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Revista de la Sociedad Venezolana de Microbiología

versão impressa ISSN 1315-2556

Rev. Soc. Ven. Microbiol. vol.36 no.1 Caracas jun. 2016

 

Venezuela país de contradicciones

III. Crisis humanitaria y descapitalización del conocimiento

“Despilfarramos el petróleo

para acrecentar los ingresos y ahora...

estamos hundidos en el excremento del diablo...”

J. P. Pérez Alfonzo

A los venezolanos nos han vendido la idea de que la profunda crisis en la que estamos inmersos se debe única y exclusivamente al desplome de los precios del petróleo en el mercado internacional. De acuerdo a la tesis oficial se trata de una situación transitoria, producto de una acción dirigida desde el exterior –léase transnacionales– asociada a una conspiración estimulada por factores políticos y económicos internos. En suma, estamos atravesando por una crisis inducida. Pero, la verdad de esta mentira tantas veces repetida es muy distinta. En opinión de expertos en temas petroleros, geopolíticos y socioeconómicos, estamos ante un fenómeno cíclico propio de economías basadas en la renta petrolera. Nuestra propia experiencia, sumada a la de otros países petroleros revela que, si bien se trata de un fenómeno complejo regido por múltiples variables, es perfectamente predecible y por lo tanto puede ser sometido a regulaciones preventivas.

En esta oportunidad, la caída de los precios se ve agravada por la reducción de la demanda y el endurecimiento de la competencia internacional. Venezuela –inmersa en una burbuja de opulencia – pasa sin tomar previsiones de un ciclo de vacas gordas con ingresos superiores a 120 US dólares, a uno –que apenas comienza– de vacas flacas, caracterizado por la caída de los ingresos a niveles del orden de 35-40 US dólares/barril. Niveles de precios todavía altos en relación a ciclos similares en décadas precedentes, pero que resultan insuficientes para cubrir las necesidades financieras generadas por el nuevo régimen rentista-populista.

Durante la bonanza petrolera disfrutada por más de una década, y contrario a lo deseable, se inicia un proceso de contracción de la capacidad instalada de extracción, refinación y exportación de crudos. Se modifican los patrones de comercialización, y se subsidia la venta a países de la región con criterios más ideológicos que comerciales. Se establece el canje de petróleo por alimentos para tomar el camino, sin retorno, de la dependencia casi absoluta de bienes y servicios adquiridos en el exterior. En paralelo se desmantela la capacidad productiva mediante expropiación de tierras, estatización de empresas y el incremento desmesurado de la importación de bienes y servicios. En suma, se observa un aumento desmedido de la administración pública y una disminución de los ingresos petroleros, prefigurando una crisis de dimensiones nunca antes vista. Crisis anunciada, pero ignorada, en una Venezuela que no estaba preparada para enfrentarla. El país daba señales tempranas de lo que hemos llamado síndrome de descapitalización del conocimiento, visible a partir del despido programado de más de 20.000 profesionales y técnicos calificados de la industria petrolera. De allí en adelante la migración de talento venezolano seguirá una curva ascendente marcada por el desplome de la economía y la devaluación de la moneda.

Contrario a lo que ocurre en la actualidad, en la década de los noventa la industria petrolera –ya nacionalizada– contaba con profesionales, técnicos y operarios altamente calificados –en su mayoría formados por la propia empresa– capaces de dar respuesta oportuna y eficiente a los desafíos de la industria. Así, ante cada ciclo de caída surgía uno de recuperación, modernización e incremento en la productividad. Había una esperanza real de progreso social sostenido, basado en la estabilidad, actualización tecnológica y manejo adecuado de los recursos petroleros. Por décadas –con sus altos y bajos– se hicieron importantes inversiones en áreas no petroleras como infraestructura vial, comunicaciones, educación, salud pública, alimentación, saneamiento ambiental, estímulo a la producción agrícola y pecuaria, industria de alimentos, y desarrollo industrial. Se apuntaba al fortalecimiento de la actividad científica como base del desarrollo tecnológico.

La información disponible sobre indicadores socio-económicos, disponibilidad de alimentos y medicinas, atención hospitalaria y seguridad ciudadana señalan que estamos frente a una crisis de mayor complejidad y alcances que la que pudiera resultar de la reducción temporal de la renta petrolera. Bajo estas condiciones, y en ausencia de políticas económicas y sociales que pudieran conducir al rescate y ordenamiento de los asuntos económicos y sociales, hemos entrado en una fase de crisis humanitaria.

Esperamos tiempos mejores, así lo señala el comportamiento de la población frente a la crisis. De lo que se trata ahora es de emprender la reconstrucción de la Venezuela oprimida por la ignorancia populista.

Vidal Rodríguez Lemoine

vrodriguezlemoine@gmail.com