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Paradígma
versão impressa ISSN 1011-2251
Paradígma vol.33 no.2 Maracay dez. 2012
¿Cuál es la Tarea Social de la Universidad?
A las universidades se les reconoce con expresiones tales como: casas superiores de estudio; máxima casa de estudios; la casa que vence las sombras, entre otras; tales designaciones aluden a tres cuestiones fundamentales: un locus (casa), un proceso (estudios), y un nivel (superior).
En relación con el primero, necesario es decir que, si bien es cierto que en sus orígenes, el lugar de una universidad era un recinto intramuros, en la actualidad esta localización no remite a un espacio físico específico sino a un alcance simbólico, amplio y deslocalizado, aunque se sigue considerando imprescindible la referencia a un recinto que, en el caso de las universidades autónomas, se ha de considerar como inviolable, cualidad ésta que es reconocida por todos los gobiernos democráticos del mundo, mientras que los de signo autoritario permanentemente lo violan.
El segundo aspecto remite a la propia razón de ser de una universidad: el proceso de estudio, con lo cual se hace alusión a la que ha de constituir la pauta que marca su dinámica que no es otra que la búsqueda incesante del saber; la procura de respuestas a interrogantes de interés en múltiples ámbitos; la incansable siembra de luz; quizás es a esto último que remite el logotipo de algunas universidades que la simbolizan con una antorcha encendida.
En tercer lugar, sin que ello signifique subordinación alguna, se hace mención al nivel que ha de tener las universidades, se les exige que sea superior; a lo que remite esta superioridad es a la calidad y profundidad de los conocimientos que han de alcanzarse con los estudios universitarios. Se procura que estén en sintonía con el nivel de desarrollo que haya sido logrado en el ámbito de cada una de las áreas y disciplinas en las que estén siendo formados quienes, una vez egresados, estarán capacitados para ejercer profesionalmente las mismas en cualquier lugar del mundo donde les sea demandado.
La posibilidad de obtener estos estándares de calidad, profundidad y alcance, está directamente vinculada con la investigación, una de las funciones clave que ha de desarrollarse en una universidad que se precie de merecer tal calificación. En efecto, la investigación implica la búsqueda, metódica y disciplinariamente conducida, de información lo suficientemente robusta como para que sirva de asiento a la construcción de respuestas a interrogantes de interés social (público o individual), institucional, organizacional, gremial e, inclusive, personal de quien o quienes adelantan el quehacer investigativo, para lo cual han de contar con un ambiente de absoluta libertad de pensamiento.
Así que todo Estado que se diga democrático ha de tener un gobierno que promueva, preserve y garantice las condiciones para el ejercicio libre de la investigación, en todas sus manifestaciones, que se ha de llevar a cabo en las universidades, estimulando esta función, otorgando el debido reconocimiento y valorando socialmente a quienes la cumplen.
Por tanto, la tarea social de la Universidad es cultivar y desarrollar todo lo potencialmente bueno que alberga cada una de las simientes cuyo cuidado la sociedad le confía. Y es así como han de ser concebidos cada uno de sus estudiantes; como simientes cuyo fruto es el futuro; de ellas brotarán los médicos que han de garantizar una vida saludable a todos los ciudadanos; los agrónomos que han de aprovechar, respetándola, los recursos que nos prodiga nuestra Madre Tierra; y, por supuesto, los maestros, portadores de la luz inextinguible del saber que, por siempre, vencerá las sombras.
El profesor universitario y, en general, todo educador, cuando está frente a sus estudiantes es como un poeta ante la página en blanco; como un escultor ante un bloque de mármol sin labrar[1]; como un tallista ante un diamante virgen. Por la imaginación del poeta, la página se hace verso; por la mano del escultor la piedra cobra vida; por la acción del tallista surge la más fina joya. Por el diálogo mutuamente nutritivo entre docente y estudiantes, emerge el futuro de nuestra sociedad: médicos, agrónomos, economistas, juristas, y por supuesto otros maestros que han de continuar este cultivo inacabable de futuro.
Por lo anterior, la Universidad no es sólo de quienes ven en ella un medio para obtener un sustento, sino de todo un país, una sociedad, una ciudadanía que cifra en ella las esperanzas de que sus miembros obtengan una formación profesional, técnica y humanística, cuyo ejercicio les permita alcanzar niveles de calidad de vida dignos y cónsonos con los DD HH universalmente consagrados.
[1] Elaborar muy cuidadosamente una obra, material o no.












