Editorial y presentación
En 2024, el panorama geopolítico estuvo marcado por tensiones significativas entre potencias globales, especialmente entre Estados Unidos y China. En este complejo escenario, las disputas comerciales continuaron intensificándose, afectando las relaciones bilaterales y el comercio mundial. La guerra en Ucrania siguió siendo un punto focal, con implicaciones profundas para la seguridad energética en Europa y la política exterior de los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte OTAN. En su conjunto dialectico, estos conflictos han llevado a un aumento en la militarización de varias regiones y a una reconfiguración de alianzas tradicionales, lo que plantea un desafío para la estabilidad global en el 2025.
¿Podemos evitar que todo se desmorone? El año 2024 comienza con guerras ardiendo en Gaza, Sudán y Ucrania, y las labores para el restablecimiento de la paz en crisis. En todo el mundo, los esfuerzos diplomáticos para acabar con los enfrentamientos están fracasando. Cada vez más líderes persiguen sus objetivos militarmente y más aún creen que podrán salirse con la suya. (Crisis Group, 2024, parr., 1).
Desde una perspectiva económica, el año 2024 se caracterizó por una recuperación desigual tras la pandemia de COVID-19. Las economías emergentes mostraron señales de crecimiento, mientras que las economías desarrolladas enfrentaron presiones inflacionarias persistentes. Los precios de la energía fluctuaron debido a las tensiones geopolíticas y las sanciones impuestas a Rusia, lo que afectó a los mercados globales. Según un estudio reciente del International Monetary Fund (2024), estas dinámicas han generado un entorno económico incierto que podría influir en las decisiones políticas y económicas de los Estado y corporaciones en los años venideros.
Análisis de Prospectiva: Bases y Criterios
Tal como sostiene Castillo Chamorro (S/F), para desarrollar un análisis prospectivo efectivo, se debe establecer una base sólida que considere múltiples variables económicas y políticas, cualitativas y cuantitativas, materiales y simbólicas, abstractas y concretas. Esta base incluye la identificación de tendencias actuales y emergentes, así como la evaluación de sus posibles impactos futuros. Un enfoque prospectivo sistemático implica el uso de herramientas analíticas que permitan modelar escenarios basados en datos históricos y proyecciones futuras. Por lo demás, el análisis debe incluir factores como cambios demográficos, avances tecnológicos y dinámicas ambientales.
En este orden de ideas, Rodríguez Cortezo (2001), destaca la importancia de integrar diferentes disciplinas en el análisis prospectivo para capturar la complejidad del orden global. La colaboración entre expertos en economía, ciencias políticas y estudios sociales es la fuerza cognitiva para desarrollar escenarios más realistas y probables cuando se trata de anticipar una realidad y sus fenómenos constitutivos. Pero, también, en todo esfuerzo prospectivo los analistas deben considerar los valores éticos y sociales al evaluar las opciones políticas futuras, especialmente en contextos donde los derechos humanos están en juego. Y es que, aunque la prospectiva no tiene nada que ver con la magia o con los dones proféticos de antaño:
Sin embargo, sí que tiene algo en común con las viejas tradiciones adivinatorias: el objetivo de conocer por dónde puede ir el futuro para tomar mejores decisiones en el presente. Lo que sucede es que para conseguirlo no recurre a la magia, sino a las opiniones de personas expertas en las materias de que se trate, expresadas a través de mecanismos sistematizados de reflexión colectiva. Son estos mecanismos los que constituyen las técnicas y metodologías empleadas en prospectiva. (Rodríguez Cortezo, 2001: 13)
El afán de conocer el futuro es, en último término, una necesidad política y estratégica de los gobiernos y organizaciones que se debe proveer con alguna precisión las tendencias venideras como condición de posibilidad para garantizar en cada momento la gobernanza y gobernabilidad que son la base de todo orden establecido. Y, aunque, con las tecnologías actuales nadie puede predecir los escenarios futuros con completa precisión estos escenarios, en la medida en que son racionales y posibles ilustran la labor de los hacedores de políticas publicas y, al mismo tiempo, ponen a prueba su capacidad para hacer frente a los desafíos y problemáticas que puede suceder tendencialmente en el orden político, económico y social. A continuación, se presenta un ensayo de prospectiva para el 2025.
En términos políticos, todo indique se espera que 2025 sea un año crítico para los países democráticos. Las elecciones programadas en varias naciones podrían alterar significativamente el equilibrio del poder político. Se anticipa que los movimientos populistas y autoritarios, de izquierda y de derecha, seguirán ganando terreno, lo que podría desafiar los principios democráticos establecidos. Sin embargo, también hay oportunidades para que los partidos pro-derechos humanos fortalezcan su base apoyándose en una ciudadanía cada vez más comprometida con la defensa de sus derechos. Desde el punto de vista de las oportunidades, las tensiones geopolíticas podrían llevar a una mayor cooperación entre democracias para contrarrestar influencias autoritarias. La creación de coaliciones estratégicas centradas en valores democráticos podría ser clave para enfrentar desafíos globales como el cambio climático y la desigualdad económica.
Económicamente, se prevé que 2025 presente tanto desafíos como oportunidades para los países democráticos. La transición hacia energías renovables seguirá siendo una prioridad, impulsada por compromisos internacionales para mitigar el cambio climático. Esto puede abrir nuevas avenidas de inversión y desarrollo tecnológico. Sin embargo, las economías tendrán que navegar por un entorno inflacionario persistente y posibles recesiones económicas (Quiroz, et al., 2024). En este contexto, la digitalización también jugará un papel crucial en la economía global del futuro. Se espera que las tecnologías emergentes transformen sectores enteros, ofreciendo oportunidades para innovaciones que impulsen la productividad a niveles superlativos. No obstante, esto también plantea riesgos relacionados con la ciberseguridad y la privacidad de los datos.
Por su parte, los países democráticos enfrentarán desafíos significativos relacionados con la polarización política y el descontento social. La creciente desconfianza hacia las instituciones puede socavar la estabilidad política y económica si no se aborda adecuadamente. Asimismo, las crisis migratorias derivadas de conflictos geopolíticos pueden poner presión sobre los sistemas sociales y económicos. De modo que, hay oportunidades objetivas para fortalecer las democracias mediante políticas inclusivas que promuevan el bienestar social y económico, de conformidad con los parámetros del llamado modelo de Desarrollo Sostenible. Iniciativas centradas en la educación y el acceso a servicios básicos de calidad pueden ayudar a mitigar el descontento social.
A pesar de los desafíos mencionados, 2025 puede ser un año de grandes oportunidades si se aprovechan correctamente las circunstancias actuales. La colaboración internacional, en el esquema sur-sur, será clave para abordar problemas globales como el cambio climático y las crisis humanitarias. En este escenario, los países democráticos tienen el potencial de liderar iniciativas globales que promuevan derechos humanos y justicia social. Junto a la democracia de calidad, el avance tecnológico puede facilitar soluciones innovadoras a problemas antiguos. La inversión en infraestructura digital y sostenible puede transformar economías enteras y crear empleos bien remunerados.
Conclusión
En conclusión, el orden global en 2025 estará marcado por una compleja interacción entre desafíos políticos y económicos. Los países democráticos deben prepararse para navegar por un entorno incierto mientras buscan aprovechar nuevas oportunidades para avanzar sus agendas pro-derechos humanos. La clave estará en fomentar una ciudadanía activa e informada que exija responsabilidad a sus líderes.
En este escenario de tensiones multidimensionales, Cuestiones Políticas se sigue posicionando como una revista científica de vanguardia que difunde saberes de alto impacto con respuestas útiles a los desafíos políticos y jurídicos que caracterizan al mundo de hoy en su complejidad inminente. De hecho, el Volumen 42, Numero 81, correspondiente a la edición de julio-diciembre de 2024 es una muestra de esta afirmación.














