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Revista de Pedagogía

versión impresa ISSN 0798-9792

Rev. Ped v.31 n.89 Caracas dic. 2010

 

Presentación

Son ya cuarenta años: 1970-2010

El proyecto editorial «Revista de Pedagogía» ha enfatizado, tal como lo sostuviera Francisco de Venanzi (1988), la necesidad de enfocar el trabajo de investigación como una tarea universitaria respetable y seria, con profundas implicaciones éticas, tarea de la cual es inseparable la publicación de avances y resultados en revistas arbitradas. El camino ha sido largo desde el inicio del proyecto. En sus años iniciales, la aparición fue irregular. Desde 1971 hasta 1980, diez años, se editaron quince números, para un promedio de 1.5 números por año. Desde 1981 hasta 1988, ocho años, se editó un número, para un promedio de 0.12 números por año.

Para 1983, la publicación fue adscrita a la Escuela de Educación de la Universidad Central de Venezuela, condición que le acompañó en el hiato de hasta fines de 1988, cuando fue reactivado el proyecto por Sary Calonge y Luis Bravo. Tal esfuerzo desembocó en una publicación ininterrumpida de cuatro números al año, con los tropiezos de rigor, hasta Diciembre de 1998, cuando se decidió ajustar la revista a una periodicidad cuatrimestral. Eran ya entonces cincuenta y seis números en veintiocho años, un promedio de dos números por año, cantidad apreciable, sobre todo cuando la mayor parte de la existencia del proyecto había transcurrido sin financiamiento constante y confiable, problema que reaparece y se agrava ahora en el año 2010.

Hasta 1998 se mantuvo la revista once años consecutivamente con periodicidad trimestral, un hecho sin precedentes para una publicación universitaria de educación en este país. A partir del número 57 (Enero-Abril de 1999) se instauró una periodicidad cuatrimestral, la cual se mantuvo con bastante esfuerzo hasta Diciembre de 2007. En Octubre de ese año el Consejo Editor, consciente de la necesidad de mayor racionalización, toma la decisión de ajustarla hasta una periodicidad semestral, la cual comienza a partir de Ene ro de 2008. Tal decisión, hasta la fecha, ha resultado muy acertada, habida cuenta de la grave situación financiera que enfrentan las revistas científicas venezolanas en el año 2010.

Son variados los inconvenientes que debe vencer un proyecto como el que se ha venido conduciendo desde hace cuarenta años. Labor con impli caciones de distinta índole, ya sean administrativas, académicas, financieras, gerenciales, entre otras, labor que adquiere sentido y justificación en tanto se rinda un producto de calidad1. Los editores que le cumplen a su universidad son esos mismos profesores de siempre, quienes atienden su carga completa –y a veces más– de docencia en pregrado y postgrado; realizan sus investi gaciones, atienden a sus tesistas, publican sus trabajos de investigación, presentan sus ponencias, atienden las labores de jefatura de cátedra o de departamento, integran comisiones universitarias, realizan sus postgrados, entre otras y, adicionalmente, editan las revistas especializadas, de forma tal que los demás colegas puedan ver publicados sus trabajos2. No son «editores» al servicio único y exclusivo de una función específica que beneficia a diversos sectores de la universidad y de la educación nacional e internacional. Son académicos iguales al que más (no son «eunucos académicos», amanuenses o mucamos del poder, ni meros «pasa papeles») quienes, al tener para sí la ya aludida multiplicidad de funciones universitarias, no se eximirán de la más académica de todas, la cual es opinar acerca de manuscritos recibidos.

No son editadas las revistas venezolanas por corporaciones privadas que atienden a un mercado dinámico de producción y consumo de conocimientos; empresas de alta tecnología y eficiencia que se ocupan de hasta los más pequeños detalles, sin que los profesores deban involucrarse en una parte del trabajo complicada y que consume tanto tiempo y recursos. Nuestras revistas son producidas en universidades tercermundistas, en no pocos casos con un patrón (Estado) hostil, en condiciones de suma precariedad. Como complemento, la Revista de Pedagogía se produce en el que tal vez sea el lugar más inhóspito de toda la ciudad universitaria de Caracas, el edificio Trasbordo. Ya dijo Mario Molins, allá por 1996:

Publicar una revista como la nuestra es tarea ardua y compleja. Aparte de los asuntos administrativos y financieros, otros factores contribuyen a complicar el trabajo, entre ellos tenemos: las características de la Pedagogía como ciencia de síntesis, la diversidad de sus enfoques, la variedad de opiniones acerca de la educación y en el uso del vocabulario usual; la dificultad de conseguir autores que traten los temas conforme a criterios científicos o académicos y la dificultad de precisar en la Pedagogía los criterios que permiten clasificarlos como tales, la subjetividad de los evaluadores («árbitros»), quienes tienen sus propias ideas sobre la materia de los artículos sometidos a su consideración y acerca de la calidad, «originalidad» e importancia de esos (Molins, 1996, 5-6).

Mas una cuestión es cierta. Tome una Revista de Pedagogía de hace cinco, diez, quince, o veinte años y podrá notar que la publicación no ha desmejorado.

Ha incorporado aspectos que dan fe de una constante evolución hacia una mayor calidad integral. Ello ha tenido que ver con una tendencia hacia la racionalización del proceso editorial, donde los Consejos Editores no han abdicado su responsabilidad ante terceros, ni ante circunstancias adversas. Ha tenido que ver también con la necesaria presión de los organismos de financiación de dentro y fuera de la universidad. Hay que dar gracias a que ellos han existido, pues de lo contrario desde hace muchísimo tiempo el proyecto editorial habría ya fenecido.

Hablamos entonces de un proyecto materializado con creces. No de una promesa, de esas tan comunes en nuestro medio. La Revista de Pedagogía, a lo largo de décadas ha rendido plétora de productos tangibles, consecuencia de una labor sin excusas (no es ámbito para la figuración o la farándula académica).

El momento actual, de nuevo, es de dificultades, pero este proyecto, que en su horizonte de mediano plazo se dirige hacia su número cien (100), continuará. Seguirá basándose en lo planteado por Armando Morles (1994), un editor venezolano exitoso, quien enfatizó la necesidad de llevar a la práctica en todo momento y contexto los principios de honestidad intelectual y culto a la verdad, independencia de juicio, coraje intelectual, amor por la libertad intelectual y el sentido de justicia.

Carlos E. Blanco

Profesor Titular (UCV) Caracas, Venezuela  ceblan@cantv.net

Notas

1 En la evaluación practicada en 2008 por el Fondo Nacional de Ciencia Tecnología e Innovación, FONACIT, la Revista de Pedagogía quedó clasificada como la primera publicación científica de educación del país.

2 Una práctica ética, o una ética puesta en práctica, nos impide que los miembros de los Con sejos Editores publiquen trabajos en la misma revista en la cual se desempeñan.

REFERENCIAS

1. De Venanzi, Francisco (1988). Mayor respeto por la investigación. Asociación para el Progreso de la Investigación Universitaria, Boletín Nº 12 del 30-6-80. Reproducido en: Francisco de Venanzi y la APIU. (36-38) Caracas, Fondo Editorial Acta Científica Venezolana.

2. Molins, Mario (1996). Nuestra trayectoria. Revista de Pedagogía, 17 (48), 5-6.

3. Morles, Armando (1994). La ética del investigador: Aportes a una taxonomía del fraude académico. Revista de Pedagogía, 15 (39), 81-90.