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Cuadernos del Cendes

versión impresa ISSN 1012-2508versión On-line ISSN 2443-468X

CDC v.27 n.73 Caracas abr. 2010

 

EVENTOS

VI Congreso Latinoamericano de Sociología del Trabajo

 Enrique De La Garza Toledo*

* Profesor Investigador Titular de la Universidad Autónoma Metropolitana, México. Presidente saliente de ALAST.

Entre los días 20 al 23 de abril del 2010 se realizó en la ciudad de México el VI Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología del Trabajo (ALAST), diecisiete años después de la fundación de esta asociación en la misma ciudad, reafirmando la importancia del trabajo en las relaciones sociales, en el crecimiento económico y en el bienestar social.

Desde los años noventa, se organizó en torno de ALAST una nueva generación de investigadores del trabajo que ha impulsado en América Latina los «nuevos estudios laborales»: a) vinculados inicialmente al análisis de la reestructuración productiva y de los mercados de trabajo; b) surgiendo como crítica al naciente modelo económico; c) en un momento en que el movimiento sindical entraba en un largo reflujo en el ámbito mundial.

ALAST nace cuando se iniciaba la primera ola de intento de marginación del trabajo (como actividad productiva y campo de estudio) en el plano intelectual, a diferencia de décadas anteriores a la de los ochenta, cuando el trabajo era considerado concepto central en muchas de las ciencias sociales, ya fuera como labor (movimiento obrero) o simplemente como work (actividad productiva). Antes de la gran crisis capitalista de los setenta, predominaba una visión optimista acerca del trabajo en las ciencias sociales, que se expresaba en las creencias de que: a) los procesos de automatización derivarían en el enriquecimiento del trabajo, y b) la consolidación de los sistemas de relaciones industriales llevaría a concertaciones y al bienestar de los trabajadores, con el fortalecimiento de los sindicatos.

Pero la «III Gran Transformación» de la mitad de los setenta e inicios de los ochenta, expresada en la crisis y reestructuración, tanto productiva como de los mercados de trabajo, el neoliberalismo y la posterior caída del socialismo real, llevó a un cambio en el estado de ánimo de los intelectuales con respecto del trabajo:

La primera ola de desprestigio intelectual del trabajo en relación con el neoliberalismo y la postmodernidad se caracterizó por:

1.   El descrédito del labor como monopolio de la fuerza de trabajo por parte de los sindicatos, como privilegio más allá del mercado, como fuente de ineficiencias productivas.

2.   El relegamiento del work frente al mercado: de la sociedad del trabajo a la sociedad del mercado; a la apariencia de que la riqueza se puede generar sin trabajo en la especulación financiera.

3.   Culminando en la tesis inicial del «fin de la sociedad del trabajo»: la heterogeneidad en la estructura de las ocupaciones (outsourcing, cuellos blancos, nuevas ocupaciones vinculadas con la informática y la computación, etc.), que se traduciría en una fragmentación de los mundos de vida y en una mayor importancia de los mundos del no trabajo en la constitución de las identidades.

Las consecuencias entre los intelectuales fueron importantes: los que siguieron estudiando el trabajo pasaron del labor al work. Se abrieron nuevos temas vinculados con la reestructuración productiva: revolución tecnológica y organizacional, flexibilidad, clusters, aprendizaje tecnológico y organizacional, modelos de producción, cultura organizacional y laboral; con una creación conceptual muy dinámica y abundante investigación empírica. Aunque en muchos de estos enfoques el trabajo no es el eje central, sino la organización, la empresa, el sistema de relaciones industriales.

Para otros, el trabajo dejó de ser el articulador de las relaciones sociales: privaría ahora la fragmentación y la no identidad, sería el fin de los grandes sujetos, de las organizaciones, proyectos e ideas de futuro.

En los años noventa viene una segunda gran oleada de las concepciones sobre el fin del trabajo –que en otro momento hemos llamado «parapostmoderna»–, caracterizada por el énfasis en la fragmentación de carreras ocupacionales, en las biografías; en el trabajo flexible, frágil, inseguro, que provoca pérdida de identidad, desestructuración familiar, laboral, del carácter, que más que un diagnóstico preciso de la situación del trabajo, es un indicador del fracaso de una generación que quiso cambiar el mundo y fue el mundo el que la cambió a ella. Aunque ha dejado una estela de pesimismo entre sectores de profesores y estudiantes en América Latina.

Sin embargo, llegamos al VI Congreso cuando el capitalismo neoliberal está en una gran crisis y en América Latina se han iniciado experimentos económicos y políticos que buscan alternativas al consenso de Washington. En esta medida, el Congreso reafirmó, contra viento y marea, la importancia del trabajo en la economía, la política y la sociedad actuales; que el trabajo no termina, que se transforma y que las ciencias del trabajo deben ampliar el espectro de sus problemas, extender sus conceptos o crear otros para analizar las antiguas formas de trabajo, marginadas por los estudiosos, y las nuevas, como la producción inmaterial, la puramente simbólica, la emergencia de sujetos no clásicos del trabajo al interior de los procesos productivos. Ratificando con ello que hay nuevas condiciones para pensar en un repunte de los estudios del trabajo:

•    La crisis del neoliberalismo llegó, trayendo sufrimiento pero también oportunidad de pensar en visiones de futuro diferentes a las que nos acostumbró el main stream en economía por treinta años.

•    El punto de partida es que no hay determinismo y por lo tanto, lo precario, lo fluido, lo inseguro del trabajo no son inevitables, en parte porque han sido resultado de relaciones de fuerzas muy desventajosas, junto a presiones estructurales que llevaron al predominio político-económico de una opción que ahora muestra sus debilidades.

•    Es posible ahora una vuelta a una sociedad del trabajo de nuevo tipo, visto este en forma ampliada, no necesariamente reducido al trabajo clásico y caracterizada por: a) la reivindicación de instituciones reguladoras del mercado y de los procesos de trabajo no idénticas con las del Estado Benefactor clásico; b) nuevas políticas industriales; c) nuevos pactos económicos y productivos con actores representativos, que digan no al autoritarismo, al corporativismo y a las vías bajas del desarrollo.

El VI Congreso de ALAST logró reunir 749 propuestas de ponencias elaboradas por 997 ponentes de 24 países: México, Argentina, España, Uruguay, Colombia, Brasil, Chile, Francia, Canadá, Venezuela, El Salvador, Cuba, Perú, Puerto Rico, Costa Rica, Bolivia, Italia, Ecuador, Suecia, Guatemala, Panamá, Nicaragua, Reino Unido y Alemania. Los países con más ponencias fueron México, Brasil y Argentina, en ese orden.

El Congreso se efectuó a pesar de que, primero, fue suspendido un año antes por la emergencia de la pandemia de influenza; segundo, el año 2009 fue el de una crisis muy profunda, especialmente en México, que afectó financiamientos ya comprometidos, y tercero, que en la semana de su realización se suspendieron muchos vuelos de Europa a América por las cenizas del volcán de Islandia. Fue, en pocas palabras, un triunfo de la voluntad sobre las condiciones adversas, con la conjugación del esfuerzo de muchos colegas para lograrlo.

Desde el punto de vista académico, el Congreso significó un salto adelante en los siguientes aspectos:

1.   Junto a temas tradicionales aparecieron otros nuevos (los que implicaron más ponencias fueron los de «educación y trabajo», «precarización y trabajo atípico», y «subjetividad y cultura»), así como formas de análisis, que muestran una gran vitalidad de los estudios del trabajo en América Latina.

2.   La emergencia de una nueva generación de jóvenes, así como el reencuentro de los fundadores.

3.   La franca apertura y encuentro de los temas laborales con otras disciplinas, tales como los estudios de empresas y empresarios, y las teorías de las organizaciones.

4.   La superación, en la mayoría de las ponencias, del pesimismo parapostmoderno vinculado a la hipótesis del fin del trabajo.

5.   La presencia de otras regiones del mundo en ALAST y su posible repercusión inversa.

Todo lo anterior significó un auténtico repunte con respecto a otros congresos.

Durante el Congreso ALAST se realizó su Asamblea trianual, en la cual se eligió una nueva directiva. La Presidencia recayó en la Dra. Marcia de Paula Leite, de Brasil, y se decidió que el próximo congreso se realizará en ese país y que la dirección de la revista Relet quedará a cargo de los colegas brasileños. Finalmente, durante la clausura se propuso que ALAST cambie su nombre a ALEST (Asociación Latinoamericana de Estudios del Trabajo) porque: los nuevos estudios laborales desde su nacimiento fueron pluridisciplinarios y supieron adoptar teorías de diversas especialidades; desde siempre han participado diferentes profesiones en sus congresos y en su revista; y el complejo mundo del trabajo no puede ser abordado desde una sola especialidad. Con ello también se busca lograr atraer especialistas del trabajo que hasta hoy poco han participado en ALAST, como los abogados y los médicos del trabajo, entre otros.

Y allí estuvimos en el VI Congreso de ALAST los estudiosos del trabajo de América Latina y de otros países, los que nunca creímos en que la economía pueda autorregularse en forma espontánea, para aportar a la reconstrucción de nuestra América, porque por muchos años hemos afilado nuestras armas conceptuales apoyadas en investigaciones empíricas, diferenciándolas de las de la main stream en economía.

Sin embargo, aunque una gran transformación tiene mucho que ver con el cambio de las concepciones acerca de la economía, la política, el trabajo y la sociedad, estas no pueden operar los cambios por sí mismas sin un impulso material que venga del mundo de la práctica, y en América Latina este cambio político, con todos sus titubeos, avances y retrocesos, ya está iniciado. En este proceso, los estudiosos del mundo del trabajo pueden contribuir a un nuevo encuentro entre el «pensar» y el «sentir». Apostemos e intervengamos para que ese viraje se produzca.

México, D.F., 20 de abril del 2010