Ensayo sobre Dialéctica de la dependencia Revisión crítica de las contribuciones y limitaciones desde una perspectiva actual Leonardo Ignacio Córdoba** Diego Kozlowski * Este trabajo se realizó en el marco del Proyecto UBACyT (Categoría Investigadores Jóvenes), Programación (2013-2016) 20020120300010 BA, titulado «La nueva riqueza social argentina desde la década del treinta del siglo XX a la actualidad. Composición y dinámica a partir de las conclusiones del análisis crítico de sus formas de cuantificación», dirigido por Damián Kennedy. ** L.I. Córdoba. Licenciado en Economía por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Estudiante de posgrado en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Correo-e: cordoba.leonardoignacio@gmail.com D. Kozlowski. Licenciado en Economía por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires. Estudiante de posgrado en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires. Correo-e: diegokoz92@gmail.com Resumen
Dialéctica de la dependencia, de Ruy Mauro Marini, constituye un bastión en el estudio de la acumulación del capital en Latinoamérica. Nos brinda herramientas para discutir lo propio de la región, tanto respecto a la especificidad latinoamericana como a un método de investigación del capitalismo. Importantes polémicas surgieron en torno a este autor y su obra. El objetivo de este trabajo es realizar un estudio sobre Dialéctica de la dependencia para entender sus límites y potencialidades, a partir de su lectura pormenorizada, marcando aquellos elementos queresultan problemáticos a la consistencia interna de la obra. Además, se consideran cuestiones propias de la especificidad de América Latina, ausentes en el texto original, tales como la renta de la tierra. Palabras clave: Marini / Dependencia / Superexplotación
Abstract
Dialéctica de la dependencia, from Ruy Mauro Marini, constitutes a bastion in the critical study of capital accumulation in Latinamerica. It has given us analytical tools to discuss regional topics, not only in what respects to Latin American specificity but also regarding a methodological approach of capitalism’s development. There have been significant controversies around this author and his work. The main purpose of this essay is to inquiry Dialéctica de la dependencia so as to learn its limits and potentialities by punctiliously reading it, taking into account those elements which seem problematic to the internal consistency of this work. In addition, matters which relate to Latin America specificity but are not present in the original text are considered, such as ground rent. Key words: Marini / Dependence / Superexploitation RECIBIDO: JUNIO 2016 - ACEPTADO: DICIEMBRE 2016 Introducción
Ruy Mauro Marini, autor brasileño, es uno de los más reconocidos exponentes de la escuela de la dependencia, representando dentro de esta a la corriente más ligada con las ideas de Karl Marx. Su reconocida obra, Dialéctica de la dependencia, fue uno de los primeros y más importantes intentos sistemáticos para comprender la especificidad del proceso de acumulación del capital en Latinoamérica. Dicho texto, publicado en México por la editorial Era en 1973, fue escrito en Chile antes del exilio provocado por el golpe de Estado contra el gobierno de la Unidad Popular encabezado por Salvador Allende. Es por esto que es importante, para cualquiera que se proponga continuar con el mismo empeño, incorporar dicha obra como bagaje teórico propio para, a partir de un análisis crítico, avanzar sobre el objetivo de comprender el proceso de acumulación del capital en América Latina y las formas políticas que reviste. El objetivo del presente trabajo es realizar un estudio puntual sobre esta obra a partir de su lectura pormenorizada y, en particular, de aquellos elementos que resultan problemáticos a su consistencia interna. Además, se consideran cuestiones propias de la especificidad de América Latina que no se encuentran presentes en el texto original. Dado el carácter del presente artículo, no se pretende con el mismo realizar un aporte superior al del Marini en el análisis de la especificidad de la acumulación del capital en América Latina, sino presentar las posibles líneas de desarrollo futuro para su estudio, sobre la base de apuntar los límites que presenta su obra. En particular, marcaremos la necesidad del análisis de la renta de la tierra y el desarrollo cuantitativo de la superexplotación, como elementos necesarios para comprender el desarrollo capitalista de Latinoamérica; sin embargo, no pretendemos realizar tales análisis en el presente artículo, sino resaltar su importancia de cara a futuras investigaciones. Para ello, comenzamos realizando una lectura detenida del texto –con un orden semejante al que propone Marini–, en particular de los primeros acápites, que resultaron controversiales en discusiones posteriores. De seguidas, realizamos un desarrollo propio sobre la renta de la tierra, dado que consideramos que esto constituye un elemento ausente en la obra original, pero necesario para la comprensión de la estructura económica latinoamericana. Luego realizamos una crítica metodológica para finalizar con algunas breves observaciones empíricas, que entran en contradicción con algunos de los planteos de Marini. Desarrollo exegético de dialéctica de la dependencia
En esta sección nos proponemos realizar un estudio pormenorizado de la obra que nos convoca. Como se dijo anteriormente, nos centramos en las primeras secciones, por considerar que son las centrales conceptualmente. La integración de América Latina al capitalismo mundial Marini plantea en los primeros dos capítulos la base sobre la que se monta la dependencia de Latinoamérica, que tiene como consecuencia necesaria la superexplotación del trabajo.
El análisis comienza siendo una crítica a las demás interpretaciones marxistas. Sin embargo, considera que los errores en los que incurrieron no son accidentales, ya que: Estas desviaciones nacen de una dificultad real: frente al parámetro del modo de producción capitalista puro, la economía latinoamericana presenta peculiaridades, que sedan a veces como insuficiencias y otras —no siempre distinguibles fácilmente de lasprimeras— como deformaciones. No es por tanto accidental la recurrencia en los estudiossobre América Latina de la noción de «precapitalismo». Lo que habría que decir es que, aun cuando se trate realmente de un desarrollo insuficiente de las relaciones capitalistas, esa noción se refiere a aspectos de una realidad que, por su estructura global y su funcionamiento, no podrá nunca desarrollarse de la misma forma como se han desarrollado las economías capitalistas llamadas avanzadas. Es por lo que, más que un precapitalismo, lo que se tiene es un capitalismo sui géneris que sólo cobra sentido si lo contemplamos en la perspectiva del sistema en su conjunto, tanto a nivel nacional como, y principalmente, a nivel internacional (Marini 1972:2).
Esto implica que Latinoamérica no se ajusta a una norma; es decir, que es insuficiente o deforme con respecto a otra cosa que no lo es. Por lo tanto, esto presupone que todos los países deberían seguir un desarrollo canónico. La única forma de entender esto es pensar el desarrollo del capitalismo como un proceso autónomo de cada nación, la cual debería reproducir en su interior la generalidad del proceso capitalista de acumulación. De esta forma, no se presenta la necesidad de reconocer la especificidad América Latina, la razón por la que se desarrolló de la forma en que lo hizo, sino que lo que se propone al autor es explicar el por qué no se desarrolló de tal forma canónica, implícitamente la prevaleciente en los países centrales. En otras palabras, la pregunta no es respecto a qué rol cumple Latinoamérica en la acumulación capitalista mundial, sino cómo opera el resto del mundo sobre la acumulación capitalista latinoamericana. La respuesta que se dará, en términos generales, será que los países, que se iniciaron primero en el modo de producción capitalista, imponen una relación de subordinación en aquellas relaciones internacionales que tienen aún insuficiencias en su desarrollo, impidiéndoles este mismo y perpetuando sus insuficiencias (que pasan a ser deformaciones), para así mantener la relación de subordinación.
El capitalismo es el modo en que se establece la unidad entre la producción y el consumo sociales, de forma indirecta, a través de la mercancía. Se basa en relaciones sociales indirectas y no en relaciones personales directas, como los modos de organizar a la humanidad que lo precedieron. Siendo que no hay relaciones de dependencia personal que regulen la unidad entre la producción y el consumo sociales, no se nos presenta ningún límite geográfico como parte del contenido del sistema capitalista. Las formas nacionales son, por ello, una forma particular del contenido mundial del capitalismo; una forma histórica específica, parcialmente heredada de los modos de producción que lo antecedieron. Es decir, el capitalismo es universal en su contenido y nacional solo en su forma, y, por lo tanto, no necesariamente cada país presenta en su interior todas las leyes generales de la producción capitalista. Marini se encuentra frente a la necesidad de dar respuesta al por qué el pleno desarrollo del capitalismo no sucede en Latinoamérica, pero creemos que su pregunta en sí debería ser puesta en duda, dado que parte de suponer que el desarrollo capitalista tiene por contenido las formas nacionales. Marini logra dar cuenta de que lo que ocurre en Latinoamérica no es algo por fuera del capitalismo, un precapitalismo, sino que es algo endógeno al modo de producción mundial, pero que no se desarrolla igual que en los países clásicos. Sin embargo, supone que el desarrollo capitalista pleno debe ser semejante al que prevalece en los países centrales. Su conclusión es, por tanto, que el capitalismo en Latinoamérica es una deformación sui generis de lo que debía ser, producto de que no se desarrolló autónomamente, en lugar de ver que la especificidad del capitalismo en Latinoamérica no es otra cosa que el desarrollo de un contenido universal, una forma específica producto de las determinaciones propias de la región. Continuando el desarrollo de Marini en el análisis de la forma en que se inserta América Latina en el mundo, primero aparece como condición necesaria la capacidad particular de la región para producir materias primas (ya sea para la producción de bienes salario así como insumos para la producción de bienes industriales), lo que contribuye a que el eje de acumulación en las economías industriales pase de la producción de plusvalía absoluta a la de plusvalía relativa. Es interesante ver que, si bien él no lo explicita, a lo largo de su trabajo se deja entrever una suerte de etapismo en el eje de acumulación del capitalismo, en cuyo desarrollo se encuentra, primero, la producción de plusvalía absoluta y, luego, la producción de plusvalía relativa. En este sentido, a lo largo de su exposición pareciera que, para dicho autor, el pleno desenvolvimiento del capitalismo en una nación implica que la acumulación se basa en la producción de manufacturas, mientras que en una primera etapa se basaría en la producción de bienes agrarios.
El secreto de El secreto del intercambio desigual Considerando la unidad mundial de la acumulación del capital, el desarrollo capitalista de América Latina es, en realidad, el desarrollo de la necesidad que brota en los países industriales de disminuir el valor de la fuerza de trabajo para aumentar la cuota de plusvalía, es decir de la producción de plusvalía relativa. Marini concuerda con que América Latina se incorpora al mercado mundial sobre la base del proceso de producción de plusvalía relativa en Europa. Lo plantea, sin embargo, como la consecuencia de una transición de una etapa de producción de plusvalía absoluta a una de plusvalía relativa. «La inserción de América Latina en la economía capitalista responde a las exigencias que plantea en los países industriales el paso a la producción de plusvalía relativa» (Marini 1972:5).
Es decir que, con la incorporación de América Latina al mercado mundial como exportador de materias primas, hay un cambio en el eje de acumulación de los países clásicos, donde se pasa de la producción de plusvalía absoluta, como eje, a la de plusvalía relativa, gracias al abaratamiento de los insumos industriales y alimentos. Sobre la base de considerar que todo país ingresa al modo de producción capitalista como productor de materias primas, fruto de las fases del desarrollo que se deben dar en cada país, se da por sentado que Latinoamérica ingresará como productora de materias primas, sin preguntarse por las condiciones técnicas de esa producción. Si bien al principio se plantea que hay que examinar «las condiciones internas de producción que permitirán a América Latina cumplir esa función» (Marini, 1972:6), en realidad no se analizan. Al no tener que explicar la necesidad de que América Latina se inserte como productora de bienes agrarios, pasa por alto la fertilidad2 extraordinaria de gran parte de América Latina, lo cual supone la existencia de una renta diferencial de la tierra (que no aparece siquiera mencionada). Al no ver esto, tampoco puede considerar que la incorporación de esta enorme extensión de tierras, particularmente fértiles, al mercado mundial, implica en simultáneo la expulsión de las tierras menos fértiles, conduciendo a una reducción del precio de los bienes agrarios, a raíz del aumento de la productividad del trabajo en la producción de dichas mercancías. Marini observa el hecho empírico de la reducción del precio de los bienes agrarios de forma relativa al de los productos manufacturados, pero no lo puede relacionar con un aumento de la productividad del trabajo que producen los bienes agrarios a causa de la expulsión de las tierras menos fértiles y de la incorporación de las nuevas. En sus palabras, el empeoramiento de los términos de intercambio:
Trátase del hecho sobradamente conocido de que el aumento de la oferta mundial de alimentos y materias primas ha sido acompañado de la declinación de los precios de esos productos, relativamente al precio alcanzado por las manufacturas. […] Es evidente que tal depreciación no puede corresponder a la desvalorización real de esos bienes, debido a un aumento de productividad en los países no industriales, ya que es precisamente allí donde la productividad se eleva más lentamente. Conviene, pues, indagar las razones de ese fenómeno, así como las de por qué no se tradujo en desestimulo para la incorporación de América Latina a la economía internacional (Marini 1972:8) (resaltado propio).
Marini no realiza un análisis empírico para mostrar el deterioro en los términos de intercambio, ni para mostrar la evidencia de que la desvalorización, producto de un aumento en la productividad del trabajo en los bienes industriales, es mayor que en los bienes agrarios. Claro que se basaba en los clásicos análisis de la Cepal, que inspiraron los debates de toda la época. Sin embargo, a la luz de recientes trabajos, consideramos que, si bien cuando se analizan los precios relativos efectivamente existe un deterioro en los términos de intercambio, las variaciones en la productividad del trabajo agrario respecto al industrial encierran una complejidad mayor. En particular, los cambios en la productividad del trabajo deben ser vistos, empíricamente, en un país para el cual no haya sospechas respecto a las transferencias de valor extraordinarias que se pueden estar realizando entre este tipo de mercancías. Iñigo Carrera (2015) realiza una contrastación empírica tanto de la evolución de los precios relativos como de los cambios de productividades y de la evolución de los términos de intercambio, ajustados por productividad, para llegar a la conclusión de que el aumento de la productividad del trabajo es mayor en el agro que en la industria en el período que va de 1910 a 2010. No solo esto, sino que el aumento de la productividad compensa sobradamente el cambio de los precios relativos.
Todo esto indica que el deterioro de los términos de intercambio va en realidad en el sentido contrario de lo observado por Marini y muchos otros intelectuales del período. Según el cómputo de Iñigo Carrera, los términos de intercambio netos de productividad habrían mejorado entre 1910 y 2010 un 16 por ciento en el total del período; que se puede descomponer de la siguiente manera: entre 1910 y 1939 empeoran los términos de intercambio hasta el punto en que la relación precios agrarios y precios industriales en 1939 representaba un 58 por ciento de lo que era en 1910; a partir de allí, comienza a mejorar dicha relación para los países agroexportadores hasta tocar un pico en 1989, donde los términos de intercambio eran un 40 por ciento mejores que en 1910, cuando comienza nuevamente un deterioro de los términos de intercambio, que nos lleva a tener, en 2010, una variación total positiva. Si los deterioros de los términos de intercambio son en realidad en el sentido inverso, y esto es verificable en términos empíricos, estamos poniendo en cuestión la piedra angular no sólo de la elaboración de Marini, sino de la teoría de la dependencia en general e, incluso, del estructuralismo de Prebisch (1949) y Singer. Estos son, sin embargo, resultados muy recientes como para dar evidencia concluyente de una mejora neta de los términos de intercambio, pero lo que nos interesa remarcar en este punto es que la medición de los términos de intercambio tiene una complejidad tal que, hasta el día de hoy, sigue siendo eje de discusiones, ya que no debe pasar por alto la productividad del trabajo. Consideramos que Marini no realiza este análisis empírico porque, como dijéramos, afirma que el capitalismo comienza con una etapa de producción de plusvalía absoluta, donde los aumentos en la productividad del trabajo no juegan un rol determinante y en donde se producen mercancías agrarias, para pasar a un segundo estadio, desarrollado, en donde la producción se centra en bienes industriales y los aumentos en la productividad del trabajo, que permiten abaratar el valor de la fuerza de trabajo, juegan un rol clave. En este sentido, como considera que los productores de materias primas nunca salen del estadio de producción de plusvalía absoluta, le resulta evidente que no puede ser mayor el aumento de la productividad del trabajo agrario frente al industrial. Es interesante considerar que la denominada «revolución verde», es decir, el aumento explosivo de la productividad del trabajo en el sector agrícola, estaba en plena vigencia al momento en que Marini redacta su obra; sin embargo, aún para tal época, la dicha revolución verde no había calado en los trabajos académicos, incluido el de Marini.
Posteriormente, con la más moderna «revolución biotecnológica» se generaliza la idea de que el agro no es un sector exento a las mejoras en la productividad del trabajo. Es en tal sentido que consideramos que, una relectura actual de Marini no puede dejar de considerar este punto, que ciertamente resignifica su planteo como un todo. También hay que resaltar que, históricamente, la técnica aplicada al sector agrario se ha desarrollado en Estados Unidos o en Europa, en su mayor parte, y que, generalmente, ha llegado a América Latina con un rezago considerable, lo cual da la impresión, aún más, de que en este sector no prima el avance técnico. Sólo con las recientes recopilaciones de datos sobre productividad en diversos países, es que podemos observar estas cuestiones, claramente más difíciles de hacer en el período que Marini escribiera.
En su intento de dar cuenta de este intercambio desigual, Marini rechaza que: Se podría interpretar el fenómeno si nos limitáramos a la constatación empírica de que las leyes mercantiles se han visto falseadas en el plano internacional gracias a la presión diplomática y militar por parte de las naciones industriales. Este razonamiento, aunque se apoye en hechos reales, invierte el orden de los factores, y no ve que la utilización de recursos extraeconómicos se deriva precisamente de que hay por detrás una base económica que la hace posible (Marini 1972:8). En esta cita consideramos que se sintetiza uno de los aportes más importantes de Marini al análisis de la región. Independientemente de si las leyes mercantiles se vieran o no falseadas, él nos convoca a entender las presiones diplomáticas y militares que sufren los pueblos latinoamericanos, como derivados de una base económica determinante. Si bien discrepamos con parte del análisis que realiza sobre dicha base económica, entendemos que el autor hace un importante aporte de método, que no niega la existencia de presiones políticas y militares, pero que las enmarca como formas de un todo más complejo que las determina como tales. Naturalmente, esta relación planteada por el autor es algo recogido de una larga tradición marxista; lo que aporta es la introducción como método de análisis del caso latinoamericano.
Desde la perspectiva de Marini, esta base económica, que determina la violencia política y militar, tiene como punto de partida ella misma: En efecto, a medida que el mercado mundial alcanza formas más desarrolladas, el uso de la violencia política y militar para explotar a las naciones débiles se vuelve superfluo, y la explotación internacional puede descansar progresivamente en la reproducción de relaciones económicas que perpetúan y amplifican el atraso y la debilidad de esas naciones (Marini 1972:9). Es decir que, si comienza planteando que es necesario dar cuenta de la base económica que permite el desarrollo de las formas políticamente débiles, a renglón seguido plantea que las formas de violencia política y militar son el punto de arranque en el que se monta el contenido económico, que progresivamente va pudiendo por sí mismo perpetuar el atraso. Cabe, entonces, preguntarse hasta qué punto se mantiene el método propuesto de ver a la violencia política y militar como la forma que toma el contenido económico, si esta tiene por punto de partida a su propia forma ¿puede la forma ser contenido de su propio contenido? Más allá de esta contradicción, efectivamente Marini hace un intento de dar cuenta de las determinaciones económicas del intercambio desigual, cuando plantea que: El mero hecho de que unas produzcan bienes que las demás no producen, o no lo pueden hacer con la misma facilidad, permite que las primeras eludan la ley del valor, es decir, vendan sus productos a precios superiores a su valor, configurando así un intercambio desigual. Esto implica que las naciones desfavorecidas deban ceder gratuitamente parte del valor que producen (Marini 1972:10). Es decir que se elude la ley del valor a causa del monopolio de la producción de bienes manufacturados. Sin embargo, la elusión de la ley del valor no puede partir de que las mercancías no se venden a su valor, ya que Marx explicó que, producto de las diferentes composiciones técnicas del capital, siempre, todas las mercancías (excepto por mera casualidad) se venden por encima o por debajo de su valor. Esto es lo que Marx desarrolló como la transformación de valores en precios de producción. Es llamativo cómo Marini constantemente se refiere a las transferencias de valor entre Latinoamérica y los países desarrollados, sin tocar este punto. Naturalmente, se puede interpretar que se refiere a que, producto de la existencia de un monopolio en la producción de ciertas mercancías, estas se venden persistentemente por encima del precio de producción. De esta manera, los capitales de los países centrales se apropiarían persistentemente de una ganancia extraordinaria, fruto de la sustracción desigual en el intercambio. Marini, sin embargo, no se detiene a pensar porqué unas naciones tienen la capacidad de producir la generalidad de las mercancías, mientras que América Latina no puede hacerlo. Se enfrenta a la necesidad de relevar la especificidad de la acumulación en América Latina, cayendo en el razonamiento circular de que la región es débil porque no puede producir bienes industriales, pero no puede producir bienes industriales porque es débil. Entendemos que Marini rompe esta circularidad con la respuesta tácita, que se mencionó previamente, de que el capitalismo es de forma y contenido nacional, y que debe atravesar por una serie de fases en su desarrollo, coartadas en Latinoamérica por la imposición externa de las naciones que se encuentran en el momento produciendo bienes industriales. Respuesta que se complementa luego con el hecho fundante de la violencia política y militar, que abre paso a que las relaciones económicas se encarguen por ellas mismas de reproducir la debilidad. Finalmente, agrega en este punto, que el problema, también, se basa en que Latinoamérica no tiene la misma facilidad para producir bienes industriales. Sin embargo, el planteo del intercambio desigual elaborado por Marini considera que mientras Latinoamérica solo está en condiciones de producir bienes agrarios para el mercado mundial, los países industriales se encuentran en condiciones de producir tanto bienes industriales como agrarios en las mismas condiciones. Esta afirmación solo es posible si se pasa por alto, como hace Marini, la renta diferencial de la tierra de América Latina y que muchos de los países industriales, sobre todo Inglaterra, tienen una productividad del trabajo particularmente baja en la producción de bienes agrarios, producto de la poca fertilidad de sus tierras. Por lo tanto, nos encontramos con que, independientemente de si existen condiciones de monopolio en los bienes industriales, entre los dos bloques de naciones, productoras de bienes agrarios e industriales, sucede una situación de impasse, dado que el primero no puede (por la especificidad de la acumulación del capital dentro de sus fronteras) producir mercancías industriales; mientras que el segundo, si bien produce mercancías agrarias, no puede abastecer la demanda que requiere (de manera compatible con la tasa normal de ganancia). Por lo tanto, ninguno de los dos se encuentra en condiciones de establecer un intercambio desigual sobre el otro, sino que ambos son mutuamente dependientes, ya que cada uno podría imponer un precio más alto de producción que el del otro. Siguiendo el planteo de Marini, se propone un elemento compensatorio a la pérdida de valor de los capitales latinoamericanos por el intercambio desigual, que es incrementar la masa de valor producida por los países que producen mercancías agrarias, echando mano de una mayor explotación del trabajo. Lo que se le presenta al autor es que, en lugar de corregir el desequilibrio de precios aumentando la capacidad productiva del trabajo aplicado a los bienes agrarios, se intenta compensar la pérdida de ingresos a través de la mayor explotación del trabajador. Esta conclusión se encuentra en sintonía con un capitalismo que se realiza por fases. Dado que Latinoamérica nunca puede superar el escollo de la acumulación basada en la plusvalía absoluta, los capitalistas locales solo pueden echar mano a la mayor explotación del trabajo, ya que no pueden aumentar la cuota de plusvalía, sino a través de un aumento de la intensidad o de la prolongación de la jornada de trabajo, pero nunca a través de un aumento de la productividad, que es la forma de realizarse la necesidad de la plusvalía relativa.
La superexplotación del trabajo y la reproducción de la dependencia Como se mencionó arriba, Marini plantea la necesidad del capital en Latinoamérica de compensar la transferencia de valor en el plano de la producción interna. Es aquí donde el capital puede echar mano de tres formas que son en sí mismas la extensión de un mismo contenido: la superexplotación del trabajo. Ya sea mediante un aumento de la intensidad, la prolongación de la jornada de trabajo o bien la reducción del fondo de consumo del obrero, el capital se apropia del valor necesario para la reproducción de la fuerza de trabajo en condiciones normales. Ahora bien, así como más arriba se planteó el problema del autor, cuando veía una posibilidad de que América Latina se inserte al mercado mundial, pero no daba cuenta de la necesidad de que esto ocurra, ahora se presenta el mismo problema en el sentido inverso. Marini arriba a la necesidad de que la fuerza de trabajo se realice sistemáticamente por debajo de su valor (aunque a la luz del presente análisis tal necesidad no es necesariamente cierta), pero no puede explicar la posibilidad de que ello suceda. La duda que nos surge es muy simple: si la fuerza de trabajo se realiza sistemáticamente por debajo de su valor, siendo el valor el tiempo de trabajo socialmente necesario para reproducir esa fuerza de trabajo en las mismas condiciones, ¿cómo es posible que en un período histórico de tantos años no se haya destruido absolutamente la fuerza de trabajo, al punto de ser imposible su utilización por parte del capital? La pregunta toma mayor relevancia cuando se tiene en cuenta que la supuesta venta por debajo del valor lleva más de dos siglos y que se trata de una fuerza de trabajo que se concibe con una subjetividad productiva particularmente degradada, es decir, la destrucción de dicha subjetividad implicaría la imposibilidad de realizar tareas en general. ¿Cómo se reproduce esa fuerza de trabajo?
Marini menciona más adelante en el texto que el flujo migratorio y la reserva de mano de obra indígena permitieron aumentar la mano de obra disponible hasta principios del siglo XX, pero nada dice de lo que sucede después, con lo cual el interrogante sigue abierto. Nuevamente, viéndolo desde una perspectiva que incorpore los sucesos históricos que apenas se podían vislumbrar en los años en que Marini elabora su obra, podemos tener en cuenta la incorporación del sudeste asiático a la producción mundial de forma muy potente, donde se hace uso de una masa de población que, por lo menos previamente a su incorporación al ejército industrial en activo, no vendía su fuerza de trabajo, o lo hacía marcadamente en condiciones de superexplotación. Estas poblaciones campesinas que, siguiendo a Marx, podríamos denominar población sobrante latente, reprodujeron sus atributos productivos sobre la base de la producción para la autosubsistencia.
En América Latina podemos encontrar países donde las poblaciones campesinas son extendidas y pueden cumplir un rol similar, como por ejemplo en Bolivia, pero vemos otros casos, como el argentino, donde la población campesina es prácticamente inexistente y lo que predomina en el campo son los obreros rurales. Por su parte los flujos migratorios desde otras regiones son una característica de los primeros años del siglo XX, pero mal haríamos en generalizarlos para el resto del siglo. En este sentido surge el interrogante respecto a si efectivamente la fuerza de trabajo se ha vendido siempre por debajo del valor en América Latina o si, en realidad, es un fenómeno propio de aquellos momentos, cuando podemos explicar otras fuentes de población que sirven para remplazar a aquellos que, fruto de la superexplotación del trabajo, se ven incapacitados para continuar la tarea. <
También es relevante preguntarse al respecto de la superexplotación del trabajo en América Latina, para los años que siguieron al trabajo de Ruy Mauro Marini, si en realidad no generalizó a toda la historia de la región algo que estaba comenzando a suceder en los momentos que escribía; desde nuestra perspectiva, independientemente de que haya considerado como propia a toda la historia latinoamericana, algo que comenzaba a suceder en su período, Marini realiza un aporte muy importante con su concepto de superexplotación, ya que introduce una noción poco estudiada hasta su época en el análisis específico de la acumulación capitalista de la región. <
Reflexiones adicionales La cuestión de la renta y su ausencia
Como se ha mencionado con anterioridad, la gran ausencia en el estudio de Marini es la cuestión de la renta de la tierra , cuyo primer análisis de sus formas generales corresponde a Ricardo (2007), aunque, desde nuestra perspectiva, es Marx (1973) quien desarrolla esta cuestión de forma acabada.3 Los debates en torno al rol del sector agrario en el desarrollo, sea a partir de su productividad y cambios tecnológicos, y de su relación con la escasez de divisas, o bien sea en lo que se refiere a la transferencia de renta desde los capitales agrarios a los capitales industriales no agrarios, han sido numerosos y una exposición de los mismos desviaría nuestro análisis de lo que se quiere efectivamente tratar. Sin embargo, es relevante mencionar el debate entre Flichman (1971, 1974, 1977) y Braun (1974), el cual fue uno de los estudios contemporáneos a Marini sobre esta temática. Recientes autores han seguido ampliando la cuestión (Arceo y Rodríguez, 2006; Juan Iñigo Carrera, 2007, 2015), profundizando el análisis de la renta de la tierra y construyendo métodos de la renta efectivamente apropiada, puestos en práctica para el caso argentino.
Para comprender lo que implica la renta de la tierra, debemos partir de que los distintos capitales individuales, aplicados a la producción agraria, no operan todos sobre las mismas condiciones, estando restringidos de manera diferenciada según la fertilidad y composición del suelo, clima, localización, etc. Esto determina, por una parte, a la aplicación de capital simultáneamente a distintas tierras, pero también, por la otra, lo hace a la aplicación de capitales de manera sucesiva a la misma tierra. De esta manera, los capitales individuales se enfrentan a que la productividad del trabajo que pueden poner en marcha difiera entre sí, según los condicionamientos naturales a los que se enfrentan.
La tierra es un medio de producción que no puede ser reproducido y cuyas características naturales no han podido ser completamente controladas, siendo que estas varían considerablemente. Esto (sumado a que en el capitalismo la tierra solo puede ser empleada como medio productivo si se tiene el monopolio de su uso) determina que el precio de producción que rige no esté establecido por las condiciones medias, sino por la menor productividad del trabajo compatible con la tasa de ganancia normal.
Como el precio de producción está determinado por la menor productividad del trabajo, sobre la masa de capitales que pueden emplear un trabajo más productivo surge una ganancia extraordinaria de manera constante: la renta diferencial de la tierra. Como dijimos antes, la tierra sólo puede ser empleada como medio de producción en el capitalismo si se tiene su monopolio. De la condición de propiedad brota la potencia de quien posee la tierra para apropiarse de la ganancia extraordinaria, renta diferencial, de forma sistemática, y de constituirse no como personificación del capital, o capitalista, ni como vendedor de la fuerza de trabajo obrero, sino como una clase social distinta, el rentista o terrateniente. Por la fuerza que le da el derecho de propiedad puede exigir un canon de arrendamiento, aunque no tenga condiciones naturales diferenciales que beneficien al capital que allí opera. Este aumento se propaga a todos los capitales de la rama y, de esta forma, el precio de mercado se ubica por encima del de producción. Esta renta es conocida como renta absoluta.4
La existencia de la renta implica una transferencia de valor desde el conjunto de los capitales a los terratenientes que la apropian. En particular, el mecanismo por el que esto sucede es mediante el consumo individual de los obreros de mercancías agrarias para su reproducción personal o bien del consumo productivo de las mercancías agrarias que funcionan como insumos para otros capitales; todas estas mercancías, al circular encarecidas por portar en su precio de mercado una porción correspondiente a la renta, implican una transferencia de valor en la circulación de quien la consume a quién la vende. Es así que el capitalista que contrata obreros que consumen mercancías portadoras de renta de la tierra, debe ceder parte de la plusvalía que extrae a los obreros. En este sentido, si lo que vemos es que América Latina se incorpora al mercado mundial como exportadora de productos primarios, tenemos que del resto del mundo una masa de riqueza social debe afluir constantemente hacia América Latina, en forma de renta de la tierra. Este es el punto central que, consideramos, es necesario agregar al planteo de Marini y que nos lleva a <<
repreguntarnos acerca del intercambio desigual, ya que ahora se nos presenta un flujo de riqueza en el sentido contrario al que postulaba dicho autor. Este argumento, en el marco de la teoría de la dependencia, fue esbozado por Laclau (1969). Además, es preciso mencionar que la transferencia de riqueza no es simplemente entre países, sino que son capitales de los distintos espacios nacionales los que se apropian de ésta, de formas muy diversas. Sin intención de ahondar en las formas concretas en que esto se produce, podemos decir que parte de la renta «retorna» a los países centrales mediante, por ejemplo, pagos de intereses, beneficios impositivos o precios garantizados a empresas extranjeras instaladas en América Latina, remisión de utilidades con una moneda sobrevaluada, entre otros modos.5 Los Estados de América Latina han tenido un rol preponderante en la distribución de esta renta, sea para capitales nacionales o extranjeros. Téngase presente que los mecanismos de distribución antes mencionados requieren la participación directa del Estado. De hecho, en qué medida los gobiernos han podido disponer de renta, para distribuirla a capitales nacionales, extranjeros o trabajadores, ha sido, en incontables ocasiones, un aspecto central de estos gobiernos, tanto desde el punto de vista de sus ideologías, como desde la potencia de la que disponían para llevar adelante sus propuestas. Marini observa estos hechos en el marco de su exposición teórica, como lo muestra en En torno a Dialéctica de la Dependencia:
Por otra parte, la presencia creciente del capital extranjero en el financiamiento, en la comercialización, e incluso en la producción de los países dependientes, así como en los servicios básicos, actúa haciendo transferir parte de las ganancias allí obtenidas a los países industriales; a partir de entonces, el monto de capital cedido por la economía dependiente mediante las operaciones financieras crece más rápidamente que el saldo comercial (Marini 1991:4).
Una cuestión de método
La obra de Marini propone una lectura radical de lo específico de Latinoamérica, no sólo por el desarrollo histórico concreto que en la obra se plantea, sino porque define un método de trabajo profundamente novedoso en el estudio de la región. Este método de análisis no es de la autoría de Ruy Mauro Marini, sino de Karl Marx (1982, 1976), quien más de cien años antes proponía, en sus Glosas Marginales al Tratado de Economía Política de Adolph Wagner:
Ante todo, yo no parto de «conceptos», ni por lo tanto del «concepto de valor», y porello no debo en modo alguno «dividir» este concepto. De donde yo parto es de la formasocial más simple en que se presenta el producto del trabajo en la sociedad actual, y esta forma es la «mercancía» (Marx, 1976: 169-185).
Esta noción se encuentra recuperada en el trabajo de Marini cuando plantea que: «En sus análisis de la dependencia latinoamericana, los investigadores marxistas han incurrido, por lo general, en dos tipos de desviaciones: la sustitución del hecho concreto por el concepto abstracto, o la adulteración del concepto en nombre de una realidad rebelde a aceptarlo en su formulación pura» (Marini 1972:1). Marx, en su desarrollo de las determinaciones generales del capitalismo, rechaza la idea de partir de un concepto abstracto, definido de manera caprichosa, para luego desprender sus concatenaciones lógicas. Por el contrario, parte del concreto en la forma en que se le aparece, y lo despliega hasta dar con una forma que se cierra sobre sí misma. Es decir, no parte de cualquier concreto, sino de la forma social más simple que se le presenta a la hora de estudiar el capitalismo, la mercancía.
Marini, por su parte, no se encuentra explicando las determinaciones generales del capitalismo, sino las formas históricas en que este se desenvuelve en una región particular del globo. Sin embargo, esto no quita que a partir de conceptos tratados previamente sea válido, sino que hay que tener especial cuidado de reproducir el método desarrollado por Marx al estudio de las formas históricas particulares. En este sentido, Marini reconoce en los autores que lo preceden y que se reconocen a sí mismos como marxistas, dos tipos de errores. Ambos errores tienen su raíz en lo que criticara Marx mucho tiempo antes, el partir del concepto. Debido a que muchos autores que retoman a Marx interpretan su obra deduciendo de ella un esquema conceptual, se encuentran con que no logran aplicar dichos conceptos a la realidad latinoamericana y deben caer en una división entre lo concreto y lo abstracto. En nuestra opinión, el gran aporte de Marx es su método de investigación; en este aspecto consideramos que el desarrollo histórico concreto no es más que la forma de desenvolverse ciertas necesidades reales que determinan tal desenvolvimiento. Podemos decir que Marx encontró las leyes más generales del capitalismo, pero que aún resta encontrar las determinaciones de fenómenos más concretos, como la especificidad latinoamericana. Por su parte, Marini critica a quienes recurren a fundir el planteo de Marx con los esquemas conceptuales de otros autores, para poder utilizarlo como herramienta analítica, siendo que, nuevamente, Marx nunca pretendió legar un mapa de conceptos, sino un método de trabajo que debe ser reproducido.
En un segundo nivel de análisis metodológico, encontramos cuál debe ser la relación entre lo histórico concreto, o la aparente realidad empírica, y su desarrollo por el camino del pensamiento, como diría Marx (1982). En este sentido, podemos retrotraernos a los apuntes de dicho autor, respecto del método de la Economía Política:
Parece justo comenzar por lo real y lo concreto, por el supuesto efectivo; así, por ej., en la economía, por la población en su conjunto. Sin embargo, si se examina con mayor atención, esto se revela [como] falso. […]Si comenzara, pues, por la población, tendría una representación caótica del conjunto y, precisando cada vez más, llegaría analíticamente a conceptos cada vez más simples. Llegado a este punto, habría que reemprender el viaje de retorno, hasta dar de nuevo con la población, pero esta vez no tendría una representación caótica de un conjunto, sino una rica totalidad de múltiples determinaciones y relaciones (Marx 1982: 20-30). Este método es retomado en Marini cuando analiza el deterioro en los términos de intercambio: Si bien es evidente que la concurrencia desempeña un papel decisivo en la fijación de losprecios, ella no explica por qué, del lado de la oferta, se verifica una expansión acelerada independientemente de que las relaciones de intercambio se estén deteriorando. Tampocose podría interpretar el fenómeno si nos limitáramos a la constatación empírica de que las leyes mercantiles se han visto falseadas en el plano internacional gracias a la presióndiplomática y militar por parte de las naciones industriales. Este razonamiento, aunque se apoye en hechos reales, invierte el orden de los factores, y no ve que la utilización de recursos extraeconómicos se deriva precisamente de que hay por detrás una baseeconómica que la hace posible. Ambos tipos de explicación contribuyen, por tanto, aocultar la naturaleza de los fenómenos estudiados y conducen a ilusiones sobre lo que es realmente la explotación capitalista internacional (Marini, 1972:8).
Marx plantea un rechazo al método que parte de la manifestación concreta de la relación social capitalista, del hecho empírico en sí, para luego intentar justificarlo. Al contrario, debemos partir del concreto más simple, es decir más general y, a partir de su análisis, encontrar las múltiples determinaciones que operan sobre el concreto más específico, más determinado, que se expresa en, por ejemplo, un dato empírico. Marini por su parte, si bien, nuevamente, no se encuentra desarrollando las determinaciones generales del capitalismo, sino su forma histórica concreta en una región particular, retoma este método en su rechazo a limitarse a la constatación empírica del deterioro de los términos de intercambio y a una explicación que se detiene ante una mera apariencia, como la violencia diplomática y militar. Al igual que en la crítica de Marx a los economistas del siglo XVII, en dicha explicación aparencial se invierte el orden del análisis, poniendo por delante un concreto complejo antes de ver cuál es el contenido de fondo. El resultado de dicho análisis es una inversión en el orden de los factores. Lo económico es la base de lo político, y, por lo tanto, el contenido que se está desarrollando en la violencia política y militar. Cuando se pone delante el hecho empírico y se lo intenta explicar por el hecho económico se pierde la relación de forma y contenido de ambos polos.6 Por último, vale mencionar que en el presente trabajo se ha procurado realizar una crítica lo más minuciosa posible, exponiendo los argumentos de Marini hasta sus últimas consecuencias, y ver hasta qué punto estos pueden dar cuenta de la realidad de América Latina. Este método, como método de estudio de un autor, también está relacionado con el método propuesto por Marx y retomado por Marini. Así como se toma el concreto y se le desarrolla por el camino del pensamiento hasta que este nos diga todo lo que puede respecto a la realidad que queremos aprehender, lo mismo es válido para el trabajo de un autor, entendiendo al desarrollo intelectual plasmado en una obra como un concreto en sí mismo. En este sentido, lo que se desprende de dicho desarrollo exegético es que, si bien Marini reivindica el método propuesto por Marx, no logra llevarlo a la práctica de forma sistemática. Es por eso que el nombre de la obra de Marini es elocuente en cuanto al aporte que esta implica; si bien entendemos que no logra desarrollar la dependencia de América Latina mediante el método dialéctico, uno de sus mayores aportes es la defensa de este como el necesario para comprender la región. Esto deja la tarea ciclópea de retomar, a partir del método dialéctico, el desarrollo de la especificidad de Latinoamérica. Marini bajo la lupa del análisis empírico
Dentro de las corrientes heterodoxas, que se plantean como objeto de estudio América Latina, existe un avance en la actualidad respecto de la medición empírica de los fenómenos estudiados, a diferencia de lo que ocurriera con los primeros trabajos de la corriente de la dependencia. En este sentido, encontramos en la bibliografía actual ciertos elementos de análisis que parecieran cuestionar algunos de los elementos de la obra de Marini, en particular, y de la corriente de la dependencia en general. Hemos mencionado ya los recientes estudios respecto a la medición de los términos de intercambios. Por otra parte, también es posible cuestionar la superexplotación como un elemento presente en toda la historia de Latinoamérica. La venta de la fuerza de trabajo por debajo del valor es de una medición compleja fruto de la incapacidad técnica de cuantificar el valor de la misma. Sin embargo, se ha intentado dar cuenta del fenómeno de la venta de la fuerza de trabajo por debajo del valor, a partir de la comparación internacional de salarios, en particular con Estados Unidos y Europa, entendiendo que en estos países la fuerza de trabajo se vende normalmente por su valor. Esta medición trae consigo inconvenientes, dado que parte de la reproducción de la fuerza de trabajo no está mediada por la forma salario, ya que es el Estado el que se encarga de reproducir ciertos atributos de la clase obrera, como la educación y la salud, y esto varía en cada país. Teniendo en cuenta la medición como una aproximación al fenómeno, se han realizado estudios, en particular para el caso argentino (Graña y Kennedy 2009, Graña 2013; Kozlowski, 2015, 2016) que muestran que la venta de la fuerza de trabajo por debajo del valor, se constituye como una fuente de acumulación capitalista recién a partir de la década del 70, con la nueva división internacional del trabajo.
Este resultado no es consistente con lo que formula Marini ya que este plantea que la superexplotación recorre toda la histórica latinoamericana. Sin embargo, vemos que al momento de escribir su obra, el autor releva un fenómeno que apenas empezaba a ocurrir. Podríamos decir que Marini dejó planteado un asunto sumamente importante en la agenda de estudio de los investigadores de América Latina, sin haber logrado delinearlo en toda su complejidad, pero explicitando su existencia como una puerta para futuras investigaciones. En el sentido de lo anterior y dado el carácter reciente de muchas de las investigaciones empíricas mencionadas, es necesario avanzar en la medición de los fenómenos planteados, en particular lo relativo a la venta de la fuerza de trabajo por debajo de su valor. Conclusión La obra de Ruy Mauro Marini en su conjunto, y Dialéctica de la dependencia en particular, constituye un bastión en el análisis crítico de la acumulación del capital en América Latina. El autor nos ha brindado sólidas herramientas para discutir lo propio de la región, tanto en lo que respecta al desarrollo de la especificidad latinoamericana, como así también a la defensa de un método de estudio e investigación del capitalismo en su desenvolvimiento histórico. Es por ello que Marini merece, como cualquier autor, pero, en particular, como merecen aquellos autores que sientan las piedras fundamentales de determinados ejes de investigación, una lectura crítica de su obra, que busque sacar a la luz las falencias y omisiones que esta presenta, para así poder utilizarla como punto de apoyo en el estudio de lo que ella propone; es con dicho objetivo que se ha propuesto en el presente trabajo una lectura pormenorizada y crítica de la obra de Marini. Por último, dado que un análisis crítico no sólo constituye la exégesis de lo que se dijo, sino también de lo que se omitió, planteamos la ausencia de la renta de la tierra como un elemento decisivo a tener en cuenta para el análisis de lo propio de América Latina, y con esto proponer futuras líneas de investigación que se hagan, también, del importante aporte de Ruy Mauro Marini. Como en numerosas ocasiones mencionamos, este autor fue uno de los primeros en poder dar cuenta de ciertos fenómenos, incluso cuando estos apenas se empezaban a evidenciar. Uno de estos fenómenos es la superexplotación del trabajo. La idea de que la fuerza de trabajo se vende por debajo de su valor en la región, de forma sistemática, nos pone por delante la pregunta de nuestra acción política de manera acuciante, ya que si lo que nos encontramos es que la estructura económica que prevalece en los países latinoamericanos determina que la fuerza de trabajo se venda por debajo de su valor, lo que tenemos es una tendencia al deterioro en las condiciones de vida de la clase obrera de manera creciente.
NOTAS 1 Como sí formaron parte del contenido del feudalismo, esclavismo, etc. debido a que las relaciones de dependencia personal imponen la necesidad de una mayor o menor extensión geográfica de la organización social, que marca los límites de la propia relación. En varias tribus, por ejemplo, el extranjero no era considerado como humano; en el feudalismo, la relación social predominante era dentro de la circunscripción del feudo del señor. La relación capitalista es, de por sí, una relación impersonal y universal, y, por lo tanto, la delimitación geográfica de la relación social no es parte de su contenido más esencial. 2 Junto a la explotación de reservorios naturales de oro y plata en la época de la colonia, y de gas, petróleo, cobre, estaño y otros minerales en la actualidad.
3 Vale mencionar que el análisis de la renta es extensible hacia los recursos minerales, sumamente importantes para algunos países de América Latina, como Chile, Bolivia y Venezuela, independientemente de los perjuicios ambientales que la minería genera en la reproducción de la fuerza de trabajo en dichas regiones. 4 También encontramos la renta de simple monopolio, pero no es necesario detenerse en ella para lo que se pretende exponer.
5 Un estudio más detallado en este tema puede verse en Córdoba (2017). 6 Desde ya, esta crítica no implica desconocer el rol de la violencia militar y las presiones políticas en el desarrollo latinoamericano, sino lo contrario, intenta precisar cuál fue el rol que esta tuvo y tiene. Esta concepción de la violencia política como forma concreta necesaria de la acumulación capitalista, no tiene naturalmente un consenso generalizado en la literatura, sino que una buena parte de la misma considera a la violencia como punta de lanza de la acumulación, más en sintonía con lo planteado por Marini. Referencias bibliográficas 1. Arceo, Nicolás y Javier Rodríguez (2006). «Renta agraria y ganancias extraordinarias en Argentina, 1990-2003», Realidad Económica, n° 219, pp. 76-98, Buenos Aires. [ Links ]
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