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Utopìa y Praxis Latinoamericana

versión impresa ISSN 1315-5216

Utopìa y Praxis Latinoamericana v.15 n.48 Maracaibo mar. 2010

 

Praxis y Movimiento obrero

Praxis and the Workers’ Movement

Gabriela N. Scodeller

Instituto de Ciencias Humanas y Ambientales (INCIHUSA),CONICET, Argentina.

RESUMEN

Existen en el campo de las ciencias sociales numerosas investigaciones que abordan la problemática de la praxis, sin embargo, menos común es encontrar estudios que vinculen esta categoría al estudio del movimiento obrero. A lo largo de estas notas se busca construir un marco de análisis desde el cual reflexionar acerca de cómo y cuándo este sujeto reflexiona sobre su práctica y la de otros. Se concluye que a fin de aproximarse empíricamente a los procesos de toma de conciencia y formas de conocimiento de los trabajadores, es necesario recuperar la categoría de praxis desde una mirada heterodoxa del marxismo.

Palabras clave: Lucha – movimiento obrero – praxis – toma de conciencia.

ABSTRACT

In the social science field, numerous studies approach the problem of praxis; however, it is less common to find studies that connect this category with a study of the workers’ movement. This paper seeks to construct an analysis framework from which to reflect on how and when this subject considers his praxis and that of others. Conclusions are that in order to empirically approach processes of becoming aware and the forms of workers’ knowledge, the category of praxis must be recovered from a heterodox view of Marxism.

Key words: Struggle, workers’ movement, praxis, becoming aware

Recibido: 20-10-2007  F  Aceptado: 13-08-2008

INTRODUCCIÓN 

Existen en el campo de las ciencias sociales numerosas investigaciones que abordan la problemática de la praxis, sin embargo, menos común es encontrar estudios que vinculen esta categoría al movimiento obrero, tema al que nos abocaremos en este escrito. Es decir, nos preguntamos acerca de cómo y cuándo este sujeto reflexiona sobre su práctica y la de otros, observando la relación teoría-práctica hacia el interior de los colectivos u organizaciones obreras. 

Ubicando el tema en un campo más amplio de reflexión: qué problemas se plantea la clase obrera en determinado momento histórico, y cómo se propone resolverlos, como primera relación dialéctica, nos permite observar una segunda relación, entre los niveles de conciencia en un determinado momento histórico y la formas organizativas y de lucha, en otras palabras, el qué y el cómo. Esto nos remite a la discusión teórica en torno a la relación contenido-forma, pero atendiendo específicamente a la manera en que la misma se construye y desarrolla en las instancias organizativas que hacen a la vida cotidiana de la clase obrera (lugar de trabajo, comisiones internas, sindicatos, etc.)1.

De este modo, a partir de una definición de la praxis como actividad crítica práctica, nos detendremos a reflexionar acerca de las formas de conocimiento y los procesos de toma de conciencia de los trabajadores. Para ello recuperaremos fundamentalmente la obra de A. Gramsci, por entender, al decir de uno de los referentes del marxismo inglés, G. Rudé, que éste es quien más nos acerca a “una teoría de la ideología de la protesta popular y obrera”2. Pondremos al pensador italiano en diálogo con aportes provenientes de diversos campos disciplinares (psicología, sociología, teoría política). Así, desde una mirada heterodoxa del marxismo, intentaremos construir un marco de análisis que nos permita un acercamiento empírico a la problemática planteada.

Antes de comenzar, no podemos dejar de explicitar el interrogante de fondo que nos guía, pero que aquí no pretendemos responder: ¿cuál es el sentido que el movimiento obrero otorga a su propia historia? ¿Es ésta reconocida como una herramienta de lucha? ¿Por quiénes, en qué instancias y bajo qué mecanismos las historias y memorias se transmiten y reconstruyen?3

SOBRE LA PRAXIS 

Según A. Gramsci, cada concepción del mundo y cada filosofía se han preocupado por el problema del concepto de la unidad entre la teoría y la práctica. Pero es a partir de Marx, que el tema de la praxis tiene que ver con una transformación radical de la sociedad. Las Tesis sobre Feuerbach nos hablan de esa actividad transformadora del mundo, donde la teoría, como guía de la acción, es parte de la actividad práctica misma, y lo es de una manera consciente. La praxis es teoría de la acción, que pasa del plano meramente teórico al práctico cuando -mediado por una necesidad, y el conocimiento de la realidad- prende en las masas, quienes permiten que la teoría se convierta en práctica. También Gramsci reflexiona acerca de cómo ambas se corresponden y la necesidad de que estas se potencien mutuamente, convirtiéndose de este modo la teoría en “poderosa al máximo”4.

La praxis es pues, el terreno en que se opera la unidad de pensamiento (teoría) y acción (práctica), e implica una teoría de la acción y de la organización de dicha acción -por la cual la teoría se plasma en una práctica, se materializa-. Según A. Sánchez Vázquez este planteo puede encontrarse ya en el Manifiesto Comunista, donde el paso de la mera teoría a la acción se da a través de la organización del sujeto de la praxis revolucionaria, la clase obrera:

El Manifiesto es la teoría revolucionaria de la organización política que se dispone a transformar revolucionariamente la sociedad. Al organizar y dirigir esta lucha, como mediador entre la teoría y la praxis, el Partido hace que la teoría pierda su carácter meramente teórico, y, al trasponer ésta al plano de la organización, es el lugar práctico, real en que se opera la unidad del pensamiento y la acción5.

La praxis en que el hombre es sujeto a la vez que objeto de ella, puesto que actúa sobre sí mismo –no individualmente sino en tanto sociedad-, es una praxis política, que busca la modificación de las formas –económica, social y política- en que se encuentra organizada la sociedad6.

Ahora bien, a fin de acercarnos al estudio del tema de la praxis desde el movimiento obrero, creemos importante analizar no sólo el desarrollo de las distintas organizaciones obreras de carácter político –temática en la cual el desarrollo tanto de la teoría como de los estudios de carácter empírico son más prolíficos-, sino también observar la relación teoría-práctica al interior de las organizaciones de masas (sindicatos, comisiones de base, coordinadoras, consejos, etc.), puesto que en estas instancias suelen nuclearse el conjunto de los trabajadores, manteniendo aquí los dirigentes una vinculación más directa y cotidiana con los primeros –lo cual permite analizar las distintas formas de vinculación que se establecen entre las organizaciones políticas y de masas, pero desde la perspectiva de las segundas.

Pero al trabajar las organizaciones económico-corporativas prioritariamente en el plano de la ‘conciencia inmediata’, ¿hasta donde cabe preguntarse por los grados de ‘conciencia política, mediata’, en estos ámbitos? En primer lugar, porque entendemos que aquellas distinciones que utilizamos en el análisis social, no se producen tajantemente en la realidad. K. Korsch, contemporáneo a Gramsci aunque no tan recordado como este último, nos aporta claridad sobre este punto, cuando afirma que a la concepción metafísica que traza “una línea divisoria mecánica entre los ‘sindicatos’ y sus acciones ‘económicas’, por una parte, y los ‘partidos’ y sus acciones ‘políticas’ por otra… se enfrenta la concepción dialéctica del marxismo, que concibe a todos estos fenómenos cambiantes en el fluir de su movimiento y de su evolución, y en su conexión recíproca conjunta”7. Por ello, creemos que es necesario reubicar estos espacios de lucha reivindicativa en el proceso de politización y toma de conciencia, ya que constituyen instancias fundamentales desde dónde se entienden y construyen estos últimos.

Por otro lado, en numerosos momentos de la historia, las instancias de organización que nuclean a los trabajadores en base a sus intereses económico-corporativos, han logrado superar planteos reivindicativos, asumiendo la lucha político-teórica8. Por ello, es fundamental focalizar aquí la observación, en cuanto hace a los procesos de formación, educación, construcción y reapropiación colectiva de conocimientos, que hacen a la toma de conciencia. En este sentido, nuevamente Korsch aporta una visión que articula ambas instancias:

En la visión de Marx, el objetivo auténtico de las luchas económicas que, dentro del orden existente de la sociedad capitalista, deben emprender ahora y siempre los obreros en defensa y ‘mejora’ de sus condiciones de trabajo y de vida, tiene que consistir no en los éxitos más o menos ‘positivos’ que con ellas hayan podido y puedan ‘obtenerse’ para los obreros dentro del orden existente de la sociedad capitalista y su estado, sino en la formación del proletariado como clase, que se produce precisamente a través de esta lucha, de las victorias y derrotas experimentadas en ella9.

SOBRE LAS FORMAS DE CONOCIMIENTO

Desde una mirada marxista de lo social, no hay teoría al margen de la práctica, de la acción, puesto que ésta es fundamento del conocimiento, es decir que no existe la posibilidad de conocimiento al margen de la actividad práctica. Si bien esta última lleva incorporada una teoría, y no hay teoría al margen de la práctica, no existe una relación consciente entre los elementos teóricos y los prácticos, es decir, por lo general no se produce una elaboración teórica acerca de la práctica. Sánchez Vázquez desarrolla esta idea: “…la conciencia no destaca o separa la práctica como su objeto propio, para darse ante ella un estado teórico, es decir, como objeto del pensamiento. La conciencia ordinaria piensa los actos prácticos, pero no hace de la praxis –como actividad social transformadora- su objeto; no produce -ni puede producir- una teoría de la praxis”10.

La relación entre teoría y práctica no es inmediata, ni lineal y continua. Un aporte significativo que clarifica esto proviene del campo de la psicología genética. Piaget define al mecanismo de la toma de conciencia como un proceso de conceptualización, con diversos niveles, los cuales son función de distintos grados de integración, y advierte que “se trata más bien de grados de integración que de pasos bruscos de la inconsciencia a la conciencia”11.

De este modo, podríamos hablar en un primer momento de la experiencia12, la cual es construida a través de un proceso teórico-práctico, de reflexión sobre la propia práctica. Pero el carácter ‘limitado’ de la experiencia directa de la clase obrera, lo conecta con ciertos aspectos y momentos de la lucha de clases, sin permitirle acceder al conjunto de enfrentamientos que realizan otras clases y fracciones, dificultando la conformación de una imagen completa en términos de proceso; la cual en cambio es fragmentada, parcelada. En un nivel de complejidad distinto, podemos ubicar la formación de conocimiento, a partir de la experiencia histórico-social, del conjunto de las luchas populares. La experiencia produce efectos sobre la teoría, la completa, cuestiona, redefine. Pero, ¿en qué consisten cada uno de estos procesos? ¿Cómo, cuándo y en quiénes se producen?

A lo largo de la obra de Gramsci, la masa obra prácticamente, aunque sin una conciencia teórica acerca de ese obrar; sin embargo, constituye un conocimiento del mundo en cuanto lo transforma13. Para él, esta situación explica la necesidad de generar intelectuales de la masa, que permanezcan en contacto con ésta, siendo sus sostenes ideológicos y organizativos; cuestión que se vincula al tema de la educación, formación, y construcción del conocimiento a partir de una relación dialéctica entre la experiencia práctica de las masas y la teoría de los intelectuales. Así, Gramsci vincula la cuestión de la praxis a la dialéctica intelectuales-masas14, puesto que un colectivo humano no se torna independiente sin organizarse, tarea que no puede realizar sin intelectuales, es decir, sin organizadores y dirigentes –capa de personas ‘especializadas’ en la elaboración conceptual y filosófica, en quienes el aspecto teórico del nexo teoría-práctica se distingue concretamente-.

En este proceso, dice Gramsci, la fidelidad y disciplina de las masas –forma que asume su adhesión inicialmente- se pone a prueba. Ambos avanzan dialécticamente en el proceso, aunque dicho contacto también puede romperse. El partido político cumple aquí una tarea central, al ser “los elaboradores de las nuevas intelectualidades integrales y totalitarias, esto es, el crisol de la unificación de teoría y práctica, entendida como proceso histórico real”15.

Podemos decir entonces que los procesos de lucha se desenvuelven por ensayo y error de los sujetos, creativamente, en la medida en que el conocimiento extraído de la práctica se convierte en la conciencia de las masas, y en teoría científica que se aplica a un conocimiento posterior. A fin de que una teoría establezca una relación crítica con la estrategia real de los trabajadores, es necesario que construya los nexos y las mediaciones que le permitan ser reasumida en la práctica de éstos, de lo contrario, se quedará en el plano verbal y formal.

En este sentido, es sugerente la afirmación del R. Jacoby: “Y dado que la formación de conocimiento es un proceso teórico-práctico, la propia estrategia ha de ser considerada el diseño de condiciones materiales e intelectuales para la producción de experiencias de poder racionalizables por parte de las masas. Es decir, debe ser entendida como un proceso de aprendizaje por medio de enfrentamientos”16. De todas las alternativas posibles, los trabajadores seleccionan a través de la lucha. Es en la práctica, ya que la misma está impregnada de teoría, que puede observarse la validez o no de una teoría; la verdad de un pensamiento debe salir del plano teórico y plasmarse en la realidad bajo la forma de actividad práctica17.

Siguiendo a este autor, podemos entender la conciencia como un conocimiento observable en las luchas18, que las masas han acumulado sobre sus metas de clase y de los medios para obtenerlos; es una conciencia táctico-estratégica y no verbal o libresca. Así el proceso de toma de conciencia refiere a un proceso de aprendizaje práctico-teórico-práctico; donde el primer momento es el de las experiencias prácticas por parte de los trabajadores, el segundo es un momento de racionalización de dichas experiencias con ayuda de los dirigentes ú organizadores, y el tercero, la propuesta de nuevas tácticas, entendidas como la construcción de nuevas condiciones de experiencia que permiten reiterar todo el proceso de aprendizaje, pero en un nivel distinto, superior al anterior19.

Mirado desde la psicología genética, podríamos decir que lo anterior se corresponde con tres planos dentro del proceso de toma de conciencia: el primero es el de la acción material sin conceptualización, pero cuyo sistema de esquemas, como nos advierte Piaget, constituye ya un saber elaborado. El segundo plano es el de la conceptualización, que obtiene sus elementos de la acción; mientras que en el tercero aparecen abstracciones y operaciones nuevas sobre la base de las anteriores, compuestas y enriquecidas por la realización de combinaciones novedosas. En todos ellos está presente un mecanismo tanto retrospectivo (que obtiene sus elementos de fuentes anteriores) como constructivo (creador de nuevas relaciones)20.

En esta misma dirección, encontramos el aporte de J. C. Marín, quien nos propone cruzar los temas del fetichismo de la mercancía en Marx, de la construcción del juicio moral desde la psicología genética y de la teoría de la conciencia de clase, para pensar la conciencia como una dimensión a la cual se va accediendo, una “construcción cualitativa de un conocimiento nuevo, el acceso a una nueva dimensión de la realidad”21. Hablar de toma de conciencia significa pues, entender la reflexión como un proceso, como una construcción, y no como algo ya dado.

CONCLUSIÓN 

El camino recorrido hasta aquí, intenta no tan solo recuperar el aporte de diversos campos disciplinares y autores, sino también acercarnos a una mirada heterodoxa de la categoría de praxis. Heterodoxa en cuanto ésta, entendida unidimensionalmente, ha dado lugar a miradas que simplifican dicha categoría en su histórica relación con, al decir de Marx, el sujeto privilegiado de la historia.

En primer lugar, si partimos del supuesto que la praxis nos permite pensar en términos de unidad teoría-práctica, sin verlos como momentos escindidos uno del otro; esta cobra centralidad como categoría de análisis, si afirmamos que las formas de aprendizaje están mediadas por procesos de lucha. Como vimos en el desarrollo de estas notas, el papel de la práctica es central en el proceso de conocimiento. En definitiva, es la propia experiencia de lucha, la que permite no sólo la reflexión sobre la propia acción, sino también asimilar y articular las luchas y el conocimiento producido por otros acerca de estas.

Finalmente, entendemos que buscar indicadores de los procesos de toma de conciencia, de las diversas formas de conocimiento presentes en el movimiento obrero, mirando su práctica, nos permite visualizar: por un lado, el momento (cuándo) -en qué tiempo y en qué lugar, es decir en el marco de qué instancias y contextos se posibilita la reflexión-; y en segundo lugar, los mecanismos y las formas (cómo) por medio de los cuales se produce dicha reflexión (qué).

Lo sustantivo, a nuestro entender, es que mientras en la realidad estos procesos son inescindibles, a partir de la categoría de praxis podemos efectuar un análisis de la totalidad –compleja y contradictoria-, que nos permite observar y dar respuesta a dichos indicadores de manera conjunta, en tanto están contenidos en la misma noción de praxis. De este modo, es posible avanzar en la construcción de observables para el análisis de los procesos histórico-concretos de toma de conciencia del movimiento obrero.

Notas

1 Cuando hablamos de clase obrera. lo hacemos en sentido amplio, no como una estrateficación, ni como algo dado, puesto que entendemos que los sujetos se contituyen como clase en el proceso de lucha, en el enfrentamiento con otras clases, de manera continua y nunca cerrada. Incluimos a todo aquél que vende su fuerza de trabajo, reconociendo no sólo distintas fracciones en su interior, sino diversos niveles de manera una lectura simplificadora de la realidad, que suele tomar a la clase obrera como un todo homogéneo.

2 RUDÉ, G (1981). Revuelta popular y conciencia de clase, Crítica, Barcelona, p. 26.

3 Es necesario también, recordar desde dónde se formulan dichos interrogantes, esto es, desde el trauma y la ruptura de relaciones sociales, que producto del terrorismo de Estado implantado por la última dictadura militar en Argentina, construyeron olvido, perdida de la memoria colectiva y de la historicidad. Debemos entonces tener presente que lo que hoy se nos aparece como eterno y natural, no es sino una construcción histórica. Aunque hoy aparezca lejano, es necesario partir del supuesto que el movimiento obrero a lo largo de su historia mundial, ha construido y reconocido en su propia historia un arma de lucha -situación más difícil de encontrar actualmente, y no sólo en el territorio social en que se ubica nuestro trabajo de investigación-, a fin de tomar conciencia y conocer los procesos sociales por los cuáles esta situación se ha modificado.

4  En sentido que la teoría “acelere el proceso histórico en acto, tornando la práctica más homogénea, coherente, eficiente en todos sus elementos, es decir: tornándola poderosa al máximo; o bien, dada cierta posición teórica, organizar el elemento práctico indispensable para su puesta en práctica”. GRAMSCI, A (1997). El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce, Nueva Visión, Bs. As., p. 45.

5  SANCHEZ VAZQUEZ, A (1972). Filosofía de la praxis. Grijalbo, México, p. 144.

6  En la Tesis III sobre Feuerbach, el énfasis está puesto en la praxis revolucionaria como proceso de transformación social y autotransformación –no hay transformación del objeto sin el sujeto, la acción es simultáneamente sobre las circunstancias y sobre las conciencias-. En relación al desenvolvimiento de este proceso en lo que hace a la clase obrera, ver también: MARX, K (1987). Miseria de la filosofía. S. XXI, México, pp. 114-121.

7  KORSCH, K (1979). Sobre la teoría y la práctica de los marxistas, Ágora, Salamanca, p. 120.

8  Entendemos por lucha teórica aquella que implica una direccionalidad como conciencia histórica.

9   KORSCH, K (1979).Op. cit., p. 119.

10   SANCHEZ VAZQUEZ, A (1972). Op. cit., p.18.

11   PIAGET, J (1976). La toma de conciencia, Morata, Madrid, p. 263.

12   Entendida como experiencia en y de la lucha. Es necesario señalar que no es sólo el compartir una cultura, costumbres o formas de vida materiales y culturales lo que constituye a una clase, le otorga identidad; sino la experiencia en relación a una lucha común. En este sentido, nos distanciamos del uso de la noción de experiencia acuñada por E. P. Thompson, acercándonos más a la utilizada por LEFORT: “La experiencia del proletariado, su praxis, es el movimiento histórico mediante el cual asimila sus condiciones de existencia (o sea su modo de producción y las relaciones sociales que corresponden a él), se realiza en tanto que clase organizándose y luchando, y elabora el sentido de su oposición al capitalismo”. LEFORT, C (1970). ¿Qué es la burocracia? Ruedo Ibérico, Francia, p. 56.

13   La actividad práctica se realiza según fines, que supeditan el curso de la actividad, por lo cual toda acción exige cierta conciencia. Ese fin expresa cierta actitud del sujeto ante la realidad, la presencia de cierto nivel cognoscitivo; por ello, el conocimiento se articula con la práctica a través de los fines.

14   GRAMSCI, A. (1997). Op. cit., p.13.

15   Ibíd., p. 18.

16   JACOBY, R (1986). El asalto al cielo. Formación de la teoría revolucionaria desde la Comuna de 1871 a Octubre de 1917, Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales, Bs. As., p. 46.

17  En este sentido, en la Tesis II sobre Feuerbach dice Marx: “El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento que se aísla de la práctica, es un problema puramente escolástico”. MARX, K (1985). Tesis sobre Feuerbach, Planeta Agostini, Barcelona, pp. 33-34.

18  Debe entenderse aquí la noción de lucha en sentido amplio, es decir, considerando las distintas instancias que hacen a la misma, ya sean de enfrentamiento propiamente dichas, como deliberativas, organizativas, etc., entendiendo que éstas contienen –mediatizadas y resignificadas por la experiencia- las discusiones, debates, lecturas, reflexiones, etc.

19  JACOBY, R (1986). Op. cit., p. 52.

20   PIAGET, J (1976). Op. cit., p. 270.

21  MARIN, JC (1996). Conversaciones sobre el poder. Una experiencia colectiva. Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires, Bs. As, p. 27.

Bibliografía

1. GRAMSCI, A (1997). El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce. Nueva Visión.        [ Links ]

2. JACOBY, R (1986). El asalto al cielo. Formación de la teoría revolucionaria desde la Comuna de 1871 a Octubre de 1917, Centro de Investigaciones en Ciencias Sociales.         [ Links ]

3. KORSCH, K (1979). Sobre la teoría y la práctica de los marxistas. Salamanca, Ágora.        [ Links ]

4. LEFORT, C (1970). ¿Qué es la burocracia?. Francia, Ruedo Ibérico.        [ Links ]5. MARIN, JC (1996). Conversaciones sobre el poder. Una experiencia colectiva. Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires.         [ Links ]

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11. SÁNCHEZ VÁZQUEZ, A (1972). Filosofía de la praxis. México, Grijalbo.        [ Links ]