Revista del Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel
versão impressa ISSN 0798-0477
INHRR v.37 n.1 Caracas jan. 2006
Primeras observaciones experimentales sobre el carbunclo bacteridiano
en Venezuela (I)
Rafael Rangel. Jefe del Laboratorio del Hospital Vargas
A. Minguet Letteron. Inspector General de los Hospitales
RESUMEN
Llamamos la atención de la Academia Nacional de Medicina sobre una enfermedad común de los animales domésticos, y ocasionalmente del hombre; nos referimos al carbunclo bacteridiano o fiebre carbunclosa. Nos hemos propuesto estudiar los métodos de inmunización de los animales, con la vacunación preventiva por los bacilos atenuados; evaluar los frotis de sangre y linfa, el jugo del bazo y de los ganglios y las autopsias de los cadáveres de animales; y examinar un lote de cerca de 150 reses que tenía de 5 a 10 bajas diarias. Encontramos la bacteridia carbonosa clásica en la sangre de los animales enfermos y muertos, y en las autopsias observamos todas las lesiones del carbunclo intestinal y hemático, del bazo, vejiga, intestinos y testículos. Practicamos siembras en caldo, gelatina y agar e inoculamos sangre en dos conejos, y cultivo en caldo a ratones, conejillos de Indias, ratas grises y conejos; los cuales murieron entre las 24 horas y tres días después. Organizamos una serie de inoculaciones para probar la virulencia del germen y nos hemos estado ejercitando en la exaltación y atenuación de las bacteridias nuestras. En el hombre es muy común la pústula maligna, relativamente benigna en los Llanos pero grave en el Táchira, San Fernando y Valencia ocasionando la muerte.
Palabras clave: Carbunclo, Cabras, Bacteroides.
ABSTRACT
Attention is drawn to the National Academy of Medicine in regard to a disease common to domestic animals and occasionally to humans; that is, anthrax bacillus or anthrax fever. We are determined to study the immunization methods for animals with the preventive vaccination through attenuated bacilli; to appraise the blood and lymph smears, spleen sap, ganglions and autopsies of dead animals and also to examine a batch of 150 cattle suffering daily deaths from 5 to 10.
We found the classic carbuncle bacterid in blood of sick and dead animals, and in the autopsies observed all the lesions of hemic and intestinal carbuncle in spleen, gali, intestines and testicles. We carried out seeding in broth, gelatine and agar; and inoculated blood in 2 rabbits, and broth culture in mice, guinea pigs, rabbits and grey rats. They all died in between 24 hours and 3 days after.
We organized a series of inoculations to prove germ virulence. We have been training in the exaltation and attenuation of our bacterids.
Malignant pustule is common in humans, relatively benign in the Plains but severe in Tachira, San Fernando and Valencia with death occurrence.
Key words: Carbunclo, Goats, Bacteroides.
Fuente: Gaceta Médica de Caracas. Caracas. XIII, 18:131-134, 1906.
Reproducido en Bol. De los Hospitales. Caracas, V, 11: 55-263, 1906.
Llamamos la atención de la Academia Nacional de Medicina sobre una enfermedad común de los animales domésticos: bovídeos y equídeos, ovinos y caprinos, etc., y ocasionalmente del hombre, no señalada, que sepamos, como entidad mórbida nuestra, en ningún escrito en Venezuela, aunque sí conocida en algunos puntos por muchos de nuestros más reputados médicos, nos referimos al carbunclo bacteridiano o fiebre carbunclosa.
Después del informe de los muy ilustrados doctores Guillermo Delgado Palacios y Bernardino Mosquera acerca del trabajo que uno de nosotros presentó a esta Corporación, sobre la peste boba y la derrengadera de los equídeos de los Llanos del país, en el cual los autores traen a colación las publicaciones del Doctor Zieman, Médico de la Armada alemana, hechas en el Deutsche Medicinische Wochenscrift, sobre la existencia en Venezuela de la fiebre de Tejas y lo que es más grave aún, del consumo, entre nosotros, de carne de animales en los cuales el Doctor Ziemann había comprobado las lesiones y el parásito de aquella babesiasis, nos dedicamos a examinar la sangre y hacer frotis del bazo en el matadero viejo de Caracas, de todos aquellos bovinos que bien por la elevación de la temperatura, tristeza, enflaquecimiento, andar bambolente, frecuencia de la respiración, aspecto espeluznado y la piel cubierta de garrapatas fuesen sospechosos de poseer la mencionada enfermedad.
Durante nuestras observaciones no encontramos ni un solo caso de hemoglobinuria, ni después de muerto el animal reconocimos en la vejiga esa orina color vino de Oporto, característica de la fiebre de Tejas, ni en los órganos, bazo, hígado, vesícula biliar y panículo adiposo, las lesiones propias de la infección piroplásmica, aun cuando si podemos hacer mención sobre la posibilidad del consumo de carne proveniente de animales sospechosos de tuberculosis y otras septicemias, de las cuales nos ocuparemos en otra oportunidad.
Casi de nada nos sirvieron las indicaciones de la temperatura, puesto que tomándola a todas las reses en el ano, aun aquellas que tenían una apariencia perfectamente sana, el termómetro ascendía a 40º y 41º, lo cual era debido al ejercicio de la res, antes de ser enlazada y darle muerte.
Por muchos días consecutivos hemos estado en el matadero viejo en nuestra labor paciente, sin que hayamos podido encontrar en los frotis de sangre y de bazo el piroplasma bigeminum, y no creemos que sea por faltas en la técnica, porque en la preparación y coloración de los hematozoarios nos hemos ejercitado especialmente y porque hoy el Laboratorio posee los mejores colorantes que en nuestras manos y en las de los demás trabajadores de este Instituto han revelado parásitos más difíciles de teñir y reconocer que el mencionado piroplasma.
Por otra parte, según la generalidad de los autores, el piroplasma se encuentra en tan gran cantidad en la sangre de los animales por él atacados, que casi no hay glóbulo que no esté ocupado por uno o más parásitos, generalmente por dos, y que aún en las formas latentes y en los estados crónicos se encuentran en el bazo y aun en la sangre casi indefectiblemente.
Lo que dejamos anotado no es una demostración suficiente que refuta las aseveraciones del Doctor Ziemann, porque tendría que realizarse esta experiencia metódicamente en todas las épocas del año, en verano o invierno; ni mucho menos niegan la existencia de la Fiebre de Tejas en Venezuela(*), pero si podemos asegurar que no es la más peligrosa de las endemias de nuestros ganados como a primera vista podría suponerse.
Durante estas investigaciones fue cuando la prensa de Valencia habló con gran interés de la inmensa mortalidad del ganado bovino en los potreros de las cercanías, denunciando el abuso de los que se dedicaban en vender la carne de los animales muertos, en vista de lo cual el señor Gobernador de entonces Don Ramón Tello Mendoza, nos comisionó para que nos trasladáramos a Valencia y estudiáramos in situ la causa de la epidemia.
Nuestra afición por esta clase de estudios y la idea preconcebida de que aquella sería la fiebre de Tejas, la cual se relacionaba con los trabajos que habíamos emprendido, fue el motivo de que confiáramos a nuestras exiguas fuerzas la dilucidación de aquel punto capital.
Mostraron mucho interés algunos dueños de potreros, donde se reconcentra el ganado de Apure y Zamora, en ocultarnos la mortalidad en sus haciendas, lo que nos hizo perder tres días en investigaciones sin importancia, hasta que nos decidimos a examinar dos pieles sospechosas.
Grande fue nuestra sorpresa al encontrar en los frotis de sangre y linfa, las más puras que pudimos recoger de aquellos elementos, ya alterados, la bacteridia carbonosa clásica, tal como la describen los autores y como la habíamos visto en las lecciones prácticas del Doctor José Gregorio Hernández, de 5 a 7 micromilímetros de largo por 1 a 11/2 de ancho, un poco más gruesa en las extremidades que en el centro, envueltas en una membrana hialina a las extremidades con su línea de sección sinuosa o quebrada, característica, según Koch del bacilo de Davaine. La mayor parte de ellas estaban aisladas, pero se encontraban también asociaciones de dos o tres elementos. Se teñían fuertemente por el Romanowski Giemsa, que en nuestro empeño de encontrar protozoarios fue el colorante que usamos a este efecto.
(* ) La fiebre de Tejas existe profusamente en la América del Sur. En nuestra vecina República de Colombia se le da, lo mismo que en Méjico, el nombre de ranilla y en la República Argentina el de tristeza. He recibido una consulta de un hacendado de Puerto Rico sobre una enfermedad de sus ganados, que por los síntomas se trata de Fiebre de Tejas. En los establos de Caracas muchos becerros mueren con fiebre, tristeza, inapetencia, anemia, diarrea y un gran edema de la garganta. He visto un caso con el doctor Machado; no tenía hemoglobinuria, ni poriplasmas; probablemente se trataba de una pasteurelosis subaguda. Ya escrito este trabajo para ser presentado a la Academia, vi un caso que había estado tratando el doctor Antonio José Rodríguez, de Fiebre de Tejas clásica en una vaca americana de gran valor. La relación y discusión de este caso serán participadas en breve a esta Corporación.
No nos conformamos con este dato, pues aún cuando en el ánimo nuestro, los caracteres arriba citados no deja- ban casi duda sobre la presencia de la bacteridia, existen otras muchas bacterias, simplemente saprofitas como el bacilo subtilis o patógenas como el vibrión séptico de Pasteur que invade los cadáveres, poco después de muertos y que son muy semejantes a la bacteridia y es muy fácil confundirlas a primera vista en las preparaciones desecadas.
Conseguimos un permiso para examinar un lote de cerca de 150 reses que había llegado del Tinaco y que tenía de 5 a 10 bajas diarias. Fuimos acompañados por el ilustrado Doctor Plaza Madriz, y nos fijamos principalmente en una ternera de muy mal aspecto, triste, con el pelo erizado, cruzaba las piernas al caminar, por la boca expulsaba una babosidad rojiza y espumosa y tenía disnea. Con poco esfuerzo se dejó agarrar y la examinamos con cuidado: el pulso era muy rápido, las extremidades temblorosas y las orejas frías, las conjuntivas inyectadas. Hicímosle una incisión en la oreja y de ella fluyó una sangre negra, espesa y pegajosa que al examinarla a un débil aumento reveló las bacteridias, inmóviles en forma cristalina. Esta becerra murió a las pocas horas.
En el mismo sitio había dos cadáveres que los peones acababan de descarnar. Les examinamos también la sangre, el jugo del bazo y de los ganglios y encontramos los mismos gérmenes.
En ocho autopsias que practicamos, encontramos todas las lesiones del carbunclo intestinal y hemático: sangre muy oscura y densa, los glóbulos deformados y aglutinados, muchas equímosis del tejido celular, ingurgitamiento y difluencia de los ganglios linfáticos, aumento del volumen del bazo con su color oscuro negro, fácilmente desgarrable, minado de bacteridias, hasta tal punto que en los frotis y cortes se observan más bacteridias que células del parenquima esplénico. La vejiga con sangre mezclada a la orina en algunos casos. Los intestinos llenos de gases fétidos que se escapan al abrirlo. En la panza, el cuajo y el intestino delgado, se encuentran focos hemorrágicos (carbones internos). Los testículos al partirlos demostraban manchas negras hemorrágicas que contrastaban con el rosado natural y que son debidas a las extravasaciones sanguíneas por la fácil ruptura de los vasos. No nos faltaba sino practicar siembras e inoculaciones.
Con los preparativos y útiles de sembrar nos fuimos a la estancia del general Aranguren, legua y media distante de Valencia. Gracias a la actividad del mayordomo encontramos una res recientemente muerta. Después de descuerado el cadáver y abierta la cavidad abdominal, quemamos anchamente la superficie del bazo y con su jugo sembramos en caldo, gelatina, agar, ayudados de pipetas Pasteur y del tradicional alambre de platino, También sembramos sangre tomada de la vena yugular.
Allí mismo inoculamos con sangre dos conejos: el uno en la vena marginal de la oreja y el otro en el tejido celular subcutáneo; y siembras y conejos los trajimos al Laboratorio.
Las culturas aparecieron puras y también características. En el caldo al siguiente día se veía macroscópicamente los copos semejantes a fragmentos de algodón sumergidos en el líquido, y vistos al microscopio estaban formados por filamentos. A los tres días empezaron a esporular.
El aspecto de árbol de Saturno apareció al siguiente día en la gelatina y también aunque más difuso, en la gelosa sembrada por punción. La gelatina empezó a licuarse; a los dos días se formó el embudo primero que fue ensanchándose cada vez más y a los ocho días estaba completamente líquida y gruesos grumos floconosos fueron depositados en el fondo; al mismo tiempo que tomaba un color más oscuro.
En las siembras en gelosa por estría se produjo una capa espesa, de bordes sinuosos, húmeda al principio, seca y escamosa después.
En gelatina en placas se observaron las colonias redondas o irregulares con los manojos de filamentos semejantes a bucles de cabellos que salen de la superficie.
Los dos conejos inoculados murieron a las 56 horas, casi simultaneamente. El que lo fue en la oreja no presentaba otra lesión exterior que una simple zona inflamatoria en el punto de la inoculación, morada y equimótica; lo contrario del inoculado en el tejido celular que presentó el edema gelatinoso del muslo y del bajo vientre, propio del carbunclo. Ambos tenían el ingurgitamiento ganglionar, el reblandecimiento del bazo y otras lesiones; y en los frotis de todos los órganos, aún de los músculos, se encontró la bacteridia. Siembras hechas con sangre fueron positivas.
Organizamos luego una serie de inoculaciones para probar la virulencia de nuestro germen. Con muy pequeñas cantidades de un cultivo en caldo de tres días (la cantidad que penetraba por capilaridad en pipetas Pasteur, muy afiladas), inoculamos cinco ratones, cuatro conejillos de Indias, dos ratas grises y dos conejos. Todos murieron de la inoculación: los ratones al siguiente día, las ratas y los conejillos a las 48 horas y los conejos a los tres días.
Corroborado el diagnóstico del carbón y en vista de los estragos que hace en muchos lugares del país, nos hemos propuesto estudiar los métodos de inmunización de los animales, con la bacteria indígena de nuestro país, ya que en algunos lugares, como en Méjico ha dado mejores resultados la vacuna criolla.
Hemos empezado por el estudio del método clásico, el de la vacunación preventiva por los bacilos atenuados, descubierto por el inmortal Pasteur y del cual el sabio Metchnikoff en su monumental obra contemporánea (Linmunité dan s les maladies infectieuses) dice que los resultados de ese método son tan favorables que ha sido inútil introducir perfeccionamiento alguno en su técnica.
Asaz conocidos son los principios en que se funda el método mismo para que nos detengamos a describirlo minuciosamente en esta Academia. Lo resumiremos en breves palabras: consiste en atenuar la virulencia de los bacilos por medio de una temperatura de 421/2º; o mejor, se dosifica la virulencia de esos gérmenes y se fija por medio de aquella temperatura, de modo que inoculados a un animal sano les produzca una forma benigna de la enfermedad que los inmunice contra las formas mortales.
Los reactivos que podríamos llamar indicadores en ese titulaje de virulencia son los ratones, los conejillos de Indias y los conejos.
Cuando los cultivos en caldo atenuados no matan sino los ratones o los conejillos recien nacidos, se tiene la 1ª vacuna; cuando mata los conejillos de Indias adultos y algunos de los conejos inoculados, no todos, se obtiene la 2ª vacuna de Pasteur. Estas se inoculan sucesivamente a 15 días de intervalo a razón de 1/4 de centímetro cúbico, para los bovídeos y equídeos y 1/8, para los ovinos y caprinos.
En Francia no se usa otro método de vacunación que este primitivo de Pasteur y los resultados han sido beneficiosos, hasta tal punto que cada año va creciendo el número de las vacunaciones a los carneros y a los bueyes.
Nosotros, después de haber consultado con nuestro maestro Doctor José Gregorio Hernández, nos hemos estado ejercitando en la exaltación y la atenuación de las bacteridias nuestras por medio de los métodos conocidos: calor, acción de los antisépticos, etc. Así por medio de las inoculaciones sucesivas a los animales refractarios hemos obtenido un bacilo muy virulento capaz de dar muerte a los pequeños animales mojando una aguja en la cultura y pinchándolos con ella; y del otro modo, por la permanencia prolongada en la estufa a 421/2º, hemos obtenido otros bacilos esporulados y completamente avirulentos, incapaces de matar el ratón y con los cuales una cabra ha sido inoculada con cinco centímetros cúbicos sin que sufriera la menor reacción. Entre esos dos extremos hemos obtenido una gama con la que estamos ensayando hasta seleccionar, del modo arriba indicado, las que debamos usar para la vacunación de nuestros animales.
Fuera de este método que es el principal y de mejores resultados, nosotros pensamos hiperinmunizar algunas reses y después ensayar con el suero de estos animales unido al virus atenuado. Estos sueros-virus han sido usados en la Argentina, con éxito.
Nos proponemos en Noviembre hacer una experiencia pública de aquellas iniciadas por Pasteur en Puilly Le Fort y que se han repetido en todos los países donde existe el carbón. Comunicaremos a la Academia los resultados.
El carbón está muy extendido en Venezuela. Es considerable la inmensa mortalidad del ganado que pasa por la vía de Periquera para el Táchira donde se observan epidemias devastadoras que muchas veces paralizan la conducción por aquella vía tan importante. En el Táchira es muy común la enfermedad, donde se le dá el nombre de vejigazo. En todo Apure, Zamora y Guárico estalla la epizootia desde que hay movilización de ganados en las época de verano. Los animales más gordos caen en los caminos casi fulminados. Los criadores atribuyen esas muertes a congestiones cerebrales producidas por la insolación o por que están demasiado gordos y mueren fatigados; es la misma teoría de la plétora de Delafond.
En Ciudad Bolívar, abunda el carbón en el ganado. Los criadores de aquel lugar en vista de la gran mortalidad de este año han llamado un veterinario inglés a quien le han pagado $ 2.000. El veterinario diagnosticó carbón y les dejó algunas medidas profilácticas que han puesto en práctica.
En el camino de Carora para Trujillo existen verdaderos lugares malditos donde el ganado no puede pastar sin que se infecte.
En Coro existe también, y en las Sabanas de Maracaibo la mortalidad este año han sido numerosa según nos lo ha comunicado el señor Asdrúbal Urdaneta.
Como consecuencia lógica de la existencia del carbón en el ganado bovino existe también en otros animales. Ha sido observado en los caballos, las mulas, y los asnos, pero con menos frecuencia. Muchos casos de atarrillamiento en los días calurosos no son otra cosa que carbón; y el tabardillo en que el animal se revuelca, corre y se debate para caer agotado por fuertes cólicos no obedece a otra causa.
Y en el hombre es muy común la pústula maligna, en los individuos que se dedican a descuerar los cadáveres carbonosos. Esta afección del hombre es conocida con el nombre de vejigazo en los Andes, ampolla de ganado en el centro de la República, vejiga de vaca en Coro, picada de coco peorro en el Estado Lara. Se presenta con caracteres idénticos a los descritos por los autores. La mancha equimótica pruriginosa, primero semejante a la picada de una pulga en el punto de la inoculación; la flictena gris después, llena de un líquido que puede ser citrino o amarillo rojizo; la formación de la escara característica amarilla al principio sobre una base indurada y como encajada en una zona de empastamiento edematoso (Straus); oscura y negra más tarde y rodeada de nuevas vesículas satélites. Hemos visto muchos casos de ampolla de ganado. Raro es el peón en el Llano que no la haya sufrido. Se contagian, no solo cuando descueran los cadáveres carbonosos, sino también engrasando las sogas hechas con los cueros de animales muertos de carbón. Uno de nosotros ha visto infectarse de ese modo dos peones del hato de Corocito de Apure. Se formaron en la palma de la mano, se produjo un gran edema que no fue posible dominarlo con el agua creolinada caliente y se transformaron por infecciones secundarias, suponemos, en flegmones que hubo necesidad de abrir y cuya cicatrización fue muy laboriosa. Todo esto acompañado de una fuerte fiebre, ingurgitamiento ganglionar en la axila y cefalalgia intensa.
A pesar de su frecuencia en los Llanos es allí relativamente benigna, la generalidad de los casos curan fácilmente, de ahí que no le hayan dado en aquellas regiones gran importancia; no sucede lo mismo en el Táchira donde la estadística arroja muertes humanas producidas por la pústula maligna. Un hacendado de Valencia nos contaba la muerte de dos de sus peones con el cuadro de síntomas del carbón generalizado, a consecuencia de haber abierto un cadáver pestoso y ahora poco nos trae la noticia el Doctor Vásquez, de San Fernando, de haber visto dos casos que murieron de la ampolla del ganado.
No dudamos que en los Llanos se vean casos de micósis intestinal por el bacilus antracis donde muchas veces se come la carne semicruda y aun de carbón pulmonar donde es tan fácil contagiarse con los esporas en los corrales, por la inmensa polvareda que se forma cuando hierran y apartan.











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