SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.26 número2El Alma, Razón o no de un ejercicio Médico índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO

Compartir


Revista de la Facultad de Medicina

versión impresa ISSN 0798-0469

RFM v.26 n.2 Caracas jul. 2003

 

EDITORIAL

Conmemoración del XXX Aniversario de la promoción de Médicos Cirujanos egresados de la Escuela de Medicina "Luis Razetti" de la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela el 8 de diciembre de 1972, bajo el epónimo del Dr. Félix Pifano Capdevielle

    Estamos reunidos esta mañana del 31 de Octubre del 2003 para realizar un homenaje póstumo a quien en vida fuera nuestro querido padrino de promoción, el ilustre maestro Dr. Félix Pifano. Los avatares de la vida impidieron que el maestro en vida disfrutara de este magno acontecimiento, casi un año postergado por los tiempos de sectarismo, intolerancia e ideologización estéril que padecemos los venezolanos en la actualidad. Treinta años atrás, experimentamos también la intolerancia, en aquellos aciagos meses definidos sabiamente por el Maestro Pifano como "momentos venezolanos de una angustia universal". Los coletazos del "Mayo Francés" habían coincidido peligrosamente con los estertores finales de un intento fallido de lucha armada prolongada, plasmado en el surgimiento de una agrupación de jóvenes universitarios de ultraizquierda, negadores de toda convivencia civilizada también proclives al sectarismo, a la intolerancia y la exclusión que hoy nos asfixian. Correspondió a Pifano y a todos nosotros ser protagonistas de un indeseable episodio en el Aula Magna de nuestra Universidad Central del cual mucho se ha hablado, poco se ha escrito y cuyas secuelas fueron generosamente saldadas cuando en un aniversario anterior señalamos sin rencores "Hemos perdonado a los que nos ofenden".

    Hace ya doce años, también por estos días celebramos las "Jornadas de Medicina Tropical Dr. Félix Pifano C." En el hotel Eurobuilding de Caracas y nos tocó en suerte desgranar un breve relato biográfico del maestro, desde una perspectiva distinta a la sabida y mundialmente reconocida del científico que escribió libros y publicó más de 270 trabajos en revistas especializadas de su amada disciplina. Nos adentramos en el Pifano niño, en el retoño botánico que taciturno contemplaba las maravillas de las flores y de las hojas de los árboles en los jardines de la casa de la señora Capdevielle. En el Pifano adolescente con profunda inclinación biológica que se interesaba por todo objeto animado que lo rodeaba y en el Pifano médico recién graduado en pleno ejercicio de sus inclinaciones de pintor de finos trazos realizando una fotografía caligráfica de la mapanare venezolana para enviarla a su validación de especie por el más grande exponente de la ofidiología mundial el brasilero Afranio do Amaral.

    Nos adentramos en el joven consustanciado con su pueblo, quien ya mostraba una decidida inclinación por la causa de los pobres a los que dedicó el resto de su vida y de los que hizo sana amistad hasta fundirse con sus costumbres, llegando incluso a padecer las consecuencias de la osadía de adolescente, al caer abruptamente de un caballo en una tarde de toros coleados y recibir tremendo "cipotazo" del cual quedaría la marca permanente de la escoliosis y los dolores de cintura, compañeros inseparables del maestro hasta su encuentro con la noche del tiempo.

    También nos referimos al Pifano músico, magistralmente descrito por el poeta yaracuyano Manuel Rodríguez Cárdenas en su relato de la fiesta de cumpleaños del maestro. Cuando llegó la "serenata", compuesta por todos sus amigos músicos, con quienes a menudo departía y se abrieron de par en par las puertas de su casa de San Bernardino, el maestro Pifano con la mayor delicadeza tomaba el "taraceado de nácar" y hacia llorar las cuerdas de la mandolina entonando "conticinio", el bello vals de Laudelino Mejías.

    También recordamos en el maestro Pifano, al honorable padre de Familia y pedimos las correspondientes excusas a nuestra querida Angelita y a sus hijos Edmundo, Hernán, Alicia y Emilia por haber maltratado la impoluta imagen del maestro en los afanes delirantes del historiador aficionado. En aquellos instantes deseamos plasmar una imagen imperecedera en los asistentes al acto de inauguración de las Jornadas y para ello llamamos en nuestro auxilio al poeta hindú Rabindranath Tagore, premio Nóbel de literatura en 1913, cuando Pifano apenas daba sus primeros pasos. En referencia al otoño de la vida y en exacta coincidencia con los ochenta años del maestro, nos decía Tagore:

Próximo a los ochenta, medito con asombro:

Así como el torrente de luz agota la lluvia de fuego de

Millones de estrellas

Inundando el Inútil vacío.

Me he elevado, como un destello súbito en el fuego

consagratorio de la Creación,

Desde el insondable corazón de la noche.

He llegado a esa tierra

Donde el fango, a través de las edades

En la matriz del océano, consiguió florecer

También yo me he vestido

Para hacer mi papel en esa obra,

Obedeciendo al llamado del destino

De empeñarme en apartar, rasgándolo, este velo.

¡Tal es el mayor de mis portentos!

Encaminar esa meta honda y secreta

Que hacer rodar al sol en torno al mundo

—perecedera morada de las almas—

Por el cielo, la luz, el aire,

La superficie de la tierra, las montañas y el mar.

Enhebrado en ese hilo misterioso

Hace ochenta años vine al mundo

Y en unos pocos más, ya me habré ido.

    Cuarenta años de conversaciones, siempre en la "buhardilla del saber", como lo era aquel pequeño cuarto en cuya entrada reposaba el inefable aviso "Le ruego dejarme trabajar", sirvieron para conocer al Pifano pensador universal. Sobre este punto habremos de detenernos porque constituye quizás la faceta más difícil de la personalidad del maestro, donde necesario es leer en líneas o entre líneas y donde la pausa o el silencio tienen implicaciones de enseñanza tanto en el plano teórico como en el comportamiento cotidiano.

    Cuando caracterizaba lo acontecido en el Aula Magna aquel día y lo definía como "Momentos venezolanos de una angustia universal", Pifano se adentraba en aquellas mentes no para calificarlas de perversas. Más bien para tratar de comprenderlas, dentro del contexto de la guerra fría y de las luchas de una generación que en escala mundial abarcaba espacios tan disímiles como los estudiantes del Mayo francés, o los contestatarios de la música que "viajaban" desde Liverpool a San Francisco, o el clan de los violentos comandados por las Brigadas Rojas que ya asomaban el terrorismo como forma de lucha y masacraban vidas inocentes en los aeropuertos o en diversas competencias deportivas, o el fenómeno del rechazo a la guerra del Viet Nam que llevó a Cassius Marcelus Clay a convertirse al islamismo y a condenar al servicio militar y que en otra dimensión, con el mismo mar de fondo, condujo a la prematura inmolación del joven checo Jan Palach en la Plaza de San Wenceslao, protestando por la falta de libertad con que el comunismo asfixiaba a todos los ciudadanos tras la cortina de hierro. Sobre la inviabilidad y el carácter antihistórico temporal de la revolución marxista soviética muchas veces conversamos, coincidiendo con quienes desde la izquierda habíamos enfrentado la invasión rusa que liquidó la "Primavera de Praga" y anunciado el fin del comunismo en su versión aberrante, negadora de toda libertad. Recuerdo que Pifano, un lector voraz, decía que había algunos intelectuales de la izquierda latinoamericana "escriben como cuerdos y actúan como locos". Decía Pifano: a comienzos de los ochenta Berlín será una sola y pocos años después cayó el muro de la ignominia y con el se vino abajo el andamiaje histórico de 60 años de opresión de un modelo totalitario, sanguinario y represivo.

    Corrían los años cincuenta, en pleno apogeo de la dictadura Pérez Jimenista y el maestro Pifano se encontraba "matando el tiempo" en su exilio Mejicano en cursos de cardiología en la Universidad Nacional Autónoma, cuando fue llamado a Washington a una reunión de especialistas en Medicina Tropical para tratar una materia de su predilección como lo era la Enfermedad de Chagas. En el seminario se realizó entre los investigadores un concurso con premio para aquel que definiera con más precisión al "Hombre educado" y Pifano ganó con una propuesta curiosa, definitoria de muchos aspectos de su personalidad de hombre amplio y tolerante, dijo: "El hombre educado es aquel que escucha con atención cosas sabidas, dichas por alguien que las ignora". Buen consejo para estos tiempos de verborrea incontenible, mezclada con grandes dosis de audacia, ignorancia e irresponsabilidad en el ejercicio de las cuestiones del Estado.

    El maestro Pifano experimentó una larga vida signada por el éxito en todas las disciplinas que abarcó. Escribió mucho y su obra científica de incuantificable valor quedará registrada en los anales de la ciencia venezolana. Pifano es , sin lugar a dudas, el integrador de la medina regional de nuestro país, resumida en ese magistral trabajo presentado a la Academia Nacional de Medicina y publicado en Los Archivos Venezolanos de Medicina Tropical titulado "Investigación y docencia en Medicina Tropical. Bases doctrinarias para la enseñanza de la Medicina Tropical en la Facultad de Medicina de la Universidad Central de Venezuela".

    En la hora del inevitable "Salto al vacío" Félix Pifano Capdevielle ha decidido cabalgar hacia la noche del tiempo. Ha conquistado los incognoscibles de la inmortalidad. Viaja hacia la eternidad rodeado de fieles edecanes entregados prematuramente en brazos del supremo creador. Para todos ellos entrego un bello presente contenido en las "Ficciones de Interludio" del gran poeta portugués Fernando Pessoa. Se trata de un fragmento de "El guardador de rebaños", escrito por Pessoa en 1912, justamente el año del nacimiento de nuestro querido maestro.

…No siempre soy igual en lo que digo o escribo. Cambio, más no cambio mucho.

El color de las flores no es el mismo al sol

Que cuando una nube pasa

O cuando entra la noche

Y las flores son color de sombra.

Mas, quien mira bien ve que son las mismas flores

Por eso cuando parezco no concordar conmigo

Reparen bien para mí:

Si estaba virado para la derecha,

Me volteo ahora para la izquierda,

Mas soy siempre yo, asentado sobre los mismos pies

El mismo siempre, gracias al cielo y a la tierra

Y a mis ojos y oídos atentos

Y a mi clara sencillez de alma.

Caracas, 31 de octubre de 2003.

Rodolfo Selle