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Revista de Investigación

versión impresa ISSN 1010-2914

Revista de Investigación vol.37 no.79 Caracas jun. 2013

 

Los demás niñitos decían que yo estaba…” Inserción de la persona, modalidad y actos de habla en Helena de Luis Britto García

Alkys Lamas
alkyslamas@gmail.com

Ginete Serrano
gineteserrano@hotmail.com

Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Instituto Pedagógico Rural “El Mácaro” Articulo recibido en Febrero 2013, publicado en Agosto 2013

RESUMEN

Se analizaron las estrategias de inserción del “yo” y de la “no persona”, la  modalidad  y  tipos  de  actos  de  habla  en  el  cuento  breve  Helena,  de Luis Britto García. Investigación documental de modalidad descriptiva. El corpus de investigación estimó dos órdenes discursivos: narrativo (Texto A) e instruccional (Texto B). En el Texto A se evidenció una sucesión lineal de acontecimientos construidos por un “yo” y por “otros” bajo condición de  complicidad  comunicativa.  El  Texto  B  se  identificó  como  un  orden discursivo  que  media  entre  lo  instruccional  y  lo  descriptivo,  además  se apreció  el  dominio  de  la  impersonalidad  como  estrategia  discursiva dirigida hacia otros. Se favorece,igualmente, en dicho texto la modalidad delocutiva con objeto de suprimir las presencias del locutor e interlocutor. La prevalencia de los actos directivos actúa como indicador del carácter influenciador y dominante de cada instrucción impartida.

Palabras clave: Cuento; brevedad; inserción de la persona; modalidad; actos de habla.


“The other kids said I was ...” Inserting the person, mode and speech acts in Helena de Luis Britto García

ABSTRACT

Analyzed  the  integration  strategies  of  “self”  and  “non-person”  mode and types of speech acts in the short story of Luis Britto García, Helena. Research  documentary  and  descriptive  mode.  The  research  corpus estimated two orders of discourse: narrative (Text A) and instructional (Text B). In the text that was shown a linear succession of events built by “me” and by “others” on condition of communicative complicity. Text B was identified as a discursive order that mediates between the descriptive instructional and also appreciated the domain of impersonality as a discursive strategy directed  toward  others.  It  also  helps,  in  the  text,  the  delocutive  mode in  order  to  remove  speaker  and  interlocutor  presences.  Prevalence  of directors acts as an indicator of character acting and dominant influencer of each instruction given.

Key words: Story; brevity; insertion of the person; modality; speech acts

INTRODUCCIÓN

Al intentar definir el género discursivo del interés de las personas, el cuento  breve,  se  despliega  un  abanico  de  posibilidades  al  aprehender todo  rasgo  interventor  que  establezca  categorías  diferenciales  para este ‘sub – género’ de la narrativa. El orden “tradicional” que estipula el cuento literario implica necesariamente la ficcionalización de una historia, acto con el que la concepción y elaboración estéticas median a su vez, con  la  representación  o  imitación  de  sucesos,  figuras  o  personajes frecuentemente enmarcados en un contexto real. Es así como la mímesis de un aspecto real se traduce en manos de la literatura en concepciones finitas que abarcan lo imaginario, lo fantástico, lo maravilloso, lo onírico o lo objetual. Hasta este punto, se ha obtenido una caracterización necesaria de lo que es el cuento desde la perspectiva literaria, por tanto, siempre lo que él presenta es un todo, una unidad y un universo en el cual el proceso de significación comienza cuando “lo fingido” constituye toda una verdad para sí y con ello, se basta. Tal como lo señala Rohrberger, citada por
Pacheco y Barrera Linares (1997):

Así  como  en  la  visión  metafísica,  la  realidad  subyace  al mundo  de  las  apariencias,  así  en  el  cuento  el  significado subyace a la superficie del relato. El marco de lo narrativo encarna símbolos cuya función es poner en tela de juicio el mundo de las apariencias y apuntar hacia una realidad más allá de los hechos del mundo material (p. 22).

Asumiendo  la  intervención  de  personajes  en  un  espacio  de  tiempo determinado  y  en  un  contexto  físico  creado  para  la  consecución  de acciones  determinadas,  importa  ahora  un  elemento  visible,  perceptible para el lector: la extensión del relato. El cuento como tipología textual y discursiva  se  ve  configurado  parcialmente  por  su  extensión  vista  como atributo que conlleva a asumírsele como una cualidad que busca generar ante todo, unicidad y sinteticidad en el proceso de producción llevado por el  autor  y,  luego,  el  “impacto”  como  ‘médula’  del  proceso  de  recepción del lector, estimulando el cuento breve, la intensidad del efecto discursivo y, paralelo, la economía lingüística los cuales se ven fortalecidos por el nivel de condensación y precisión en la presentación de las significaciones propias del relato.

La brevedad, es apreciada como capacidad de intensidad exenta de dispersión  e  interrupción  durante  el  proceso  de  lectura  de  secuencias -tanto en el orden de la historia, como en el del discurso-, dominantes, envolventes e incrustadas en (y para) el lector. La brevedad se aúna a la cortedad del acto respiratorio, a la laboriosidad que atrae lo súbito y, desde luego, a la concentración en su construcción regida por una estilística y una estética particulares.

Un  campo  de  la  Lingüística  apropiado  para  el  estudio  del  cuento como  texto  y  como  manifestación  discursiva  lo  constituye,  sin  duda,  el concerniente al Análisis del Discurso por cuanto, el cuento es, ante todo, una forma de práctica comunicativa y social que exige el uso contextualizado de la lengua y obedece, además, unos parámetros de estética que le son propios y que determinan reglas y estrategias de interacción dirigidas a las personas que se vinculen a la cuentística: (1) género discursivo y, (2) secuencia textual.

A la luz de los planteamientos textuales de Adam y Lorda (1999), se exploran los procedimientos lingüísticos evidenciados en la narración a la par de las modalidades que la ficción ofrece como evento comunicativo y como discurso articulado acorde con su función expresiva, ya que:

… el relato no constituye un tipo de discurso ni tipo de texto, sino un modo particular de organización de los enunciados (escritos, orales e incluso no verbales, si tenemos en cuenta las imágenes). Pero, como trataremos de demostrar a lo largo de las páginas que siguen, el establecimiento de tipologías no es imposible si partimos del G énero  D iscursivo , que depende de la situación de comunicación en que se inscribe un relato (p. 13).

Dada  la  complejidad  que  expone  el  cuento  breve,  es  pertinente determinar  en  su  perspectiva  local  los  elementos  lingüísticos  que  le constituyen y perfilan la interacción interna y externa del relato; en este sentido,  los  enunciados,  sus  formas  de  presentación  y  las  relaciones establecidas entre ellos con miras de explorar el acervo de significación construido a través de los enunciaciones producidas desde los espacios de creación y re – creación ofrecidos por el cuento breve. Por lo antes expuesto, se ha planteado analizar las estrategias de inserción del “yo” y de la “no persona”, la modalidad y los tipos de actos de habla en el cuento breve  Helena  de  Luis  Britto  García.  Para  ello,  se  requiere  caracterizar la  inserción  del  “yo”  y  de  la  “no  persona”  en  la  enunciación  discursiva, además,  describir  las  modalidades  aplicadas  mediante  la  enunciación discursiva y, finalmente, examinar los tipos de actos de habla presentes en el relato de estudio.

La brevedad en el cuento. Delimitación de “brevedad”

El cuento breve, para efecto visual, es gráficamente económico, pues está  acompañado  por  un  halo  que  parece  vacío:  ocupa  poco  espacio, aunque  a  niveles  pragmático  y  semántico  los  contenidos  pueden prolongarse hasta donde sea posible. Es así como el cuento breve asume desde su cortedad, un implícito espacio en blanco, espacio que pretende ser nutrido por las competencias cuentísticas del lector, quien al momento de ejercer como tal, es decir, establecer lazos filiales o complicidad con el  autor  y  el  producto  (cuento)  así,  debe  activar  todos  los  recursos  y estrategias de correlación disponibles para rescatar la anécdota del relato y resemantizarla. En este sentido, el espacio adueñado por el lector se relativiza sustancialmente.

El cuento breve lleva en sí mismo la idea de un receptor dispuesto a reaccionar y a cuestionar parámetros clásicos, con el fin de hallar en lo ya escrito múltiples niveles de comprensión que enriquezcan su experiencia, es  en  esta  necesidad  de  (re) construcción  más  que  textual,  discursiva del texto narrativo, donde reposa el muy prolífico génesis de estrategias pragmáticas y semánticas contribuyentes al cuento breve o, en todo caso, a la brevedad misma.

Considerando los atributos definibles del cuento breve, se resumen y enumeran  algunas  de  las  características  que  se  consideran  inherentes a la cuentística breve. La precisión de cómo en la brevedad, reposa una marcada orientación en la elaboración del cuento como discurso (o género discursivo):

•     El lector como intérprete e interpretante del relato.

•     La brevedad como una condición narrativa que conduce a un continuo rehacer del plano semántico del texto literario.

•     La brevedad condiciona al relato, lo hace interdependiente respecto a  su  autonomía  como  producto  aparentemente  (in)acabado;  la cooperación  que  se  requiere  del  lector  hasta  estructurar  un  eje interpretativo propio.

•     La  brevedad  le  otorga  mayor  poder  a  la  palabra;  es  por  ello,  su tendencia a la simbolización y a la figuración. La denotación estriba en la capacidad que posea el lector para construir una secuencia “lógica” establecida previamente en el texto (rechazo a la arbitrariedad).

•     La brevedad en contraposición a la lógica natural, real: Los referentes reflejados  en  el  texto  recrean  una  realidad  única,  auténtica  y satisfactoria es por ello que, difiere respecto a la lógica trabajada en las convenciones y conceptos de la vida humana cotidiana.

•     La  brevedad  como  característica  que  determina  la  forma  visible, perceptible, evidenciable; la brevedad como aparente segmentación, aparente estructura fragmentaria orientada de las partes al todo.


Pragmática del texto narrativo. Apuntes teóricos

Autor modelizado y lector modelizado

La  especificidad  y  la  complejidad  de  la  voz  narrativa  nacen precisamente de la relación entre lo vivido y lo creado, de la ordenación poética  o  pragmática  del  narrador.  La  transformación  de  las  acciones y acontecimientos en el cuento se realiza mediante la palabra. En este sentido, el narrador toma en cuenta a un oyente/lector modelizado (Eco, 1999). El lector modelizado sólo es una imagen que el productor del relato inventa para ajustar sus palabras, tal como ocurre, por demás, en otras modalidades de la enunciación. De esta manera, se refuerza la tesis de la transposición, el desdoblamiento que toda interacción verbal implica. El enunciador en conjunto con el narrador construyen un discurso y lo dirigen una vez hayan calculado y determinado las reacciones de su interlocutor para, de este modo, organizar sus estrategias discursivas las cuales se irán alternando entre ambos. En el caso de la enunciación narrativa escrita, es decir, el cuento impreso, el desdoblamiento se produce entre el lector imaginado (Modelizado) y el Lector Ser del Mundo (el que realmente lee el relato). Del mismo modo, los que leen a través de los relatos elaboran ideas de quién los ha inducido a ‘mundos recreados’ (Autor Modelizado) guardándose distancia de por medio para lo que se concibe como Autor  ser   Del  Mundo.

La inserción de la persona

Entre los criterios relativos a la Teoría de la Enunciación estudiados por Massi (1998), se abordan algunas estrategias y recursos lingüísticos orientados hacia la construcción del “Yo” en el texto y la disposición de roles que ejercen determinadas ‘identidades’, todas estas involucradas en los procedimientos de ficción ejercitados en la narración. A la luz de las orientaciones metodológicas sugeridas por la referida autora, el estudio de  la  inscripción  del  “yo”  en  el  cuento  breve  atiende  a  la  disposición de  herramientas  discursivas  como:  selección  estratégica  de  deícticos pronominales y construcciones sintácticas, lexicalización y, alteraciones de  código  cuyas  aplicaciones  se  destinan  a  la  impersonalización  del texto. En consecuencia, la categorización que se adopta en el presente estudio  responde  a  la  aplicada  por  Massi  (ob.  cit.)  de  acuerdo  con  los indicadores correspondientes a la selección pronominal realizada por el enunciador así como a las expresiones de impersonalidad hechas por él mismo atendiendo a la situación comunicativa que le vincule y al nivel de participación que bien puede elegir o no para ésta (Ver matrices 1 – A y 1 – B).

La modalidad. Configuraciones lingüísticas

Las  diferentes  configuraciones  lingüísticas  que  “materializan”  la modalidad  estiman  los  mecanismos  lingüísticos  que  el  hablante  elige en las diferentes situaciones comunicativas. En este sentido, el carácter intersubjetivo  de  la  comunicación  debe  ser,  a  la  luz  de  Pérez  Sedeño (2001),  “en  la  perspectiva  enunciativa,  el  punto  de  partida  del  análisis de  los  elementos  que  en  cada  discurso  se  activan  como  huellas  de  la subjetividad del hablante por el hecho de ser elegidos libremente por él” (p. 2). En consecuencia, la complejidad y variedad de estos elementos lingüísticos  difiere  de  unos  discursos  a  otros  de  acuerdo  también  con la  formación  discursiva  del  enunciador.  En  este  sentido,  el  enfoque enunciativo en el análisis de la modalidad debe considerar el sujeto como elemento activo que presenta una actitud, no sólo respecto a la verdad o falsedad del contenido de la proposición del enunciado, sino respecto a la manera en que el hablante sitúa el enunciado con relación a juicios de valor como lo útil, lo bueno, etc.

A efectos de esta investigación, se asume la clasificación propuesta por Charaudeau (1992) quien estima la modalidad en torno a tres criterios fundamentales de clasificación: alocutiva (Loc – Interloc), elocutiva (Loc – Loc) y delocutiva (ni Loc, ni Interloc) en conjunto con los correspondientes indicadores que para cada una de éstas compete (Ver matrices 2 – A y 2 – B)

Actos de habla

La prevalencia de dos tipos fundamentales de actos de habla conduce a la diferenciación concreta de estos. En primer lugar, se asumen aquellos actos en los que las estructuras sintácticas – semánticas sobre los que se construyen se disponen delimitadas y promueven a procesos interpretativos basados  en  la  literalidad  del  mensaje  que  aportan.  En  segundo  lugar, se  contemplan  otros  actos  propios  de  contextos  comunicativos  cuyos participantes  (interlocutores)  comparten  conocimientos  lingüísticos puntuales que les vincula. La relación Emisor – Receptor  fluctúa entre una vasta gama de situaciones comunicativas para las cuales ambos poseen opciones  en  cuanto  la  compartición  de  roles,  adopción  de  distancias, variaciones  de  funciones  de  lenguaje  así  como  de  posturas  asumidas dentro y fuera tanto de la escena como del escenario comunicativos. En atención a los principios de la Pragmática Topológico – Natural, basada en la teoría de los actos de habla de Austin y Searle, y expuesta por Calvo (1994), se toman para esta investigación los actos declarativos, asertivos, expresivos, directivos y comisivos (Ver matrices 3 – A y 3 – B). 

MÉTODO

El presente estudio se corresponde con una investigación documental, ya que según Hurtado de Barrera (2000), tiene el propósito de “…describir, comparar analizar, explicar, verificar…, eventos, tomando como fuente de información los documentos.” (p. 173) Además, la modalidad de investigación se corresponde con la de tipo descriptiva, ya que parte del objetivo central de la investigación requiere lograr la descripción o caracterización del evento de estudio dentro de un contexto particular, y “[…] su objetivo es caracterizar un evento o situación concreta, indicando sus rasgos peculiares o diferenciadores.” (Hurtado de
Barrera, ob. cit.; p. 223).

Para  su  realización  se  seleccionó  del  libro  de  relatos  Rajatabla,  de Britto-García  (1980),  el  cuento  titulado  Helena.  En  el  citado  texto,  se evidenció  primeramente,  la  imbricación  de  dos  tipologías  textuales,  las cuales  son  abordadas  por  separado,  debido  a  las  características  de organización formal y semántica que cada una supone. Es por ello, que los  textos  a  considerar  como  población  de  estudio  fueron  transcritos independientemente  e  identificados  como:  Texto  “A”:  Narrativo  y,  Texto “B”: Instruccional.

Con  el  propósito  de  efectuar  la  observación  intensiva  de  cada  uno de los aspectos pragmáticos ya señalados, se procedió a la elaboración de matrices de datos las cuales permitieron categorizar los criterios de análisis. Adoptar este tipo de instrumento garantizó, la organización del orden y de la frecuencia de aparición de cada procedimiento discursivo para  posteriormente  elaborar  un  primer  análisis  según  datos  arrojados por cada matriz y, finalmente, el consecuente sometimiento a un segundo análisis, de tipo contrastivo, aplicado tanto para las cualidades discursivas evidenciadas en el texto “A”, así como las evidenciadas en el texto “B”.

RESULTADOS

La frecuencia destacada por su amplitud numérica corresponde a la presentación de El Otro/Los Otros: El/Ellos, con un margen de coincidencia respecto a los enunciados de 32 repeticiones, seguido de éste, se ubica la  Presentación  del  Yo,  con  un  margen  de  coincidencia  respecto  a  los enunciados con 21 repeticiones. Vale destacar que, para la presentación de El Otro/Los Otros, aparte de pronombres personales correspondientes a la tercera persona del plural (ellos), se incluye la indicación de objetos (tercera persona del singular: el/la) referenciados con la misma intensidad y fuerza locucionaria equivalente a un sujeto (persona) designado en el texto.

Se debe acotar además que, tras la constante mención de personas y  objetos  que  circundan  al  actor-personaje  principal  (a  quien  sólo  es posible identificar a través del “Yo”), se manifiesta una voz narrativa que persigue  construir  su  espacio  cotidiano  (ambiente)  colocando  de  por medio un laborioso proceso de referenciar todo aquello que le rodee y que le condicione un estilo de ser, un estilo de actuar, apelando de este modo a los Otros y, al Narratario (El Interlocutor: Usted). Esto sucede en pos de convocar y corroborar en el “Yo” su proceder y la continuidad de sus acciones en el texto narrativo.



Sin embargo, es menester aclarar dos aspectos interesantes para el comportamiento del “Yo” en el Texto A:

•     En lo que compete a los siete casos correspondientes al señalamiento del  Nosotros  en  el  texto,  es  importante  destacar  una  fórmula  de identificación que crea el Yo del texto para con los que considera los ‘suyos’: [Yo + ellos – tú/usted (lector)=Nosotros]; fórmula de tratamiento que  sugiere  en  el  texto  la  necesaria  exclusión  del  Narratario  para poder aludir al mundo de ficción creado por la voz narrativa en solitario pero, utilizando a manera de máscara, un actor - personaje de difícil definición.

•     En  lo  relativo  a  Formas  Pronominales  equivalentes  a  Uno:  Se registra  sólo  un  caso  de  uso,  situación  que  confirma  la  prevalencia  del  Yo  involucrado  por  sí  mismo  y  que  aísla  de  toda  posibilidad  de desincorporarse en su proceso de identificación respecto a sí (yo) y  respecto a los otros (ellos y, nosotros).

En cuanto al manejo de la impersonalidad, vale decir que se destacan, aunque  en  menor  grado,  construcciones  con  se  y  construcciones  de  infinitivo; dichos casos se estiman por constituir apoyos para el señalamiento de determinados “entes” inactivos en el texto, es decir, figuras que pese  a disponer de una aparente presentación de “personaje de la obra”, no conforman más que sombras o puntos de referencia contextual a los que apela el “Yo” en su proceso de reconocimiento e identificación de sí mismo respecto a los otros aunque manteniendo ningún sesgo de vinculación con  éstos.

Cuadro 2. Modalidades – Configuración Lingüística


El  mayor  número  de  casos  repetidos  corresponde  a  la  modalidad elocutiva  y,  en  ella,  la  categoría  de  la  constatación  registrando  así una  frecuencia  de  44  casos  reportados  en  los  diversos  enunciados que  estructuran  el  Texto A.  Seguido  de  esta  cifra,  aunque  mucho  más disminuida,  se  posiciona  la  modalidad  delocutiva  registrando  en  su categoría  de  discurso  reportado  de  tipo  evocado  una  frecuencia  de  11 casos para el texto narrativo. Se destaca que, en lo que se refiere a los casos con menores frecuencias deben mencionarse:

•     Para la alocución:
•    Dos casos (02) registrados para el indicador interpelación.
•     Para la elocución:
•    Tres (03) casos para el indicador apreciación.
•    Dos (02) casos para el indicador declaración y,
•    Un (01) caso para el indicador opinión.

Los  Actos  de  Habla,  por  numerosos  en  su  tipificación,  se  han organizados para el registro de frecuencias de la siguiente forma:

Cuadro 3. Tipos de Actos de Habla


El análisis inmediato sugiere el predominio de tres tipos de actos de habla que mejor definen la actitud del locutor en el proceso de enunciación. Para un texto narrativo como lo es el Texto A, el “yo” asume el poder que le confiere no sólo evocar acontecimientos y encadenarlos hasta hacerlos una sucesión lineal de tipo accionar, sino que aprecia y evalúa todo lo que contextualiza a las mismas acciones, interviniendo el “yo” en un rol activo y dominante orientado a la instigar la disposición acuciosa del Narratario. Para lograr esto último, la voz narrativa presentada en el “yo” se asume desde las siguientes ópticas:

•     Actos  declarativos:  apreciación  (19)  y  caracterización  (06)  de  las acciones  manifiestas.  La  neutralidad  de  las  mismas  es  compartida tanto por Emisor (E) como por Receptor (R)

•     Actos asertivos: informar (19) y afirmar (04) se convocan como acciones recíprocas de modo que el Emisor transmite la sucesión de hechos que  el  Receptor  asume  como  ciertas  e  irrefutables:  informaciones afirmativas o, afirmaciones informativas.

•     Actos  expresivos:  el  dominio  tomado  por  el  Emisor  mediante  la  voz narrativa  reúne  en  una  frecuencia  de  notable  interés  la  acción  de desafiar (08). El “Yo” del texto se identifica con su contexto pero desde la perspectiva del dominio, una certidumbre de arraigo por la vía de la violencia colman a los enunciados que se ubican en esta categoría.

•     Actos directivos: con una carga de dominio que debe manejar ya el Receptor, las acciones que se engloban en el indicador instar (05) no promueve en el Lector Ser del Mundo, ni posiblemente en el Lector Modelizado sino ya en el Narratario como instancia externa superior a este último a tomar posición crítica frente a los argumentos que le son
expuestos  como  vías  de  comprensión  y  aprehensión  del  mundo  de ficción recreado por el “Yo”.

Texto Instruccional (Texto B)

Cuadro 4. Inserción de la “No Persona” en el Texto


Los indicadores registrados señalan el predominio de las frecuencias en  la  categoría  impersonalidad,  por  cuanto,  el  tipo  de  orden  discursivo que  representa  el  Texto  B  (‘Construcción  de  un  Papagayo’)  promueve un espacio de acción que, en los enunciados propicia las construcciones en base a nominalizaciones, empleo del se, del verbo en infinitivo y, de la  abundancia  del  verbo  ‘haber’  como  estrategias  discursivas  que  le permiten al “Yo” escudarse en ellas y obtener la objetivación y máxima neutralidad posible ante la evidencia de cualquier sesgo comprometedor. En todo caso, se apela al Narratario como entidad en capacidad de asumir las  instrucciones  impartidas  sin  concentrar  su  atención  en  quién  pudo haberlas  ideado.  Incluso  vale  acotar  un  caso  interesante  contemplado en  el  enunciado  [11],  en  el  cual  el  segmento  “los  niñitos  que  van  a  la escuela” ofrece para su análisis una fórmula de construcción de los niveles de  impersonalidad  promovidos  en  el  Texto  B:  “Los  niñitos”  conforman un  “Nosotros  Exclusivo”  que  no  contempla  al  “Yo”,  ni  al  “Tú/Usted” (Interlocutor), ni a los “Otros” del mismo texto, sino aquellos seres ajenos y diferentes al mundo recreado por el “Yo” en el relato Helena.

Cuadro 5. Modalidades – Configuración Lingüística


Como enumeración de instrucciones, el foco de interés recae desde la  impersonalidad  hasta  la  instrumentación  de  cada  objeto  o  entidad involucrada en este orden discursivo. Por la misma causa, los modos de expresión del enunciador retienen su mayor fuerza comunicacional en la modalidad del ocutiva, sobre todo en lo que concierne a los indicadores constatar y exigencia promovidas como motivo de producción del propio acto de enunciación. Ante la constancia que deja el “yo” neutro de que cada  procedimiento  efectuado  obedece  a  razones  que  rayan  en  lo incuestionable, se abre paso a la exigencia (o a la exhortación directa) de que quien pueda atender a estas indicaciones las efectúe a cabalidad.

Los  Actos  de  Habla,  por  numerosos  en  su  tipificación,  han  sido organizados para de la siguiente forma:

Cuadro 6. Tipos de Actos de Habla


La  observación  más  mediata  que  se  deriva  de  esta  matriz  es  el ofrecimiento de datos de interés como lo es la reunión de un total de treinta y un (31) frecuencias reportadas únicamente en la categoría de los actos declarativos, hecho que distingue a los indicadores prevenir (11) y ordenar (08)  como  las  acciones  que  con  mayor  predilección  se  dirigen  hacia el Receptor por un Emisor aislado o neutral. En este sentido, tanto las indicaciones de cómo evitar infortunios para la “construcción” y posterior “batalla de papagayos” debe estimular en un principio de órdenes carentes de posibilidad alguna de debatir y, los apoyos ‘técnicos’ certeros (afirmar [08])  que  promueven  (instar  [04]),  cercan  opciones  de  elección  (elegir [05]) hasta aconsejar (03) en tres etapas fundamentales: antes, durante y, después de la confección manual de tan determinante artefacto ‘lúdico’.

CONCLUSIONES

Para  el  relato  Helena  se  diferenciaron  dos  órdenes  discursivos: narrativo  e  instruccional.  Para  la  narración,  entendida  como  sucesión lineal  de  acontecimientos,  abordar  la  injerencia  del  “yo”  se  fragua  en labor complicada por cuanto se entienda que todo participante de un acto comunicativo de tipo narrativo toma posición distante respecto a lo que va a contar, si bien esto es cierto, en Helena la imposibilidad de determinar un “yo” único, como sujeto concreto, reconocible ante el Lector Ser del Mundo y, Lector Modelizado, obstaculiza el intento por fijar la inserción del  “yo”  no  por  sí  mismo  sino  por  el  encadenamiento  de  situaciones  y los cambios que estas provocan en atención a los otros, ‘otros’ que son como el “yo”, que lo configuran y lo hacen un elemento más del contexto situacional de la narración, el punto de partida de situaciones planteadas desde una marcada indefinitud personal que raya en la impersonalidad del evento narrativo por cuanto se transfiere la presentación voluntaria y directa del “yo” hacia otro bien sea persona(je) u objeto.

Ejemplo de esto último se ubica en el Texto A (narrativo) en la insistente alusión a lo que le ocurre a cada papagayo, hecho que sugiere que la voz narrativa por intermedio de un “yo” camuflado en el texto utiliza la figura de un objeto material (papagayo) para así objetivarse ante el discurso que le  niega  a  cualquier  actor  –  personaje  presentarse  como  dueño,  como portador del dicho objeto material. La ‘batalla de papagayos’ se convierte entonces en escenario para la guerra frontal entre los ‘personajes’ que participan en el mismo; así, los papagayos concluyen como proyecciones de las ‘batallas’ que libra el ‘rosadote’ o el ‘el barril amarillo’ en la modalidad estratégica de la mascarada de una sola figura: el “yo”. Tales condiciones explican por sí misma la intensidad con la que se configura la modalidad, la expresión verbal de la visión del “yo” se inclina hacia la constatación como procedimiento “cerrado” en cuanto a que la elección y distribución de  los  pensamientos  y  las  palabras  del  “yo”  en  el  discurso  (condición elocutiva)  se  hace  sobre  la  base  de  potencial  propósito  de  otorgar veracidad y constancia de que lo expresado más que sea creído por el otro esté inmiscuido o ajeno respecto al texto, sea ante todo constatado por el propio “yo” por lo que, se anula toda posible apelación hacia un Narratario.

En  lo  que  respecta  a  la  tipología  de  actos  de  habla  desplegada en  el  Texto A,  se  dispone  una  alta  disposición  a  favorecer  a  los  actos declarativos, este comportamiento del “yo” resulta plenamente razonable ante  la  predilección  por  asumir  desde  una  voz  afirmativa  y  evaluadora toda apreciación respecto al contexto de la narración y todo lo que en él se halla condicionado.

Pero si el Texto A se atendió con profuso interés al “yo”, en lo que refiere al Texto B (Instruccional), se agudiza la impersonalidad como estrategia característica  de  un  orden  discursivo  que  apela  a  la  generación  de conductas futuras en un otro antes que al propio “yo” quien pretende fungir en su totalidad como actor – constructor - personaje del discurso. Si bien es cierto que en una gran proporción el Texto B responde a instrucciones casi “universales” en lo que compete a la construcción de un papagayo, esto en cuanto al marco de referencia del cual se desprenden los discursos instruccionales: “acciones descontextualizadas”. Se ha estipulado que el eje  del  texto  Helena  lo  conforma  la  posesión  del  “yo”,  en  este  sentido, ningún enunciado (inclusive ningún acto de enunciación) se excluye de la necesidad de encontrar referencia en el contexto del enunciado; toda
acción se canaliza según la perspectiva del “yo” hasta determinarla como un hecho muy propio, muy privado, muy suyo.

Pudiera  entonces  hablarse,  en  lo  que  refiere  al  Texto  B,  como perteneciente a un orden discursivo que estriba entre lo instruccional y lo descriptivo: instrucción descriptiva o, descripción instruccional. Como consecuencia,  cada  instrucción  manifiesta  incluye  la  indicación  de procedimientos aunque cargados de construcciones con la partícula ‘se’, verbos en infinitivo o, ‘haber’, la tesis de una indefinitud personal como estratagema  potencia  la  presencia  del  “yo”  (ni  explícita,  ni  implícita) a  través  de  configuraciones  espaciales  que  tornan  particulares  cada acción enumerada por él mismo. Es así como, la modalidad para el Texto B favorece el alza del modo delocutivo expresado en la constatación y en la exigencia como patrones testimoniales de un mundo en el que no se da mayor cabida ni al Locutor (“yo” u otro) ni al Interlocutor; la fuerza expresiva recae en la expresión neta de la evidencia de la elaboración de un papagayo pero disponiendo un conjunto de condiciones que requiere proyectar la necesidad inquebrantable de ser sometido cada proceso de confección enumerado a las circunstancias que perfila el contexto en el que se recrea cada enunciado. Esto se sustenta en el Texto B, mediante el notorio auge de los actos directivos como ejercicio del carácter influenciador y dominante de cada instrucción impartida. Así, las categorías ordenar, prevenir (advertir), instar y, aconsejar rebasan sus campos de acción en la potestad asumible por un estimado Receptor indefinido.

REFERENCIAS

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