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Utopìa y Praxis Latinoamericana

versión impresa ISSN 1315-5216

Utopìa y Praxis Latinoamericana v.15 n.48 Maracaibo mar. 2010

 

Nació en Algeciras, Cádiz, en 1915, es decir, este año cumplirá 95 de edad. Ha tenido entonces una larga y fructífera vida manteniendo una lucidez mental envidiable a pesar de que su edad ya no le permita moverse con libertad. Filósofo en activo, nos acaba de sorprender con la publicación de su más reciente libro titulado Investigaciones literarias (UNAM, México, 2009) en donde incluye textos sobre Unamuno, Neruda, Marinello, el Quijote, Machado, Valle Inclán y otros. Pero además, pronto saldrán sus Memorias. En ellas, seguramente recordará las diversas etapas de su vida: desde su nacimiento en Algeciras, un pueblo interesante en donde se libraron sangrientas batallas moros y cristianos; su posterior estancia en Cádiz y más tarde en Madrid; recordará su participación en las Juventudes Socialistas Unificadas en donde llegó a dirigir el periódico Ahora y luego Pasaremos!, órgano de la Onceava División del Ejército Republicano. Narrará también su llegada a Veracruz con sus compañeros de viaje entre los que figuraba Pedro Garfias. El exilio para Sánchez Vázquez fue un suceso traumático y durante muchos años mantuvo la esperanza de la vuelta a España. Cuando Franco murió, Sánchez Vázquez declaró que había terminado objetivamente el exilio y prefirió quedarse en nuestro país. “El exilio -nos dirá Sánchez Vázquez en el epílogo de un libro que reunió a algunos de los mejores escritores latinoamericanos y cuyo prólogo es de Gabriel García Márquez- es un desgarrón que no acaba de desgarrarse, una herida que no cicatriza, una puerta que parece abrirse y nunca se abre” (…) “El exiliado vive en la idealización y la nostalgia. Vive con el reloj parado en una hora lejana, pero cuando se cierran las heridas y desaparecen las causas que lo generaron; cuando pasan los años y se han creado otros intereses y surgen raíces entonces el exiliado descubre con estupor primero, con dolor después, con cierta ironía más tarde, en el momento mismo que objetivamente ha terminado su exilio, que el tiempo no ha pasado impunemente, y que tanto si vuelve como si no vuelve, jamás dejará de ser un exiliado” (“Cuando el exilio permanece y dura”, marzo de 1977)

Esta actitud vital que evoca, por un lado, el dolor del desarraigo pero al mismo tiempo mantiene la fuerza moral de las convicciones, lo llevará a mantenerse del lado de la República después de su derrota y a solidarizarse con procesos latinoamericanos como la Revolución cubana, el movimiento estudiantil-popular de 68 en México; la Revolución nicaragüense; la formación de muchas generaciones en la Universidad pero, sobre todo, a desarrollar una reflexión profunda sobre el marxismo como teoría y como práctica. En este aspecto el filósofo nos ha dado una gran lección: supo sustraerse de la ideología oficial en que se formó en el fragor de la batalla y emprendió una profunda y radical crítica, primero entre la versión oficial del realismo socialista y luego frente a la filosofía oficial del dia-mat.. Con respecto a la primera profundiza en la obra de Marx y escribe una obra ya clásica, Las ideas estéticas de Marx (1965) explorando las múltiples y ricas vertientes del marxismo en este campo hasta llegar a una concepción abierta en su Invitación a la estética. En relación a la segunda, escribe otro libro clásico, La filosofía de la praxis (1967) en el que desentraña de la obra de Marx una nueva concepción de la filosofía que representa una revolución copernicana: no es el filósofo frente a una praxis externa sino la filosofía desde la praxis. Con esa visión analiza la categoría de praxis; la relación entre teoría y práctica; la relación entre praxis creadora y reiterativa; la espontánea y reflexiva; entre la conciencia de clase y la organización y, finalmente, la relación entre praxis, razón e historia. Recordemos que su ponencia en el IX Congreso Interamericano de filosofía celebrado en Caracas, Venezuela, se tituló “La filosofía de la praxis como una nueva práctica de la filosofía”. 

De igual forma, después de un análisis de la teoría y de la práctica, el filósofo va llegando, poco a poco, a la difícil conclusión de que el llamado “socialismo realmente existente” no era ni capitalista ni socialista sino una formación específica cuyo tránsito al socialismo fue bloqueado por las burocracias.  

¿Qué podría definir al filósofo Sánchez Vázquez? 

La voluntad de autocrítica. La voluntad de explorar nuevos rumbos en la filosofía, en la utopía y en la filosofía moral y política. La voluntad de persistir. A pesar del derrumbe del llamado “socialismo real” se mantiene como marxista crítico y creador porque consideró que el diagnóstico de Marx sobre el capitalismo era correcto en lo esencial y porque considera que un auténtico socialismo seguirá siendo valioso y deseable si es democrático, ecológico y ético.

Gabriel Vargas Lozano

México, D.F. 26 de febrero de 2010