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Utopìa y Praxis Latinoamericana

versión impresa ISSN 1315-5216

Utopìa y Praxis Latinoamericana v.15 n.51 Maracaibo dic. 2010

 

Presentación

Álvaro B. Márquez-Fernández

A los 15 años…

Después de 15 años, las cincuenta y una ediciones de la revista “Utopía y Praxis Latinoamericana” consolidan eso que en sus inicios siempre se presentó con una gran aventura a los espíritus creadores de la filosofía iberoamericana: disponer de un espacio de encuentros para la investigación donde el pensar, ser y existir latinoamericano, funda una lealtad amical comprometida con la necesaria libertad que todos nos debemos para crear la filosofía política y las ciencias sociales tan necesarias para interpretar y reinterpretarnos. Muchos y diversos han sido los caminos recorridos y las trayectorias propuestas. Nacimos a la vida académica y política en tiempos de posmodernidad y globalización; hacedores de una crítica al pensamiento único; insumisos a las hegemonías de la tecno-ciencia y el mercado neoliberal; defensores de la razón utópica frente a los determinismos históricos; participes de la praxis en sus contextos materiales; interlocutores en un diálogo para la pluralidad ciudadanía; inductores de conciencias emancipadas; declarantes de esa alteridad que nos subjetiviza; actores de un proyecto histórico para la transformación intercultural de la filosofía; entre otros y tantos desafíos que lega la crisis de la Modernidad europea al pensamiento crítico latinoamericano. Una compleja gama de ideas y de reflexiones, análisis, críticas, argumentos, opiniones, se han gestado y crecen desde entonces hasta hoy. En retrospectiva nos volvemos con esa mirada de pasado hacia lo que en su origen los proyectos e incertidumbres prometían, y que, de alguna manera, al parecer, acertamos con la imaginación. Muy atractiva y enriquecedora es la experiencia que nos permitió ser receptores durante estos años de investigaciones que abren cada vez más estos orígenes y destinos tan vividos en la construcción de un pensar filosófico que desde América Latina logra sus resonancias más universales. Sí, porque desde la diversidad geográfica de nuestras vidas es donde el sentido de éstas se abre a esa utopía de un encuentro con los otros, que hace factible la conjunción de la pluralidad y las identidades. Es, precisamente, por esto que otros mundos siempre serán posibles… Sería deseable hacer un registro histórico por artículos a cada uno de estos años cumplidos, para saber si hemos pisado con suficiente fuerza esta “tierra prometida” de la que América Latina toma sus esperanzas y trascendencias. Es muy probable que la filosofía con la que nos estamos pensando y descubriendo, nos brinde la oportunidad de caminar hacia ese horizonte de alternativas que bien pueden hacerse prácticas con la intención de que nuestras ideas acerca de un mundo emancipado se transformen en una realidad. Un esfuerzo largo y templado, capaz de convocar las pasiones de más de uno para convertir este proyecto intercultural de la filosofía en una forma de vida más próxima a la justicia y equidad, condición existencial del derecho a un bien compartido por todos. A quienes desde antes, y a quienes, uno tras otro, se van sumando a esta historia diaria de nuestra filosofía latinoamericana, nuestra invitación y bienvenida es permanente quince años después, porque filosofar es un quehacer entre todos… 

En este número… 

Yamandú Acosta, nos presenta en la sección Estudios, su interesante investigación: “Pensamiento crítico, sujeto y democracia en América Latina”. Allí alerta a nuestra conciencia crítica de la urgencia de un “rearme categorial”, en conexión con la filosofía latinoamericana, de las categorías de “pueblo” y “clases”, para profundizar en los contextos históricos que sirven de condiciones materiales a la reproducción de la sociedad neoliberal a través del mercado en escenarios de globalización que auspician la “libre” participación en los intereses de las clases hegemónicas. Se trata, pues, de hacer énfasis en la interpretación de esos contextos históricos que generaron la presencia de las “dictaduras de Seguridad Nacional” en América Latina, y los peligrosos tránsitos a las democracias posdictadoriales que no dejan de recoger y ofrecer a través de las ideologías dominantes, modelos de participación electoral proclives a legitimar su institucionalidad. La riqueza del análisis de Acosta, reside, en efecto, en su aproximación filosófica y crítica a la noción de sujeto humano vivo y empírico. Actor y creador de su propia dimensionalidad histórica y política, cultural y económica. Ser un sujeto no reprimido o alienado, sino genuino de sus praxis libertarias frente a una sociedad de sometimiento y controles. Sujetos colectivos que se trascienden en sí mismos por medio de un universal concreto, y que tiene como origen el “a priori antropológico” de la realidad donde surgen y se desarrollan. Una nueva condición social y política para participar en la génesis de democracias sustantivas desde el pensamiento crítico que devela los fundamentos de la racionalidad capitalista discriminadora de las subjetividades y depredadora de la vida natural de las especies. 

Abre la sección Artículos, el magnífico trabajo de Alessandro Serpe: “Argumentando a partir de los derechos humanos. La ponderación en serio”. Nos señala la importancia que ha ido obteniendo la “ponderación”, en el desarrollo interpretativo de las normas, constituciones, reglamentos. Al momento de legislar y producir respuestas acerca de conflictos, no siempre la lógica jurídica logra resolver a satisfacción de los interesados tales conflictos, pues su complejidad excede el formalismo legal. Se trata, entonces, de recurrir a decisiones que se basan en la ponderación en cuanto técnica para evaluar y probar los mejores o más aptos argumentos que deben prevalecer en la resolución de conflictos que portan contradicciones o antinomias. Pero por otra parte, las decisiones de los jueces o magistrados, además de ser obligantes para cada caso en particular pueden generalizarse y ampliarse para casos análogos futuros (v.gr.,“ponderación definitoria”). Eso significa que el juicio o interpretación de la argumentación es contextual al acto que lo constituye, y que aun estando interferido por intereses particulares puede convertirse en una norma universal. Desarrolla Serpe, un acertado análisis para demostrar que la “ponderación” es un discurso racional, que se estructura a partir de argumentos razonablemente justificados, ligado a una lógica y a la razón práctica. El “modelo” de racionalidad al que se alude, está compuesto por tres órdenes racionales que se complementan de forma mutua: la cognitiva, la instrumental y la pragmática. Una teoría de la ponderación (argumentación) es posible cuando se trata de despejar los problemas propios de la conflictividad que se presentan entre derechos, principios e intereses constitucionalmente garantizados por las leyes; sobre todo, si el análisis se desarrolla desde el derecho subjetivo y los valores éticos. La emergencia de nuevos derechos humanos y las nuevas conflictividades que surgen en el reconocimiento jurídico de éstos, nos hace suponer que sin “ponderación” no será posible la realización de la justicia. 

Esfuerzo meritorio el de los investigadores, Jorge Iván Vergara, Jorge Vergara Estevez y Hans Gundermann, en su afán por presentarnos en su artículo,“Elementos para una teoría crítica de las identidades culturales en América Latina”: primero, una muy actual panorámica de las diversas concepciones de lo que significa interpretar la complejidad del concepto de identidad cultural y el de cultura latinoamericana, desde las posturas pre-hispánicas hasta las híbridas o del mestizaje cultural; segundo, la aguda crítica al monoculturalismo que adoptan, en mayor o menor grado, todas las tesis analizadas en este artículo. Se trata, pues, a juicio de los autores, de escarbar un poco más en profundidad en las contradicciones y falsos supuestos o fundamentos que sirve de arqueología a las definiciones de identidad cultural o cultura latinoamericana muy lineales ya que dejan de lado el “…proceso de diferenciación de carácter intersubjetivo, nunca finalizado, siempre cambiante, mediado interactiva y comunicativamente, que permite el reconocimiento y la autonomía” de las culturas. El origen de las identidades por tratarse de formas culturales e históricas de un ser existencial que está en permanente devenir en espacios y tiempos de intersubjetividades e interobjetividades, se nutre de la diversidad y el opuesto, de una autogénesis que le impide cualquier limitación a su libertad de creación, a procesos consciente e inconscientes, sensibles y racionales, poéticos y estéticos, morales y social, políticos y económicos, que van generando símbolos y representaciones de índole incondicionadas. En su puesta en escena, ninguna cultura es homogénea sino heterogénea, son portadoras de cualidades y características que confirman el enigma de su origen y se declara en una permanente transversalidad humana entre el yo y los otros, no exenta de conflictos y falsas interpretaciones que deben ser aclaradas por parte de la filosofía y las ciencias sociales. 

Para las investigadoras Ana Irene Méndez y Elda Morales, en su artículo, “Comunicación y sistema democrático”, el implante de la glocalización en la vida cotidiana de los ciudadanos, resulta de una hegemonía mediática del espacio público que hace posible su transforma en un eje reproductor de la información previamente codificada a la que debe acceder el ciudadano. Este imperio de los medios locales y globales, transforma la comunicación en un orden político con capacidad discursiva para unidimensionar los procesos de participación democrática. Por consiguiente, las correlaciones de poder y control que se generan entre política, comunicación y democracia, pasan por la conformación de una ciudadanía donde los procesos comunicacionales están muy alejados de la formación de una conciencia política crítica y deliberativa acerca de los problemas y la conflictividad que caracteriza a una sociedad donde la información, la opinión pública y los medios, se encuentran sesgados por los intereses de la clase dominantes y los procesos del consumo masivo. Un análisis muy pertinente donde ni siquiera los procesos educacionales e investigativos de las universidades en América Latina, en particular en Venezuela, han podido escapar a esta perversa influencia neoliberal. El dominio comunicacional al igual que otrora la ideología, facilita el encubrimiento del dominio público de las palabras, los saberes, los diálogos emancipadores, reduciendo a quienes se resisten en sus pensamientos y sus actos comunicativos. Si se confisca mediáticamente el derecho comunicativo a la libertad de expresión, la ciudadanía insurgente e insumisa queda despojada del poder de sus palabras. No obstante, esta realidad tan desalentadora, las autoras consideran que a través de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, se dispone de un instrumento jurídico, político, social e intercultural que bien favorece los derechos a una libertad comunicativa sin censura con el propósito de cancelar los medios coactivos de la comunicación neoliberal y abrirse a una genuina participación democrática donde todos sean escuchados. Señalan, por otra parte, con insistencia, que no es sinónimo de avance democrático la saturación tecnológicas que sufren los usuarios a causa de la massmediatización a la que conlleva la “sociedad de la información y del conocimiento”. 

Otro análisis de suma importancia, asociado al desarrollo de la comunicación a partir de políticas pública de control social, por parte del Estado, las clases hegemónicos, los grupos de poder, etc., es presentado por los investigadores Orlando Villalobos Finol y Lisbeth Rosillón Palmar, en su trabajo, “Intervención de la comunicación masiva en la generación del tejido social ciudadano”. La revisión crítica del concepto de ciudadanía se desplaza del sistema jurídico y político, al de la interacción que se desarrolla entre los interlocutores por medio del discurso producido en la recepción de los mensajes, símbolos y representaciones del poder. Se trata, en consecuencia, de superar el orden legal del poder por medio del poder político al que apunta la comunicación, cuando es a través de los procesos discursivos y dialógicos de la comunicación que es posible potenciar ese tejido social que favorece la inclusión de los otros en las tramas comunicativas del espacio público. Así, entonces, la comunicación estaría al servicio de un actuar, opinar, interpretar y generar cambios en las estructuras de poderes jerárquicos que impiden o minimizan la democracia social. La aceptación de la democracia directa o participativa, exige una participación pública donde los actores sociales deriven de sus prácticas comunicaciones originales y autónomas, la emergencia de nuevos valores ciudadanos mucho más en sintonía con la convivencia e inclusión social. Es decir, se trata de cancelar el modelo neoliberal de la construcción de ciudadanías a través de medios comunicaciones que sirve para reforzar las leyes del intercambio económico y, por supuesto, del consumo. Este secuestro que logra el mercado de la ciudadanía, se refleja expresamente en el modelo conductual del ciudadano frente a la satisfacción de sus necesidades al convertirlo en un apático de la política, insensible y falto de solidaridad. La condición de ciudadanía se mide por el status económico que le genera su capacidad para consumir. Las condiciones posibles para revertir este proceso de alienación comunicativa, pasan por un modelo informativo/periodístico capaz de desbloquear el actual sistema hegemónico por otro más plural, contextual, crítico, que contribuya a que el ciudadano recupere su voz y su palabra. La auténtica democracia comunicativa está comprometida con la creación y/o exploración de una audiencia comunicacional que se activa en la medida que las crisis de la democracia los saca de su invisibilidad. El estudio de campo que nos ofrecen los autores, realizado en la ciudad de Maracaibo, demuestra el valor de la investigación. 

El cierre de esta sección de artículos, está a cargo de los investigadores Sylvia Fernández y Antonio Franco, quienes a partir de un excelente análisis del discurso, nos exponen los “Fundamentos epistemológicos para un modelo de comunicación en situaciones de conflicto”. De alguna manera los dos artículos precedentes contextualizan desde la crítica política y periodística, las nefastas consecuencias del poder mediático al servicio de un orden comunicativo que alienta la exclusión y el control social de las presentaciones y los sistemas de significación. Restricciones que sufren los ciudadanos en su condición de usuarios de medios de comunicación, en su legítima intención de poner en práctica sus libertades y derechos. Fernández y Franco demuestran en su artículo como el conflicto, y sobre todo su tratamiento noticioso o periodístico en una sociedad de consumo, produce en el lector graves deformaciones interpretativas al exacerbarse el carácter de comercialización que sufre el conflicto a través de un modelo lingüístico-comunicativo que permite la manipulación de la imagen y del texto. El “modelo” gestiona y potencia implícitamente la violencia del conflicto a través de las redes socio-comunicativas, pues está en capacidad de descomponer la realidad según el patrón de consumo impuesto por el marketing publicitario. Los autores, en su análisis, oponen a este “modelo” el de la alternativa discursiva de la Teoría de la Comunicación de Habermas, que postula argumentos y consensos condicionados o autorregulados por una reflexión moral que haga viable la compresión del conflicto desde un entendimiento comunicativo compartido. La resolución de conflictos requiere de un plan de competencias comunicativas (verdad, mundo objetivo, normas vigentes y mundo subjetivo) que deben obedecer y cumplir los actores. El momento pragmático del uso y resultado de esas competencias dotan a éstos de un criterio para validar sus argumentos racionalmente de acuerdo al juego de intereses que entran en discusión. El logro final de una comunicación abierta al otro, viene a depender del contexto de poder de los interlocutores y de esas fuerzas de coacción que subyacen en cada participante, para hacer prevalecer su opinión, consenso o argumento. Es posible resolver estas “tensiones naturales” de la comunicación en un escenario de conflictividad siempre enervado por el desacuerdo, mediante otra competencia de carácter axiológico (Charaudeau) que implica un uso ético del lenguaje compartido. Esto permite (al periodista) jerarquizar y reordenar lo que es pertinente decir y es conveniente en la situación comunicativa, al lector o escucha que comprende la realidad desde su mundo de vida. Finalmente, se hace una exposición del modelo lingüístico- comunicativo capaz de servir de neutralizador, reductor a anulador de la conflictividad inherente al poder mediático. 

En la sección Ensayos, la crítica política de Arendt al “homo faber” de la modernidad y su racionalidad técnica, más la concepción espiritual de Gaia como conservadora de la vida en la naturaleza de la teóloga Radford Ruether, le sirven a la investigadora feminista Gloria M. Comesaña-Santalices de reflexión epistémica y ética para plantear ese urgente “Reconciliarse con la Gaia en un mundo dominado por la razón tecnológica”. Es indiscutible que el predominio de la racionalidad (humana y patriarcal), sobre las variadas comunidades bióticas de los sistemas de la vida en este planeta, ha puesto en peligro de extinción las cadenas biológicas de la vida sin excepción alguna. La vida es un sistema interactivo y complejo, plena de movimientos interdependientes muchas veces indescifrable a la racionalidad. Lo que explica nuestro reducido conocimiento “científico” de lo que son los cambios bióticos de la vida en la naturaleza. La violencia y fuerza con la que la cultura occidental conquista los recursos naturales para un beneficio egoísta y mercantil, es la principal causa del deterioro ecológico de un medio ambiente del que inevitablemente todos forman parte. Ninguna conciencia sobre este acto inmisericorde de agresión que ha sufrido la naturaleza por siglos parece capaz de cuestionar el la fuerza irracional de tal barbarie. La posibilidad de revertir el desenfrenado desarrollo de la ratio técnica, por medio de una ratio práctica supone una revaloración de la condición humana del ser racional a través de los principios éticos de la ecología y de una experiencia de pensamiento que extienda los derechos a la vida a todas las formas de vida que le dan sostenibilidad a Gaia. Se requiere, entonces, de una educación ambiental que reeduque y supere eficazmente este falaz modelo de vida basado en la productividad y consumo económico de los bienes. Ese retorno que estimula la creación de otros destinos para la humanidad, no se logra por la vía racional de la idea de progreso de la Modernidad, sino por una sensibilidad espiritual y cósmica. La forma más originaria de ser y estar en el mundo donde la vida es un acto compartido entre todos. 

Los dos artículos que se presentan en la Sección Notas y Debates de Actualidad, están dedicados a dos relevantes figuras del pensamiento latinoamericano. Antonio Boscán Leal, desarrolla en su artículo, “Gloria Comesaña Santalices: un nuevo rumbo programático para el movimiento feminista, desde una óptica latinoamericana”, un análisis que considerado en su perspectiva histórica, pone de relieve la evolución de las ideas feministas de la filósofa en esta etapa de su vida: la teoría y la metodología feminista, los estudios de la mujer en Venezuela, los derechos humanos, la equidad de género, la violencia contra las mujeres y el ecofeminismo. Para Boscán las distinciones planteadas por Comesaña Santalices entre estudios de la mujer y estudios de género, son fundamentales para orientar las investigaciones en el campo teórico y práctico donde se desenvuelven la vida de las mujeres, más de las veces subordinadas o dominadas por el patriarcado y su ideología androcéntrica. Si bien estos estudios representan dos enfoques diferentes de la mujer como “objeto” de estudio, el concepto de género está implicado en la teoría feminista. Por otra parte, también se destaca el carácter interdisciplinar de la metodología feminista, sobre todo, en su esfuerzo de relectura de las obras escritas sobre mujeres, feministas o no, para develar en la subyacencia de los textos la concepción que se tiene de la figura femenina en la cultura y la sociedad. Este rescate permite una reconstrucción de la historia de las mujeres, imprescindible para una interpretación más sistémica de ellas. La teoría feminista es receptora de la categoría arendtiana de pluralidad e igualdad, pues considera que no existe el “sujeto único” sino la convivencia en la diversidad y la diferencia. Se interesa en particular por el encuentro con el otro en la esfera de la política, al servir ésta de mediación para el desarrollo de una igualdad que no menoscabe la libertad de hombres y mujeres. El empoderamiento por parte de las mujeres, es otra idea a destacar, pues en el campo de la política es donde las mujeres se convierten en ciudadanas capaces de organizarse para defender sus derechos. Pero, además, desde el punto de vista de la filosofía feminista, también se plantea que es necesaria una ética y una moral ecológica que permita superar el paradigma androcéntrico que ha dominado en occidente. Los valores humanos de las mujeres también existen y son valores que no pueden ser menospreciados; ellas han logrado desarrollar históricamente una cultura medio ambientalistas más cónsonas con Gaia. Nos encontramos ante un pensamiento que responde desde el paradigma emancipador del feminismo, a los desafíos actuales de la crisis del patriarcado y del sistema sexo-género heredado y que a todas luces resulta insostenible. 

La importancia, decisiva, de la interpretación de Roig de lo que es “historicidad” y “sujetividad” acerca del ser que se realiza en latinoamericana, es lo que destaca Silvana P. Vignale en su colaboración, “Arturo A. Roig: La filosofía latinoamericana como filosofía auroral”. Muy al contrario de las afirmaciones de Hegel acerca de la ausencia de América Latina en la Historia por carecer de pasado y de futuro, la lúcida reflexión de Roig se desarrolla a partir del “a priori antropológico” (la autoafirmación del sujeto como valioso) que sitúa la existencia humana en una alteridad abierta al cambio y la discontinuidad, la diferencia y la emergencia. Se denuncia la imposición de un logos encubridor de la historicidad de otras formas de ser en el mundo que impide la recuperación de su pasado a través de una dialéctica de negación y crisis, para optar por un futuro posible y que es necesario construir utópicamente. Por lo que la pregunta por el sujeto es fundamental para entender la aparición y presencia de éste en la objetivación y el tiempo de su historicidad; es decir, un preguntar por el “quiénes” de la historia, y un preguntar por el sentido particular de la historia que se hace desde los sujetos. La filosofía no es la imagen hegeliana vespertina o del ocaso: ella es auroral. No es acabada y conclusiva ya que esta filosofía como saber crítico “se interesa por un pensamiento que se cuestiona a sí mismo y (…) no le interesa sólo el conocimiento sino también el sujeto que conoce, en su realidad particular”. Para Roig ningún proyecto de vida puede quedar reducido por normas trascendentales que inhiban al sujeto de sus praxis cotidianas y empíricas, concretas y objetivas. Es a partir de esta condición de existencia que la filosofía se realiza a través de la humanidad de los sujetos, pues sólo ella es la que le confiere a éstos “un estar abiertos al mirar” en el mundo…