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Cuestiones Políticas

versão impressa ISSN 0798-1406versão On-line ISSN 2542-3185

Cuest. Pol. vol.43 no.82 Maracaibo jun. 2025  Epub 05-Jun-2025

https://doi.org/10.5281/zenodo.15564636 

Presentación

Implicaciones geopolíticas de la nueva guerra comercial impulsada por el segundo gobierno de Donald Trump: Notas para el análisis

Geopolitical implications of the new trade war driven by Donald Trump's second administration: Notes for analysis

Jorge Jesús Villasmil Espinoza 1  
http://orcid.org/0000-0003-0791-3331

1Universidad del Zulia en Maracaibo, Zulia, Venezuela. Email: jvillasmil52@hotmail.com


Resumen:

El objetivo de la presente editorial es doble, por un lado, se pretende reflexionar de manera sucinta sobre las implicaciones geopolíticas de la nueva guerra comercial impulsada por el segundo gobierno de Donald Trump como condición de posibilidad para determinar sus posibles impactos en el orden mundial en su totalidad dialéctica; por el otro, el texto sirve de presentación a la edición de enero-junio de 2025, del Volumen 43, Número 82 de Cuestiones Políticas. La lectura hermenéutica de los acontecimientos permite concluir que, en definitiva, la nueva guerra comercial impulsada por el segundo gobierno de Trump representa mucho más que una disputa sobre aranceles: constituye un punto de inflexión en la reorganización del sistema internacional. La era de globalización liderada por Estados Unidos, con su énfasis en mercados abiertos y reglas universales, parece ceder ante un mundo caracterizado por la competencia estratégica entre grandes potencias y los bloques regionales como la Unión Europea.

Palabras clave: cuestiones políticas; nueva guerra comercial en 2025; implicaciones geopolíticas; análisis geoestratégico; orden mundial vigente

Abstract:

The purpose of this editorial is twofold: on the one hand, it aims to reflect succinctly on the geopolitical implications of the new trade war promoted by the second administration of Donald Trump as a condition of possibility to determine its possible impacts on the world order in its dialectical totality; on the other hand, the text serves as a presentation for the January-June 2025 issue of Volume 43, Number 82 of Political Issues. A hermeneutic reading of the events allows us to conclude that, ultimately, the new trade war driven by the second Trump administration represents much more than a dispute over tariffs: it constitutes a turning point in the reorganization of the international system. The era of globalization led by the United States, with its emphasis on open markets and universal rules, seems to be giving way to a world characterized by strategic competition between great powers and regional blocs such as the European Union.

Keywords: political issues; new trade war in 2025; geopolitical implications; geostrategic analysis; existing world order

Editorial

Tal como afirman Arbeláez-Campillo y Villasmil Espinoza (2020), el orden mundial vigente se estructuró tras la Segunda Guerra Mundial, cuando las potencias vencedoras -lideradas por Estados Unidos- establecieron un sistema internacional basado en instituciones como la Organización de Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Este sistema, conocido como Bretton Woods, configuró un modelo económico global que priorizaba la reducción de barreras comerciales a través del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), posteriormente transformado en la Organización Mundial del Comercio.

La arquitectura internacional diseñada en este período de la postguerra respondía a la necesidad estratégica de evitar nuevos conflictos globales y, al mismo tiempo, estabilizar la economía mundial después de la devastación bélica, articulando en el proceso mecanismos de gobernanza global que favorecían la cooperación entre Estados y la progresiva liberalización económica, aunque bajo el liderazgo indiscutible de Estados Unidos como potencia militar y económica dominante, respaldada por el dólar como moneda de reserva internacional. Este orden inicial, si bien imperfecto, sentó las bases para décadas de expansión comercial e interdependencia económica creciente entre las naciones del hoy llamado Norte Global.

Tal como indica Mazower (2020), con el desmoronamiento estrepitoso de la Unión Soviética a inicios de la década de 1990, Estados Unidos emergió como la única superpotencia global, inaugurando lo que algunos académicos denominaron “el momento unipolar”. Este período se caracterizó por la promoción intensiva del modelo estadounidense como paradigma universal, con el libre mercado, la democracia representativa y los derechos humanos como pilares ideológicos centrales. La expansión de la OTAN hacia el este europeo, la proliferación de tratados de libre comercio y la intervención directa en diversas regiones del mundo ejemplificaron este nuevo posicionamiento global estadounidense.

En palabras de Stiglitz (2015), el avance de la globalización económica bajo auspicios norteamericanos fue respaldado por doctrinantes que argumentaban sobre “el fin de la historia” (Fukuyama, 2006), sugiriendo que el modelo liberal-democrático occidental había triunfado definitivamente como forma óptima de organización sociopolítica. Este orden hegemónico, sin embargo, comenzaría a mostrar fisuras significativas con el ascenso económico de China, la crisis financiera de 2008 y el resurgimiento de Rusia como actor geopolítico relevante, erosionando gradualmente el liderazgo indiscutido que Estados Unidos había ostentado durante casi dos décadas.

En el marco dialéctico de este proceso histórico contemporáneo, la administración Trump, tanto en su primer mandato como en el actual, ha impulsado una estrategia proteccionista que busca reconfigurar las relaciones comerciales globales mediante la imposición unilateral de aranceles. Esta política responde a diversos objetivos interconectados: económicamente, pretende reducir el déficit comercial estadounidense -particularmente con China- y revitalizar sectores industriales domésticos como el acero y el aluminio; políticamente, apela a su base electoral de clase trabajadora que se considera perjudicada por la globalización; y geoestratégicamente, busca contener el ascenso de China como potencia rival.

Por lo tanto, La estrategia de subida arancelaria universal, pero con especial énfasis en productos chinos, persigue recuperar la capacidad industrial doméstica y disminuir la dependencia de cadenas de suministro extranjeras, particularmente tras las vulnerabilidades expuestas durante la pandemia. Al mismo tiempo, constituye un intento de forzar negociaciones bilaterales donde Estados Unidos pueda maximizar su poder negociador individual frente a cada socio comercial, evitando marcos multilaterales donde su influencia relativa podría diluirse. Por todas estas razones, este enfrentamiento comercial representa mucho más que una simple disputa sobre tarifas: simboliza una confrontación por la hegemonía económica y tecnológica global en las próximas décadas, tal como la había imaginado a finales del siglo XX Huntington (2001), en su obra cumbre: “El choque de civilizaciones”.

Antes estos acontecimientos que marcan la pauta en la primera mitad del 2025, en un ejercicio de prospectiva el primer escenario contemplado, es aquel donde Estados Unidos consigue imponer exitosamente su política proteccionista y los principales actores internacionales -incluida China- acaban aceptando los términos comerciales dictados por Washington, lo que se traduce en una reafirmación inesperada de la hegemonía estadounidense en el mundo.

Esta situación requeriría que la economía norteamericana demostrara una resiliencia extraordinaria frente a las inevitables represalias comerciales, mientras que sus adversarios sufrirían desproporcionadamente los efectos del conflicto. China tendría que enfrentarse a disrupciones severas en su modelo exportador antes de lograr consolidar su mercado interno y sus rutas comerciales alternativas planteadas en la iniciativa “Cinturón y Ruta” (Cordeiro & Paulino, 2017). México, por su parte, cuya economía depende en buena medida de las exportaciones hacia Estados Unidos, junto con otros países altamente integrados en cadenas de valor estadounidenses, afrontaría una presión extrema para aceptar condiciones desfavorables.

En este escenario, las grandes corporaciones multinacionales, incluso aquellas no estadounidenses, probablemente reconfigurarían sus cadenas de suministro para adaptarse a este nuevo entorno, relocalizando producción hacia territorio estadounidense o hacia naciones con acuerdos preferenciales con Washington. Sin embargo, este escenario parece cada vez menos probable dado el peso económico actual de China y la resistencia creciente de otros actores globales frente al unilateralismo estadounidense.

El segundo escenario, donde la Unión Europea logra articular una respuesta cohesionada que la acerca estratégicamente a China mientras refuerza su autonomía frente a Estados Unidos, resulta considerablemente más plausible en el contexto actual. Este escenario se sustenta en la capacidad europea para superar sus divisiones internas y transformar la amenaza arancelaria estadounidense en un catalizador para profundizar su integración económica y política. La UE, representando colectivamente la segunda economía mundial, en consecuencia, podría negociar desde una posición cercana con China, estableciendo acuerdos comerciales y de inversión que beneficien a ambas partes mientras contrarrestan la presión estadounidense.

Esta convergencia euroasiática generaría un poderoso bloque económico, potenciando iniciativas como la conexión entre el plan europeo Global Gateway y la iniciativa china “Cinturón y Ruta”. Tal reconfiguración serviría de modelo para otras regiones como América Latina, África y Oriente Medio, que podrían hallar en esta alianza euroasiática una alternativa viable a la dependencia exclusiva del mercado estadounidense. En un contexto así, se aceleraría así la creación de mecanismos financieros alternativos al dólar y a las instituciones dominadas por Washington, como ya sugieren los avances en sistemas de pago internacionales independientes del SWIFT y el incremento en el uso de monedas nacionales para el comercio bilateral con China o incluso, los BRICS.

El tercer escenario plantea la erosión definitiva del orden liberal internacional y la transición hacia un mundo genuinamente multipolar, caracterizado por bloques económicos regionales relativamente autónomos y un auge de regímenes autoritarios o postliberales. Este desenlace podría materializarse si la guerra comercial escalara hasta producir una fragmentación irreversible de la economía global en esferas de influencia mutuamente excluyentes. No es difícil imaginar que, la “desglobalización” resultante revertiría décadas de integración económica, con la proliferación de barreras comerciales, controles de capital y políticas industriales nacionalistas proteccionistas.

El sistema multilateral construido tras la Segunda Guerra Mundial se volvería progresivamente irrelevante, siendo reemplazado por arreglos regionales con distintos grados de apertura interna y proteccionismo externo. Las tensiones geopolíticas se intensificarían en las zonas fronterizas entre estos bloques, mientras que dentro de cada esfera se consolidarían modelos políticos más autoritarios, justificados por la necesidad de unidad nacional frente a amenazas externas. La competencia tecnológica conduciría a estándares divergentes y ecosistemas digitales incompatibles, multiplicando los costos para empresas globales y limitando la circulación de conocimiento e innovación. Este escenario representaría el ocaso definitivo de la hegemonía occidental y la emergencia de un orden internacional fragmentado, inestable y propenso a conflictos regionales por recursos y mercados.

Se puede inferir que, desde la perspectiva estadounidense, la estrategia de Trump responde a una realidad incuestionable: el modelo de globalización que Estados Unidos promovió durante décadas ya no le resulta tan ventajoso como en el pasado. El auge manufacturero chino y la “deslocalización industrial” han erosionado la base productiva norteamericana, generando desequilibrios comerciales crónicos y afectando negativamente a la clase trabajadora en regiones tradicionalmente industriales. Ante estas complejas realidades, las acciones de Trump podrían funcionar como método para ejercer presión sobre otras naciones en busca de sus objetivos particulares, aunque reconociendo que, en 2017, Trump implementó aranceles que eventualmente tuvo que retirar debido a su impacto negativo en los productores y consumidores estadounidenses.

En la actualidad, la administración Trump apuesta por recuperar capacidad industrial y tecnológica estratégica, considerando que la interdependencia económica con adversarios geopolíticos como China constituye una vulnerabilidad nacional inaceptable. Sin embargo, esta visión simplifica excesivamente las complejas cadenas de valor globales actuales, donde la autosuficiencia completa resulta prohibitivamente costosa incluso para la mayor economía del mundo. Desde nuestro punto de vista limitado, Estados Unidos es uno de los países que menos materias primas importa, una economía aislacionista implicaría una crisis inflacionaria nunca vista y la pérdida de mercados de exportación para servicios tecnológicos, sector donde mantiene ventajas competitivas significativas.

Para China, la guerra comercial impulsada por Trump representa tanto un desafío inmediato como una oportunidad histórica. En el corto plazo, las tarifas estadounidenses perjudican su modelo exportador y complican sus esfuerzos por manejar la transición hacia una economía más orientada al consumo interno. Sin embargo, desde una perspectiva estratégica de largo plazo, estas presiones aceleran transformaciones que China ya venía implementando: reducir su dependencia del mercado norteamericano, ascender en las cadenas de valor global, consolidar su liderazgo tecnológico en sectores clave y fortalecer vínculos económicos con el resto del mundo (Cordeiro & Paulino, 2017). La iniciativa “Cinturón y Ruta” constituye el eje vertebrador de esta visión geopolítica, buscando ampliar y fortalecer en cada momento la cooperación regional en el contexto euroasiático y en las cuencas de los Océanos Pacífico e Índico. La estrategia china de “desarrollo pacífico” y su promoción de un orden mundial multipolar apuntan a contrarrestar el unilateralismo estadounidense mediante la creación de instituciones alternativas y la densificación de relaciones comerciales con países en desarrollo. Beijing aprovecha el vacío dejado por el repliegue estadounidense para presentarse como defensor del libre comercio y la cooperación internacional, ganando influencia en regiones como África, Latinoamérica y partes de Europa, mientras simultáneamente desarrolla capacidades militares para proteger sus crecientes intereses globales.

Las consecuencias de esta guerra comercial trascienden ampliamente la relación bilateral entre Washington y Beijing, afectando profundamente a economías intermedias que dependen del comercio internacional. En este contexto, los países del Sur Global enfrentan el dilema de elegir entre su alianza tradicional con Estados Unidos y las oportunidades económicas que ofrece China, siendo presionados para alinearse exclusivamente con uno u otro polo.

Las naciones del sudeste asiático, Australia, países europeos y latinoamericanos experimentan esta disyuntiva con particular intensidad. La fragmentación del ecosistema tecnológico global en esferas de influencia separadas -manifestada en restricciones a empresas como Huawei, TikTok o semiconductores avanzados- obliga a terceros países a tomar decisiones costosas sobre qué estándares adoptar. Simultáneamente, esta polarización estimula búsquedas de mayor autonomía estratégica: Japón, India, Indonesia, Brasil y la Unión Europea fortalecen capacidades industriales domésticas y diversifican relaciones comerciales para mitigar riesgos de dependencia excesiva de cualquiera de las superpotencias en conflicto.

Sin lugar a duda, la guerra comercial impulsada por el presidente Trump señala una transformación estructural del sistema internacional, más que un fenómeno coyuntural vinculado a una administración particular. Las disputas arancelarias actuales son manifestaciones superficiales de un reajuste geopolítico más profundo: la transición desde un orden unipolar dominado por Estados Unidos hacia una configuración multipolar donde el poder económico, tecnológico y militar se distribuye entre múltiples centros, tal como ya los presagiaba Kissinger (2016).

Todo parece indicar que, estamos presenciando un intento de alterar el equilibrio del poder mundial donde Estados Unidos busca redefinir las normas globales al comprender que las reglas imperantes en el orden mundial vigente han dejado de ser favorables para ellos. La intensificación de la competencia entre grandes potencias desestabiliza el entramado institucional multilateral construido desde 1945, mientras emergen nuevos mecanismos de gobernanza regional con principios organizativos potencialmente divergentes. La creciente securitización del comercio, donde consideraciones de seguridad nacional prevalecen sobre la eficiencia económica, marca un quiebre con décadas de progresiva liberalización comercial. Esta tendencia refleja un reconocimiento generalizado de que la interdependencia económica no ha producido la convergencia política que muchos anticipaban, sino que puede constituir una vulnerabilidad estratégica en un entorno internacional crecientemente competitivo.

En definitiva, la nueva guerra comercial impulsada por el segundo gobierno de Trump representa mucho más que una disputa sobre aranceles: constituye un punto de inflexión en la reorganización del sistema internacional. La era de globalización liderada por Estados Unidos, con su énfasis en mercados abiertos y reglas universales, parece ceder ante un mundo caracterizado por la competencia estratégica entre grandes potencias y los bloques regionales como la Unión Europea. Sin embargo y desde nuestro punto de vista, en el mundo actual no estamos en la misma situación que después de la Segunda Guerra Mundial, cuando (la economía estadounidense) era la única que se mantenía en pie y podía imponer sus normas sin mayor resistencia.

En este momento histórico, el desafío para la comunidad internacional radica en gestionar esta transición evitando tanto una fragmentación económica catastrófica como una confrontación directa entre potencias. Los países intermedios deberán desarrollar estrategias sofisticadas de diversificación comercial, autonomía tecnológica selectiva y cooperación regional para navegar un entorno internacional crecientemente volátil. Aunque las instituciones multilaterales existentes continúan operando, su efectividad dependerá de su capacidad para adaptarse a nuevas realidades geopolíticas donde el consenso liberal que las sustentaba ya no puede darse por sentado.

La trayectoria futura de esta confrontación comercial dependerá crucialmente de las respuestas coordinadas que logren articular actores distintos a las dos superpotencias principales. Una Europa unida y estratégicamente autónoma, alianzas entre economías emergentes significativas como India, Brasil e Indonesia, y la consolidación de mecanismos regionales en América Latina, África y Asia podrían moderar las tendencias más disruptivas de la competencia: EE. UU.-China.

Por estas razones, los próximos años determinarán si el sistema internacional evoluciona hacia una bipolaridad rígida, una multipolaridad cooperativa o una fragmentación caótica. La voluntad política de preservar elementos valiosos del orden liberal -como la cooperación científica, la protección ambiental y los derechos humanos- mientras se adaptan las instituciones a nuevas realidades de poder será decisiva para evitar los escenarios más adversos. Como sugieren Cordeiro y Paulino (2017), la iniciativa china de construir un nuevo modelo de relación entre grandes potencias que ayude a superar una supuesta inevitabilidad de la “Trampa de Tucídides”, para encontrar mecanismos de coexistencia competitiva que eviten la escalada hacia un conflicto directo constituye el imperativo estratégico central de nuestra época

Referencias Bibliográficas

ARBELÁEZ-CAMPILLO, Diego; VILLASMIL, Jorge. 2020. “Escenarios prospectivos de un nuevo orden internacional que se vislumbra luego de la pandemia COVID-19” En: Telos: Revista de Estudios Interdisciplinarios en Ciencias Sociales. Vol. 22, No. 03, pp. 494-508. [ Links ]

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*Autor por correspondencia: jvillasmil52@hotmail.com

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