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Utopìa y Praxis Latinoamericana

versión impresa ISSN 1315-5216

Utopìa y Praxis Latinoamericana v.15 n.48 Maracaibo mar. 2010

 

Presentación

                                                                                 Álvaro B. Márquez-Fernández

Del presente nos hacemos todos los días. Al pasado respondemos con el recuerdo y la memoria. Sin ese mirar lo que fuimos a través del pasado, ninguna historia presente podría acontecer ni revelarnos los presagios de un futuro siempre posible e incierto para la vida. De esa dimensión de la realidad tan abstracta e inasible como el espíritu que es el pasado como creación de la experiencia vivida, parece que el devenir nos da la extraña certeza de los principios en sus orígenes más profundos.

Quizás fue la mirada cosmogónica de los presocráticos la que pudo cristalizar esa idea de génesis del mundo como testimonio de nuestra presencia en él. Al mirar-nos en/por el pasado, nos acercamos a un latente reflejo de esa trascendencia del ser que somos en lo más concreto de su humanidad: la conciencia intencional. Quizás, la principal fuerza racional del pensamiento para estar y crear el mundo de nuestra naturaleza histórica. Esa antropología de la existencia que nos convoca en cada acto humano a humanizarnos en una búsqueda de encuentros en permanencia con otros.

Lo que fue y se hizo, se hace más ley y orden que cualquier otro de nuestros ideales y utopías. Es, probablemente, la noción más simple de la praxis onto-creadora que nos permite saber cómo descubrir y sentir en cada huella el polvo de la tierra que pisamos, el sentido de finitud que encarnamos en cada aliento de vida. Y es al “tiempo pasado”, que porta con otras esperanzas otros futuros indecibles, a quien debemos esta voz de ecos porque nos muestra las imágenes del mundo que hemos construido a través de la palabra y la escritura en su esencial vitalidad. De todos los tiempos, éste es la evocación primordial para la razón práctica de la vida, sin exclusión del valor contemplativo, místico, sensible, del auténtico arte poético de la filosofía.

A través de esa relación con el tiempo que se vivió y del que partimos en años anteriores, este proyecto editorial cumple con su gesta emancipadora y llega al día de hoy con un caudal de aguas de varios ríos y mares; corrientes de aires entre Sur y Sur, Sur y Norte, Sur y Este, y Sur y Oeste; semillas de Primavera y cosechas de Verano, ilusiones de Otoño y paciencia de Invierno, que año tras año nos ha permitido abrir y desplegar ese lienzo siempre anónimo y desafiante que es la página en su blanca-oscuridad, mientras guarda-aguarda en silencio el alfabeto de las lenguas… A todos los que por “tanto tiempo” nos acompañan por este sendero-desfiladero que es la aventura intelectual de pensar la filosofía en América Latina, los identificamos con ese escapulario más cercano al co-razón, porque la vida se juega en la vida, siempre de frente a la muerte o a la nada. Es, probablemente, el más grande reconocimiento a todos los que somos parte de una América Latina, que aprenden a convivir de su pasado y aprenden a sentir en su diversidad el futuro que se construye en solidaridad. Es, entonces, este “nuevo tiempo” otro más para la historia que todos estamos aprendiendo a escribir y a contar…. 

Desde aquel “punto de partida”, se da inicio a una utopía personal que logra alianzas y compañeros(as) en Venezuela, América Latina y otras partes del mundo. Poco a poco cristaliza, entonces, una praxis y una episteme de la filosofía en su coexistencia social, política, ética, económica, que promueve y contextualiza los diálogos interculturales como estrategia contra hegemónica frente al dominio de la racionalidad Moderna. Una praxis utópica que reconoce en la filosofía el indiscutible thelos del sentido humanizador de la praxis, pero un thelos sin la crítica sobre la praxis que lo intenciona queda inhibido por una historicidad que lo represa. Y a esta concepción de los cambios es que la participación de todos los compañeros(as), a través de sus investigaciones, resultó decisiva para convertir a Utopía y Praxis Latinoamericana, en un espacio de convergencias por varias razones. La primera de ellas, respecto a lo formal, es la reorientación permanente de la política editorial de una revista que crece y adquiere visibilidad a través de los parámetros internacionales de evaluación científica. La segunda, respecto al contenido, la acogida de investigaciones que responden a redes socio científicas cada vez más inter y trandisciplinarias. Es decir, y merece la pena destacar, que las investigaciones que se publican son una consecuencia directa de formas de relacionalidad compleja entres diversas áreas o campos de las investigaciones en Ciencias Sociales que permiten una praxis filosófica que explora con inusitada fuerza las diferentes formas de racionalidad epistémica. Lo que, obviamente, exige pluralizar y democratizar las concepciones clásicas de las ciencias modernas por vía de un “re-pensar” otras ciencias sociales y humanas: auténtico desafío para la recreación filosófica de América Latina. A ese desafío de la historia del s. XXI se abre una aurora a nuestras miradas….

Este primer número de las ediciones aniversarias de 2010, se caracteriza por presentar a los lectores diversas formas de praxis sociales y su incidencia en la construcción de la Historia de nuestras ideas en particulares contextos de recepción y recreación del pensamiento filosófico universal y latinoamericano. El esfuerzo se centra en situar parte de esa génesis del pensamiento a través de nombres tan representativos como son: Adolfo Sánchez Vásquez, Eugenio Pucciarelli, Rodolfo Kusch, José Vasconcelos, Héctor Mújica, Juan Bautista Alberdi, José Mariátegui, Arturo Uslar Prieti y Alfonso Guillen Zelaya. De alguna manera, precursores de una concepción crítica de la historia, cultura, nación, pueblo, sociedad, ciudadanía, emancipación, libertad, interesada en el arraigo de una conciencia que debe partir de su cotidianidad sensible para esclarecer y minimizar las fronteras ideológicas del pensamiento hegemónico.

Me parece que este es el espacio de encuentro con los Otros, de la praxis en su totalidad dialéctica a través de las mediaciones fácticas de esas realidades que sirven de punto arquimédico para la creación del mundo. Precisamente, atendiendo a esa praxis de la utopía es que en este volumen se hacen planteamientos que implican repensar la existencia desde la contingencia humana y sus contextos. Pero además, es a través del pasado que la utopía de la praxis se concreta para hacerse realidad en la historia de nuestras experiencias de conocimiento; punto de retorno a la praxis utópica en su afán por dotar de sentido y siempre hacer posible, cualquier praxis humana en su potencialidad racional. 

Estamos convencidos que los diversos trabajos compilados serán objeto de una lectura reflexiva y crítica por parte de nuestros lectores: el propósito es rastrear hasta el más mínimo detalle todo lo que es parte histórica y cultural, política y social, económica, del desarrollo filosófico del pensamiento latinoamericano. Se entretejen diversos momentos y épocas del acontecer filosófico latinoamericano, en lo continental y universal, razón suficiente para destacar el aporte de Stefan Gandler acerca de la Conciencia y vida cotidiana en la Filosofía de la Praxis de Adolfo Sánchez Vásquez. Una atractiva y aguda argumentación que nos permite comprender la tesis del filósofo mexicano sobre su crítica a la conciencia cotidiana (ateórica), en el desarrollo de una teoría de la praxis. El status de ésta se subordina al “realismo ingenuo”, el “objetivismo” y el “utilitarismo”. Sin menoscabar el entorno de vida de tal conciencia con respecto a las influencias de las ideologías, tradiciones, costumbres y “teorías” de la sociedad, eso no significa que sea proclive a una capacidad de autocrítica que implique la apertura de un sujeto cognoscente activo responsable de la transformación social, en sentido emancipador y revolucionario. La propuesta final de Sánchez Vásquez apunta a partir de esta crítica, a retomar la singular importancia que debe tener la conciencia cotidiana en el desarrollo histórico y social de la praxis.

Una relación histórica y personal entre dos pensadores y dos estilos filosóficos, entre un Maestro y su discípulo, en su interés por ahondar en la ensayística literaria la “filosofía de la historia” de Ezequiel Martínez Estrada, es la que nos muestra con un sugestivo lenguaje Gerardo Oviedo en su investigación: Un puente entre filosofía académica y ensayismo libre. A propósito de Eugenio Pucciarelli, lector de Ezequiel Martínez Estrada. Para lograr esa “unión”, Oviedo reconoce en Pucciarelli a un filósofo de “profesión” que se concede el derecho a escudriñar los sinuosos espacios de la metafísica, los símbolos poéticos, los dramas de la sensibilidad, en la obra literaria de Ezequiel Martínez Estrada. La intención expresa es erradicar de alguna manera a través de un “estudio filosófico academicista”, el falso dualismo entre Filosofía y Artes, bajo la presunción de que la existencia del pensar es originariamente imagen y metáfora. No es suficiente o prudente, anteponer la racionalidad a la sensibilidad. No obstante, Pucciarelli escudriña los textos de Martínez Estrada, para validar filosóficamente sus escritos, señalando importantes resonancias de pensadores como Herder, Hegel, Cousin, Simmel, Spengler, Toynbee, Sarmiento, a la hora de comprender la realidad argentina que expone en su libro Radiografía de la pampa. Finalmente, Ovideo, nos sitúa en un rica panorámica de estudiosos (Roig, Biagini, Cerrutti-Guldberg), que reconocen en la figura de Martínez Estrada elementos emancipadores para la filosofía latinoamericana.

Los rastros, rasgos, rostros, más originales y fecundos de la filosofía se pueden observar con toda claridad a través del esfuerzo teórico y práctico que logra el filósofo a partir de una relación fenomenológica con la existencia. Es lo que nos señala Graciela Maturo en su artículo sobre Rodolfo Kusch: La búsqueda del sí-mismo a través del encuentro con el otro. Esta destacada poetisa, hermeneuta y fenomenóloga, considera a Kusch un filósofo de la intersubjetividad y de la alteridad. Su preocupación permanente por “el sujeto cultural americano”, lo lleva a considerar la necesaria presencia del otro en la construcción de la ipseidad. En este caso, el otro como constituyente de la identidad: “el ser-con es parte ineludible del ser hombre”. Pero ese “otro” puede ser alguien anónimo en su alteridad, es el caso del aborigen, el indígena en su marginalidad y exclusión frente al europeo o colonizador. Se requiere de una libertad para el auto-reconocimiento en “uno mismo como un otro”; sólo, entonces, es posible el desarrollo de la subjetividad. Es una responsabilidad ética significar esa alteridad a partir del pobre (indígena) y sus entornos culturales de lenguaje, artes, ritos, etc., es la búsqueda hacia una originalidad primaria de ser y estar que no se encuentra perdida de nuestro futuro.

Al preguntar por los antecedentes de nuestra historicidad, por aquellos que pensaron a partir de problemas y soluciones posibles y efectivas para comprender los cambios sociales en su complejidad, es imprescindible situarnos dentro de ese pensar filosófico emergente en América Latina que supo trazar nuevas coordenadas entre política y sociedad, estado y nación, para declarar que el propósito final es la realización de un ciudadano plural y más democrático: pero no es tan fácil cumplir con ese ideal o virtud pública de la política. En principio, se requiere de una concepción y reflexión-crítica de los procesos revolucionarios que deben favorecer esa conciencia de ciudadanía emancipada que solicitamos. En tal sentido, Andrés Donoso Romo, con su propuesta, Una mirada al pensamiento de José Vasconcelos sobre Educación y Nación, recupera un proyecto cívico de educación pública que sorprende por su vigencia. Encuentra Donoso Romo, en la filosofía de Vasconcelos, una concepción espiritual de la cultura que es necesario aprender desde la “raza” en su diversidad. No es posible admitir una “raza superior”, en detrimento de otra considerada “raza inferior”. La noción “cósmica” del universo responde de alguna manera a una composición múltiple de la humanidad por medio de sus diversas “razas”, gracias a una relación de cooperación, deliberación y diálogo. Es un proyecto humanista que alude a un porvenir, a través de un proceso educativo donde se privilegian las libertades de las personas por igual en su correlación social, para esto se asume el rol docente de un estado social donde la figura del Maestro, es la “bisagra” entre clases sociales, ductor del estudiante que debe transformar la realidad.

 Lino Morán-Beltrán y Johan Méndez-Reyes, destacan el impulso social de las ideas revolucionarias de Héctor Mujica en su artículo, Apuntes para el debate del socialismo en Venezuela. La adscripción al Partido Comunista de Venezuela, su vida académica, su trabajo periodístico, entre otras facetas, nos dan una semblanza muy precisa de lo que fue este intelectual venezolano que en todo momento abogó por una interpretación y concreción del marxismo que debía escrutar los desarrollos ideológicos y económicos del capitalismo periférico en América Latina. La incidencia negativa de estos factores en la concepción de la política y la resistencia al Estado neoliberal, generan la fuerza de cambio social que se requiere y que necesariamente pasa, ante todo, por el pueblo. Ninguna revolución es real si no se cancelan las relaciones de dominio internacionales del capital. En la Venezuela de esa época tan reciente, todavía esas condiciones no estaban dadas a causa de la influencia de las teorías positivistas puestas en práctica por las élites dirigentes de la política nacional, y a la precaria estrategia revolucionaria de los partidos de izquierda. En su voluntad de subsanar este déficit de la participación ciudadana, se dedica a sendas investigaciones sobre los procesos de hegemonía comunicativa que en Venezuela impiden una auténtica democracia social y a defender los principios universalistas de la revolución socialista en América Latina.

La investigación de Alejandro Herrero, dedicada a Juan Bautista Alberdi y las ideas políticas francesas. En busca de un proyecto alternativo al orden rosista (1835-1852), es una exposición muy bien argumentada de las tesis que sostuvo Alberdi en su programa político, durante el segundo gobierno autoritarista de Juan Manuel de Rosas, para ir de una República democrática a una República posible. Se analiza, primero, a través de Ingenieros, Alberini y Feimmann, la originalidad o repetición de las ideas de la revolución francesa en los planteamientos de Alberdi, para luego destacar la doble concepción de República que sostiene Alberdi y los diversos grados de influencia y reflexión que le suscitan los filósofos franceses, escogiendo a su juicio los aspectos más innovadores de las nuevas interpretaciones de la política. Así por ejemplo, entre el concepto de “soberanía de la razón” (Guizot) por el de “soberanía popular”. O entre Leroux y Tocqueville; partidario por un lado de la democracia descentralizada, y por el otro del federalismo de Tocqueville. El posterior cambio en torno a la política que sufre Alberdi, hacia los años ’40, acepta los postulados de Chevalier, Rossi y Guizot, sobre la educación, resistencia al debate político y a la prensa, la economía, la cultura del trabajo, las libertad política y cívica, más el desarrollo de un mercado capitalista, lo considera un proyecto viable para la sociedad rioplatense y extensible a la América Latina. Una verdadera experiencia de tránsito entre dos etapas de la democracia moderna en ciernes, donde los residuos monárquicos aún forman parte de la gestión de un gobierno que se hace participe de los intereses del pueblo a través del control de la economía capitalista y los poderes políticos.

La aproximación que realiza Rafael Ojeda en su ensayo, Posmodernidad, diatopía y multicentrismo. Mariátegui en la encrucijada, nos proporciona, sin lugar a dudas, una interpretación muy crítica de las posibles contradicciones formales entre el pensamiento posmodernita de Mariátegui y su interpretación de la cultura colonial peruana. Habla Ojeda de una suerte de “hermenéutica bilocalizada” en Mariategui que le permite visionar los múltiples planos del acontecer histórico recortados por varios tiempos existenciales. Más que un dualismo, debería pensarse en un pensamiento híbrido capaz de entender la doble cara de una misma moneda. Un Mariátegui que defiende la centralidad del proletariado pero a la vez, toma partido por los indígenas como sujeto de transformación social. Este tipo de racionalidad múltiple, en términos posmodernos, dice el autor es el mayor aporte y originalidad de Mariátegui, en un escenario de la cultura marxista del momento (III Internacional) y de la multiculturalidad de la sociedad peruana, que pone en choque conceptos y prácticas de la ortodoxia marxista.

Otra referencia a la historiografía de las ideas antipositivistas en Venezuela, nos la presenta Antonio Tinoco Guerra en su trabajo, Arturo Uslar Prieti y el antipositivismo en Venezuela. Después de un férreo dominio positivista basado en la explicación científica de la realidad de los hechos aislados de las relaciones humanas, los estudios antipositivistas en América Latina contribuyen notablemente a esa interpretación material y concreta de la historia política y económica de nuestras sociedades latinoamericanas muy alejadas de explicaciones espiritualista o creacionistas. Tinoco Guerra hace una somera mención de los principales pensadores antipositivistas de influencia en América Latina, destacando la exigua representación de esta corriente filosófica en Venezuela. Es sólo a partir de 1946 con la presencia de pensadores españoles exiliados, como José Gaos, J. D. García Bacca, Pedro Grases, Manuel Granel, entre otros, que se exponen otras tendencias filosóficas como el existencialismo y el vitalismo. “La visión determinista-mecanicista y la relación causa-efecto como explicación de los fenómenos sociales, va a ser desplazada por la visión de la multiplicidad de causa, donde los hechos y los factores económicos, tales como la aparición del petróleo y la explotación de éste, inciden en el desarrollo social, político y cultural del país” (p.101). En Uslar Pietri vale destacar, entre otros temas como el petróleo, su definición de mestizo y mestizaje, que ya pone de relieve contra toda tendencia positivista la confluencia de los tres elementos raciales del mestizo venezolano: su sensibilidad, adaptación e inteligencia vivaz. Es el mestizaje la principal relacionalidad cultural para comprender a la América Latina. En éste confluyen la originalidad y autenticidad de la cultura que dota de sentido a lo nacional y continental.

 Cotejando el análisis gramsciano de la praxis con las interpretaciones del Sánchez Vásquez, en relación a la praxis revolucionaria de la clase obrera, Gabriela N. Scodeller nos presenta un sugestivo trabajo acerca de la Praxis y movimiento obrero. La praxis no es un resultado natural de la conciencia, sino un conocimiento que resulta de una actividad práctica-teórica. Eso compromete la acción con un proyecto político y social de transformación de la realidad que pone en correlación al intelectual con las masas, pero de igual manera con otros momentos y tendencias de prácticas sociales contenidas en la psicología genética, ya que no es admisible considerar las praxis aisladas unas de otras. La autora nos sitúa en un desarrollo estratégico de la praxis que permite la movilidad social del obrero a través de sus luchas, pero también la reflexión teórica necesaria de auto comprensión que transforma al obrero en un colectivo social con conciencia de clase (práctica).

En un contexto histórico del desarrollo y crisis financiera del capitalismo hacia el año 1929, su impacto en las economías latinoamericanas y el rechazo por parte de la intelectualidad de la época de las nefasta consecuencias de este modelo productivo, Adalberto Santana nos presenta su trabajo, Alfonso Guillén Zelaya y el exilio en México. Lo identifica como uno de los más representativos personajes que formaron parte de los movimientos disidentes latinoamericanos que aparecen hacia 1932. Guillén Zelaya se convierte en un testigo de excepción del México revolucionario, pues se inserta directamente en los cambios sociales que se viven en el país. Los escritos de Guillen Zelaya desde el México que se vislumbra en el periodo de la II Guerra Mundial, son de una contundente crítica contra el fascismo de Franco, Hitler y Mussolinni. También contra los regímenes dictatoriales de Centroamérica, por lo que promueve una lucha por conquistar una democracia para todos los pueblos.