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Utopìa y Praxis Latinoamericana
versión impresa ISSN 1315-5216
Utopìa y Praxis Latinoamericana v.13 n.41 Maracaibo jun. 2008
Presentación
Álvaro B. Márquez-Fernández
Para Victoria Ferrara:
La otra palabra del genero...
Las colaboraciones que se recogen en esta edición de la revista, se ofrecen al lector como una celebración por el centenario del nacimiento (9 de enero de 1908) de la filósofa y feminista Simone de Beauvoir, quien con su pensamiento y obra nos ofrece una interpretación de la vida y de los seres humanos, hombres y mujeres que recupera para la historia la trascendencia de la mujer y la superación del patriarcado.
Las autoras, y el autor, de estas investigaciones, presentan una muestra de lo que las ideas de esta filósofa francesa han logrado y lograrán en el tiempo: una forma de pensar y comprender la realidad humana desde un correlato de la vida, donde hombre y mujer son indispensable para el futuro de la humanidad. Es decir, la masculinidad y la feminidad son formas sexuales, políticas, culturales, indisociables de ser del género Una forma de aprehender la vida desde ambas posturas, es lo que haría mucho más compleja y significativa la pluralidad de la vida humana.
El consumo en la encrucijada ética, es un importante tópico de investigación que aborda Alba Carosio, con el propósito de adentrase en las estructuras de producción del placer y la satisfacción (hedonismo narcisista) que se administran subliminalmente, para que el conglomerado humano de la actual sociedad tecnocientífica responda a los estímulos y sensaciones, imágenes y representaciones de una economía del intercambio que requiere para su reproducción ideológica y simbólica, de un individualismo que la internalice en todas sus experiencias sensibles y racionales.
El desarrollo social de la economía de mercado implica la creación de espacios de consumo donde la uniformidad se ejerce a través de las políticas públicas, que se imponen sobre la diversidad de opciones de las que deben gozar las personas al momento de escoger los bienes de consumo para la satisfacción de sus necesidades. Es necesaria una concepción de otra economía para otro orden de consumo, vista a partir de una filosofía y una ética del desarrollo humano sustentable, donde el sujeto de la vida recupere su auténtico valor frente a los falsos valores y estereotipos de la libre competencia del mercado
¿De cuál futuro para la humanidad nos hablan las profecías de la sociedad tecno-científica del presente? ¿El futuro de una sociedad que logra la satisfacción de sus necesidades y deseos a través de la racionalidad capitalista del mercado, que induce a la ciudadanía a convertirse en un inconsciente consumidor de los objetos de la producción? ¿El futuro de una humanidad que se construye a partir de su propia deshumanización y de la explotación irracional del medio ambiente?
Las actuales condiciones materiales de existencia que garantizan el equilibrio entre la naturaleza y la vida humana, se encuentran en un peligro casi inmediato de extinción. La fuerza depredadora que ha desatado contra el ambiente natural y humano, la filosofía del progreso que inaugura la Modernidad, requiere de un análisis, crítica e interpretación, desde la perspectiva de principios éticos que consideran el valor de la vida como el valor fundamental de la existencia en cualquiera de sus manifestaciones.
No se puede conceder a la economía colonizadora del mercado total más dominio sobre el planeta. Las consecuencias negativas son evidentes a simple vista: contaminación, marginalidad, pobreza, explotación, hambre, violencia, guerras, a escalas globales.
En otro plano investigativo, pero muy próximo a las categorizaciones sociales, económicas y políticas, presentadas en la crítica de la economía de consumo expuestas por Carosio, pasamos revista a los valiosos artículos que forman parte de esta edición, y que de alguna manera presentan una sincronía epistémica al valerse de las teorías de género para desarrollar las hipótesis de sus investigaciones.
La mujer como una actora más en los procesos de producción económica, se integra a la economía en razón de su fuerza laboral. Sin embargo, eso no favorece una auténtica inserción en el nuevo rol que pueda cumplir en la transformación de las condiciones laborales que desde el punto de vista del análisis del género, pone en cuestión las relaciones de poder que se mantienen en la producción.
Se produce una exclusión en relación a la división social del trabajo, pero de igual manera en relación al sexo, al poder y al saber. Claudia Anzorena hace un desarrollo socio-político de estas relaciones en su artículo Estado y división sexual del trabajo: las relaciones de género en las nuevas condiciones del mercado laboral. El énfasis recae inicialmente sobre la división sexual del trabajo, que reproduce las esferas de interacción entre lo público (civil, el varón), y lo privado (doméstico, la mujer).
Esa división supone un status de inferioridad y otro de superioridad, lo que genera un grado de desigualdad y exclusión para las mujeres en el momento de formar parte de la productividad. La cultura social y política hegemónica orienta esta división a través de los saberes que sirven de base a la educación ciudadana desde la familia hasta la profesionalización. Se inculcan roles sociales que sirve de estereotipos para varones y mujeres. El Estado es proclive a una apertura que permita generar el acceso de la mujer al campo laboral, pero sin dejar de gerenciar el ámbito de lo doméstico, que sirve de espacio represor para su desempeño profesional. El posible papel protagónico de la mujer en el cambio estructural de esta división social de clase-sexo-poder-saber-productividad, queda anulado o minimizado porque las mujeres terminan orientadas u homogeneizadas por parte de las políticas públicas que adelanta el Estado para conferirles un lugar en el espacio público donde no se logra el auténtico reconocimiento a su identidad de género.
Maira Montilva nos abre otro escenario de participación socio-económica de la mujer en las relaciones de producción capitalista. Bajo el título de Postergación de la maternidad de mujeres profesionales jóvenes en dos metrópolis latinoamericanas, la autora plantea la problemática que viven las mujeres profesionales en dos capitales latinoamericanas (Caracas y Santiago de Chile), frente a la opción de ser madres o incorporarse a los procesos laborales de la sociedad actual.
Sorprende la transversalidad teórica y crítica de los artículos que estamos reseñando, pues en todos se advierte el indiscutible impacto que ha representado para la mujer el desarrollo del capitalismo en la sociedad moderna y más todavía en las latinoamericanas. Estos estudios nos brindan la oportunidad de visualizar el cuerpo interno y externo de la sociedad de mercado que se nos brinda como la panacea a todas las problemáticas de la vida cotidiana. Pero, en realidad, no siempre es cierto. Es una sociedad donde las opciones a la vida y a la felicidad, se han reducido en razón del beneficio y del interés de la economía del capital.
Las tendencias en los países desarrollados a incorporar a la mujer en el mercado laboral, le ha permitido a éstas traspasar las fronteras de la domesticidad en la que estaban recluidas. Sin embargo, la libertad para ser objeto de la productividad no las libera de su condición de subordinación, parece ser que ahora se les provee otra más que termina por impedirles o postergar la maternidad como proceso social de la reproducción de la especie.
Los diagnósticos realizados por Montilva, intentan señalar que la individualización, es decir, la preferencia personal por el trabajo, la pareja y la autorrealización, sumado a la crisis que enfrenta el modelo tradicional de familia en función del matrimonio y de los hijos, están propiciando en las nuevas generaciones de mujeres otras valoraciones y criterios sobre sus vidas. De una parte, se está creando una conciencia de autonomía con respecto a su condición reproductora en el marco de una sociedad patriarcal que la subordinaba; por otra, la búsqueda de una libertad de acción y de opinión, de derechos y responsabilidades sociales y políticas, que emanan de sus nuevos roles de profesionalización.
El ser mujer es de alguna manera, también su representación. A través del lenguaje o discurso es que la representación de la mujer responde a una simbología y una racionalidad. Sobre todo, cuando se considera como más valida la representación científica y masculina de la mujer. Es decir, la imagen que se hace el hombre de lo femenino más que responder al ser mujer deberá responder a lo que el hombre piensa que es la mujer. Ha sido la racionalidad, la representación, el discurso de lo masculino el que ha impuesto su imaginario.
El interés de Elida Aponte Sánchez, en su artículo, La denuncia del discurso médico como uno de los supuestos de inaplicabilidad del derecho, es poner en evidencia el control del discurso de la medicina (ginecología y obstetricia) sobre el cuerpo, las vivencias, las experiencias, de las mujeres. No es el único discurso opresor, pues casi todos los discursos científicos tienen esta tendencia, en especial el jurídico. Se está en presencia de un discurso sexista desde la Antigüedad y la Edad Media hasta nuestros días. El cuerpo de la mujer ha sido un campo de batalla del bien contra el mal, la razón contra lo sensible, la luz contra la oscuridad, lo activo contra lo pasivo.
La práctica médica que busca invalidar Aponte Sánchez, es la que transmite el discurso ginecológico (que convierte a los especialistas en consejeros y psicoterapeutas) de que el cerebro y el útero de la mujer, están conectados a través del sistema hormonal ( ) que muchos de los síntomas y trastornos menstruales y ginecológicos tenían que ver con tensiones emocionales y somatizaciones. Las consecuencias de ello es que las mujeres son analizadas, observadas y clasificadas sin que ellas misma lo sepan.
Detrás de estos determinismos biológicos, se encubren concepciones dominantes de lo masculino a través de los estereotipos culturales con los cuales se manipula la individualidad femenina. La Iglesia, el Estado, el Derecho han estado al servicio de estos dogmas de la racionalidad masculina, que siempre ha considerado a la mujer una especie inferior y proclive, obviamente, a la protección del varón dominante.
El desafío de recuperar lo femenino para la política, tanto en lo público como en lo privado, parece que pasa no sólo por la praxis de un pensamiento feminista; sino, también, por una reconceptualización de la masculinidad vista por los varones e incluso por las mujeres. Esta alternativa al problema de los conflictos de género, nos la presenta Antonio Boscán Leal en su artículo, Las nuevas masculinidades positivas, donde inicialmente parte de una crítica al modelo de masculinidad sexista y homofóbico. El ideal que se profesa de masculinidad está asociado a la fuerza, el dominio, la violencia, la insensibilidad, el status económico, la heterosexualidad.
Otras relaciones humanas, consideradas inter e intragenéricas son posibles si se considera el desarrollo social en términos de diversidad y pluralidad. Es obvio que necesitamos reconocer que existen otras formas de comportamiento del ser masculino que no pueden seguir represados por las coacciones sociales, políticas, económicas, religiosas, éticas y morales.
La masculinidad positiva trata de abrir un escenario de encuentros donde se compartan experiencias sensibles, opiniones, discusiones, diálogos, entre mujeres y hombres que han descubierto otro modo de pensar el género fuera de una concepción sexista. No es una sustitución o transposición de un modelo de masculinidad por otro, o en su defecto indefinir la masculinidad o feminizarla, como suele considerarse superficialmente. Tampoco deberá entenderse la nueva masculinidad como una práctica homosexual. No es esta la discusión, se trata de entender las relaciones entre mujeres y hombres, y hombres y hombres, más allá del modelo patriarcal y sexista, además de superar la sodomización. Es necesario salir del juego de poder de la masculinidad dominante.
Esa libertad para actuar de otra manera requiere de un movimiento de liberación masculina que considere posible otro sistema afectivo y sentimental para el ser humano. Ser hombre o mujer es una condición que se gesta a partir de los desarrollos culturales de la humanidad, luego no pueden entenderse como una dicotomía irreductible. Se trata de buscar y lograr los complementos y equilibrios necesarios a través de una razón sensible más próxima a la masculinidad y de una razón patriarcal desacralizada.
Para Michel de Certeau, hacer la historia es volver del pasado a través del presente. La historia se recupera del pasado a través de muchas memorias. Es marcar nuestra relación con el tiempo a través de la escritura para descifrar los códigos que nos permiten interpretar el texto. Aparece el sentido de las palabras en sus imágenes, los pliegues subjetivos de la realidad. La presencia de lo no-visible, no dicho. Volver para recuperar el tiempo y quizás, sentir las premoniciones del futuro.
Ése es el propósito de este primer esfuerzo de investigación documental-historiográfica que realiza Oneida Chirino Ferrer para dar a conocer los Orígenes de los Estudios de la Mujer en la Universidad del Zulia, en una época donde las efervescencias revolucionarias de los movimientos feministas y el Mayo francés, encontraban amplías resonancias en la América Latina para reflexionar filosóficamente, entre otras cuestiones, sobre la condición de las mujeres.
Le corresponde a Gloria M. Comesaña Santalices comprometer sus fuerzas intelectuales y físicas, para hacer de las tesis feministas de Simone de Beauvoir y del existencialismo de Jean Paul Sartre (a quien le dedica una tesis doctoral bajo el título Laltérité chez Sarte et les rapports femme-homme), un diálogo abierto para las nuevas generaciones de los estudiosos de la Filosofía de la Universidad del Zulia. Más de uno de nosotros fue testigo de ese logos filosófico donde el análisis, la crítica y la creatividad sirvieron de estímulo para acercarnos a la alteridad femenina.
Se recoge en este trabajo la cronología de los Estudios de la Mujer, desde su fundación como Seminario (1973) y posteriormente como Cátedra (1984, 1991). También los títulos de los diversos cursos dictados, objetivos, etc.
Es innegable que la presencia del pensamiento feminista en la Escuela de Filosofía de la Universidad del Zulia, ha cumplido por más de 30 años con un rol formativo, investigativo y de praxis social incuestionable. Para aquel momento, aunque no lo refiere el artículo, la creación de la Liga Feminista de Maracaibo y la Casa de la Mujer, respondieron a una militancia que asume el espacio de la política como una respuesta consecuente entre pensamiento y acción.












