1973. En el sótano de la casa de María Canales, escritora mediocre que no merecía ganar un premio literario ni siquiera en Bolivia (¿?) y de Jimmy Thompson, su esposo, aguarda al lector una pequeña sorpresa. Por cierto, del Premio Nobel Pablo Neruda también se dicen cosas en Nocturno de Chile.

Pero ¿qué ha llamado mi atención de este libro? Pues me ha llamado la atención la forma, entre otros aspectos. Es un libro que no está subdividido en apartados o capítulos, como tradicionalmente suele ocurrir. Es un libro en el que no hay puntos y apartes. Está escrito en bloque, en prosa dura, como de un solo tirón. Se trata de un solo párrafo que arranca en la página 11 y termina en la 150, a excepción de la última frase que se encuentra aparte del bloque del texto:"Y después se desata la tormenta de mierda". Este hecho, unido a las incontables y extensas enumeraciones caóticas a las que recurre el escritor, muchas veces ocasiona ahogo en el lector. Asfixia. Un ahogo unido a una sensación clara de desenfreno.

En este sentido, dos frases que se encuentran casi al final del libro ilustran lo que se viene señalando hasta los momentos. "Mi cama gira en un río de aguas rápidas", dice la primera. La segunda reza así: "Y entonces pasan a una velocidad de vértigo los rostros que admiré, los rostros que amé, odié, envidié, desprecié. Los rostros que protegí, los que ataqué, los rostros de los que me defendí, los que busqué vanamente". En ambos ejemplos quien narra, ubicado en su presente, prácticamente justifica el modo frenético en el que se ha contado la historia.

Por otra parte, en el texto reseñado también puede apreciarse una especie de metáfora acerca de Chile, el país más austral de América del Sur, el país largo, la nación de una sociedad profundamente dividida, tal como quedó demostrado tras el fallecimiento de Augusto Pinochet a principios del año 2007, vilipendiado por muchos, sobre todo por los familiares de desaparecidos en los casi veinte años de dictadura de derecha y glorificado por otros sectores de la población. Una sociedad que, tal como se expresa en las páginas del libro, no ha podido ser unificada o, en todo caso, reconciliada ni siquiera por el advenimiento de la era democrática.

De manera tal que la invitación para la lectura de este libro, queda hecha. Un libro, Nocturno de Chile, en que se hace presente y palpable el talento de uno de los más grandes escritores latinoamericanos de los últimos años: Roberto Bolaño, ése que se fue (se trata de un decir) joven y a destiempo. Ése que nació en Santiago de Chile y fue trashumante y vivió en Chile y en México y en Estados Unidos y en España, países en los que desempeñó los más variados oficios para sobrevivir. Ése que estaba en la lista de espera para un trasplante hepático. Ése que encontró en un norteño pueblo de Blanes, en la provincia de Girona, el refugio que buscaba con su esposa e hijos. Ése escritor imprescindible para muchos críticos y lectores que parió a punto de oficio e imaginación la mejor novela latinoamericana después de la mítica Rayuela: Los detectives salvajes. ¡A leer, pues!

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