Revista de la Sociedad Venezolana de Microbiología
versão impressa ISSN 1315-2556
Rev. Soc. Ven. Microbiol. v.21 n.2 Caracas jul. 2001
El papel del Laboratorio Microbiológico en el Manejo de eventuales Actos de Terrorismo
Rosandra Mazzali de Ilja
Aunque las amenazas de actos de bioterrorismo son eventos relativamente poco frecuentes, se ha observado en las últimas décadas, una tendencia a su incremento.
Se entiende como bioterrorismo la "siembra" o diseminación de un agente biológico y/o bioquímico en una comunidad, con fines bien sea bélicos destructivos o con la intención de crear pánico colectivo. Si bien el término se refiere principalmente al empleo de microorganismos, por extensión se aplica también para referirse a la diseminación de productos bioquímicos y químicos, con fines nocivos o dañinos. Nos limitaremos, sin embargo, por los momentos, a plantear el papel del microbiológico en la determinación de los agentes que le conciernen.
Entre 1998 y 1999 el FBI norteamericano detectó un total de 304 tipos de armas de destrucción masiva en todo el mundo, comprobándose en 212 (70%) de ellas, presencia de agentes biológicos, distribuidas en 11 países; de ellos, 5 han sido incriminados en actos de terrorismo internacional, pese a la prohibición suscrita por casi todos los países de la ONU en relación a la fabricación y empleo de ese tipo de armas. En la literatura universal existen reportes bien documentados de dos casos de bioterrorismo: intentos de "siembra" de Bacillus anthracis en Japón, y de Salmonella typhimurium en Oregon (EUA), ambos realizados por grupos fanáticos religiosos.
Con la entrada del Siglo XXI, los laboratorios microbiológicos, tanto los de Salud Pública, como los de investigación y producción de productos biológicos, deben unir esfuerzos e implantar sus propias políticas, ante la eventualidad de un ataque con un agente biológico dañino. Un acto bioterrorista de esta índole puede ocasionar: enfermedad, pánico o muerte, por la diseminación de un determinado microorganismo o de sus toxinas, empleando diferentes mecanismos: vía aerosoles, ingestión de comidas y/o aguas contaminadas. Entre los organismos de mayor riesgo potencial para causar infecciones masivas se encuentran: Bacillus anthracis y el virus de la viruela; ambos fáciles de multiplicar, sumamente estables y virulentos.
A comienzos de la década de los 70, se inició en los Estados Unidos la destrucción de las grandes reservas de esos microorganismos, y en mayo de 1980 se anunció la erradicación global de la viruela, quedando en la actualidad sólo dos institutos que han sido autorizados para almacenar semillas de dicho virus: el CDC (Center for Diseases Control) de Atlanta, Georgia, EUA, y el Russian State Research Center of Virology and Biotechnology (Centro de Investigación en Virología y Biotecnología Estatal Ruso, en Koltslovo, Rusia). Esto, sin embargo, no garantiza que todos los laboratorios mundiales hayan eliminado sus reservas del citado agente; se sospecha que algunos países hayan almacenado liofilizados del mismo, para ser empleados como armas de destrucción masiva, bien sea con fines militares o terroristas. Cualquier país con industrias farmacéutica o fermentativa medianamente sofisticadas puede producir grandes volúmenes de esos microorganismos de una manera fácil y poco costosa. Los métodos utilizados para el cultivo de dichos agentes son ampliamente usados en la producción a gran escala, tanto de productos alimentarios como en la preparación de antibióticos y vacunas. Además, casi todos los equipos que requieren estos microorganismos para crecer o purificar sus toxinas son de uso legal, permitiendo a un país su producción bajo el pretexto de preparar otras sustancias biológicas no dañinas.
Con el suministro de determinadas herramientas adicionales, la mayoría de los laboratorios microbiológicos de grandes hospitales y de centros de investigación pueden manejar ese tipo de muestras. Lo más importante de dichas instituciones es poseer adecuadas instalaciones de ingeniería, incluyendo sistemas de ventilación, cabinas de flujo laminar, filtración y demás estructuras que permitan operar en un ambiente seguro. En cuanto al personal de esos laboratorios, deberá emplear las mismas medidas de bioseguridad utilizadas para la manipulación de microorganismos patógenos transmitidos por alimentos.
El instructivo recomendado para seguir pautas en estos casos es el publicado en 1999 por el CDC de Atlanta, cuyo resumen presentamos en la tabla anexa. Toda muestra sospechosa de poseer un agente del 4º nivel de bioseguridad, como viruela y fiebre hemorrágica, deberán ser enviadas directamente a una institución especializada o de referencia (INH o IVIC en nuestro país). Para el resto de los potenciales agentes involucrados en actos de bioterrorismo, se requiere el empleo de una serie de pruebas previamente estandarizadas, para su adecuada identificación. En general, un laboratorio microbiológico deberá estar preparado para el diagnóstico rápido de los agentes citados en la tabla:
Para aquellos laboratorios microbiológicos de referencia que dispongan de los recursos y de la tecnología adecuada, es de gran importancia tener disponibles las pruebas rápidas de diagnóstico bacteriológico, tales como: la inmunofluorescencia directa (IFD) y la sensibilidad a los bacteriófagos, y en un futuro muy cercano estarán disponibles también las técnicas de amplificación genética (PCR). La posibilidad de integrar los procedimientos de PCR al inmunodiagnóstico y a la caracterización bioquímica incrementará notablemente el diagnóstico rápido de los citados agentes bacterianos.
En general, los actos de bioterrorismo pueden o no ser anunciados. En un ataque avisado, bien sea verbalmente o por escrito, contra una institución pública, el envío se hace normalmente a través de una secretaria, recepcionista o portero, presentándose como un sobre o pequeño paquete, lleno de un polvo no identificado. Otra modalidad es la dispersión del polvo y/o líquido bajo la forma de aerosol, conteniendo el agente biológico, en la recepción, escalera, sistema de aire acondicionado o ascensor de la dependencia. Cuando el incidente se inicia, la única pista o indicio puede ser la amenaza escrita o un envase con el término "antrax", palabra poco conocida por el público en general, hasta hace poco, por haber sido erradicada hace muchos años.
El caso de los ataques no anunciados representa un verdadero problema para la comunidad médica; en este tipo de incidente el único indicio de un acto de bioterrorismo lo constituye el aumento inusual de cuadros similares a la influenza o un incremento inexplicable de defunciones, siendo muy difícil identificar hasta observarse un elevado aumento en la morbilidad, especialmente en casos de neumonía y/o lesiones cutáneas.
A finales del año 2000, cuando esta biografía llegó a nuestras manos, nunca pasó por nuestra mente que, apenas unos meses después, cobrara tanta vigencia. A partir del 11 de septiembre del año en curso, el mundo comenzó a vivir uno de los momentos más impactantes en su historia contemporánea. Así que pensamos que es este el momento oportuno para que el microbiólogo se concientice del importante papel que podría tocarle vivir en estas difíciles circunstancias. Es por ello que decidimos publicar estas notas, y nunca con el afán de crear alarma entre nuestra comunidad, aún cuando Venezuela no sea protagonista directa de los acontecimientos, ¡deberá estar en alerta!
Tabla. Esquema propuesto por los INH-CDC para el diagnóstico de laboratorio de los potenciales agentes involucrados en actos de bioterrorismo
Bibliografía:
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