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versión impresa ISSN 1012-1587
Opcion v.27 n.57 Maracaibo dic. 2008
El desarrollo local sobre la base de la asociatividad empresarial: Una propuesta estratégica*.
Mercy Narváez, Gladys Fernández y Alexa Senior
* Este artículo forma parte del proyecto de investigación titulado La asociatividad como factor de desarrollo regional. Propuesta de un modelo de integración empresarial, CH-0254-2007, financiado por el Consejo de Desarrollo Científico y Humanístico de la Universidad del Zulia.
Universidad del Zulia, Núcleo Punto Fijo. Venezuela. romenarvaez@cantv.net, hurtadoj@cantv.net
Resumen
En la actualidad resulta evidente la existencia de una estrecha interrelación entre los procesos de desarrollo local y la capacidad de las personas u organizaciones, tanto públicas como privadas, de producir concertaciones amplias y generar redes articuladoras de los diferentes esfuerzos con el propósito de conformar las condiciones necesarias que permitan impulsar crecimiento económico y desarrollo social. Enmarcado en dicho contexto, se plantea este trabajo, cuyo objeto es proponer algunas estrategias empresariales que de alguna manera propendan a estimular la dinámica y el desarrollo de las localidades, y que, entre otros aspectos, permitan la conformación de redes capaces de estructurar plataformas económicas que promuevan procesos de cambio para el mejoramiento del bienestar colectivo. Para alcanzar tal propósito, se realiza un análisis descriptivo documental que permite caracterizar algunos elementos del desarrollo local y la asociatividad empresarial. Se concluye que construyendo lazos de confianza, fomentando procesos de cooperación interempresarial y de los sectores empresariales con otras organizaciones públicas, privadas y la comunidad; impulsado procesos evolutivos de especialización y de innovación a partir de compartir conocimientos y el reforzamiento de competencias; identificando escenarios e impactando socialmente, se puede mejorar el desempeño de las empresas y del territorio en su conjunto.
Palabras claves: desarrollo local, asociatividad empresarial, capital social, estrategias empresariales.
Local development based on business associativeness: A strategic proposal.
Abstract
The present time evidences the existence of a close interrelation between the processes of local development and the capacity of people or organizations, public as well as private, to produce broad agreements and generate networks that connect different efforts in order to create the necessary conditions to permit propelling economic growth and social development. This study is framed in this context and its object is to propose some business strategies that somehow lead to stimulating the dynamics and development of towns, and that, among other aspects, permit the formation of networks able to structure economic platforms that promote processes of change for improving collective well-being. To achieve such a purpose, a documentary descriptive analysis was carried out that permits characterizing some elements of local development and business associativeness. Conclusions were that by building bonds of trust, fomenting processes of cooperation between companies and between the business sectors and other public, private and community organizations; by impelling evolutionary processes of specialization and innovation, starting with sharing knowledge and reinforcing competences; identifying scenarios; and impacting socially, the performance of companies and the territory as a whole can be improved.
Key words: local development, business associativeness, joint capital, business strategies.
Recibido: 1 de marzo de 2007 Aceptado: 26 de junio de 2008
INTRODUCCIÓN
El escenario de transformaciones globales ha generado la ocurrencia de interacciones sociales que propenden al desarrollo local, permitiendo que algunas regiones adquieran capacidades para la estimulación de la innovación y el emprendimiento. Al respecto, Boisier (1998) plantea que la globalización reconstituye los aspectos productivos, geográficos, políticos y socio-culturales en una dimensión que transforma la geografía y las cartografías vigentes, provocando un cambio de territorialidad generalizada donde la integración y la parcelación, la globalización y la territorialización devienen en procesos recíprocamente complementarios.
En el nuevo enfoque de desarrollo local ganan lugar aproximaciones teóricas y experiencias prácticas que promueven el control endógeno, el conocimiento local, la vinculación entre empresas, entre el sistema productivo y el sistema tecnológico-científico, la participación e interrelación entre los actores, así como también la ampliación de las capacidades locales.
En este sentido, vale decir que el desarrollo local parte de la capacidad para la integración de visiones e intereses y la concertación de agentes públicos y privados con incidencia en el territorio. Así pues, el desarrollo debe ser visto como el resultado que se genere del esfuerzo organizado del conjunto de la comunidad y, muy particularmente para el aspecto económico, de la capacidad de conformar algo más que una simple aglomeración de empresas por industrias o sectores, donde se adopten nuevos modelos de organización que impulsen la flexibilidad y la descentralización operativa, favoreciendo la constitución de unidades estratégicas de actuación o de negocios, y donde se prioricen acciones colectivas sobre las individuales a través de la conformación de redes que promuevan la dinamización empresarial, el estímulo a las innovaciones y la utilización más eficaz posible de todo el potencial de desarrollo disponible o incorporable al territorio.
Lo anteriormente expuesto permite evidenciar la necesidad de promover procesos que generen la cooperación interempresarial (organizaciones-instituciones) con objeto de mejorar la gestión, la productividad y la competitividad de los sectores empresariales frente al proceso de la globalización y, de esta manera, lograr la subsistencia a través de la asociación con otros. A la luz de dicho planteamiento, esta disertación estará enmarcada en la revisión teórica del proceso de asociatividad empresarial, el cual recoge una de las formas más sofisticadas y avanzadas del llamado proceso de integración empresarial, enfocado desde la perspectiva del desarrollo local. Tal revisión conllevará a proponer algunas estrategias empresariales que fomenten el desarrollo de las empresas y los sectores empresariales que las integran, e impulsen el crecimiento económico y la capacidad competitiva de las localidades.
1. FUNDAMENTOS TEÓRICOS
1.1. La asociatividad empresarial
Según Rosales (1997), la asociatividad es un mecanismo de cooperación empresarial en el que cada una de las empresas que participan mantiene su independencia jurídica y su autonomía gerencial, decidiendo voluntariamente su participación en un esfuerzo conjunto con los otros participantes para la búsqueda de un objetivo común. Los objetivos comunes pueden ser coyunturales, tales como la adquisición de un volumen de materia prima o generar una relación más estable en el tiempo, como puede ser la investigación y el desarrollo de tecnologías para el beneficio común o el acceso a un financiamiento que requiere garantías, las cuales son cubiertas proporcionalmente por parte de cada uno de los participantes.
Ahora bien, el proceso de asociatividad empresarial, desde la perspectiva del desarrollo local, estimula la configuración de sistemas empresariales que buscan la formación de entornos competitivos e innovadores mediante el aprovechamiento de determinadas externalidades derivadas de su agrupación en el territorio, así como también de las ventajas asociadas a la tradición empresarial del territorio y las relaciones comerciales y de cooperación para competir ligadas a la proximidad.
En la práctica, el concepto de asociatividad ha permitido la estructuración de algunas estrategias colectivas que utilizan las empresas para enfrentar el proceso de globalización desde lo local y que algunos autores han denominado cluster empresariales (Porter, 1991), sistemas productivos locales (Vázquez Barquero, 1998), distritos industriales (Becattini, 1979; Marshall, 1980; Amin, 1995; entre otros). Al hacer uso de esta estrategia, la actividad empresarial se realiza en el marco de redes formales e informales, relaciones y determinados eslabonamientos productivos con proveedores, clientes y mercados, reflejando experiencias de endogenización del desarrollo en las que sobresalen algunos aspectos:
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El territorio es concebido como un conjunto organizado de agentes y de instituciones (públicas, privadas, sector científico-tecnológico, organizaciones gremiales, etc.) y recursos que interactúan dialécticamente con el entorno.
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Se rescata la importancia de los factores históricos, sociales, institucionales y ambientales sobre el proceso de transformación socioeconómica de un territorio.
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Se remarca la importancia de la calidad, dotación y orientación de las infraestructuras básicas y los servicios avanzados de apoyo a la producción existentes en el entorno territorial.
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Se priorizan acciones colectivas sobre las individuales y la importancia del establecimiento de redes horizontales, alternativas a las redes jerárquicas públicas y de mercado, que permitan y favorezcan la acumulación e interrelación más rápida de activos y destrezas especializadas, faciliten una mejor información y percepción permanente de las señales del mercado, reduzcan los niveles de incertidumbre y los costes de transacción, presionen a las empresas para innovar e invertir y estimulen la dinámica empresarial (Vázquez Barquero, 1999).
En suma, la asociatividad es una estrategia colectiva que se ha ido constituyendo en un requisito para la sobrevivencia de las empresas, así como en una posibilidad de desarrollar ventajas competitivas.
1.1.1. El capital social y su vinculación con la asociatividad empresarial
A los fines de una mejor comprensión del proceso de asociatividad empresarial, se estima necesario establecer su vinculación al capital social, el cual, según Kliksberg (2000), es un concepto que aún está en construcción, que no tiene una definición aceptada de manera consensual, pero que cada vez más existe la impresión generalizada de que, al percibirlo e investigarlo, las disciplinas del desarrollo están incorporando al conocimiento y a la acción un amplísimo número de variables que desempeñan roles importantes en el capital social. Para Putnan (1995), precursor del análisis del capital social, consiste en rasgos de la organización social, tales como las redes, las normas y la confianza, que facilitan la coordinación y la cooperación para el beneficio mutuo. Por su parte, Luckesh (2000) expresa que el potencial social comprende condiciones contextuales, comportamientos, habilidades, competencias, valores e identidad, que, de acuerdo con muchas experiencias, son conductoras de estrategias para el desarrollo sostenible. De acuerdo con este enfoque, el desarrollo sostenible solo es posible utilizando y fortaleciendo los elementos que componen este concepto y que a continuación se describen:
Principios sistémicos: Competencia, la capacidad y el deseo de hacer mejor lo que otros también hacen. Cooperación, ayuda mutua para alcanzar los objetivos. Participación, compromiso activo en la toma de decisiones y en la materialización de estas decisiones. Subsidiaridad, lograr que, de abajo hacia arriba, cada nivel de decisión y acción delegue lo menos posible hacia arriba, de forma tal que los resultados totales se maximicen al menor costo económico, social y ambiental.
Niveles lógicos: Valores, los principios más permanentes que guían la acción cotidiana. Habilidades, capacidades para alcanzar resultados de un tipo determinado en un campo determinado. Comportamientos, maneras interiorizadas más o menos constantes de responder ante los estímulos. Contexto, conjunto de elementos culturales, tangibles y no tangibles, que rodean la actividad desplegada y la condicionan.
Palancas transformadoras: Visión sistémica, percepción de las realidades como conjunto de elementos que interactúan permanentemente. Aprendizaje colectivo, formas de aumentar el conocimiento mediante el compartir de experiencias empíricas y su análisis continuo. Visión compartida, la que se logra como resultado del aprendizaje colectivo. Auto- gobierno, capacidad de una comunidad para tomar sus propias decisiones y llevarlas a la práctica sin recurrir a niveles superiores de decisión y acción.
En el caso de las empresas, lo que se busca es construir y mantener organizaciones eficientes a través de la confianza y el sentido común, es decir, a través del capital social, el cual las beneficia reduciendo costos de transacción, tales como negociaciones, información imperfecta y capas de burocracia innecesaria.
Según Castellano (2005), el capital social afecta a las empresas de cuatro formas: a) Dentro de la empresa: promueve una mejor coordinación entre individuos y departamentos; el trabajo en equipo puede mejorar la eficiencia y la calidad, con lo que es probable que trabajadores y accionistas sientan crecer un sentido de orgullo en su trabajo, siendo parte de una entidad que hace una contribución positiva a su comunidad entorno. b) Entre empresas: la confianza es el fundamento de la cooperación, y afrontar negocios en conjunto desarrolla relaciones más profundas que pueden servir en el futuro para otros proyectos. c) Entre sectores: reconocer la importancia de las asociaciones intersectoriales, tanto para negocios sostenibles como para el desarrollo sostenible, promueve sinergias, interdependencia y capital social entre el sector público, el sector privado y la sociedad civil. d) Dentro de la sociedad: el capital social afecta a los tipos de empresas que son exitosas, creando un ambiente positivo o negativo para el desarrollo del sector privado.
Sin embargo, cuando el capital social es desarrollado con los socios incorrectos o cuando los niveles de confianza se ven confinados y no existe suficiente autonomía, las empresas pueden sufrir por información falsa, pecar por ingenuidad, perder reputación y, por último, ver disminuir sus beneficios. Por otra parte, el capital social puede tomar la forma de corrupción dentro de una empresa o entre empresas o entre empresas y gobierno. Los carteles, por ejemplo, son el resultado del capital social cuando un grupo de empresas se unen para establecer precios muy altos para sus productos, rompiendo así la competencia, lo cual es bueno para ellas, pero terrible para los consumidores.
En resumen, como resultado de las relaciones que surgen enmarcadas dentro del concepto de capital social emerge la estrategia colectiva de asociatividad empresarial, la cual tiende a fortalecer la confianza y los mecanismos de cooperación entre empresas con el objeto de crear sinergias permanentes dentro de estas.
1.1.2. Sistemas productivos locales
La promoción del desarrollo económico local plantea la configuración del modelo de producción mediante una red de empresas que conforman la columna vertebral de los sistemas productivos locales. La red (Hakansson y Johanson, 1993) está formada por los actores locales, los recursos (humanos, naturales, infraestructuras), las actividades económicas (de carácter productivo, comercial, técnico, financiero, asistencial) y sus relaciones (interdependencia e intercambios). Las relaciones dentro de la red permiten que los actores intercambien no solo productos y servicios, sino también conocimientos tecnológicos y pautas de comportamiento. En los sistemas productivos locales, las relaciones se basan en el conocimiento de los agentes entre sí, en la confianza mutua que se ha ido incrementando paulatinamente, así como en el beneficio que deriva del comercio y el intercambio.
Vázquez Barquero (1998) expone que la constitución, en un territorio, de un sistema local productivo formado por varias empresas (generalmente pequeñas y medianas) especializadas en la fabricación de un producto favorece los intercambios en mercados múltiples, lo que permite el surgimiento de economías de escala externas a las empresas, pero internas al sistema productivo local, y la reducción de costes de transacción. Las externalidades a que dan lugar los sistemas locales de empresas generan rendimientos crecientes y redundan, por lo tanto, en el crecimiento de la economía territorial. Además, cuando la tecnología disponible permite a las empresas especializarse en partes del proceso productivo y recomponer la producción a nivel de distrito productivo, las economías de escala se ven reforzadas, lo que proporciona ventajas competitivas a las empresas locales en los mercados nacionales e internacionales.
La capacidad empresarial y organizativa fuertemente articulada a la tradición productiva de cada territorio propicia una intensa rivalidad en el mercado local, lo cual es un factor determinante de la competitividad interna y externa de las empresas locales. En tal sentido, el sistema de relaciones y conexiones entre actividades y empresas es parte de la cultura social y productiva del territorio y toma formas diferentes en cada localidad o región.
En definitiva, la confluencia de los intercambios de productos y recursos entre las empresas, la multiplicidad de relaciones entre los actores y la transformación de mensajes e información entre ellos propicia la difusión de las innovaciones, impulsa el aumento de la productividad y mejora la competitividad de las empresas locales. Según expresa de manera simplificada Vázquez Barquero (1998), las localidades y regiones necesitan reestructurar su sistema productivo, de manera de elevar la productividad de sus actividades agrarias y empresas industriales y de servicios, aumentando así su competitividad en los mercados locales y externos. Para ello es preciso no solo reestructurar el sistema económico, sino también ajustar el modelo institucional, cultural y social de cada territorio a los cambios del entorno y de la competencia.
1.2. Desarrollo local
Para algunos, la sociedad latinoamericana ya sería demasiado compleja y estaría demasiado articulada al sistema internacional como para que puedan introducirse cambios en los estilos de desarrollo; otros, en cambio, piensan que es urgente identificar los elementos de estilos de desarrollo alternativos, para crear así nuevas propuestas de transformación en el horizonte del tercer milenio. Esto fue lo que motivó el encuentro de unos 50 sociólogos en una mesa redonda que tuvo lugar en Santiago de Chile, en la sede de la Cepal, a comienzos de 1986.
En vista de que el contexto internacional se percibía menos favorable en el futuro, se subrayó la necesidad de volcar los esfuerzos de desarrollo hacia adentro, basados en las potencialidades endógenas de la región, a fin de lograr un desarrollo autosostenido. Es así como comienza a cobrar importancia la necesidad de aprovechar iniciativas de desarrollo de menor escala, ligadas a dinámicas locales con una fuerte movilización del potencial humano, económico y hasta geográfico (Romero, 2002).
En este contexto, Grosjean y Maillat (1998) exponen que considerar lo local como una unidad de análisis, como lo hace el enfoque de desarrollo local, significa adoptar una categoría que permita enlazar los procesos sociales, económicos, tecnológicos, ambientales y culturales con las prácticas políticas y las estrategias para asegurar la emergencia de capacidades endógenas de desarrollo. Así, las regiones tienen la posibilidad de promover una dinámica local fundamentada en la acumulación territorial de los recursos colectivos específicos necesarios para el desarrollo de su sistema económico productivo y de su entorno institucional.
Por su parte, Alburquerque (1997) considera que el desarrollo en el ámbito de lo local puede entenderse como un proceso de transformación de la economía y la sociedad locales orientado a superar las dificultades y retos existentes, que busca mejorar las condiciones de vida de la población a través de la actuación decidida y concertada entre los diferentes agentes socioeconómicos locales (públicos y privados) para el aprovechamiento más eficiente y sustentable de los recursos existentes mediante el fenómeno de las capacidades de emprendimiento empresarial locales y la creación de un entorno innovador en el territorio.
En concordancia con lo antes expuesto, Vázquez Barquero (1998) expresa que el enfoque de desarrollo local reconoce la importancia de los sistemas productivos locales en la motorización del crecimiento y los procesos de cambio estructural de los territorios. Este se fundamenta en la idea de que los sistemas productivos existentes en las ciudades y regiones crecen y se transforman gracias a la utilización del potencial de desarrollo presente en el territorio mediante las inversiones de capital realizadas por los actores locales, empresariales y públicos, bajo el control creciente de la comunidad.
De lo planteado se deriva que el proceso de desarrollo local vincula estrechamente los aspectos sociales, económicos, culturales, políticos, ambientales y administrativos con el objetivo fundamental de elevar el nivel de vida de la población de una localidad, y en consecuencia, según expone García (2004), se pueden identificar cuatro dimensiones del enfoque de desarrollo local, a saber:
La económica, caracterizada por la existencia de un sistema productivo que permite a los agentes locales utilizar con criterios de eficiencia los recursos productivos disponibles a fin de incrementar los niveles de productividad y competitividad. La sociocultural, integrada por el sistema de relaciones socioeconómicas predominantes, las instituciones locales y el sistema de valores de una sociedad, factores que constituyen el fundamento de orden sociocultural del proceso de desarrollo de un territorio. La política y administrativa, en la cual se destaca la importancia de las iniciativas de los agentes locales para formular políticas territoriales orientadas a crear el entorno local adecuado para impulsar el incremento de la producción y un desarrollo sostenible en el largo plazo. La ambiental, en la cual se destaca el aspecto relacionado con la sustentabilidad de cualquier opción o actividad transformadora del medioambiente.
Finalmente, cabe destacar que, desde la praxis, las experiencias del desarrollo local exitosas presentan una serie de rasgos comunes, que Castellanos (2005) destaca:
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Utilizan mayoritariamente recursos locales: humanos, financieros, empresariales, naturales, urbanos, de localización.
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Sus protagonistas suelen ser pequeñas empresas vinculadas al capital local y que pertenecen a las industrias tradicionales, como las textiles, de calzado, alimentos o arcilla, o bien a sectores tecnológicamente más avanzados, como las de productos farmacéuticos, informática o biotecnología, entre otras, y al sector servicios, como las de turismo o apoyo a empresas.
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Las primeras se encontrarían distribuidas en toda la región. Las segundas estarían localizadas en las cercanías de las ciudades más grandes al requerir personal calificado y fácil acceso a los servicios avanzados.
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Suelen disponer de mano de obra abundante y barata, usualmente con nivel de calificación y adiestramiento de base artesanal y con capacidad de adaptación al trabajo.
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Para garantizar la viabilidad de sus procesos productivos, tienden a estar bajo el control de instancias e instituciones locales.
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Se apoyan en la concertación económica y social entre los agentes interesados y entre las instancias de poder.
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Se encuentran frecuentemente a medio camino entre las iniciativas individuales y el apoyo oficial.
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Les resultan más útiles las ayudas blandas, como asesoramiento, información, formación, mejoras gerenciales, que las ayudas duras, como lo son las subvenciones a fondo perdido.
2. ELEMENTOS CLAVES PARA LA ASOCIATIVIDAD EMPRESARIAL BAJO LA PERSPECTIVA DEL DESARROLLO LOCAL
En este artículo se identifican algunos elementos que se consideran fundamentales, sin los cuales es imposible que se generen procesos de asociatividad entre las empresas y, en consecuencia, procesos de desarrollo en localidades. Entre ellos destacan:
Competencia. Esta se caracteriza por la existencia de contiendas entre las distintas empresas que intentan obtener ventajas competitivas enfrentándose a diferentes rivales, en las cuales, por la propia dinámica de la pugna, se crean y mejoran productos y procedimientos, lo cual se traduce, con el tiempo, en procesos de elevación de la productividad. Sin embargo, tal como lo plantea Mas Herrera (2005), la utilización exclusiva de la competencia como única forma de acción económica no ha generado en algunas economías el efecto de productividad esperado. Por el contrario, algunas veces la competencia entre empresas en una misma localidad ha impedido el fortalecimiento corporativo, minimizando la calidad de la producción y causando la pérdida de mercados como consecuencia de la fuerte competencia foránea.
Por tal razón se estima necesario que para dar origen a procesos de asociatividad entre empresas se hace imprescindible la existencia de los competidores, pero también es necesaria la cooperación entre ellos y entre otros agentes económicos, tales como: proveedores, canales de distribución, municipios, gobierno regional, organismos no gubernamentales.
Cultura empresarial de cooperación. Según lo plantea Mas Herrera (2005), la cooperación consiste en aumentar el grado de intercambio y apoyo entre los participantes de una economía, particularmente en ciertas industrias y sectores específicos, para que el resultado del juego económico sea exitoso para todos los agentes participantes. Para competir en un mundo globalizado es necesario cooperar. La cooperación se revela como una estrategia que maximiza las potencialidades económicas en sectores industriales y en la economía, pues define los obstáculos y problemas a lo largo de la cadena productiva y de comercialización, trayendo como consecuencia un incremento de la eficacia y mayores beneficios en términos generales.
Confianza y compromiso. La eficacia de los acuerdos entre empresas para lograr el desarrollo local solo es posible si los actores involucrados son capaces de mantener entre ellos el compromiso, la confianza y la cooperación para alcanzar las metas y objetivos establecidos. Además, es necesario que estos acuerdos sean perdurables.
Trabajo en equipo. Para que se logre la asociatividad entre las empresas de una región o localidad y el consecuente desarrollo, se debe establecer un sistema de relaciones de trabajo y conexiones entre ellas que se constituya en parte de una cultura social que se fortalezca en el tiempo, sobre todo al considerar que la manera tradicional de hacer negocios es de forma individual. Por tal razón, Vázquez Barquero (2000) señala que los procesos de innovación y desarrollo solo funcionan cuando se producen fuertes vinculaciones entre quienes desarrollan las actividades industriales y de servicios, que dan lugar a redes que contienen diferentes tipos de tecnología, métodos de gestión, formas de financiación y calificación de recursos humanos.
Propósitos, objetivos y acuerdos (visión compartida). La estrategia de desarrollo económico local se basa en la existencia de propósitos y relaciones económicas, sociales y políticas comunes entre empresas y actores. La eficiencia de las acciones reside en el acuerdo de los actores para lograr el desarrollo local (Vázquez Barquero, 2000).
Localización-proximidad. Se requiere de un contexto local que se constituya en un entorno capaz de favorecer el estímulo de las organizaciones empresariales que se encuentran asentadas en él. En tal sentido, Alburquerque (1997) señala que los aspectos que potencian el desarrollo tienen que ver con la estructura productiva local, el mercado de trabajo local, la capacidad empresarial y la tecnológica existente, los recursos naturales o ambientales, el sistema de crédito local, la estructura social y política, el patrimonio histórico y la cultura local.
3. ESTRATEGIAS DE ASOCIATIVIDAD EMPRESARIAL Y ALGUNAS IMPLICACIONES EN LOS PROCESOS DE DESARROLLO LOCAL
Para que las localidades logren alcanzar cierto nivel de desarrollo, se estima necesario que los sectores empresariales asentados en ellas cuenten con los elementos claves para generar procesos de asociatividad y que además logren desarrollar algunas competencias asociativas que implican un proceso paulatino. Este proceso consiste en desbordar lecturas atomizadas y particulares sobre la empresa, el sector, el país, hacia una lectura sistémica que facilite el encadenamiento armonioso de estructuras políticas, financieras, de producción y de mercados, soportadas por nuevas instituciones normativas y políticas y haga posible la articulación de estas unidades para enfrentar la dimensión global en función de las ventajas competitivas particulares del contexto (Benavides, 2002).
En tal sentido, se requiere entonces de la formulación de algunas estrategias que sirvan para potenciar el desarrollo de sectores empresariales y, a su vez, promuevan el crecimiento económico y la capacidad competitiva de las localidades. Entre las estrategias que se proponen en esta investigación, se destacan las siguientes:
Conducta de integración y cooperación. Como resultado de las actuales tendencias (apertura de los mercados y globalización), se han desarrollado entre las empresas redes de cooperación que se caracterizan por la conformación de vínculos estables entre ellas, los cuales son de naturaleza legal, si están basados en contratos, o de confianza, cuando no existen contratos formales (Francés, 2008). Esta manera de integración busca que muchas empresas desde sus localidades se adapten al nuevo cosmopolitismo de la economía global, conjugando conocimiento, competencia y conectividad, a la vez que se proporcionan entre sí la capacidad para atraer los recursos faltantes, lagunas, a través de la cooperación y, de esta manera, hacerse estratégicas en términos de competitividad (Azua y Andersen, 2000).
La cooperación puede darse de manera horizontal (entre pares), a través de los consorcios, la investigación conjunta, los acuerdos especiales para acceso a tecnologías o mercados, entre otras formas señaladas por Villalba (1996), y por la cooperación vertical o jerárquica, a través de la integración entre los proveedores de insumos y los distribuidores de productos.
La integración horizontal entre varias empresas genera como resultado la reducción de redundancia y las economías de escala, pues, según plantea Mas Herrera (2005), se disminuyen los costos de producción, ya sea por obtención de materia prima o por el ahorro de compartir algunos procesos tecnológicos o servicios técnicos semejantes. Las economías de escala se constituyen en requisito para el ordenamiento y la consecución de la estrategia económica que permite alcanzar el desarrollo local. Además, se logra a través de ellas la ampliación, expansión y capacidad de absorción de los mercados, y se mantiene así la ventaja que otorga la existencia de la estructura de costos decrecientes.
Por otra parte, la integración vertical optimiza el flujo de productos y la vinculación entre los diferentes entes de una cadena de producción, lo cual impulsa el aumento de la eficiencia y mejora la competitividad de las empresas involucradas.
Cabe señalar, además, que para alcanzar un proceso de cooperación e integración exitoso entre sectores empresariales se requiere la conformación de una política industrial activa que genere los mecanismos sociales de coordinación, cooperación y apoyo a la acción individual mediante la concertación de los factores de producción, así como la participación de los gobiernos (nacional, estadales y municipales) y los organismos empresariales en cada localidad.
Compartir conocimientos y reforzar competencias. La irrupción del paradigma científico-técnico trae aparejada la aceptación, por parte del sector empresarial, del conocimiento como núcleo de la innovación y, por ende, de la competitividad. De este modo, las organizaciones empresariales han de asumir la responsabilidad de fomentar, en el interior de sus procesos de producción y estructuras, la capacidad de soportar la producción de conocimiento innovador, tomando en cuenta el conocimiento tácito por ellas poseído, expresado en información e insumos para la producción de bienes, prestación de servicios y soluciones innovadoras sobre la base de sus competencias empresariales. Lo que se busca es generar procesos de aprendizaje colectivo e incrementar el conocimiento mediante el compartir experiencias y su análisis permanente.
Identificación de escenarios factibles. Se hace necesario que los empresarios reconozcan los escenarios posibles, los recursos disponibles y las capacidades locales, como la innovación, la creatividad, la capacidad emprendedora de los agentes locales, la solvencia técnica y de gestión de recursos humanos, la capacidad organizativa de las personas y organizaciones públicas y privadas, la capacidad de articulación con el entorno institucional y mercadológico, la capacidad de liderazgo y de generación de diálogos. Todo esto con el fin de desplegar acciones que permitan el acceso a la construcción de un nuevo orden social, incluyente, participativo, en el que se amplíe su proyección en el consenso encadenado de las instituciones, con regulaciones normativas políticas y financieras, coherentes y estables, para transmitir y recibir información, además de recursos, como estrategia global de protección, desarrollo y fortalecimiento de un sector determinado (Benavides, 2002).
En concordancia con lo antes mencionado, Gabiña (1997) refiere que en la estrategia industrial, los empresarios, más que prever el futuro, deben crearlo o inventarlo, bien sea a través de la innovación pura o de la puesta en marcha de proyectos que asuman el largo plazo y tengan en cuenta la cooperación de diferentes competencias. Para un empresario, la imagen o el sentido que se le da a la representación de una realidad futura deseada y que se quiere construir debe ser un concepto que conduzca a la acción. De esta manera, el futuro se transforma en la razón del presente.
Cooperación con organizaciones gubernamentales. El objetivo de todo gobierno es proporcionar riqueza y bienestar social a sus ciudadanos, incrementándolos a lo largo del tiempo. Por ello, el papel de estos gobiernos se fundamentará en su capacidad para facilitar el desarrollo de industrias y empresas en su ámbito territorial de responsabilidad, generando un clima adecuado y desarrollando políticas públicas en la línea con necesidades específicas de las empresas y sectores empresariales (Azua y Andersen, 2000). En concordancia con lo antes planteado, García (2000) señala que se debe incorporar a la gestión pública una perspectiva catalizadora, potenciadora o articuladora, con tendencia hacia un rol más activo e inductor de la localidad, que sea facilitador de oportunidades más que un redistribuidor de recursos públicos, pero con un mayor compromiso con los distintos sectores para definir el perfil productivo regional.
No obstante, las organizaciones empresariales y los sectores que las integran también pueden contribuir, a través de procesos de asociación y cooperación, con las diferentes organizaciones del Estado para atender necesidades concretas y complementar su labor, y de esta manera fomentar una mejor calidad de vida para la comunidad en general e impulsar el progreso del marco regulativo para la implantación de nuevas empresas y sectores que contribuyan al desarrollo de la sociedad.
Impacto social y cooperación con la comunidad. Los sectores empresariales deben atender las necesidades más importantes del colectivo con productos accesibles a la mayoría y dando prioridad al uso de recursos de carácter local. Además, deben cuidar potenciar el impacto positivo y reducir o eliminar el impacto negativo de sus actividades sobre el entorno humano y ambiental (Blanco y Francés, 2008). En este contexto, las empresas, de manera conjunta, deben crear condiciones que permitan satisfacer a los clientes, ofrecer productos de calidad, rendir cuentas a sus accionistas, cumplir con los proveedores, respetar a sus competidores, fomentar el bienestar de sus trabajadores, la sustentabilidad del medioambiente y contribuir a mejorar las condiciones de vida de la comunidad a la cual pertenecen (Lemaresquier, 2004).
CONSIDERACIONES FINALES
La asociatividad entre empresas para el desarrollo local debe ser concebida como un proceso con un sentido práctico, en el que los actores involucrados deben percibir el mejor modo para desarrollar sus propias estrategias y alcanzar sus objetivos. En tal sentido, tal proceso no puede tener un carácter ocasional, pues es una de las pocas maneras que tienen los sistemas productivos que están vinculados a través de la proximidad no solo geográfica, sino fundamentalmente organizativa e institucional, de dar respuesta desde lo local a las amenazas externas y al impacto del llamado proceso de la globalización.
Por ello, para lograr una gestión adecuada del desarrollo a través de los procesos de concertación, relacionamiento y asociatividad de los actores de una localidad, se requiere de la formulación de políticas que propendan a generar un conjunto de interacciones, negociaciones, coaliciones y contratos entre individuos y organizaciones que compiten para alcanzar sus objetivos, con el propósito de modificar la relación de fuerzas reales que permitan un desarrollo humano, eficiente, equitativo y sustentable.
Además, resulta imprescindible que tales políticas partan de una visión de integración del conglomerado de agentes e instituciones públicas y privadas con incidencia en el territorio, pues ya hay evidencias de que existe una estrecha interrelación entre los procesos de crecimiento económico y el desarrollo de las localidades, y entre la competitividad de las organizaciones empresariales y las localidades donde estas se encuentran ubicadas.
Enmarcado en este contexto y desde una visión de asociación empresarial local, lo que se propone es la generación de algunas acciones que propendan a mejorar el desempeño de las empresas y del territorio en su conjunto, construyendo lazos de confianza, fomentando procesos de cooperación interempresarial y de los sectores empresariales con otras organizaciones públicas y privadas e impulsando procesos evolutivos de especialización y de innovación a partir de compartir conocimientos y del reforzamiento de competencias para lograr un aprendizaje colectivo.
Sin embargo, para alcanzar tal situación, se requiere un cambio cultural profundo, que permita el encuentro de saberes particulares, de intereses sectoriales y de lógicas contrapuestas. Es decir, un cambio cultural que fomente la confianza existente entre los actores de la sociedad, las normas de comportamiento cívico y las capacidades relacionales. Dicho en otras palabras, que fomente el capital social.
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