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Cuadernos del Cendes

versão impressa ISSN 1012-2508versão On-line ISSN 2443-468X

CDC v.26 n.71 Caracas ago. 2009

 

Conferencia

Los primeros 25 años de Cuadernos del Cendes

Hebe Vessuri *

* Investigadora Titular del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Miembro del Comité Asesor Revista Cuadernos del Cendes.

La memoria y la historia de las disciplinas pueden albergar visiones profundamente sugerentes y a menudo olvidadas acerca del funcionamiento de la naturaleza y de la mente humana, así como de las elecciones y opciones seguidas o no en distintos momentos cruciales de nuestras vidas y de los países.

Las ciencias sociales no pueden entenderse independientemente de sus orígenes históricos y humanos. A menudo se enseñan como si lo fuesen. Pero tampoco las ciencias «duras» lo son. Todas son empresas humanas de principio a fin, con procesos de crecimiento orgánico, evolutivo, con hallazgos repentinos y períodos de estancamiento, y también con extrañas desviaciones. Se desarrollan a partir de su pasado, pero nunca lo superan, del mismo modo que nosotros tampoco superamos nuestra infancia como parte de nuestra identidad.

La Revista Cuadernos del Cendes (RCC), con un respetable cuarto de siglo a sus espaldas, es un repositorio extraordinario de momentos importantes, algunos de los cuales olvidados y hoy desconocidos de la historia de las ciencias sociales y de la sociedad venezolana, que vale la pena revisitar. Porque fue testigo comprometido de ese cuarto de siglo de la sociedad nacional, a través de los variados aportes de los autores que la eligieron como vehículo para dar a conocer los resultados de sus reflexiones y estudios.

El placer del lector reside en descubrir, a partir de los textos de una variada gama de autores, cosas que de otro modo jamás llegaría a conocer o tan siquiera a sospechar. Y esto es lo que la lectura y relectura de algunos ejemplares de la revista, correspondientes a distintos períodos, me produjo.

Por ejemplo, al tratar de recordar cómo fue el origen de la revista, volví al número 1 y encontré la nota de presentación, donde se instala claramente el compromiso del Cendes, y por consiguiente de la revista misma, con la realidad venezolana. Como para que no quedase ninguna duda de la voluntad de sus creadores, el título de la Presentación era: «Investigación y política».

El texto, breve, es esclarecedor y contundente. Se sintetiza allí lo que había sido el programa de investigación del Cendes en las dos décadas previas y el mensaje de la institución a la sociedad venezolana en esos momentos. Me refiero a la crisis del 82-83. Se cita allí un texto de 19701 donde, después de hacer un exhaustivo análisis del sistema sociopolítico, José Agustín Silva Michelena pronosticaba lo siguiente:

Hacia 1984 la economía entrará de nuevo en uno de sus puntos críticos. El que se pueda o no salir de esa encrucijada depende en gran parte de la eficiencia con que se realice la industrialización. Si las nuevas industrias son capaces de competir con éxito en el mercado mundial, puede decirse entonces que estarían dadas las bases para crecer hacia afuera; si no, las perspectivas son las de un largo estancamiento semejante a aquellos que han pasado desde hace unos treinta años en Argentina y Chile.

Estudios realizados sobre la economía venezolana, basados en un modelo de experimentación numérica y publicados un año más tarde,2 reforzaban las conclusiones anteriores y permitían hipotetizar que una política basada en la «búsqueda de un proyecto original de sociedad incorporando creativamente los logros alcanzados en otros países» podría lograr «las metas de satisfacción de necesidades (…) por no presentarse estrangulamientos en el sector externo y no observarse brecha de desocupación».

Como el estudio concluía afirmando la necesidad de un cambio drástico de estructuras del sistema socioeconómico, se planteaban dudas sobre su viabilidad política, más aún tomando en cuenta, como lo hacían las investigaciones del Cendes, que:

De las investigaciones realizadas se desprende que la elite dominante en el país carece de la necesaria homogeneidad y espíritu emprendedor y perspectiva nacional como para diseñar y aplicar un programa eficiente de desarrollo económico. Por el contrario, la elite se halla en un impasse del cual es muy difícil que salga sin que se produzcan cambios sustantivos en la orientación del desarrollo nacional. (Prospecto del Cendes, 1973-1974).

Lo que siguió a esos años demostró que el análisis prospectivo del Cendes era acertado. Pese a que no se previó la nacionalización de las industrias del hierro y del petróleo, ni otros fenómenos importantes como el aumento de los precios petroleros de 1973 como consecuencia de la guerra árabe-israelí, por tratarse de diagnósticos estructurales, basados en investigación científica, se logró captar tendencias no alterables por hechos como los mencionados. Desde mediados de 1977, la economía venezolana comenzó a mostrar signos de estancamiento. A pesar del segundo shock petrolero (1980-1981), dicha tendencia continuó.

Se interpretaba la situación de falta de resonancia en las esferas del poder político nacional argumentando que el desencuentro entre la investigación científica y la política es «lo normal» en una sociedad dependiente, condición inherente de Venezuela. Y se concluía diciendo:

No somos tan ingenuos para creer que de repente surgirá una nueva racionalidad que hará que el bloque en el poder cambie de rumbo motu propio. Sin embargo, nos queda la esperanza que las fuerzas sociales que aspiran a un cambio aprovechen los resultados de las investigaciones científicas, como las que se presentan en esta primer número de la RCC, para definir sobre bases más sólidas sus proyectos nacionales.

El motor indiscutible de la nueva RCC y su primer director fue José Agustín Silva Michelena.

A través de los nombres que se recogen en ese primer número de la revista y en los que le siguen de esa primera década podemos reconocer a muchas figuras que serían importantes en el país y en América Latina en décadas posteriores, con distintas inserciones y compromisos con los procesos sociopolíticos que se dieron, pero en las primeras filas del debate político e ideológico. Esos primeros números, a pesar de ser fundamentales en términos de contenido, no fueron incluidos en el Catálogo 1993-2008, seguramente porque la revista en ese lapso no consiguió salir con la regularidad esperada de las publicaciones periódicas y a las que nos han acostumbrado los especialistas en bibliotecología y bibliometría,

José Agustín estaba claro en el sentido a darle a la revista. Desde el comienzo de sus actividades, el Cendes había publicado sus trabajos en la serie mimeografiada «Cuadernos del Cendes». Si bien esas publicaciones habían tenido difusión en el país, tenían las limitaciones derivadas de su reducido tiraje, en particular una escasa circulación internacional. La revista, que mantendría ese mismo nombre, entraba en la arena de las revistas de ciencias sociales del país con el propósito claro de ampliar el ámbito de proyección del Cendes en Venezuela y América Latina, razón por la cual se publicaría cuatrimestralmente y tendría un tiraje inicial de 3.000 ejemplares (digamos, dicho sea de paso, que esa expectativa era totalmente desmesurada.

En 1993, cuando Rosa Lucía Celi se incorporó al Departamento de Publicaciones del Cendes, se encontró con un tiraje de 1.500 ejemplares que ese año se redujo a 1.000, hasta el año 2000 en que nuevamente se redujo, esta vez a 500, mientras que se comenzaron a aprovechar los beneficios de la cobertura en Internet a través de los portales del propio Cendes, de Scielo, Redalyc y Revencyt, que la reproducen a texto completo.

También desde el inicio se decidió que la revista cubriría las áreas en las cuales el Cendes hacía investigación: desarrollo económico, sociopolítico, socio-histórico, cultural-educativo, regional y urbano; ciencia y tecnología, y teoría y método de la planificación. Los descriptores temáticos del catálogo 1993-2008 muestran una distribución temática bastante consistente con estas áreas, a las que se le han agregado algunos temas que han venido ganando peso, como el ambiental.

A lo largo de sus dos décadas y medio de existencia, la RCC ha experimentado cambios que reflejan la propia evolución del instituto del mismo modo en que esos cambios han derivado de los ocurridos en los propios campos que nutren sus colaboraciones.

Los temas que han sido objeto de publicaciones en la RCC cubren aspectos como los referidos a la economía en sus diversas variantes, incluyendo el capitalismo, la competitividad, las condiciones económicas, el desarrollo económico y social, la política económica y la reforma económica. El análisis sociopolítico incluye descriptores como el de análisis político, la descentralización, comportamiento político, Chávez, elecciones, Estado, gobierno local, análisis histórico, democracia, participación política, partidos políticos.

El cambio social, la agenda social, las clases sociales, condiciones sociales, consecuencias sociales, política social, son otros aspectos incluidos. Temas relacionados con el mercado laboral, relaciones laborales, sindicalismo, movimientos sociales, industria. Obviamente estoy dejando fuera una cantidad de temas, entre ellos algunos que me son muy caros, relacionados con la educación, la ciencia, la tecnología y la innovación.

En cuanto a la cobertura geográfica, como podemos esperar Venezuela ocupa el grueso de la atención. Le sigue América Latina con poco más de un tercio, que sumado a los trabajos sobre América del Sur, Caribe y América Central, llega prácticamente a la mitad.

En los primeros seis números que, para darle un nombre, bautizaría como fase heroica por la ambición, el esfuerzo y la generosidad de sus integrantes, la organización del contenido de la revista se centró en dossiers temáticos. Al primero, «Elementos de la crisis económica mundial y de Venezuela» al que hemos hecho referencia, le siguió el número 2/3 sobre «Dilemas de la educación en Venezuela», que reunió materiales que sintetizaban las hipótesis, líneas analíticas, avances y resultados de proyectos, indicativos de las tendencias de la escolarización en Venezuela.

Argumentaba Ramón Casanova, en la introducción a dicho número, que una educación socialmente abierta y culturalmente común, como era la venezolana, se encontraba ya en dificultades serias para mantenerse debido a una gestión altamente centralizada, a una no menos aguda estratificación de centros y clientelas y, un agotamiento progresivo de los mecanismos financieros. La larga tradición igualitarista y liberal que había hecho posible una democratización, facilitando el acceso de grupos medios sin ninguna tradición cultural previa, se derrumbaba al hacerse cada vez más estrecha la relación entre crecimiento y escolarización y fracaso escolar, dentro de la cual esta última indicaba la acumulación de problemas específicamente escolares debidos al deterioro de la eficacia comunicacional y la productividad pedagógica del modelo de enseñanza, pero también a la incapacidad de la organización escolar para adaptarse a las nuevas condiciones y desafíos que el desarrollo venía introduciendo.

En el caso de la educación superior, las nuevas condiciones planteadas por el estilo industrial de producción y de vida y por la ciencia como medio de producción en creciente expansión, obligaban a pensar los desafíos y las encrucijadas abiertas por, entre otros, el redespliegue industrial en cuanto a autonomía nacional y dependencia tecnológica.

En el número 4, dedicado al Estado y procesos sociopolíticos en Venezuela, y coordinado por Luis Gómez, el énfasis se puso en el Estado como centro de análisis y explicación, concebido como condensación de las correlaciones de fuerzas entre grupos y clases sociales. Este aparecía así como núcleo articulador entre lo social, lo político y lo institucional, especialmente por la especificidad de la sociedad venezolana que imponía la presencia del Estado en la consideración de cualquier problema sectorial.

A 20 años de la muerte prematura del fundador del Cendes, Jorge Ahumada, y en homenaje a ese gran planificador, el número 5 se concentró en la problemática de la planificación en tanto que simultáneamente proceso social y procedimiento. Heinz Sonntag, presentando el número, destaca dos ejemplos entre las contribuciones previas del Cendes a esta temática: en los sesenta, el método de planificación para la salud, conocido como Método Cendes-OPS, ampliamente usado por organismos regionales e internacionales. El otro, desde mediados de los setenta, que envolvió el debate activo del enfoque de la planificación promovido por la Cepal y la creación en 1976 del Área de Teoría y Método de la Planificación y el proyecto Formeplan de planificación estratégica, así como los cursos de maestría donde se formó un gran número de los planificadores del Estado y el sector privado venezolano.

El número 6, se consagra a la agricultura y la crisis económica, dos temas estrechamente vinculados y, como dice la coordinadora del número, Ocarina Castillo, en su presentación «igualmente inquietantes para cualquier estudioso del presente y de las tendencias previsibles tanto de Venezuela como de cualquier otro país del subcontinente». La adopción de una perspectiva histórica hace evidente la relación entre ambos tópicos, ya que tanto el desenvolvimiento de la agricultura como las crisis que afectaron a los varios países, evidencian las singularidades del proceso de desarrollo de la región y las desigualdades que en su transcurso ha ido generando, las cuales se expresan en las circunstancias de los actores sociales y las formas a través de las cuales estos han respondido a distintas exigencias.

El número 7 se dedica a los estudios sociales de la ciencia. En la presentación, Isabel Licha se refiere a que la ciencia como la tecnología es objeto de «transferencia» desde los países desarrollados a los periféricos, incorporando a estos como apéndices culturales, además de económicos y políticos, mediante múltiples mecanismos. Según la hipótesis que guiaba los estudios que se venían haciendo en Cendes, la ciencia que lograba implantarse en la periferia, ejercía en ella una dominación cultural que conducía a una cierta modernización. No obstante, los científicos de estos países no eran pasivos en este proceso de implantación de la ciencia sino que participaban activamente en él, con fines específicos a sus sociedades. Se producía, entonces, un intento de apropiación-transformación de la ciencia, con objetivos generalmente nacionalistas, a partir de la asociación ideológica entre ciencia y desarrollo.

A la primera fase, le siguió otra de búsqueda de enfoques y perspectivas diversas, intentando identificar un mercado de lectores y autores diferente o más amplio. Empezó entonces a darse una tensión, porque los investigadores del Cendes no necesariamente publicaban en la RCC. Con las nuevas reglas del juego académico de estímulo a la investigación en el ámbito nacional –la creación del Programa de Promoción del Investigador (PPI) y luego de sistemas de evaluación del desempeño de los profesores universitarios, y nuevos patrones editoriales promovidos desde el Conicit– se replanteaba el tema de la justificación o no de tener una revista institucional. El objetivo que se proponía era profesionalizar la función editorial y mejorar la calidad formal y, eventualmente, el contenido de las revistas científicas que se aceptaran en el Registro Nacional de Publicaciones Científicas y que entrasen en el Núcleo de Revistas de más calidad y regularidad.

Ese debate todavía no está cerrado y en el contexto nacional hay deformaciones obvias en la producción de las revistas científicas de algunas instituciones que, antes o después, deberán ser abordados por instituciones específicas. Tener una revista institucional en no pocos casos ha pasado a ser una mera excusa para que los profesores puedan tener trabajos publicados para que figuren en sus CVs que de otra manera no conseguirían publicar, y no porque haya un objetivo más amplio y estratégico de comunicación. No ha sido ese el caso del Cendes y su revista, afortunadamente, siempre ha estado anclada en la idea de la comunicación de resultados de investigación en curso tanto de la institución como de otros loci de producción de conocimiento.

No me voy a referir a los años más recientes, pues esa experiencia ha sido recordada por su más reciente editor, Miguel Lacabana. Por la índole de la temática del Cendes, la revista buscó ser un foro de discusión donde se debatían los grandes problemas nacionales, al tiempo que se incrementaban las colaboraciones derivadas de investigaciones realizadas, no sólo por integrantes de la planta académica del instituto. Las cuestiones agrarias, las clases dominantes o la cultura nacional se convirtieron en algunos de sus principales temas. En algunos momentos asuntos como el desarrollismo y la visión latinoamericanista, así como del cambio social estuvieron en un primer plano. Muchos de los textos que se publicaron se hacían eco de inquietudes por la transformación de la sociedad.

Paralelamente al avance de la crisis, los cambios se comenzaron a expresar en una publicación que fue apartándose de los modelos teóricos del periodo anterior, cuestionándolos y explorando nuevas líneas de análisis social. Al mismo tiempo se abrió más a colaboraciones de investigadores de otras instituciones nacionales y del extranjero. Aunque ciertamente la RCC nunca estuvo dentro de los parámetros de ser una revista de autoconsumo, esta diversidad de aportes se mantiene hasta nuestros días, de suerte que la proporción de artículos publicados por investigadores del Instituto, se ha mantenido minoritaria.

La revista ha sido más de algunos investigadores del Cendes que de otros, y aquí debemos incluir también a una población que en algún momento estuvo vinculada a la institución sea a través de los programas de posgrado, o de investigaciones particulares.

La relectura de una revista como la del Cendes nos invita a comparar la identidad de las ciencias sociales con las de las ciencias físicas y naturales, lo cual nos remite a la pregunta qué es ser científico o qué tipo de conocimiento o verdad producen las ciencias sociales. Es indudable que muchas de las características clásicas de la ciencia están a menudo presentes en la investigación social:

hipótesis bien articuladas y su testeo sistemático, la medición cuantitativa precisa y la operacionalización de conceptos, la observación cuidadosa de métodos públicamente verificables, estructuras conceptuales sofisticadas y rigurosas, percepciones claras, paradigmas compartidos por comunidades considerables de investigadores y persistentes a lo largo de períodos prolongados (Gellner, 1984).

Hay aspectos de la vida social que son inherentemente cuantitativos u observables con precisión (por ejemplo en demografía o geografía social, o donde se pueden hacer modelos abstractos como en economía). Sin embargo, las ciencias sociales no producen otro tipo de conocimiento, leyes separadas que conecten una variable independiente y una dependiente. Las técnicas descriptivas cuantitativamente precisas no están acompañadas por una teoría correspondientemente convincente de predicción. Los conocimientos profundos que ofrecen las ciencias sociales no son consensuales. Si las ciencias sociales producen una verdad múltiple, contradictoria de nuestro tiempo, es decir, un conjunto de perspectivas y diagnósticos diversificados de nuestra cambiante, contradictoria e intrincada sociedad, y si estas verdades conviven en las prácticas y comprensiones de una comunidad de investigación pero no en leyes particulares, y cuando esa comunidad desaparece su verdad pasa a la historia junto con la sociedad que trataron de entender, entonces, no hay duda de que las ciencias sociales son muy diferentes respecto de las ciencias naturales.

Una revista de ciencias sociales, como la RCC refleja esas tensiones, esa multiplicidad de visión y según como la tomemos es una herramienta de trabajo, útil para el investigador que busca fuentes argumentales y evidencias, pero también un testimonio permanente de una parte fundamental de la vida nacional, el reservorio de sus ideas y comprensiones temporales. Por ello concluyo deseándole ¡Larga vida a la Revista Cuadernos del Cendes!

Notas:

1 J.A. Silva Michelena, Crisis de la democracia: cambio político en Venezuela, Caracas, UCV, Ediciones de la Biblioteca, 1971.

2 Grupo de Modelos Matemáticos, dirigido por Oscar Varsavsky, Estilos de desarrollo. Análisis comparativo de política a largo plazo, 1971.