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Saber
On-line version ISSN 2343-6468
Saber vol.27 no.4 Cumaná Dec. 2015
En el último mes del año 2015 múltiples expresiones de condolencia y pesar fueron recibidas en diversas instancias de la Universidad de Oriente. Provenían del seno de la UDO y también de instituciones, ciudadanos particulares y de varios países. La energía vital de Juan Antonio Bolaños Curvelo, Secretario de la UDO, había dejado de fluir. Una cruel enfermedad, a la que por varios años enfrentó con entereza y optimismo, lo venció al fin. Algunos seres humanos son especiales y se percibe hacia ellos aprecio y consideración generales. Juan, como casi todo el mundo le llamaba, era una de estas personas, que además ha dejado profunda huella en nuestra Institución. La revista SABER, mediante este editorial quiere recoger al menos una parte de la trayectoria de este universitario integral.
Juan creció en un hogar en el que no sobraron dinero o bienes materiales. Pero el cariño envolvía a esa familia, sin dejar de lado un saludable toque de disciplina y el amor por el trabajo. Fueron siete hermanos, cuatro hembras y tres varones, que crecieron en una casa antigua en el sector Brasil de Porlamar, cerca del río, en la que no faltaban animales y un pequeño huerto. Sus padres eran oriundos de las Islas Canarias. Su papá llegó a Margarita años antes de que se instaurara la democracia, tras azarosa y larga travesía no autorizada en un velero. Desempeñó diversas ocupaciones, entre ellas, regentar por un tiempo un hotel y se ocupaba de la comida de los huéspedes. Seguramente estas circunstancias en su hogar contribuyeron mucho a moldear al Juan que conocimos en la Universidad.
Juan, académico: Fue profesor de Biología General, Zoología General, Zoología de Invertebrados y Carcinología. Un gran docente, que sabía transmitir y motivar. Siempre obtuvo máximas calificaciones en la evaluación semestral que llevaban a cabo los alumnos de las asignaturas que tuvo a su cargo, pero también tenía fama de ser muy exigente. En el laboratorio, aplicaba con éxito la máxima de aprender haciendo. Profesor Meritorio CONABA y CONADES en todas sus convocatorias. Era persona muy apegada a normas y reglamentos.
Juan, directivo académico: Hizo una verdadera carrera universitaria. En UDONE se desempeñó como Coordinador de los Cursos Profesionales de la Licenciatura en Biología (equivalente a Jefe de Departamento), Representante Profesoral en el Consejo de Escuela de la ECAM, Jefe del Departamento de Acuacultura de la ECAM, Coordinador de la Comisión de Investigación, Coordinador de la Subcomisión de Formación de Recursos Humanos, Coordinador Administrativo. Luego fue elegido para el equipo rectoral como Secretario de la UDO. En cada uno de esos cargos Juan dio lo mejor de sí, desarrolló innovaciones, mejoró procedimientos e incrementó eficiencias demostrando tenacidad, altura de miras, capacidad gerencial, liderazgo y un amor por la Universidad difíciles de igualar.

Cuando fue nombrado como Coordinador de la Comisión de Investigación, en 1992, el Coordinador saliente le entregó tres cajas de cartón con papeles ¡Eso era la Comisión! Además, ese mismo año, le correspondió organizar, muy exitosamente, el II Congreso Científico de la UDO. Baste decir que cuando Juan dejó ese cargo, con una Comisión de Investigación en pleno funcionamiento, los investigadores del Núcleo, agradecidos por su excelente gestión, le organizaron y costearon, motu propio, una cena-homenaje, con placa de reconocimiento incluida, en un local gastronómico. Aunque sostenía con intensidad sus puntos de vistas, Juan procuraba buscar puntos de encuentro. Fue una vez pre-candidato al Decanato (UDONE) dentro del movimiento institucional en el que estuvo registrado. En el proceso de elección interna llegó a un acuerdo nada convencional con su contendiente y gran amigo: equipados con el registro electoral, papeletas y una caja sellada, ambos, en conjunto, contactaron a cada uno de los votantes por todo el Núcleo y luego se retiraron, solo ellos, a una sala cerrada donde entrambos realizaron el escrutinio. Según informaron, Juan no ganó. Nunca se supo el número de votos que cada uno obtuvo. Siguieron siendo grandes amigos y Juan fue Coordinador Administrativo durante esa gestión.
Juan, gremialista y deportista: fue integrante de la Junta Directiva de APUDONE. Participó en diversas disciplinas deportivas. En años mozos, en campeonatos internos en Nueva Esparta compitió con equipos de fútbol, futbolito, básquet, softbol, volibol y bolas criollas. Formó parte de los equipos de futbolito y de básquet que compitieron en los internúcleos de APUDO y en los JUNAPUV. Compitió además en varios rallies. No desdeñaba meter los pies bajo una mesa para una buena partida de dominó, que era su mayor especialidad en tiempos recientes.
Juan, investigador: 53 artículos en revistas indizadas llevan su firma. Ponente en decenas de congresos científicos, nacionales e internacionales. Reconocido por el Consejo de Investigación como Investigador Nivel V. Recibió el PEI-UDO en todas sus convocatorias. Acreditado en el PPI y luego en el PEII-ONCTI. Fundador y Coordinador del Grupo de Investigación en Carcinología, referente en ese campo a nivel nacional e internacional, e integrado por investigadores de la UDO y de otras instituciones, incluso del extranjero. Una nueva especie de cangrejo pinnotérido, Parapinnixa bolagnosi fue nombrada en su honor como reconocimiento a sus contribuciones al conocimiento de los crustáceos decápodos. Su actividad científica también fue reconocida al integrarlo a la Junta Directiva de la Asociación Latinoamericana de Carcinología.
Juan era un apasionado de la pesca submarina. Esta afición, según decía, no solo le relajaba y divertía, sino que le daba ventajas y herramientas para desarrollar su investigación. Ubicaba los habitáculos y detallaba el comportamiento de otras especies, en particular los cangrejos. A pesar de sus múltiples ocupaciones e intereses, a pesar de sus obligaciones en el Rectorado, a veces hacía verdaderos malabarismos para volver con asiduidad a su laboratorio. Siempre tenía buen ojo para dar buen uso en investigación a elementos que otros quizás desecharían. Así, él mismo fabricaba las agujas que usaba en la micro disección de los apéndices de las larvas de cangrejos (varilla de vidrio, acero plástico y alambre de platino), diseñaba y construía las nasas para atrapar los cangrejos adultos, al igual que dragas para muestreos de organismos bentónicos. También era muy hábil en la construcción de acuarios de vidrio. Y siempre había un café recién colado en su laboratorio.
En el período vacacional organizaba salidas de campo a otras islas del Caribe, frecuentemente con investigadores extranjeros. De la interacción resultante surgían nuevos objetivos de investigación y artículos publicados para divulgar conocimientos. Como complemento, su trato llano y amable con pescadores facilitaba su acceso al valioso conocimiento popular.
Juan, amigo y ciudadano: fue una persona gregaria, con quien resultaba fácil entablar amistad. Educado en el trato, considerado con los demás, incluso pendiente de la situación personal de quienes lo rodeaban. Y jovial. Pocas veces se le llegó a ver taciturno. Valoraba mucho la lealtad y era fiel a sus principios.
Le encantaba cocinar, para alegría de sus amigos. Disfrutaba mucho esos momentos. Y había evolucionado desde platos sencillos, pero bien sazonados, hasta platillos sofisticados, dignos de un chef, mezclando ingredientes disímiles, maridando y con una esmerada presentación. Esto es algo paradójico, porque Juan nunca fue de mucho apetito, aunque quizás no tan paradójica como su alergia a los mariscos, a los que se dedicó a estudiar y que también llegó a cocinar. Juan fue también muy familiar. Se sentía muy orgulloso de su mujer, de sus hijos (dos varones y una hembra) y de sus dos nietos (hembra y varón). Se desvivía por ellos y, solo con mencionarlos, su mirada se iluminaba. La separación temporal que imponían sus labores en el Rectorado, aunque procuraba verlos cada semana, era martirizante. No se entiende realmente cómo fue capaz de administrar su tiempo para satisfacer tantos intereses. Su familia pudo cumplir uno de sus deseos y, gracias a ellos, pudo incluso expresar su voluntad en proceso electoral que tuvo lugar el seis de diciembre, dos días antes de su lamentado deceso.

Juan Antonio Bolaños, un ser humano excepcional, un universitario integral que destacó en diversos campos, un udista cabal que manifestaba su cariño por la UDO y que, sin ambages, reconocía con agradecimiento que mucho de lo que era, de lo que llegó a ser, se lo debía a nuestra Universidad. Según su cuenta, él le debía a la Universidad y no al contrario.
Nos dejó con 61 años recién cumplidos, pero insistía en que le quedaba mucho por hacer. ¡Trataremos de seguir tu ejemplo, amigo!












