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Cuadernos del Cendes

versión impresa ISSN 1012-2508versión On-line ISSN 2443-468X

CDC v.50 n.50 Caracas mayo 2002

 

Reseña bibliográfica

Teoría de la profesión política. Corruptos, «milicos» y demagogos 

Fernando Mires

 

Faces-UCV. CDB Publicaciones, Caracas, 2001, 234 p.

Éste es uno de esos libros que muy difícilmente pueden dejarse a la mitad sin sentir que nos quedamos en deuda con algo muy importante. Porque este texto está hecho para alertarnos sobre los riesgos que permanentemente nos acechan de perder la política como modo de convivencia que nos previene de la violencia y de la muerte, por lo cual su lectura es casi un compromiso de vida en estos tiempos en los cuales, una vez más y como siempre, este peligro es una acechanza.

Las dos más importantes ideologías de la modernidad, sostiene Fernando Mires, el liberalismo y el marxismo, contienen fuertes potencialidades antipolíticas y por tanto han sido portadoras del riesgo de que la política se extinga. La primera, porque mercantilizando la vida neutraliza la política; la segunda, porque al imponerse totalitariamente sobre la sociedad la cancela.

La filosofía política renace en estos días, gracias a la urgencia de «reordenar la convivencia», como apunta Mires, no sólo en las pequeñas polis, que es como decir los estados-nacionales, sino también en la polis global, ayuna de una arquitectura jurídico-política que norme de algún modo las desatadas y agresivas fuerzas del mercado, desacopladas de toda responsabilidad social.

No se ocupa Mires de esto último en el texto que analizamos porque no es ése su objetivo, pero sí lo es la recuperación filosófica del sentido de la política desde una perspectiva que va mucho más allá de sus expresiones formales institucionalizadas, sin dejar por eso de incorporarlas en su análisis. Pero está claro: en la ausencia de nociones y convicciones sobre lo político como regulación necesaria del poder, como espacio donde es posible el nosotros, es muy difícil diseñar una arquitectura que regule los poderes globales. De allí el reactualizado interés por la filosofía política, desde donde nos habla Mires en este texto.

Las páginas de esta obra nos advierten sobre las amenazas que se ciernen sobre la sociedad en este período histórico «postotalitario» en el cual la política no tiene como tarea confrontarse con una negación central de ella misma que resume todas las demás, como fue el caso de los estados totalitarios, sino que debe hacerlo con una multiplicidad de oposiciones que por su carácter antipolítico afirman la existencia misma de la política, es decir, hacen posible que la sociedad se defienda en aras de preservar la política. Este punto, a nuestro juicio, es de fundamental para América Latina hoy cuando respuestas defensivas a la globalización, desde algunos liderazgos fundamentalistas emergentes, en nombre de la pobreza y la nación, pueden arrojarnos de vuelta a la oscuridad de estadios pre-políticos, contra-democráticos.

Teoría de la profesión política. Corruptos, «milicos» y demagogos recobra la palabra de tres filósofos ausentes, con el fin de comprender a la política como construcción humana de la razón y de la inteligencia, en una suerte de triálogo, como señala el mismo Mires, donde cada voz complementa a la otra. Max Weber, Carl Smichtt y Hannah Arendt son esas tres voces fundamentales de la modernidad tardía, cuyo pensamiento es a su vez vinculado en el texto con fundadores del pensamiento político como Hobbes, Maquiavelo o Aristóteles, en un intento del autor de aterrizar en la política por la vía de los que la ejercen profesionalmente o, al revés, desnudar el ejercicio de éstos a partir de una interpretación filosófica de la misma.

El libro está compuesto de cuatro partes. La primera aborda la compleja relación entre política y poder bajo la idea de que quien habla de política habla de poder, aunque el objetivo de la política sea precisamente la regulación del poder. La segunda se ocupa de la corrupción como cualidad inherente al quehacer político; la tercera constata la amenaza siempre presente de los corruptos, los «milicos» y los demagogos, de regresarnos a la barbarie, esto es, a formas sociales antipolíticas o prepolíticas. La cuarta y última parte gira en torno a la vinculación entre política y moral y los dilemas que para el ejercicio de la política plantea esa relación.

Como dijimos al principio, la lectura de este nuevo texto de Fernando Mires es de importancia vital en estos tiempos en los que debemos obligar a la incertidumbre –que domina todo el paisaje– a concederle por lo menos un espacio a la certeza: aquella que se sostiene en la política como único modo de garantizarnos la existencia social porque de ella se nutre el respeto por el otro, de quien también está hecho el yo, porque ella acepta el uno del cual también está hecho el nosotros.

La democracia como la forma superior de la política que la sociedad se ha dado, la democracia como procura, tal como la entendiera Robert Dahl, tiene en estas páginas sin duda alguna una de sus mejores contribuciones.

Nelly Arenas

Profesora-Investigadora del Área de Desarrollo Sociopolítico

del Cendes, Universidad Central de Venezuela