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Revista del Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel

versão impressa ISSN 0798-0477

INHRR v.35 n.2 Caracas jul. 2004

 

Y el África parió al hombre…

Hace unos 65 millones de años, la denominada "extinción del Cretácico", parece coincidir con la caída de una enorme masa meteorítica, la cual dejó un cráter (Hoy llamado Chicxulub, en la Península de Yucatán) de unos 280 km de diámetro. Este impacto, probablemente en conjunción con una importante actividad volcánica terrestre, conllevó a la eliminación del linaje de los dinosaurios y la desaparición de innumerables mamíferos, particularmente marsupiales. Sin embargo, los primeros primates, sobrevivientes de la catástrofe, eran esencialmente pequeños y nocturnos, similares a las musarañas actuales. Estos hicieron su aparición al final del Cretaceo, hace unos 70 millones de años. Así, estos mamíferos conformaron todas las ventajas adaptativas necesarias para el modo de vida arbóreo. El arma esencial de estos primates tempranos fue la mano, la cual ya poseía cierta exquisita capacidad de manipulación. Esto último, aunado al fuerte cociente de encefalización creciente/tamaño corporal, entre otras variables, se tradujo en simios más inteligentes y sociables. Hace unos 50 millones de años, el linaje primate aparentemente se ramificó en dos direcciones: los primates del Nuevo Mundo y los del Viejo Mundo. Y hace solamente unos 8 millones de años atrás que la estirpe de los homínidos comenzó su camino ascendente, divergiendo de la estirpe de los Pánidos (Grandes simios). Después del levantamiento de las cadenas de montañas del África de Este (El Gran Rift), aparecen en el escenario, tres especies fósiles de primates las cuales parecen –en la actualidad– indicar el camino hacia lo humano: Orrorin tugenensis (6 milones de años), Ardipithecus ramidus (5,5 millones de años) y Toumaï, Sahelanthropus tchadensis, (6 – 7 millones de años). Toumaï (en gorán significa "esperanza de vida"), es el homínido ancestral más antiguo conocido. La mayoría de los rasgos de Toumaï nos recuerda a aquellos propios del chimpancé pero sus molares y caninos como también su marcha bípeda nos obliga a clasificarlo dentro del linaje hominoideo. Toumaï reposiciona en tiempo (6 – 7 millones de años) y en lugar (Toros-Menalla, Tchad, a unos 2500 Km. al oeste del Rift) la génesis de lo humano. A este punto es importante recordar que compartimos una proximidad genética con el chimpancé de –al menos– 95%. El 5% de diferencias corresponde en su mayoría a inserciones o delecciones de fragmentos de ADN producidas posteriormente a la separación de los linajes hace unos 5 – 7 millones de años.

Entre 4.2 y 1 millón de años, un cambio climático drástico conllevó a un enfriamiento general y una transformación de los paisajes de sabanas a paisajes de praderas. Este cambio climático fundamental coincide con la aparición en el escenario de –al menos– nueve especies distintas del linaje homínido: 5 del género Australopithecus, 3 del tipo Paranthropus y un último denominado Kenyathropus platyops. En Laetoli, cercano a Serengeti, al Norte de Tanzania, se encuentran aún las huellas de uno de estos géneros: Australopithecus afarensis. Géneros con más o menos una marcha bípeda y con cráneos de 380 – 600 cm3. Es en este escenario que el famoso género Homo hace su aparición. Aumento del tamaño cerebral, fabricación de herramientas y una dieta calórica de importancia fueron características esenciales en la evolución del género Homo. Homo habilis y Homo rudolfensis, aparecen en África del Este y del Sur hace unos 2.5 millones de años. Estos últimos fósiles homínidos siempre se encuentran asociados a las primeras toscas herramientas de piedra, hachas de mano y lascas afiladas aunque esta habilidad pudo haber sido compartida con el genero Australopithecus. Homo ergaster y Homo erectus entran en escena hace unos 1.9 millones de años, en cohabitación con Homo habilis. Estos últimos controlan el fuego y perfeccionan las primeras habitaciones para protegerse de la intemperie. Ellos tallan de bifaces, herramientas que le permiten cortar la carne de animales. Las herramientas se convierten así en una especie de prolongación del organismo humano. Fue hacia los 200 000 – 150 000 años que nosotros, Homo sapiens, con una capacidad craneal promedio de unos 1600 cm3 y una excepcional habilidad para la invención de técnicas y arte, hacemos entrada al mundo. Hoy, simplemente, somos testigos y partícipes de la radical expansión de tales capacidades intelectuales. Incluso, la especie Homo sapiens sapiens se revela ahora capaz de modificar incluso su propio patrimonio genético…

DR. CARLOS APONTE

INHRR

1. Science & Vie. Qui a invente l’Homme. No 1026. Mars 2003.

2. La Recherche. Dossier Special. Tout sur Toumaï. No 387. juin 2005.