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Cuadernos del Cendes

versión impresa ISSN 1012-2508

CDC vol.31 no.87 Caracas dic. 2014

 

La organización política de los cartoneros en la ciudad de Buenos Aires: 1997-2012. Aportes para una caracterización en su desarrollo político*

Nicolás Villanova**

* El artículo es resultado de un proyecto de tesis doctoral: Del «cirujeo» al «cartoneo». Cambios en los procesos de trabajo, condiciones laborales y estructura de la clase obrera. Ciudad de Buenos Aires, 1989-2012) financiado por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

** Doctor en Historia, Investigador del Centro de Estudios e Investigación en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires-Argentina. Correo-e: nicovillanova@yahoo.com.ar

Resumen

El fenómeno cartonero comenzó a masificarse a partir de los años previos a la crisis del 2001 y, sobre todo, luego de la devaluación en el año 2002. En todo este período, los cartoneros forjaron sus propias organizaciones políticas, tejieron alianzas estratégicas con otras agrupaciones e intervinieron en diferentes conflictos. Al igual que las organizaciones de desocupados, estas se han manifestado para reclamar ciertas mejoras en sus condiciones de vida, utilizando el mismo método: la organización y la lucha. En este artículo se analiza el origen, desarrollo y composición de las organizaciones políticas emergidas en el seno de los cartoneros, como también las alianzas tejidas por ellos, a lo largo del período 1997-2012.

Palabras clave Cartoneros / Organización / Lucha

Abstract

Cartonero phenomenon began to massively from the years prior to the crisis of 2001 and, above all, after the devaluation in 2002. Throughout this period, the cartoneros forged their own political organizations, wove strategic alliances with other groups and were involved in different conflicts. As well as organizations of unemployed, salvors have rallied to claim certain improvements in their living conditions, using the same method: the Organization and the fight. This article analyses the origin, growth and composition of the political organizations emerged in the bosom of the cartoneros, as also the alliances woven for them, over the period 1997-2012.

Key words Cartoneros / Organization / Fight 

Recibido:     NOVIEMBRE 2014 ACEPTADO:   DICIEMBRE 2014

Introducción y estado de la cuestión

Durante las últimas décadas, el fenómeno de los recolectores de productos reciclables se ha masificado en varios países de América Latina. Se trata de un conjunto de personas que se dedica a recoger, clasificar y vender materiales que han sido desechados en la calle o en los vertederos de residuos. Por esa tarea, los recolectores perciben un ingreso monetario con el cual reproducen su vida material. A su vez, con esta labor los recicladores benefician tanto a las industrias como al Estado. Las primeras se ven favorecidas en la medida en que obtienen un insumo para la elaboración de otros bienes a un bajo costo laboral; por ejemplo, la rama papelera recibe los papeles reutilizables y los usa como materia prima complementaria de la pasta celulósica para la producción de papel. Por su parte, el Estado, en tanto garante de la higiene urbana, también se beneficia con la actividad de los cartoneros en la medida en que éstos evitan el entierro indiscriminado de desechos en los rellenos sanitarios.

Este sector de la población, dedicado a la recolección y venta de productos reciclables, adopta diversas denominaciones según el país del que se trate. Por ejemplo, en México, los recolectores reciben el nombre de pepenadores, en Brasil, catadores y en Colombia, recicladores. En Argentina, han proliferado las denominaciones de cartoneros o recuperadores informales.1

En cada uno de los países mencionados, el fenómeno de los cartoneros ha sido estudiado desde diversas perspectivas. En términos generales, cada país presenta alguna particularidad. Históricamente, el sector oficial de recogida de basura, sobre todo en Brasil, Colombia y Argentina, no participa de la venta de materiales reciclables, sino que traslada la basura directamente a su sitio de entierro. Pero, a partir de la década de los 80 en Brasil (Pacheco e Silva y Ribeiro, 2009; Demajorovic, 2006; Ribeiro y Rizpah Besen, 2007; Bosi, 2007) de 2002 en Argentina (Schamber, 2008) y de 2006 en Colombia, se sancionaron normas para obligar a las empresas concesionarias a realizar una recogida «selectiva» de materiales reciclables. Se recogerían en supermercados y oficinas gubernamentales para luego trasladarlos a centros de reciclado gestionados por cooperativas de recuperadores.

En el caso de México, la recuperación de materiales reciclables parece haberse masificado décadas antes que en otros países latinoamericanos. Algunos autores han estudiado a la población residente en los rellenos del Distrito Federal de México durante la década de 1980. Las familias estaban compuestas en promedio por más de seis personas, quienes habitaban en condiciones de hacinamiento (Wamsler, 2000). Otros autores indican la presencia de una alta mortalidad infantil, alcoholismo, violencia y drogadicción (Berthier, 1987; Dos Santos, 2001; Mora Reyes, 2004). A diferencia de los anteriores, estudios más recientes mencionan la procedencia laboral de los cartoneros que recogen en rellenos de la localidad de Mexicali. Con la excepción de un pequeño porcentaje que se habría dedicado a la recolección y venta de productos reciclables durante toda su vida, la mayoría de los recuperadores habría trabajado en relación de dependencia (Lozano, 2009). Las razones por las cuales habrían quedado desempleados serían el cese del contrato de trabajo y los bajos salarios obtenidos.

En Brasil también proliferaron los estudios sobre los cartoneros, sobre todo luego de la crisis de 2001. Las condiciones de vida de los recuperadores brasileros no parecen diferir de otros países. Algunos estudios realizados en Goaiana señalan que un porcentaje de los recicladores suele dormir en los depósitos de acopio, puesto que los dueños los alojan a cambio de que les vendan a ellos los productos recolectados, aunque a un precio menor que otros galpones. Las condiciones de hacinamiento e insalubridad por la presencia de roedores e insectos parecen ser las características de estos ámbitos (AAVV, 2006). Otras investigaciones realizadas en Río de Janeiro muestran que el trabajo inmediatamente anterior al oficio de cartonero estaba vinculado con el empleo en la construcción, pintura, pesca, gastronomía, costura, vigilancia, etc. El desempleo habría sido el motivo de comenzar con la actividad de recolección y venta de productos (Firpo de Souza Porto et. al., 2004). Otros estudios en Paraná muestran el carácter migrante de los actuales recuperadores. Bosi (2007) observa una tendencia a la migración del campo a la ciudad de las personas que se insertaron en la actividad de recolección y venta de reciclables, como consecuencia de la mecanización de las tareas agrarias.

En Argentina, el fenómeno cartonero comenzó a masificarse a partir de los años previos a la crisis del 2001 y, sobre todo, luego de la devaluación de la moneda a mediados del año 2002. En ese entonces, el precio de los productos reciclables recolectados por los cartoneros se incrementó. Probablemente por ello, un conjunto de personas se haya insertado en la actividad, en un contexto de elevados niveles de desocupación y desempleo. No solo los obreros desocupados comenzaban a dedicarse al cartoneo; también los jóvenes con dificultades de inserción laboral empezaron a recolectar productos reciclables, así como personas para quienes la actividad significaba un complemento de su salario en otras ocupaciones.

Con el crecimiento de la actividad cartonera, un conjunto de autores comenzó a indagar el fenómeno, sobre todo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la capital de la república, ámbito donde el cartoneo ha cobrado una importante extensión. En términos generales, predominan los estudios que analizan el circuito que recorren los productos reciclables, desde que son recogidos hasta que son utilizadas por la industria. En cambio, la historia de lucha de los cartoneros y sus organizaciones son los aspectos menos abordados en dichos estudios. Por ello, el objetivo de este artículo es analizar el origen y desarrollo de las organizaciones cartoneras forjadas al calor de la lucha, y sus intervenciones en los hechos más significativos de la historia de los recuperadores en la última década.

Los investigadores del fenómeno niegan la existencia de la lucha o su posibilidad. Desde esta perspectiva, Socolsky (2006) señala que en un contexto de protestas efectuadas por caceroleros, asambleístas y piqueteros en la ciudad de Buenos Aires, la única forma de hacer política de los cartoneros sería creando «nuevas» fuentes de trabajo de manera auto-gestionada. Su estudio se basa en entrevistas realizadas a Cristina Lescano, presidenta de la cooperativa El Ceibo. Otros estudios comparan organizaciones de cartoneros y piqueteros para dar cuenta de sus especificidades.2 García (2007) analiza la cooperativa de cartoneros Solidaridad, Unión y Resistencia (SUR) y el Movimiento de Trabajadores Desocupados de Lanús (MTD). La autora señala la prioridad que otorgan los primeros al trabajo, situación que dificultaría su organización y participación en manifestaciones.

Estos autores subestiman la lucha de los cartoneros y no se han tomado el trabajo de contrastar su tesis con otras fuentes. Por otra parte, un síntoma del vacío bibliográfico en torno a las luchas cartoneras es la ausencia de estudios de las movilizaciones en demanda de los llamados «Trenes Blancos». Estos servicios ferroviarios fueron impuestos entre los años 1999 y 2002 con destino a diversas localidades ubicadas en los alrededores de la ciudad de Buenos Aires. Se trata de servicios exclusivos para el traslado de cartoneros con sus carros. Incluso, en estudios sobre la historia del primer tren cartonero no hay un análisis de las manifestaciones que lo hicieron posible, o bien estas son explícitamente subestimadas.

La única investigación sobre el origen y aspectos organizativos del Tren Blanco fue realizada por Débora Gorbán (2005) sobre uno de los ramales, en particular aquél con destino a la localidad bonaerense de José León Suárez. La autora señala el momento en que se obtuvo el tren, la jerarquía de la estructura organizativa, la existencia de delegados por barrio y por estaciones, y la función que cumplían en cada uno de los viajes en torno al cuidado de los cartoneros. Pero, a juicio de Gorbán, esta organización es posterior al funcionamiento del tren blanco y se consolida con su desarrollo y no antes. Al igual que Gorbán, Dimarco (2005) sostiene que el origen del Tren Blanco no estaría ligado a ninguna lucha ni reivindicación del sector, sino que fue una respuesta de la empresa Trenes de Buenos Aires (TBA) a las quejas permanentes del resto de los usuarios del tren. No obstante, la autora se contradice al aportar datos suministrados por las entrevistas a los cartoneros, quienes señalan que, antes de obtener los trenes exclusivos, tuvieron que juntar firmas entre pasajeros y guardas de TBA, y recurrir a la lucha. Incluso, los mismos entrevistados indican que fueron ellos quienes le sugirieron a la empresa la posibilidad de tener un tren propio. Para resolver esta contradicción, la autora concluye que la mirada de los cartoneros en torno a la forma de obtención del tren blanco estaría «re-significada». Suponiendo que esto fuera cierto, aunque el desarrollo de este artículo reafirma la existencia de acciones de lucha, la autora no se toma el trabajo de buscar otras fuentes que avalen lo que propone.

Las escasas investigaciones existentes sobre el punto indagan aspectos del surgimiento de algunas agrupaciones aisladas, fundamentalmente cooperativas, o conflictos específicos sin enmarcar su origen en procesos más generales. Uno de los pocos estudios abordados desde una perspectiva procesual es el de Angélico y Maldován (2011) en torno a los momentos de conformación de las cooperativas cartoneras. Los autores establecen una periodización desde los últimos años de la década de 1990 hasta el período posterior al 2008, etapa que estaría atravesada por las estrategias desplegadas por las agrupaciones para la mejora de sus condiciones laborales. En ese período, el estudio identifica las primeras iniciativas de conformación de cooperativas, la sanción de leyes reguladoras de la actividad y el surgimiento de nuevas asociaciones y la ampliación de sus beneficios luego de 2008. Esta última etapa estaría atravesada por el conflicto del cierre de los ramales cartoneros y su substitución por camiones otorgados por el gobierno porteño. Sin embargo, los autores no observan la lucha de los cartoneros y las intervenciones de las cooperativas en ese proceso, aspectos que influyeron en su conformación y desarrollo.

La periodización sugerida por los autores resulta lineal y no se observan ciertas contradicciones propias de esa etapa, que sí mencionan otros estudios. Por ejemplo, Gorbán (2005) señala la negativa de los grupos de cartoneros provenientes del tren blanco de José León Suárez para conformar cooperativas en los años posteriores al 2001. Además, los conflictos mencionados por Angélico y Maldován (2011) en el 2008, luego de la clausura de los trenes, no son analizados en profundidad y tampoco el grado de represión contra los cartoneros. Por ello, se desconoce cuál fue la actitud de las cooperativas en relación a los cartoneros del tren blanco, en la medida en que el cierre de los ramales no las afectaba directamente.

Para sintetizar, se puede decir que el conjunto de estos trabajos tiene un denominador común: la ausencia de estudios sobre la historia de lucha de los cartoneros. Esta perspectiva de análisis es solidaria con la teoría clásica de la «exclusión». Uno de los autores que teoriza sobre esta cuestión es Pierre Rosanvallón (2007), quien continúa con la vertiente de estudios sobre los desocupados y la sociedad post salarial desarrollada por Castel (1995 y 2009). A juicio de Rosanvallón (2007), los «excluidos» no formarían en absoluto una clase objetiva «en el sentido que da a este término la tradición marxista (posición en el proceso de producción)». Por esta misma razón, el autor sostiene la imposibilidad de representar políticamente a los desocupados y el fracaso al que esto habría dado lugar. Sin embargo, estas afirmaciones contrastan con el desarrollo organizativo de los desocupados en Argentina (el Movimiento Piquetero) y de los «indignados» y «parados» en Europa de los últimos años.

Contrariamente a estas ideas, la hipótesis que propone este artículo es que los cartoneros han efectuado manifestaciones y que, en ese proceso de lucha, han creado sus propias organizaciones. A su vez, los recuperadores, como cualquier otra fracción de la clase obrera, realizan acciones de tipo sindical, es decir, reclamos por la mejora de sus condiciones laborales. Como toda organización política, la estructura elegida por los recuperadores es de tipo vertical, aún cuando ciertas problemáticas se resuelven en asamblea y por votación.

El propósito de este artículo es describir, sintéticamente, las acciones de los cartoneros entre los años 1997 y 2012, y analizar el origen, desarrollo y composición de las organizaciones gestadas en el proceso. A su vez, se intentará efectuar una aproximación a las alianzas tejidas por estas agrupaciones y el momento en el cual se estructuraron. Para ello, se utilizan, en primer lugar, fuentes periodísticas. En este sentido, se ha relevado cada una de las manifestaciones realizadas por los cartoneros entre los años 1989 y 2012 a partir de los diarios Clarín, La Nación y Página/12. Se ha complementado dicho relevamiento con periódicos alternativos y de tendencias partidarias de izquierda desde el año 2001 a la actualidad, como por ejemplo, Prensa Obrera, Infobae, Prensa de Frente, Revista Infocartonero, Revista Villa Crespo Digital, Noticias Urbanas y páginas web pertenecientes a organizaciones de cartoneros. En segundo término, se han efectuado entrevistas en profundidad a los principales dirigentes de las organizaciones y cooperativas de cartoneros.

Las acciones de los cartoneros y su caracterización general

Cronología de los hechos más relevantes del fenómeno cartonero en Buenos Aires

En términos generales, podemos sintetizar una cronología de los momentos de conformación de las organizaciones de cartoneros que protagonizaron el proceso de lucha en el período de estudio, así como se intentará describir las vinculaciones entre estas organizaciones y otras entidades en ese lapso, y las medidas gubernamentales que dictaron el Poder Ejecutivo y el Legislativo del Estado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Los cartoneros que viajaban en el Tren Blanco proveniente de José León Suárez

Las primeras asambleas de este grupo de recuperadores se efectúan a partir del año 1997. De ese proceso asambleario brota una iniciativa para llevar a cabo acciones directas a los efectos de obtener un tren propio que traslade a los cartoneros desde su localidad de residencia hasta el centro de la Ciudad de Buenos Aires. Entre los años 2001 y 2002, esta organización comienza a vincularse con otros grupos de cartoneros (provenientes de otros ramales ferroviarios), con las Asambleas Populares de los barrios cercanos al ramal ferroviario (Villa Urquiza, Belgrano y Villa Pueyrredón, entre otros) y con organizaciones pertenecientes al campo de la izquierda como, por ejemplo, el Polo Obrero (se trata de un frente de desocupados perteneciente al Partido Obrero3). A partir del juicio iniciado a tres delegados de ese grupo durante el año 2004, por efectuar cortes de vías en reclamo de mejoras en los trenes, la organización comenzó a desmembrarse. La culminación de su disgregación se vincula con el cierre de los denominados «Trenes Blancos», entre diciembre de 2007 y febrero de 2008, en un momento de represión del aparato estatal.

Movimiento de Trabajadores Excluidos

El origen del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) se remonta a fines del año 2002 y principios del 2003 a través de la conformación de una olla popular para cartoneros ubicada entre las calles Tucumán y Agüero, organizada por un grupo de estudiantes de la Facultad de Derecho de la UBA. Surge con el objetivo de lograr ciertas reivindicaciones gremiales en un momento represivo contra los cartoneros. No obstante, su primera aparición en una manifestación callejera se efectúa durante el año 2005. Esta organización tejió alianzas con otras agrupaciones durante el proceso de lucha. Durante el año 2005, el MTE se vinculó con la Asamblea «La Alameda» y la Cooperativa «El Álamo». Estas dos últimas son organizaciones que nuclean a trabajadores vinculados con el empleo en la costura y el cartoneo. Durante el año 2008 ambas organizaciones tuvieron una participación activa en el reclamo por el cierre de los ramales de trenes de recuperadores.

A su vez, tanto el MTE como La Alameda conformaron una organización más amplia, en conjunto con otras agrupaciones de trabajadores vinculados con el empleo en las fábricas ocupadas y en cooperativas barriales. Esta estructura, creada en agosto de 2011, fue denominada como la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular. En ese entonces, sus miembros votaron por unanimidad efectuar un acto el día 20 de diciembre siguiente hasta la sede de la Confederación General del Trabajo (CGT) para solicitar su admisión dentro de la estructura gremial.4 Entre otros puntos de sus reivindicaciones, la CTEP propone la «promoción de la sindicalización de todos los trabajadores del sector dentro de las organizaciones gremiales existentes en cada industria». Esta demanda no es aislada, puesto que el MTE ha exigido en otras oportunidades la agremiación, al sindicato de trabajadores papeleros, a las empresas que producen papel y la cámara que las agrupa. Sin embargo, hasta el momento, la CTEP no ha logrado integrarse en la CGT y tampoco sindicalizarse.

 Cooperativa de Recuperadores Urbanos del Oeste y Cooperativa Las Madreselvas

La tercera estructura organizativa de cartoneros se compone de diversas cooperativas de recuperadores vinculadas con la Central de Trabajadores Argentinos. Estos grupos de cartoneros provienen de diferentes localidades del conurbano bonaerense que antiguamente ingresaban a la ciudad de Buenos Aires por intermedio de los ramales de los trenes blancos. Específicamente, se trata de los cartoneros procedentes de las zonas oeste (Merlo, Moreno, Liniers, Haedo) y la zona norte (Vicente López, Tigre, Escobar, Zárate, Campana, etc.). Estos grupos conformaron las cooperativas de Recuperadores Urbanos del Oeste (RUO) y Las Madreselvas (LM), respectivamente. Hasta el mes de diciembre de 2012, la primera tenía 664 beneficiados con subsidios, en particular los incentivos mensuales, y la segunda, 573.

Su confluencia en conjunto con la Central de Trabajadores se efectúa luego de la clausura de los ramales cartoneros durante el año 2009. Esta filiación entre cooperativas de cartoneros y la Central de Trabajadores sentó las bases para que los recuperadores se vincularan con uno de los sindicatos del gremio de los trabajadores estatales del Ministerio de Ambiente y Espacio Público del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, particularmente la Asociación de Trabajadores del Estado.

Medidas gubernamentales

Una de las primeras medidas gubernamentales a favor de los cartoneros fue la implementación de los trenes exclusivos, específicamente el ramal entre la estación de Retiro y José León Suárez, durante el año 1999. Fue una conquista del movimiento de cartoneros, en un momento en el cual la actividad de recolección de residuos estaba prohibida. A partir del año 2002, el gobierno efectuó un conjunto de medidas que beneficiaron al universo de cartoneros de la ciudad de Buenos Aires: por un lado, cedió trenes exclusivos para el traslado de recuperadores en todos los ramales ferroviarios; por el otro, sancionó la ley 992 según la cual la actividad de los recuperadores fue permitida.

Unos años después, en 2005, la legislatura sancionó la ley 1.854, también denominada de «Basura Cero». Esta ley sentó las bases para la construcción de plantas de reciclado que fueran gestionadas por cooperativas de cartoneros. Entre los años 2006 y 2007 se crearon 4 centros de reciclado. Si bien mejoró ciertos aspectos de las condiciones laborales de los recuperadores, sólo benefició aproximadamente a unos 200 de un total de más de 9.000.

El cambio más sustantivo comenzó a efectuarse a partir del año 2008, cuando el gobierno de la ciudad de Buenos Aires reasignó recursos presupuestarios a las cooperativas de recuperadores. Su objetivo fue crear una infraestructura de reciclado para la capital a partir de la incorporación de tales cooperativas en la gestión de los residuos reciclables. Hasta ese momento, el tratamiento de estos era gestionado por empresas privadas, pero en 2008 el gobierno reasignó los recursos. Por un lado, comenzó a entregar incentivos mensuales a los cartoneros. Estos subsidios comenzaron siendo de 54 dólares en el año 2009 a 265 dólares durante el año 2013. No obstante, dicho incentivo no abastece a la totalidad de los cartoneros, sino a un porcentaje menor a la mitad. Por otro lado, el gobierno concesiona camiones (para el transporte de carros) y micros (para el traslado de recuperadores) a las cooperativas y paga todos los gastos que estos transportes demandan.

Por último, otra de las medidas sustantivas ejecutadas por el gobierno fue la concesión de zonas de trabajo para los recuperadores en barrios que concentran comercios y, consecuentemente, son productores de una elevada cantidad de productos reciclables como, por ejemplo, cartón, papel y nylon.

Las manifestaciones de los cartoneros

La actividad cartonera mostró sus primeros síntomas de crecimiento en la década de 1990, sobre todo en las localidades más pauperizadas del conurbano bonaerense y las villas de la ciudad de Buenos Aires. En ese entonces, tanto el cartoneo como la tracción a sangre estaban prohibidas en términos legales. No es casual que las primeras manifestaciones de los recicladores hayan sido en reclamo por el permiso para trasladarse en caballos y por la obtención de un medio de transporte que los llevara desde su lugar de residencia hasta su ámbito de trabajo.

En el período analizado se han relevado un total de 96 acciones de las cuales el 89 por ciento fueron directas (85 casos). La acción directa se diferencia de la parlamentaria en la medida en que se efectúa por fuera de los canales institucionales. Es una instancia en la cual los manifestantes hacen política en las calles. Ya sea por su eficacia o por el agotamiento de las instancias institucionales, la acción directa se ejerce con el objetivo de satisfacer una demanda. Las movilizaciones, concentraciones, ocupaciones de oficinas, cortes de vía o rutas son diferentes tipos de acción directa. Los momentos de mayor activación fueron el año 2002 y el período 2008-2009. El gráfico 1 muestra la evolución de las acciones.

Mayoritariamente, las manifestaciones se vinculan con tres demandas generales. En primer lugar, con cuestiones relacionadas con el transporte de los cartoneros (permiso para trasladarse en caballos y camiones, pedido de subsidios para reacondicionamiento de transportes, exigencia de trenes exclusivos y, posteriormente, el repudio a su cierre). Se trata del 33 por ciento de las acciones en el período relevado. En segundo término, los reclamos se vinculan con el pedido de subsidios de manera directa o indirecta (incentivos a los cartoneros, subsidios a sus hijos o partidas presupuestarias para reacondicionar plantas de reciclado gestionadas por cooperativas, o bien, para obtener monotributo, guarderías, artículos escolares, alimentos, etc.). Estas acciones constituyen el 25 por ciento del total relevado. En tercer lugar, las demandas se caracterizan por el repudio a la persecución policial, la represión y al accionar judicial (por la liberación de detenidos y su sobreseimiento). Se trata del 13 por ciento de las manifestaciones.

En otro orden aparecen manifestaciones que, tomadas en conjunto, se caracterizan por el pedido de mejora en las condiciones laborales de los cartoneros. Por ejemplo, los reclamos por la regulación del precio de los materiales reciclables, la universalización de los subsidios al conjunto de los cartoneros y cooperativas, tanto en la ciudad de Buenos Aires como en el país, y la incorporación de los recuperadores al gremio de los trabajadores papeleros. Estos últimos son los encargados de producir el cartón y el papel, como también los responsables de preparar los insumos reciclados para ser utilizados como materia prima en el proceso productivo del papel. El cuadro 1 muestra el tipo de reclamos en el conjunto de las acciones:

Los lugares elegidos por los recuperadores para efectuar sus acciones fueron mayoritariamente las dependencias del Estado (Jefatura de gobierno, Ministerio del Medio Ambiente y Espacio Público, Dirección de Políticas de Reciclado), los puentes de acceso a la ciudad de Buenos Aires, las rutas y las vías de los ferrocarriles. En menor medida, aparecen manifestaciones en dependencias vinculadas con la industria papelera. El espacio que simboliza lo más elevado del poder político, la Plaza de Mayo,5 representa sólo un 6 por ciento del conjunto de las acciones directas realizadas por los cartoneros, como muestra el cuadro 2.

Dentro de los diferentes tipos de acciones directas prevalecen las movilizaciones, los cortes de ruta, las concentraciones y los cortes de vía. Este último caso corresponde fundamentalmente a protestas efectuadas por los cartoneros provenientes de los Trenes Blancos. Se trata de los servicios exclusivos de traslado de recuperadores provenientes de las localidades del conurbano bonaerense.

En esta primera aproximación cuantitativa se observan, por lo menos, dos momentos de activación en la lucha de los cartoneros: por un lado, el período hasta 2002; y, por el otro, la etapa posterior, sobre todo entre los años 2008 y 2009. En ambos casos existe un elemento en común que es la exigencia de trenes cartoneros y, posteriormente, el repudio a su clausura. No obstante, el reclamo por los medios de transporte excede a esos servicios ferroviarios exclusivos. Las demandas por el permiso para recolectar desechos en carros tirados por caballos y en los camiones provenientes del conurbano bonaerense (sobre todo de aquellos cartoneros que ingresaban por la zona sur) también son numerosas.

El tipo de reclamo muestra que se trata de una población que requiere asistencia del Estado, ya sea bajo la forma de subsidios directos como indirectos. En este sentido, no es casual que la mayor cantidad de acciones hayan sido efectuadas en la puerta de organismos dependientes del Estado. No obstante, los cartoneros han identificado a su otro enemigo de clase: las empresas y la cámara papelera. Por esta razón, los manifestantes han reclamado a los representantes de la industria en cuestión el encuadramiento en el gremio de los trabajadores papeleros y un precio sostén del insumo reciclado, sobre todo en momentos de crisis. Esta última demanda exige un freno a la disminución del poder adquisitivo de los cartoneros. Por su parte, la lucha contra la persecución policial indica el grado represivo del que han sido víctimas. Como se puede observar, prevalecen las demandas de tipo sindical, es decir, aquellas vinculadas con la mejora en las condiciones laborales.

En el marco de la lucha, los manifestantes protagonizaron momentos de mayor activación política y de reflujo. Sus conquistas y derrotas deben enmarcarse en ese proceso. A su vez, los cartoneros se organizaron e intervinieron políticamente a través de su accionar en las calles. Incluso se vincularon con estructuras organizativas más amplias y de diferente composición, con quienes enarbolaron consignas y reclamos. A continuación, describimos cómo se forjaron esas organizaciones de cartoneros, con quiénes estructuraron alianzas, en qué contexto político protagonizaron las acciones y a quiénes identificaron como sus enemigos al calor de sus demandas.

La organización de los cartoneros, sus intervenciones y sus direcciones políticas

En el proceso de lucha, los cartoneros forjaron sus propias organizaciones. A grandes rasgos, se puede caracterizar este período en dos momentos. El primero de ellos, la etapa que va desde 1997 hasta el año 2002, se caracteriza por consignas unificadoras. Se trata de una etapa donde se obtienen conquistas que favorecieron al conjunto de los cartoneros. Mientras que, el segundo momento, entre 2003 y 2012, se vincula con una tendencia a la fragmentación de los recuperadores y un proceso de paulatina integración en el régimen político a través de las cooperativas. En este último período, la represión del aparato del Estado y el reflujo en las manifestaciones influyeron en la desarticulación del movimiento cartonero.

Las organizaciones cartoneras que aparecen en las diferentes acciones suman más de 20. No obstante, muchas de estas participan en sólo 2 o 3 protestas con posterioridad al año 2009. Por su parte, las intervenciones más sistemáticas corresponden a tres estructuras organizativas: por un lado, los cartoneros del Tren Blanco, por otro lado, el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), y, por último, las cooperativas vinculadas y asociadas con la Central de Trabajadores Argentinos. Se prestará particular atención al derrotero de estas organizaciones.

Todas las intervenciones en el desarrollo de la lucha de los cartoneros tuvieron un desenvolvimiento dispar. El período previo e inmediatamente posterior al 2001 se caracteriza por manifestaciones efectuadas por los cartoneros provenientes de los Trenes Blancos. También aparecen algunas protestas por parte de los cartoneros que recogen productos en el relleno sanitario ubicado en José León Suárez, las cuales eran motorizadas por aquellos que viajaban en los servicios exclusivos de ferrocarriles de esa localidad. Recién entre los años 2005 y 2006 aparece el Movimiento de Trabajadores Excluidos como organización en el proceso de lucha por la obtención de los subsidios por hijo de cartonero y en repudio a los operativos efectuados en los puentes de acceso a la ciudad de Buenos Aires. Se trata de un organismo que nuclea a los recuperadores provenientes de la zona sur del conurbano bonaerense, en particular, las localidades de Villa Fiorito y Caraza.

Con posterioridad a la clausura de los trenes blancos, efectuada entre julio y diciembre del año 2007, se mantuvieron algunas acciones, en las que participaron los cartoneros procedentes de esos servicios, y otras convocadas por el MTE. Paralelamente, se desarrollan algunas protestas por parte de cartoneros asociados en las cooperativas vinculadas con la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), que se componen de recuperadores provenientes de los antiguos ramales cartoneros. Sin embargo, la cantidad de manifestaciones merma sustantivamente. El gráfico 2 muestra la evolución de las acciones y la intervención de las tres estructuras organizativas con mayor desenvolvimiento:

Origen y desarticulación del movimiento independiente de cartoneros

Las manifestaciones en los años previos al 2001 y el 2002 fueron efectuadas por un conjunto de grupos de cartoneros. No obstante, el rol protagónico recayó fundamentalmente en los recuperadores que viajaban en el Tren Blanco proveniente de José León Suárez. De este modo, actuaron como vanguardia del conjunto de los recicladores y unificaron sus demandas con grupos de cartoneros de otros ramales. Esto no implicaba necesariamente una dirección técnica en las acciones, pero sí una enseñanza sobre qué hacer frente a una demanda: efectuar la acción directa y el piquete.

En primer término, el período entre 1997 y 2002 se caracteriza por una serie de conquistas que tienden a unificar los reclamos de los recuperadores y satisfacer demandas para el conjunto del sector. En primer lugar, los cartoneros de José León Suárez obtuvieron, en el año 1999, un servicio exclusivo de ferrocarril para su traslado con sus carros. Este beneficio se logró sobre la base de manifestaciones que precedieron dicha conquista. A su vez, este grupo se vinculó con los recuperadores provenientes de otros ramales, específicamente con los usuarios del servicio ferroviario con destino a la localidad de Tigre. Ambos grupos efectuaron manifestaciones conjuntamente y obtuvieron un servicio de trenes exclusivo. Estos hechos fueron la antesala de un logro para el conjunto de los cartoneros: a partir del año 2002, el Estado brindó un servicio de trenes exclusivo para cartoneros en la mayoría de los ramales ferroviarios. Según el Registro Único de Recuperadores realizado en el año 2003, la cantidad de cartoneros residentes del Gran Buenos Aires que se trasladaban en los trenes sumaba un total de 4.784. Esta cifra representaba el 76,5 por ciento de esa población registrada y residente del conurbano (de un total de 6.253).

En segundo término, otra conquista de los cartoneros precedida por su accionar fue la obtención del permiso para recoger productos en la calle, a través de la sanción de la ley 992. Hasta su promulgación, el conjunto de los recicladores sufría la persecución policial debido a la prohibición de la actividad. Por ejemplo, el grupo de cartoneros provenientes de José León Suárez sufrió la persecución policial en forma cotidiana, la que derivaba en el cobro de multas o incluso el encarcelamiento. En varias ocasiones, los recuperadores del tren blanco fueron víctimas de la persecución policial. No se trataba solo de hechos aislados, sino que hubo casos que dan cuenta de la complicidad de la policía y la empresa concesionaria de ferrocarriles en un intento por desalentar el ingreso de cartoneros al tren. En tres oportunidades los recuperadores ingresaron al ferrocarril en la estación de José León Suárez y fueron trasladados sin parar hasta Retiro, donde los esperaba el personal policial; como sostuvo la delegada Lidia Quinteros, fueron «presos por vagancia» a la comisaría.6

En este contexto, los cartoneros del Tren Blanco de José León Suárez comenzaron a manifestarse. El día 4 de septiembre de 2001, un grupo de 200 se reunió en asamblea en la estación de tren; allí se debatió qué hacer frente a la persecución policial. Al día siguiente, el mismo grupo marchó hasta la Comisaría N°33. El día 6 de septiembre, los manifestantes se movilizaron nuevamente, pero esta vez a la Jefatura de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires para repudiar los procedimientos policiales; presentaron una carta y exigieron una reunión con algún funcionario. Por su parte, el jefe de gobierno, Aníbal Ibarra, señaló la necesidad de cumplimentar la ley de faltas, dictaminada en 1977 y prohibitoria de la actividad de reciclado. También sostuvo que no se podía «subsidiar a los vecinos de José León Suárez con una ciudad sucia», refiriéndose al trabajo de los cartoneros de esa localidad y los efectos por la ruptura de bolsas de residuos.

Durante todo este período, los cartoneros de los ramales de los trenes blancos provenientes de José León Suárez y Tigre establecieron una alianza con las asambleas populares, con las que protagonizaron varios reclamos por la mejora en sus condiciones de vida y trabajo. Esta unificación quedó formalizada a través de la Comisión de Vecinos y Cartoneros, perteneciente a la Inter-asamblearia de Asambleas Autónomas de la ciudad porteña. Dicha comisión estuvo presidida por Alejandro Tiscornia, miembro de la Asamblea de Saavedra, y compuesta por otras personas provenientes de las asambleas de Colegiales, Palermo, Belgrano, Villa Urquiza y Villa Pueyrredón.7 A su vez, este vínculo tuvo su expresión en las ollas populares en diferentes barrios de la ciudad, como por ejemplo en Barrio Norte, Belgrano, San Telmo, Once, Congreso y Colegiales. También hubo grupos de cartoneros vinculados con asambleas del conurbano bonaerense, como fue la experiencia de la Asamblea de Vicente López, cuyos miembros organizaron un merendero en la estación de Olivos para los recuperadores que viajaban en el tren con destino a la localidad de Tigre.8

En conjunto, los cartoneros y las asambleas populares hicieron demandas que, en ciertos casos, fueron satisfechas. Por ejemplo, obtuvieron un plan de vacunación para ellos y la restitución de la estación Carranza en uno de los ramales de trenes, que había sido clausurada por las autoridades de la empresa Trenes de Buenos Aires. También actuaron en conjunto frente a las exigencias de permiso para recolectar desechos en el relleno sanitario ubicado en José León Suárez. En dicho relleno, la remoción de residuos había sido sistemáticamente prohibida y reprimida. Por esta razón, un grupo de cartoneros que viajaba en los trenes blancos y que residía en dicha localidad, junto a los recuperadores del basural y los dirigentes de las Asambleas Populares, se manifestó con el objetivo de que se les permitiera ingresar en el relleno. Este permiso fue otorgado recién a partir del año 2004, luego de una serie de reclamos, en un contexto en el cual un niño murió por intentar recoger productos en el relleno y otro fue herido de bala debido a la represión del personal de seguridad.

Los cartoneros del tren blanco también efectuaron acciones con la participación de organizaciones de desocupados, sobre todo con el Polo Obrero durante el año 2002 perteneciente al Partido Obrero, único partido de izquierda que tuvo una incidencia en el movimiento de los cartoneros. Sin embargo, se trató de un apoyo a sus medidas de fuerza y un acompañamiento en algunos de sus reclamos, como por ejemplo, la obtención de los trenes blancos, la resistencia contra su clausura y la exigencia por ingresar en el relleno sanitario. Es decir, no hubo una intervención con un programa político claramente establecido.

Por su parte, otras organizaciones de desocupados apoyaron a grupos de cartoneros a través de consignas por una mejora en sus condiciones de trabajo. Se trató de manifestaciones convocadas para reclamos generales por los desocupados que incorporaban reivindicaciones propias de los cartoneros. Fundamentalmente, se trató de protestas efectuadas durante los años 2002 y 2004 en las que participaron cartoneros provenientes de la zona sur del conurbano bonaerense, específicamente aquellos que ingresaban en los trenes exclusivos del ramal con destino a Constitución y en carros tirados por caballos.9

La tendencia a efectuar medidas de fuerza por fuera de los canales institucionales muestra el grado de independencia en la acción de los cartoneros respecto del régimen político. Esta predisposición a la acción directa no fue algo específico de ellos ni un hecho aislado. Se enmarcó en un proceso más general del que fueron protagonistas diferentes fracciones de la clase obrera ocupada y, sobre todo, desocupada. A su vez, las alianzas tejidas durante este proceso se forjaron con organizaciones que también actuaban con independencia del régimen político como, por ejemplo, las organizaciones de desocupados y las asambleas populares. En este contexto hubo otros dos elementos en la organización de los cartoneros que coinciden con la conformación del Movimiento Piquetero. Por un lado, la presencia de mujeres delegadas en la organización de los trenes blancos y, por el otro, su pasado como manzaneras y su pasaje a estructuras organizativas más independientes.10

Uno de los elementos de debate en el seno de los cartoneros durante el período 2001-2002 fue el problema del cooperativismo. En ese entonces, el Estado de la ciudad de Buenos Aires había propuesto la organización en cooperativas para el conjunto de los cartoneros por intermedio de la ley 992. Si bien existían algunas experiencias aisladas de formalización de estos emprendimientos, los cartoneros del tren blanco de José León Suárez se opusieron sistemáticamente a su construcción. Esta negativa es un ejemplo más del distanciamiento entre el movimiento independiente y las iniciativas del Estado.

Con posterioridad al 2002, se inicia un proceso de fuerte represión y persecución hacia los cartoneros que no solo atenta contra la fracción más radicalizada del movimiento independiente, los de José León Suárez, sino contra el conjunto de los recolectores de la ciudad porteña.

El momento represivo contra el universo de los cartoneros puede sintetizarse en dos hechos puntuales, aunque de ninguna manera son los únicos. En primer lugar, la iniciativa del gobierno porteño de controlar el ingreso de aquellos provenientes del conurbano bonaerense, específicamente de los que entraban subidos en los acoplados de los camiones destartalados.

En paralelo a los controles en los puentes, las autoridades gubernamentales crearon un organismo cuyas acciones pueden caracterizarse como hechos de represión abierta. En este sentido, en julio de 2005, el poder ejecutivo a cargo de Aníbal Ibarra inauguró el organismo Recuperación del Espacio Público (Recep) y cada gobierno de turno hizo lo suyo con el mismo fin. Bajo el mandato de Telerman se creó la Uorcep, en abril de 2006, y bajo la gestión del jefe de gobierno, Mauricio Macri, se instauró la UCEP, en septiembre de 2008. Su composición parece haber sido la misma a lo largo de los años. Según el ex jefe de ministros del Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la administración macrista, Fabián Rodríguez Simón, la UCEP estaba compuesta por 30 miembros. El funcionario asegura que no hizo más que «blanquear personal que ya ocupaba esa función desde el gobierno de Aníbal Ibarra».11 Estos grupos actuaban entre las 23 y las 3 horas de la madrugada, con 10 o más personas, quienes sustraían las pertenencias y desplazaban a las víctimas.12 Solo entre los meses de julio y agosto de 2005, la Recep efectuó 1.365 acciones tendientes a desalojar de los espacios públicos a cartoneros que acopiaban, y en algunos casos residían, en diferentes esquinas de la ciudad porteña.13

Sin duda, la persecución contra los cartoneros tuvo un efecto negativo en la organización de los mismos. A su vez, aquello provenientes de los trenes blancos también fueron perseguidos tanto en el plano judicial como en el ámbito de la represión abierta. Hubo dos hechos que, probablemente, expresen los momentos de mayor desarticulación del movimiento independiente y que se enmarcan en este proceso más general de persecución. En primer lugar, la ofensiva contra los cartoneros tuvo su correlato en el plano judicial: los provenientes de ambos ramales del ex ferrocarril Mitre realizaron varias acciones por mejoras en el servicio del Tren Blanco entre los años 2003 y 2007, y el 23 de marzo de 2004, luego de una de esas manifestaciones, la empresa TBA denunció a tres dirigentes que habían motorizado tal reclamo.14 El proceso judicial duró 8 años hasta que, en el mes de agosto de 2010 y febrero de 2011, las imputadas fueron sobreseídas y se extinguió la acción penal.15 No parece ser un hecho casual que la reprimenda judicial haya sido perpetrada contra las dirigentes, es decir, contra quienes expresaban una voluntad colectiva; con el juicio se buscaba disciplinar al resto del movimiento.

Este juicio tuvo sus efectos con posterioridad, como por ejemplo, en la lucha contra el cierre de los trenes blancos. En este sentido, una de las dirigentes históricas del movimiento, Argañaraz, no intervino de manera directa en el conflicto por temor a una nueva denuncia en su contra. Cabe destacar que el sobreseimiento definitivo y la extinción de la acción penal se efectúan luego de certificar los antecedentes penales de los imputados; es decir, una nueva denuncia en contra de las delegadas hubiera perjudicado su situación procesal. Además, al apelar la instancia del juicio oral, la justicia dictaminó la realización de tareas comunitarias durante 6 meses (no remuneradas) para las imputadas y el pago de un monto de dinero con el objetivo de resarcir el daño causado.

Las clausuras de los trenes cartoneros de los ramales de TBA, efectuadas en julio (el ex Sarmiento) y diciembre (el ex Mitre) de 2007, se enmarcan en esta etapa represiva contra los recuperadores. En este contexto, tanto la empresa TBA como los gobiernos de la nación y la ciudad de Buenos Aires fueron quienes impulsaron el cierre de los ramales cartoneros. A cambio, ofrecían un sistema de logística de camiones los cuales serían los encargados de transportar los carros, mientras que los cartoneros viajarían en los trenes de pasajeros comunes. Por su parte, el cierre de los ramales del Mitre fue abiertamente resistido por los cartoneros. Ellos manifestaban que el transporte ferroviario era más cómodo, más veloz y ofrecía mayores servicios y frecuencias. En cambio, los camiones tenían una limitación en los servicios y el acto de subir los carros al mismo se tornaba una dificultad, sobre todo para personas de edades avanzadas.

Durante la manifestación hubo dos consignas claramente contrapuestas en el seno del movimiento cartonero. Por un lado, el grupo más radicalizado se negaba al reemplazo del tren por camiones; pugnaban por la restitución del tren. Por otro lado, las cooperativas que intervinieron, en particular el Movimiento de Trabajadores Excluidos y la asociación El Álamo, impulsaban la creación de una mesa de diálogo con las autoridades del gobierno, la incorporación de una mayor cantidad de camiones y, en caso de no ser satisfecha la demanda, enviar recursos de amparo a la justicia. Además, las cooperativas realizaron medidas de fuerza por fuera del acampe, sin lograr una unidad con el resto de los cartoneros asentados en Barrancas de Belgrano; es decir, las cooperativas se manifestaron explícitamente en contra del acampe como forma de protesta.

El juicio a los tres delegados cartoneros del tren blanco, la clausura de los ramales exclusivos en 2007 y el desalojo en Barrancas de Belgrano actuaron como elementos desintegradores del movimiento, en un momento de reflujo en las manifestaciones. Dicho movimiento se encontraba parcialmente desmembrado de sus dirigentes históricas. A su vez, las mismas asambleas populares se hallaban en un momento de desintegración que tuvo su efecto en sus intervenciones frente a conflictos de cartoneros. Por ejemplo, durante el acampe en Barrancas de Belgrano, una fracción de la asamblea de Belgrano se manifestó en contra de la medida, mientras que otra parte del grupo la apoyaba.

En este período hace su aparición otra organización de cartoneros provenientes de la zona sur del conurbano bonaerense con una elevada composición numérica y capacidad de movilización: el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE). Este tuvo una posición más afín al gobierno de la ciudad de Buenos Aires durante la clausura de los trenes blancos y su reemplazo por camiones. Por su parte, los demás grupos provenientes de los antiguos ramales exclusivos, sobre todo los más moderados respecto de su activación política, se integraron en diferentes cooperativas, muchas de ellas vinculadas con la Central de Trabajadores Argentinos (CTA).

El Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE)

Como se dijo anteriormente, la primera manifestación en la que aparece el MTE como organización específica fue durante el año 2005 en el reclamo por el subsidio universal por hijo cartonero. También reclamaron contra el trabajo infantil en el seno de los cartoneros y en ese entonces, luego de una denuncia presentada por Patricia Bullrich contra el gobierno por empadronar en su registro a menores de edad, la justicia decidió otorgar un subsidio por hijo de cartonero a todos aquellos recolectores residentes de la ciudad de Buenos Aires. Estos eran una minoría comparada con el conjunto de cartoneros provenientes del conurbano bonaerense, quienes no fueron beneficiados con el subsidio. Por este motivo, diferentes grupos de cartoneros del Gran Buenos Aires se manifestaron y reclamaron el beneficio, pero no lograron obtenerlo.

Las acciones del MTE se mantienen hasta 2012. Durante la ocupación de predios en el barrio de Belgrano en repudio a la clausura de los trenes blancos, el MTE y la cooperativa El Álamo tuvieron una postura que podríamos caracterizar como divisionista dentro del movimiento cartonero. No solo se opusieron al accionar de los recolectores en contra de los acampes, sino que exigieron la incorporación de una mayor cantidad de camiones en un contexto en el cual los usuarios de los antiguos trenes se resistían. Esta mayor afinidad con la propuesta impulsada por el gobierno porteño, probablemente, explique los beneficios obtenidos por el MTE inmediatamente después del desalojo de los cartoneros acampados en Barrancas de Belgrano.

Luego de la clausura de los trenes blancos, en julio de 2008, el Estado comenzó a entregar subsidios a los cartoneros asociados en cooperativas e implementó una logística vehicular. La base material de la política de subsidios tuvo como propósito el abaratamiento de los costos en la recolección de productos reciclables. Por este motivo, el gobierno concedió a las cooperativas de cartoneros la exclusividad en esa actividad e incluso asignó zonas de trabajo en el ámbito de la ciudad de Buenos Aires. Para ello se firmó un acuerdo con un conjunto de cooperativas cartoneras. Este convenio marca el cambio en la política de reciclado para todo el período posterior. En primer lugar, el gobierno se comprometió a que los futuros pliegos de concesión del servicio de recolección de residuos sólo incluirían el retiro de la basura no reciclable; la recolección y tratamiento de materiales reutilizables estaría a cargo de los recuperadores. En segundo término y de manera inmediata, las autoridades gubernamentales se comprometieron a conceder nuevos vehículos y camiones para las cooperativas, finalizar las obras pendientes en los centros de reciclado y garantizar la llegada de productos provenientes de la recolección diferenciada. Así lo mencionan los compromisos asumidos por el gobierno luego de firmar el acta-acuerdo con los representantes de las cooperativas:

Conformar una mesa de trabajo para discutir un marco jurídico que otorgue la gestión de los RSU secos a las cooperativas de recuperadores urbanos y/o recuperadores independientes que trabajan en la Ciudad de Buenos Aires en función de los objetivos fijados por la Ley Basura Cero; Resolver en un plazo de 30 días la provisión de colectivos y el pago de los gastos necesarios para el traslado de los recuperadores urbanos agrupados en el MTE; Resolver en un plazo de 45 días un plan de reconversión tecnológica y regularización de las unidades de transporte de carga (83 camionetas y camiones) del MTE en forma consensuada con dicha organización; Proveer de la logística necesaria para desarrollar la tarea de transporte de materiales reciclables desde los lugares de generación hasta los Centros Verdes y/o plantas de acopio en forma eficiente y transparente, con participación de las organizaciones del sector cartonero; Finalizar las obras y dotar de todo el equipamiento necesario en los Centros Verdes que gestionan las Cooperativa El Ceibo, El Álamo y Del Oeste, en un plazo no mayor a los 60 días, conforme a lo detallado en el ANEXO I; Librar la orden de servicio a la empresa URBASUR para iniciar las obras de la construcción del Centro Verde de la Cooperativa El Amanecer de los cartoneros.16

Inicialmente, la organización que obtuvo mayores beneficios fue el MTE. Con el paso del tiempo, otros grupos de cartoneros comenzaron a percibir los subsidios. Incluso, en un primer momento, el MTE también actuó como dirección de otros grupos de cooperativas de recuperadores vinculadas con la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Por tal razón, en el mes de mayo de 2009, esta central organizó charlas y cursos para delegados cartoneros en las cuales se invitó a los miembros del MTE y La Alameda para que comentaran su experiencia en torno a los subsidios obtenidos.17 Además, en algunas manifestaciones convocadas por los cartoneros, por lo menos hasta diciembre de 2009, ambas cooperativas unificaron su reclamo por obtener mayores beneficios. Sin embargo, luego se distanciaron al ver que el MTE percibía todos los subsidios (logística, incentivos, vestimenta, cobertura médica, servicio de guarderías), mientras que no ocurría lo mismo con el resto de las cooperativas. Por ejemplo, en el mes de septiembre de 2011, el MTE convocó a una marcha en reclamo de un incremento del subsidio; una semana más tarde, las cooperativas vinculadas con la CTA se manifestaron en reclamo de una mayor cantidad de cupos para percibir los incentivos, incremento del mismo y otras demandas de las que sólo eran beneficiarios los cartoneros del MTE. Incluso las cooperativas que no se encuentran vinculadas con el MTE llegaron a enarbolar una consigna para que no haya «cartoneros de primera y de segunda»; consigna que expresa, aunque no sea más que embrionariamente, una división en los reclamos.

En la actualidad, el MTE es la estructura organizativa que mayor cantidad de personas nuclea (más de 2.000) y moviliza en cada acto. Su mayor convocatoria se desarrolló en protestas realizadas en diciembre de 2009 y en septiembre de 2011. En la primera de ellas, la cantidad de cartoneros presentes fue de 3.000 personas. Fue una marcha por la renovación de los subsidios otorgados por el Gobierno porteño y para que la política de reasignación de esos beneficios se convirtiera en ley. Junto con el MTE también se movilizaron las cooperativas vinculadas con la CTA. En la segunda manifestación, en la que sólo se movilizó el MTE, la organización convocó cerca de 1.000 cartoneros de su propia estructura. Este aspecto es destacable puesto que la cantidad de asistentes sólo es comparable con algunas manifestaciones del período 2001-2002, en momentos de fuerte activación política por parte de los cartoneros.

No obstante, este poder de convocatoria se efectúa en un contexto en el cual los recuperadores del MTE ya obtenían el beneficio del subsidio que les permitía un mayor grado de estabilidad. Esto no es un dato menor, dada la precariedad en las condiciones laborales de los cartoneros, la inexistencia de un ingreso fijo y la intensidad de su actividad laboral. Estas características dificultan su poder de organización y su disposición a la lucha. Aunque esta última requiere de cierto grado de conciencia, más allá de la percepción de cualquier beneficio, el subsidio les permite no recolectar por un día y movilizarse en reclamo de una mejora en sus condiciones laborales. Esta ventaja no era factible en el caso de los cartoneros provenientes de los trenes blancos que se manifestaron activamente durante el período 2001-2002 y que también llegaron a congregar en ciertas protestas hasta 1.000 personas.

Cabe destacar que la Confederación de los Trabajadores Asociados en Cooperativas (CTEP) no se encuentra exenta de las contradicciones propias de las diferencias programáticas de los organismos que la componen. Los realineamientos políticos entre la CGT, comandada por el líder del gremio de los camioneros, Hugo Moyano, y el gobierno nacional, han surtido sus efectos en el seno de la CTEP. Un ejemplo de esto es el comunicado emitido por el MTE el 27 de junio de 2012, a propósito de la convocatoria de Moyano al paro de actividades en repudio al aumento del impuesto a las ganancias de los trabajadores registrados, implementado por el gobierno nacional. La organización cartonera adhirió al paro y llamó a no efectuar la recolección de residuos reciclables en las zonas que tiene asignadas. A su vez, se solidarizó con Hugo y Pablo Moyano y con Julio Piumato, dirigentes de los gremios que habían roto sus lazos con el gobierno nacional por las denuncias penales e intimidaciones judiciales efectuadas en su contra. El comunicado del MTE, como integrante de la CTEP, dejaba librada a la conciencia de los demás trabajadores afiliados la decisión de sumarse a la medida. No obstante, el documento instaba a Moyano, como Secretario General de la CGT, a integrar la CTEP en su estructura gremial, reclamo que ya se venía solicitando desde hacía por lo menos un año. Sin embargo, el MTE no hizo explícito su posicionamiento en la segunda huelga convocada el 20 de noviembre por la CGT-Moyano por el mismo reclamo.

Como se puede observar, la organización del MTE ha logrado aglutinar a un conjunto de recuperadores que aún mantienen una unidad entre sí. Ha demostrado una capacidad de presión política contra el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en momentos en los cuales reclaman un incremento o recomposición de los incentivos, o bien, un aumento de su cupo frente a nuevos asociados. También ha mostrado su iniciativa por vincularse con estructuras políticas y partidarias que se encuentran más próximas al régimen político, como por ejemplo la CGT o incluso con el mismo gobierno.

Las cooperativas de la Central de Trabajadores Argentinos

La tercera estructura organizativa de cartoneros se compone de varias cooperativas propias vinculadas con la Central de Trabajadores Argentinos (CTA).18 Una de las características, que coincide en las dos cooperativas que componen esta estructura, es su actuación más moderada respecto de los cartoneros que ocuparon Barrancas de Belgrano en repudio al reemplazo de los trenes blancos por los camiones. Los recuperadores provenientes de la zona oeste no se manifestaron en contra del reemplazo y aceptaron los camiones sin mayores reclamos, durante el mes de julio de 2007. Por su parte, los de la zona norte, específicamente aquellos que luego formaron la cooperativa Las Madreselvas, sí efectuaron acampes en otras zonas del barrio de Belgrano pero cedieron frente a la presión de la policía y el gobierno. Uno de los cartoneros de la cooperativa entrevistado señala las razones por las cuales no habrían sido reprimidos:

En Pampa y la vía fueron reprimidos [se refiere al asentamiento de Barrancas]. En Jaramillo teníamos una especie de reconocimiento de la policía de la Comisaría N° 35, que ya nos conocía. Si había algún problema, venía el Comisario a hablar con nosotros; tratábamos de calmar a los muchachos. No llegamos a ese extremo y pudimos reacomodarnos.19

La CTA, por su parte, también organiza a un tercer grupo proveniente de los trenes blancos que llega a la terminal de Constitución. Se trata de la cooperativa Cartonera del Sur. Esta última se compone de unos 50 cartoneros y hasta el año 2012 no había logrado percibir ningún subsidio, y tampoco transportes cedidos por el gobierno porteño; situación que motorizó su participación en algunas manifestaciones.

El origen y conformación de estas cooperativas es obtener una igualdad de condiciones respecto del MTE frente a la ejecución de subsidios por parte del gobierno porteño. Como ya se dijo, por ello enarbolan su consigna para que no haya «cartoneros de primera y de segunda». Este intento por equiparar la situación de los cartoneros se inicia a través de un grupo de trabajadores de la Dirección General de Reciclado, perteneciente al Ministerio de Ambiente y Espacio Público del gobierno porteño. Uno de los entrevistados señala que,

Cuando se abrió este sistema [de subsidios] que arrancó con el MTE, un poco sirvió para aglutinarlas formalmente [a las cooperativas], para pelear por un subsidio que las equiparara. Porque la única forma de recibir el subsidio del gobierno era bajo la forma de cooperativa, la forma legal. Ahí se contactaron con nosotros, con la CTA, como para darles una mano con eso. Pero fue en función de eso, de ver que había mucho recurso para el MTE, se los cruzaban en la calle y le empezaron a preguntar por qué tenían uniforme, por qué estaban cobrando.20

La iniciativa de los cartoneros en la conformación de esos emprendimientos tuvo sus dificultades durante los primeros tiempos. Uno de los dirigentes de la cooperativa LM menciona los primeros acercamientos a la CTA:

El vínculo comenzó cuando empezamos a gestionar la cooperativa; ellos nos dieron una mano, sin mentirnos. Teníamos la necesidad de armar la cooperativa y no teníamos cómo. Le pedimos al gobierno, pero el gobierno se comprometió y no cumplió. Luego, se acercaron compañeros de la CTA que se ofrecieron a darnos una mano, y dijeron ‘nosotros le pagamos la inscripción’. Ahí formamos la cooperativa.21

Otro dirigente cartonero de la cooperativa de RUO, señala:

La cooperativa se formó en el 2009, pero esto venía desde la época del Tren Blanco. Un grupo nos organizamos. Pero nadie nos abría las puertas, no nos ayudaba nadie que entendiera de todo esto. Entre los años 2008 y 2009 comenzaron a darnos una mano (y nos siguen dando una mano) los muchachos que trabajan en la CTA, que nos guiaron sobre cómo se podía hacer la cooperativa. En el 2009 la armamos y comenzamos con 68 personas, porque las demás no creían en todo esto. Sabíamos que organizándonos íbamos a poder lidiar con los problemas que teníamos con la policía, con los vecinos, con los trenes, con el asunto de los camiones.22

Con posterioridad, la cantidad de asociados creció en las cooperativas, sobre todo a partir de la percepción de subsidios. Como señala uno de los miembros de ATE-CTA,

Antes viajaban como podían y quizás no venían todos. Por ejemplo, por camión vienen 25 carros, pero un día venían 15, otro día 10. A partir del incentivo mensual lo que se les exige es un mínimo de 3 veces por semana. Entonces, eso generó que vinieran más. Además, se fue acercando mucha más gente por el incentivo, la ropa; por eso hubo mayor cantidad de asociados.23

Como hemos visto en el gráfico 2, las manifestaciones protagonizadas por las cooperativas vinculadas con la CTA han sido escasas. Los cartoneros han exigido, fundamentalmente, el aumento de los cupos de perceptores de subsidios, de monotributo, de seguro contra accidentes laborales y otros beneficios que sólo han sido otorgados al MTE, como por ejemplo guarderías para sus hijos. No obstante, estas asociaciones han logrado una capacidad de movilización importante en términos numéricos y de presión política, como ya se señaló previamente.

Aproximaciones

Como hemos observado, los cartoneros protagonizaron una experiencia de lucha. Los reclamos se caracterizan, fundamentalmente, por exigir la mejora de sus condiciones laborales. Las conquistas para el conjunto de los recuperadores, como el permiso para recoger productos de la calle y los trenes blancos, fueron obtenidas durante el período 2001 y 2002; es decir, en un momento más general de activación política. Con posterioridad, a partir de fines del año 2008, algunas cooperativas de recuperadores se beneficiaron con una política de subsidios impulsada por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, esta política no sólo se limitó a un porcentaje minoritario de cartoneros; además no fue impulsada de manera equitativa para las cooperativas beneficiarias.

En el proceso de lucha, los recicladores forjaron sus propias organizaciones. Durante los años previos e inmediatamente posteriores a 2001, se tiende a gestar un movimiento que actúa por intermedio de la acción directa y de manera independiente del régimen político. El rol protagónico recae en un grupo de cartoneros proveniente de la localidad de José León Suárez, quien actuó como vanguardia del resto del movimiento. No solo fue la organización que mayor cantidad de acciones directas efectuó y la primera en obtener un transporte exclusivo para trasladarse desde sus lugares de residencia hasta su ámbito de trabajo. Este grupo también participó activamente en los debates en torno a la sanción de la ley 992 por el permiso para cartonear. Incluso los cartoneros de José León Suárez fueron los primeros en organizarse y movilizarse en contra del accionar represivo, en momentos inmediatamente previos a diciembre de 2001. De este modo, puede caracterizarse que este grupo actuó como vanguardia del conjunto de esta fracción de la clase obrera. A su vez, unificó sus demandas con otros grupos de cartoneros, como lo demuestra la unidad de su lucha por la obtención de un tren exclusivo para aquellos provenientes del ramal Retiro-Tigre. Esto no implicaba necesariamente una dirección técnica en las acciones, pero sí una enseñanza sobre qué hacer frente a una demanda: recurrir a la acción directa y el piquete.

La predisposición a la acción directa no fue algo específico de los recuperadores ni se efectúa de manera aislada. Las manifestaciones se enmarcan en un proceso más general del que fueron protagonistas diferentes fracciones de la clase obrera ocupada y, sobre todo, desocupada en Argentina. Específicamente, me refiero a las acciones del Movimiento Piquetero y su confluencia con las Asambleas Populares. Junto a éstas, los recuperadores intervinieron en diversas manifestaciones y lograron beneficios. Este período se caracteriza por una tendencia a la unificación en los reclamos y se logran conquistas que benefician al conjunto de los cartoneros recolectores de la ciudad de Buenos Aires, como, por ejemplo, los trenes exclusivos y el permiso para recoger materiales reciclables de la calle. A pesar de la tendencia represiva en su contra, los recuperadores se organizaron y actuaron en consecuencia, en un contexto más general de activación política.

Si bien es un momento en el cual se gestan las primeras cooperativas, en este período aún prevalece la organización independiente por fuera de estas estructuras impulsadas por el Estado. En efecto, uno de los elementos de debate en el seno de los cartoneros durante el período 2001-2002 fue el problema del cooperativismo. En ese entonces, el Estado porteño había propuesto la organización en cooperativas para el conjunto de los cartoneros por intermedio de la ley 992. Si bien existían algunas experiencias aisladas de formalización de estos emprendimientos, los cartoneros del tren blanco de José León Suárez se opusieron sistemáticamente a su construcción. Esta negativa es un ejemplo más del distanciamiento entre el movimiento independiente y las iniciativas del Estado.

Por su parte, la etapa posterior al año 2003 se caracteriza, en un primer momento, por una agudización de la represión contra los cartoneros y, en una segunda etapa, por avances y retrocesos en el conjunto de los recuperadores. El cierre de los trenes blancos concesionados por la empresa Trenes de Buenos Aires y el desalojo en Barrancas de Belgrano puede ser caracterizado como un hecho que marca un antes y un después en la historia de lucha de los cartoneros. Por un lado, constituye la expresión más aguda de la represión por parte del Estado y, por el otro, es el momento en el cual comienza una etapa de integración de los cartoneros en el régimen político por intermedio de las cooperativas. Estas últimas lograron una mejora en las condiciones laborales de sus asociados a través de los subsidios otorgados por el Estado, aunque sólo representan una minoría comparada con el conjunto de los cartoneros. Sus reclamos se han constituido a través de negociaciones individuales con el Estado, en detrimento de una consigna unificadora que beneficie al conjunto de los recuperadores.

En paralelo al proceso represivo contra los cartoneros, comienza a desarrollarse el cooperativismo en su seno. Esta tendencia, que había sido contenida durante el proceso previo e inmediatamente posterior a la crisis de 2001 por el movimiento independiente, comienza a desarrollarse con mayor fuerza a partir del año 2008. Por otra parte, el cooperativismo en el seno de los cartoneros no ha tendido a unificar reclamos sino todo lo contrario: la desigualdad en la percepción de los beneficios otorgados por la política de subsidios ha propiciado su fragmentación. Parcialmente, el Estado es responsable de esta fractura incipiente. Pero, al mismo tiempo, las cooperativas también lo son. En efecto, la conciencia «cooperativista» ha tendido a que las asociaciones cartoneras entablen negociaciones aisladas entre sí con el Estado. Dicho en otros términos, cada cooperativa lucha por una mejora para sí misma, dejando de lado una política de reivindicaciones para el universo de los recuperadores.

No obstante, estas entidades han logrado una capacidad de presión política y la posibilidad de mantener organizados a ciertos grupos. Se trata de aquellas cooperativas que tuvieron una posición más afín al gobierno porteño en el contexto del cierre de los trenes blancos y de grupos de cartoneros que actuaron con mayor moderación durante el mismo proceso. En ambos casos, las asociaciones se vincularon con estructuras más amplias que se encuentran más integradas al Estado, como por ejemplo la CGT, la CTA y la CMP.

Finalmente, podemos aproximarnos a una reflexión sobre el análisis de las organizaciones de los cartoneros y sus intervenciones. La conciencia cooperativista, sumada a la represión del Estado, ha tendido a frenar aquella estrategia de independencia de clase característica de su accionar durante el período inmediatamente previo y posterior a las jornadas de diciembre de 2001. A su vez, la vinculación de las cooperativas con estructuras organizativas integradas al régimen político ha tendido a dejar de lado, al menos momentáneamente, el desarrollo de una política de clase; política que, históricamente, ha impulsado la unidad en la lucha y la igualdad en las condiciones materiales de existencia.

Notas:

1 En este artículo se utilizarán las denominaciones de cartoneros, recicladores o recolectores como sinónimos para evitar reiteraciones.

2 «Piquetero» es el nombre que recibe un grupo específico de trabajadores ocupados y desocupados que, entre los años previos y posteriores a la crisis del 2001 en Argentina, tendió a hilvanar un programa de reivindicaciones para mejorar sus condiciones de vida. Esta fracción de los trabajadores efectuaban «piquetes» o cortes de ruta para satisfacer sus reclamos. Sobre una caracterización del Movimiento Piquetero, ver: Sartelli (2007) y Oviedo (2004).

3 El Partido Obrero es una organización de izquierda con tendencia trotskista.

4 La Confederación General del Trabajo es la entidad que nuclea a varios gremios de trabajadores registrados de la economía. Actualmente, la CGT se encuentra dividida según una posición favorable al gobierno nacional y otra que ha tendido a alejarse de este.

5 La Plaza de Mayo se ubica geográficamente frente a la dependencia de la presidencia de la nación, en la ciudad de Buenos Aires. Históricamente, ha sido el sitio elegido por el movimiento obrero para efectuar sus reclamos. Es por ello que se puede caracterizar como el sitio que expresa lo más elevado del poder político.

6 Entrevista del autor a Lidia Quinteros, ex delegada del Tren Blanco (ramal Suárez), realizada los días 15/10/2011 y 11/08/2012.

7 Entrevista del autor a Alejandro Tiscornia, ex miembro de la Asamblea Popular de Saavedra, realizada el 22/10/2011. Tiscornia menciona que sus compañeros delegaron ese cargo en él puesto que conocía el fenómeno de los cartoneros a partir de una serie de notas y entrevistas realizadas a los mismos cartoneros provenientes del Tren Blanco durante los años previos.

8 En un contexto más general de activación política en la ciudad de Buenos Aires durante los años 2001 y 2002, varios grupos de vecinos conformaron asambleas barriales y ollas populares para asistir a los más pobres. A su vez, varias asambleas se plegaron hacia otras organizaciones de desocupados para apoyar sus demandas.

9 Estas manifestaciones no han sido incorporadas en la elaboración de los cuadros debido a que no fueron convocadas por cartoneros, sino por otras organizaciones con reclamos que excedían las reivindicaciones propias de la actividad de recolección y venta de materiales reciclables. Sin embargo, se ha considerado pertinente incorporarlas en este análisis porque ejemplifican la confluencia entre cartoneros y grupos de desocupados agrupados en organizaciones piqueteras.

10 Las «manzaneras» eran mujeres que coordinaban, como su nombre lo indica, la manzana de su zona de residencia. Fueron denominadas así a partir de la instauración de una política asistencialista por parte del gobierno bonaerense, entre mediados y fines de la década de 1990. Desde el momento de su creación, las «manzaneras» respondían a una estructura política específica, el peronismo. No obstante, esa estructura asistencialista entró en crisis en los años inmediatamente previos al 2001. A partir de entonces, varias manzaneras rompieron sus lazos con el peronismo y comenzaron a integrar organizaciones de izquierda que se manifestaban por fuera del régimen político. Ver: Oviedo (2004).

11 Fuente: diario Página/12, 7/12/2009.

12 CELS y Defensoría del Pueblo de la CABA: «La UCEP: un organismo estatal con prácticas ilegales», octubre de 2009. Informe realizado en base a 14 denuncias recibidas entre octubre de 2008 y octubre de 2009. Disponible en: http://goo.gl/JThM7.

13 Diario La Nación, 7/11/2005.

14 Cabe destacar que sólo fueron procesadas las delegadas Gabina Argañaraz y Lidia Quinteros puesto que el tercer representante de los cartoneros denunciado, Gregorio Mela, no pudo ser notificado debido a que nunca fue hallado en su domicilio.

15 Fuente: Juzgado Federal en lo Criminal y Correccional de Tres de Febrero, Pcia. De Buenos Aires: Causa n° 315/08, «Somosa, Facundo José S/DCIA. INF. ART. 191 del CP»; 2004. La causa se compone de dos cuerpos y 342 fojas. Además, se anexan dos incidentes de embargo contra las demandadas Gabina Argañaraz y Lidia Quinteros. El juez a cargo de la causa fue el Dr. Juan Manuel Culotta, en la Secretaría n° 2 a cargo del Dr. Bernardo Rodríguez Paina. El fiscal fue el Dr. Sica de la Fiscalía del Juzgado de San Martín.

16 Fuente: Gcaba: «Acta Acuerdo», convenio firmado entre el gobierno porteño y las cooperativas de cartoneros El Ceibo, El Amanecer de los Cartoneros, Movimiento de Trabajadores Excluidos, El Álamo, Del Oeste, Tren Blanco ramal José León Suárez y Tigre, 7 de julio de 2008. Disponible en: www.ambiente.gov.ar/archivos/web/ObservaRSU/file/acuerdo.pdf. El acuerdo también se comprometía a otorgar servicio de camiones a los cartoneros provenientes de los trenes blancos que, unos meses previos a la firma del convenio, habían sido clausurados por la empresa Trenes de Buenos Aires.

17 Fuente: www.foroambiental.org.ar/spip.php?page=imprimir_articulo&id_article=632.

18 La Central de Trabajadores Argentinos surge en la década de 1980 con una postura opositora a la CGT. En general, nuclea a gremios docentes y estatales, pero también tiene una inserción en el seno de los trabajadores desocupados.

19 Entrevista del autor a Carlos, presidente de la cooperativa Las Madreselvas, realizada el día 05/10/2011.

20 Entrevista del autor a Evangelina, miembro de la junta interna de ATE del Ministerio de Ambiente y Espacio Público, realizada el 21/09/2011.

21 Entrevista a Carlos, op. cit.

22 Entrevista a Gustavo, presidente de la cooperativa de Recuperadores Urbanos del Oeste, realizada el 08/09/2011.

23 Entrevista a Evangelina, op. cit.

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