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Utopìa y Praxis Latinoamericana
versión impresa ISSN 1315-5216
Utopìa y Praxis Latinoamericana v.12 n.38 Maracaibo sep. 2007
Pensar la Complejidad desde la praxis cognoscente de la racionalidad intersubjetiva
Thinking Complexity from the Cognitive Practice of Intersubjective Rationality
Álvaro B. MÁRQUEZ-FERNÁNDEZ
Centro de Estudios Sociológicos y Antropológicos (CESA) Universidad del Zulia, Maracaibo-Venezuela
RESUMEN
En este ensayo se aborda la transdisciplinariedad desde la perspectiva de la Complejidad y se destaca el supuesto filosófico que permite pensar la transdisciplinariedad desde una relación epistémica mucho más holística y contingente, entre el sujeto conociente y el objeto cognitivo, que nos permita desfundamentar los principios positivistas de la razón moderna.
Palabras clave: Complejidad, episteme, transdisciplinariedad.
ABSTRACT
In this essay transdisciplinarity is approached from a Complexity perspective, emphasizing the philosophical supposition that leads to think transdisciplinarity from a much more holistic and contingent epistemic relation between the congnitive subject and the cognitive object, allowing us to undermine the foundations of positivism´s principles of modern reason.
Key words: Complexity, episteme, transdisciplinarity.
Recibido: 17-06-2007 · Aceptado: 28-07-2007
(...) ce sont les progrès des sciences spécialisées au cours du XIXe siècle
et du siècle qui appellent aujourdhui le dépassement de ces
spécialisations et de ces clôtures. La complexité napparaît que sporadiquement,
parfois sans éter reconnue, mais elle est le plus souvent dissoute,
écartée au niveau des disciplines. Et cést lá quon doit faire porter
leffect quil faut que dans chaque discipline, on ait conscience du lien
de son objet avec le reste de lobjet naturel dont i fait partie, sil est fragmenté,
ou, si cést un objet naturel du contexte donc il se trouve.
Mais la question de la complexité est souven écartée, car on a
limpression que cest quelque chose de philosophie, de non scientifique
ou de méta-scientifique. Mais cest vari que la compeliste napparâit
que si lón se met à niveau réflexif de second ordre,
connaissance sur la connaissance.
Edgar Morin. A propos de la complexité
Los cambios de paradigmas deben entenderse como una transformación radical de la concepción que históricamente se tiene de la racionalidad y el modo en que ésta impregna de forma y fondo a los objetos de conocimiento. Un mundo queda atrás y da curso a otro que se inaugura desde referencias intercontextuales que nos inducen a reorganizar y a reactualizar nuestra percepción de la realidad y los contenidos que le dan su facticidad.
Esta transformación acontece en un tiempo histórico que es y está condicionado por un devenir de la razón cada vez más perentorio y escéptico, que al dejar de responder en su momento -muy a pesar de las relaciones tecno-científicas que le sirven de base al desarrollo de la racionalidad analítica (científica)-, a ese dominio del formalismo lógico-deductivo que orienta permanentemente los procesos de instrumentalización objetivante que sirven para calcular y cuantificar la realidad bajo invariantes universales; nos permite, la indagación acerca de sus incertidumbres y la construcción de sistemas y redes que se proponen influir explicativamente de otra manera en la presentación de la realidad y su inevitable re-de-construcción.
Esto quiere decir que el universo de nuestro mundo conceptual, perceptivo, simbólico y representacional, se ve modificado sensible y racionalmente en la estructura de sus fundamentos apriorísticos y en aquellos modelos que nos servían para operar legalmente sobre el orden de la realidad en la que nos encontramos situados.
Decimos, entonces, que las transformaciones paradigmáticas de la estructura del conocimiento científico están radicalmente aceleradas por la presencia constante e inevitable de una racionalidad estratégica muy bien fundada en un dominio tecnológico que nos permite cuestionar y descubrir en los procesos subyacentes del conocimiento, el orden de la realidad y sus sentidos. La transformación radical de los supuestos que forman parte y sirven de tránsito a la decadencia de un modelo de racionalidad positivista muy particular, es un proceso que permite dialectizar oportunamente el desarrollo histórico de las ciencias, pues actúa como detonante de otra nueva expresión para racionalizar el mundo de los objetos.
Todo nuevo paradigma es, por consiguiente, expresión y enunciado de las crisis que emergen a raíz de la propia obsolescencia de la razón histórica que le precede; precisamente, porque las nuevas refutaciones epistémicas procuran buscar y dar una o más explicaciones comprensivas de la compleja trama de variantes que genéticamente tienden a organizar desde diversas perspectivas y ángulos, la pluralidad de realidades incontenidas y represadas al interior del paradigma en crisis; que no cesan de yuxtaponerse sobre las determinaciones que se preveían de manera autónoma en el orden sincrónico o diacrónico con el que se pretendía determinar o condicionar la dimensión óntica que circunda lo que es la naturaleza segmentada, fragmentada, discontinua, contingente e irreductible de la realidad de los objetos de conocimiento y los sujetos conocientes.
Pensar los objetos y entender los diversos y diferentes movimientos constituyentes que los hacen o conforman como una realidad de y para algo, implica la postura epistemológica de una racionalidad mucho más compleja y sistémica, que la de los anteriores paradigmas muy asociados y relacionados con estructuras del conocimiento científico unívocas o dualistas, reductoras o simplificantes, cuya tendencia era hacia espacios homogéneos en tiempos uniformes, lo que permitía con suma facilidad establecer la universalidad de las leyes sobre patrones de reacción o conductas altamente predictivos y apodícticos.
El paradigma de la modernidad pensaba y entendía la existencia de la realidad de los objetos y sus contenidos, desde una perspectiva de interpretación del conocimiento en donde lo homogéneo y analógico privaba sobre lo heterogéneo y multidimensional.
La postura empirista del positivismo en todas sus modalidades, evita considerar, dado su carácter experimentalmente demostrativo y probatorio por el que pasan lo supuestos teóricos y prácticos del conocimiento como experiencia inmediata, la relación del objeto con la verdad intersubjetiva que le sirve de mediación. El predicado de verdad formal que lo regula es totalmente tautológico, deja por fuera ese mundo de infra e interrelacionalidad donde el objeto es objeto de otros objetos y como es obvio suponer, el sujeto interactúa con otros sujetos y objetos. Estos procesos de relacionalidad bien pudieran estar inscriptos o ser asumidos desde relaciones de contradicción y opositividad, o cualquier otra que siendo excluida de los casos de estudio positivistas entran y establecen niveles inéditos de relacionalidad que no pertenecen ni pueden ser adscriptos a normas preestablecidas.
Esto, obviamente, termina por interferir sobre el orden del status quo desde un des-orden contra paradigmático, que inevitablemente cuestiona y deslegitima el paradigma histórico que le sirve de fundamento a la explicación científica monista y dualista Entonces, se intenta evitar de acuerdo a los criterios de cientificidad positiva de un modelo de racionalidad canónica, que las preconcepciones del paradigma sean intervenidas o interferidas por una nueva racionalidad que pudiera estar en capacidad de redescomponer en un continun inaprensible, inasible e incontrolable, la función reductora de la racionalidad cartesiana.
Lo que se pone en riesgo, más que a prueba, es la ficción objetivista que produce la objetividad del objeto siendo que la misma es considerada la panacea del conocimiento sustantivo de la realidad interpretada científicamente. La apelación a la objetividad demuestra contundentemente que la concreción en la que se pretende constatar que el mundo es un en sí para la conciencia, se debe a la presunción de que la realidad que porta la objetividad es inobjetable, pues se considera que el principio de la identidad entre sujeto y objeto es lo que resulta de esa manera de entender el conocimiento objetivo, sin admitir su construcción de ninguna de otra manera.
La producción del conocimiento que entre sujeto conociente y objeto se originaba como conocimiento científico de la realidad, es posible por la relación lineal y unicausal de los elementos. Se distorsiona el acontecimiento de génesis y transversalidad por el que pasan y se relacionan los objetos con los sujetos. Se acepta ese a priori de inmovilidad estática que presupone que la relación de correlato entre sujeto y objeto es más de supeditación de uno por el otro, que de una actividad autogenerativa y de correlación proveniente de una potencialidad que los sitúa en el campo relacional de la indeterminación y el relativismo. Esto hace suponer que se generen nuevas propiedades a partir de nuevas formas de conexión entre los mismo elementos, o de rupturas de simetrías en el sistema.
El pensar transdisciplinar y complejo viene a favorecer esa postura epistémica de acento constructivista, en la que el proceso de generación de conocimiento forma parte de un todo integrado, donde el observador, el fenómeno observado y el proceso de observación están conectados a través redes que se encuentran en una articulación que les permite la asociación y no la disociación. Desaparece por completo la categoría impenitente de sujeto solipsista y por ende neutralizado o negado de su entorno, por la de un sujeto cuyo despliegue ontológico le permite acceder a la esfera de los objetos desde diversos planos correlativos sin la dogmática de racionalidades y lógicas deterministas y simplificantes.
Es necesario cancelar este supuesto apriorístico para lograr concebir el espacio cognoscitivo entre los sujetos y los objetos de un modo mucho más constructivo y heurístico, holístico y fenoménico, autopoiético y metadimensional, impredicado y recursivo. La relación entre sujetos y objetos que se propicia debe ser una relación subsidiaria de interferencias reactivas, entre unos y otros, a fin de desmarcar y reconstruir las líneas fronterizas (desterritorialización) que los contienen y que se deben subvertir y atravesar, para dar paso a un sujeto plural para que efectué la indagación de la realidad del objeto más que desde el objeto mismo, desde aquellas relaciones en las que está inserto y deviene. Las condiciones poliformes en las que aquél y éste se desarrollan, se desenvuelven en un sistema de relaciones generativas y degenerativas de las que toman su significación y su sentido, así como las respectivas transformaciones.
La emergencia de nuevos paradigmas casi siempre está circunscripta a una superación del paradigma en curso de desintegración, por causa de una deficiencia en el orden de la racionalidad constituyente de la realidad, que no hace posible una visión de síntesis en la que la diversidad y diferencia de los objetos reclaman una reintegración o unificación mucho más polimorfa, múltiple, compleja y transdisciplinar, ya que los sentidos proyectados por la tradición científica van careciendo de significados epistémicos; es decir, de suficiencia conceptual y categorial para suscitar interpretaciones más originales y menos convencionales, en virtud de las regulaciones e inferencias que no se habían considerado como validas desde un punto de vista epistémico que se privilegiaba a sí mismo como absoluto a la vez que excluyente.
La transformación radical del paradigma desde un universo histórico descentrado, busca sus definiciones a partir de teorías de la razón epistémica capaces de autovalidar, autoorganizar, correlacionar, etc. El conocimiento científico elaborado y desarrollado con respecto a los fines que la razón se plantea, sin desconocer otras posibilidades para lograr compartir esos mismos fines a través de otros mecanismos o procesos que pueden ser deducidos o intuidos, asociados, complementados, diseminados, articula otras formas de comprensión de la realidad mucho más inter, trans, post activa y subjetiva, sin estamentos, previsiones, condicionantes jerárquicos o limitantes.
Se trata de entender el conocimiento de la realidad y su construcción, en función de un orden de búsqueda y de exploración de la realidad donde el espacio y el tiempo estén desprovisto de la actualidad de los contenidos existenciales que se fundan en una facticidad irrebasable e imponderable, donde no se llegue a condicionar y restringir el territorio de su efectuación; y, en consecuencia a minimizar el campo de posibilidades que le son implícitas, restringiendo los puntos de referencia o significación que le asignan contenidos y en los cuales está enmarcada la inteligibilidad de la realidad de los objetos.
El nuevo paradigma del pensar transdisciplinar y complejo se densifica y se expande por un lado, y se bifurca y se entrama en redes por el otro. A diferencia del paradigma de la razón moderna no busca un núcleo o centro inmanente de flujo y reflujo, sobre el cual ejercer una determinada hegemonía reflexiva, discursiva o cognoscitiva que le permita sustantivar y universalizar la comprensión de la realidad.
Se interesa, por el contrario, en trascender desde la realidad eso que ella misma es en cuanto que dación objetiva, y reconocerla desde la diversidad que la produce. Esto es, desde la polisemia de sus representaciones y desde la diversidad de los objetos de los cuales en casi todos los casos es deudadora en su origen. Eso viene a demostrar que el pensamiento accede al mundo de la realidad de modos muy diversos con perspectivas totalmente diferenciadas, y que es en el conjunto complejo de los sistemas de representación, significación y simbolización con los cuales organizamos la construcción de lo que definimos como la realidad, donde se instaura el universo de variables de las que es necesario integrar y unificar para darle el sentido de totalidad o globalidad que porta la realidad en su condición intersujetivada e historizar en un sistema abierto eso que de real porta y transmite.
La transdiciplinariedad y el pensamiento complejo, se elevan como el nuevo tipo de racionalidad antrópica y descentrada, que nos permite construir, desde las fluctuaciones, ampliación, autosemejanza, borrosidad, conectividad, flujicidad, impredecibilidad, omnijetividad, paradoja, etc., la complejidad en la que los sistemas en los que se integran los elementos de la simplicidad, tradicionalmente dicotomizados por las lógicas reductoras del pensamiento positivista, conforman una perspectiva de relaciones, subrelaciones y alter-relaciones, en las que no se da admisión a las divisiones compactas del paradigma disciplinar de la modernidad, sino a la red de relaciones que surgen al interior de los límites de los objetos de conocimiento, debido a los otros y múltiples y variados niveles de relaciones que se presentan y gestan entre las relaciones establecidas y normadas regularmente.
Es decir, el pensar transdisciplinar excede las propias fronteras de los límites estructurales de los conocimientos por nuevas formas de figurar el conocimiento como resultado de una práctica de racionalización de la realidad, que busca esas otras conexiones epistémicas, bordeando y penetrando las causalidades lineales sobre las cuales se erige el conocimiento empírico de las ciencias.
El pensar transdisciplinar se dirige precisamente, hacia esa manera de desocultamiento de la interpretación del conocimiento desde una realidad que queda anónima por la apariencia de las objetivizaciones, y se nos muestra competente para hacer ver el por qué y el cómo, el dónde y cuándo, de esos actos y procesos que se conforman holística, polifónica y hologramaticamente. Se logra la supresión de la linealidad y la univocidad a favor de las incertidumbres, antinomias, contradicciones, aporías, que rompen con la lógica clásica de la investigación científica positiva, y se abre a una nueva razonabilidad que hace un intento re-integrador para interpretar los objetos cognoscitivos más en relación con una hermenéutica fenomenológica de las prácticas cognoscentes.
No existe ninguna razón suficiente o esencial que de perfecta cuenta de los procesos entendidos como síntesis de las relaciones, la razón es una racionalidad que da cuenta de otras y diferentes racionalidades de las que también va a valerse para posicionarse ante el mundo de los objetos de conocimiento, a los efectos de generar la construcción de esa red de interrelaciones que nos hacen contextualizar la realidad presencial a partir del rango de objetividad ontológica que la determina, entre otros referentes que actúan como agentes de cambio y transformación sobre lo que se presume es la realidad en sí de los objetos.
El análisis, el método y la interpretación transdisciplinar nos remite, de este modo, a un conjunto muy variable de sistemas con características muy generales en la que los objetos de cognición se desenvuelven ontológicamente en un espacio de intervención e interacción excesivamente complejo y multívoco, eludiendo la linealidad causal y el telos de la unidireccionalidad.
La transdisciplinariedad y la complejidad no puede ni debe ser entendida como un mero sistema de sistemas, disciplina de disciplinas. Es un orden de saber en el que el saber de saberes, el conocer de conocimientos no está predeterminado por ningún rigor de las leyes de las disciplinas, sino por las fluctuaciones en las que esas leyes discurren y dejan aperturas para otras relaciones de espacio y tiempo en las que la re-desconstrucción de las realidades de la realidad se concibe desde lo imprevisible posible. Se acentúa la siempre expectante posibibilidad que destruye el sustancialismo y el esencialismo del pensamiento uniforme de la razón analítica, que todo lo cerca desde los límites lógicos donde los objetos quedan conscriptos, por medio de esa mirada hacia la vaguedad, ambigüedad, la heterogeneidad, diversidad, que resulta una condición del ser tan confusa en términos cartesianos, pero que en todo momento hace permisible esa otra lectura de la realidad que se construye más allá de la metafísica de la presencia, en un desencuentro que pone en cuestión la inmutabilidad del ser que es por el no ser del ser, retomando en su origen la idea del devenir de Heráclito. La disipación, la disolución de la realidad en razón y consecuencia de su complejidad transdisciplinar, promueve la decadencia del positivismo objetivista de la naturaleza y la historia, el dualismo ontológico y metodológico entre objeto y sujeto, la mathesis universalis del razonamiento apriorístico y reductor.
El nuevo paradigma del pensar transdisciplinar se plantea una intelección cognitiva y una hermenéusis integradora del mundo de los objetos de la realidad, siempre y cuando sea entendida y aplicada desde y hacia un espacio de ser y estar, abierto a la multidimensionalidad que nos permita pasar de las metáforas mecánicas a las figuras del pensamiento complejo, que toma en cuenta las interacciones dinámicas del orden relacional que le da origen y el corpus de transformaciones que de ellas se derivan inevitablemente.
Nociones como las de vínculos, sistemas abiertos y organizaciones complejas, dinámicas no lineales, emergencia, historia y devenir, acontecimientos, azar e irreversibilidad, tensiones, flujos y circulaciones, escenarios, espacios de posibilidades, y co-evolución multidimensional, forman parte de la nueva lexicografía que es necesaria para la nueva interpretación de los procesos y hechos a través de los cuales se constituyen las redes de sistemas, entre las cuales la fenomenología de los objetos de la realidad alcanzan y logran cristalizar el locus de su inserción en el complejo mundo de la racionalidad científica e histórica.
La idea de un continun en caos y en crisis, en desorden y en conflicto, desdibuja la armonía y el equilibrio que se suponía regía el fin o terminus de la razón positiva enraizada en una concepción de la realidad del mundo objetivista, entitaria y refleja, por medio de la cual la realidad del mundo podía ser re-producida y serializada.
La idea unidimensional del mundo le impone unos fines a la realidad y al sujeto que la vive, que, además de inalcanzable, terminan por alienar al sujeto en la medida que lo separa de una relación cognoscente en la que deja de ser sujeto de posibles transformaciones por el devenir de los objetos. Las paradojas que se producen en la realidad cuando dejamos de pensar linealmente, nos abre a una pluridimensión en la que las formaciones de bucles, hace efectivamente que el sujeto esté en libertad de construir y relacionarse correlativa y complementariamente con el objeto en su interacción con él y, a su vez, el sujeto es re-construido en la interacción con el medio ambiente natural y social de los objetos.
Las propiedades, las características, las definiciones, las categorías, etc., no están ni pertenecen a los entes o las cosas, sino que se originan y gestan en esa red de sistemas en la que se encuentran insertas y mediadas, transitadas desde diferentes y excluyentes puntos de vista y de encuentro. Es este el nuevo escenario que se nos presenta el paradigma del pensar transdisciplinar y complejo: es un espacio de relaciones entre los objetos de la realidad, donde se teje la trama y la retícula sobre la que se articula en giros de imposibles posibles y probables, la multidimensionalidad de los objetos epistémicos y de las intersubjetividades de los sujetos cognoscentes.
Nuestra conciencia y nuestra experiencia sensible y racional, artística, estética, ética, política, moral, entre otras, cambia por completo. El mundo como unidad heterogenia y caótica, universo de la diversidad y la diferencia, se nos presenta en una condición de ser y hacer que nos compromete con una filosofía de la vida y de la existencia en la que nada o muy poco puede quedar por fuera de esa cosmovisión en la que la totalidad del todo está articulada por la fenomenología de cada una de las partes que la integra y reorganiza holísticamente.
Sin una conciencia y una racionalidad desfundante de principios absolutizadores del conocimiento, no es posible abrirnos a la alteridad del mundo si no nos liberamos plenamente a través de los sistemas de significación, simbolización, comunicación y representación, de los cuales toman los sentidos el contexto del pensamiento científico a través de sus interacciones históricas.
La movilidad y re-descomposición que sufre la ontología del conocimiento que se produce desde el pensamiento complejo y la transdisciplinariedad, crea inéditas relaciones para estudiar y conocer las sospechas en las que se funda una forma de pensar y practicar la racionalidad que entiende cada vez mejor que su génesis y acceso al mundo de los objetos, pasa por una naturaleza de las realidades cognoscentes en la que no existe un libreto escrito, sino que el todo es en cada en una de sus partes momento y proceso variante de la totalidad, de transformación y cambios múltiples, donde la práctica ontocreadora del sujeto es co-constructiva con el objeto en el proceso discursivo y heurístico del conocimiento, puesto que la posición y situación del sujeto cognoscente está implicada en la dinámica del conocimiento y se hace imprescindible su presencia en cuanto tal, y esto es un movimiento recursivo sobre el que se hace la acción del pensamiento para re-crear lo creado ad infnitum. Es un constante ir más allá.
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