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Paradígma
versión impresa ISSN 1011-2251
Paradígma v.32 n.1 Maracay jun. 2011
EDITORIAL
Educación de calidad y demandas sociales
Dra. Margarita Villegas
Los países ubicados en la franja del denominado Tercer Mundo, tienen como uno de sus mayores retos lograr una educación de calidad para todos sus ciudadanos; para alcanzarlo se requiere desarrollar en ellos una formación científica que también sea de calidad. Es bien sabido que los países que manejan los mayores recursos, y donde sus habitantes gozan de sistemas públicos con mayor equidad, producen el mayor cúmulo de conocimientos y generan adelantos, tanto tecnológicos como científicos, para así asegurar que sus ciudadanos continúen gozando de mayor bienestar.
Por ello, uno de los factores que pueden coadyuvar a conseguir mayor bienestar en nuestros países, junto a sistemas públicos democráticos, es la inversión que se debe hacer para la mejora de la educación. Según, los últimos informes de la UNESCO, todos los países de América Latina han aumentado su tasa de ingreso a la educación en todos los niveles. Por el contrario, pocos trabajos dan cuenta de cifras sobre educación de calidad. Esto debido, entre otras condiciones, a que valorar la calidad es un asunto muy complejo.
No obstante, se reconocen como algunos indicadores fundamentales, tales como que los gobiernos desarrollen proyectos educativos en el cual todos sus ciudadanos se hagan parte del mismo y se sientan comprometidos con su progreso, de modo que con los cambios de gobierno se asegure la continuidad de los programas. Ello favorece servicios de educación orientados a proporcionar al estudiante la formación que él o ella requieren para ponerse a tono con las demandas sociales, en función de las aspiraciones que tenga la población. Es decir, se requiere una inversión a largo plazo de manera sostenida y continuada. Por ende, que haya un consenso nacional entre todos los actores políticos, independientemente de la ideología que militen, es fundamental.
Así mismo, una educación de calidad debe asegurar que se adapte a las características contextuales y personales de a quienes se educan a fin de implicarlos en el conocimiento y deseo de mejora, involucrando competencias para autorregular las acciones y el aprendizaje en función del proyecto que le toque asumir en los más diversos contextos del mundo globalizado.
En efecto, en el mundo de la información se requiere una educación que pueda atender tanto las necesidades específicas de lo local, como también haga viable el desarrollo de competencias que permitan asumir los compromisos de lo global; ello es consecuencia porque ahora los espacios territoriales tienen fronteras cada vez más porosas, lo cual, junto con la movilidad poblacional y potenciado por los nuevos dispositivos de comunicación, hace que el original concepto de aldea global, propuesto por el filósofo canadiense Marshall McLuhan, cobre un nuevo sentido. En efecto, una persona que nace en un sitio, puede educarse en otro y terminar trabajando en uno nuevo bien distante y con una cultura diferente a la que había convivido.
Lo cierto es que en el día a día, de quienes tenemos por los menos tres quinquenios conviviendo con los sistemas educativos a nivel local, nacional y regionales, podemos distinguir que la brecha en la calidad de la educación sigue siendo muy grande, entre quienes pertenecen a una otra clase social, pues regularmente, las escuelas de pobres sigue siendo para pobres, por la diversidad de asuntos que la afectan.
No es igual la educación para quienes cuentan con acceso a escuelas con mayores y mejores recursos, por un lado, caracterizada por docentes bien preparados, con condiciones de infraestructura más adecuadas, y un modelo de formación coherente y adaptado a las nuevas demandas; y, por el otro, pueden gozar de un contexto familiar con padres formados, con mayores recursos cognitivos y sociales para proporcionar el enriquecimiento educativo que sus hijos demandan, junto a un contexto social que garantice seguridad y riqueza cultural.
Generalmente se observa que a las escuelas donde asisten los niños más necesitados, son también escuelas precarias: no cuentan con la infraestructura y los recursos necesarios para abordar el proceso con la calidad que los niños merecen. Los maestros pocas veces son los más preparados, el acceso a material académico es bastante limitado, las condiciones familiares, tanto de los docentes como de los propios estudiantes, no son las más adecuadas para atender las demandas de formación tanto de sí como de sus semejantes.
Entonces, ¿cómo disminuir esta brecha? Muchos aseguran que no hay suficientes recursos económicos, pero lo que apreciamos es que no hay la mayor disposición para invertir en una educación de calidad. Todos estamos de acuerdo, al menos así los expresamos verbalmente, de que sin educación de calidad es difícil la mejora de la sociedad. Pero se hace necesario que cada uno de nosotros, como ciudadanos, hagamos un esfuerzo por reconocer que hay que exigir educación de calidad, donde se maneje información científica vigente y que proporcione formación en proporción a los nuevos desafíos y donde educadores y estudiantes sean nuestros más sagrados tesoros.
Sólo de esa manera podremos desarrollar sociedades que se muevan al desarrollo, pues si bien es cierto, en el contexto de la complejidad e impredecibilidad en el cual convivimos hoy, coincidimos que una educación de calidad permite que los egresados de la mismas puedan afrontar mucho mejor las demandas sociales. Y para alcanzar una educación de calidad requerimos que todos nos comprometernos para hacerlo posible. No importa la formación que cada uno tenga y en cuál contexto se trabaje. La mirada hacia la educación debe ser única: por una educación de calidad para todos y por todos.












