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Utopìa y Praxis Latinoamericana

versión impresa ISSN 1315-5216

Utopìa y Praxis Latinoamericana v.15 n.48 Maracaibo mar. 2010

 

Alfonso Guillén Zelaya y el exilio en México

Alfonso Guillén Zelaya and Exile in México 

Adalberto Santana

Investigador del Centro de Estudios Latinoamericanos, UNAM, México 

RESUMEN

El presente trabajo trata sobre el exilio en México del escritor, periodista y poeta Alfonso Guillén Zelaya entre 1933 y 1947. Etapa significativa de la vida y obra del pensador hondureño, pero también de la historia mexicana y latinoamericana. En nuestro artículo hacemos mención a un periodo político y cultural de lo más representativo e impactante de nuestra América. Sobre Alfonso Guillén Zelaya se destaca su papel como pensador significativo de la primera mitad del siglo XX. Se trata de mostrar que su pensamiento fue originalmente crítico y como tal con un valor agregado a todo pensar filosófico que en nuestros días es necesario conocer y difundir.

Palabras clave: Alfonso Guillén Zelaya, México, Honduras, pensamiento. 

ABSTRACT

This work deals with the exile of the writer, journalist and poet Alfonso Guillén Zelaya in Mexico between 1933 and 1947, an important stage in the life and work of this Honduran thinker as well as in Mexican and Latin American history. The article deals with one of the most representative and influential political and cultural periods in our America. The role of Alfonso Guillén Zelaya as an important thinker in the first half of the twentieth century is highlighted. The study tries to show that his thought was originally critical and as such gave added value to all philosophical thinking that should be known and disseminated in our days.

Key words: Alfonso Guillén Zelaya, Mexico, Honduras, thought.

Recibido: 29-06-2008  F  Aceptado: 10-01-2009

"Poeta que utilizó con limpieza las palabras cotidianas y que huyó siempre de la declamación y de la oscuridad deliberada, su poesía era para todos, como el pan y el agua".

Rafael Heliodoro Valle “Honduras en las letras”, In: Historia de la Cultura Hondureña. Tegucigalpa, UNAH, 1981, p. 180.

Referirnos al exilio que el escritor, periodista y poeta Alfonso Guillén Zelaya1 vivió en México entre 1933 y 1947, es aproximarnos a una de las etapas más significativas de la vida y obra del pensador hondureño, pero también de la historia mexicana y latinoamericana. Esto es, en otras palabras hacer mención a un periodo político y cultural de lo más representativo e impactante de nuestra América, para con ello también brindar en la presente exposición, un merecido homenaje al maestro Alfonso Guillén Zelaya. 

1. MÉXICO Y EL MUNDO EN LOS INICIOS DE LA DÉCADA DEL TREINTA 

Cuando Guillén Zelaya vivía en Honduras al inicio del decenio de los años treinta del siglo XX, el mundo vivía un periodo muy especial. Estados Unidos había enviado sus tropas para intervenir en Nicaragua desde 1926 y entre una y otra década el coloso del norte vivía una de sus más graves crisis económicas afectando con ella drásticamente a diversos países de América Latina y el mundo. 

En 1929 estalló de improviso una de las mayores conmociones que haya sufrido el capitalismo en toda su historia. A partir de la década del veinte las potencias industriales europeas se venían recuperando de las consecuencias de la primera Guerra Mundial y ya hacia 1925 habían alcanzado los niveles productivos de 1914. 

Paralelamente, la producción fabril de Estados Unidos no cesaba su intenso crecimiento. La lucha por el dominio de los mercados mundiales se agudizó de nuevo y sobrevino una inevitable crisis de superproducción. 

Así comenzó una gran depresión económica mundial. La caída de los precios de la bolsa de valores de Wall Street en Nueva York, el viernes 14 de octubre de 1929, fue su inicio, y desató el pánico en sus similares europeas. El colapso se sintió, de una u otra manera, en todas partes. Caracterizada por su extensión y profundidad, la crisis de 1929 afectó al conjunto del sistema capitalista. Los bancos quebraban, las fábricas cerraban y los obreros eran despedidos en masa. En tres o cuatro años la producción industrial cayó entre 30% y 40%, retrocediendo a los niveles de 1908-1909. 

Sólo en Estados Unidos, entre 1929 y 1932, el ingreso nacional declinó de 82 mil millones a 40 mil millones –el rural se contrajo a menos de la mitad– y los salarios bajaron en el mismo período de 17 mil millones de dólares a 7 mil millones, mientras se registraba una caída de cerca del 50% en los precios de los productos de consumo. El índice de ocupación (base1923-1925=100) descendió de 106 a 66 puntos –los parados pasaron de 1,6 millones de personas en 1929 a 12,8 millones en 1933– y el valor conjunto de las exportaciones e importaciones se redujo de 9 640 millones a 2 933 millones de dólares. La producción de hierro y de acero retrocedió 28 y 31 años respectivamente. De cinco millones de automóviles en 1929, la fabricación de estas máquinas bajó a sólo un millón.2

Esta situación sin duda afecto a casi todos los países latinoamericanos. Así en la región se generó un amplio desempleo, diversas carencias y una amplia marginación social. Las exportaciones latinoamericanas se redujeron en 65% y las importaciones en 37% durante los años de esa fuerte crisis. Pero también con ello emergieron golpes de Estado y fuertes protestas sociales. Así, en América Latina y el Caribe, la caída de los precios en el mercado internacional, sobre todo de los productos primarios llevó a irrupciones sociales. En ese contexto, también emergieron expresiones literarias y artísticas con fuertes preocupaciones sociales. En México, por ejemplo, tomaron una gran fuerza política las pinturas murales de José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Sequeiros, así como en Ecuador la del pintor Oswaldo Guayasamín. En la literatura destacó la obra del novelista brasileño Jorge Amado y la de algunos poetas como el peruano César Vallejo y el hondureño Alfonso Guillén Zelaya, entre otros.

En esos tiempos en casi todos los países latinoamericanos emergieron diversos movimientos sociales cuyas diversas reivindicaciones hacían estremecer el continente. Así nos encontramos que en 1932 El Salvador se desató una insurrección popular que culminó con un sangriento baño de sangre. En ese mismo año se implantó en Chile una transitoria República Socialista. En 1933 en Cuba fue derrotada la dictadura de Gerardo Machado, lo que desencadenó a su vez una revolución compuesta de estudiantes, sargentos y soldados. Ese mismo año las tropas estadounidenses tienen que abandonar Nicaragua con la victoria de las tropas que comandaba Augusto C. Sandino. En Puerto Rico dirigentes nacionalistas, como Pedro Albizu Campos, hacen fuertes campañas independentistas y en Brasil, Luis Carlos Prestes dirige grandes columnas campesinas. En Paraguay emerge la Revolución Febrerista (1936) y en Ecuador el coronel Luis A. Larrea establece un gobierno popular (1929). Pero también en Perú emerge el movimiento social y político del aprista Víctor Raúl Haya de la Torre. En Venezuela se incrementan las tentativas para llevar al derrocamiento de la dictadura de Juan Vicente Gómez, las cuales son apoyadas desde el México revolucionario. En Republica Dominicana llega al poder en 1930 Rafael Leonidas Trujillo, generando una ola represiva frente a un movimiento opositor que reivindicaba la democracia.3 En tanto Honduras no escapaba a conflictos sociales y crisis económicas y sufría incluso violencia política.4 

En 1933, en el marco de esa situación regional el general Lázaro Cárdenas del Río se perfila en México como el candidato a gobernar el país. Con su triunfo termina el periodo de los caudillos y comienza una etapa de profundos cambios sociales, producto de la Revolución Mexicana. En estos momentos es cuando llega a México Alfonso Guillén Zelaya, intelectual hondureño nacido en “Juticalpa, Olancho (región de grandes rebeldías y de poetas), un 27 de junio de 1887”.5 Guillén Zelaya dejó la carrera de licenciado en derecho, para dedicarse en cuerpo y alma a la poesía y al periodismo y lo recibe el México cardenista. Durante este periodo el presidente Lázaro Cárdenas (1934-1940), “(…) tuvo que propiciar la reorganización del movimiento obrero, lo cual consiguió con la creación en febrero de 1936 de la unitaria Confederación de Trabajadores de México, encabezada por Vicente Lombardo Toledano. Además reestructuró al propio partido de gobierno, transformándolo en uno nuevo, con un programa nacionalista y de justicia social mucho más acentuado y con mayores vínculos y representatividad populares, que se denominó Partido de la Revolución Mexicana (PRM)”6.

Los años del gobierno cardenista constituyen un momento político en que la defensa de la soberanía nacional se convierte en uno de los puntos cardinales del nuevo régimen. Guillén Zelaya no es únicamente testigo de los acontecimientos del México revolucionario, sino que el periodista hondureño se verá envuelto en ese torrente de cambios y transformaciones sociales.

Por ejemplo, la política exterior del cardenismo se convertirá en un referente fundamental para el exilio latinoamericano. Es decir, para aquellos hombres y mujeres que por diversas presiones y represiones políticas habían tenido que abandonar sus países para encontrar en México un espacio fértil tanto desarrollar una vida más productiva dedicada a la creación y al aporte cultural y social. Alfonso Guillén Zelaya es uno de estos seres que encuentra en tierras mexicanas cobijo para su mejor desarrollo político e intelectual. A fines de la década del treinta, otra oleada de refugiados políticos arribará proveniente de España.7

Durante el gobierno del presidente Cárdenas también se le brinda un gran impulso al tema de la educación popular, incluso se le llega a denominar socialista, con el propósito de combatir el fanatismo religioso y fortalecer un pensamiento científico ligado a las grandes tareas de la modernización de la economía del país. Así en 1936 se funda entre otras instituciones el Instituto Politécnico Nacional.

Por otra parte Cárdenas había afirmado que en materia agraria no habría paz y no dejaría de correr la sangre mientras no se resolviera la cuestión de la tierra. En esa lógica se impulsó una reforma agraria que afectó a terratenientes nacionales y extranjeros para lo cual en 1936 se fundó entre otros instrumentos de justicia social el Departamento de Asuntos Indígenas. La política cardenista benefició no sólo a los campesinos sino también a los sectores productivos de la industria. Así en 1938 se promulgó la ley que establecía aranceles a la importación de productos que fabricaba la industria mexicana. Paralelamente se brindaba apoyo crediticio a la inversión privada y estatal. Ambas crecieron pasando de 377 millones a 773 millones de pesos, lo que posibilitó que la manufactura se incrementara de 13,7% del ingreso nacional en 1935 a 24,2% en 1940.8 En este periodo se incrementó el desarrollo de la industria nacional y las empresas industriales pasaron de 6,916 a 13,510. Incluso la industria cinematográfica creció al emerger la “edad de oro” del cine mexicano.

Así, en áreas estratégicas de la economía del país, se nacionalizan los ferrocarriles que estaban en manos de empresas extranjeras. Pero la medida trascendental de la economía mexicana hasta nuestros días se desarrolla con la nacionalización de la industria petrolera el 18 de marzo de 1938. Ésta fue una de las políticas estatales más radicales en los países de América Latina para aquellos años.

En síntesis en esos primeros seis años de Alfonso Guillén Zelaya en México, le tocó ver desarrollarse ante sus ojos el punto más alto logrado por la Revolución Mexicana. Por ello su exilio en México no era casual. Al respecto Rafael Heliodoro Valle en su célebre trabajo Historia de las ideas contemporáneas en Centro-América, nos señala la importancia que México tuvo en aquellos años para la intelectualidad hondureña y centroamericana. Nos dice Valle:

Es evidente que Rubén Darío y Enrique Gómez Carrillo tuvieron que emigrar de Centro-América en busca de aire respirable; y que otros escritores obligados por la misma razón o empujados por los odios de las guerras civiles –tales los hondureños Salatiel Rosales y Alfonso Guillén Zelaya– tuvieron que buscar asilo en México para poder dar libre vuelo a sus ideas, alejados de la hostilidad inicua de sus compatriotas. En otras ocasiones no ha sido esa hostilidad sino la falta de estímulo, la responsable de la evasión de muchos hombres de pensamiento y de pluma; por ejemplo, los costarricenses Rafael Cardona y Alfredo Cardona Peña, y los nicaragüenses Francisco Zamora, Roberto Barrios, Hernán Robleto y Edelberto Torres –este último también por motivos políticos– quienes pudieron disfrutar en el extranjero mejores horizontes para su producción literaria y el estímulo y la comprensión que les faltó en sus terruños inhóspitos.9

Por ello es que un intelectual como Alfonso Guillén Zelaya, que ya había conocido la realidad de otros países desde 1919 hasta 1932, cuando ejerció el periodismo tanto en El Salvador y Guatemala como en Estados Unidos y que había sido Cónsul de Honduras en Nueva York, secretario de la delegación hondureña a la Conferencia por la Paz, en Versalles, Francia, comprendía lo complejo del mundo y requería un lugar donde pudiera desarrollar todavía más sus capacidades intelectuales y su compromiso político. Esto es precisamente lo que le ofreció México.

En ese escenario de los años treinta se reencuentra con otros exiliados de su país e intelectuales y periodistas de diversas naciones de América Latina y España. Cabe destacar entre ese grupo de hondureños a Rafael Heliodoro Valle, Martín Paz y Rafael Paz Paredes. Un testimonio de la época que nos relata los días del exilio en México fechado del 10 de junio de 1934 por Isabel Alger de Guillén Zelaya al general Fernando Díaz Zelaya,10 en ese testimonio se anotan las impresiones del México de la década de los treinta:

Todavía no pensamos regresar a Honduras, y quizá no regresemos sino hasta que haya un nuevo gobierno; pero no perdemos la esperanza de verlo nuevamente. Y a propósito por qué no viene a dar una paseadita a México. Esta ciudad es ahora algo digno de verse. Su progreso de diez años a esta parte es realmente asombroso. Cada día se embellece más y crece en extensión y en población. Venga, y ya sabe que tiene nuestra casa a la orden. Valdría la pena que se diera una vuelta por acá. Hay tantas cosas bonitas y baratas que le convendría un viajecito. Resuélvase y lo esperamos.11

En el testimonio de Isabel el recuerdo de la patria centroamericana desde el exilio en el México del régimen cardenista, es un río constante en la memoria. Aquellos que se han visto obligados a emigrar a otras tierras, aunque éstas sean similares a la suya, permanentemente anhelarán el terruño. Escribe Isabel:

De Honduras sólo malas noticias nos llegan. Dicen que esta pobrísimo, y ayer hemos leído en la prensa el desastre que han ocasionado las inundaciones y las lluvias en varios lugares del país. Parece que el mundo está al revés. Quién sabe cuando le llegará su hora de prosperar y de justicia a esa pobre tierra nuestra.

Alfonso le recuerda mucho y cada vez con mayor cariño. Dice que sería para él un momento de verdadera felicidad verlo por acá. Pero duda que usted se resuelva a venir.

Escríbanos. Siempre es motivo de alegría recibir noticias de Honduras, sobre todo cuando vienen por conducto de las amistades más estrechas y sinceras.12

Para el año de 1940, llega a su fin el gobierno del más destacado presidente mexicano del siglo XX, Lázaro Cárdenas. La cúspide de la Revolución Mexicana finalmente se vivió durante su régimen, esto es, entre 1934 y 1940. Recordemos que en ese período histórico del México revolucionario, el general Cárdenas logra resquebrajar la hegemonía del general Plutarco Elías Calles, pero también con ello logró representar a una pequeña burguesía nacional-revolucionaria que comenzaba a recuperarse de la crisis del 29. Para la política cardenista el Estado tenía que jugar un papel central en el nuevo rumbo de la nación, tanto en su ordenamiento político como en la transformación económica y por lo tanto en la generación de riquezas y en su distribución. En ello tenían un papel central los sectores de masas de los más amplios grupos populares de la nación. Así, el ejido iba a desempeñar un papel capital en el impulso al desarrollo agrícola. En lo político Cárdenas frenó al por de Plutarco Elías Calles con el destierro del “jefe máximo” en 1936 y se vio apoyado en la alianza con los sectores obreros y campesinos, sobretodo cuando se crean la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y la Confederación Nacional Campesina (CNC), lo que socialmente fortaleció al aparato estatal. La inflación creció pero a su vez dinamizó la economía al movilizar el aparato productivo. Con estas condiciones, Cárdenas modificó la estructura del partido oficial tomando el nombre de Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y estableció cuatro sectores fundamentales en la estructura partidaria: el obrero, el campesino, el militar y el popular.

Este partido fue un instrumento clave para uno de los objetivos fundamentales de su gobierno revolucionario: la nacionalización del petróleo y la expropiación de los bienes de las empresas petroleras extranjeras el 18 de marzo de 1938. Esto motivó una fuerte presión por parte de Estados Unidos; se llegó finalmente a fijar una indemnización a las empresas afectadas.13 Así, esa nueva etapa de la Revolución Mexicana puede resumir en el hecho de que: “Cárdenas entregó a los campesinos 17.8 millones de hectáreas y puso fin al predominio de una economía agrícola basada en la hacienda. El gasto gubernamental en la construcción de obras de infraestructura y de beneficio social superó por primera vez los gastos puramente administrativos, surgiendo definitivamente un importante sector paraestatal –cuya influencia decisiva en la marcha de la economía perdura hasta el presente”. 14

Cabe apuntar que en el gobierno de Lázaro Cárdenas, se dieron también importantes muestras de la plena independencia de la política exterior mexicana. Una de ellas fue recibir en el país a miles de refugiados españoles después de la derrota de la República, así como dio asilo a destacados opositores políticos centroamericanos y latinoamericanos. Uno de los más famosos refugiados de esos tiempos fue León Trotsky, el viejo dirigente bolcheviche. De tal manera que todo este panorama fue lo que vivió Alfonso Guillén Zelaya en los años treinta. Dichas condiciones permitieron que tuviera una gran incidencia como profesor de la Universidad Obrera de México y como periodista en El Popular y en la revista Futuro, donde escribió artículos que difundían sus ideas en torno a la situación en Honduras, Centroamérica y sobre la Segunda Guerra Mundial entre otros temas de la escena nacional, regional y global. Llegando el mismo Alfonso Guillén Zelaya a reconocer orgullosamente a México y a su revolución. Sobre ella decía el poeta hondureño: “la de México, la más vigorosa y heroica con que se enorgullece nuestra América de habla española”. 15

2. ALFONSO GUILLÉN ZELAYA Y MÉXICO DURANTE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

El gobierno del general Manuel Ávila Camacho (1940-1946), tuvo un perfil mucho más moderado. En la década del cuarenta comenzaba a declinar la fase más crítica de la Revolución Mexicana. Al calor de la crisis de la segunda Guerra Mundial, el gobierno mexicano todavía manifestaba una ideología nacionalista-revolucionaria y una política de rechazo al fascismo. Sin embargo, fue un periodo en el cual el área de México, Centroamérica y el Caribe se redimensionan para Estados Unidos como una zona clave en recursos y fuente de materias primas fundamentales para el funcionamiento de su economía. Al final de este periodo gubernamental el PRM sufrió no sólo un cambio de nombre sino también de iniciativas se convirtió en el Partido Revolucionario Institucional (PRI), nominación que ha durado hasta nuestros días. Con esa transformación política partidaria, los sectores populares (obreros y campesinos) perdieron influencia y los sectores de las clases medias altas y de la burguesía industrial y agrícola lograban mayores beneficios. Entre ellos destacó el hecho de que “el partido fue, en definitiva, más un instrumento de apoyo y control del gobierno que un agregado y articulador de las demandas de sus miembros”.16

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial que le toco vivir a Alfonso Guillén Zelaya en México, el pensador hondureño asumió un fuerte compromiso contra el fascismo. Al respecto apunta el profesor Tomás Erazo Peña:

La época que le toca vivir a Guillén Zelaya en México es heroica; es el momento en que se lucha por la defensa de la dignidad y la soberanía; al mismo tiempo, la humanidad vive una de las etapas más críticas: la bestia parda del nazifacismo parecía que arrastraría al mundo a otro medioevo, lleno de inquisiciones, terror y persecusiones. Guillén Zelaya escribe y participa en estas dos luchas, sin olvidar la de su patria; camina paso a paso con su amigo y compañero de ideas, Lombardo Toledano, en la movilización y organización de las masas y la difusión de las ideas revolucionarias. Lo vemos en el periodo de fundación de la Universidad Obrera de México, de la cual fue su catedrático; participa, con Rafael Paz Paredes, en la fundación de El Popular, periódico en el cual escribe desde su fundación hasta el 4 de septiembre de 1947, fecha de su fallecimiento.17

El mismo Tomás Erazo Peña, agrega al respecto:

Guillén Zelaya no sólo ayuda en esta ciudad a organizar a los hondureños en su lucha contra la tiranía de Centroamérica, sino lo hace contra las de Franco, Hitler y Mussolinni. Llama a la lucha por una democracia que permita avanzar y organizar a los pueblos, el principal Honduras, donde la dictadura había desorganizado a los trabajadores.18

Pensemos que en esos años del gran conflicto bélico mundial, en otras regiones de América Latina donde la Revolución Mexicana tenía una influencia directa, como en el istmo centroamericano, se suscitó toda una serie de situaciones que resultaron de la inestabilidad política y económica por la que transitaba la mayoría de dichos países. Ahí, en los inicios de los años cuarenta, se fortalecía la estructura de poder de la oligarquía terrateniente y los monopolios bananeros.

En cárceles del país y el exilio había centenares de hondureños acusados de promover acciones subversivas contra el régimen cariísta. Gran cantidad de compatriotas, entre ellos el novelista Ramón Amaya Amador, se incorporaron a la Legión del Caribe, un destacamento revolucionario que, teniendo, sede en Costa Rica, luchaba contra los regímenes dictatoriales de Centroamérica: Jorge Ubico, en Guatemala; Maximiliano Hérnandez Martínez, en El Salvador; y Carías, en Honduras. Una de esas conspiraciones tuvo lugar el 21 de noviembre de 1943 cuando varios patriotas trataron de producir una sublevación castrense contra la tiranía, pero, infelizmente, un desertor de última hora denunció el plan y todos los revolucionarios fueron detenidos. El jefe del movimiento fue Emilio Gómez Rovelo, quien buscó refugio en México.19

Cuando suceden en San Pedro Sula los trágicos acontecimientos de la represión del 6 de julio de 1944 que ordenó Tiburcio Carías Andino, en México Alfonso Guillén Zelaya escribió en El Popular combativamente y llamó al dictador hondureño a evitar “los horrores, las miserias, la sangre y el dolor de la guerra civil”.20 Exhortándolo a dejar el poder y a evitar en medio de la Guerra Mundial otro conflicto nacional. Apuntaba Guillén Zelaya: “No queremos pensar siquiera en las consecuencias de una lucha armada entre hermanos después de doce años de dictadura. Sería el galopar de los jinetes del odio sembrando por todas partes la devastación y la muerte”.21

Pero también en esos años de la primera mitad del decenio de los años cuarenta, la conflagración mundial arreció y el pensador hondureño no dejó de escribir contra el fascismo europeo. Al respecto señalaba el pensador Guillén Zelaya en una cruda caracterización de lo que significaba la guerra por el exterminio de la humanidad y la necrofilia de las fuerzas del fascismo:

Los nazis tendrán que seguir matando hasta el último momento. No podrán atenuar su crueldad, sino exacerbarla. La única diferencia es que ahora el crimen, elevado a sus formas más monstruosas, no lo perpetúan con la esperanza de que les servirá de instrumento para subyugar al mundo. Esa alucinación pasó a la historia. Hoy fusilan, acuchillan, ahorcan, arrojan patriotas a las hogueras, les compelen al suicidio y les hacen perecer en las forzadas peregrinaciones hacia lejanos campos de concentración –centros de muerte- no porque sueñen todavía con la conquista del mundo, sino porque están convencidos de su derrota y quieren aplazar el castigo destruyendo implacablemente todo elemento que estimen capaz de ser útil a la hora de la revancha. Los “invencibles” no luchan actualmente por la victoria, sino para retardar la visita de la muerte.22

Pero esas fuerzas que condenaba desde México, para Alfonso Guillén Zelaya también tenían su expresión en la realidad centroamericana. En Nicaragua gobernaba otro dictador, quizá uno de los más sangrientos de todas las brutales dictaduras del siglo XX latinoamericano, la de Anastasio Somoza García. En Guatemala entre 1931 y 1944, la dictadura de Jorge Ubico también significó una gran entrega de la soberanía a los capitales extranjeros como la United Fruit Company. En semejantes años gobernó El Salvador el dictador Maximiliano Hernández Martínez. En tanto que Tiburcio Carías Andino prolongó su poder desde 1933 hasta 1948.

En el exilio mexicano de Alfonso Guillén Zelaya, haciendo un análisis de la coyuntura internacional y de su relación con el rumbo que tomaban los acontecimientos en Centroamérica, apuntaba:

En el silencio y en la sombra los pueblos centroamericanos se agitan. Los dictadores advierten que crepita el andamiaje que sustenta su salvajismo, se alarman, amenazan, encarcelan y asesinan; pero desfallecen al darse cuenta de que las fuerzas que las minan continúan imperturbables laborando para derrumbarlos. Están allí, circundando su propio organismo, gastando sus centros viales y sin embargo, no pueden localizarlas. Son fuerzas invisibles, movidas por la voluntad nacional.23

Finalmente para 1944 en países como El Salvador y Guatemala se modificó la situación. En Guatemala con el triunfo electoral de Juan José Arévalo Bermejo dio inició “la transición entre el régimen de las dictaduras sempiternas y la democracia electoral”.24 Es decir, comenzó relativamente a cambiar el panorama político centroamericano. En Honduras termina el régimen de Tiburcio Carias Andino en 1949, dos años después de la muerte en el exilio del poeta y pensador Alfonso Guillén Zelaya.

De esta forma, en tierras mexicanas, puede reconocerse que entre otros trabajos intelectuales y políticos, Guillén Zelaya, “ayudó a elaborar -con Castañeda Batres, Medardo Mejía y otros dirigentes populares- un equipo de intelectuales y trabajadores que, auxiliados por la CTAL y Lombardo Toledano, se esmeraron por dar pensamientos y consejos al naciente sindicalismo hondureño”.25

Por toda su obra realizada en México y para éste país así como para Centroamérica y Honduras, a favor de la paz del mundo, la obra de Alfonso Guillén Zelaya puede reconocerse como un aporte del pensamiento hondureño del siglo XX, pero también como una clara y nítida voz del exilio centroamericano en México. Fue un destacado intelectual26 orgánico que ha decir de otro gran maestro de Honduras y de México, Rafael Heliodoro Valle: “Era un hombre de vanguardia, un insigne luchador mental, un hombre siempre nuevo que buscaba en la palabra esa magia para convencer y no le interesaba en lo mínimo los juegos de agua, sino el término directo, meduloso, lleno de esencias vivificadoras”.27

Finalmente podemos mencionar que el deceso en el exilio mexicano de Alfonso Guillén Zelaya, tuvo gran repercusión y en la revista mexicana Tiempo, dirigida por esos años por Martín Luis Guzmán, llegó a figurar el siguiente testimonio, como una prueba de la significativa herencia que el pensador hondureño dejó en estas tierras:

El viernes 4, un grupo de intelectuales rindió el último homenaje al centroamericano Alfonso Guillén Zelaya, fallecido en esta capital. Ante la tumba pronunciaron emocionados discursos los Sres. Dagoberto Marroquín, Rafael Heliodoro Valle y Porfirio Hernández coterráneos del desaparecido. “Alfonso Guillén Zelaya –dijo uno de los oradores- fue un hombre que llevaba un diamante bajo la bóveda de su alma”. La última guardia ante el cadáver fue montada por los licenciados Vicente Lombardo Toledano, Alejandro Carrillo, Antonio Castro Leal y el Sr. Manuel O. Padrés.28

Con su muerte se cerraba un periodo de las ideas en Honduras. Guillén Zelaya fue sin duda un destacado pensador de un país latinoamericano muy vulnerable. Pero no por ello sus ideas lo fueron. Por el contrario, su pensamiento sigue vivo y recordado a través de una propuesta de reflexión de la realidad (nacional, nacional y mundial). Su pensamiento fue esencialmente crítico. Si se quiere fue y sigue siendo un pensamiento originalmente crítico. Valor agregado a todo pensar filosófico que en nuestro días es necesario conocer y difundir. Rescatar y valorar ese pensamiento crítico latinoamericano, requiere un ejercicio de la memoria en la historia de las ideas latinoamericanas. Alfonso Guillén Zelaya es un pensador que en los inicios del siglo XXI latinoamericano hay que revalorarlo en una nueva dimensión.

Notas

1  Nació en Juticalpa, Honduras el 27 de junio de 1887 y fallece en la Ciudad de México el 7 de septiembre de 1947.

2  GUERRA VILABOY, S (2006). Breve historia de América Latina. Editorial de Ciencias Sociales, p. 213. 

3  GONZÁLEZ CASANOVA, P (Coord.) (1981). América Latina: historia de medio siglo, México, Siglo XXI. 

4  Cf. CONTRERAS, CA (2000). Hacia la dictadura cariísta: la campaña presidencial de 1932, Tegucigalpa, Iberoamericana. Al respecto menciona Contreras que con la crisis mundial y sus efectos en la economía de Honduras, las empresas de capital estadounidense decidieron a principios de 1932 recortar los sueldos de los trabajadores como “la Tela Railroad Co., subsidiaria de la United, reduciendo el sueldo de los muelleros de 25 centavos a 19. El 3 de enero de 1932 los muelleros se declararon en huelga. El 4 siguiente todos los demás empleados y trabajadores se les unieron en señal de solidaridad. La Compañía siguió el ejemplo de sus congéneres en los Estados Unidos: trató de romper la huelga reemplazando a los huelguistas con trabajadores de otras zonas”, ibíd p. 37. También se pueden consultar los textos de CARÍAS ZAPATA, M (2004) “Honduras: la Banana Republic”, BARAHONA, M (2004) “Las transformaciones de la economía de Honduras (1920-1932)” y ARGUETA, MR (2004) “El ascenso de Tiburcio Carías Andino”, In: PAZ, RD (Comp.,) (2004). Honduras: del Estado-nación a la democracia formal, Tegucigalpa, Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, pp. 75-175. 

5  ERAZO PEÑA, T (s/f). “Homenaje a Alfonso Guillén Zelaya”, In: http://www.uom.edu.mx/trabajadores/erazo.html 

6  GUERRA VILABOY, S (2006). Op. cit., p. 225. 

Cf. PLA, D (2006). “Encuentros y desencuentros entre los refugiados y los antiguos residentes españoles en México”. Cuadernos Americanos, México, UNAM, Nueva Época, Núm. 117 (Julio-Septiembre), p. 48. 

8  GUERRA VILABOY, S (2006). Op. cit., p. 226. 

9  VALLE, RH (1960). Historia de las ideas contemporáneas en Centro-América. México, FCE, p. 12. 

10  Sobre el exilio hondureño hasta los últimos años de la década del cuarenta puede consultarse: VILLARS, R (1991). “Porque quiero seguir viviendo... habla Graciela García”, Tegucigalpa, Guaymuras, pp. 247-308 y GARCÍA, G (1983). Páginas de lucha, Tegucigalpa, Guaymiras.

11  Copia de la carta de Isabel Guillén Zelaya proporcionada por el historiador Ramón Oquelí, pasaje que figura en nuestro libro, SANTANA, A (1999). Honduras-México, una relación horizontal, Tegucigalpa, Subirana, pp. 218. 

12  Ibíd, p. 219. 

13  Cf. La expropiación del petróleo: 1936-1938, México, FCE, 1981. 

14  MEYER, L (1972). “Cambio político y dependencia”, In: La política exterior de México: realidad y perspectivas, México, El Colegio de México, p. 25. 

15  Boletín de la Defensa Nacional, Director: Froylán Turcios, Tegucigalpa, Guaymuras, 1980, p. 73. 

16  MEYER, L (1972). Op. cit., p. 28. 

17  ERAZO PEÑA, T (s/f). Op. cit

18  Ibíd. 

19  BECERRA, L (1983). Evolución Histórica de Honduras, Tegucigalpa, Baktun, p. 158. 

20  “Solución democrática”, In: Alfonso Guillén Zelaya, Conciencia de una época, t. II, Tegucigalpa, UNAH, 2000, p. 187. 

21  Ibídem

22  “El pavor intensifica la crueldad”, In: Ibíd., p. 169. 

23  “Descomposición de las dictaduras centroamericanas”, In: Ibíd., p. 180. 

25  ERAZO PEÑA, T (s/f). Op. cit. 

27  OQUELÍ, R (1985). Los hondureños y las ideas. Tegucigalpa, UNAH, 1985, p. 27 (Colección Cuadernos Universitarios, núm. 49). 

28  Ibídem.

Bibliografía

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