Revista del Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel
versão impressa ISSN 0798-0477
INHRR v.37 n.1 Caracas jan. 2006
Prólogo
La Sociedad de Médicos y Cirujanos del Hospital Vargas me ha conferido el honor de comisionarme para reunir en el presente volumen los trabajos científicos de Rafael Rangel. Consideramos de utilidad reeditar en conjunto estos escritos, en primer lugar, porque ellos fueron publicados en revistas hoy en día agotadas, y luego, porque en esta forma podrá nuestro público médico apreciar en su dimensión exacta la obra científica de este ilustre compatriota.
Rangel está hondamente ligado al Hospital Vargas. Fundador y primer Director de su Laboratorio, realizó allí en corto tiempo una labor científica de talla gigantesca, con proyección social y orientación docente. Aparte de los trabajos que insertamos en el presente volumen, existen numerosas tesis doctorales realizadas por sus discípulos, las cuales fueron dirigidas y orientadas por él.
Estos escritos fueron realizados entre 1901 y 1909; son trabajos de muy diversa índole, en los cuales domina el rasgo de la originalidad. Varios de ellos, en efecto, están destinados a comunicar la presencia de enfermedades hasta entonces no descritas en el país; pero y es lo más importante enfermedades que afectan ya a grupos humanos, con disminución de su capacidad de trabajo, o enfermedades que atacan a diversas especies de ganado, que menguan la economía del país. Por ello, en la obra de Rangel existe una inconfundible proyección social que se agiganta cuando se observa que ella está realizada sobre un riguroso método científico y en un momento histórico precario.
En el trabajo denominado Teorías del Sistema Nervioso, el primero publicado, el cual está fechado en enero de 1901, pasa revista en forma magistral a las concepciones histológicas sostenidas por los científicos del siglo
XIX. En este trabajo se nos revela Rangel ya como un profundo estudioso de la histología, y con una marcada huella de la influencia de Claude Bernard. Profesamos la creencia de que cuando seestudian de buena fe ciencias experimentales, no se debe presuponer nada, afirmar o negar a priori, sino ir pacientemente, desde un hecho, a buscar las relaciones más inmediatas; después, las más remotas, hasta llegar a consecuencias deducidas con la más escrupulosa acuciosidad, así se expresaba Rangel en el comienzo de este trabajo.
Entre 1903 y 1905, Rangel es absorbido íntegramente por el problema del descubrimiento del Anquilostomo duodenalis, como lo llamó primero, o Necator americano, como corrigió después. Practicando la autopsia al paciente Esteban Sanavria, natural de Petare y de profesión agricultor, dice al referirse a la mucosa intestinal: Fuertemente adheridos a ella por una extremidad, como lo demuestra la pieza que presentamos, se encontró una multitud de gusanos de 8 a 15 mm. de largo, cilíndricos y filiformes. A primera vista, por la diferencia de tamaño y de grosor de unos y otros, pudimos deducir que se trataba de un organismo unisexuado. Desprendidos y vistos al microscopio con diversos aumentos, nos convencimos de que se trataba del nematoide conocido con el nombre de Ankilostoma o Uncinaria duodenalis. Terminaba esta parte diciendo: No queda duda alguna de que la anemia en cuestión, es la misma de los obreros de Saint Gothard, el tun tun de Colombia, y el Opilaçao de Brasil, producida por el Ankilostomo duodenal. No tardó Rangel en hacer la debida corrección, ya que, como él mismo apunta en el comienzo, tuvo duda de si el parásito en cuestión era el verdadero Anquilostomoduodenalis, y todo porque al examen minucioso de nuestro parásito no presentaba los caracteres específicos del anquilostomo duodenal, único del género señalado por los europeos hasta hace poco tiempo como causa de anemia en el hombre, hasta que en la monografía de A. Manouvriez se informó que el eminente naturalista norteamericano Stiles había descrito una nueva especie de Uncinaria que por creerla autóctona de América le había dado el nombre de Uncinaria americana. No tardó, pues, Rangel en identificar nuestro parásito con la Uncinaria americana Stiles.
El descubrimiento de la Uncinaria americana Stiles vino a aclarar la causa etiológica más común de nuestras anemias, las cuales eran preocupación de todos nuestros médicos del siglo pasado y fundamentalmente de la generación que enseñó a Rangel. En el comienzo de su trabajo, el mismo Rangel nos dice: Seis años hace que nuestro maestro Dr. Santos Aníbal Dominici nos hizo notar, cuando desempeñábamos el externado en su clínica del Hospital Vargas, en enfermos propios de Guarenas, Guatire, Petare, Santa Lucía y aun de Ocumare del Tuy, todos los síntomas de anemia grave que terminaba casi siempre con la muerte. Con el descubrimiento de la Uncinariaamericana Stiles, se dio un paso más en la cadena de descubrimientos parasitológicos que dominan el final del siglo XIX y el comienzo del presente. Ya Vargas había descubierto en una autopsia el ascaris lumbricoides, ya Díaz Rodríguez y Francisco Soto habían hablado extensamente de la cisticercosis en nuestro medio, y el insigne Ernst había descubierto el Tricocéfalo dispar y otros parásitos. No obstante, el descubrimiento de Rangel tenía la importancia del inmenso daño colectivo de la enfermedad.
Su trabajo subsiguiente, Larvas cutículas de América, nos presenta en Rangel un hábil crítico y un acucioso observador.
En el año de 1905, su obra científica está fundamentalmente entregada al estudio de la llamada peste boba o derrengadera de los équidos de los llanos de Venezuela, enfermedad grave que diezmaba el ganado, especialmente de la clase caballar, la cual Rangel demostró con todo evidencia que era producida por un tripanosoma. Esta enfermedad ya había llamado la atención del sabio Vargas, y desde entonces hacía estragos en nuestro llano. Rangel, en un gesto de extraordinario desprendimiento, se desviste de la paternidad del descubrimiento de la enfermedad para atribuirlo al Dr. Ignacio Oropeza, de quien dice que antes había encontrado un parásito en la sangre de animales atacados de la peste de Apure y que él llamaba hematozoario-paludismo del caballo. Termina diciendo: La indiferencia y la desconfianza con que en nuestro país se miró aquel hecho por los entendidos en la materia, fue causa para que un médico venezolano no llevara el honor de la prioridad sobre el descubrimiento del tripanosoma en la América del Sur.
En el año de 1906, Rangel, junto con el Dr. A. Minguet Letteron, se ocupa fundamentalmente de la enfermedad conocida con el nombre de Carbunclo bacteridiano o grito de las cabras, enfermedad ésta que atacaba fundamentalmente a los animales domésticos: bóvidos y equinos, ovinos y caprinos, y ocasionalmente al hombre.
En 1908 se ocupa Rangel de la forma bubónica de la peste, y presenta a la consideración en la Academia de
Medicina algunos aspectos del tratamiento de dicha enfermedad.
En 1905 hace un juicio crítico sobre la tesis de Juan Manuel Iturbe, titulado Contribución al estudio de la fiebre amarilla en Venezuela, y más tarde, en 1908, se refiere de nuevo a esta enfermedad cuando hace otro juicio sobre la tesis del Dr. Vicente Peña titulada La fiebre amarilla en Zaraza. Especialmente, en este último podemos apreciar el intenso interés que esta enfermedad había despertado en Rangel. Unas excelentes observaciones sobre actinomicosis y epitelioma de la mandíbula inferior, vienen a coronar este grupo de trabajos publicados fundamentalmente en el Boletín de los Hospitales y en la Gaceta Médica de Caracas. Publicamos, por último, unas comunicaciones dirigidas por Rangel al Ministro de Relaciones Interiores y al Presidente de la Comisión de Higiene Pública en relación con su misión desempeñada en La Guaira con motivo de la epidemia de peste bubónica. Estas comunicaciones son verdaderamente interesantes, porque en ellas Rangel da una explicación clara y precisa, con una densa base científica de lo ocurrido a él en La Guaira cuando no hizo el descubrimiento de la causa etiológica de la enfermedad debido a que en el momento preciso no se me presentaron sino dos casos relativamente benignos, el uno de 19 días de atacado y el otro de 14, en los cuales la evolución de la enfermedad había pasado, quedando únicamente en ellos los efectos de un secundarismo infeccioso. La premura con que se me exigió una contestación categórica me hizo darla negativamente, porque el resultado de mis experiencias, correctamente hechas, le repito fue negativo. En la otracomunicación da cuenta de los métodos científicos utilizados.
Dejamos, pues, en manos de nuestros colegas este conjunto de trabajos. Ellos son la obra de un hombre con rasgos de genialidad y profunda sensibilidad social, arrebatado tempranamente a la ciencia y a la Patria.
Blas Bruni Celli
Caracas, 1959
Deseo expresar mi sincero agradecimiento a todas aquellas personas que me han prestado ayuda en la realización de este trabajo, en especial al Dr. Ricardo Archila, por sus valiosas sugerencias; al Dr. Oscar Beaujón, por ayudarme a encontrar algunos originales; al Dr. José Barnola Duxans, por haberme facilitado un manuscrito original de Rangel, de donde tomé el autógrafo; al Dr. Enrique Tejera, por haber cedido la fotografía del Tripanosoma rangeli, y al Dr. Herman Wuani, por el interés que ha tenido en que esta edición se realice.











uBio 
