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Revista del Instituto Nacional de Higiene Rafael Rangel

versão impressa ISSN 0798-0477

INHRR v.37 n.1 Caracas jan. 2006

 

Primeras observaciones experimentales sobre el carbunclo bacteridiano en 

Venezuela (II)

El grito de las cabras

Rafael Rangel, A Minguet Letteron

RESUMEN

El grito de las cabras del estado Falcón, es una enfermedad que diezma los ganados rápidamente, vemos que los carne ros y las cabras son, de los animales de cría, los más recep tivos; su nombre se debe al berrido particular de las cabras al ser atacadas por los fuertes cólicos que se producen.

Se describe el curso y evolución de la enfermedad, signos

de las distintas formas y muerte. Las formas superagudas de la pasteurelosis en los bovi nos, carneros y cabras puede ser confundida con la forma apoplectiforme del carbunclo; por lo que hacemos la dife renciación entre éstas y con la septicemia hemorrágica. Se describen los casos estudiados de animales infectados y de las personas.

En nota final se relaciona el CARBUNCLO EN CARACAS, octubre de 1906. 

Palabras Clave: Carbunclo, Cabras, Bacteroides.

Fuente: De “Gaceta Médica de Caracas”. Caracas, XIII, 23:171, 1907. Reproducido en “Boletín de los Hospitales”. Caracas, VI, 1:2-7, 1907.

ABSTRACT

A disease that quickly decimates livestock in the state of Falcon is known as the “cry of the goat”. Sheep and goats are the most responsive among animals of breed.The designation stems from the peculiar bellow produced by a strong colic in an infected goat.

Description is made of the course and evolution of the sickness, the objective symptoms of the different forms and of death.

Superacute forms of pasteurellosis in bovines, sheep and goats may be mistaken with the apoplectiform of anthrax. We point out the differences between these two and with septicemic hemmorhage.

Studied cases of animal and human infections are also described. In a final note, Anthrax in Caracas is related, October 1906.

Key words: Carbunclo, Goats, Bacteroides.

 

Otro asunto muy interesante es el que se refiere al grito de las cabras del estado Falcón. Es una enfermedad que diezma los ganados tan rápidamente que no pocas ruinas de los criadores se deben a ella. En este Estado, sobre todo en la Península de Paraguaná la cría de cabras constituye la riqueza natural de aquellas áridas regiones azotadas por la falta de las lluvias. Sólo las cabras resisten la ausencia de tan vital elemento y se reproducen con profusión en medio de aquellos estériles campos de tunas y cardones; pero apenas asciende el rebaño a una cifra elevada viene el flagelo, con cruel violencia ataca primero los más jóvenes y lozanos, se extiende a los viejos y pequeñas crías y todas perecen en pocos meses y aún en días.

Analizando el grado de susceptibilidad de los diversos animales frente al carbón, vemos que los carneros y las cabras son, de los animales de cría, los más receptivos. Este hecho nos llevó de la mano la consideración de esas epizootias que los falconianos llaman grito de las cabras. Inmediatamente pedimos informes a los criadores y consultamos con algunos médicos, naturales de Coro sobre los síntomas y las lesiones de la enfermedad, al mismo tiempo que encargamos sangre desecada y en pipetas Pasteur y fragmentos de órganos para analizarlos.

Hé aquí los datos que recogimos y que nos permitieron hacer el diagnóstico de carbunclo.

El criador revisa su rebaño al anochecer, cuando lo lleva al corral. Todos los animales están en estado de aparente salud, cuando en la noche oye gritos quejumbrosos y en la mañana siguiente aparecen uno o más animales muertos. Por lo regular mueren de noche, sobre todo, cuando cae una llovizna ligera, pero en el rigor del verano se les ve en el día caminando bien cuando de repente caen en decúbito lateral, con convulsiones, gritando, la cabeza rígida hacia atrás, la vista extraviada, las narices dilatadas, expulsan por la boca y las narices espuma sanguinolenta, orinan sangre y en pocos minutos expiran debatiéndose. Otras veces, la muerte es más rápida, no se observa otro síntoma sino cuando el animal cae corno fulminado por el rayo y con convulsiones (Dr. Farías). Esta forma de carbunclo superagudo o apoplectiforme es muy común cuando se inicia la epidemia en un rebaño o en los días calurosos. Otras veces es más lenta la evolución, el animal se pone triste, espeluznado, no sigue al rebaño, ni rumia, el vientre se le abulta, fuertes cólicos se revelan por la inquietud del animal y los quejidos, la columna vertebral se arquea, los ojos se hunden, tiene temblores musculares, orina y evacua sangre, la respiración se acelera, se hace tumultuosa hasta que muere sin causar ruido. Esta forma es muy rara.

La carne de los animales que mueren repentinamente apoplécticos la comen los habitantes con la mayor naturalidad, tanto más cuanto que son los más gordos los atacados. La carne eso sí, se descompone con más rapidez y en la salazón de ella toman mayor cuidado.

Con estos datos cualquier veterinario y hasta nosotros diagnostica carbunclo, sobre todo si nos fijamos en el carácter epidemiológico y la marcha fulminante de la infección pero existen en los rumiantes otras septicemias, las septicemias hemorrágicas que Lignieres ha agrupado bajo la denominación pasteurelosis. Las formas superagudas de las pasteurelosis en los bovinos, carneros y las cabras pueden confundirse con la forma apoplectiforme del carbunclo.

Las pasteurelosis son producidas por bacterias ovoides, aerobias, de centro claro y polos fuertemente teñidos cuando se las tiñe por los colores básicos de la anilina, no toman el Gram ni el Weigert y para ellas Trevisan creó la denominación pasteurella. Estas bacterias se encuentran en estado saprofítico esparcidas por el mundo entero, en las aguas, los pastos y las tierras y producen, cuando por cualquier causa se exalta su virulencia, epidemias de marcha fulminante, de las más temibles y devastadoras.

Todos los animales casi, hasta los salvajes y aún el hombre, le pagan tributo a las pasteurelosis. A esta clase de septicemias pertenecen el cólera de los pollos, las pneumoenteritis de los carneros y de las vacas, las pneumonias infecciosas de la cabra y del caballo, la Vil seuche señalado por los alemanes, y otras, y hasta la peste bubónica del hombre, ya que el cocobacilo de esta enfermedad, descubierto por Jersm, no es otra cosa que una pasteurella.

En Sur América: en Argentina, Lignieres ha señalado la existencia de la septicemia hemorrágica produciendo grandes estragos en los carneros y allí se les dá el nombre de Lombriz, porque son los animales lombricientos y distomatosos los más atacados.

La septicemia hemorrágica tiene un carácter más epidémico que el carbón, por otra parte la frecuencia con que los animales atacados de grito orinan sangre ya nos permitía diferenciarlo de la forma fulminante de aquella. Es sabido que este síntoma les sirve a los mismos pastores en Europa para diagnosticar el carbunclo en los carneros, cuando le ven las narices dilatadas y de un rojo vivo se les tapan y si por el esfuerzo orinan sangre, el diagnóstico de sangre de bazo está hecho.

Después nos aseguramos más en nuestro diagnóstico cuando los criadores nos dieron informes sobre las lesiones: la sangre de los animales atacados de grito era negra e incoagulable, el bazo es difluente y considerablemente aumentado de volumen.

Pero cuando hemos tenido una certeza absoluta de la naturaleza carbonosa del grito ha sido cuando uno de nosotros (Rangel)(1) se trasladó a Coro con los medios necesarios, hizo autopsias, inoculó a otras cabras, cultivó y aisló la bacteridia carbonosa de la sangre de los animales infectados.

Caso 1º.Miraca. Al siguiente día de haber llegado Rangel a este lugar amaneció una cabra muerta de un rebaño de cerca de 80 individuos.

Se había oído gritar en la madrugada por uno de los peones. No tenía la rigidez cadavérica. Alrededor de las narices se veían manchas de sangre negra. Si se comprimía el abdomen expulsaba por la boca un líquido amarillo verdoso acompañado de espuma y sangre. El abdomen exageradamente abultado y timpánico. No tenía tumores externos. Inspeccionando la piel se encontró algunas espinas de tunas; no había alrededor de ellas edema alguno. Asépticamente las tomó y las sumergió en gelatina: se reprodujo la bacteridia en el cultivo unida a un cocus. El ano estaba entreabierto, en él se encontraban excrementos cubiertos de mucosidades sin sangre. En varias preparaciones de estos no encontró huevos de parásitos ni bactendias características. Abrió y encontró las equimosis del tejido celular en el vientre y pecho y al nivel de las articulaciones de las patas anteriores. La región cervical ocupada por una infiltración gelatinosa amarillenta. Los ganglios cervicales muy aumentados de volumen, hemorrágicos al seccionarlos. La sangre no era negra ni escarlata sino violacea. En la cavidad toráxica, el pulmón congestionado. En la región abdominal el bazo tumefacto y difluente, muy negro, el hígado manchado en su superficie, colecciones sanguíneas separaban la cápsula de tejido propio, el peritoneo salpicado de manchas hemorrágicas. El estómago dilatado, abierto junto con los demás órganos intestinales no encontró focos hemorrágicos.

(1) Debo expresar mi gratitud al señor don Nicolás Soto, padre de mi muy querido amigo doctor Víctor Raúl Soto, porque contribuyó a que mi misión en Coro se realizara pronto y eficazmente. R. Rangel. 

En la sangre y edema encontró la bacteridia, también en los frotis de los demás órganos. Sembró y aquella se reprodujo característicamente en las culturas.

Caso Nº 2. Con la sangre del número 1 inoculó a un macho cabrío muy gordo de cuatro meses de edad con una gota en la parte interna del muslo. A las cuatro horas la región estaba caliente y ya se notaba un ligero edema. A las 6 horas la temperatura ascendió a 401/2º. El edema fue aumentando, invadió todo el muslo y a las 30 horas se había extendido en todo el vientre. El animal estaba encorvado, triste, con dificultad daba un paso, no comía, tenía temblores, la respiración acelerada y dificultosa. La marcha que siguió la temperatura y el pulso es la siguiente:

Día 1º. En la mañana antes de la inoculación 39º en el ano. En la tarde, temperatura: 401/2º; respiración 22º; pulso 120. 2º día: en la mañana 40,2º de temperatura; respiración 20; pulso 116. En la tarde temperatura 37,8º; respiración y pulso muy irregulares, este último muy débil; a las seis de la tarde se encontró muerto. Duró 32 horas después de la inoculación; al abrirlo la serosidad del edema era propia del carbunclo, no era sanguinolenta como la de la septicemia. La bacteridia estaba presente en la sangre y los órganos, sembrada reprodujo los cultivos característicos del bacilus antracico.

Caso 3. Una cabra muy gorda había muerto de grito algo distante del lugar donde estaba experimentando. Se examinó un coágulo y se encontró la bacteridia, y también en el tejido muscular y la médula ósea.

Caso 4. Adaure. En los corrales de este campo se morían de 3 a 5 animales al día, entre cabras y carneros.

Llovía mucho lo que hizo parar un poco la mortalidad; sin embargo en la mañana siguiente de haber llegado murió una cabra lechera y gorda. Ya se iniciaba en ella la putrefacción cadavérica. Edema gelatinoso amarillento en la parte superior del muslo. Equimosis por donde quiera. Sangre negra. Exudado sanguinolento en la cavidad abdominal. Bazo difluente. Vejiga llena de sangre, en todos los órganos y en la sangre estaba presente el bacilus antraxis y en los cultivos se reprodujo en la misma forma que en los casos anteriores.

Después examinó un lote de carne de los que ellos llaman sesina, provenientes de carneros y cabras que habían muerto de grito. En todas las sesinas encontró bacteridias aunque un poco deformadas. No tomaban bien los colores, probablemente porque el abundante cloruro de sodio tenga acción nociva sobre la vitalidad del germen.

El carbón de las cabras, los carneros, y de toda clase de animales y del hombre está muy extendido en la región Coriana. Casi no hay individuos que no hayan sufrido la pústula maligna (ampolla de vaca). En la cara, en los brazos, en las piernas y aun en el tronco se encuentran las cicatrices. Hay personas que han perdido un ojo a causa de la pústula maligna.

La curan los habitantes por medio de la cantárida. Cuando les sale la vejiga inicial que ellos llaman blanca se ponen una mosca para que no se les convierta en negra, que es la que temen. De ese modo se les transforma en una úlcera simple que evoluciona hacia la curación (doctor Curiel Abenatar).

Todos estos datos sirven de base a la conclusión definitiva que el grito de las cabras en Coro y tabardillo en los carneros, es carbunclo bacteridiano. Los criadores llaman grito a esta enfermedad por el berrido particular de las cabras al ser atacadas y que se debe a los fuertes cólicos propios de los animales que padecen de carbunclo.

CARBUNCLO EN CARACAS

En el Matadero de Caracas han amanecido muertas algunas reses en estos días, de las más gordas. Se creía que estas muertes instantáneas eran producidas por la mordedura de alguna serpiente. Del estudio de algunos casos hemos concluido que se trata del carbunclo hemático. También hemos aislado de ellos el bacilo de Davaine.

Octubre de 1906