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EPISTEME
versión impresa ISSN 0798-4324
EPISTEME vol.32 no.1-2 caracas dic. 2012
Nuño, Borges y la filosofía
José Julián Martínez1
1Universidad Central de Venezuela. E-mail del autor: escribeloahi@gmail.com
No se encuentra el hombre entero en la
filosofía; no se encuentra la totalidad
de lo humano en la poesía.
María Zambrano
Filosofía y poesía
Resumen: El principal propósito de este artículo es comentar el libro de Juan Nuño: La Filosofía de Borges. En segundo lugar, este artículo aborda algunos aspectos de la relación entre literatura y filosofía.
Palabras clave: Borges, literatura, filosofía, Juan Nuño.
Nuño, Borges y la filosofía
Abstract: The main purpose of this paper is to discuss Juan Nuños book: The Philosophy of Borges. Second, this article addresses some aspects of the relationship between literature and philosophy.
Keywords: Borges, literature, philosophy, Juan Nuño.
Recibido: 14-01-11. Aceptado: 27-01-11
La filosofía en forma de cuento o novela tiende a ser banal. Y la literatura hecha filosofía se vuelve un ladrillo. Sin embargo también ocurre que el escritor pierde vuelo cuando no atiende a tres o cuatro preguntas filosóficas. Por su parte, el pensamiento filosófico jamás ha dejado de emplear giros y contextos literarios. Claro está que hay filósofos que son más poetas que otros. Así como entre los escritores encontramos algunos particularmente filósofos. Si Platón tiene muchísimo de dramaturgo, Borges, al otro lado, es sin dudas un pensador. Un escritor, dirá Nuño, [
] capaz de imaginar abstracciones, de dar vida imaginativa a filosofemas, de convertir en ficción prodigiosa sequizos conceptos1. Considerando esa capacidad, las próximas páginas estarán dedicadas a exponer y comentar La Filosofía de Borges, un libro del filósofo Juan Nuño, quien también era escritor2.
Fallas, obsesiones borgianas y problemas filosóficos
Muchas de las obsesiones de Borges son problemas filosóficos. Tal vez no sea el caso de los tigres, pero sí del tiempo, la existencia de las otras mentes, la realidad con un clima eternamente nublado y la ambigua identidad (donde los espejos juegan su papel). Según Nuño, a la hora de abordar estas preocupaciones, el gran colega del escritor argentino es Platón (incluso más que Schopenhauer). Pues se sabe, sotto voce, que hay en Borges una especie de platonismo o aplicación de la gran idea platónica de los dos mundos, el inteligible y el sensible y su decidida oposición, resuelta a favor del primero3. Así mismo la relación entre ambos estaría fundada en el estilo: [
] también la expresión de la obra de Platón es, a la vez, literaria y asistemática, deliberadamente fragmentaria4. Los dos autores, desde retazos ficcionales, mitos y pequeñas historias, se preguntan constantemente por las apariencias, las ideas matrices y el espejismo del mundo. Pero aunque las obsesiones de Borges tengan un cariz filosófico, advierte Nuño en el prólogo, [
] no deberá nunca entenderse como que su propósito fue hacer filosofía y menos aún que su obra entera rezuma o contiene claves metafísicas que sólo esperan por su despertar5.
Así que, en principio, debemos ser cautelosos, coger con pinzas las claves de la filosofía de Borges. Sin embargo es el mismo Nuño quien, a menudo, parece olvidar su propia advertencia. Cuando reflexiona por ejemplo acerca de la temporalidad en el famoso Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, elabora una especie de corrección a los datos académi boca de Russell que un cierto planeta, extrañamente, está habitado por personas cuyos recuerdos son invenciones, fantasmagóricas alucinaciones. Esto, explica Nuño, no es así. Lo que hizo Russell en The Análisis of Mind [
] fue observar que toda creencia basada en la memoria tiene lugar en el presente [
]. Observación empírica ésta que no supone ni exige ninguna filosofía acerca del tiempo6. En todo caso el malentendido podría venir de que Rusell, efectivamente, sostiene que no hay un impedimento lógico para suponer que, desde esa perspectiva, el mundo pudo haber nacido hace cinco minutos para ser exactamente como era, con unos habitantes que poseen un pasado irreal. A partir de ahí Borges imagina una corriente filosófica en Tlön que, supuestamente al igual que Rusell, propone que [
] el pasado ha sido borrado en beneficio de un inmediato presente7.
Ahora bien, aunque el comentario de Nuño resulta muy informativo, en el fondo parece no tener en cuenta el derecho del escritor a inspirarse en Russell para contar un cuento. Se trata de algo que, por supuesto, le perdonamos los lectores. De hecho es como si Borges estuviera alejándose constantemente de la opción más fidedigna o correcta, para elegir la más fantástica, alucinante. Dicho de otra manera, lo importante es que el escritor invente una nueva seducción literaria. No soy ni filósofo ni metafísico aclara Borges lo que he hecho es explotar, o explorar es una palabra más noble las posibilidades literarias de la filosofía. Creo que eso es lícito8. Y lo es.
Pero la más escandalosa de las doctrinas heréticas de Tlön es la que postula el materialismo como hipótesis explicativa del universo9. Como buen platónico, Borges intentará refutar esa hipótesis. Para ello, en el cuento, echa mano de un instrumento [
] cuyo renombre escandaloso equivale en Tlön al de las aporías eleáticas10. Sin embargo no podrían tratarse de las aporías. En honor a la verdad afirma Nuño textualmente habría que enmendar este comentario de Borges [
] las aporías eleáticas (producidas todas por Zenón) no operaban en sentido afirmativo, esto es, no trataban de probar directamente la justeza de una tesis11.
En todo caso es difícil imaginar ese mundo de los tlönianos que, según Borges, [
] no es un concurso de objetos en el espacio; es una serie heterogénea de actos independientes. Es sucesivo, temporal, no espacial12. Ante semejante descripción se comprende el sobresalto del filósofo: Tlön luce insostenible como proposición hipotética. En un universo donde sólo hay tiempo pero no espacio, los objetos (y el propio tiempo) se vuelven imposibles13. Un mundo tan incoherente lleva a pensar a Nuño que [
] no tiene sentido alguno sostener la persistencia de los objetos que lo pueblan14. Sus habitantes difícilmente podrían aceptar (menos, entender) un lenguaje que les hable de monedas, días, lluvia y otros nombres15.
El filósofo continúa su enumeración de las contradicciones, equivocaciones y vaguedades en la invención de Tlön. Entre las contradicciones se encuentra que [
] lo que comenzó como una cosmología dinámica y sin entidades sustantivas, termina anclándose en el yerto asidero de la unidad16. Entre las vaguedades, puede decirse que [
] no se entiende muy bien por qué los primitivos tlönianos debían repudiar el solipsismo17. Y en lo concerniente a la lista de equivocaciones se agregarán, nuevamente, las interpretaciones mal digeridas de la obra de filósofos famosos. Lo peor es que, a continuación, Borges se siente en la obligación de comprometer a Schopenhauer, el apasionado y lúcido Schopenhauer, en esta extraña empresa metafísica18. Pero, por supuesto, lo compromete mal. Bastaría con recordar una cualquiera de las cuatro famosas raíces del principio de razón suficiente, la intuición pura de la sucesión o tiempo, por ejemplo, para alejar a Schopenhauer del atemporal y tornadizo mundo tlöniano19.
Si bien las acotaciones de Nuño dan en la diana de la sensatez, habría que determinar la pertinencia de dichas acotaciones. En este sentido quizá se encuentren algunas pistas dentro del texto del propio Borges. Muchos pensadores del alucinante planeta, por ejemplo, no están interesados en la coherencia lógica y ontológica del universo. Los metafísicos de Tlön no buscan la verdad ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro20. Un objetivo fútil para la filosofía21 terrícola que en la literatura fantástica es casi fundamental. Borges podría estar hablando a través de los metafísicos de Tlön.
En otro cuento, La Biblioteca de Babel, las obsesiones borgianas se manifiestan en los libros y la identidad personal. La Biblioteca es una pléyade infinita, según Borges de textos y manuscritos. En ella, de vez en cuando, aparecen libros imperfectos. Y esto tampoco le gusta a Nuño: [
] eso de imperfectos es un tanto apresurado y un mucho innecesario. Si el criterio para establecer imperfecciones es la variación de los símbolos (letras, comas), todos los libros de la Biblioteca son entonces imperfectos22. Y lo son porque sencillamente también están hechos a partir de esas mismas variaciones de los símbolos. Pero esa no es la única atrocidad. La siguiente se encuentra en este pasaje del cuento: También sabemos de otra superstición de aquel tiempo: la del Hombre del Libro. En algún anaquel de algún hexágono (razonaron los hombres) debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás23. No obstante, teniendo en cuenta que a Borges le basta con que un libro sea posible para que exista, nos enfrentamos aquí a una sumatoria ad infinitum. Pues siempre podría pensarse en la posibilidad de un nuevo libro que contiene todos los libros (incluyendo al del Hombre del Libro), y así sucesivamente hasta el infinito. Y ni hablar del libre albedrío. Todo estaría ya escrito. Indefectiblemente escribe Nuño en plan borgiano, el relato de Borges sobre la Biblioteca, y aun este pobre comentario, se encuentran en la Biblioteca de Babel24. La misma biblioteca estaría incluida dentro de ella misma. Aquí se le abre otro serio problema a Borges25.
La denuncia de las aporías borgianas por parte de Nuño, emerge con una agudeza irrefutable desde una cierta perspectiva lógica. Pero de nuevo podríamos preguntarnos por su atinencia. ¿Por qué hablar de las fallas lógico-filosóficas de Borges? ¿Acaso, parafraseando a Quine, Borges escribe desde un punto de vista lógico? Pareciera que no mucho, por eso el jefe del hexágono superior de la Biblioteca, al descubrir las enigmáticas páginas de un libro, logra establecer (antes de que transcurriera un siglo) que las mismas estaban escritas en un [
] dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico26. Pero hay todavía otros indicios para aclarar la respuesta. Borges dixit: Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción27. Hasta podría entreverse una nota para los impíos críticos del futuro:
Hablan (lo sé) de la Biblioteca febril, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse con otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira. Esas palabras que no sólo denuncian el desorden sino que lo ejemplifican también, notoriamente prueban su gusto pésimo y su desesperada ignorancia [
] Inútil observar que el mejor volumen de los muchos hexágonos que administro se titula Trueno peinado, y otro El calambre de yeso [
]28.
Si esos son los mejores títulos del hexágono sólo resta decir whatever. Todo parece indicar, después de semejante nota, que los tiros no salen de los callejones de la razón y la lógica clásicas. Mucho oscurece la aclaración de Nuño cuando escribe que sus comentarios no van dirigidos a proporcionar una aislada interpretación del relato, sino a destacar algunas fallas de razonamiento en la construcción de semejante biblioteca29. Oscurece no sólo porque sus correcciones suenan fuera de lugar, sino porque, además, Borges es digno de verse y aceptarse desde otra lógica. Por ejemplo, la lógica paraconsistente, donde no se desmorona un mundo imaginario al descubrir contradicciones en algunas de sus bases. Donde no se vuelve inverosímil una biblioteca porque un libro contenga todos los libros, sin importar que tal cosa sea imposible. Si el libro de todos los demás libros resulta lógicamente insostenible, bastará con que lo pongamos en un anaquel donde no estorbe con su imposibilidad.
Además, a juzgar por sus modelos ontológicos y sus juegos para-lógicos, escritores como Jorge Luís Borges, Lewis Carroll o Michael Ende parecieran ser científicos de la física cuántica. Stephen Hawking, que hasta hace poco ocupó la cátedra Lucasiana (tiempo atrás a cargo de Isaac Newton), y Leonard Mlodinov, escriben esto cual co-autores de los mundos borgianos: [
] cada posible versión del universo existe simultáneamente en lo que denominamos una superposición cuántica30. Suena a ficción con fallas de razonamiento, no obstante es en realidad una teoría que [
] ha superado satisfactoriamente cada una de las pruebas experimentales a que ha sido sometida31. Es probable que El Jardin, La Biblioteca, Tlön, etc., estén más cerca de los universos cuánticos que del sentido común32.
Lo fundamental es que los cuentos de Borges no resultan inverosímiles. Muchos son fantásticos y extravagantes, pero respetan ciertos criterios de verosimilitud. Por eso funcionan y están por encima de las exigencias de la realidad. A fin de cuentas, como bien afirmó Aristóteles para darnos una guía hasta nuestros días: Lo imposible verosímil se ha de preferir a lo posible inverosímil33. Al menos en lo que respecta a las artes de la ficción.
El tiempo, la filosofía, el jardín, la literatura y otras alegorías.
Nuño considera que el tema central en la obra de Borges explícita o implícitamente es el tiempo34. Muy posiblemente así sea. En todo caso se trataría de un tiempo que surge de distintas formas. El filósofo sugiere tres modelos de tiempo en el universo borgiano: [
] un tiempo roto, discreto (Tlön
); un tiempo muerto, un no tiempo (no corre): La Biblioteca
; y una mezcla de no tiempo y tiempo móvil, que es Pierre Menard
35. A partir de ahí se obtienen modelos para armar. Pueden hacerse combinaciones y mezclas temporales. Mas también se podría asomar la posibilidad de [
] un cuarto modelo: aquel en que el tiempo no sólo sea empleado de otra forma, sino que él mismo pase a ser el protagonista del relato. De eso se va a tratar El Jardín de senderos que se bifurcan.36. De eso y de un thriller de espionaje. Es un policial, según explica Borges en el prólogo del que quizá sea su libro más célebre: Ficciones. Los lectores del cuento [
] asistirán a la ejecución y a todos los preliminares de un crimen, cuyo propósito no ignoran pero que no comprenderán, me parece, hasta el último párrafo37. Sin embargo, por supuesto, ninguna gran obra es sólo lo que dice ser, así como ninguna gran escena trata de lo que aparentemente trata. Cuando Albert, hospitalario y amistoso, explica a Yu Tsun la maravillosa obra de su honorable ancestro (el creador del Jardín) no se trata únicamente de un encuentro esclarecedor y humano, sino que también es el instante del abominable crimen. Eso es parte de la brillantez de la escena: el que se presenta confiado y comprensivo, al dar la espalda, es asesinado por alguien que, seguramente, también se sentía agradecido.
Así mismo Moby Dick está lejos de ser la historia de un tipo que persigue a una ballena para vengarse de ella. Y por suerte Hamlet no puede reducirse al cuento de un príncipe que quiere desenmascarar al tío traicionero que mató a su padre (mientras un gentío, en el ínterin, muere pasado por la espada y el veneno). Tampoco El Jardín es el cuento de un espía que muere para enviar un importantísimo mensaje. Hay algo más. Un plus que va más allá de la anécdota, [
] el cuento es un pretexto para ese algo más. De lo que se trata no es de la trama escribe Nuño sino que ésta sirve para sostener una determinada idea, una cierta visión, un especial concepto del mundo [
]38.
Vale la pena detenerse en este último argumento. ¿Es el texto en realidad un pre-texto? ¿La trama es esencialmente un pilar para sostener ideas, puntos de vista o concepciones del lugar en el que estamos parados? De ser esto cierto cualquier trama funcionaría, porque en principio cualquier pretexto es bueno. No obstante, cabría preguntarse si Borges hubiera podido transmitir ese algo más desde una trama insípida o poco atractiva. Justamente el lector lee el cuento en cuestión porque de alguna forma hay un enganche, una seducción. Si el cuento fuese una fastidiosa letanía no podría transmitir ese algo más porque ni siquiera sería leído.
Si el estilo y la trama son la forma, mientras los diálogos, las reflexiones y las ideas son el contenido, entonces sólo bastará con decir que forma y contenido van siempre juntos y se constituyen mutuamente. La trama no es el anzuelo para filosofar, sino la circunstancia emocional en la que ideas o pensamientos cobran fuerza y se potencian. Esta es de hecho una de las diferencias más claras entre filosofía y literatura39: en un cuento o una novela es indispensable que el mundo de los personajes nos mueva emocionalmente, que nos importe el destino del héroe y, con suerte, que la trama nos intrigue. Incluso esos textos que supuestamente no tratan de algo en particular, si no los descartamos, es porque nos llevan por algún río más o menos emocionante. O dicho de otra manera, lo mismo que para los metafísicos de Tlön, el asombro vendría a ser más importante que la objetividad o la lógica tradicional.
Por supuesto que todo esto no quiere decir que la argumentación y las miradas reflexivas queden desterradas de la literatura. Tal cosa le restaría fuerza a muchas obras, porque habrían perdido ese algo más del que habla Nuño. En este sentido, más que una filosofía de Borges, encontramos cierta conexión entre una parte de las creaciones borgianas y algunos temas de interés filosófico. Nuño, como se ha comentado más arriba, concuerda con esto y encuentra un poco estéril toda empresa destinada a descubrir filosofía en el trabajo de Borges. No obstante se esfuerza en hablar de la filosofía de este escritor, con lo que parece descartar un enfoque distinto en la relación filosofía-literatura. Uno en el que la filosofía académica pasa a ser sólo un punto más de contacto. Uno donde el vínculo se hace recíproco y podemos hablar entonces de una capacidad reflexiva específicamente literaria. A través de la cual la literatura enriquece argumentativamente al pensamiento filosófico.
Cabe entonces preguntar por los aportes filosóficos de la literatura a la filosofía. En el caso de El Jardín, por ejemplo, aparece no sólo el tiempo como protagonista, tal y como propone Nuño y queda ratificado por Albert: El jardín de senderos que se bifurcan es una enorme adivinanza o parábola, cuyo tema es el tiempo40. Pues de igual manera se toca el problema ético del asesinato vagamente justificado en las guerras y la obediencia debida en el plano militar. Pensé que un hombre puede ser enemigo de otros hombres, reflexiona el protagonista de otros momentos de otros hombres, pero no de un país; no de luciérnagas, palabras, jardines, cursos de agua, ponientes41. Tampoco es una cuestión de oficio al que uno se acostumbra, o el hábito de pertenecer a un bando: No lo hice por Alemania, no. Nada me importa un país bárbaro, que me ha obligado a la abyección de ser un espía42. Y al asesinar a Albert y cumplir su misión, sentencia: Abominablemente he vencido43. Pero nada como el final del cuento, su último juicio: [
] no hallé otro medio que matar a una persona de ese nombre. No sabe (nadie puede saber) mi innumerable contrición y cansancio44.
La literatura puede darle a la filosofía un pensamiento dentro de una situación emotiva; un momento que se parece más a nuestra vida que las racionales argumentaciones filosóficas. Y a partir de ahí dar dimensión humana a los problemas de la vida moral, verbigracia. Nuestra experiencia, sin narrativa, es demasiado limitada y demasiado provinciana escribe Martha Nussbaum La literatura la amplía, haciéndonos reflexionar y sentir lo que de otro modo podría estar muy distante para sentirlo.45
¿Y qué decir de lo alegórico? En un ensayo seleccionado por el propio Borges para que formara parte de su Nueva antología personal, el escritor se suscribe a la opinión de Chesterton, quien vindica la alegoría como parte de la riqueza literaria. Y como contrapeso dialéctico propone a Croce, detractor de lo simbólico en la literatura. Consecuente con el platonismo que le adjudica Nuño, Borges ve en lo alegórico a Platón y sus ideas: los universales. Mientras que del lado de Croce ve a los nominalistas46: lo importante es el individuo, lo particular. La historia de la filosofía agregará Borges no es un vano museo de distracciones y de juegos verbales; verosímilmente, las dos tesis corresponden a dos maneras de intuir la realidad47 ¿Cuál prefiere Borges? Ya lo sabemos: la alegoría. Y en esa línea es que Nuño añade un elemento a tener en cuenta en la lectura de El Jardín: las posibilidades infinitas del laberinto simbolizan las perpetuas adulteraciones de los testimonios, de las historias. Bien lo sabemos: [
] nunca hay una historia, cuanto menos dos. La verdad tolerante es que siempre hay más de una y más de dos: hay muchas historias de las cosas pasadas48. Quizá son ellas los senderos que se bifurcan.
Lo mismo que Hitchcock, a Borges le gustaba aparecer de pronto y fugaz en sus obras. Solo que el segundo lo hacía de forma alegórica y con otros nombres. En el caso de El Jardín, el escritor argentino aparece camuflado en la figura Tsui Pên,
Tsui Pên fue un novelista genial, pero también fue un hombre de letras que sin duda no se consideró un mero novelista. El testimonio de sus contemporáneos reclama y harto lo confirma su vida sus aficiones metafísicas, místicas. La controversia filosófica usurpa buena parte de su novela. Sé que de todos los problemas, ninguno lo inquietó y lo trabajó como el abismal problema del tiempo49.
Cualquier lector avisado50 descubre aquí la presencia del autor de El Jardín de senderos que se bifurcan. Un cuentista brillante al que además le apasiona la filosofía. Borges, hechizado por el enigmático tiempo, siempre lo tuvo en mente a la hora de pensar y escribir. Se diría que con una férrea determinación intentó abarcar su enorme espectro: desde el eterno retorno del tiempo reiterando cada situación, cada palabra, cada gesto escribe Nuño hasta el tiempo que, en su incesante fluir, nos devora y nos arrastra, como tigre, como río. Aún al punto de hacer dudar de la propia identidad51. Y así quedan unidas dos obsesiones: el tiempo y la identidad. Protagonistas estelares en el universo borgiano. Pero también inquietud de filósofos, paisanos, verdugos y otros mortales.
Mortales que, a su manera, igualmente colocan signos de interrogación en la identidad personal. Al pasar los años el bebé de la foto añeja y ámbar ha cambiado. ¿Acaso es la misma persona que dirige el pelotón de fusilamiento? No es fácil saberlo. Ni siquiera puede saberse con certeza a quién vemos cuando nos paramos frente al espejo.
Ruinas circulares y filosóficas
Durante la noche cerrada llegó un misterioso sujeto procedente del Sur. El forastero había venido al legendario templo con el fin de soñar. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma52. Así comienza la historia narrada en Las Ruinas circulares. Borges, como en su poema El Golem53, imagina a un creador metafísico que, después de muchos esfuerzos, finalmente crea a un ser humano. En el poema el hacedor es un rabí que con sus artes místicas hace surgir al Golem.
En la hora de angustia y de luz vaga.
En su Golem los ojos detenta.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?54
El rabino crea al Golem y Dios crea al rabino. Y, podemos sospechar, alguien crea a Dios y así hasta el infinito. En Las Ruinas la cadena es similar, sólo que la creación se logra a través del sueño. Una sucesión de creaciones que Nuño encuentra poco sustantiva: Si el relato se sostuviera en sí mismo, apenas si abriría la compuerta de un infinito proceso de sueños de sueños55. E incluso esto obviaría un dato importante: si cada uno de los soñados, según Nuño, [
] se toma a sí mismo por hombre completo, biológico y mortal, es que existe ese modelo y se parte de esa referencia56. Con lo cual hay que decir que, al menos en teoría, existe un arquetipo de humano digno de ser copiado y fuera de la dinámica de los sueños-soñadores.
Así las cosas, Nuño plantea dos opciones. Puede tratarse, por un lado, del ya mencionado platonismo. Aunque también, por otro lado, quizá se esté en presencia de un idealismo mentalista. En este último caso, sugiere el filósofo poéticamente, los seres humanos serían [
] sombras, meros sueños, cuya fugaz y parpadeante existencia está en función de otras sombras y otros sueños57. Mas si se trata de un cierto platonismo literario, [
] los hombres pasan a ser copias imperfectas de una idea sobrehumana, hacia la que, en el mejor de los casos, sólo les queda tender como quien tiende hacia un inestable límite58.
Sin embargo el cuento podría enfocarse de una manera distinta, que además lo libraría del callejón sin salida esbozado por Nuño. Entre sus muchas interpretaciones, puede ser visto como una gran metáfora. Si los seres humanos son vulgares imitaciones del arquetipo platónico o si son sombras, meros sueños, el resultado es la condición humana. No necesariamente una pesadilla, pero sí un equilibrio frágil. En cualquier caso escribe Nuño la existencia humana se asienta en lo precario59. Y esto no tiene por qué alimentar al pesimismo metafísico. Simplemente se parte de un juego que también es concreto, material y más o menos libre. De hecho puede decirse que lo precario es característico de toda existencia.
No en vano el mago dedica catorce noches a soñar un corazón real, anatómicamente funcional y definido. Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aun sin cara ni sexo [
] Cada noche lo percibía con mayor evidencia60. En el cuento es importante que el soñado sea de carne y hueso. Esa es la alegoría: somos sueños, sí, pero con una piel que siente y una corporalidad física. Pertenecemos al mundo material, sí, pero no somos más que sueños. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro61. Y una vez terminada la existencia hecha materia, se descubre la onírica verdad. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó62. Hay indicios para creer que, detrás de bambalinas, Borges sugiere que el ser humano es una ilusión, o un grano de arena en la playa infinita y, sin embargo, es también un corazón que late y deviene en consciencia. Una voz sin la cual el universo sería mudo.
Ocurre algo parecido a la tarea de moverse y actuar a pesar de los acechos del sinsentido y de vivir como Sísifo y su piedra. Aunque el mago es un sueño, se esfuerza por llevar a cabo un proyecto. No importa que luego todo caiga cuesta abajo y haya que volver a subir la carga hasta la cima. Todo proyecto humano es contradictorio, ya que llama y rehúsa a la vez su realización63, dice Merleau-Ponty. Estar vivos es irle obsequiando días y años a la muerte. Buscamos algo; si llegamos a encontrarlo la búsqueda habrá sido superada. ¿Qué sentido tiene entonces buscarlo? Hay que buscarlo porque hoy es hoy y mañana es mañana. Yo no puedo mirar mi presente desde el punto de vista de mi porvenir64. Tal vez mañana resulte banal, pero hoy es día de hacer mercado o de continuar la investigación en el importante laboratorio aunque luego, con suerte, sólo quede envejecer y morir. Somos seres con corazones hechos de la misma tela de la realidad, y así mismo forjados por sueños efímeros. Titanes y granos de arena. En parte, Las Ruinas circulares parecen ser una metáfora de esa situación.
Ahora bien, sobre esto de ser la copia de un arquetipo o la invención mental de un creador-soñador, aún queda por decir que, en ninguno de los dos casos, se está frente a una amenaza a la identidad y la libertad humanas. Cinco años antes de que Nuño publicara La Filosofía de Borges, Hofstadter y Dennett publicaron The Minds I65. Uno de sus planteamientos que es una reflexión sobre Las Ruinas circulares es que, de forma similar a Alicia en el País de las Maravillas en ese pasaje que usa Borges como epígrafe del cuento66, la supuesta amenaza a la identidad personal se ve disminuida por el simple hecho de poder formulársela a alguien. Los gemelos Tweedledee y Tweedledum responden a la pequeña Alicia atormentándola con la idea de que, cuando el Rey que sueña a Alicia despierte, ella desaparecerá. ¿Pero a quién va dirigida esa respuesta teniendo en cuenta que ella no existe, sino que es sólo un personaje soñado?67. Si atormentan a Alicia, atormentan a alguien. Si el mago soñador descubre su extraña naturaleza metafísica, es porque se trata de un individuo capaz de realizar descubrimientos. Si llegase a saberse que además eso lo angustia, o por el contrario no le quita el sueño (nunca mejor dicho), necesariamente se le estaría atribuyendo estados mentales.
Por último, considerando que el soñado puede llegar a estar mareado y ensangrentado68, puede ser despertado por el sol alto69 y posee determinación de la voluntad70, lo justo sería colocarlo a la altura ontológica de cualquier ser humano. Lo mismo que los gemelos están obligados a hacer con Alicia.
Dicho de otra forma: por muy efímeros y hechos de sueños que sean los hombres y las mujeres, les conviene mirar a ambos lados a la hora de cruzar la calle. Les toca ver qué beben y cómo viven. E igualmente tienen la capacidad de destruirse mutuamente, amar, buscar la libertad y perseguir otras quimeras. Es decir, siguen haciendo lo que vienen haciendo desde hace miles de años.
Es muy posible que en literatura y en muchas otras cosas interpretar equivalga a equivocarse. Pero, al mismo tiempo, ¿cómo no interpretar? El mundo está ahí, siempre mostrándose en su diáfana vaguedad. La peor de las pretensiones hermenéuticas sería la de la comprensión definitiva y lograda71, dice el filósofo con acierto. Por eso mismo nos suena bien la comprensión que no es muy definitiva ni muy lograda. Y que no obstante procura ser una comprensión. ¿Cómo evitar pensar en la propia existencia a partir de Borges? ¿Cómo no ver analogías en sus metáforas? Los laberintos de la identidad diseñados por el escritor, por ejemplo, son también los del lector. Nuño lo sabe: La misma persona puede sentirse otra, distinta, extraña, y seguir siendo ella misma. Uno es uno mismo y, a la vez, una multitud de sentimientos que se proyectan [
]72.
Laberintos cuyos senderos se bifurcan hasta la eternidad, bibliotecas infinitas, identidades personales claras y sólidas como el aire. El filósofo podrá analizar y hasta corregir el abismo que le muestra el escritor, pero al final sucumbe ante el poder de su intuición. Por eso en el epílogo Nuño comenta la agresiva pregunta de Revel: ¿Para qué filósofos? De haber leído a Borges se le hubiera convertido en una fútil cuestión retórica73
¿Y para qué Borges? Habría acaso preguntado el poeta porteño. El mismo que escribió las palabras con las que termina este artículo: El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre [
] El mundo, desgraciadamente, es real; yo, desgraciadamente, soy Borges74.
Notas
1. Nuño, J., La Filosofía de Borges, México D.F, FCE, 1986.
2. Véase, por ejemplo, su cuento 2084, en (Varios autores), Fantasmas computariza dos, Ediciones Bexeller, Caracas, 1998.
3. Ibid., p.12.
4. Ibidem.
5. Ibid., p.13.
6 Ibid., p. 34.
7. Ibidem.
8. Vázquez, M.E., Borges: imágenes, memorias, diálogos, Caracas, Monte Avila Editores, 1977, p.107.
9. Ibid., p.36.
10. Borges, J., Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius, en Obras completas, Buenos Aires, Emecé Editores, 1974, p.437.
11. Nuño, La Filosofía de
, cit., p.36.
12. Borges, Tlön, Uqbar, Orbis
, cit., p.435.
13. Al menos desde el punto de vista de la vida cotidiana de un terrícola, no de un tlöniano.
14. Nuño, La Filosofía de
, cit., p.37.
15. Ibidem.
16. Ibid., p.38.
17. Ibidem.
18. Ibid., p.39.
19. Ibidem.
20. Borges, Tlön, Uqbar, Orbis
, cit., p.436.
21. Ni siquiera para Nietzsche y los neonietzscheanos europeos (Lyotard, Deleuze, Vattimo, etc.), la filosofía se reduce en última instancia al objetivo de asombrar.
22. Nuño, La Filosofía de
, cit., p.47.
23. Borges, La Biblioteca de Babel, en Obras completas
, cit., p.469.
24. Nuño, La Filosofía de
, cit., p.48.
25. Ibid., p.49.
26. Borges, La Biblioteca de
, cit., p.467.
27. Ibid., p.470.
28 Ibidem.
29. Nuño, La Filosofía de
, cit., p.50.
30. Hawking, S. y Mlodinov, L., El Gran diseño, Barcelona, Crítica, 2010, p.68.
31. Ibidem.
32. Por cierto, la física cuántica existía en la época en que Borges y Nuño escribieron sus libros.
33. Aristóteles, Poética, Caracas, Monte Ávila Editores, 1460a, p.31.
34. Cf., Nuño, La Filosofía de
, cit., p.60.
35. Ibidem.
36. Ibidem.
37. Borges, Prólogo de Ficciones, en Obras completas
, cit., p.429.
38. Nuño, La Filosofía de
, cit., p.62.
39. La poesía es un caso aparte, pues incluso puede prescindir de los personajes de ficción.
40. Borges, El Jardín de senderos que se bifurcan, en Obras completas
, cit., p.479.
41. Ibid., p.475.
42. Ibid., p.478.
43. Ibid., p.480.
44. Ibidem.
45. Nussbaum, M., El Conocimiento del amor. Ensayos sobre filosofía y literatura, Madrid, Machado Libros, 2005.
46. A pesar de que, muy probablemente, estaría mejor en el bando de los neoidealistas.
47. Borges, J., Nueva antología personal, Barcelona, Bruguera, 1980, p.268.
48. Nuño, La Filosofía de
, cit., p.75.
49. Borges, El Jardín de
, cit., pp. 478-79.
50. Nuño entre ellos, quien además prácticamente cita este mismo párrafo. Véase: Cf., Nuño, La Filosofía de
, cit., p.87.
51. Nuño, La Filosofía de
, cit., p.87.
52. Borges, Las Ruinas circulares, en Obras completas
, cit., p. 451.
53. Golem es el antecesor de Frankenstein. Según la mitología judía cobró vida a partir de la materia inanimada.
54. Borges, El Golem, en Obras completas
, cit., p. 887.
55. Nuño, La Filosofía de
, cit., p.106.
56. Ibidem.
57. Ibid., p.107.
58. Ibid., pp.107-8.
59. Ibid., p.108.
60. Borges, Las Ruinas circulares
, cit., p. 453.
61. Ibidem.
62. Ibid., p.454.
63. Merleau-Ponty, M., Sentido y Sinsentido, Barcelona, Editorial Península, 1977, p.76.
64. Ibidem.
65. Hofstadter, D. y Dennett, D., The Minds I, Basic Books, New York, 1981,
66. Los autores citan completo el pasaje, que es el diálogo entre Alicia, Tweedledee y Tweedledum.
67. Ibid., p.350.
68. Borges, Las Ruinas circulares
, cit., p. 451.
69. Ibidem.
70. Ibidem.
71. Nuño, La Filosofía de
, cit., p.18.
72. Ibid., p.98.
73 Ibid., p.139.
74. Borges, Nueva refutación del tiempo, en Obras completas
, cit., p. 771.
Referencias bibliográficas
1. Nuño, J., La Filosofía de Borges, México D.F, FCE, 1986.
2. Vázquez, M.E., Borges: imágenes, memorias, diálogos, Caracas, Monte Avila Editores, 1977, p.107.
3. Borges, J., Tlön, Uqbar, Orbis, Tertius, en Obras completas, Buenos Aires, Emecé Editores, 1974, p.437.
4. Hawking, S. y Mlodinov, L., El Gran diseño, Barcelona, Crítica, 2010, p.68.
5. Aristóteles, Poética, Caracas, Monte Ávila Editores, 1460a, p.31.
6. Nussbaum, M., El Conocimiento del amor. Ensayos sobre filosofía y literatura, Madrid, Machado Libros, 2005.
7. Borges, J., Nueva antología personal, Barcelona, Bruguera, 1980, p.268.
8. Merleau-Ponty, M., Sentido y Sinsentido, Barcelona, Editorial Península, 1977, p.76.












