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Cuadernos del Cendes

versión impresa ISSN 1012-2508versión On-line ISSN 2443-468X

CDC v.27 n.74 Caracas ago. 2010

 

RESEÑA BIBLIOGRÁFICA

Cultura política, gobernabilidad y democracia en Venezuela

 María Fernanda Boidi

Vanderbilt University, 2008

 Héctor Briceño*

* Profesor-investigador del Área de Desarrollo Sociopolítico del Centro de Estudios del Desarrollo, Cendes, Universidad Central de Venezuela.

Desde hace varios años la Universidad de Vanderbilt, a través del Proyecto de Opinión Pública de América Latina –Lapop, por sus siglas en inglés–, dirigido por Mitchell A. Seligson, ha estado desarrollando el «Barómetro de las Américas», un importante estudio sobre los valores políticos en los distintos países de la región. Venezuela ha estado presente en tres de los estudios del Barómetro a partir de 1995, formando parte de las distintas publicaciones regionales y con informes nacionales. Para el año 2008 cuenta con «Cultura política, gobernabilidad y democracia en Venezuela», informe que aborda los temas esenciales de la cultura política democrática, a través de la comparación con el resto de los países de la región, así como desde una perspectiva longitudinal, al comparar la evolución en el tiempo de los valores democráticos de la sociedad venezolana.

El informe parte del análisis de cuatro dimensiones fundamentales de la cultura política que generan una democracia estable: 1) la creencia en la democracia como el mejor sistema político; 2) la creencia en los valores que sustentan las democracias (tal y como han sido expuestos en el trabajo de R. Dahl La poliarquía1); 3) la creencia en la legitimidad de las instituciones políticas (confianza en las instituciones políticas) y, 4) la confianza interpersonal.

La primera parte esboza la estructura del proyecto investigación, en donde resalta la hipótesis de partida: «deseamos comprobar la tesis de que la percepción ciudadana sobre una gobernabilidad de buena calidad incrementa el apoyo ciudadano a la democracia estable, lo cual conducirá, en última instancia, a democracias consolidadas» (p. 33). Se trata, así, de identificar el aporte que tienen determinadas formas de gobernabilidad (o gobernanza) para la consolidación democrática, es decir, la forma como se abordan (y resuelven) los problemas, y cómo son percibidas dichas soluciones.

La revisión general de esa relación entre la legitimidad del sistema democrático y los valores en Venezuela tiene interesantes aportes: en primer lugar, el ideal democrático tiene altos niveles de apoyo (83,8 por ciento), lo que sitúa al país en el cuarto lugar de la región detrás de Canadá, Argentina y Uruguay. No obstante, al revisar los valores que sustentan el sistema democrático y aseguran su funcionamiento, los índices conducen al país a la mitad de la tabla, en términos comparativos. Así, el apoyo al derecho de participación coloca a Venezuela en el décimo lugar, con un 70 por ciento de soporte; el derecho a la inclusión de los ciudadanos (derechos de las minorías y derechos de oposición) muestra la escasa tolerancia política, al situarse en el noveno lugar con un 54,6 por ciento de respaldo; por su parte, la legitimidad de las instituciones políticas (Gobierno nacional, tribunales y Congreso) revela poco sustento en la ciudadanía, con un 42,6 por ciento, ubicándonos en el duodécimo lugar. Finalmente, con un apoyo un tanto mayor, se encuentra la confianza interpersonal, situando al país en el octavo lugar y con niveles del 60,5 por ciento.

En resumen, esta parte introductoria del trabajo muestra la disparidad entre un ideario político democrático altamente apreciado y los valores que lo sustentan, al tiempo que afectan su desempeño, evaluados negativamente.

La segunda parte del trabajo se orienta al estudio de la gobernabilidad, entendida como la percepción que tienen los ciudadanos del desempeño gubernamental. Para esto aborda cuatro temas fundamentales: la corrupción, la seguridad ciudadana, los gobiernos locales y participación ciudadana, y la percepción del desempeño económico del Gobierno nacional.

El tema de la corrupción presenta un comportamiento ambiguo: aunque un porcentaje muy bajo (10,6 por ciento) afirma que ha sido víctima de alguna forma de corrupción por parte de algún funcionario público (lo que ubica a Venezuela en el decimoséptimo lugar de corrupción), el 79,9 por ciento de la población percibe la corrupción entre los funcionario públicos como generalizada, lo que deja planteada la pregunta ¿a qué se debe la significativa brecha? La autora señala la influencia de los medios a través de las noticias relacionadas con escándalos de corrupción; sin embargo, también habría que tomar en cuenta los umbrales de percepción de la corrupción (cultura de la corrupción) que involucra al propio ciudadano, en los que si bien participa, no se percibe o culpa únicamente a los funcionarios públicos.

En cuanto a criminalidad, Venezuela presenta valores que están entre los más altos de la región, con un 21,4 por ciento de victimización, lo que se corresponde plenamente con la percepción de la inseguridad, que lo ubica en el mismo puesto comparativo (46,7 por ciento).

Por su parte, los gobiernos locales gozan de muy poca confianza entre los ciudadanos, al tiempo que la evaluación de su desempeño se mantiene en niveles muy precarios (46,3 por ciento y 48 por ciento respectivamente); sin embargo, la descentralización no deja de ser un tema relativamente importante para los ciudadanos, contando con un apoyo considerable (51,9 por ciento). La participación ciudadana en el nivel local presenta en Venezuela porcentajes que la colocan al final de la tabla comparativa de la región en todas las organizaciones (religiosas, de institución educativa y de grupos de mujeres), excepto en las de «grupos pro-mejoras de la vecindad», en los que hay que incluir las distintas iniciativas promovidas por el actual Gobierno, y donde se ocupa el quinto lugar con un 38,3 por ciento.

Finalmente, la evaluación del desempeño económico del Gobierno ubica al país en el décimo lugar, con un 40,6 por ciento, 7 puntos por debajo de la del año 2007. Esta apreciación se encuentra significativamente asociada a la evaluación económica nacional, también directamente relacionada con el voto presidencial para el año 2006, funcionando de la siguiente manera: quienes votaron por el presidente Chávez consideran que la situación económica nacional es buena, al igual que el desempeño del Gobierno en este ámbito, «De hecho, la evaluación del desempeño económico del Gobierno es más de 30 puntos mayor entre los votantes de Chávez que entre quienes no lo votaron» (p. 126).

En términos generales, todas las variables revisadas se relacionan de forma positiva con la gobernabilidad, es decir, la percepción de la corrupción, la seguridad ciudadana, los gobiernos locales, la participación ciudadana y la gestión económica inciden de forma proporcional sobre la legitimidad de las instituciones políticas, pero aunque el ideario democrático permanece con altos índices de apoyo, los valores que operacionalizan la democracia, al contrario, presentan índices preocupantes. Así queda plasmado en las conclusiones –«Más allá de la gobernabilidad»–, basadas en los estudios anteriores del Barómetro de las Américas y que sugieren que «la legitimidad política, definida en términos de ‘apoyo al sistema’ y la tolerancia a la oposición política [permiten] crear una especie de señal de advertencia para aquellas democracias que pudieran ser especialmente frágiles. La teoría indica que las dos actitudes son necesarias para mantener una estabilidad democrática a largo plazo» (p. 131). Al cruzar estas dos variables se construyen cuatro posibles escenarios según sus niveles de apoyo:

1.   democracia estable, con un alto apoyo de las dos variables;

2.   democracia inestable, como producto de una alta tolerancia y bajo apoyo al sistema político;

3.   estabilidad autoritaria, con una baja tolerancia y alto apoyo al sistema, y

4.   democracia en riesgo, con bajo apoyo en ambas variables.

Lamentablemente, los hallazgos del análisis son poco alentadores: «al mirar la evolución de los datos en el tiempo se observa cómo se han deteriorado los escenarios más favorables a la democracia estable y han aumentado las probabilidades de los escenarios de mayor inestabilidad» (pp. 135-136).

Tras evaluar la participación electoral, la autora afirma que los «venezolanos no parecen tan interesados en política como podría suponerse a priori. El contexto de participación política en Venezuela ha cambiado mucho. El sistema bipartidista estable que rigió en el país durante muchos años dio lugar a un nuevo mapa político, con atomización de partidos y débiles lealtades partidarias» (pp. 135-136). Igualmente resalta la ideología y el apoyo al Presidente como variables explicativas de las preferencias electorales, aportando una nueva visión de la cultura política venezolana.

Finalmente, tras analizar una serie de preguntas relacionadas con políticas de orientación populista, concluye que los venezolanos se encuentran predispuestos, especialmente los votantes del presidente Chávez. En este sentido, vale la pena citar nuevamente sus conclusiones finales:

Los valores políticos de los venezolanos no presentan un esquema particularmente preocupante para la democracia (a excepción, quizá, del deterioro del escenario más favorable a la democracia estable). Las dificultades y cuestionamientos acerca de la calidad democrática de Venezuela tienen mucho más que ver con las instituciones y acciones de las élites políticas que con las actitudes y comportamientos ciudadanos. Sin embargo, algunas actitudes ciudadanas, en particular la predisposición al populismo, pueden estar en la base de esta erosión institucional advertida por los observadores. En la medida en que el discurso populista del presidente Chávez tenga aceptación popular, el Gobierno podrá seguir implementando medidas de ese talante que lleven a un deterioro de la calidad democrática del país (p. 188).

Este interesante estudio, disponible a través de la página web de Lapop (http://barometrodelasamericas.org/) se inserta en los distintos análisis que se han realizado sobre la cultura política del venezolano, ratificando, actualizando y proponiendo nuevas hipótesis.

NOTA:

1 Robert A. Dahl, La poliarquía. Participación y oposición, Madrid, Tecnos, 1989.