INTRODUCCIÓN
El suicidio es todo acto intencional por el cual una persona se provoca la muerte; asociado a este concepto se encuentra el intento de suicidio que son los actos auto-lesivos intencionales que no provocan la muerte 1,2. El suicidio genera más de 800.000 mil muertes anuales en el mundo; esto equivale a un suicidio cada 40 segundos con una proyección de 1,5 millones de suicidios para el término del año 2023, representando uno de los mayores problemas de salud a nivel mundial 3.
En estas últimas décadas, las Américas registraron más de 7 suicidios por hora, con 4,6 casos de mujeres y 15,1 casos de hombres, afectando principalmente a la población de adolescentes 4,5. Se estima que por cada suicidio de adolescente se realizaron entre 1 a 20 intentos con repercusiones en el entorno familiar, escolar y social 6,7. En Chile, el suicidio es la segunda causa de muerte de adolescentes, observándose que las mujeres adolescentes lideran los intentos de suicidio, pero son los hombres adolescentes quienes lo consuman tres veces más 8,9. Con relación a las tasas de suicidio de adolescentes, estas pasaron de 5,83 casos por 100.000 habitantes en el año 1990, a 9,28 casos en el año 2005 y a 11,8 en el año 2013 9. El suicidio no es una enfermedad, sin embargo, padecer de un trastorno mental es un importante factor de riesgo 10. Los adolescentes chilenos tienen alta prevalencia de trastornos mentales en comparación a los adolescentes de otros países latinoamericanos. Así, Chile tiene un 14,6% de trastornos disruptivos, un 8,3% de trastornos ansiosos y un 5,1% de trastornos afectivos (depresión y bipolaridad) que, por lo general, cursan con desarrollos anormales de la personalidad 11,12. El diagnóstico más frecuente del adolescente en los centros chilenos especializados de salud mental es el trastorno depresivo con intento de suicidio, diagnóstico que, en la actualidad, constituye un importante problema de salud pública; mientras que adolescentes con trastornos bipolares registran escasas consultas, pero tienen un alto riesgo de suicidio incluso con tratamiento farmacológico 12,13. Adolescentes con diagnósticos de trastornos afectivos pueden incrementar hasta un 60% la probabilidad de muertes por suicidio; en este grupo etario no existe otra enfermedad que genere tanta interferencia y discapacidad como la mental 14,15. El plan chileno de salud mental 2017-2025 busca estrategias para la intervención de las Unidades de Cuidados de Hospitalización Intensivos en Psiquiatría (UCHIP) de adolescentes con o sin intento de suicidio y para la articulación de las redes territoriales de salud mental 16,17.
El propósito del estudio fue revisar, en un determinado período de tiempo, los aspectos sociodemográficos y clínicos de adolescentes hospitalizados en una UCHIP por intento de suicidio para proporcionar al hospital estrategias de intervención y de articulación con la red territorial de salud mental.
MATERIAL Y MÉTODO
Se realizó un estudio descriptivo, de tipo comparativo y retrospectivo usando un método cuantitativo. Se conformaron dos grupos de estudio; el grupo I, con 14 adolescentes de mayor gravedad previamente internados en la Unidad de Tratamientos Intensivos (UTI) y el grupo II, con 82 adolescentes que no requirió de esta unidad. El objetivo fue comparar y relacionar a los grupos de estudio; de igual modo, aportar a la UCHIP estrategias de intervención y articulación con los dispositivos de la red territorial de salud mental. Los datos se recogieron de las fichas clínicas de adolescentes entre los 14 años 0 mes a 17 años 11 meses de edad que estuvieron hospitalizados en la UCHIP del hospital público Roberto del Río de la ciudad de Santiago de Chile, entre enero del 2017 a diciembre del 2018. Las variables estudiadas fueron: edad, género, escolaridad, antecedente de abuso sexual, diagnóstico del trastorno mental (eje I) realizado por médico psiquiatra, según la Clasificación Internacional de Enfermedades en su 10ª versión18 (CIE-10), dado que al momento del estudio el hospital no utilizaba la versión CIE-11. También se estudió el diagnóstico de la co-morbilidad o funcionamiento de la personalidad (eje II) realizado por el psicólogo tratante según la CIE-10, número de días de hospitalización en la UCHIP, consultas en centros de la red territorial de salud mental (se consideraron 10 o más consultas en los 6 meses previos a la hospitalización en la UCHIP) y cuidador responsable con trastorno mental con o sin tratamiento.
Los criterios de inclusión fueron los siguientes: adolescentes entre 14 años 0 mes a 17 años 11 meses de edad hospitalizados en la UCHIP entre enero del 2017 a diciembre del 2018; adolescentes con trastornos mentales e intento de suicidio que, por la gravedad del intento, previamente necesitaron atención en la UTI (grupo I) y adolescentes con trastornos mentales e intento de suicidio que no necesitaron la UTI (grupo II); adolescentes con o sin co-morbilidad, es decir, con o sin diagnóstico de desarrollo anormal de la personalidad; adolescentes escolarizados; adolescentes con o sin antecedentes de abuso sexual; adolescentes con 10 o más consultas en dispositivos de salud mental de la red territorial en los 6 meses previos a la hospitalización en la UCHIP; adolescentes con familiar en el rol de cuidador responsable y adolescentes cuyo cuidador responsable porte un trastorno mental con o sin tratamiento.
Se excluyen: adolescentes hospitalizados en la UCHIP menores de 14 años y mayores de 17 años 11 meses; adolescentes hospitalizados en la UCHIP con altas administrativas; adolescentes hospitalizados en la UCHIP de hogares de menores, residencias u otros lugares cuyo cuidador responsable no es un familiar; adolescentes sin intento de suicidio y, finalmente, adolescentes con menos de 10 consultas en dispositivos de salud mental de la red territorial en los 6 meses previos a la hospitalización en la UCHIP.
Se utilizó un muestreo intencionado. Se revisaron las bases de datos de la UCHIP entre enero del 2017 a diciembre del 2018 y se seleccionaron las fichas clínicas que cumplían con los criterios de inclusión. Se obtuvieron 96 fichas, 14 correspondieron al grupo I y 82 al grupo II. Asimismo, de las 96, 79 eran de adolescentes mujeres y 17 de adolescentes hombres.
Se utilizó un análisis descriptivo y de frecuencia para identificar las características sociodemográficas y clínicas, tanto de la muestra total como separada por grupos. Para obtener la significancia de las variables cuantitativas se utilizó la prueba de U Mann Whitney, para estudiar las asociaciones entre las variables de los grupos se utilizó la prueba de Chi-cuadrado de Pearson (X 2 ) y la regresión lineal múltiple por pasos sucesivos, donde la variable dependiente fue el intento de suicidio y las variables predictoras la edad, género, escolaridad, abuso sexual, diagnóstico de trastorno mental, co-morbilidad, consultas previas a la hospitalización y cuidador con trastorno mental. El análisis se complementó con el cálculo de Odds Ratio (OR). Para el procesamiento de los datos se utilizó el programa estadístico Statistical Package for Social Sciences (SPSS) versión 15,0. El nivel de significancia en todas las pruebas se estableció en un p<0,05.
Estudio aprobado por el comité de ética del Servicio de Salud Metropolitano Norte (SSMN) de la ciudad de Santiago de Chile, acreditado por la Secretaría Regional Ministerial de Salud (SEREMI) y que adscribe a las normativas de los principios éticos internacionales, fundamentalmente de la declaración de Helsinki. Los datos fueron tratados con confidencialidad, custodiados por el investigador responsable y eliminados al termino del estudio.
RESULTADOS
El grupo II tuvo cinco veces más adolescentes que el grupo I. La edad promedio de los adolescentes en las fichas analizadas fue de 16 años 1 mes, y una desviación estándar (DE) de 1,76. Por género, se observó que un 82,3% eran adolescentes mujeres y un 17,7% eran adolescentes hombres. En el grupo I (92,9% de adolescentes hombres y 7,1% de adolescentes mujeres), la edad promedio fue de 15 años 9 meses (DE=1,1); en el grupo II (91,5% de adolescentes mujeres y 8,5% de adolescentes hombres) fue de 16 años 5 meses (DE= 1,8). Inter-grupo no hubo diferencias significativas en las variables edad, escolaridad y duración de la hospitalización; sin embargo, la variable género mostró diferencia significativa (X 2 (5)=9,344; gl:6; p<0,05); es decir, ser adolescente hombre con intento de suicidio y atenciones en la UTI tiene mayor probabilidad de estar hospitalizado en la UCHIP que un adolescente hombre con intento de suicidio sin atenciones en la UTI (OR= 12,5; 95% IC= 2,57-60,7). Otras diferencias significativas se observaron en el cuidador con trastorno mental (X 2 (6)=21,4; p<0,05); en adolescentes con consultas previas a la hospitalización (X 2 (9)=21,54; p<0,05); y en adolescentes víctimas de abuso sexual (X 2 (8) =11,32; p<0,05). El 100% de los integrantes del grupo I sufrieron abusos sexuales (Tabla 1).
Tabla 1 Frecuencias porcentuales de las variables por grupos de estudio y nivel de significancia.
| Variables |
Grupo I N=14 |
Grupo II N=82 |
Total N= 96 |
p |
|---|---|---|---|---|
| Edad (años y meses) | 0,687 | |||
| Media(±desviación estándar) | 15,9(1,1) | 16,5 (1,8) | 16,1 (1,7) | |
| Escolaridad (%) | 0,548 | |||
| Educación básica | 7,1 | 0 | 1,1 | |
| Educación secundaria | 92,9 | 100 | 98,9 | |
| Género (%) | 0,002* | |||
| Hombre | 92,9 | 8,5 | 20,8 | |
| Mujer | 7,1 | 91,5 | 79,2 | |
| Cuidador con trastorno mental en tratamiento (%) | 0,003* | |||
| Sí | 57,1 | 58,5 | 58,3 | |
| No | 42,8 | 41,5 | 41,7 | |
| Consultas previas en salud mental (%) | 0,001* | |||
| Sí | 7,1 | 67,1 | 58,3 | |
| No | 92,9 | 32,9 | 41,7 | |
| Víctima de abuso sexual (%) | 0,002* | |||
| Sí | 100 | 72,7 | 73,8 | |
| No | 0 | 27,3 | 26,2 | |
| Duración de la hospitalización | 0,780 | |||
| Media en días (±desviación estándar) | 35,0 (8.2) | 28,5 (4.7) | 31,7 |
*Test Chi-cuadrado con p significativo.
Otras diferencias significativas se observaron en el diagnóstico de la conducta alimentaria de anorexia (X 2 (10)=44,66; p<0,05); en el trastorno bipolar (X 2 (9)=42,28; p<0,05); en el diagnóstico de la co-morbilidad (X 2(11)=76,57; p<0,05) y; en el diagnóstico de depresión (X 2 (12)=64,47; p<0,05), con mayor probabilidad de encontrar adolescentes con depresión grave en el grupo I (OR=2,8; 95% IC=1,72-9,19), (Tabla 2).
Tabla 2 Frecuencias porcentuales de los diagnósticos por grupos de estudio y nivel de significancia.
| Diagnósticos |
Grupo I N=14 |
Grupo II N=82 |
Total N= 96 |
p |
|---|---|---|---|---|
| Diagnósticos eje I CIE-10 (%) | ||||
| Trastorno depresivo | 0,036* | |||
| Grave | 57,1 | 2,4 | 10,4 | |
| Moderado | 0 | 79,2 | 67,7 | |
| Trastornos de la conducta alimentaria | 0,012* | |||
| Anorexia | 14,4 | 0 | 2,1 | |
| Bulimia | 0 | 4,0 | 3,3 | |
| Trastorno bipolar | 21,4 | 0 | 3,1 | 0,001* |
| Trastorno de ansiedad generalizada | 0 | 8,3 | 7,2 | 0,457 |
| Trastorno obsesivo-compulsivo | 0 | 6,1 | 5,2 | 0,125 |
| Trastorno psicótico | 7,1 | 0 | 1,0 | 0,358 |
| Diagnóstico eje II CIE-10 (%) | ||||
| Comorbilidad (%) | 0,027* | |||
| Sí | 28,5 | 85,3 | 79,2 | |
| No | 71,5 | 14,7 | 20,8 |
*Test Chi-cuadrado con p significativo.
En la regresión lineal múltiple se evaluaron los supuestos de normalidad, linealidad y homocedasticidad. Su análisis mostró que ser víctima de abuso sexual explica un mayor porcentaje de la varianza (29%) con un β positivo (0,397), antecedente que podría predecir la hospitalización por intento de suicidio. Consultas en dispositivos de salud mental de la red territorial 6 meses antes de la hospitalización explican un 21% de la varianza con un β negativo (-0,301). Cuidador con trastorno psiquiátrico en tratamiento explica un 12% de la varianza con un β negativo (-0,224) y el trastorno depresivo explica muy poco (1%) con un β negativo (-0,056), (Tabla 3).
Tabla 3 Análisis de la regresión lineal múltiple (N=96).
| Variables | β | R2 | p |
|---|---|---|---|
| -Víctima de abuso sexual | 0,397 | 0,29 | 0,01 |
| -Consultas de salud mental 6 meses antes de la hospitalización | -0,301 | 0,21 | 0,01 |
| -Cuidador con trastorno mental en tratamiento | -0,224 | 0,12 | 0,01 |
| -Trastorno depresivo | -0,056 | 0,01 | 0,05 |
Total de la varianza explicada: 63%.
DISCUSIÓN
El estudio mostró diferencias entre los adolescentes con intento de suicidio hospitalizados en la UCHIP. Los adolescentes que no necesitaron atenciones en la UTI se hospitalizaron cinco veces más que aquellos que necesitaron esta atención. Este resultado podría estar relacionado con el género, ya que quienes necesitaron la UTI fueron adolescentes del grupo I que concentró, principalmente, a hombres. Este hallazgo es concordante con otros estudios 12,13, en los cuales se muestra que adolescentes hombres usan métodos letales y al fracasar su intento lo repiten con mayor intensidad. Si los adolescentes hombres necesitaron atenderse en la UTI y se caracterizan por realizar intentos más severos, entonces la UCHIP debería diseñar intervenciones psicoterapéuticas específicas que aborde el intento de suicidio por género.
El rol del cuidador es clave en el pronóstico del adolescente. De acuerdo con la literatura, los cuidadores con trastornos mentales sin tratamiento o con tratamiento incompleto son un factor de riesgo para el desarrollo psicológico de niños, niñas y adolescentes, ya que los predisponen a perturbaciones psíquicas e intento de suicidio 19,20. En virtud de ello, la UCHIP debe identificar la condición de salud mental del cuidador, considerando algunos factores: la forma como realizan los cuidados los cuidadores con trastorno mental sin tratamiento o con tratamiento incompleto; el tipo el tipo de trastorno mental que pueda estar cursando el cuidador que realiza los cuidados; si tiene tratamiento, el tiempo que lleva con el mismo y si sigue las indicaciones que están recibiendo, u otras preguntas que permitan una mayor comprensión del cuidador para implementar intervenciones de apoyo.
Consultas en dispositivos de la red territorial de salud mental 6 meses antes de la hospitalización en la UCHIP es un antecedente a considerar. En el grupo I la consulta fue escasa, esto genera dudas sobre: las razones por las cuales no consultaron; si solicitaron la cita, pero no concurrieron a sus atenciones; quedaron en lista de espera que no avanzó o hubo otra razón. Esta evidencia permite proyectar que los adolescentes del grupo I al alta de la UCHIP concurrirán poco a sus atenciones y terminaran abandonando el tratamiento en los dispositivos de la red ambulatoria con la posibilidad de nuevos intentos o bien el suicidio. Es conocido que adolescentes hospitalizados por intento de suicidio tienen 8 veces más riesgo de suicidarse comparados con la población general y más del 50% de los suicidios ocurren hasta 16 meses después de intentos frustrados21,22. En este sentido, es fundamental que la UCHIP se coordine con los dispositivos de la red territorial para implementar la continuidad de cuidado que beneficia a todos los adolescentes hospitalizados por intento de suicidio. Esto se traduce en una derivación asistida o entrega del paciente de forma personalizada a la red, en seguimiento estrecho, en registros actualizados y planes de rescate de aquellos adolescentes que aborten o asistan de manera irregular. Todo ello implica un enorme desafío de integración y articulación de los saberes del conjunto de la red territorial de salud mental.
Ser víctima de abuso sexual es un evento traumático que afecta principalmente a mujeres y que se caracteriza por alterar el desarrollo emocional, cognitivo, social e instalar ideas suicidias 21. Si bien en ambos grupos se dieron cifras altas de abuso sexual, es llamativo que el 100% de los integrantes del grupo I fue víctima de abuso; es importante señalar que este grupo concentró a adolescentes hombres con intentos de mayor gravedad. Esto requiere ser profundizado, no obstante se plantea que el abuso sexual en adolescentes hombres es un antecedente que puede predecir intento severo o la muerte por suicidio 25.
Una limitación fue restringir el estudio a 2 años; para ver el movimiento de las variables se debió considerar un mínimo de 5 años. Otra de ellas fue no haber realizado correlaciones entre las variables y no incorporar el número de intentos de suicidio, los tipos de familia, los métodos utilizados en el intento, las formas de abuso sexual, entre otras.
Se concluye que la UCHIP debe considerar en sus intervenciones las características distintivas de los grupos de estudio y coordinarse con los dispositivos de la red territorial de salud mental para implementar la continuidad de cuidados en beneficio de todo adolescente que se hospitaliza por intento de suicidio.














