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Utopìa y Praxis Latinoamericana
versión impresa ISSN 1315-5216
Utopìa y Praxis Latinoamericana v.15 n.48 Maracaibo mar. 2010
Una mirada al pensamiento de José Vasconcelos sobre Educación y Nación
A Look at the Thought of José Vasconcelos Regarding Education and the Nation
Andrés Donoso Romo
Departamento de Educación, Universidad de Chile, Chile.
RESUMEN
A principios del siglo XX en gran parte de América Latina se comenzaron a suceder importantes fenómenos asociados a la incipiente urbanización e industrialización en los modos de vivir y trabajar, y junto a ellas se desataron crisis sociales, políticas y económicas que no terminaban de controlarse cuando resurgían nuevamente. El nacionalismo y la educación emergieron como herramientas capaces de hacerles frente y en todo el continente se levantaron idearios que intentaron comprenderles, articularles y proyectarles. John Dewey les abordó desde Estados Unidos, Pedro Henríquez Ureña desde República Dominicana, México y Argentina, José Carlos Mariátegui hizo lo propio en Perú y José Vasconcelos desde México. A continuación se presentará el acercamiento que tuvo Vasconcelos a las nociones educación y nación, elaborado a partir de un proceso sistemático de análisis de contenido de su obra y que permite sopesar, como lo hicieron en su tiempo los jóvenes de Perú, Panamá y Colombia, a este intelectual como uno de los grandes maestros de la juventud de América.
Palabras clave: José Vasconcelos, Pensamiento Latinoamericano, Educación, Nación.
ABSTRACT
In the early XXth Century, in most parts of Latin America, important phenomena associated with incipient urbanization and industrialization began to occur in ways of living and working; together with these, social, political and economic crises were unleashed which had not been controlled when they arose once again. Nationalism and education emerged as tools able to counteract them, and throughout the continent, ideologies appeared that tried to understand, articulate and project them. John Dewey approached them from the United States of America, Pedro Henríquez Ureña from the Dominican Republic, Mexico and Argentina, José Carlos Mariátegui did the same in Peru as did José Vasconcelos from Mexico. This study will show the approach Vasconcelos took to notions of education and nation, starting from a systematic process of content analysis of his work that makes it possible to weigh this intellectual as one of the grand masters among American youth, as young people from Peru, Panama and Colombia thought in their time.
Key words: José Vasconcelos, Latin American thinking, education, nation.
Recibido: 20-10-2008 F Aceptado: 17-05-2009
I. JOSÉ VASCONCELOS Y EL MÉXICO DE LA REVOLUCIÓN
El mexicano José Vasconcelos (1882-1959) fue uno de los más importantes filósofos, políticos y revolucionarios de la Patria Grande a principios del siglo XX. Para adentrarnos en su pensamiento y en los vínculos que apreció entre educación y nación, el artículo desarrollará cuatro apartados. El primero, ubica al intelectual en el contexto mexicano y continental de principios del siglo XX. El segundo destaca los sustratos latinoamericanos de su pensar político y educacional. El tercero se interioriza en sus postulados sobre raza cósmica, educación y nación y, el cuarto, cierra con reflexiones relativas a la vigencia de su pensamiento.
Vasconcelos fue hijo de la naciente unión entre educación pública y clase media1, tuvo una personalidad signada por la obstinación y la soberbia, optó siempre por la originalidad y se transformó en un mito viviente aquejado por odios y halagos por igual. Tuvo, además, la virtud de la sinceridad, quizás por ello es que uno de sus principales críticos, Christopher Domínguez advierte: refutarlo es sencillo, olvidarlo, imposible2.
Vasconcelos elaboró su reflexión educacional desde la política, entendiendo a ésta en su acepción más amplia como la lucha por el poder, la decisión, el control. Con pistola al cinto por las sierras, pampas y montañas mexicanas, con papel y lápiz en periódicos clandestinos o a viva voz en diversas plazas, gabinetes y teatros, Vasconcelos pregonó un programa que fue juzgado en las urnas en la elección presidencial de 1929. ¿Ganó o perdió en la elección presidencial? Probablemente las dos cosas. Ante el fraude percibido se declara presidente electo, llama a defender la voluntad del pueblo con la vida, pero se queda solo3.
Sobre la educación se dirán muchas cosas, pero creemos interpretar bien cuando señalamos que Vasconcelos, antes que pedagogo fue educador, y antes que educador fue político. En política su horizonte más amplio fue la construcción de un México nuevo en el cual, los viejos lápices, premunidos de imaginación e intuición, se embarcaran en la tarea de re-escribir la historia.
Vasconcelos entra en la arena pública cuando se integra a la oposición de la dictadura del general Porfirio Díaz, la que se extendió entre 1884 y 1911, y a la cual etiquetase como despotismo crónico, violento y codicioso. Tamaña inconformidad lo impulsó a participar en la Revolución Mexicana, complejo e imbricado movimiento político y social, sobre la cual tendrá, finalmente, más de algún reparo4.
La filosofía oficial del gobierno de Díaz y de gran parte de los círculos académicos latinoamericanos de fines del siglo XIX, era el positivismo. Comte y Spencer eran nombres frecuentemente invocados para legitimar los más diversos fines. El Ateneo de la Juventud, agrupación intelectual surgida poco antes de estallar la Revolución y en la cual José Vasconcelos tuvo una participación importante, fue la propulsora de una filosofía alternativa, más ajustada, al menos desde su punto de vista, a la satisfacción de inquietudes existenciales. Para Vasconcelos el positivismo, al igual que el marxismo y el materialismo en general, formaban parte de un todo altamente desestimable por su nociva desatención de lo espiritual. La distancia abismal que tuvo con estas posturas se apreció en sentencias como ésta: [En el futuro] la orientación de la conducta no se buscará en la pobre razón, que explica pero no descubre; se buscará en el sentimiento creador y en la belleza que convence. Las normas las dará la facultad suprema, la fantasía; es decir, se vivirá sin norma, en un estado en que todo cuanto nace del sentimiento es un acierto. En vez de reglas, inspiración constante.5
Para Vasconcelos, quizá lo más perjudicial de las filosofías materialistas era el menoscabo que inflingían a la autoestima y capacidad creadora de nuestros pueblos. Poco a poco fue cimentando una reflexión que años más tarde sería retomada por Octavio Paz, la idea de que el mexicano se escondía tras sentimientos de inferioridad que lo sumían en caminos conducentes, en último término, a la desunión política, favorable sólo a los invasores.
El aporte educacional de Vasconcelos lo hace a través de numerosos escritos (discursos, artículos y libros) fraguados mayoritariamente en su ejercicio como Ministro de Educación durante el gobierno del general Álvaro Obregón, entre los años 1920 y 19246. Siendo militante educacional, Vasconcelos apreció que ella era una herramienta fundamental para abordar los males y desafíos del país. El mismo año en que asumió la dirección de las políticas educacionales en México sentenció: la pobreza y la ignorancia son nuestros peores enemigos, y a nosotros nos toca resolver el problema de la ignorancia7.
Pero el escenario que había que enfrentar para derrotar a la ignorancia era, por lo bajo, desafiante. Había un sistema educativo nacional desorganizado, con escasa cobertura, mala infraestructura, una deficiente y mal pagada dotación de maestros, una escasa preocupación de la universidad por los problemas nacionales y, por si fuera poco, un menguado respaldo económico. Antes de adentrarnos en la propuesta de Vasconcelos para hacer frente a esta situación, se profundizará en dos de los principales antecedentes latinoamericanos de su pensamiento.
II. ANTECEDENTES LATINOAMERICANOS DE SU PENSAR POLÍTICO Y EDUCACIONAL
El pensamiento político y educacional de Vasconcelos se enmarca en dos robustas corrientes continentales. La primera, con el sello de Domingo Faustino Sarmiento, se inscribe en la lucha entre civilización y barbarie librada durante todo el siglo XIX. La segunda, con la marca de José Martí, se vincula a la tradición anti-estadounidense que sucede a la declaración Monroe en 1823, y que adquirirá consistencia a fines del mismo siglo.
Para Vasconcelos, los bárbaros y su barbarie tenían muchas caretas, pero ninguna ajustada al rostro de una persona o de un colectivo en particular. Lo bárbaro era la coexistencia de la opulencia y la miseria, era el obrar de todos contra uno en vez de uno para todos8. Para superar la barbarie había que integrar a toda la población a la civilización, estrategia distinta, por cierto, a la civilización a mano armada que se implementó a fines del siglo XIX en el vértice sur del continente y que buscó, antes que integrar a la población indígena a la sociedad nacional, la usurpación de sus bienes y tierras, las que hasta ese momento se encontraban ajenas al circuito del emergente capitalismo regional. Nos referimos a la pacificación de la Araucanía en Chile y la conquista del desierto en Argentina.
La particular visión de Vasconcelos sobre la lucha entre civilización y barbarie se debió en gran parte a que pensaba que en rigor no había razas superiores y razas inferiores. Esta afirmación, polémica tanto ayer como hoy, explica el que, cuando gran parte de nuestras clases dirigentes aspiraron (y aspiran) a viajar a Europa y Estados Unidos para sumergirse en las fuentes de la alta cultura, Vasconcelos soñase con viajar a la América del Sur para conocer la fuerza espiritual de las cataratas del Iguazú. En su calidad de Ministro de Educación realizó dicho periplo, siendo La Raza Cósmica la obra que albergará sus memorias y reflexiones al respecto.
Al igual que como sostuvo Pedro Henríquez Ureña para Vasconcelos la barbarie debía ser combatida con ejércitos de maestros antes que de militares, pues, antes que lanzarse a defender nada había que preocuparse de formar aquello que se debía defender, había que edificar al espíritu9. En este mismo sentido esgrimió en reiteradas oportunidades ideas como ésta: La liberalidad con que se gasta en ejércitos depende del prejuicio de creer que está en las armas la suerte del espíritu. Se olvida que las armas no triunfan si antes no se ha creado el espíritu. Actualmente hay razón de preguntar qué es lo que salvaguarda el ejército de éstas naciones de mercaderes y siervos. Primero hay que crear el tesoro espiritual que justifique los sacrificios que impone una patria.10
La lucha educacional contra la barbarie adquirió para él, al igual que para muchos educadores de comienzos del siglo XX, el carácter de cruzada. Misionero, maestro, educador, apóstol, sacerdote, fueron términos que ocupó muchas veces de manera intercambiable, señalando por ejemplo:
Los educadores de nuestra raza deben tener en cuenta que el fin capital de la educación es formar hombres capaces de bastarse a sí mismos y de emplear su energía sobrante en el bien de los demás. Esto que teóricamente parece muy sencillo es, sin embargo, una de las más difíciles empresas, una empresa que requiere verdadero fervor apostólico. Para resolver de verdad el problema de nuestra educación nacional, va a ser necesario mover el espíritu público y animarlo de un ardor evangélico, semejante [ ] al que llevara a los misioneros por todas las regiones del mundo a propagar la fe.11
Pero la lucha contra la barbarie no era sólo educacional. La violencia fue para él una herramienta política. Ello explica que anduviese armado en más de una ocasión, que participara de distintas partidas militares en la Revolución Mexicana y que aspirase en alguna ocasión (aunque como último recurso político) a la guerra civil. Más allá de su laicismo oficialista, de sus dudas y de su excomunión, el sustrato católico que acompañó su hacer y pensar tendrá un papel relevante en su legitimación de la violencia. La violencia que predicó tenía sentido, precisamente, a la hora de imponer una verdad, una filosofía, una política, una religión, estando para él todos estos aspectos íntimamente relacionados. Analizando la situación del México post elecciones presidenciales de 1929, las mismas que lo impulsaron a su presidencia peregrina, afirmó:
Al país le hacía falta que corriera la sangre de verdugos. Un pacifismo incondicional no conduce a la libertad, sino a la abyección. El político no es santo. El político no tiene derecho de prescindir de los medios con que cuenta el proceso social para su mejoramiento, su desenvolvimiento. La guerra es un maldito recurso que, a veces, puede ser convertido en beneficio de las gentes. El mismo credo cristiano ha tenido que reconocer la justicia de ciertas guerras, como cuando se trata de defender un modo de vida, una civilización contra una barbarie; el cristianismo contra el musulmanismo, por ejemplo. Guerras santas, siempre habrá motivo para librarlas. Y México necesitaba librarse de un ejército desleal a su destino.12
Al espíritu había que cuidarlo a fuego si era necesario. Las tropas de maestros debían primar por sobre las de militares, pero éstas últimas debían estar siempre prestas a servir a la causa cruzada. Aquí entra en escena la segunda gran corriente de pensamiento latinoamericano en la cual se enmarca el pensar de Vasconcelos, la pujante concepción anti-estadounidense que tendrá en el uruguayo José Enrique Rodó a uno de sus más distinguidos exponentes13. Nuestra espiritualidad, el cimiento de la redención universal, estaba siendo atacada por el imperialismo estadounidense y debía ser defendida con la fuerza si era necesario.
La frontera entre México y Estados Unidos fue el paisaje en que Vasconcelos aprendió las primeras lecciones sobre nacionalidad. Vivió en el entonces poblado mexicano de Piedras Negras, pero estudió en la escuela primaria estadounidense de Eagle Pass, experiencia que marcó indeleblemente su mexicanidad: El diario choque sentimental de la escuela del otro lado [en Eagle Pass, EE.UU.] me producía fiebres patrióticas y marciales. Me pasaba horas frente al mapa recorriendo con la mente los caminos por donde un ejército mexicano, por mí dirigido, llegaría alguna vez hasta Washington para vengar la afrenta del cuarenta y siete y reconquistar lo perdido.14
En medio del deslumbrante despegue de la industria cultural estadounidense, el cine, la música, el baile, etc., Vasconcelos advierte que México y América Latina verían trunca su independencia si ejercían un control político alejado del control espiritual15. En este sentido es que se sumó a la antigua búsqueda, aún inconclusa, por hallar el mejor vocablo para referir al nosotros. Nuestra América e Iberoamérica fueron las palabras que más le acomodaron, con ellas ejerció su prédica de nacionalista iberoamericano y/o promotor de la Unión Iberoamericana, esta última como oposición a la pujante Unión Panamericana apoyada por los Estados Unidos.
A principios del siglo XX, nacía en México y Perú el indigenismo, el que se prolongará fértil hasta nuestros días. Los dos elementos que explican su gran dinamismo y vigencia han sido la leyenda negra de la conquista española seguida de su extrapolación casi automática a los años republicanos y el fuerte impulso recibido por parte de los mismos dirigentes indígenas que han sido incluidos o que han disfrutado de los procesos desatados por la urbanización y la masificación educacional. A esto se debe agregar que, desde sus inicios, el indigenismo ha contado con una amplia solidaridad en la intelectualidad continental, la que vio en el indio a un sujeto oprimido y lleno de virtudes que esperaban la primera ocasión para manifestarse. En la clave interpretativa de Edmundo OGorman, esta comprensión podría entenderse como: la invención del indio16.
Un Vasconcelos más agudo en su postura anti-estadounidense observa, en un segundo momento, que el indigenismo, así como el protestantismo religioso, eran promovidos efusivamente por ciudadanos e instituciones estadounidenses, lo que lo incita a pensar que éstos serían parte de una estrategia de conquista espiritual librada por el país del Norte. Por ello juzgó que, tanto el indigenismo como el protestantismo, tenían como objeto principal la generación de facciones en el seno iberoamericano, al modo de dividir para gobernar. El indigenismo, por obra de los extranjeros que lo cultivan, se convierte en propaganda antiespañola y en motivo de división de la amalgama que es base de nuestra soberanía continental; la amalgama que debiera ser insoluble, de lo español y lo indígena.17
Vasconcelos no enarboló posiciones exterminadoras hacia el indio ni tampoco desconoció la leyenda negra de la conquista, su particular posición era fruto de que pensaba que una revitalización indígena no era viable ni tampoco deseable18. Los designios universales que abrigaba para nuestra raza debían materializarse en esfuerzos enfocados a contrarrestar al temido y repudiado imperio estadounidense, y para ello el indio y el español debían dejar de ser ellos mismos para fundirse en la poderosa raza cósmica.
La pugna entre civilización y barbarie era la llave explicativa que muchos usaron para manifestar su inquietud frente a una tarea apreciada como impostergable, la civilización o la difusión de lo bueno. Como suele ocurrir la barbarie estaba en los otros y, como todos tenemos a nuestros respectivos otros, al final se deduce que existen igual número de bárbaros como de civilizados. Para Vasconcelos lo bárbaro no fue una población, los indios, ni tampoco un país: los Estados Unidos. Lo bárbaro parecía ser, en último término, el afán imperialista de los Estados Unidos en sus arremetidas económicas, políticas y culturales. Vasconcelos, a diferencia de las posiciones más extendidas, llegó a concebir que la barbarie podría estar también en nosotros mismos. Por ello es que pensaba que era una barbaridad dejarnos dominar tan mansamente.
Pero no era verdad que en lo íntimo culpase de todo esto a los norteamericanos. El Imperio aprovecha las brutalidades de los salvajes, pero no las determina. Y a menudo las colonias se quedan de colonias y aún bendicen al Imperio, precisamente porque la sumisión al extranjero suele librarlas de la ferocidad nativa Por eso, en la historia se ve que la soberanía únicamente la conservan los pueblos que saben darse régimen interior decente.19
Maestros y militares debían ser movilizados por el imperio de la civilización. Mientras por un lado la doctrina de Sarmiento llegaba aquí a uno de sus límites comprensivos: ¿Dónde instalar los criterios para distinguir filosóficamente lo bárbaro de lo civilizado? ¿Qué argumentos ocupar para librar la cruzada civilizadora? Por otro lado la doctrina Monroe y su conflictivo lema América para los americanos, sembraba dudas a las cuales Vasconcelos también intentó dar respuesta: ¿Qué americanos había detrás de esa expresión? La ciencia positiva no le entregaba herramientas satisfactorias. La metafísica fue la que eligió para orientar la cruzada, para fundar argumentativamente a la raza cósmica.
III. RAZA CÓSMICA, NACIÓN Y EDUCACIÓN
El blanco ha puesto al mundo en situación de que todos los tipos y todas las culturas puedan fundirse. La civilización conquistada por los blancos, organizada por nuestra época, ha puesto las bases materiales y morales para la unión de todos los hombres en una quinta raza universal, fruto de las anteriores y superación de todo lo pasado José Vasconcelos. La raza cósmica, Ed. cit., pp. 3-4.
La raza cósmica, fruto de lo mejor de todas las razas precedentes, será la principal noción que legará política y filosóficamente Vasconcelos. Su aparición oficial, a mediados de la década de 1920, fue bien comentada por la intelectualidad latinoamericana, pues transmitía un sentir compartido que se entroncaba con los esfuerzos dispersos y voluntariosos por redimir al indio, por profundizar la trinchera bolivariana en desmedro del pozo monroista, por sustentar un progreso capaz de hacer frente a las falencias espirituales y materiales del continente (entre las que se vivenciaban la visible pobreza urbana que acompañó el despunte del siglo XX y la rémora que dejaron los conflictos armados que envolvieron a muchos países)20.
Para Vasconcelos, la raza cósmica ha de acoger en su seno a todos los pueblos, tomando de ellos sus riquezas e integrándolas en una dinámica de cooperación, deliberación y diálogo. Los productos serían síntesis que traspasarían, inclusive, los dominios de lo ideacional para expresarse también en aspectos fenotípicos o raciales, siendo la belleza y el buen gusto los parámetros que se utilizarían también para la procreación de la especie humana21.
Vasconcelos, al reflexionar sobre la raza cósmica, sabía que se inscribía en una lucha ideológica que no se ganaba precisamente en la lógica racional, sino en la capacidad para convocar simpatías y movilizar acciones liberadoras22. Sosteniendo que la liberación advendría sólo cuando el sentimiento de inferioridad inyectado por los dominadores fuera neutralizado. Así, su misión moral, su mesianismo mestizo, era aportar a la construcción de una raza cósmica que fuera el imperio de la integración, la creación y el amor. La raza cósmica, como discurso performativo, debía por tanto enfrentar a una multiplicidad de discursos elaborados en otras orillas y que pretendían justamente lo contrario, entre los que se contó al popularizado por Hegel (1770-1831) y que observaba a Europa como el fin y final de la historia universal23. A este respecto señaló:
Cada raza que se levanta necesita constituir su propia filosofía [ ] Nosotros nos hemos educado bajo la influencia humillante de una filosofía ideada por nuestros enemigos, si se quiere de una manera sincera, pero con el propósito de exaltar sus propios fines y anular los nuestros. De esta suerte nosotros mismos hemos llegado a creer en la inferioridad del mestizo, en la irredención del indio, en la condenación del negro, en la decadencia irreparable del oriental. La rebelión de las armas no fue seguida de la rebelión de las conciencias [ ] Comencemos entonces haciendo vida propia y ciencia propia. Si no se liberta primero el espíritu, jamás lograremos redimir la materia24.
Esta retórica se inscribió en el discurso nacionalista de todo el continente a principios del siglo XX. La primacía discursiva del nacionalismo se debió a la conjunción de muchos factores, entre ellos tal vez el más influyente es el que señala Hobsbawn, quien lo ve como una opción, no siempre consciente, por parte de los grupos dirigentes, en pos de impedir la ocurrencia de cambios significativos en la estructura social, transformándose en un referente que, entre otras cosas, servía para frenar el descontento popular y de paso a la temida revolución marxista internacional25.
Sin embargo, en la práctica la asociación entre nacionalismo y raza cósmica no fue tan sencilla. Si bien compartían lenguajes similares, el nacionalismo aseguraba tener una profundidad inmemorial más allá de la historia y las cosas humanas, mientras que la raza cósmica afirmaba tener una misión moral ineludible con el porvenir. Mientras el nacionalismo aseguraba que era expresión de la particularidad cultural de todas las colectividades que contenía la nación, la raza cósmica afirmaba considerar lo mejor de cada una para potenciarla, sintetizarla y socializarla a escala planetaria. El nacionalismo imperante, lejos de tender puentes entre las distintas colectividades nacionalidades, desplegaba una estructura simbólica que remarcaba las diferencias y precisaba las fronteras. Por todo esto se entiende que la raza cósmica formaba parte del ambiente intelectual de su tiempo, el nacionalismo, pero entraba en pugna con él, sabiéndose relacionado a la vez que dependiente. Para doblarle la mano al nacionalismo y sembrar la concordia por la Patria Grande, Vasconcelos sostuvo que debíamos dejar de negar nuestra comunidad de intereses, lo que no significaba sumergirse en un mar de indeterminación cultural, sino subrayar el hecho de que teníamos una misión compartida, frenar al imperialismo estadounidense. Como estratega pensaba que la nacionalidad era una expresión política caduca, pero que debíamos seguir siendo nacionalistas, mientras se pueda llegar al verdadero internacionalismo, [el que advendrá] tan pronto como desaparezca el peligro de los distintos imperialismos que hoy pretenden sojuzgar, no civilizar26.
Todo su entramado filosófico y político llevó a Vasconcelos a desarrollar una original postura educacional. Precisamente, el entrar en conflicto con el marco nacionalista tradicional le permitió observar a la educación como algo más que una agencia al servicio de las luces y la ilustración. Comprendió a la escuela como una institución que podía servir a diversos fines, siendo, acaso, uno de los primeros intelectuales en sopesar detenidamente la capacidad de transformación colectiva que tenía potencialmente la misma. La educación podía y debía servir para mejorar la condición de las personas y la sociedad -pensaba-, aumentando la productividad y rompiendo con las injustas desigualdades.
Los hombres libres que no queremos ver sobre la faz de la tierra ni amos ni esclavos, ni vencedores ni vencidos, debemos juntarnos para trabajar y prosperar. Seamos los iniciadores de una cruzada de educación pública, los inspiradores de un entusiasmo cultural semejante al fervor que ayer ponía nuestra raza en las empresas de la religión y la conquista. No hablo solamente de la educación escolar. Al decir educación me refiero a una enseñanza directa de parte de los que saben algo a favor de los que nada saben; me refiero a una enseñanza que sirva para aumentar la capacidad productora de cada mano que trabaja y la potencia de cada cerebro que piensa.27
La educación debía orientarse al servicio de la transformación social, del aumento de la capacidad productiva e intelectual de los estudiantes, conduciéndolos, a su vez, por la senda de la raza cósmica. Sin embargo, ¿Cómo lograr esto? La respuesta no fue tan sencilla, lo que sí queda claro es que era con algo más que bibliotecas, alimentación e infraestructura adecuada.
Para que la educación generara las transformaciones deseadas, Vasconcelos enfatizó en la necesidad de contar con más recursos. Estos permitirían que el Estado asumiera a cabalidad su rol docente, controlando y masificando el sistema educacional. En este mismo sentido observaba, a su vez, que la universidad debía jugar un papel protagónico, debía conservar la cultura y difundirla; aumentarla por obra de la investigación y de la creación; organizar y defender el alma nacional; reglamentar y crear el profesionalismo; colaborar en la educación pública, construyendo una aristocracia del espíritu y con ella aconsejar, dirigir los destinos patrios, con miras de universalidad 28.
Vasconcelos prescribió, además, la necesidad de que el Estado docente proveyese las condiciones materiales que permitan al estudiantado dedicarse adecuadamente a su formación intelectual y espiritual. Para lo cual sugería la instalación de casinos de alimentación, servicios dentales, baños, infraestructura deportiva, bibliotecas escolares, etc.
Pese a que en lo pedagógico no hizo mayores alcances, Vasconcelos depositó grandes expectativas sobre la figura del maestro. Éste, desde una posición privilegiada como bisagra entre las clases altas y bajas, y premunido con altas cuotas de heroísmo, magia y abnegación, tenía el cometido de desgarrar y rehacer la historia, de estimular y conducir al estudiante para que transformase la realidad29.
El maestro debía abogar por la integración cultural del indio, el blanco y el extranjero, permitiendo que todos se ilustrasen en los designios de la raza cósmica. Vasconcelos tomaba postura así por la implementación de una escuela unificadora en términos espirituales y/o culturales, distinta a la escuela única pregonada por intelectuales materialistas del continente y que conduciría a una supuesta integración socioeconómica, como pensaba José Carlos Mariátegui30. Para alejar toda duda al respecto Vasconcelos subraya, fiel a las posturas eclesiales, que la igualdad debía procurarse a nivel simbólico y cultural:
Nunca quisimos escuchar las sugestiones de los retrasados que abogan por la escuela única en el sentido de la supresión de las escuelas que no les simpatizan. Preferimos mantener el método norteamericano, mediante el cual el Estado se asegura la primacía educativa, únicamente porque mantiene escuelas mejores que las escuelas particulares. No reconozco otro derecho del Estado y no creo en la eficacia de la coerción. Por otra parte, el problema del Estado como educador es de por sí demasiado arduo para que sea legítimo complicarlo con la estrechez y las pasiones del partidismo filosófico o político. Antes que neutro, el Estado pedagogo ha de ser tolerante.31
Para que la educación haga hablar a nuestro espíritu, para que sustentase en buenas cuentas al progreso espiritual de la humanidad, debía procurar que los estudiantes fuesen capaces de crear y sintetizar. Como institución debía acopiar lo sabido y entregarlo junto a las herramientas que le permitieran al estudiante precipitar lo nuevo. Advirtió que estas tareas no eran fáciles y que no cabía la improvisación. En abierta discordia con los postulados más generales de la escuela nueva impulsada por el estadounidense John Dewey y su lema aprender haciendo, Vasconcelos señala: Es mejor recibir hecha una cosa bien hecha que hacer por nosotros mismos algo mal hecho. Negar esto es negar la continuidad del esfuerzo humano32.
IV. A LA LUZ DE LA ANTORCHA: REFLEXIONES FINALES
en última instancia la patria se refugia en la conciencia del último hombre honrado capaz de mantener en pie su protesta. Eso fue [el periódico] La Antorcha. Eso era yo entre mis conciudadanos. Vasconcelos, José. El Proconsulado, Ed. cit., p. 1173.
Hoy la tesis de la raza cósmica ocupa lugares periféricos en las reflexiones regionales, ello tal vez se deba a que las ciencias sociales y humanidades están dominadas por casas de estudio angloparlantes, a punta de tener, entre otras cosas, los centros de investigación más reconocidos sobre América Latina. Asimismo nuestra intelectualidad, cuando no ha encontrado su nicho laboral en dichos centros ha estado preocupada de entender y/o soportar de la mejor manera posible la profunda adversidad que significa tener las venas abiertas33. Todo ello ha de haber influido en que las reflexiones culturales e identitarias de carácter regional, pese a ser necesarias y más aún en tiempos de crisis, se hayan visto mermadas después de cien años de fertilidad. Estamos pensando en los cien años que van desde la publicación de Facundo, de Domingo Faustino Sarmiento en 1848, hasta la aparición de El Laberinto de la Soledad, de Octavio Paz, en 1950.
Desde mediados del siglo XX ya no se levantarán tan asiduamente interpretaciones afirmativas de nuestra identidad como la que desarrollase Vasconcelos, sino que se tratarán solamente de intentos por comprender una sentida sensación de impotencia y/o inconformidad. Inclusive, obras como La Raza Cósmica serán tildadas de esencialistas por la intelectualidad más progresista. Características que por cierto se le pueden achacar, pero que, a nuestro juicio, no alcanzan a invalidar su gran aporte, el abrir la posibilidad para soñar con un orden humano-espiritual-cultural que se imponga a las esferas políticas y económicas.
Pese a todo y como una botella tirada al mar, la raza cósmica aún empuja algunos carros de las reflexiones identitarias y culturales latinoamericanas. Su valoración de la esfera espiritual-cultural y la necesidad de frenar la conquista de América, están en el trasfondo de algunas acaloradas discusiones actuales sobre el tratamiento de la diversidad cultural. Sin embargo, el qué hacer con la diversidad cultural es una pregunta que todavía no se plantea con la seriedad necesaria porque las labores urgentes de rescate y/o prevención del etnocidio consumen gran parte de los mejores esfuerzos intelectuales en la región. Hipotéticamente, si se pudiese plantear esta pregunta a Vasconcelos, éste nos respondería, probablemente, que la diversidad cultural debe ser el sustento de la raza cósmica. Lo mismo que hoy por hoy plantean parte importante de los promotores de la interculturalidad.
Vasconcelos asumió una vida mesiánica. Completamente convencido de que el mensaje que transportaba era el más adecuado para transformar el mundo en favor de todos. No se preocupó por agradar a contrarios o a correligionarios, su verdad, nuestra felicidad, debía implementarse aunque ello significase quedarse solo, aunque la patria se redujera únicamente a su respiración. Su estrategia política, ser la antorcha que ilumina en medio de la oscuridad a la espera del alba, ha sido utilizada muchas veces en la historia política de la humanidad. Más aún en la América Latina del siglo XX, tan asidua de caudillos, héroes y personalismos.
El presidente peregrino de la raza cósmica estaba solo. Traspasar la urgencia y profundidad que tenía el proyecto de fundar una universópolis, cómo él mismo entendió, desde donde saliesen barcos, aviones y peregrinos a dar la buena nueva de una civilización que recibía con los brazos abiertos a toda la humanidad, no era tarea fácil, y eligió imponer la buena nueva. Por eso y muchas otras cosas, Vasconcelos y la raza cósmica son efectivamente inolvidables, a lo que se suma el hecho de que son escasos los discursos que, como el suyo, se desviven por temáticas con tintes y sabores propios y que otorgan un papel singular y relevante a lo nuestro en planos universales. Con estas reflexiones se cierra este acercamiento a las nociones de educación y nación en el pensamiento de José Vasconcelos, el primer presidente peregrino de México y quien fuera uno de los grandes maestros de la juventud de América.
Notas
1 Gozó de una experiencia educacional excepcional: educación parvularia, maestro particular, acceso a muchos libros, migraciones educacionales en busca de las opciones más auspiciosas, etc. Insumos que lo llevarán a obtener el título de abogado en la capital del país en 1907.
2 DOMINGUEZ, Ch (1992): Prólogo, In: VASCONCELOS, J (1992). Obra Selecta, Biblioteca Ayacucho, Caracas, p. ix.
3 Rememorando los instantes inmediatamente posteriores a la elección presidencial de 1929, Vasconcelos señala: Yo era el presidente peregrino, según me apodaban, benévolamente, los diarios de todo el continente, sustituido en mi país por un miserable, [y] marcado en el rostro por la justicia popular. VASCONCELOS, J (1939). El Proconsulado, In: VASCONCELOS, J (1984). Memorias II, Fondo de Cultura Económica, México D.F. p. 1046.
4 Pese a considerarse a sí mismo como un revolucionario, no se sintió correligionario de todos los que así se hacían llamar, sosteniendo: Revolucionario debiera llamarse el que no se conforma con la lentitud del progreso y lo apresura [ ] Revolucionario es el que sueña y realiza [ ] Revolucionarios fueron los creadores de la nacionalidad, no tanto porque rompieron lazos con España, sino porque constituyeron o quisieron constituir una patria más justa y más libre que la vieja colonia. [ ] Los que no más destruyen, no pasan de bandoleros. Los que no hacen ni deshacen son sólo ineptos VASCONCELOS, J (1923). Discurso Pronunciado el Día del Maestro, In: VASCONCELOS, J (1992). Op. cit, p. 52. En el mismo sentido lo interpreta Mario Magallón al señalar que: Vasconcelos no negaba la Revolución, sin embargo, quería depurarla y abrirle cauces libres y limpios para su realización. Este modo de pensar parece frágil y romántico, pero es una forma de entender y proyectar la realidad a partir de ideales, de utopías, de sueños despiertos, vigilantes por el futuro de la Patria. MAGALLÓN, M (2004). José Vasconcelos, su Proyecto Filosófico-Educativo, In: VV. AA. Personajes e Instituciones del Pueblo Mixteco, México, Universidad Tecnológica de la Mixteca, Huajuapan de León, Oaxaca, p. 96.
5 VASCONCELOS, J (1925). La Raza Cósmica. Misión de la Raza Iberoamericana. Notas de Viajes a la América del Sur, Agencia Mundial de Librería, Madrid, p. 27.
6 José Vasconcelos adquirió celebridad por el trabajo que realizó como miembro del gobierno de Álvaro Obregón, primero en el puesto de rector de la Universidad Nacional (Junio de 1920 - Octubre de 1921) y después como uno de sus ministros, ocupando, como titular, la Secretaría de Educación Pública, SEP (Octubre de 1921-julio de 1924). Sin embargo, su interés por la cuestión educativa era más antiguo. Vasconcelos ya se había encargado de la misma secretaría en 1915, durante un mes y medio, en el efímero gobierno de Eulalio Gutiérrez. Bajo la presidencia de Carranza, había ocupado por dos semanas la dirección de la Escuela Preparatoria Nacional, además de, como ya vimos, haber presidido el Ateneo de la Juventud cuando se creó la Universidad Popular. CRESPO, R (2005). Itinerarios Intelectuales: Vasconcelos, Lobato y sus Proyectos para la Nación, Centro Coordinador y Difusor de Estudios Latinoamericanos, UNAM, México D.F. p. 89. Dos son las obras en que Vasconcelos relata en profundidad su paso por la dirección del sistema de educación nacional mexicano, Ver: VASCONCELOS, J (1935). De Robinsón a Odiseo: Pedagogía Estructurativa, M. Aguilar Editor, Madrid; VASCONCELOS, J (1938). El Desastre, In: VASCONCELOS, J (1984). Op. cit. pp. 4-597.
7 VASCONCELOS, J (1920). Discurso en la Universidad, In: VASCONCELOS, J (1992). Op. cit., p. 43.
8 Véase: VASCONCELOS, J (1929). Programa de Gobierno que se propone desarrollar el Licenciado José Vasconcelos si Triunfa en las Elecciones, In: SARAVIA, J [ed.] (1989). José Vasconcelos, Ediciones de Cultura Hispánica, Madrid, p. 55. y VASCONCELOS, J (1925). Op. cit., p. 176.
10 VASCONCELOS, J (1925). Op. cit., pp. 251-252.
11 VASCONCELOS, J (1920). Op. cit., p. 45. Regina Crespo enriquece este punto al señalar: De la confluencia del catolicismo fervoroso en que fue introducido en la infancia, la formación positivista que recibió en la adolescencia y la lectura de los filósofos griegos, orientales e irracionalistas que hizo en la juventud y la edad adulta, resultaron, en términos de su actuación en el Ministerio [de Educación], la admiración por la labor misionera, pero también la antipatía por el dogmatismo. CRESPO, R (2005). Op. cit., p. 99.
12 VASCONCELOS, J (1939). Op. cit., p. 789.
13 La idea-fuerza de Rodó, llevando a un extremo altamente lírico el potencial bolivariano, llamaba a la juventud hispanoamericana a levantarse con una dura crítica de la civilización norteamericana, buscando en sí misma una síntesis espiritual. Esa idea-fuerza será la que Vasconcelos tome para sí cuando lo llamó la gloria DOMINGUEZ, Ch (1992). Op. cit., p. xxi.
14 VASCONCELOS, J (1936a). Ulises Criollo, In: VASCONCELOS, J (1983). Memorias I., Fondo de Cultura Económica, México D.F. p. 40.
15 VASCONCELOS, J (1936b). La Tormenta, In: VASCONCELOS, J (1983). Op. cit., p. 487-489.
16 La ideología oficial, adversa al indio, nos llevaba a algunos a exageraciones contrarias. Imaginábamos al indio virtudes que sólo esperaban ocasión de manifestarse. VASCONCELOS, J (1936a). Op. cit., p. 256. Véase OGORMAN, E (1958). La Invención de América, El Universalismo de la Cultura de Occidente, Fondo de Cultura Económica, México D.F.
17 VASCONCELOS, J (1935). Op. cit., p. 194. Eric Hobsbawn expresa una afirmación muy sugerente en el mismo tono, la educación en lengua indígena sería promovida por quienes no quieren que sus hijos aprendan dicha lengua: En América Latina, los que presionan para que en la escuela se enseñe una lengua vernácula de los indios, una lengua que no se escriba, no son los propios indios, sino los intelectuales indigenistas. Ser monolingüe es estar encadenado, a menos que tu lengua local sea casualmente una lengua mundial de facto. HOBSBAWN, E (1991). Naciones y Nacionalismos desde 1780, Editorial Crítica, Barcelona, España, p. 125.
18 El peligro no es, claro está, que México vuelva a lo indígena. No tiene fuerza para ello el indio; el peligro y el plan es que el México de España ceda sitio al México texano. El anglosajón de propietario, de constructor, y el indio de clava-vías, de labriego y de fellah, tal como se le ve desde Chicago hasta Nuevo México en mexican towns, más miserable que la judería medieval; sin el genio que brota de pronto y levanta al judío por encima de sus opresores VASCONCELOS, J (1936b). Op. cit., pp. 693-694.
19 VASCONCELOS, J (1936b). Op. cit., p. 771.
20 El progreso, la mejora de toda situación, era una idea que contaba, como hoy, con una amplia adhesión pero no por ello ajena a cuestionamientos. Vasconcelos se preguntaba, ¿Cuál es el sentido de la existencia? ¿Qué es lo más importante del vivir? ¿Dónde está el modelo absoluto? ¿O es posible que todo se reduzca a descubrir minas y construir casas para que vegete, se aburra y se muera el minero? ¿No hay otro ideal que clavar rieles en la arena del desierto? ¿Qué es lo bueno? ¿Qué es lo hermoso? VASCONCELOS, J (1935). Op. cit., p. 114.
21 En la primera parte del libro La raza cósmica el autor reflexiona acabadamente sobre esta idea. Muy sugerentes son también algunos pasajes encontrados en VASCONCELOS, J (1916). El Movimiento Intelectual Contemporáneo de México, In: VASCONCELOS, J (1992). Op. cit., p. 23; VASCONCELOS, J (1922). Discurso Inaugural del Edificio de la Secretaría de Educación Pública. Obtenido en septiembre de 2006 desde: http://www.sep.gob.mx/wb2/sep/sep_567_discurso_inaugural, p. 3; VASCONCELOS, J (1935). Op. cit., p. 93 y VASCONCELOS, J (1939). Op. cit., p. 947.
22 Para Vasconcelos, la liberación tenía ribetes similares a los que se popularizarán en toda América Latina con los postulados de Paulo Freire en el último tercio del siglo XX: los oprimidos, liberándose, liberan también al opresor. En este sentido Vasconcelos expresa: Sin embargo, aceptamos los ideales superiores del blanco, pero no su arrogancia; queremos brindarle, lo mismo que a todas las gentes, una patria libre, en la que encuentre hogar y refugio, pero no una prolongación de sus conquistas. Los mismos blancos, descontentos del materialismo y de la injusticia social en que ha caído su raza, la cuarta raza, vendrán a nosotros para ayudar en la conquista de la libertad. VASCONCELOS, J (1925). Op. cit., p. 23.
23 Para profundizar en el análisis del pensamiento de Hegel acudir a DUSSEL, E (1994). El Encubrimiento del Indio: 1492, Editorial Cambio XXI, México D.F., p. 26.
24 VASCONCELOS, J (1925). Op. cit., pp. 33-34.
25 HOBSBAWN, E (1991). Op. cit., p. 132.
26 VASCONCELOS, J (1925). Op. cit., p. 268.
27 VASCONCELOS, J (1920). Op. cit., p. 44.
28 VASCONCELOS, J (1925). Op. cit., p. 196.
29 VASCONCELOS, J (1923). Op. cit., pp. 48-9; VASCONCELOS, J (1925). Op. cit., pp. 29-30; VASCONCELOS, J (1935). Op. cit., pp. 43 y 259.
30 DONOSO, A (2006). Acercamiento a los vínculos entre Educación y Nación en el pensamiento de José Carlos Mariátegui, Anuario Escuela de Postgrado, N° 7, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile, pp. 109-124.
31 VASCONCELOS, J (1935). Op. cit., pp. 102-103.
32 VASCONCELOS, J (1935). Op. cit., p. 37. Vasconcelos insiste en no descuidar la enseñanza ilustrada, analítica y abstracta, elaborando una batería de argumentos en el tono de: La escuela libresca es deficiente; pero una escuela que reemplaza el libro con el útil condena a la mayoría de la especie a no conocer jamás el mundo de las ideas. La vida, al fin y al cabo, obliga a la mayoría a usar las manos y enseña a usarlas; pero el uso de los libros únicamente la Escuela puede darlo VASCONCELOS, J (1935). Op. cit., p. 34.
33 ROJO, G; SALOMONE, A y ZAPATA, C: Al reparar sobre el poderío intelectual estadounidense en la actualidad señalan: En resumen y sin que ello constituya una apabullante novedad, comprobamos que [ ] el lugar de la experiencia, o sea la materia prima de la reflexión, son las sociedades con fuertes herencias coloniales, en tanto que el lugar de la teoría, o sea de la elaboración de la materia prima, es el imperio. Nada que no hayamos escuchado en otros dominios de la praxis, por supuesto. La buena noticia es que contemporáneamente los que se encargan de cumplir esa elaboración con las armas teóricas que el imperio les ha suministrado, son la gente que se moviliza hasta el centro procedente desde el lado de allá ROJO, G, SALOMONE, A & ZAPATA, C (2003): Postcolonialidad y Nación, Editorial LOM, Santiago de Chile, pp. 112-113.
Bibliografía
1. DOMINGUEZ, Ch (1992): Prólogo, In: VASCONCELOS, J (1992). Obra Selecta, Biblioteca Ayacucho, Caracas, p. ix. [ Links ]
2. DONOSO, A (2006). Acercamiento a los vínculos entre Educación y Nación en el pensamiento de José Carlos Mariátegui, Anuario Escuela de Postgrado, N° 7, Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile, pp. 109-124. [ Links ]
3. VASCONCELOS, J (1925). La Raza Cósmica. Misión de la Raza Iberoamericana. Notas de Viajes a la América del Sur, Agencia Mundial de Librería, Madrid, p. 27. [ Links ]
4. VASCONCELOS, J (1936a). Ulises Criollo, In: VASCONCELOS, J (1983). Memorias I., Fondo de Cultura Económica, México D.F. p. 40. [ Links ]
5. VASCONCELOS, J (1936b). La Tormenta, In: VASCONCELOS, J (1983). 487-489. p. [ Links ]












